Como por aquí vamos un poco a nuestro aire y no rendimos cuentas más que a nosotros mismos, podemos permitirnos el lujo de admitir abiertamente que la banda que traemos hoy nos ha pasado del todo desapercibida hasta ahora. Como no nos dedicamos a leer el NME y hacer un copia-pega para estar a la última a toda leche, no nos preocupa demasiado. La honestidad para con quienes nos leen es lo primero. Ahora bien, lo que si que nos toca las narices es el haber sido tan burros de no haber visto las señales a tiempo. Con lo raveoneteros que somos por aquí, no supimos prestarle un poco de atención a esos tipos que aparecían en los carteles como teloneros de los daneses en su gira británica y estadounidense del pasado invierno. Pero como rectificar es de sabios, y por otras circunstancias, Holy Esque han caído ahora en nuestras manos (gracias Elena Aristoy, GrocDog Producciones), enmendamos la plana y rendimos honores a esa mandíbula a la altura del suelo que se nos ha quedado.
El logo de la banda
Para situarnos. A groso modo hay que empezar por colocarlos en la onda abierta la década pasada por gente como Interpol o Editors. Ya sabéis. Post-punk revival, indie-dark, nuevos siniestros…, se han visto unas cuantas etiquetas. Sonidos crudos, afilados, sucios a veces, otras fríos, pero veloces e intensos. Bajando más al particular, podemos estrechar el cerco añadiendo al saco de comparaciones el recuerdo que a sus paisanos Glasvegas trae el tono épico de sus canciones. Con estas generalidades no estamos ante algo demasiado nuevo, puesto que los últimos años empiezan a dar síntomas de saturación de bandas de este estilo. Sin embargo hay algo que sí que marca la diferencia y hacen de Holy Esque algo nuevo y merecidamente brillante de entre la media. Esa voz…
Lo que sale de la garganta de Pat Hynes es difícil de describir. Imaginad unas cuerdas vocales arrolladas por un tractor, o ajadas por años de trasiego de alcohol de 90º. Lo mejor será escucharlo. Aunque en un principio descoloque, es lo normal cuando no se está acostumbrado a escuchar cosas así, al final acaba atrapando. El modo en que reverbera y se encaja a las líneas de guitarra es simplemente asombroso. Hace que algo que podría estar en un montón genérico se eleve por encima. No es en absoluto un desmerecimiento al resto. La aparente simpleza de base sobre la que se construyen las canciones está recubierta por cemento armado a base de dos guitarras (carecen de bajista), batería y teclado, que van creciendo y enmarañándose hasta alcanzar esas cotas épicas que mencionábamos y formando un cuadro general final casi estremecedor. Incluso cuando el ruido se reduce casi a la nada (Loneliest Loneliness -ahí queda eso-), o cuando hay secciones rítmicas que rompen esquemas aportando ejes que parecen sacados de una celebración rural noreuropea (Rose).
Holy Esque se han labrado una reputación a la velocidad del rayo, se les ha quedado pequeña la escena de Glasgow, y me temo que pronto pasará lo mismo con Gran Bretaña entera. Hace alrededor de un año autopublicaron su debut, Holy Esque EP, el cual fue suficiente para hacerlos aparecer en los medios más prestigiosos, que no ahorraron loas, y ganarse el ir de la mano de los Raveonettes en su gira. Desde entonces nos han salpicado con un par de singles: Tear, en agosto pasado, y St., hace apenas mes y medio. Igual de brillantes e igual de desgarradores que las cuatro canciones con que se presentaron. Glastonbury acaba de confirmarlos para su lujoso cartel. Esta gente va para arriba.
Y así entonamos el nunca es tarde si la dicha es buena, celebrando que esa inagotable y especial cantera escocesa sigue viva, esta vez en la mejor tradición de ruido, electricidad, espinas y tormentos que desde los hermanos Reid (The Jesus & Mary Chain) no ha cesado de proporcionar paradójicas alegrías musicales. Apuntad el nombre: Holy Esque.
No hagan caso de lo que dicen los meteorólogos: la ola de frío que está asolando nuestro país vino del norte de Europa. De Dinamarca, para ser más exacto, y tenía nombres propios: Sune Rose Wagner y Sharin Foo. Decir que había ganas es quedarse cortos. En este blog aprovechamos la más mínima ocasión para hablar de nuestro dúo danés favorito, The Raveonettes, y su paso por nuestro país no podía ser menos. Si bien es cierto que en la Arena de Madrid no hubo sold out, quienes seguimos a la ruidosa pareja, ardíamos en deseos de verles presentar los temas de su magnífico Observator (2012), que para nosotros fue uno de los discos del año pasado.
Pero la velada empezó, por supuesto, con teloneros. Lowell, la nueva promesa del pop electónico alternativo procedente de Toronto, ofreció un agradable recital de media hora que hizo las veces de protector de estómago para lo que vendría después. Y es que el estupendo chorro de voz de esta canadiense, acompañada de su teclado y (a veces un poquito repetitivas) bases electrónicas ejerció cierto efecto narcótico en la audiencia, dando la impresión de que era hasta aterciopelado y dulce. Con las sorprendentes cabriolas vocales de Lykke Li como principal referente, y el estilo de indie femenino y dulzón que gente como Daughter están poniendo tan de moda, solo le hace falta un poquito más de gracia sobre el escenario para que su propuesta sea del todo sugerente. En cualquier caso, se trató de un calentamiento bien elegido, agradable y digno de verse.
Y tras esto, muy puntuales, los Raveonettes subieron al escenario para arrancar la tormenta con Hallucinations, un disparo de ruido de luminosidad contenida que nos metió a todos de lleno en el concierto desde el primer momento. El precio, claro está, fue que la canción no sonó bien: es más, sonó un poco a rayos porque, si bien es habitual que los primeros temas de un concierto no brillen en lo que a sonido se refiere, las particulares exigencias de un grupo de noise-rock como The Raveonettes no hacen más que poner las cosas más difíciles. Pero afortunadamente, y a diferencia de lo que pasó hace un par de años, la última vez que visitaron la Arena, los problemas de sonido se fueron calmando, dejándonos disfrutar razonablemente bien de la actuación.
Acto seguido, la celebrada She Owns de Streets para recordar a la audiencia que se estaba presentando disco, pero poco más: la verdad es que la selección de temas fue, por supuesto, respetuosa con la presentación de Observator, pero llena de detalles con casi todos los discos de la banda, volviendo a sus primeros trabajos con una frecuencia deliciosa que hacía que los más fans estuviéramos en cantados. De modo que en cuanto los problemas de sonido se calmaron, el ruido tomó el control y la actuación tomó velocidad de crucero. Bueno, el ruido y la niebla, que no paró de dispararse ni por un momento y que tenía a los tres músicos constantemente envueltos en un denso humo que a veces impedía hasta verlos (a los pulmones del pobre batería les quitaron unos cuantos años de vida la noche del sábado solo con la cantidad de niebla que se tuvo que tragar el pobre).
Por supuesto siempre desde la frialdad a la que estos dos nos tienen acostumbrados, la concentración y la precisión del directo parecieron muy sobresalientes. Bastantes personas con las que hablé a la salida coincidieron: cosas tan complicadas de ejecutar y digerir como las apabullantes tormentas de distorsión de Death Sound y la hiriente frialdad de ese temazo que es Apparitions sonaron, esta vez si, de fábula, con unos músicos plenamente entregados a hacer que la oscuridad brille de forma indiscutible, sin necesidad de arengas ni payasadas. Por supuesto, a este ritmo de ruido y oscuridad, los momentos más destacables del concierto se dieron cuando los dos trallazos que son Attack Of The Ghost Riders y My Tornado atronaron encadenadas, casi como si del mismo tema se tratara, haciendo que directamente se nos cayera la baba al ver como semejantes bestias de sonido podían ser controladas de forma tan precisa.
