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Y El Sol se llenó de arena

Publicado en 12 mayo 2013 por

Hace ya algo más de dos años de que yo viera a The Bright por primera vez, interpretando las deliciosas canciones de su primer disco en el escenario de la sesión matinal de una edición de La Radio Encendida. Subieron al escenario en medio de una especie de ataque de pánico, se les notaban los nervios y la incredulidad ante todo lo que les estaban sucediendo. Desde entonces los he visto varias veces (porque me gustan mucho) y cada una han crecido con respecto a la anterior. Y la verdad es que es un gusto ver a una banda evolucionar, cumplir las expectativas que habías depositado en ellos y, pronto, superarlas ampliamente, como hicieron anoche en El Sol de Madrid.

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Teloneados brevemente por PLV HAVOC, cantautor altamente despeinado que amenizó con sus tortuosos versos, completamente en la onda del Nacho Vegas más eléctrico. Deprimente, austero y con unas interpelaciones un poco extrañas, al menos su intervención sirvió para que la sala se fuera llenando durante 20 minutos. Muy rápidamente se subieron los leoneses al escenario, sin que El Sol estuviera completamente lleno, pero con un nutrido número de gruppies en las primeras filas (van aumentando de un concierto a otro). En ese momento el mundo pareció cambiar, el suelo de la sala pareció llenarse de arena y sonó Estados.

O mucho cambian las cosas o Estados tiene casi todas las papeletas para ser uno de los discos nacionales del año, eso ya ha quedado patente en las últimas semanas. Pero es que aún esperándome un concierto notable, estos 5 me rompieron todos los esquemas. Los temas de Estados sonaron, todos sin excepción, brillantes. Fui al concierto con alguien que nunca había oído los discos de The Bright y al tercer tema ya me estaba diciendo que menudo conciertazo. Y es que no era para menos: sin necesidad de aspavientos, sin que diera la impresión de que se estaban dejando la vida en el escenario, los temas fluían potentes, con la voz de Miryam sólida y segura pero, a la vez, muy dulce; y los frenéticos guitarrazos de Aníbal convirtiendo el folk en rock y transmitiendo una sensación de calidez impresionante.

En el arranque, con Ela, Donde Todo Es Luz y el Jolene de Dolly Parton que tantas alegrías les está dando puso de manifiesto que había amplios sectores del público que se sabían todos los temas. Al resto rápidamente se los habían metido en el bolsillo. Tal vez un poco sorprendente, eso sí, el reducido número de temas de su primer disco que interpretaron del que, no estando tan alejado en el tiempo (hace ahora dos años que se publicó), se quedaron en el tintero temas tan bellos y coreados pos el público como Odd Towns. Pero bueno, si el objetivo era presentar Estados, quedó cumplido con creces porque, como digo, todas sus canciones sonaron poderosamente eléctricas pero sin perder el arenoso sabor de folk del desierto que invade el disco.

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Muy destacables sonaron también De Los Que Pueden Dormir y Lo Fundamental, así como los solos de guitarra de los temas más íntimos como Your Private Garden. Como no podía ser de otro modo, hubo un tema de Neil Young en el repertorio (Aníbal llegó a decir que nunca ha dado un concierto en el que no incluya uno), Cinnamon Girl, que sirvió de poderoso y eléctrico cierre para una actuación que deja clara una cosa: lo más probable es que cuando vuelva a ver a The Bright en directo, lo hagan todavía mejor que en esta ocasión. Así parece ser siempre.

El concierto fue retransmitido en directo por AgoraMusic y puedes verlo desde su canal de Youtube, por si te apetece revivirlo o tuviste la mala suerte de perdértelo. Os dejamos también con una pequeña galería con las fotos que sacamos durante el concierto.

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Ocean Colour Scene: cuando los himnos no bastan

Publicado en 23 abril 2013 por

Es una  sensación extraña, cuando uno de esos grupos que escuchabas hace ya muchos años, con esos himnos que tiene casi tatuados en la frente; cuando uno de esos grupos que, sin ser uno de tus absolutos favoritos, tiene un buen puñado de temas que, según el día, te humedecen los ojos; viene a tu ciudad. Y da la casualidad de que cuando eras (más) joven no tenías dinero para ir a verlos. Y te mueres de ganas de por fin quitarte la espinita, de por fin ver a Ocean Colour Scene cantar It’s My Shadow y The Circle frente a ti, sin esperarte tampoco el concierto de tu vida, solamente queriendo emocionarte con los himnos de tu postadolescencia, verlos por fin. Y es una sensación extraña, digo, y sé que se me va a llenar el blog trolls y que me van a dar hasta en el cielo de la boca porque anoche había mucha gente muy emocionada en La Riviera, de modo que lo que voy a poner en este post es puramente una percepción personal, siempre dejando claro que el concierto pareció encantarle a un inmenso número de personas… pero es que finalmente llegó el momento y… no fue para tanto.

stay_la_riviera01Pero vayamos por partes: para empezar la responsabilidad de telonear a los de Birmingham recayó en los barceloneses Stay. Tengo que decir que pocas veces me he encontrado con unos teloneros, ya no solo tan bien elegidos, sino tan solventes. La indudable vocación bripopera de los de Barcelona, plagados de guiños a los mejores momentos de Oasis se creció ante el goteo de público que iba llegando. He de decir que la media hora de set que ofrecieron fue, sencillamente, impecable: si acaso un poquito sosa en lo que a interacción con el público se refiere, pero con un sonido perfecto y un tono musical de ascendente intensidad que se encajó como un guante. Da gusto encontrarse con teloneros elegidos con tanta sabiduría, teniendo en cuenta los gustos del público que se encuentra en la sala para beneficio tanto de éste, que puede descubrir un nuevo grupo de su interés, como de la propia banda por poder acceder a nuevos espectadores e incluso de los mismos teloneados, al encontrarse a una audiencia más predispuesta y ya en la onda de lo que se va a interpretar. Un 10 a la organización por la elección y también una nota muy alta a los Stay por la ejecución.

