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DCode Fest 2012 (ii): The Killers dan el concierto perfecto

Publicado en 16 septiembre 2012 por

Contra todo pronóstico, y de nuevo sin demasiada fe, acabé también en la segunda jornada del DCode. El cartel, en mi opinión, era mucho más flojito que el del viernes, con los grupos distribuidos de una forma todavía más infame y con el único objetivo de dejar que The Killers se lucieran. El apabullante éxito de convocatoria, eso sí, estuvo fuera de toda duda: las interminables colas de los baños (en serio, ¿cobrando el abono a 100 pavos no habría sido posible poner unos poquitos urinarios más? yo pregunto, ¿eh?) lo atestiguan.

Capsula

De nuevo empecé mi periplo poco antes de las 7, aún sabiendo que me estaba perdiendo a los postrockeros Syberia. No se puede estar en todo. El caso es que los argentinos Capsula estaban en mi lista de grandes incógnitas y de imprescindibles del DCode: su directo es prestigioso, pero no han conseguido todavía la extraordinaria relevancia que tienen grupos no demasiado diferentes a ellos, como podrían ser Triángulo de Amor Bizarro o Columpio Asesino. El caso es que éramos pocos en el escenario Heineken, pero lo pasamos como enanos. Y es curioso, porque entre el poco público que había, las primeras filas estaban copadas por viejos rockeros, señores gordos de barrigota bailarina, melenas y barbas que no paraban de gritar ‘¡Viva el rock, cabrones!‘ y de bailar enfervorecidos ante los imparables Capsula. ¿Curioso? Esperen un momento…

Capsula desarrollaron un rock de ese que lo mueves un poco y sale polvo: añejo, sucio, distorsionado pero, sobre todo, potentísimo. Garaje, grunge, noise rock… supongo que serían las palabras más adecuadas para describir lo que hace este ruidoso trío. El guitarra, Martín, sencillamente no paraba: que si guitarra arriba, que si guitarra abajo. En menos de 10 minutos ya estaba encaramado a las barreras de seguridad dejando que el público aporreara su guitarra. Unas cuantas canciones después volvió a bajar, con el divertido detalle de que para volver a escalar al escenario con el micro mientras cantaba acabó montando un espectáculo curioso, subiendo a base de rodar y con el micrófono entre los dientes.

Pero payasadas aparte, Capsula realmente hicieron honor al público que se les concentraba delante: sonaron magníficos y fueron cogiendo seguridad a medida que pasaban los minutos (se notaba claramente como el serio rostro de Coni fue convirtiéndose en una amplia sonrisa a medida que el público se animaba más y más). Acabaron pasándose 5 minutos del tiempo que tenían concedido, con una organizadora del festival corriendo por los laterales del escenario tirándose de los pelos y gritándoles que no podían tocar más. Un final apoteósico, con todo tipo de distorsiones (solo les faltó reventar una guitarra contra un amplificador, madre mía, el ruido que metieron) perfectamente a la altura del soberbio rock que habían practicado. Por cierto, Capsula volverán a estar en Madrid el 26 de octubre: una cita imprescindible para cualquiera dispuesto a disfrutar del buen rock.

Django Django / Lüger

Ya me quejé ayer y hoy vuelvo a hacerlo: el DCode no es Glastonbury. Ni siquiera es el FIB, y con solamente dos escenarios hacer solapar las actuaciones es sencillamente una cabronada para quién, como yo, tiene ganas de ver música (los que van a emborracharse a la puerta, que parece ser que son los personajes por los que se preocupa la organización, no se van a quejar por esto, eso sí). De modo que vuelvo a expresar mi absoluto descontento por el hecho de tener que perderme medio concierto de Django Django si quiero acabar de ver el de Capsula y/o cazar unos minutos a Lüger. Sencillamente no está justificado.

El caso es que llegué al escenario principal para ver a uno de los grupos más esperados del festival y me sorprendió comprobar que ya estaba bastante lleno: la reciente nominación al Mercury Prize le había sentado genial a estos escoceses pero yo, tengo que aceptarlo, me aburrí como una ostra con ellos. También tengo que aceptar que su primer y único disco no me parece ni de lejos para tanto como se está diciendo últimamente: es gracioso, pero no me dan ganas irracionales de ponérmelo todas las semanas. Y en el escenario los vi más sosos que otra cosa: todo sonaba exactamente igual que en el estudio y el público, aunque parecía que había oído algunas canciones de refilón, tampoco estaba especialmente entusiasmado. Tengo que aceptar que en este estilo me llamó mucho más la atención el divertido y colorista directo de Kakkmadafakka, que hacen una música parecida pero la venden mucho mejor que estos. A lo mejor lo único que les faltan son tablas.

