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Las rosas y espinas de The Eden House

Publicado en 31 mayo 2013 por

Han perfeccionado la fórmula. Han pulido la estatua. Si el molde que ya teníamos de ellos era sobradamente bueno, The Eden House han vuelto con el edificio más robusto y firmemente asentado. Sin apenas fisuras. Half Life es el nombre de su segundo LP, un disco que refuerza la tesis del gran momento que está viviendo el rock gótico, si bien la extensa riqueza de su sonido hace que esa acepción deba ser tomada con flexibilidad. No veo motivo para encasillarlo ni para  recomendarlo de forma exclusiva a quienes beben con asiduidad de esas fuentes.

Simon Hinkler

Simon Hinkler

El núcleo duro del proyecto, esto es, los consabidos Tony Pettitt, Stephen Carey, Simon Rippin y Andy Jackson se rodea de nuevo de nombres ilustres. Repiten Monica Richards (Faith & The Muse), el prestigioso violinista Bob Loveday, y el legendario guitarrista de The Mission Simon Hinkler, pero se suman las voces de la maravillosa Lee Douglas (Anathema), Laura Bennet (Pussycat Dolls), Jordan Reyne, Queenie Moy, Megan Noel-Pettit y Phoenix J, además de la presencia de otro nombre rutilante, el del guitarrista y productor Phil Manzanera -sí, aquel al que se debe buena parte del sonido con el que los Héroes del Silencio rompieron el molde-. Con este plantel de lujo se presenta Half Life.

Un disco de sensaciones encontradas. Un álbum que aunque se sumerge en aguas turbias de complejo entramado instrumental, además de manejar historias de sabor amargo, e incluso a veces interpretables como andanadas contra los tiempos que vivimos -el single Bad Men (On Their Way To Do Bad Things) es el ejemplo más palpable-, nos es narrado por el coro de sirenas que protagonizan las mujeres que ponen voz a las canciones. Consiguen que los caminos a veces tortuosos, a veces obsesivos, otras nostálgicos que ejecutan los instrumentistas, acaben teniendo un manto de calidez que paradójicamente, ofrecen un recodo confortable y un grado de belleza. Son las rosas que nacen al final del tallo espinoso.

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Monica Richards

Tal y como hicieron en Smoke & Mirrors (2009), abren con un single potente, aunque esta vez menos diferenciado del resto del disco. Bad Men no es un tema frontal al estilo To Believe In Something Neversea. Es mucho más denso y menos comercial. Es un bloque granítico, de secciones rítmicas y líneas de guitarra repetitivas, que en perfecto ejemplo de lo que decíamos más arriba, encaja como un guante entre los susurros de la Richards y esos inconfundibles riffs de cuando a los Mission les dio por flirtear con sonidos orientales. Todo el paquete concluye en un final cercano a lo épico, aportando una estupenda obertura a Half Life. Hechas las presentaciones, abierto el campo de batalla, asentada la advertencia -beware little girl, the world is full of bad men-, podemos adentrarnos en esas aguas turbias.

Lee Douglas

Lee Douglas

Nos quedan por delante ocho temas densos e intensos, varios de los cuales se elevan por encima de los seis minutos de duración. El protagonismo vocal irá rotando: Indifference (Bennett & Reyne), Wasted On Me (Bennett), Hunger (Moy), The Empty Space (Bennett), Butterflies (Reyne), The Tempest (Bennett, Reyne, Pettitt), City Of Goodbyes (Douglas) y First Light (Phoenix J), pero la fórmula es la misma, todas estas mujeres controlarán y pondrán freno a los fuegos que las guitarras pretenden prender con la llamada de los ritmos de guerra del profundo bajo de Pettitt y los tamborileos de Rippin. Entre medias debemos prestar atención. Hay sutilezas por doquier. Tormentas de guitarra (Wasted On Me), ecos de blues sorprendentemente ligados a paisajes que hubiesen firmado Cocteau Twins (Hunger Butterflies), “baladas” en las que emergen punteos al estilo clásico (The Empty Space), apisonadoras rítmicas (The Tempest), juegos con rock progresivo (City Of Goodbyes -bárbaro tema, bárbara Lee Douglas-), e incluso repetimos con el guiño al trip-hop y la escuela Massive Attack (First Light). Todo ello metido dentro de los juegos sonoros ya habituales a base de tintineos gélidos de guitarras frágiles como juguetes de cristal, potentes graves, y oportunas apariciones de los violines del Sr. Loveday.

Half Life es uno de esos discos que dejas sonar una y otra vez, perdiéndote en ensoñaciones propias y a veces ajenas. Un disco que arropa y a la vez inquieta, un trabajo pulcro, emotivo y elegante en el que la experiencia de quienes manejan los hilos vuelven a sentar cátedra, y que además tiene mucho recorrido. Estoy seguro que dentro de unos meses aún estaré encontrando recovecos que descubrir en cada canción, y sin embargo, y no sé muy bien porqué, me queda la sensación de que lo mejor de The Eden House está por venir.