Dicho esto, vayamos a la chicha del asunto: Ocean Colour Scene visitaban anoche La Riviera de Madrid (evento desplazado desde la Joy Eslava a la vista del ritmo de venta de entradas) como parte de una dilatada gira de presentación de su último trabajo, Painting (lo reseñamos aquí), por nuestro país. Si bien La Riviera no colgó el cartel de “no hay billetes”, la afluencia de público fue más que considerable. Como he dicho en el primer párrafo, hace muchos años que tengo ganas de ver a este grupo, conozco razonablemente su discografía y me consideraba bastante motivada para presenciar el concierto de anoche. Motivada pero sin grandes expectativas, que conste, tan solo esperaba emocionarme recordando tiempos pretéritos a golpe de rock. Y el caso es que no fue así: me consta que había mucha gente muy emocionada y entregada en La Riviera anoche, me consta que Ocean Colour Scene llegaron a un buen puñado de espectadores, dejándolos más que satisfechos. Pero la crónica es mia, es mi opinión la que expongo, y yo no fui una de ellos.

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Desde que en segundo tema del concierto se arrancaron con The Circle, uno de mis absolutos favoritos de la trayectoria de la banda, noté que algo me fallaba: son muchísimas las veces que he escuchado esa canción, que me ha emocionado, que me ha evocado lugares y sensaciones pasadas hace tiempo… pero anoche, en directo, no me decía nada: la voz de Simon Fowler me sonaba deslucida, carente de cualquier calidez y ausente de la imprescindible química que necesitaba establecer con la guitarra de Steve Cradock. Achaqué mi primera fría impresión a que en ese momento yo todavía me encontraba en el foso de fotógrafos y eran los punteos de Cradock lo que con más claridad me llegaba. Pero no: dos temas más tarde yo ya era una más en el público, ubicada en un lugar completamente normal, en medio de una multitud dividida entre gente entregadísima a los de Birmingham y otros que, como mis acompañantes y yo, disfrutábamos de la actuación con algo más de calma.

Los temas de Painting iban pasando, para mi sin pena ni gloria lo que a Simon Fowler se refiere, pero con un astro indiscutible sobre el escenario: y es que durante la primera mitad del concierto a mi lo que más me merecía la pena mirar y admirar era a Steve Cradock y a su guitarra. Sobre él solo puedo decir una cosa: qué maestro. La producción de los discos de Ocean Colour Scene, aunque rockera, da más importancia a la voz que a la guitarra, y no me había permitido apreciar el virtuosismo de este músico como era debido. De las 6 personas que había sobre el escenario, Cradock era sin lugar a dudas el que con más soltura se desenvolvía sobre éste, el más dinámico… el único que me transmitía la impresión de que estaba sintiendo algo con la música que estaba tocando. La solvencia y claridad de los numerosos solos de guitarra que ejecutó, incluso con una eléctrica de 12 cuerdas, fue absolutamente asombrosa. Sin lugar a dudas, cada vez que Fowler se callaba y dejaba espacio para la guitarra de Cradock, el concierto era otro para mi. Aunque en la segunda mitad del concierto quedó algo más difuminado, Steve Cradock fue lo mejor que Ocean Colour Scene ofrecieron anoche.

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Tras la pertinente batería de temas del nuevo disco, volvieron los temazos: Jane She Got Excavated, The Riverboat Song, Profit In Peace… todas canciones muy conocidas, de indudable gancho con el público, que se lanzaba a cantar los estribillos. Pero yo no percibía química, atmósfera ninguna entre el grupo y el público: ni el más mínimo atisbo de emoción o satisfacción al ver que la gente se sabe tus canciones, como si fuera algo que tiene que suceder por su cara bonita. No sé, no me gustó y ni mucho menos, me emocionó. Antes de los bises, una nueva tanda de temas de sus discos más míticos, Mosley Shoals y Marchin’ Already que acabaron con una explosiva versión de Hundred Mile High City ejecutada con muchísima electricidad, un ritmo vertiginoso y un público totalmente entregado a la vista de la subida de volumen. Probablemente fuera el tema más brillante de todo el concierto. Los bises tiraron también exclusivamente de sus tiempos de gloria, empezando por la menos conocida Robin Hood, lentida y con Fowler solo con su acústica frente al público (me dejó más fría que una piedra) y el cierre con It’s My Shadow y The Day We Caught The Train, imposible no cantarlas para cualquier mayor de 25 años que estuviera en la sala aunque, de nuevo, para mi, sin brillo ninguno porque, además, a estas alturas Cradock ya parecía bastante desconectado del concierto.

