Y a la tercera fue la vencida, porque Vince Clarke nunca había grabado más de dos discos en una misma formación. No lo hizo ni con Depeche Mode ni con Yazoo, sus dos proyectos más exitosos, pero tampoco con The Assembly ni con el fugaz combo de 1985 junto a Paul Quinn. Cuando Erasure lanzó The Circus (1987) -y comenzaron a palpar el éxito- la pregunta era clara: ¿habría tercer trabajo con el nuevo grupo? Lo hubo. Un 18 de abril de 1988 se publicaba The Innocents, el trabajo con el que Clarke rompía tradiciones y levantaba a Erasure a lo más alto. Esta vez, al fin de verdad, el pequeño rubio de Essex parecía haber encontrado su media naranja artística en el “plumoso” Andy Bell.
Tercer disco y muchos más que vendrían, pero este fue sin duda alguna el momento álgido de Erasure. Tras los dubitativos momentos iniciales, lastrados por el gran éxito cosechado codo a codo con Alison Moyet en Yazoo, que tanto para la propuesta inicial del nuevo grupo, como para el cantante Bell, a quien inevitablemente se trataba de comparar con la portentosa Moyet, no fueron fáciles. Lograron encarrilar el vagón en 1986 con el single Sometimes, tema estrella de The Circus (1987), su segundo disco, en el que consolidaban que Erasure no era Yazoo ni Depeche, que era algo muy distinto, y que tenía un estilo propio bastante marcado. Encontrado su sitio entre un nuevo tipo de público -sin renunciar del todo al anterior-, abriéndose hueco en los charts, en las pistas de baile, en la comunidad homosexual, e incluso en el espectáculo de la música en directo, solamente les quedaba apuntalar la flor para que durase más de un día.
Y The Innocents lo hizo. Entró directo en el número 1, y nada menos que 78 semanas después, volvía a estar ahí. Sus tres singles, A Little Respect, Ship Of Fools y Chains Of Love, dieron la vuelta al mundo a ritmo de MTV, y pusieron a Erasure lo más arriba que jamás habían imaginado, teniendo que embarcarse en extensas giras en las que más del doble de la gente que podía albergar un recinto querían entrar en él -como aquel famoso en Birmingham-, y siendo galardonados con discos de oro y todo tipo de premios aquí y allá, algo que para el tímido Vince suponía poder demostrar su valía en vivo, y que le hacía afianzar aquel viejo anhelo de convertir la música en su forma de vida junto a alguien con el que trabajarlo todo codo a codo, cosa que ya había declarado, le pasaba junto a Andy Bell.
Quizá el gran éxito vino gracias a la conjunción de varias cosas. De un lado era un momento importante para la comunidad gay. A los años álgidos del azote del SIDA se le suma la corriente cada vez más creciente de visibilidad de la homosexualidad. En el mundo de la música, y especialmente en el entorno británico, esto era más que patente, y Andy Bell no era alguien que precisamente escondiese sus tendencias sexuales, mucho más que eso, iba con ellas por delante y su fondo de armario para las actuaciones en directo era ya de entrada, parte del atractivo de un concierto de Erasure. Precisamente Gran Bretaña jugaba en aquella época un papel importante en torno a lo gay, ya que por aquel entonces se discutía parlamentariamente la infame “cláusula 28″, de claro contenido anti-gay. Además de que esto, al menos para Bell, fuese un condicionante para que el disco les saliese algo más nostálgico, las reivindicaciones de sus canciones en favor de la concordia, la libertad y el respeto, tenían por fuerza que ser un acicate para que Erasure pescase miles de seguidores por este lado.
Pero también su estilo era un nuevo gancho. El clásico sonido synth-pop, ahora ya en retroceso, que Clarke dominaba con maestría, se veía edulcorado con arreglos y acoplamientos de un toque bastante más petardero. Sí, probablemente menos serio y circunspecto que el desarrollado por los grandes del género, pero desde luego mucho más festivo, menos frío, más próximo al pop de sintetizadores hecho por los pioneros de la new wave, más abierto a recibir influencias de otros géneros y estilos, y un guante en el perfil de diva de Andy Bell, un caramelo para llenar de hits las pistas de baile en los tiempos del pomposo y cansino italodisco. La producción del reputado Stephen Hague (New Order, Pet Shop Boys), fue sin duda un elemento clave en la fase de perfeccionamiento del diamante.
Y a mi entender la tercera pata en la que se fundamenta el éxito de Erasure son sus letras. El error típico -aunque a veces fundamentado- con este tipo de música, es que está llena de vaguedades, banalidades y sentimentalismos superficiales. Pues no es el caso. Además de los inevitables temas de amor / desamor, muy intensos, Erasure demostró desde muy pronto un compromiso social en múltiples direcciones, siendo el tema homosexual la estrella, pero capaz de romper lanzas en favor de las clases trabajadoras u otros sectores desfavorecidos. Erasure no eran un simple montón de plumas para pasárselo bien. Había mucho más.
The Innocents es en este sentido el ejemplo más contundente, porque en él hay de todo. Un arranque inolvidable y majestuoso y después un devenir de todo lo demás, incluyendo horrores intrascendentes como Sixty-Five-Thousand, o apariciones de teclados que hoy bien podrían sonar a Camela, pero el bagaje total, más allá de los tres megahits que lanzó al mundo, es el de un delicioso disco de pop hecho con sintetizadores -y alguna guitarra-, preciosista y muy sentido, que debería pasar a la historia como el mejor testimonio de un dúo llamado Erasure.












