Los bises, de nuevo plagados de guiños a sus primeros tiempos (no debemos olvidar que este otoño se cumplirán 10 años del lanzamiento del primer LP de The Raveonettes) tal vez mostraron ya un poquito de agotamiento en los músicos, pero iguales dosis de calidad. Finalmente, tras hora y media de actuación, ese concierto que una servidora llevaba meses y meses esperando, acabó tras 90 minutos brillantes, incluso mejor de lo que yo podía haber soñado, que de tan redondos que fueron ni siquiera dejaron ganas de más: solamente satisfacción de poder ver una vez más a mis daneses favoritos y, eso sí, ganas de que se dejen caer por algún festival veraniego en nuestro país (amigos del Sonorama, os estoy mirando a vosotros). A continuación os dejamos el setlist del concierto, aunque no somos capaces de recordar el primer tema que sonó en los bises (si alguien es capaz de aportarlo, lo esperamos ávidos en los comentarios); también como lista de Spotify:
Seguimos afinando nuestro repaso al año. Y, a medida que avanzamos, la cosa se complica. Si quedarse solo con cinco discos por cabeza es difícil, elegir cinco canciones para representar el 2012 se antoja casi imposible. No es que haya ha sido un año excepcional. En realidad no ha sido ni bueno ni malo, parece más bien un año habitual. Pero siempre hay cosas, y siempre hay más de cinco. Vamos a ver qué melodías creemos que han marcado el año que termina. Y que no quepa duda: para quienes hacemos bSides, Anathema son los ganadores del 2012, por goleada. Esperamos poder verlos (¡más!) muy pronto.
Como siempre, os dejamos las listas en formato Youtube y en Spotify.
The Lost Dreamer
No es lo mismo la lista de mejores discos que la de mejores canciones: no es que haya tratado de elegir grupos diferentes en una y otra a propósito sino que, más bien, una canción brillante no construye a un solo disco, pero un disco que no dice gran cosa puede contener uno o dos temazos inapelables. Mi lista de las mejores canciones dista, por esto, bastante de la de los mejores discos. Aunque de nuevo ha habido que quedarse con nueve, en mi cuenta personal de Spotify hay una lista más larga de resumen del año, por si alguien gusta.
1. Young and Cold (de Observator, por The Raveonettes): Trato de distinguir canciones de discos, pero en el caso del de los Raveonettes, como ya he comentado varias veces, el primer tema me atraviesa. No sé cuántas veces he podido ponerlo estos meses, casi ha sido un himno melancólico… un retrato de un otoño que no me ha ido especialmente bien. Es una canción sencilla, que adolece de mucha de la traca ruidosa del dúo danés, con un poso acústico pero con las voces Sune y Sharin haciendo el contrapunto perfecto. Lloriquean, duelen y nos traen la brisa de un día gris que ya amanece torcido por los nubarrones.
2. 999 (de Jag är inte rädd för mörkret, por Kent): El disco que el grupo indie sueco Kent nos regaló este año era bastante mediocre si lo comparamos con cualquier otro de su discografía, pero el single con el que lo presentaron si que era marca de la casa. En el registro feliz y luminoso de la banda, eso si, un tema de corte muy optimista, enérgico y que, aún siendo largo, se hace corto. La voz de Joakim no necesita en esta ocasión complicarse demasiado, no se trata de un tema exigente, pero sus resultados son efectivos: al menos cuando lo publicaron como adelanto del álbum, yo me creí que estaríamos ante otro de esos discazos de los Travis suecos. Así que, aunque el disco no esté a la altura, 999 es un temazo pero, aunque 999 sea un temazo, no es suficiente para que el disco sea reseñable.
3. Weirdo (de Come Of Age, por The Vaccines): El segundo disco de los londinenses The Vaccines está bastante bien, es muy homogéneo casi en su totalidad y tal vez ahí esté una de las debilidades que le encuentro: es imposible encontrar himnos como los que tenía su primer trabajo, aunque ello no quita que el conjunto del trabajo tenga un aspecto más maduro y reposado que aquél. Para mi Weirdo no llega a himno, pero si que tiene un nosequé que me vuelve bastante loca: debe ser ese sencillo solo de guitarra con el que arranca o la sencillez de los arreglos, con ese vibrante punteo destinado a decorar Justin Young. Tal vez este tema sea la demostración para mi de que The Vaccines son capaces de armar un buen tema poquito a poco, sin necesidad de soltar toda la artillería desde el primer acorde y por eso me guste tanto.
4. Fiction (de Coexist, por The XX): Ya me costó no meter el segundo y brillante álbum de The XX entre los mejores del año, pero no podía permitirme que esa joyia que es el tercer tema, Fiction, no apareciera en esta lista. Curiosamente es además, y con diferencia, la que más me gusta de las canciones que canta Oliver en solitario (soy muy fan de la voz tímida y aterciopelada de Romy). Fiction es The XX en estado puro: guitarra solitaria y precisa, atmósfera milimétricamente conseguida, romántica, evocadora y, finalmente, luminosa y esperanzadora. Corta, eso sí, deja al oyente deseando unos segundos más de inspiración, pero no importa: atrapa tanto que todavía tarda uno unos minutos en salir del hechizo.
5. Varúð (de Valtari, por Sigur Rós): Parece que a la hora de hacer listas de los mejores discos del año todos nos hemos olvidado del retorno de los islandeses Sigur Rós tras unos cuantos años de parón: es cierto, Valtari está muy por debajo del nivel de los grandes monolitos de estos tíos, pero tampoco me parece que merezca ser olvidado o ignorado: incluso en sus momentos menos brillantes, Sigur Ros son capaces de desmarcarse con alguna perla como la que nos ocupa. Lenta, sí, complicada, tal vez, pero es una canción que necesita tomarse un rato para evolucionar, para crecer y estallar desde el evocador paisaje marítimo con el que arranca hasta el estallido post-rockero con el que finaliza. El final es pura belleza y color, tal vez recuerdo de una época en la que todos los temas de Sigur Rós nos ponían los pelos de punta.
Lebonloup
Coincido con Sentencia en que esto es complicado y que el orden o los componentes, bien podrían ser distintos según el pie con el que me levante mañana. La mejor técnica para abordarlo está clara, pensarlo de inmediato y quedarse con las inolvidables, las que vienen de sopetón a la cabeza porque te han marcado el año. En lo que no coincido es en el truco que el muy tunante ha escogido para colar un sexto tema, no le falta razón en su argumento, pero si separados vienen por sus autores, separadas vienen mis dos primeras selecciones:
1. Untouchable Part 1 (de Weather Systems, por Anathema): Una historia de pérdida consentida y amor inmortal e imborrable. Una de esas letras extremadamente sentidas que tanto gustan a los de Liverpool, un tema trepidante en la mayor parte de sus seis minutos que te pone los pelos como escarpias, así, sin avisar, nada más abrirse el disco, para espabilarte si estabas despistado. Su inicial sonido desenchufado engaña, pronto emerge un muro enmarañado, repetitivo y épico para poner marco a un disparo que va directo al alma.