En resumen, que no sé bien qué pasó: no me iba esperando un directo como el de Muse, pero si que iba con gente como Travis o los Stereophonics en la cabeza, y el directo de las dos bandas que acabo de mencionar le dan varias vueltas a lo que Ocean Colour Scene hicieron anoche en Madrid. Repito, en cualquier caso, y sabiendo que no sirve de nada decirlo, que es mi opinión y que sé que había gente muy emocionada y que un par de personas me dijeron que les había gustado mucho. Tara o fallo mío, no lo sé. Así lo vi y así lo sentí yo. En cualquier caso, os dejo nuestra habitual galería de fotos del concierto y el setlist, también como lista de Spotify.

  1. Ocean Colour Scene – Paintingocs_la_riviera03
  2. Ocean Colour Scene – The Circle
  3. Ocean Colour Scene – Second Hand Car
  4. Ocean Colour Scene – Weekend
  5. Ocean Colour Scene – Give Me A Letter
  6. Ocean Colour Scene – Doodle Book
  7. Ocean Colour Scene – Weekend
  8. Ocean Colour Scene – Emily Chambers
  9. Ocean Colour Scene – Jane She Got Excavated
  10. Ocean Colour Scene – The Riverboat Song
  11. Ocean Colour Scene – Profit In Peace
  12. Ocean Colour Scene – Goodbye Old Town
  13. Ocean Colour Scene – We Made It More
  14. Ocean Colour Scene – If God Made Everyone
  15. Ocean Colour Scene – This Day Should Last Forever
  16. Ocean Colour Scene – One For The Road
  17. Ocean Colour Scene – Travellers Tune
  18. Ocean Colour Scene – Hundred Mile High City
  19. Ocean Colour Scene – Robin Hood
  20. Ocean Colour Scene – It’s My Shadow
  21. Ocean Colour Scene – The Day We Caught The Train

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La contagiosa alegría de Friska Viljor

Publicado en 22 abril 2013 por

Como no siempre es habitual verlo, voy a empezar por decirlo: qué gusto da ver a un grupo de música saltar al escenario para dar un concierto con una sonrisa de oreja a oreja en la cara, y que ésta no se desvanezca hasta el último bis. Y esto es lo que hicieron los suecos Friska Viljor este sábado en El Sol de Madrid, a donde vinieron a presentar su Remember Our Names un día después de hacerlo en Barcelona. En la sala había lleno y da la ligera impresión de que todo el que en la capital se llame “moderno” estaba ahí para ver a Daniel Johansson y Joakim Sveningsson contagiar alegría con su música.

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Básicamente, el concierto de Frista Viljor estuvo muy bien, ahora procederemos a dar detalles. Pero también tengo que recalcar que uno de los aspectos de la banda que más interesante había encontrado en sus discos, que era la no pomposidad instrumental de estos, las composiciones animadas pero sin vaivenes épicos; en la versión de directo está sustituida por una carga eléctrica y un ritmo acelerado que puede aturullar un pelín. No obstante, esto es más un apunte informativo que un reproche, porque la adición de electricidad en detrimento de la producción poppie de algunos de sus temas no me parece ni de lejos una mala idea.

Dicho esto, relatemos someramente la actuación de los nórdicos. Saltaron al escenario con pocos minutos de retraso y sin teloneros para interpretar una primera batería de canciones, casi todas procedentes de su nuevo disco. La divertida fanfarria de Stalker puso a los modernos a bailar sin concesiones y la energía con la que toda la banda aporreaba sus instrumentos desde el primer momento le quitó cualquier toque amable y tontorrón al tema para convertirlo en un frenético torrente de optimismo. Tras tres canciones muy agitadas, el ritmo se calmó un poco la mandolina de Did You Ever y con Easy Is Hard, que me pareció uno de los temas más brillantes de Remember Our Name y que en directo también me cautivó con su ritmo inocentón y entrañable.

friska_viljor02Y hasta aquí duró la “presentación” del nuevo disco: bien porque se sintieran en deuda con el público madrileño (pidieron disculpas por haber pasado casi 3 años sin venir) o bien porque acostumbren a repasar sus canciones más cañeras sin importar de qué disco procedan para mantener a la audiencia animada; la atención que le prestaron a Remember Our Names fue sorprendentemente baja. A cambio consiguieron, a base de tirar de sus temas más conocidos y bailables, tener al público muy divertido durante el poco más de hora y cuarto que duró su concierto.

Y es que supongo que hay quien puede acusar a los Friska Viljor de interpretar un setlist exageradamente escueto, teniendo en cuenta que son 5 los LPs que han lanzado a lo largo de su carrera. Yo no estoy de acuerdo: aparte de que opino que lo bueno, si breve, dos veces bueno; la intensidad con la que ejecutaron todas y cada una de las canciones que interpretaron pedía a gritos un concierto corto: es imposible tener tanto a la audiencia como a los músicos pendiente de unos ritmos tan acelerados pero tan homogéneos durante tanto tiempo. Por eso opino que los Frisjka Viljor supieron medir bien sus tiempos y los ajustaron para poder dar lo mejor de si mismos en cada minuto de la actuación.

