Contra todo pronóstico, y de nuevo sin demasiada fe, acabé también en la segunda jornada del DCode. El cartel, en mi opinión, era mucho más flojito que el del viernes, con los grupos distribuidos de una forma todavía más infame y con el único objetivo de dejar que The Killers se lucieran. El apabullante éxito de convocatoria, eso sí, estuvo fuera de toda duda: las interminables colas de los baños (en serio, ¿cobrando el abono a 100 pavos no habría sido posible poner unos poquitos urinarios más? yo pregunto, ¿eh?) lo atestiguan.
Capsula
De nuevo empecé mi periplo poco antes de las 7, aún sabiendo que me estaba perdiendo a los postrockeros Syberia. No se puede estar en todo. El caso es que los argentinos Capsula estaban en mi lista de grandes incógnitas y de imprescindibles del DCode: su directo es prestigioso, pero no han conseguido todavía la extraordinaria relevancia que tienen grupos no demasiado diferentes a ellos, como podrían ser Triángulo de Amor Bizarro o Columpio Asesino. El caso es que éramos pocos en el escenario Heineken, pero lo pasamos como enanos. Y es curioso, porque entre el poco público que había, las primeras filas estaban copadas por viejos rockeros, señores gordos de barrigota bailarina, melenas y barbas que no paraban de gritar ‘¡Viva el rock, cabrones!‘ y de bailar enfervorecidos ante los imparables Capsula. ¿Curioso? Esperen un momento…
Capsula desarrollaron un rock de ese que lo mueves un poco y sale polvo: añejo, sucio, distorsionado pero, sobre todo, potentísimo. Garaje, grunge, noise rock… supongo que serían las palabras más adecuadas para describir lo que hace este ruidoso trío. El guitarra, Martín, sencillamente no paraba: que si guitarra arriba, que si guitarra abajo. En menos de 10 minutos ya estaba encaramado a las barreras de seguridad dejando que el público aporreara su guitarra. Unas cuantas canciones después volvió a bajar, con el divertido detalle de que para volver a escalar al escenario con el micro mientras cantaba acabó montando un espectáculo curioso, subiendo a base de rodar y con el micrófono entre los dientes.
Pero payasadas aparte, Capsula realmente hicieron honor al público que se les concentraba delante: sonaron magníficos y fueron cogiendo seguridad a medida que pasaban los minutos (se notaba claramente como el serio rostro de Coni fue convirtiéndose en una amplia sonrisa a medida que el público se animaba más y más). Acabaron pasándose 5 minutos del tiempo que tenían concedido, con una organizadora del festival corriendo por los laterales del escenario tirándose de los pelos y gritándoles que no podían tocar más. Un final apoteósico, con todo tipo de distorsiones (solo les faltó reventar una guitarra contra un amplificador, madre mía, el ruido que metieron) perfectamente a la altura del soberbio rock que habían practicado. Por cierto, Capsula volverán a estar en Madrid el 26 de octubre: una cita imprescindible para cualquiera dispuesto a disfrutar del buen rock.
Django Django / Lüger
Ya me quejé ayer y hoy vuelvo a hacerlo: el DCode no es Glastonbury. Ni siquiera es el FIB, y con solamente dos escenarios hacer solapar las actuaciones es sencillamente una cabronada para quién, como yo, tiene ganas de ver música (los que van a emborracharse a la puerta, que parece ser que son los personajes por los que se preocupa la organización, no se van a quejar por esto, eso sí). De modo que vuelvo a expresar mi absoluto descontento por el hecho de tener que perderme medio concierto de Django Django si quiero acabar de ver el de Capsula y/o cazar unos minutos a Lüger. Sencillamente no está justificado.