2. Untouchable Part 2 (de Weather Systems, por Anathema): En efecto, es el contrapunto, la continuación calmada e intimista del primer asalto, la reflexión y la duda, la pregunta interna acerca del error, la otra cara de una moneda que, sin embargo, llega a la misma conclusión, al mismo callejón sin salida contrario al sentimiento real. La aparición de Lee Douglas en el diálogo de voces masculina/femenina ahonda en la teatralidad del tema, haciendo que ya, directamente, se te salten las lágrimas. Ambas conforman el monumento más grande que ha pasado por mis orejas en muchísimo tiempo.
3. White Days (de Riot, de Golden Apes): En dura competencia con algún otro tema de este disco, hoy por hoy me quedo con White Days, una canción a medio tempo que culmina en un tramo final tejido a base de emocionantes solos de guitarra, de esos que parece que hablan, de esos que tanto me gustan, arropados por sintetizadores, prolongados por simulaciones de mandolinas, y que terminan lo que la perezosa pero envolvente voz de Peer Lebrecht ha comenzado. Para descubrirla a cada escucha.
4. Curse The Night (de Observator, de The Raveonettes): Una maravilla. Un desgarro. Es una canción sucia, cantada por Sharin Foo de forma que parece una niña venida del más allá. Simple y sencilla en instrumentación, con guitarras de sonido áspero y una frialdad que asusta, y sin embargo el primer día que la oí me vinieron a la cabeza los temas que Badalamenti compuso para Twin Peaks y que cantase Julee Cruise, con ese regusto a viejo, a cierta calidez en día de lluvia y cerrado de nubes. Para escuchar a solas y en el peor momento que puedas elegir.
5. I Know I Spoke Too Soon (de High Noon (ep), de The Lost Souls Club): El tema que más he quemado del grupo que más me ha alegrado descubrir este año. Una preciosa balada, otro tema de pegarse collejas a uno mismo, con el toque de country rock arenoso y empacado con el que nos han sorprendido estos ingleses y que pone fin a su primer e.p., una faena, porque lo que hace no es poner guinda alguna, sino dejarte con ganas de más, mucho más.
Sentencia
Si elaborar una lista con los mejores discos del año ya es de por sí complicado, cuando nos trasladamos al terreno de las canciones la tarea se torna extraordinariamente ardua. Nuevamente, resulta de todo punto absurdo tratar de ponerse objetivos con el tema, así que simplemente nos limitaremos a recopilar los cinco momentos sonoros más memorables que hemos vivido este año. He aquí esas cinco canciones que removieron suficientemente nuestro interior la primera vez que las escuchamos como para grabar a fuego ese momento en nuestra memoria hasta hoy.
1. Come And Get It (de The Electric Age, por Overkill): Resulta dificilísimo elegir un solo tema de este discazo, pero sin duda la canción del año debe salir de esta magistral colección de despiadados golpes a puño desnudo. El momento en que introduje por primera vez The Electric Age en mi reproductor se empezó a fijar en mi mente desde su mismo inicio a ritmo de timbales. Un poderosísimo riff, un Bobby Blitz Ellsworth totalmente desatado, sinuosos tránsitos melódicos jalonados por coros ominosos y un solo de guitarra estremecedor, todo ello en el marco de una sección rítmica apabullante, hacen de Come And Get It la elección perfecta para abrir esta obra maestra del thrash metal. Aunque solo sea por el mérito de romper tan brillantemente el hielo y por la responsabilidad que conlleva situar el listón en lo más alto desde el comienzo, nos quedamos con Come And Get It como la canción más memorable de 2012.
2. Untouchable Part 1 / Untouchable Part 2 (de Weather Systems, por Anathema): Por mucho que en el disco aparezcan por separado, se mehace imposible concebir una parte de esta canción sin la otra. Como perfecto y brillante contrapunto a la energía incontrolable de nuestra primera elección, Untouchable muestra otra manera muy diferente pero igualmente efectiva de emocionar desde la apertura, tocando cuerdas muy distintas de nuestro interior de un modo más pausado y sutil y elevándonos paulatinamente al éxtasis sensorial que siempre buscan y tan a menudo encuentran los hermanos Cavannagh.
3. The Few, The Proud, The Broken (de Phantom Antichrist, por Kreator): Dentro de la orgiástica espectacularidad que caracteriza a la última obra de la banda de Mille Petrozza, existe un momento que te hace interrumpir el ritmo, levantar la cabeza y paralizar todos los músculos para concentrarte en el vello erizado y la piel de gallina. The Few, The Proud, The Broken constituye una de esas cimas que rara vez se alcanzan en un álbum, desatando una épica majestuosa que te hará querer volver al disco una y otra vez para poder encontrarte de nuevo en ese mismo punto. Una de las mayores decepciones del año fue que no la tocaran en directo a su paso por Madrid.
4. Em Nome Do Medo (de Alpha Noir, por Moonspell):Cuando uno utiliza el término himno para referirse a una canción está hablando exactamente de esto. Hacía mucho tiempo que los portugueses no nos deleitaban con temas tan directos, sencillos, pero no por ello menos magistrales, como este Em Nome Do Medo, que inevitablemente recuerda a aquel Alma Mater lejano ya en el tiempo pero siempre presente en nuestros corazones. La letra íntegramente en portugués contribuye a la comparación, pero el idioma importa poco cuando uno se expresa tan nítida y contundentemente en términos musicales. Sobran las palabras.
5. Rise Up (de Dark Roots Of Earth, por Testament): Después del genial The Formation Of Damnation, muchas eran las expectativas puestas en el álbum que habría de consolidar el regreso de Alex Skolnik a la banda de Chuck Billy y Eric Peterson. Pues bien, toda expectativa queda sobradamente satisfecha desde el mismo inicio gracias a Rise Up, un auténtico himno que mezcla crítica y ánimo revolucionario retomando los argumentos clásicos del thrash metal y contextualizándolos en una irresistible incitación al alzamiento de una voz común. Deseando estamos de corearla en directo. ¿Quizás el año próximo?
Nuestra subjetividad nos precede. Somos un blog pequeño, lo sacamos adelante pocas personas y, para colmo, tenemos gustos muy diversos. No se crean que no pensábamos hacer un repaso del año: llevamos semanas dándole vueltas a este asunto, en realidad. Nos tememos que nuestras listas de las mejores cosas de este año van a ser muy raras: ya hemos ojeado muchas de otros medios y aunque queremos compartir lo que más nos ha gustado del 2012, tampoco queremos resultar aburridos. Por eso hemos decidido elegir 5 cosas por cabeza (de todo un año, elegir 5 discos, canciones y conciertos no es nada sencillo, no se crean). Afortunadamente, cada uno de los autores se separa fácilmente por géneros: los elementos elegidos por Sentencia tendrán más que ver con el rock más duro y metalero; los de Lebonloup coquetearán con los ritmos darkwave y otras delicatessen del indie; y los de The Lost Dreamer tratarán de combinar el indie europeo, algo de rock clásico y evitarán olvidarse del post-rock. Así que como los autores definen géneros vamos, sin más dilación, a los mejores discos internacionales del año que nos va abandonando que, por supuesto, os dejamos también en formato de lista de Spotify (también está al final del post):
The Lost Dreamer
Se hade difícil elegir. Sólo 5 de 12 meses. Un año que no ha sido ni brillante ni soso, ha sido normal. Pero es muy difícil. Y claro que se te quedan cosas fuera, ¿cómo no? Pero ahí está la gracia de la lista: la elección es lo que nos define. Creo que dice bastante de mi que, a pesar de mi admiración hacia Patti Smith, esté el segundo disco de PS I Love You en mi lista en lugar de su Banga; o que, a pesar de su popularidad, me deje fuera a Hot Chip, The XX o a los Crystal Castles, habiendo sacado ambos discos que me han gustado bastante. Pero una cosa es gustar y otra emocionar. Y aquí dejo los que realmente me han llegado, de un modo u otro, en este 2012.