Entre ritmos frenéticos, voces desgarradas y ocasionales cambios de guitarra a mandolina, nos plantamos en los bises en una hora. Durante estos, y tras asegurarse de que todo el mundo en el público se sentía muy feliz (exceptuando a aquellos a los que alguien hubiera mandado a la mierda esa noche, que tenían permiso para estar tristes), los escandinavos tomaron alguna clase de castellano del público y se lanzaron con las populares Arpreggio y Oh Oh con un ímpetu y una energía imparables que pusieron a la audiencia a bailar sin parar. Aunque tras Oh Oh se retiraron hubo un segundo bis en el que interpretaron, como regalo para los madrileños, según dijeron, Shotgun Sister, empezándola con mucha parsimona, tan solo con Daniel Johansson y Joakim Sveningsson sobre el escenario y añadiendo intensidad poco a poco, a medida que el resto de la banda fue reincorporándose.

Y ahí quedó la cosa, en un concierto muy divertido, bien interpretado, con mucha energía y, sobre todo, mucho optimismo que le dejaba a uno una sonrisita tonta al salir de la sala. Quedan por lo tanto confirmados los suecos Friska Viljor como una nada desdeñable opción si algún programador de festivales de nuestra geografía tuviera a bien ponerlos en alguno de sus escenarios. La fiesta, cuidada y de calidad, estaría garantizada. Os dejamos como viene siendo habitual el setlist que Friska Viljor interpretaron en la Sala El Sol el 20 de abril, también convertido en lista de Spotify; así como una pequeña galería con las fotos que sacamos en el concierto.

  1. Friska Viljor – Stalkerfriska_viljor03
  2. Friska Viljor – What You Gonna Do?
  3. Friska Viljor – Bite Your Head Off
  4. Friska Viljor – Did You Ever
  5. Friska Viljor – Easy Is Hard
  6. Friska Viljor – Passionseeker
  7. Friska Viljor – Gold
  8. Friska Viljor – Puppet Cabaret
  9. Friska Viljor – The Cure
  10. Friska Viljor – Larionov
  11. Friska Viljor – If I Die Now
  12. Friska Viljor – Wohlwill
  13. Friska Viljor – Old Man
  14. Friska Viljor – On And On
  15. Friska Viljor – Arpeggio
  16. Friska Viljor – Oh Oh
  17. Friska Viljor – Shotgun Sister

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David Fonseca trae su primavera a Madrid

Publicado en 20 abril 2013 por

Tengo que confesar que tenía mis reservas acerca de este concierto. Como ya comenté, si bien la primera parte del último trabajo del astro portugués, David Fonseca, me pareció de lo mejor de su carrera en solitario; la segunda me había dejado un poco fría. De este modo, no sabía muy bien a qué atenerme con respecto a la vista del luso a nuestro país. Y la verdad es que me equivoqué en lo de las reservas: hacía ya muchos años que vi por última vez a Fonseca que, por aquél entonces, era un buen músico, con un directo y unos discos correctos. Absolutamente nada que ver con el pedazo de showman y artista que se subió anoche al escenario de la Joy. Porque lo que David Fonseca dio anoche en Madrid fue un conciertazo como la copa de un pino.

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En primer lugar, mencionar que tuvimos telonera: la madrileña Lucía Scensetti, que con teclado y guitarra ofreció un set de media hora tranquilo y sin sobresaltos. Sin ser un tipo de artista exactamente igual que el teloneado, la elección me pareció acertada: melodías muy dulces y relajadas (tal vez en demasía) mientras el público iba llegando a la sala. Destacar, sin duda, la bellísima voz de esta cantautora que compensaba con creces la lentitud de su set.

Y sin hacerse esperar el p0rtugués se lanzó al escenario como un auténtico huracán para interpretar Under The Willow, el tema que abre Seasons y rápidamente quedó una cosa clara: que lo que nos hubiera parecido tal o cual tema en su versión de estudio poco iba a importar esa noche. Con la ayuda de una banda más que destacable, David Fonseca fue deshojando la margarita de Seasons con una vitalidad y una energía extraordinarias desde el primer acorde. De este modo, temas que en Seasons: Falling se me habían quedado muy cojos, como At Your Door o I’ll See You In My Dreams adquirían una dimensión emocional completamente inesperada, desprendiéndose un poco de la cadencia excesivamente melancólica y adecuándose perfectamente al carácter de un concierto de rock.

david_fonseca_madrid03El grueso del repertorio se completó con canciones del exitoso Dreams In Colour, aunque aparecieron también algunos temas de Between Waves, como Stop 4 A Minute, que me sorprendió gratamente, puesto que siempre me había parecido una mala imitación del My Sharona de The Knack y se convirtió de golpe en un frenético tema de rock que acabó poniendo patas arriba al público, que a esas alturas del concierto ya se encontraba en situación de rendición total ante el portugués. Y es que David Fonseca demostró sobre el escenario que se ha convertido en un auténtico virtuoso del directo, con una entrañable y bien medida faceta para la broma y el payaseo que genera una química genial con los espectadores y, ante todo, demostrando que no solamente lo está dando todo en la actuación, sino que la está disfrutando como el que más. Así conseguía sin problema que el público le cantara los coros de muchas de las canciones pero que respetara su voz en cuanto ascendía sobre la de la multitud: fue una atmósfera verdaderamente bonita la que tejió.