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The Eden House: cuando la experiencia es más que un grado

Publicado en 28 marzo 2012 por

Vayan anotando: Tony Pettitt (Fields of the Nephilim), al igual que Simon Rippin, Peter Yates, y Nod y Paul Wright. Julianne Regan (All About Eve), Monica Richards (Faith & The Muse), Candia McCormack (Inkubbus Sukkubus), Stevin Grey (Mephisto Waltz, Christian Death, Faith & The Muse entre otros), Peter Gorritz (The Last Dance), Dave Blomberg (New Model Army), Yig Hughes (Altered States) y las voces de Amandine Ferrari, Evil Vine, Valenteen y Tallulah Rendall, a los que hay que sumar a Andy Jackson (ingeniero de sonido en The Wall -la película- de Pink Floyd y el I Don’t Like Mondays de los Boomtown Rats de Bob Geldof, así como en varios trabajos con los Nephilim, ahora metido a guitarrista) y a Bob Loveday (un violinista que ha trabajado con Paul McCartney, Van Morrison y Garth Brooks). Todo esto es lo que juntó hace pocos años un señor llamado Stephen Carey, un combo plagado de estrellas. A su lado Pettitt y Jackson manejan los hilos, y en directo se estabilizan con Rippin y Loveday más el trío vocal formado por Ferrari, Vine y Valenteen, la última incorporación.

Con estos créditos, los amantes de la darkwave y el rock gótico ya estarán dando palmas (si es que aún había alguno sin enterarse), pero que nadie ajeno a este estilo se ponga a correr, lo que proponen The Eden House es perfectamente asequible a cualquier oído con un mínimo de delicadeza y gusto. Estamos además, hablando de señor@s que ya tienen una edad, que se curtieron en los años ochenta, cuando los clichés eran más permeables que ahora y este tipo de música tenía una mayor difusión mediática, para mayor gloria de una audiencia mejor educada.

¿Y a qué suenan? Pues aunque pueda parecer mentira, a un poco de todo lo que atesora el pasado de sus miembros. El bajo inconfundible e ineludible de Pettitt, escoltado por los ritmos de Rippin a la batería, es una presencia constante que va marcando un sendero cuyos bordes van tejiendo las guitarras a hilo fino y espinas, y que los violines de Loveday apuntalan. La gama de voces de las diferentes cantantes envuelven todo el conjunto para conformar un rock atmosférico, a veces furioso, casi siempre dramático, tendente a la épica emocional, y que cuenta, por lo general, historias de amor y desamor dolorosas, aún en sus momentos más positivos y hasta sensuales. Todo de un barroquismo decimonónico muy de la vieja escuela del rock gótico romántico, con sus picos más eléctricos y sus incursiones en tempos folk. En resumen, una delicia abierta a todos los públicos en la que recuerdos de gente que no está también asoman de vez en cuando. Yo me empeño en que falta Robin Guthrie porque a veces se me cuelan sonidos de Cocteau Twins mientras escucho su música.

Espero que a estas alturas ya haya picado la curiosidad de alguno, pero hablemos ahora de sus trabajos publicados. En abril de 2009 un single  limitado llamado All I See is Red precedió en días el lanzamiento del álbum Smoke and Mirrors, un disco que se abre con la vitamínica y potente To Believe in Something, única intervención de Monica Richards. A partir de aquí los temas se reparten entre Regan, Vine y Ferrari, correspondiéndole a cada una de ellas uno de los puntos álgidos del l.p., en mi opinión los mejores cuatro temas. En efecto, los decibelios y la adrenalina caen a pico en el segundo tema, donde aparece la mujer de la voz de terciopelo: Julianne Regan (¡por Dios!, ¿hay alguien que pase de los 30 y conociese a All About Eve  que nunca haya dado un beso con ella de fondo?). All My Love demuestra que por ella no han pasado los años. A partir de aquí el discurrir del disco queda, para mi gusto, un tanto al ralentí, para volver a crecer a partir de Iron in the Soul, tema en el que incluso se flirtea con retoques de un trip-hop muy a lo Massive Attack. Sin embargo es en Fire for You donde Evil Vine vuelve a poner la máquina a punto para una recta final que tiene una culminación excepcional con la descarnada Sin, canción a la que apunto como lo mejor de todo el disco. Lean la letra, escuchen la música, y vean a Amandine Ferrari en plenitud de rendimiento:

Los pelos como escarpias. Bien. Tras un debut semejante no han parado, y en 2010 volvieron a la carga con algo muy especial, un dvd con 9 de los 10 temas de Smoke and Mirrors grabado durante las sesiones de estudio del mismo, más un cd con 5 versiones totalmente inesperadas: el Remember (Walking in the Sand) de las míticas Shangri-Las donde la Regan nos mece de nuevo, el Street Spirit de Radiohead -hay que oír a Tallulah Rendall cantar aquello de “inmerse your soul in love“-, el Play Dead de Björk y Venus in Furs de la Velvet para nuevo lucimiento de Amandine, más una trabajadísima Two Thousand Light Years From Home de los Rolling a cargo de Evi Vine. En conjunto, esta cuidadísima edición toma el nombre de The Looking Glass.

Y llegamos al día de hoy. Apenas hace un mes lanzaron el e.p. Timeflows que los amigos de Semana Gótica de Madrid presentaron hace pocas semanas, un adelanto de 5 canciones del que será su próximo largo, anunciado para la primavera, y que supone el debut de Valenteen a las voces y la colaboración de otro miembro de banda mítica, Simon Hinkler de The Mission. Un disco que incide en todo lo anterior, aunque con mayor intensidad, y que nos deja muy expectantes sobre lo que pueda venir.

Os dejo con el clip oficial de Neversea, el disparo que abre el e.p. y que espero os guste tanto como lo que yo he disfrutado escribiendo esto.

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