No fui la única que se aburrió con el psicodélico y tribal pop de los Django Django y se pasó de nuevo al escenario pequeño, donde los Lüger calentaban motores y arrancaban muy lentamente su discurso casi postrockero. De nuevo por solapamientos, no pude ver el concierto entero, pero la primera mitad, que fue lo que disfruté, me pareció extraordinariamente cañera, tal vez algo fría en algunas partes que tal vez necesitaban un poquito más de pasión y desenfreno que la tensa concentración que exhibían todos los miembros de la banda. Unos minutos de rock duro, mucho más descarnado y serio que el que habían ofrecido los Capsula un ratito antes. Afortunadamente, el escenario estaba preparado para tales excesos y la jugada sonó de vicio.

Supersubmarina

Hacía tiempo (más de un año, porque en el Low Cost también solapaban las cosas…) que no veía un concierto de Supersubmarina entero. En el Low Cost no me habían parecido sobresalientes pero tengo que aceptar que hubo un par de momentos en el que me pareció que brillaban un poquitín. Pero nada que la basurilla de su último disco no pueda disimular, vaya… Ayer arrancaron a mi gusto muy sosos: en vez de empezar con Eléctrico o algo así (¿qué tendrá de malo?, digo yo…) se arrancaron con alguno de los sosísimos temas de su Santacruz, encadenado con una versión de Ana que no acababa de sonar bien. En realidad el concierto no me sonó del todo bien: estaba un poco escorada hacia la izquierda, pero no creo que sea excusa para que los instrumentos sonaran tan poco sincronizados los unos con los otros.

Las primeras canciones del concierto me parecieron deslucidas: ni siquiera el público (que ya era numerosísimo) se animaba en exceso a corear las canciones. Me llamó mucho la atención, eso sí, encontrarme con unos aires muy a lo Two Door Cinema Club con la versión en directo de En Mis Venas, que si bien es cierto es un tema que no me llama nada en estudio, sobre el escenario me pareció que tenía más chicha (ahora, copiarle el riff de guitarra punto por punto a los Two Door está muy feo). La actuación remontó enormemente cuando encadenaron dos versiones potentísimas de Diciembre Está Al Llegar y Hermética (con diferencia, para mi, lo mejor de Santacruz). Ahora bien, se dejaron cosas como LN Granada o Eléctrico en el tintero a costa de cantar Canción de Guerra o Cientocero, y eso sí que me parece imperdonable. Al final, ni fu ni fa, francamente. Grupo de festival, pero no para pagarles una entrada.

The Kooks

Con este grupo siempre he tenido muy mala suerte: por unas cosas u otras llevo tiempo persiguiéndolos y nunca consigo cazarlos. Hasta ayer, que se subieron al escenario principal aprovechando la jauría humana que ya se estaba concentrando para ver a The Killers. Los británicos arrasaron felizmente, y a mi me puso muy contenta que sonaran tan bien. Y es que interpretaron sus divertidos pero tal vez demasiado acústicos temas de la mejor forma posible: explotando todas las posibilidades del escenario principal y confirmando que, aunque en estudio no lo parezcan tanto, en directo son un puro grupo de rock; dignísimo heredero de la tradición del brit-pop de los 90.

Lo curioso es que lo que más gustó al público fue la versión de Pumped Up Kicks que se marcaron y que, obviamente, no es de ellos sino de los Foster The People. No hicieron nada extraordinario con el tema, aunque al final si que le añadieron un poquito de guitarreo para sustituir alguno de los efectos algo psicodélicos que tiene la canción original. Me gustaron especialmente Seaside y, contra todo pronóstico, Junk Of The Heart (Happy) que son dos temas que, creo yo, demostraron claramente cómo un grupo puede sonar a limpio y brillante acústico cuando quiere; y extraer su lado más rockero para mover a las masas si lo necesita.