Cabe destacar la intervención de Alberto de Miss Caffeina en uno de los temas del setlist, aunque su vocecita aguda y juvenil palidecía en cuanto Fonseca soltaba su cálido y profundo chorro de voz. Francamente, no sé bien qué hacía ese chico ahí, pero bueno, se defendió. En cualquier caso, el que tenía al público en el bolsillo era Fonseca, que acabó tocando frenéticamente su guitarra entre el público. Uno de los momentos más destacables para mi llegaron en el último de los temas antes de los bises, I Would Have Gone And Loved You Anyway, que ya me parecía uno de los más delicados de todo el Seasons, y que alcanzó una contundencia que lo hizo todavía más grande.

Los bises arrancaron con una versión: la del Hurt, de Nine Inch Nails (aunque inmortalizado por Johnny Cash), que empezó con Fonseca al piano en lo que parecía un cover más del conocidísimo tema compuestro por Trent Reznor. Craso erro pensar eso: a mitad del tema la banda subió al escenario y metieron toda la caña posible al desgarrador tema. Con una canción tan buena no es tan difícil hacer una versión que guste a todo el mundo, pero he de aceptar que le quedó divina. El concierto acabó con una dedicatoria a los seres queridos perdidos, la bella I’ll See You In My Dreams, con Fonseca recitando poesía mientras su banda seguía emitiendo raudales de electricidad. Nos quedamos, eso sí, sin los coloridos globos que eran habituales en la gira portuguesa de este disco y, ya a nivel muy personal, sin una sola cancioncita de Silence 4 (el grupo en el cual David Fonseca alcanzó la fama en su país que, si no conoces, deberías escuchar ahora mismo) cosa que, aunque es normal (hace ya 10 años que se disolvieron), me dolió un pelín porque sigue pareciéndome que es, sin discusión, lo mejor que ha hecho David Fonseca.

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En cualquier caso, finalizo esta reseña tal y como la comencé: expresando mi grata sorpresa ante el gran concierto que presenciamos anoche, ante las dotes para el directo de este portugués que en su país llena estadios y vende discos a raudales y al que no me acabo de explicar por qué no prestamos un poco más de atención en España. Muchas veces nos haría bien dejar de mirarnos el ombligo musicalmente hablando y echar una ojeada a lo que hacen nuestros vecinos: nos podríamos sorprender.

Para quien quiera rememorar el concierto, os dejamos una galería en nuestro Flickr con las fotos que sacamos del evento, así como el setlist que interpretó David Fonseca en la Joy de Madrid, también convertida en lista de Spotify.

  1. David Fonseca – Under The Willowdavid_fonseca_madrid02
  2. David Fonseca – Armageddon
  3. David Fonseca – A Cry 4 Love
  4. David Fonseca – At Your Door
  5. David Fonseca – It Means I Love You
  6. David Fonseca – The Beating Of The Drums
  7. David Fonseca – Kiss Me, Oh Kiss Me
  8. David Fonseca – All That I Wanted
  9. David Fonseca – I’ll Never Hang My Head Down
  10. David Fonseca – This Raging Light
  11. David Fonseca – Superstars II
  12. David Fonseca – Stop 4 A Minute
  13. David Fonseca – What Life Is For
  14. David Fonseca – The 80′s
  15. David Fonseca – I Would Have Gone And Loved You Anyway
  16. Hurt (Nine Inch Nails cover)
  17. David Fonseca – I’ll See You In My Dreams

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No era una ola de frío: eran The Raveonettes

Publicado en 25 febrero 2013 por

No hagan caso de lo que dicen los meteorólogos: la ola de frío que está asolando nuestro país vino del norte de Europa. De Dinamarca, para ser más exacto, y tenía nombres propios: Sune Rose Wagner y Sharin Foo. Decir que había ganas es quedarse cortos. En este blog aprovechamos la más mínima ocasión para hablar de nuestro dúo danés favorito, The Raveonettes, y su paso por nuestro país no podía ser menos. Si bien es cierto que en la Arena de Madrid no hubo sold out, quienes seguimos a la ruidosa pareja, ardíamos en deseos de verles presentar los temas de su magnífico Observator (2012), que para nosotros fue uno de los discos del año pasado.

LowellPero la velada empezó, por supuesto, con teloneros. Lowell, la nueva promesa del pop electónico alternativo procedente de Toronto, ofreció un agradable recital de media hora que hizo las veces de protector de estómago para lo que vendría después. Y es que el estupendo chorro de voz de esta canadiense, acompañada de su teclado y (a veces un poquito repetitivas) bases electrónicas ejerció cierto efecto narcótico en la audiencia, dando la impresión de que era hasta aterciopelado y dulce. Con las sorprendentes cabriolas vocales de Lykke Li como principal referente, y el estilo de indie femenino y dulzón que gente como Daughter están poniendo tan de moda, solo le hace falta un poquito más de gracia sobre el escenario para que su propuesta sea del todo sugerente. En cualquier caso, se trató de un calentamiento bien elegido, agradable y digno de verse.

Y tras esto, muy puntuales, los Raveonettes subieron al escenario para arrancar la tormenta con Hallucinations, un disparo de ruido de luminosidad contenida que nos metió a todos de lleno en el concierto desde el primer momento. El precio, claro está, fue que la canción no sonó bien: es más, sonó un poco a rayos porque, si bien es habitual que los primeros temas de un concierto no brillen en lo que a sonido se refiere, las particulares exigencias de un grupo de noise-rock como The Raveonettes no hacen más que poner las cosas más difíciles. Pero afortunadamente, y a diferencia de lo que pasó hace un par de años, la última vez que visitaron la Arena, los problemas de sonido se fueron calmando, dejándonos disfrutar razonablemente bien de la actuación.