1. The Raveonettes, Observator (lo reseñamos aquí): Para mi, no podía ser otro: desde que escuché por primera vez esos primeros acordes desgarrados de Young and Cold supe que estaba ante el mejor disco de la que ya es, de por sí, una de mis bandas favoritas del panorama actual. Lo dije cuando se publicó en septiembre y me reitero tras reposarlo lenta y calmadamente: Observator se me ha clavado como un cuchillo en el pecho, ha llegado en un momento de mi vida de patético desasosiego y ha tocado exactamente la cuerdas que había que tocar para desmontarme. Me quito el sombrero y lo que haga falta ante The Raveonettes y ardo en deseos de verlos, por fin, en febrero.
2. Norah Jones, Little Broken Hearts (lo reseñamos aquí): Tengo la impresión de que muchos han achacado la reinvención de Norah Jones al productor Danger Mouse. No estoy de acuerdo con ninguna de las dos cosas: me parece que Norah ha madurado, que Little Broken Hearts era un paso natural en su carrera que tenía que dar antes o después. Cierto, el empujoncito en una época en el que el material que andaba publicando había perdido bastante frescura, lo necesitaba. Pero el brillo es todo suyo.
3. PS I Love You, Death Dreams (lo reseñamos aquí): Sí, cierto, no es tan bueno como su primer disco. Pero es que aquél era demasiado brutal como para aspirar a que sacaran algo igual. Mucho me temo que el segundo trabajo de esta parejita Canadiense ha quedado muy olvidado y me da pena que se queden olvidados de las listas. Además, ¿qué coño? El disco es frenético, vibrante y divertido. Tiene ese demencial nosequé que tienen estos dos que entre todo el ruido te pone carita alegre, y ya solo por eso merecen estar aquí.
4. Saint Etienne, Words and Music by Saint Etienne (lo reseñamos aquí): La primera vez que lo oí yo estaba viviendo en Oxford y era una de las pocas mañanas soleadas que me brindaba la ciudad. Nunca olvidaré cuando lo puse por primera vez, no sé por qué, pero se volvió especial para mi. Lo recorro ya casi con los ojos cerrados, porque me hace bailar y sonreír a partes iguales. Lástima que la ilusión durara tan poco y el directo (además en casa) del trío londinense más incónico del electropop rompiera el hechizo.
5. Caspian, Waking Season (lo reseñamos aquí): Tiene que haberlo, siempre necesito dejar un hueco para el post-rock. Y no para cualquier post-rock, sino para los señores Caspian, que se han desmarcado este año con un disco lleno de matices y de belleza. El influjo de Sigur Rós se dejó notar en esta ocasión y los detalles preciosistas de Waking Season acaban de cautivar al más profano en el género del rock instrumental. Una deliciosa maravilla el regalo que nos han hecho este 2012.
Lebonloup
1. Anathema, Weather Systems (lo reseñamos aquí): Pocos pueden presumir de una carrera larga y evolutivamente tan equilibrada que casi a cada paso se mejoran a sí mismos. El capítulo reservado para 2012 es un lujo en el que mezclan con maestría todas las vertientes que han tocado, en mayor o menor medida, como base principal o como recurso de aderezo: rock progresivo, metal, electrónica, rock gótico, indie… Arranque memorable que costará igualar en algún momento. Una catedral de sonido y sensaciones.
2.Golden Apes, Riot (lo reseñamos aquí): Quizá lo eleve demasiado por tenerlo tan fresco y que su impacto aún me dure, pero estos germanos de dilatada carrera me han caído del cielo para demostrar que, como ocurrió en otro tiempo, la furia after punk, el rock gótico, el espíritu indie y la electrónica ambiental son capaces de maridar y brillar con luz propia. Riot levanta muros de ruido en los que la escucha atenta en busca del matiz es una auténtica aventura. Imprescindible.
3. Red Sun Revival, Running From The Dawn (lo reseñamos aquí): El debut de este cuarteto inglés supone un retorno a los postulados básicos del rock gótico de amplio espectro enriquecidos por el paso del tiempo y liberados de clichés. Otro goce sensorial, una producción exquisita, una voz emergida de la caverna que no hace prisioneros, una imagen cuidada, un viaje doloroso y a la vez cálido. Algún día lo entenderé. Cuando consiga asimilar esta obra maestra de género.
4.The Raveonettes, Observator (lo reseñamos aquí): Y decían que iba a ser un disco luminoso. Y decían que se iban al sol de California para recuperarse de la oscuridad de su anterior trabajo. Y una leche. Estos dos daneses se han descolgado con el disco más frío e hiriente de su carrera. Hay muchas formas de explorar sonoramente los rincones oscuros del alma, pero Observator es el encargado de haber puesto en 2012 la cuchillada cruda y tajante. Seco y sin concesiones.
5. Dead Can Dance, Anastasis (lo reseñamos aquí): Ya quisieran muchos tener un retorno, además de tan esperado, tan brillante. El venerado y heterodoxo dúo nos ha regalado un disco maduro, complejo, filosófico, a veces metafísico, exótico, poético, relajado, cálido. Un auténtico goce para el oído y el espíritu de quien sepa acceder a él. Si alguien aún busca los motivos de que gente tan diversa, después de tanto tiempo, rinda pleitesía rayana en el culto a Dead Can Dance, aquí tiene la respuesta.
Sentencia
1. Overkill, The Electric Age: Cuando este disco salió al mercado, nosotros ni siquiera existíamos. Menos mal, porque de lo contrario quien nos hubiera leido hubiera pensado que exagerábamos. El despliegue de energía que D.D. Verni, Bobby “Blitz” Ellsworth y compañía se marcan en su última entrega es para quitarse el sombrero… una vez más. A base de insistencia, fieles a una cita que ellos mismos se preocupan desde hace tiempo por repetir cada par de años, estos pioneros del thrash metal siguen demostrando que nadie cuida mejor de la criatura que su propio padre. Nada de composiciones pretenciosas, adornos superfluos o trucos de producción, simplemente cinco tíos destilando mala uva y repartiendo cera a diestro y siniestro, haciendo gala sin pretenderlo de una maestría que en ellos es tan natural como respirar. Simplemente Overkill.
2. Moonspell, Alpha Noir / Omega White (lo reseñamos aquí): Cuando ya parecían de vuelta de todo, los maestros portugueses del metal gótico se desmarcaron casi por sorpresa con este trabajo que congraciaba diferentes etapas de su carrera y se erigía en todo un homenaje a sí mismos a la vez que en delicia para todos sus fans. Rabia y melodía, luz y oscuridad, aliadas para dar lugar a un equilibrado doble álbum que constituye una exhibición al alcance de muy pocos.
3. Kreator, Phantom Antichrist (lo reseñamos aquí): Precisamente en un año en el que hemos andado a vueltas con profecías sobre el fin del mundo y chorradas similares, Mille Petrozza y sus chicos se han sacado de la manga su apocalipsis particular en forma de trallazo sonoro. Añadiendo un toque de sofisticación a la brutalidad que recuperaron hace una década, Kreator avanza un paso más en su envidiable trayectoria y entrega una auténtica obra maestra. Después de escucharla, lo que tenga que pasar sencillamente nos la trae al fresco.