The Killers

Yo al final me compré el abono de este festival, y no la entrada solo para el viernes, porque quería ver a The Killers. Verlos una vez, quiero decir, ver qué hacen en directo y que no volviera a picarme el gusanillo de gastarme 50 euros la próxima vez que vengan a Madrid. Pues bien, me temo que no va a ser posible: con lo que tienen, con lo que son, anoche en Madrid dieron el concierto perfecto. Lo dieron todo, se dejaron la vida sobre el escenario y el público no paró de apoyarles ni un solo minuto. Para rematar, eligieron el que para mi, fue el setlist perfecto, incluyendo todas y cada una de las canciones que a mi me resultaban imprescindibles de la banda (seguro que ahora mismo hay otro bloggero por ahí escribiendo precisamente que eligieron las peores canciones posibles).

Empezaron como un torbellino, con el nuevo single, Runaways sonando con toda la potencia disponible y el público que, sorprendentemente, ya se la sabía entera. Y sin un minuto de descanso, van ya y sacan la artillería: Somebody Told Me, que es con diferencia mi canción favorita de esta gente, fue un no parar de gritos, manos en alto, palmas y estribillos coreados. La extraordinaria y bellísima voz de Brandon Flowers había necesitado canción y media para ganarme. Encima, el tío estaba absolutamente desatado, sin parar de moverse de un lado al otro del escenario, arengando sin perder una sola nota.

Smile Like You Mean It, For Reasons Unknown… la sucesión de hits era imparable. En cierto momento Brandon Flowers chapurreó en castellano que habían salido a darlo todo. Y no bromeaban: la épica de sus canciones no quedó desmerecida ni un solo instante, el sonido fue perfecto, la escenografía, impresionante sin parecer demasiado recargada. Y el rock, las guitarras, los solos, la potente percusión que impedía dejar de saltar un solo instante… no todo era única y exclusivamente la personalísima voz de Flowers: The Killers desarrollaron, durante hora y media, el mejor concierto que podían dar, ni más ni menos. Hubo tiempo hasta para versiones, con Joy Division y Alphaville, siendo el Forever Young de estos últimos lo que más enterneció al público.

El final, tal vez, sonó un poquito extraño: la tanda Mr. Brightside y All These Things That I’ve Done justo antes de los bises, con el público ya completamente entregado y patas arriba, hicieron que el verdadero cierre con Jenny Whas A Friend Of Mine (me sorprendió muchísimo que la tocaran, pero todavía me gustó más porque este tema me parece espectacular) y When You Where Young que, siendo buenas, no me parecían tan épicas para el cierre como las anteriores.

En cualquier caso, lo de The Killers fue una absoluta locura. Se limitaron a tocar un par de canciones nuevas y el resto del tiempo tiraron de himnos. Tal vez haya quien pueda tacharlos de cobardes y facilones por eso: a mi me parece que cuando un grupo tiene tantos himnos tan claros como este, el crimen sería no usarlos.

Y con esto acaba, un año más, el DCode de Madrid. Esperemos que el año que viene haya más, mejor, más barato y con más baños por metro cuadrado. De nuevo, os dejamos con el set completo en de Flickr que hemos confeccionado con nuestras fotos de las dos jornadas de festival.

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Low Cost Festival, viernes: vida más allá de Suede

Publicado en 02 agosto 2012 por

Aquí estoy, lo conseguí, fui al Low Cost Festival gracias a una cabriola del destino y empujada por Lucía Etxebarría y su magazine cultural, AllegraMag, gracias a los cuales podemos ofreceros toda una profusión de impresiones, recuerdos y fotografías producto de la cuarta edición de este festival de la más que calurosa ciudad de Benidorm. Ya habíamos comentado que, para tratarse de un festival de tamaño medio, el cartel de esta edición era una absoluta locura. Y, por supuesto, el público respondió acudiendo masivamente.

Is Tropical

Dos de los tres miembros de Is Tropical en el Escenario Lower

Mi recorrido festivalero comenzó con Is Tropical, un melenudo trío británico al que se describe como electrónico (al escuchar su Native To no parece mucho más que eso), pero que en directo ofrece un poquitín más que marca la diferencia entre un disco agradable y un concierto bailable pero desde un ramalazo de rock la mar de interesante. Para empezar, su sonido en directo es mucho más sucio y eléctrico que el trabajo que presentan en estudio, con el valor añadido de una clara conexión entre los miembros de la banda que rápidamente llama al público a unirse a lo que sea que estén haciendo. El resultado: un puñado de temas agradables, pegadizos y bailables pasados por un filtro de percusión muy potente y ademanes más eléctricos que electrónicos que constituyeron un calentamiento perfecto para empezar la noche.