El caso es que llegué al escenario principal para ver a uno de los grupos más esperados del festival y me sorprendió comprobar que ya estaba bastante lleno: la reciente nominación al Mercury Prize le había sentado genial a estos escoceses pero yo, tengo que aceptarlo, me aburrí como una ostra con ellos. También tengo que aceptar que su primer y único disco no me parece ni de lejos para tanto como se está diciendo últimamente: es gracioso, pero no me dan ganas irracionales de ponérmelo todas las semanas. Y en el escenario los vi más sosos que otra cosa: todo sonaba exactamente igual que en el estudio y el público, aunque parecía que había oído algunas canciones de refilón, tampoco estaba especialmente entusiasmado. Tengo que aceptar que en este estilo me llamó mucho más la atención el divertido y colorista directo de Kakkmadafakka, que hacen una música parecida pero la venden mucho mejor que estos. A lo mejor lo único que les faltan son tablas.
No fui la única que se aburrió con el psicodélico y tribal pop de los Django Django y se pasó de nuevo al escenario pequeño, donde los Lüger calentaban motores y arrancaban muy lentamente su discurso casi postrockero. De nuevo por solapamientos, no pude ver el concierto entero, pero la primera mitad, que fue lo que disfruté, me pareció extraordinariamente cañera, tal vez algo fría en algunas partes que tal vez necesitaban un poquito más de pasión y desenfreno que la tensa concentración que exhibían todos los miembros de la banda. Unos minutos de rock duro, mucho más descarnado y serio que el que habían ofrecido los Capsula un ratito antes. Afortunadamente, el escenario estaba preparado para tales excesos y la jugada sonó de vicio.
Supersubmarina
Hacía tiempo (más de un año, porque en el Low Cost también solapaban las cosas…) que no veía un concierto de Supersubmarina entero. En el Low Cost no me habían parecido sobresalientes pero tengo que aceptar que hubo un par de momentos en el que me pareció que brillaban un poquitín. Pero nada que la basurilla de su último disco no pueda disimular, vaya… Ayer arrancaron a mi gusto muy sosos: en vez de empezar con Eléctrico o algo así (¿qué tendrá de malo?, digo yo…) se arrancaron con alguno de los sosísimos temas de su Santacruz, encadenado con una versión de Ana que no acababa de sonar bien. En realidad el concierto no me sonó del todo bien: estaba un poco escorada hacia la izquierda, pero no creo que sea excusa para que los instrumentos sonaran tan poco sincronizados los unos con los otros.
Las primeras canciones del concierto me parecieron deslucidas: ni siquiera el público (que ya era numerosísimo) se animaba en exceso a corear las canciones. Me llamó mucho la atención, eso sí, encontrarme con unos aires muy a lo Two Door Cinema Club con la versión en directo de En Mis Venas, que si bien es cierto es un tema que no me llama nada en estudio, sobre el escenario me pareció que tenía más chicha (ahora, copiarle el riff de guitarra punto por punto a los Two Door está muy feo). La actuación remontó enormemente cuando encadenaron dos versiones potentísimas de Diciembre Está Al Llegar y Hermética (con diferencia, para mi, lo mejor de Santacruz). Ahora bien, se dejaron cosas como LN Granada o Eléctrico en el tintero a costa de cantar Canción de Guerra o Cientocero, y eso sí que me parece imperdonable. Al final, ni fu ni fa, francamente. Grupo de festival, pero no para pagarles una entrada.
The Kooks
Con este grupo siempre he tenido muy mala suerte: por unas cosas u otras llevo tiempo persiguiéndolos y nunca consigo cazarlos. Hasta ayer, que se subieron al escenario principal aprovechando la jauría humana que ya se estaba concentrando para ver a The Killers. Los británicos arrasaron felizmente, y a mi me puso muy contenta que sonaran tan bien. Y es que interpretaron sus divertidos pero tal vez demasiado acústicos temas de la mejor forma posible: explotando todas las posibilidades del escenario principal y confirmando que, aunque en estudio no lo parezcan tanto, en directo son un puro grupo de rock; dignísimo heredero de la tradición del brit-pop de los 90.
