Gira de presentación de este disco en España:
- 20/02/2013: Madrid, Sala El Sol. 8€, Entradas.
- 08/03/2013: Huesca, Sala El Veintiuno.
- 09/03/2013: L’Hospitalet, Let’s Festival (junto a Jero Romero y Blaumut). 10€, Entradas.
- 22/03/2013: Requena, Sala El Perro Verde.
- 23/03/2013: Elche, Sala Subway.
- 19/04/2013: Toledo, Sala Pícaro.
- 25/04/2013: Alicante, Sala Stereo.
- 26/04/2013: Albacete, Sala Pussy Wagon.
- 27/04/2013: Valencia (sala por determinar).
Pasajero es una banda afincada en Madrid que se formó hace algo más de un año con algunos miembros de los disueltos Zoo. A finales del año pasado publicaron su primer largo, Radiografías, que llevamos cierto tiempo escuchando y que no ha parado de producirnos sentimientos encontrados. Y es que la que puede ser una de las grandes bazas de estos madrileños frente al gran público, la clara influencia, al menos en los primeros compases del disco, de los también madrileños, Vetusta Morla es, en realidad, un arma de doble filo. Y es que queda una pequeña bolsa de población (marginal, no lo vamos a negar) a la que no le gustan los vetustos, de modo que se corre el riesgo de provocar una reacción adversa en estos oyentes.
Todo un dilema es para mí explicar los motivos por los que no me gustan los Vetusta Morla. El fundamental es que sobre el papel, deberían. Me encantan las bandas que levantan muros de sonido enmarañado siendo capaces de mantener las sutilezas de cada instrumento perceptibles entre el supuesto caos. Me gusta que lo doten de épica, sensibilidad, rabia, furia, tormento y dramatismo. Pero cuando me detuve con calma algo me empezó a chirriar, ese algo comenzó por descubrir que unas letras que en principio rompían la tradición de párrafo-estribillo para sumergirse en complejos textos, largos y llenos de giros y figuraciones, en realidad no contenían tanta sustancia como parecía, y que al final no me decían gran cosa, es más, me acababan resultando demasiado pretenciosos y grandilocuentes. Mucha alforja. Si a esto le sumo mi fijación subjetiva y algo irracional contra los éxitos de masas, aumentamos el problema, y no hay que contar mucho sobre el vendaval vetusto que hemos tenido en los últimos años. Directamente, aunque esta gente que no me han hecho nada, corren serio riesgo de que les tome manía.
¿Y a qué viene todo esto si toca hablar de Pasajero? Muy sencillo, al comenzar a escucharlos son los otros los primeros que me vienen a la cabeza. Calcan el estilo, en todo. Y es entonces cuando empiezo a irritarme, y me pregunto por qué cojones siempre hay que seguir la corriente, si tanto presiona el mercado, si tanta carencia de ideas hay o tanto miedo a arriesgarse con cosas diferentes existe. E incluso intento justificar que seguir la línea de otros siempre ha sido moneda común en la música, lo cual incluso enriquece, pero concluyo que cuando la inspiración se convierte en fotocopia es que tenemos un problema. ¿Es que no queda pudor?
Ahora bien, existe un camino: mejorar el original. No voy a decir que las cuatro primeras canciones de Radiografías sean malas, ni mucho menos, pero la “vetusta” sombra se mete en mi cabeza con mala leche, jorobando toda mi percepción. Ahora bien, al llegar Borro Mi Nombre algo cambia, aparece el rock áspero y damos un salto a un sonido más opresivo tipo Columpio Asesino o Nudozurdo, y Pasajero de pronto me da un atisbo de que por estos lares pueden empezar a cobrar una personalidad distinta, y aunque tendremos retornos inmediatos a los inicios, alguna cosa ha cambiado, y es para mejor, como si la fuerza de ese tema hubiese roto un bote de esencias que estaba forzosamente reprimido. No es algo lineal, habrá vaivenes, que finalmente se enderezan del todo en La Copia de Otra Copia, que junto a Platos Rotos, siguiente corte, contienen dos de los momentos sonoros más inspirados del disco. Y es exactamente aquí donde, sin que Vetusta Morla se hayan ido del todo de mi cabeza, veo claramente que en efecto, ese estilo que me debiera gustar y al que le he cogido manía, me da una satisfacción. Es aquí donde puedo decir que Pasajero superan a quienes llevo todo el tiempo comparando. Y es aquí donde decido que merecen que les preste más atención, porque al grito de “voy a quemar esta ciudad”, por fin encuentro que me llegan, y es que al final de todo, es exactamente de eso de lo que se trata, y no de eruditos análisis.
Varias escuchas después, no lo vamos a negar, la sombra sigue ahí. Pero también nos ha enseñado a ver las cosas buenas: no es mejor letrista quien más metáforas y vericuetos necesita para expresar sus sentimientos, sino el que consigue que quien los reciba los entienda y se emocione porque se siente partícipe de ellos. Las emociones que Pasajero transmiten se hacen muy reales para quien las oye: son muy ásperas, todas las canciones tienen un poso de melancolía nada edulcorada que las hace más difíciles de tragar. Pero al final te das cuenta de que te han dejado huella. Además, la faceta acústica que aparece en los últimos temas de Radiografías, como contrapunto al desgarrado rock que exhiben en Perdóname y Borro Mi Nombre suena también muy acercada. Para terminar, se gastan sus últimas energías en un final épico, de poderosas dimensiones, que suena a último lamento y deja un sabor de boca magnífico que en nada recuerda ya a ningún grupo que nos guste mucho o poco.








