Suede

Brett Anderson en los primeros minutos del concierto de Suede

El ambiente empezaba a caldearse: faltaban unos minutos para que Suede saltaran al escenario y todavía había muchísimas personas esperando para acceder al recinto a causa de cierta falta de previsión para la jornada inaugural. Es por esto que los de Brett Anderson empezaran su actuación con un retraso considerable. Pero dio igual: las ganas y la energía con la que se plantaron ante el público fueron impresionantes desde el primer minuto. El potentísimo arranque con Filmstar y Trash hizo inevitables los coros por parte del público, que se entregó sin condiciones al frenético e imparable ritmo al que Brett Anderson volaba sobre el escenario.

Tal vez lo único que jugó en contra de Suede, además del inevitable pero asfixiante calor, fue el hecho de que, a pesar de lo voluminoso de sus éxitos en el pasado, algunas de sus canciones quedaban un poco lejanas en el tiempo. Daba la impresión de que a amplios sectores del público les sonaban la mayoría de los temas (fue un puro concierto de grandes éxitos). No cabe duda de que todo el público se lo estaba pasando bien, y estaba lleno de treintañeras que fueron absolutas fanáticas de Suede en su adolescencia; pero también había muchos jóvenes que para cuando la banda dejó de publicar discos estaban desenvolviendo su primera videoconsola: en este último sector es obvio que se apreciaba que el grupo se estaba dejando la piel en el escenario, pero faltaba un puntito de emoción por su parte, y eran muchos.

Salvo eso, los británicos, intachables: no les perdonaré que no tocaran Electricity, mi favorita, pero es un reproche demasiado personal como para ser serio. Lo cierto es que para volver con esta fuerza, los años de separación han estado muy bien empleados. Esperemos que el bueno de Brett se haya recuperado de la sudada que se pegó en Benidorm y el nuevo disco esté a la altura de sus últimos directos.

We Are Standard

No entiendo la maldita manía que tienen los organizadores de festivales de hacer que los conciertos solapen. No puedo entender cómo un festival como el Low Cost, que podría desarrollarse perfectamente sin que los dos escenarios grandes solaparan en ningún momento (como por ejemplo sucede en el Sonorama), tiene que hacer coincidir los 10 o 15 últimos minutos de un concierto con los primeros del siguiente. Más teniendo en cuenta que qué te apetezca ver el final del concierto de Suede no te impide tener ganas de disfrutar del de We Are Standard. Pero bueno, el caso es que tocó llegar tarde al recital de estos vascos tan habituales del panorama festivalero patrio. De modo que puedo juzgar por lo poco que vi, pero disfruté de unos minutos realmente divertidos, amenos, con un cantante absolutamente pasado de rosca (espero que sea una actitud impostada) pero con el personal muy animado. Me sorprendieron porque son una gente que en disco me dien poco tirando a nada y en directo resultaron desplegar una parafernalia que conseguía mantener el ánimo en alto tras el subidón de Suede.

Supersubmarina

Pope al inicio del concierto de Supersubmarina

La primera vez que cazo a los de Baeza desde que han sacado su nuevo (y malo) disco. Su tercera intervención en este festival y esta vez con escenario principal. No esperaba mucho y no me defraudaron: a pesar de que fue la primera vez que les vi interpretar Ana con la intensidad que yo pensaba que debía tener (todas las anteriores me había parecido que ese temazo perdía brillo en directo), los temas de Santacruz (2012) ganaron un poquito en directo, aunque el hieratismo con el que los ejecutaron los andaluces no dieron mucho margen de mejora. Tengo que aceptar que luego me dijeron que hacia el final del concierto la cosa mejoró, llegando a un final bastante apoteósico. Yo de esto no puedo dar fe gracias, una vez más, a la manía de solapar actuaciones y al hecho de que Supersubmarina sumó un nuevo retraso (esta vez debido a las luces) al ya acumulado por Suede en el escenario principal. De lo que pude presenciar me quedo con que ciertamente estos chicos han perdido los nervios que les atenazaban las primeras veces que los vi en directo, que han conseguido dar un punto de madurez a algunas de sus primeras canciones pero que han perdido un casi toda la frescura inocente que los hacía especiales allá por 2010. Lo soso de sus nuevas composiciones no les ayuda.