Lo curioso es que lo que más gustó al público fue la versión de Pumped Up Kicks que se marcaron y que, obviamente, no es de ellos sino de los Foster The People. No hicieron nada extraordinario con el tema, aunque al final si que le añadieron un poquito de guitarreo para sustituir alguno de los efectos algo psicodélicos que tiene la canción original. Me gustaron especialmente Seaside y, contra todo pronóstico, Junk Of The Heart (Happy) que son dos temas que, creo yo, demostraron claramente cómo un grupo puede sonar a limpio y brillante acústico cuando quiere; y extraer su lado más rockero para mover a las masas si lo necesita.
The Killers
Yo al final me compré el abono de este festival, y no la entrada solo para el viernes, porque quería ver a The Killers. Verlos una vez, quiero decir, ver qué hacen en directo y que no volviera a picarme el gusanillo de gastarme 50 euros la próxima vez que vengan a Madrid. Pues bien, me temo que no va a ser posible: con lo que tienen, con lo que son, anoche en Madrid dieron el concierto perfecto. Lo dieron todo, se dejaron la vida sobre el escenario y el público no paró de apoyarles ni un solo minuto. Para rematar, eligieron el que para mi, fue el setlist perfecto, incluyendo todas y cada una de las canciones que a mi me resultaban imprescindibles de la banda (seguro que ahora mismo hay otro bloggero por ahí escribiendo precisamente que eligieron las peores canciones posibles).
Empezaron como un torbellino, con el nuevo single, Runaways sonando con toda la potencia disponible y el público que, sorprendentemente, ya se la sabía entera. Y sin un minuto de descanso, van ya y sacan la artillería: Somebody Told Me, que es con diferencia mi canción favorita de esta gente, fue un no parar de gritos, manos en alto, palmas y estribillos coreados. La extraordinaria y bellísima voz de Brandon Flowers había necesitado canción y media para ganarme. Encima, el tío estaba absolutamente desatado, sin parar de moverse de un lado al otro del escenario, arengando sin perder una sola nota.
Smile Like You Mean It, For Reasons Unknown… la sucesión de hits era imparable. En cierto momento Brandon Flowers chapurreó en castellano que habían salido a darlo todo. Y no bromeaban: la épica de sus canciones no quedó desmerecida ni un solo instante, el sonido fue perfecto, la escenografía, impresionante sin parecer demasiado recargada. Y el rock, las guitarras, los solos, la potente percusión que impedía dejar de saltar un solo instante… no todo era única y exclusivamente la personalísima voz de Flowers: The Killers desarrollaron, durante hora y media, el mejor concierto que podían dar, ni más ni menos. Hubo tiempo hasta para versiones, con Joy Division y Alphaville, siendo el Forever Young de estos últimos lo que más enterneció al público.
El final, tal vez, sonó un poquito extraño: la tanda Mr. Brightside y All These Things That I’ve Done justo antes de los bises, con el público ya completamente entregado y patas arriba, hicieron que el verdadero cierre con Jenny Whas A Friend Of Mine (me sorprendió muchísimo que la tocaran, pero todavía me gustó más porque este tema me parece espectacular) y When You Where Young que, siendo buenas, no me parecían tan épicas para el cierre como las anteriores.
En cualquier caso, lo de The Killers fue una absoluta locura. Se limitaron a tocar un par de canciones nuevas y el resto del tiempo tiraron de himnos. Tal vez haya quien pueda tacharlos de cobardes y facilones por eso: a mi me parece que cuando un grupo tiene tantos himnos tan claros como este, el crimen sería no usarlos.
Y con esto acaba, un año más, el DCode de Madrid. Esperemos que el año que viene haya más, mejor, más barato y con más baños por metro cuadrado. De nuevo, os dejamos con el set completo en de Flickr que hemos confeccionado con nuestras fotos de las dos jornadas de festival.


















