4. Anathema, Weather Systems (lo reseñamos aquí): Para que veais que los heavies tenemos nuestro corazoncito, en esta lista también hay hueco para la magistral obra que los hermanos Cavannagh nos han brindado este año. Y no podía ser de otra manera: su categoría traspasa cualquier tipo de frontera y resulta igual de apreciable para cualquier aficionado a la música, más allá de toda preferencia de género.
5. Testament, Dark Roots Of Earth (lo reseñamos aquí): Vaya, parece que al autor de la lista le mola el thrash… Pues sí. Sin pretender resultar objetivo en absoluto, el gran momento que vive el género ha encontrado en 2012 un nuevo y brillante capítulo al que sin duda ha contribuido la banda de Chuck Billy y Eric Peterson, consolidando el regreso de Alex Skolnik. Difícil lo vamos a tener en 2013 para igualar este gran año.
No es la primera vez que Lebonloup y The Lost Dreamer nos mostramos fans acérrimos del ruidoso dúo danés The Raveonettes: la pasada primavera tuvimos que escribir a cuatro manos la reseña del escueto EP de cuatro canciones que publicaron y nos salió un texto más largo que el disco en sí. Pero no lo podemos evitar: nos encantan y nos vemos obligados a compartir post y a escribir lo que pensamos de Observator, el nuevo disco de nuestros daneses favoritos. Ah, y que nadie olvide que los días 21, 22 y 23 de febrero del año que viene podremos verlos en Bilbao, Barcelona y Madrid en lo que parece, va a ser un fin de gira español para estos dos.
Lebonloup
Normalmente cuando un disco te gusta mucho hablar de él resulta fácil. Lo diseccionas, lo recorres, aprecias sus matices, comienzas a desglosarlo y poco a poco va saliendo todo. Normalmente. Observator te hace dar todos esos pasos, pero más de una semana después de su primera escucha, y cuando ya van cerca de la veintena, sigo sin ser capaz de encadenar cinco palabras con cierto sentido. ¿Mala señal? En absoluto. El magnetismo que ejerce en mi este disco no deja duda, pero la única sensación clara que te deja es que chorrea dolor, y hablar de esto no es fácil, incluso cuando la tendencia a apreciar este tipo de música es marcada. Todo se complica aún mucho más cuando lees la famosa carta que Sune Rose Wagner ha hecho acompañar al lanzamiento del disco. Todo lo que ibas apreciando se confirma, y ante las palabras del danés poco más queda por añadir. Es un disco que por mucho que se haya querido broncear al sol de California parece gestado en Alaska con una soga al cuello. La mitad de The Raveonettes se ha esforzado por explicar la gestación del disco y su situación personal como clave en el estado de ánimo que lo alumbra. A veces remite a cosas muy concretas, otras a divagaciones de una persona seriamente deprimida, ambas confluyen en un marco bastante oscuro. Y es que no por irte a California te tiene que salir un disco de playas y tías en bikini. Me parece que a estas alturas la historia está lo suficientemente plagada de ejemplos de música californiana que lo atestiguan. Wagner se marchó buscando el sol y la subida de ánimo, y parece que se quedó viendo atardeceres día tras día, colocón tras colocón.
No busquen hits en Observator. Es un disco que hay que apreciar en conjunto, como una estructura compacta que en lugar de llamarnos la atención primeramente con sus pasajes (sonoros) más luminosos, prefiere arrancar con las andanadas más oscuras, donde las ya clásicas guitarras del dúo se afilan mucho más, se empapan del desierto californiano, y se les añade un piano lúgubre de una hermosura fría y desangelada que asusta. Así transcurre el comienzo, a mi parecer un conglomerado de tres canciones que reúnen buena parte de las cosas más horriblemente bonitas que tienen en su repertorio estos daneses, con esa maravilla que es Curse The Night como éxtasis. Desde aquí recuperamos cierto tono musical, que no de contenido, y que en ningún momento abriga esperanza de que la pesadilla vaya a terminar. No puedo añadir mucho más. Este disco requiere una digestión muy lenta y una mirada atenta, quizá de años, pero por ahora no me cabe duda de no haber oído algo semejante en muchísimo tiempo. Los Raveonettes se hunden y elevan su arte.
The Lost Dreamer
Coincido con Lebonloup: llevo una semana escuchando casi compulsivamente Observator y me va a costar escribir algo que tenga pies y cabeza. Sé que me ha agarrado desde el primer rasgueo de guitarra, desde el primer compás, la primera vez que me lo puse. Young and Cold es como estar sentado en una playa de Los Angeles una mañana nublada, fría y con viento; con una cerveza en la mano y tras una noche interminable de discusión con tu novia que, finalmente, ha acabado dejándote. Y le echas huevos y le das otro trago a la lata. A ver si te mueres de una vez. O algo. Y cada vez que la pongo siento lo mismo: un frío desasosiego de playa vacía que no está ahí para bañarse, sino para ser contemplada.
Es un disco de Los Angeles, sí, pero nada tiene que ver con surferos, estudios de cine y chicas en bikini y shorts. Es un disco de la ciudad en la que Marilyn acabó suicidándose, el mismo turbio y retorcido lugar que inspiró la no menos turbia y retorcida Mulholland Drive. Porque no me digan que Observator no tiene algo de la decadente y enfermiza tristeza de la película de David Lynch… Es obvio, a la luz de Observator, que las cuatro alegres, divertidas y coloristas que conformaron Into The Night, el EP que lanzaron la pasada primavera, no tenían cabida en Observator, aunque su calidad era demasiado alta como para convertirlas en meras caras b.
En fin, y sí, vale, me parece que no hay una canción mejor que Young and Cold en todo el disco, pero es que las demás no se quedan cortas. Porque vamos a ver, después de dos canciones que te dejan el alma rugosa y exhausta viene Curse the Night que es un toque… ¿amable? No, no es amable, tiene un deje, tiene algo ¿Nancy Sinatra?… no, tiene algo femenino. Es una de las pocas canciones femeninas del disco, pero en el fondo subyace una amargura, una ponzoña que no son ni medio normales. Y te la pones, una y otra vez. Y es brillantemente hermosa pero cada vez duele, cada vez se te clava más. No, no es amable. Tal vez sea educada. Pero de amable nada.
Y nada, ahí viene el resto: una sucesión de chuchilladas que sinceramente no sabes ni por dónde te vienen pero que te hacen sangre. A veces la melodía es algo más fácil de seguir, como en The Enemy; otras, tan descarnada como la letra, como She Owns the Streets. Pero Observator es eso: una sucesión de cubos en los que estos dos han vomitado su mierda. Y oiga, no me quejo, porque les queda preciosa. Y te lo pones una y otra vez. Porque hay algo jodidamente hermoso en toda esa oscuridad. Supongo que es lo genial de los Raveonettes. Eso y que nunca sabes cuán bajo te van a llegar a arrastrar.
Ya está aquí, el verano está a la vuelta de la esquina y con él nuestros amigos preferidos: los grandes festivales bajo el sol. Varias cervezas, la playa, el campo y un buen par de escenarios gigantes es lo que más nos pone las pilas para disfrutar del buen tiempo. En bSides vamos a hacer un repaso al panorama festivalero del verano 2012, para que no te pierdas ni un solo evento estos meses. Hoy empezamos la sección Los festivales son para el verano hablando de los grandes eventos musicales con repercusión internacional que van a tener lugar en la Península Ibérica en las próximas fechas.