The Whip

Este trío de Manchester fue el responsable de que me perdiera casi la mitad del concierto de Supersubmarina: Lebonloup me había comentado que había oído una canción y que le sonaba bien. Yo me había puesto sus dos discos y me había dado la impresión de que no era exactamente la música que me tira cuando estoy en casa, pero que en directo me hace enloquecer. Y en buena hora. La única forma de describir más o menos correctamente lo que hicieron estos chicos es la expresión bailar a calzón quitao. Su electrónica frenética, su batería (femenina e imparable) absolutamente desatada, su carismático cantante y teclista y el público, que a esas horas (alrededor de las 3) empezaba a contar con más adultos ebrios que post adolescentes cansados; hicieron de la de The Whip una de las mejores actuaciones, a mi parecer, de todo el festival. Y, sin lugar a dudas, la mayor sorpresa de éste. No importó demasiado que solamente fueran unos pocos los capaces de corear los estribillos o que el escenario Lower no estuviera demasiado lleno: pronto la gente se dio cuenta de que lo que estaba pasando ahí no era ni medio normal, que el ritmo que llevaban estos chicos invitaba a la locura y que aquello había que verlo, vivirlo y, sobre todo, bailarlo. Muy buenos, espectaculares, divertidos, entregados los tres y, sobre todo, interpretando unos temas que, en disco son buenos, pero en directo estallan.

The Sounds

Maja Ivarsson, la vocalista de The Sounds, en el escenario Budweiser

La última actuación de la noche en el escenario principal y con ya media hora de retraso. Tengo que aceptarlo, a las 4 menos cuarto de la madrugada y todavía con un calor de mil demonios yo ya esperaba muy poquito de los suecos The Sounds. Y me equivocaba. Pero mucho. Era la cuarta vez que los veía en directo (sí, me gustan mucho) y, a pesar de que en cierto momento Maja confesó que llevaba bebiendo desde mediodía, puedo decir sin temor a equivocarme que ha sido la mejor actuación que les he visto. Empezaron como en la mayoría de los conciertos de la última gira, con It’s So Easy y Dance With The Devil, pero a medida que avanzaron los temas se apreciaron algunos cambios: el momento balada de Night After Night se vio sustituido por Wish You Were Here (muy buena idea, aunque el público pasó del peluquín) y se incluyeron algunos temas del Crossing The Rubicon (2009) menos habituales, como Midnight Sun. La audiencia se dividía entre borrachos que no sabían muy bien a quien veían y fans acérrimos, que éramos mayoría, lo cual hizo que la banda se fuera viniendo arriba poco a poco arriba. Dorchester Hotel y Painted By Numbers hicieron vibrar lo suficiente como para pedir bises, que fueron concedidos para disgusto de la organización, que no tenía muchas ganas de prolongar un concierto ya de por si retrasado. Pero los asistentes pudimos disfrutar de Hit Me! interpretada por Maja paseando por el foso, subiéndose a la valla y tratando (sin éxito) de subir a gente al escenario para acabar el concierto bailando con ella.

Para resumir tengo que decir que el viernes fue, con creces, el mejor día del festival, aunque también el más duro en lo que a calor se refiere y el más fastidiado para ver actuaciones en los dos escenarios, puesto que los retrasos del principal enmarañaron, más todavía, el horario.

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Supersubmarina se desinflan con Santacruz

Publicado en 25 mayo 2012 por

Tengo que confesar que con Supersubmarina he pasado por casi todas las etapas posibles. Indiferencia cuando se publicó Electroviral (2010), escéptico acercamiento cuando me eché una novia a la que le gustaban mucho y, finalmente, cierta adicción asociada a cantar ciertas canciones en el coche de ella. De aquélla les vi en concierto cuando empezaban a hacerse famosetes y, salvo una deplorable versión de un tema de los Beatles, se desenvolvieron bastante bien. Sinceramente, creo que el suyo es uno de los poquísimos ejemplos de grupos cuyo directo ha ido empeorando cada vez que lo he visto. Cayeron todavía otra vez con esa chica y luego el verano pasado en el escenario principal del Sonorama, donde ofrecieron un concierto lisa y llanamente malo, en unas tablas que les venían grandes y demasiado enamorados de si mismos.

Ya el EP, Realimentación (2011), con el que se descolgaron el año pasado me dejó impresionada por lo poco que me gustó, teniendo en cuenta cuánto había llegado a quemar Electroviral. Y, desgraciadamente, Santacruz ha venido a confirmar todas esas malas sensaciones que venía teniendo desde el verano pasado. Aunque tengo que aceptar que con las sucesivas escuchas Santacruz mejora un poco e incluso llegan a pegarse algunas melodías, no le llega a Electroviral ni a las rodillas. Para quien pueda pensar que tal vez los tenga asociados al recuerdo de una persona con la que ya no estoy aviso: a pesar de eso, Electroviral sigue gustándome mucho y lo pongo a menudo.