The Raveonettes

Acto seguido, la celebrada She Owns de Streets para recordar a la audiencia que se estaba presentando disco, pero poco más: la verdad es que la selección de temas fue, por supuesto, respetuosa con la presentación de Observator, pero llena de detalles con casi todos los discos de la banda, volviendo a sus primeros trabajos con una frecuencia deliciosa que hacía que los más fans estuviéramos en cantados. De modo que en cuanto los problemas de sonido se calmaron, el ruido tomó el control y la actuación tomó velocidad de crucero. Bueno, el ruido y la niebla, que no paró de dispararse ni por un momento y que tenía a los tres músicos constantemente envueltos en un denso humo que a veces impedía hasta verlos (a los pulmones del pobre batería les quitaron unos cuantos años de vida la noche del sábado solo con la cantidad de niebla que se tuvo que tragar el pobre).

The RaveonettesPor supuesto siempre desde la frialdad a la que estos dos nos tienen acostumbrados, la concentración y la precisión del directo parecieron muy sobresalientes. Bastantes personas con las que hablé a la salida coincidieron: cosas tan complicadas de ejecutar y digerir como las apabullantes tormentas de distorsión de Death Sound y la hiriente frialdad de ese temazo que es Apparitions sonaron, esta vez si, de fábula, con unos músicos plenamente entregados a hacer que la oscuridad brille de forma indiscutible, sin necesidad de arengas ni payasadas. Por supuesto, a este ritmo de ruido y oscuridad, los momentos más destacables del concierto se dieron cuando los dos trallazos que son Attack Of The Ghost Riders y My Tornado atronaron encadenadas, casi como si del mismo tema se tratara, haciendo que directamente se nos cayera la baba al ver como semejantes bestias de sonido podían ser controladas de forma tan precisa.

Los bises, de nuevo plagados de guiños a sus primeros tiempos (no debemos olvidar que este otoño se cumplirán 10 años del lanzamiento del primer LP de The Raveonettes) tal vez mostraron ya un poquito de agotamiento en los músicos, pero iguales dosis de calidad. Finalmente, tras hora y media de actuación, ese concierto que una servidora llevaba meses y meses esperando, acabó tras 90 minutos brillantes, incluso mejor de lo que yo podía haber soñado, que de tan redondos que fueron ni siquiera dejaron ganas de más: solamente satisfacción de poder ver una vez más a mis daneses favoritos y, eso sí, ganas de que se dejen caer por algún festival veraniego en nuestro país (amigos del Sonorama, os estoy mirando a vosotros). A continuación os dejamos el setlist del concierto, aunque no somos capaces de recordar el primer tema que sonó en los bises (si alguien es capaz de aportarlo, lo esperamos ávidos en los comentarios); también como lista de Spotify:

  1. The Raveonettes – Hallucinations
  2. The Raveonettes – She Owns the Streets
  3. The Raveonettes – Blush
  4. The Raveonettes – Dead Sound
  5. The Raveonettes – Apparitions
  6. The Raveonettes – Curse the Night
  7. The Raveonettes – Gone Forever
  8. The Raveonettes – The Enemy
  9. The Raveonettes – Observations
  10. The Raveonettes – Love In A Trashcan
  11. The Raveonettes – Heartbreak Stroll
  12. The Raveonettes – Young and Cold
  13. The Raveonettes – Love Can Destroy Everything
  14. The Raveonettes – Attack Of The Ghost Riders
  15. The Raveonettes – My Tornado
  16. The Raveonettes – Bowels Of The Beast
  17. The Raveonettes – Aly, Walk With Me
  18. Primer tema de los bises que no sabemos identificar
  19. The Raveonettes – That Great Love Sound
  20. The Raveonettes – Cops On Our Tail

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La fría perfección de MONO prende en la Joy

Publicado en 22 febrero 2013 por

MONO es un cuarteto de post-rock fundado en Tokio hace casi 15 años que lleva una buena parte de éstos en las listas de las bandas mejor consideradas de su género. Un día después de hacerlo en Barcelona, anoche trajeron su cálida manta de rock instrumental a Madrid y, el próximo día 25, la llevarán a Bilbao (previo paso por Oporto, Portugal). Puede pasarse uno horas (yo misma me he pasado parte de la noche) tratando de buscar palabras para describir el recital de hora y media que ofrecieron anoche en la Joy Eslava. La conclusión es sencilla: no las hay. Anoche estos cuatro nipones dejaron a una bien poblada Joy (recordemos que estamos hablando de una de las salas más céntricas de la capital y de un género de por si no demasiado multitudinario) hicieron que a todos los que estábamos en ella se nos fuera desencajando más y más la mandíbula a cada minuto que pasaba.

La noche empezó, eso sí, con Dirk Serries Microphonics, un hipnótico guitarrista que hizo las veces de telonero a la perfección, tejiendo un delicadísimo tapiz de etéreos sonidos, sin necesidad de estridencias ni espasmódicos estallidos de ruido. Solo él con su guitarra y sus pedales supo construir una atmósfera de tensa calidez, preludio perfecto de lo que vendría después. Mi enhorabuena a los organizadores del concierto por elegir tan sabiamente a un telonero no solo sobre la base de que “también hace rock instrumental”, como lamentablemente sucede a veces en este género; porque no solo eligieron a un buen artista, sino que consiguieron crear un “todo” con sentido entre telonero y teloneados.