Trío de ases a mitad de julio
Sin lugar a dudas, lo más fuerte llegará a nuestro país el fin de semana del 14 de julio, con ni más ni menos que 3 festivales gigantescos en la Península:
Festival Internacional de Benicàssim
Fechas: 12-15 de julio
Ubicación: Benicàssim, Castellón (España)
Precio (abono): 165€ (+ 85€ de camping)
Cabezas de cartel: Florence + The Machine, Bob Dylan,
El gran icono hispano no termina de levantar cabeza y no se parece ni de lejos a lo que fue. Pese a todo ha configurado un cartel interesante, aunque demasiado volcado en viejas glorias. Eso sí, menudas glorias, ver reunidos a los Stones Roses y otra vez a New Order es ya un atractivo ineludible, pero tienen que recurrir a un mito menor como At The Drive-In para cubrir ese cupo. La tradicional presencia de dinosaurios se copa esta vez por Bob Dylan, y Noel Gallagher completa el apartado “prestigio” y el ineludible faro brit. Florence + The Machine, una de las bandas más prometedoras de los últimos años, aportará la, relativamente, sangre nueva en los neones del FIB, quedando para David Guetta el tradicional fin de fiesta en el escenario grande.
The Horrors, Miles Kane, The Maccabees, The Vaccines, Crystal Castles, The Antlers, Spector o Zola Jesus son actuaciones que intentaría no perderme, quedando el producto nacional reducido a nombres como Cooper, La Habitación Roja, Klaus & Kinski, La Casa Azul, o Jero Romero. No están en letras gordas en el cartel, pero mitos como De La Soul y los Buzzcocks actuarán allí.
En otros tiempos no me daba el cuerpo para estar en tantos conciertos como ofrecía el FIB, hoy se puede tomar con mucha más calma.
Cuando hace unos meses hubo que decidir si este año la pandilla iba a algún festival grande, la decisión quedó pendiente de una sola cosa: se iría al festival español que trajera a The Cure. Así que la mayoría de bSides tiene las entradas de este festival desde hace tiempo. Fueron muchos los que tacharon de locura e inconsciencia su coincidencia con el FIB en cuanto se anunciaron las fechas. Pues se equivocaron, este año es el festival playero el que sale perdiendo.
Por supuesto, la presencia de Radiohead (que tocarán, casualmente, el mismo día que Vetusta Morla) y Garbage (en su única fecha en España por ahora) hacen todavía más grandes las expectativas. La inmensa mayoría de los grupos internacionales invitados son de renombre y calidad: Mummford & Sons (con suerte hasta escuchamos alguna canción nueva), Noah and the Whale o The Kooks se sumarán a un buen plantel de artistas nacionales como La Habitación Roja o los vascos Zea Mays. Y, además, ¡sin los calores de Levante!
Creo que a estas alturas ya no quedan abonos para este festival lisboeta, y las entradas de día se agotan a gran velocidad. Un cartel corto para tres días, pero con tres primeros espadas de toma pan y moja: The Stone Roses, The Cure y Radiohead. Si tuviésemos a mano una máquina de medir influencia en la historia de la música a lo largo de los últimos treinta años, entre estos se llevarían un porcentaje seminal superior a la mayoría absoluta. Sin duda una experiencia inolvidable en un entorno que sugiere de lo lindo.
En menor escala hay dos citas de culto: el travieso Tricky ejecutando su Maxinquaye y la reunión de Mazzy Star. Pero no acaba aquí la cosa; una “clase media” conformada por gente como Justice, Snow Patrol, los otrora impactantes Death In Vegas, Caribou, The Kooks, The Kills, Miles Kane, Florence + The Machine, Mumford & Sons, Metronomy o The Maccabees aseguran divertimento durante los tres días si es que alguien sobrevive a las emociones de los tres cabezudos.
Menos mal que nos queda Portugal.
Nuevo gigantes en Madrid
Tras unos años de parón, parece que el panorama festivalero en la capital española empieza a reactivarse. Veamos las tres iniciativas más grandes que nos ofrece:
Era necesario un festival así en Madrid, y qué mejor lugar que las inmensas naves del Matadero de la capital para albergarlo. Con un cartel inmenso para su escasa duración, la única pega de este festival urbano ya se ha comentado muchísimo: es su precio. Y es que el año pasado, entre el patrocinio de Heineken y la ayuda del Ayuntamiento de Madrid, la entrada para el pedazo de festival que montaron (nuestras reseñas aquí y aquí) se quedaron en 24€ de nada.
Pero no se puede negar que la versatilidad del cartel hace la boca agua a los más indies de la capital: los animados Two Door Cinema Club, los siempre acertados The Ravenoettes, los clásicos Mercury Rev o los omnipresentes Love Of Lesbian justifican pagar una entrada así, sobre todo teniendo en cuenta los antecedentes de buena organización de éste evento. El único miedo es el calor que pueda hacer en la capital en esos primeros días de verano, pero si sobrevivimos al concierto de Lykke Li del año pasado, nada podrá ponérsenos por delante éste.
Un festival que el año pasado sorprendió y mucho, por su inesperada irrupción en el panorama internacional y por su ecléctico cartel. Personalmente quien escribe estas líneas lo pasó de vicio en la edición pasada, a pesar de la terrible ola de calor y los más que deficientes puestos de comida habilitados en el recinto. Pero también sé que el año pasado el festival no fue tan exitoso como se esperaba y que la edición de este año peligraba. Al final, la solución de compromiso anima a todos: se pasa a septiembre, se evitan calores y coincidir de cerca con los demás eventos de la capital.
Por si eso fuera poco, la primera confirmación me quitó el aliento: mis isladeses favoritos, Sigur Rós, como cabeza de cartel. De bonus, The Killers, esa típica banda para la que las entradas siempre se agotan a una velocidad pasmosa a pesar de venderse a precios desorbitados: es posible que un festival sea la forma más sencilla y económica de verlos. Y para no olvidarnos de que el cartel del DCode tiene que ser ecléctico, una de rock muy duro, Justice, confirmación que me sorprendió y agradó a partes iguales, porque son un grupazo; y el soplo indie y juvenil de The Kooks. Quedan bandas por confirmar, pero parece que volveremos a tener música para todos los gustos en la Complu este verano.
Cierto, Rihanna y Maná puede que no sean el estilo que llevamos en este blog, pero lo cierto es que Rock In Rio es un festival gigantesco que se celebra cada dos años en un recinto especialmente habilitado para ello, la Ciudad del Rock de Arganda, y por el volumen de gente que mueve, no debe quedar sin mencionarse.
Este año no han seguido la filosofía de la pasada edición, de organizar jornadas temáticas, en las que se pudo ver desde Hanna Montana hasta Metallica. Este año solo hay dos categorías: canción ligera (con varios grupos españoles por ahí pululando), grandes productos americanos y electrónica. Es en el apartado de electrónica donde este Rock In Rio destaca indudablemente, trayendo a los primeros espadas de la música de baile internacional: David Guetta y Pitbull.
Una de rock duro
Por último, un pequeño espacio para el rock más duro, que se subirá a los escenarios del FIB en un nuevo festival:
El Festival Costa de Fuego se estrena este año en su intento de acercar a las tradicionalmente indies playas de Benicássim los sonidos más duros, con Guns N’ Roses (o lo que queda de ellos) y Marilyn Manson como reclamos principales. La oferta se completa con un variado cartel en el que tienen cabida pesos pesados de los más diversos estilos a nivel internacional, como Nightwish, Lacuna Coil, In Flames, Paradise Lost, Amorphis y Opeth, y representantes del heavy patrio de hoy y de siempre, desde los clásicos Obús y Barón Rojo hasta los más actuales Angelus Apatrida y Vita Imana, pasando por los ya curtidos Warcry y Hamlet. Los que se decanten por esta opción, deberán armarse de paciencia para soportar con humor el más que probable retraso en la comparecencia del señorito Axl Rose. Avisados quedan.