El amigo @duczen describe perfectamente lo que pasa con este disco en su blog: aparte del disco en si, gran parte del problema es lo que esperamos de él. Y es que, característica voz y distorsión de guitarras aparte, el sonido tiene poquísimo que ver con el de su anterior disco. Los brutales disparos que eran Eléctrico, Ana, inesperadas en el panorama del rock español; o la menos trascendente pero muy bien montada Eres no tienen ni un solo tema que pueda hacerles sombra en Santacruz.

Para empezar, las letras de Santacruz son sencillamente… planas (voy a evitar la palabra patéticas), iguales, repetitivas, todas tratan de lo mismo. Si algo me gustaba de Supersubmarina es que no todas sus canciones eran de amor e incluso las que lo eran tenían un punto de vista más o menos gamberro. Ahora el gamberrismo está muy cerca del machismo (en todos los temas del disco se coquetea con la cosificación de la persona amada hasta el aburrimiento), y la temática es solo una: la novia que nos pide cosas que no nos apetece hacer, que no nos quiere lo suficiente o que no se comunica bien. Lo siento, un auténtico coñazo. Al menos antes hablaban del cambio climático y de las instituciones creadas por nuestros abuelos y era muy de agradecer…

En mi opinión, la mejor canción del disco es Hermética, la más potente, guitarrera y un poquito grunge de todas; aunque no se puede negar que todas son muy parecidas: muy ruidosas y con algunos estribillos que acaban siendo pegadizos (sin darme cuenta estos días he acabado tarareando bastante Canción de Guerra y, sobre todo, Tecnicolor) pero la atmósfera del álbum es… a ver cómo lo explico… suena todo como muy… ¿andaluz? Todo tiene una especie de aura de gitaneo camuflado con muchas guitarras eléctricas, pero la sensación de que estás en alguna carretera entre Granada y Sevilla es palpable que acaba de estallar en el (sonrojante) estribillo de Cometas (lo odio pero se hace pegadizo el cabrón). Si es eso lo que Supersubmarina querían transmitir, enhorabuena porque lo han logrado, pero a mi es un género que me chirría muchísimo.

El capítulo de canciones más lentas, como De Las Dudas Infinitas, tampoco emociona. Utiliza melodías ya de sobra conocidas por el público y trata de explotar las cualidades del vocalista para intentar que salga algo distinto, pero no es suficiente.

En resumen, lo bueno del disco es que si te gusta una canción, te gustan todas, porque son muy parecidas. Pero si vas buscando la frescura de Electroviral, ve cambiando el chip o te llevarás un chasco con la gran esperanza del rock indie (¿hasta que punto es indie o alternativo un grupo que lleva desde el primer disco con Sony Music y con una promoción absolutamente brutal?) español. Pero tranquilos, ¡hay más grupos!

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Supersubmarina y Fuzzy White Casters presentan el Festival LowCost 2011

Publicado en 21 enero 2011 por

Cut CopyMagaCrystal CastlesSidonieOK GoDelafé y las Flores Azules o Goose son algunos de los grupos que estarán en el Festival Low Cost de Benidorm los días 21, 22 y 23 de julio. Para celebrarlo, la organización del festival montó una fiesta ayer en Madrid que incluía dos actuaciones en directo: los jóvenes Fuzzy White Casters y una de las últimas sensaciones del rock en España, Supersubmarina, que además también estarán en el festival.

Fuzzy White Casters les quedan muchos conciertos todavía para crecer, especialmente a su vocalista, que necesita desarrollar mucha más potencia. Dio la impresión de ser un grupo que trataba de imitar a Delorean en su música y sus ademanes, pero que está a años luz de aquellos.

En cambio la actuación de Supersubmarina nos supo a poco: tan solo media hora en la que apenas hubo tiempo para disfrutar de todas las genialidades de su Electroviral. Muchos nos quedamos con ganas de oír Ana o Eres, pero no hubo tiempo para más.

Las canciones que sonaron, como LN GranadaXXI, o Eléctrico lo hicieron con fuerza. Con algún problema a la hora de coordinar voces y guitarras pero, en general, solventados con rapidez y soltura. El directo de esta banda mejora a pasos agigantados, y las inseguridades que mostraban cuando empezaron a hacerse conocidos han quedado claramente superadas, dando lugar a un grupo que disfruta de su directo y se regodea en el público, que canta todos sus temas.

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