MONO

Unos minutos antes de las 9 de la noche, los cuatro músicos japoneses subieron al escenario de la Joy, no para tocar, sino para afinar ellos mismos sus instrumentos, lenta y tranquilamente. En este momento, algunos miembros del público que se encontraban entre las primeras filas, les alcanzaron cuatro rosas rojas, una para cada uno, que los nipones agradecieron y dejaron sobre los amplificadores amplificadores durante todo el concierto. Poco después, con una puntualidad pasmosa, los cuatro volvieron a salir al escenario, esta vez sí, para arrancar Legend, el primer y épico tema de For My Parents (2012), el disco que presentan en esta gira (y que en este blog nos hemos olvidado vergonzosamente de reseñar).

En el momento en el que sonó el primer acorde, en el que la Joy atronó como no la había visto nunca, la redonda nitidez del sonido que se escapaba de esos cuatro instrumentos me puso los pelos de punta: no pude evitar susurrar un “su puta madre” nada más comprender lo que estos bestias iban a hacer. Y es que desde el primer instante la concentración de la banda fue claramente excepcional y el dramático arranque de Legend hacía preguntarse cómo iba a ser el resto, si la cosa tenía que empezar así. Miraba a los lados y toda la gente que me miraba estaba igual: con la boca ligeramente abierta, los ojos como platos y una expresión mezcla de felicidad  e incredulidad en la cara.

MONOEl concierto cubrió básicamente los dos últimos trabajos de estudio de la banda nipona: el ya mencionado For My Parents y el celebradísimo Hymn To The Inmortal Wind (2009), con una solidez, precisión y calidad instrumental que quitaban el hipo; aunque sin concesiones al público, pues no se permitieron ni un triste micrófono a través del cual interpelar o agradecer los aplausos que se les dedicaba, cada vez más largos y sentidos. En realidad no pronunciaron ni una sola palabra, ni siquiera entre ellos, en la hora y media que estuvieron sobre el escenario: solamente música, a un ritmo pausado pero con el tempo ligeramente acelerado con respecto a sus versiones de estudio, que a veces fluyen tan lentas como el aceite (de hecho este es uno de los motivos por los que sus álbumes nunca habían acabado de convencerme) pero que en la Joy eran mucho más dinámicas y fluidas.

Así que ese “solo música” fue avanzando, atronando todos los rincones de la Joy pero sin saturar ni afearse ni por un segundo (qué bien suenan los conciertos cuando el grupo se preocupa en emplear el tiempo que sea necesario en las pruebas de sonido) a pesar de la apabullante carga de sonido que le estaban metiendo. Los temas del Hymn… hacían que el público se viniera cada vez más arriba. Con Pure As Snow la emoción empezó a rebosar los límites de la sala, Taka empezó a tirarse por el suelo para aporrear su guitarra cada vez de forma más espasmódica y primaria. El resto de la banda no movía un músculo de la cara: a veces parecían verdaderas estatuas de sal de las que emergía un maremágnum de sonidos afilados y perfectos.

Hora y media después, como si nada hubiera pasado, tras poner a la sala a aplaudir como posesos tras la absoluta locura que fue el final de Ashes In The Snow y de cerrar con la bellísima ascensión de Everlasting Light, los cuatro orientales dejaron sus instrumentos, recogieron las rosas que les habían regalado, hicieron leves gestos de agradecimiento y abandonaron el escenario, dejando a la audiencia prácticamente huérfana, esperando unos bises que todos sabíamos que no iban a llegar. La cosa quedó en 90 perfectos minutos en los que todo salió a pedir de boca y que quedarán en el recuerdo, sin duda, como uno de los mejores conciertos del 2013, más allá del género del post-rock. A continuación os dejamos el setlist que MONO interpretaron anoche en la Joy Eslava, también convertido en lista de Spotify, para quien quiera volver a disfrutarlo.

MONOSetlist:

  1. MONO – Legend
  2. MONO – Burial At Sea
  3. MONO – Dream Odyssey
  4. MONO – Pure As Snow (Trails Of The Winter Storm)
  5. MONO – Follow The Map
  6. MONO – Unseen Harbor
  7. MONO – Ashes In The Snow
  8. MONO – Halcyon (Beautiful Days)
  9. MONO – Everlasting Light

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La despedida de Nadadora en el Lara

Publicado en 15 febrero 2013 por

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A finales de diciembre los pontevedreses Nadadora anunciaban el cese de la actividad de la banda, al menos por un tiempo, debido a las circunstancias personales de los miembros de ésta. Por aquél entonces prometieron un concierto de despedida en Madrid, y ayer llegó la hora de cumplir su promesa. Las emociones estaban, por supuesto, a flor de piel: en el mejor de los casos, este será el último concierto de Nadadora en algunos años. Y a los integrantes de la banda se les notaba en la cara cierta mezcla de satisfacción por ver el patio de butacas del Lara lleno de admiradores anónimos entregados, y de pena por los diez años que estos cinco gallegos llevan a sus espaldas como formación musical.