Somos unos cuantos aquí en bSides que sentimos debilidad por The Raveonettes, el dúo danés que se ha pasado la última década conquistando Europa y los Estados Unidos (últimamente muy centrados en ese lado del Atlántico, colando algunos temas en bandas sonoras de series de éxito, como True Blood o Revenge) con sus guitarras distorsionadas y look popero oscurecido. El año pasado publicaron Raven In The Grave (2011) y no es que nos pareciera un mal disco (todo lo contrario), pero es que la oscuridad de sus melodías y letras contrastaba muchísimo con las de su anterior trabajo, In And Out Of Control (2009), que nos gustaba (y nos gusta) demasiado.
Tanto aquél como el Lust Lust Lust (2007) habían llevado a nuestros daneses por una senda que, sin abandonar en ningún caso la electricidad punzante, la percusión contundente y la iconografía y temática kistch; sí que era más luminosa, optimista y bailable que la mayoría de sus trabajos anteriores. In And Out Of Control es una demostración muy lograda de que se puede hacer pop bailable, fácil de escuchar y divertido sin perder la propia personalidad ruidosa y sombría de una banda que siempre se ha presentado como heredera de The Jesus And Mary Chain.
Aunque sean pocas, somos dos en el blog que queremos hablar de las nuevas canciones de The Raveonettes.
Lebonloup: The Raveonettes vuelven a sorprender. No termino de entender muy bien como este par de daneses son capaces de explotar tanto, y tan bien, un estilo cuyos considerados reyes (The Jesus and Mary Chain) exprimieron por poco tiempo. Into the Night abandona los senderos oscuros en que se introdujeron en su anterior L.P. Sus guitarras continúan siendo cuchilladas de cristal gélido, sumidas en una especie de sueño histórico entre el rockn’roll de los 50 y el punk, y que son cubiertas por una distorsión noise para parir el producto típico Raveonette. Esta vez, sin embargo, han elaborado melodías que separan esta nueva producción del monolítico trabajo del año anterior. Miran al pasado propio con cuatro temas nostágicos y ágiles, de cristal estriado y delicados. Un compendio en miniatura de lo que es este dúo y promesa de lo que podrá venir a finales año, momento para el que prometen un nuevo L.P.
The Lost Dreamer: Si tuviera que quedarme con una de las cuatro canciones de Into The Night no podría elegir. Lo sé, es solo un E.P., pero me ha sorprendido y encantado. Es vibrante, divertido, alegre y dan ganas de saltar en la cama mientras cantas el estribillo de Too Close To Heartbreak. Y sin duda lo que más me gusta es que todo me recuerda mucho, muchísimo, a In And Out Of Control, esa maravilla de oscuridad resplandeciente que me pongo para ponerme a tono cuando estoy triste. Como bien dice Lebonloup, las canciones de The Raveonettes parecen de cristal estirado, punzante. Ese cristal negro lleno de curvas y reflejos imposibles. En Raven In The Grave, las puntas de ese cristal cortaban las puntas de los dedos: en esta ocasión, podemos patinar por sus superficies ondulantes y disfrutar del vertiginoso guitarreo como si de una montaña rusa se tratara. No puedo esperar a que saquen el prometido disco a final de año y, cómo no, a volver a verlos en el Día De La Música en el Matadero de Madrid.
Sharin Foo, la mitad femenina de The Raveonettes, durante la actuación del grupo en la Sala Heineken
Son daneses y les gusta hacer ruido. En sus últimos dos discos (Lust Lust Lust e In and out of control) parecían haber llevado su distorsionado sonido por sendas algo más melódicas y comerciales. Pero cualquier parecido con las bandas comerciales tradicionales es puro marketing. A este cuarteto del norte lo que le gusta es, en realidad, dejarse los brazos en las guitarras y las baterías. Y en eso son unos cracks.
Sune, la otra mitad de The Raveonettes
Quienes fueron el pasado domingo a la Sala Heineken de Madrid con la esperanza de poder disfrutar de algunos de los temas más alegres y bailables de The Raveonettes (Bang!,Hallucinations o Last Dance, por ejemplo) se llevaron una gran desilusión. En efecto, los daneses se mantuvieron fieles a su estilo: fríos, ruidosos y adeptos de las vertientes rockeras más oscuras. Las limitadas condiciones sonoras de la Sala Heineken les jugaron unas cuantas malas pasadas (una pena que el micrófono de Sharin no parara de acoplarse durante Dirty Sound), pero el grupo supo salir adelante a golpe de calidad: si las voces no se oían todo lo claro que querían, tiraban de baterías y, si no, de guitarreo.
Sharin y Sune lidiando con uno de los numerosos problemas de sonido que surgieron durante su actuación
Afortunadamente, los problemas técnicos se fueron arreglando poco a poco para dar paso a un setlist (haz click aquí para escucharlo en Spotify) de elevada intensidad y reducida duración (la hora y diez minutos de rigor, ay madre, cuanto nos cuesta estirarnos…) en el que no faltó ni uno solo de los temas de su último disco, Raven in the Grave. La vitalidad del cantante y extraordinario guitarristaSune Rose Wagner se mezclaron a la perfección con la tímida sensualidad de una Sharin Foo que no se despegó de su bajo (me encanta la gente que sale a tocar con los instrumentos cubiertos de cinta aislante) más que para cantar Forget that you’re young, el single con el que han dado a conocer su último disco, y que fue el único momento en el que esta belleza rockera se soltó por el escenario a bailar con algo parecido a una sonrisa en la cara. En el agradable contrapunto entre estas dos personalidades parece residir uno de los secretos de esta banda que, sin duda, sabe explotar esta baza en el directo.
En general, The Raveonettes nos ofrecieron un concierto para incondicionales, conocedores de su discografía y amantes del rock más oscuro. Dadas las condiciones de la sala, creo que no pudieron sonar mejor y la intensidad y el buen saber hacer con el que interpretaron sus temas, alcanzando unos niveles de ruido inimaginables para quien solamente ha escuchado sus álbumes de estudio, les hizo merecedores de sinceras ovaciones por parte de quienes allí nos encontrábamos. Esperemos poder volver a verles pronto.
Aranda de Duero ha sido una fiesta durante los tres días de festival
Hago un paréntesis en mi retiro vacacional para finalizar mi crónica del Sonorama 2010, repasando la jornada del sábado 14 antes de que nos olvidemos de algún detalle importante. Después de una noche gélida que solamente pudo calentarse a base de gastar las suelas de las zapatillas en la Carpa DJ’s (cortesía del Señor Lobo y sus secuaces), echamos una ligera cabezada para enfilar la segunda jornada del festival. La resaca y el cansancio hicieron que no siguiéramos con demasiado interés los conciertos que tuvieron lugar durante la mañana en el pueblo y las piscinas, aunque sí que tuvimos oportunidad de dar un paseo y comprobar la animación y el buen rollo que campaban por Aranda. La verdad es que daba gusto dejarse caer por una población que nos recibía con los brazos y las bodegas abiertas.
El primer concierto por el que me pasé fue el de Maga. Nunca los había visto en directo y les tenía ganas, puesto que su último disco me ha resultado bastante más interesante que la mayoría de los anteriores, de los cuales solamente me quedo con algunas de las canciones más conocidas. Nos deleitaron con una actuación en la que todo estuvo en su sitio: voz, instrumentos y selección de canciones contribuyeron a que fuera una de las actuaciones que más me agradaron de todo el festival.
El siguiente artista al que esperamos fue Brett Anderson, el exvocalista de Suede. Su discografía, tan depresiva y lenta que podría bautizarse como Canciones para jugar bajo la lluvia, auguraba una actuación más bien aburrida. Yo nunca vi a Suede en directo, de manera que no me podía imaginar lo potente que podía llegar a ser la voz de Brett. Si bien sus discos pueden parecer demasiado sombríos, en directo queda claro que los temas encajan que ni pintados en su garganta. Además, la pequeña banda que llevaba era simplemente espectacular. Sonaban extraordinarios y se dejaban la piel en el escenario, especialmente el batería. No fue un concierto para saltar y gritar, pero en conjunto mereció la pena verlo. La principal lacra fue la frialdad para con el público.
Luego me pasé por Sidonie, que dieron un recital de lo más animado, haciendo a los miles de personas que se agolpaban frente al escenario Ribera del Duero partícipes de su música. El público respondió a la perfección, coreando prácticamente todas las canciones y divirtiéndose a rabiar.
Corriendo me fui de nuevo hacia el escenario principal a ver a Lori Meyers que fueron, en lo que a mi respecta, de lo menos interesante que ví. Cierto es que tampoco esperaba mucho, pero me encontré rodeada varias tropas de fanáticos de la banda que estuvieron como locos durante toda la actuación. Sus canciones no me dicen gran cosa y en el directo no hicieron nada que me llamara la atención. De hecho, me parecieron gritones y planitos.
Pasaban las once de la noche y empezaba a hacer un frío que pelaba (aunque no tanto como el viernes) cuando los daneses The Raveonettes se subieron al escenario principal. Si la noche anterior le había tocado a una sueca de metro noventa calentar el ambiente a base de no parar de moverse por ese mismo escenario, el sábado fue una escotadísima danesa que solamente se separó de su guitarra eléctrica para tocar la batería la que nos devolvió al mundo de los vivos. A pesar de algunos problemas de sonido iniciales, nos brindaron una actuación sin ningún tipo de concesiones poperas como las que hay en su último disco. Y es que The Raveonettes fueron pura tormenta eléctrica atronando sobre Aranda de Duero: mientras la iluminación solamente nos permitía distinguir sus siluetas (muy original, por cierto), nos bombardearon con la distorsión y los intensísimos golpes de guitarra sobre los que las voces quedaban confundidas como susurros. Solamente les faltó un puntito de cercanía con el público o demostrar de algún modo que realmente se alegraban de estar con nosotros.
La noche acababa con los vascos Delorean sobre el Escenario Principal. Desgraciadamente, un problema de sonido retrasó largo rato la actuación, lo que hizo que el público se enfriada (anímica y literalmente). Cuando por fin el grupo pudo subir al escenario el problema no se había arreglado del todo y se vieron obligados a acortar su actuación. No obstante, fue increíble verlos: realmente se les sentía metidos hasta la médula en la música que nos estaban dando. Muy concentrados en todos sus instrumentos y sintetizadores, pero no es para menos, porque el sonido era mucho más auténtico, redondo y enérgico que el de sus, ya de por sí impresionantes, discos. Me quedé con muchas ganas de volver a verlos, y la organización, que ya ha pedido disculpas por los inconvenientes, ha confirmado que el año que viene volverán al Sonorama.
Finalmente, acabamos cuando el sol ya entraba a raudales por las ventanas de la nave que hacía las veces de discoteca. Los DJ’s de la madrugada del sábado al domingo no tuvieron la calidad de que disfrutamos la noche anterior y de hecho, en algún momento dieron la impresión de imitar a los de The Rock’n'Roll Circus! que tanto nos habían dado unas 24 horas antes. No obstante, la carpa estaba llena de gente con muchísimas ganas de pasarlo bien y hasta las ocho de la mañana no paramos.
Con esto cierro mi crónica del Sonorama 2010, dando gracias a la organización por un festival tan bien montado y divertido y, sobre todo, a Javi, Ana, Jorge, Nachopil, el Melón y Prosickito por venir a oír música y pasarlo bien durante un fin de semana inolvidable.
Lo tengo todo: la tienda de campaña, el saco, la esterilla, el macuto, la entrada y, sobre todo, unas ganas locas de ir el viernes 13 de agosto a Aranda de Duero (Burgos) a empaparme de música, vino y hartarme de cordero. Como podéis ver, se trata de todos los alimentos que un alma necesita para crecer fuerte, sana y lozana. Si la resaca me lo permite, haré por escribir un post en el que cuente mis impresiones del Festival Sonorama 2010 cuando vuelva; pero hoy, a unos días de este, voy a pasar revista a los grupos que más ganas tengo de ver una vez esté allí. Sería genial que en los comentarios añadierais vuestras propuestas, opiniones y expectativas.
Tocan el viernes. En realidad, ellos son el motivo que me lleva al Sonorama. Se trata de una de esas bandas que hace que me pregunte una y otra vez por qué demonios me gusta tanto el rock sueco. Con excepciones, son un grupo alegre y divertido, cuya música te llena de fuerza y de ganas de divertirte y vivir a tope. Rock muy eléctrico con una peculiar voz femenina que cuenta divertidas historietas de amor y sexo. En los últimos meses me han acompañado mucho y tengo grandes esperanzas puestas en su directo, del cual me han dicho que, si realmente me gusta el grupo, me divertirá muchísimo. Supongo que se centrarán en las canciones de su último disco, Crossing The Rubicon, lo cual es genial, porque a mi ese disco me encanta. Os dejo con la primera canción de este disco: imprescindible sonreír al oírla.
Otro grupo del Norte, en este caso, de Dinamarca. Sus primeros discos fueron bastante ruidosos, pero In And Out Of Control les ha llevado a lugares más poperos. La verdad es que para la cantidad de distorsión que tienen sus discos anteriores, me gustan bastante, pues en la mayoría de las canciones se puede adivinar una melodía, un hilo conductor al que no cuesta agarrarse. No obstante, el último disco es luminoso y muy muy fácil de oír. El Señor Lobo dice que los vio hace unos años en el FIB y que en directo suenan mucho mejor que enlatados. El sábado ambos podremos ver cuánto de cierto tiene su afirmación.
Una gran banda de (electro)pop nacida aquí, en la Piel de Toro. Llevan haciendo música desde el 2000 y cada nuevo disco que han publicado ha sido mejor que el anterior. El último, Subiza, me parece redondo. Realmente me muero de ganas de verlos porque me transmiten mucha energía pero, a la vez, serenidad. El sábado cerrarán el escenario principal y ahí estaremos para disfrutarlo.
Solamente tienen un álbum (homónimo), pero con él se han hecho un hueco en el panorama internacional. Llevan varias semanas recorriendo la geografía española dando conciertos. Son muy muy poperos, fáciles de escuchar, pero apuntan maneras de calidad. Tocan el viernes, justo antes de The Sounds, y creo que va a ser una actuación que merecerá la pena.
Seguro que de los planes a lo que acabe pasando realmente habrá una distancia infinita: las carpas y los escenarios secundarios estarán llenos de grupos y DJ’s a los que seguro que merecerá la pena prestar atención. No obstante, acabo el post con un par de links: el primero, a una pequeña lista de reproducción de Youtube con algunos vídeos de los artistas que he mencionado. El segundo, una lista de reproducción de Spotify creada por la gente del propio festival que recopila discos de prácticamente todos los grupos del cartel. ¡Os cuento a la vuelta!