El arranque fue lento y sentido, Invierno Contigo, que constituyó una concesión a sus inicios más lejanos, con aquél EP llamado Aventuras dentro de cajas. Desde el primer instante de la actuación, y a pesar de las cargas de ruido y distorsión que Gonzalo Abalo iba lanzando una y otra vez, el Lara respondió a la perfección, haciendo de perfecta caja de resonancia y sin estropear las sentidas notas que se iban desprendiendo del escenario. A medida que pasaban las canciones, la tristeza iba dando paso a cierta rabia, y no había pasado ni media hora de concierto cuando quedaba patente la violencia con la que Gonzalo Abalo aporreaba su batería, aunque una ola de timidez parecía seguir invadiendo a Gonzalo y Sara, que solo se atrevían a balbucear unos gracias ante los cada vez más prolongados aplausos de la audiencia.

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Aparte de esa primera y alguna otra concesión a sus orígenes, Nadadora estuvieron hábiles y nos dieron lo que muchos queríamos: su obra magna, el Luz. Oscuridad. Luz entero. Y es que se notaba que el Lara aguantaba un poquito la respiración con cada nueva canción de ese disco, y el nudo en la garganta era cada vez un poquito más colectivo. Por motivos muy personales se me saltaron las lágrimas con Me llamaréis asesino, con su distorsionada y fría belleza invadiendo todo el teatro. Cuando a Sara se le trabaron un par de estrofas de 1987 el Lara acabó por venirse arriba: todo el público se puso en pie y bailando se puso a cantar con ella. En ese momento las caras largas y la timidez de los miembros de la banda desaparecieron, Sara empezó a saltar y la canción acabó en pura fiesta, mientras Edu Romero, el bajista, gritaba “¡Pues bueno, no lo dejamos!”.

El abrazo en el que se fundieron los cinco componentes de Nadadora al terminar su último concierto.

El abrazo en el que se fundieron los cinco componentes de Nadadora al terminar su último concierto.

El resto de la actuación transcurrió ya con toda la audiencia de pie, bailando y vitoreando sin parar. A la vuelta de los bises, Outubro, una nueva concesión a los orígenes de la banda, solo con Sara y Gonzalo frente al público. Hora y media se nos hizo corta, pero el cierre con Siempre, como si de una declaración de principios se tratara con el valor añadido de que se trata de un tema con el sonido puramente característico de Nadadora, no necesitó alargarse artificialmente: Nadadora estaban interpretando sus últimos compases juntos y los que estábamos allí lo estábamos viviendo con auténtica emoción y disfrute. Cuando acabaron, se fundieron los cinco en un caluroso abrazo sobre el escenario mientras los aplausos se prolongaban casi interminablemente. Tras este viaje, a quienes estuvimos anoche en el Lara, solo nos queda dar a los cinco miembros de Nadadora las gracias. Por un lado, por el bellísimo y redondo concierto que nos brindaron anoche pero por otro, y tal vez más importante, por la música. Por su música, extrañamente bella, delicada y solo adecuada para unos pocos. Por todo esto, muchas gracias. Esperamos volver a veros, aunque pase el tiempo que haga falta.

A continuación de dejamos con la galería de Flickr con nuestras fotos del concierto, así como el setlist que Nadadora tocaron el 14 de febrero en el Lara de Madrid convertido en lista de Spotify.


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AWOLNATION traen el rock electrónico más juvenil a Madrid

Publicado en 04 febrero 2013 por

A pesar de haber cancelado su actuación de Bilbao, el lleno que consiguieron los estadounidenses AWOLNATION anoche en la Moby Dick de Madrid fue absoluto. Entre el público abundaban los rostros jóvenes, aunque pasadas las primeras filas, no eran los únicos. Y es que a pesar de ser una noche de domingo y de lo largo del evento, quedó consagrada al rock electrónico. El espectáculo, eso sí, estuvo acompañado de algunas banda más del género, por eso de que independientemente del éxito que estén cosechando desde su publicación, AWOLNATION solamente cuentan con un LP, de modo que su capacidad para conceder conciertos largos es limitada.

Andrew Groves, vocalista y guitarra de Arcane Roots

Andrew Groves, vocalista y guitarra de Arcane Roots

Cabe destacar la acertada elección de los veteranos ingleses Arcane Roots para calentar los ánimos durante media hora antes de que Aaron Bruno y sus chicos saltaran al escenario. La aproximación de Arcane Roots al género del rock es desde una dimensión muchísimo más metalera y dura que la de AWOLNATION, con una inesperada profusión de voces guturales y estallidos de guitarra. No obstante, utilizan estos recursos de manera moderada, midiéndolos de forma hábil y combinándolos con pasajes y temas más melódicos, suavizando un poco las aristas de su math rock. Sonaron potentes y precisos, con una duración más que adecuada para lo esperado y una habilidosa combinación entre temas duros, novedades y temas algo más accesibles al público, como You Are. A pesar de la estridencia, disfruté con su buen sonido, lo precisas de sus melodías y la rabia que supieron imprimirle a su corta actuación.

Pero es por AWOLNATION por quien la chavalada esperaba vibrante. Aaron Bruno saltó al escenario hacia las once de la noche repleto de energía y con el punto ya ganado de contar con un sonido casi perfecto. Aunque sobre el disco Guilty Filthy Soul podría no sonar como el tema más animado con el que arrancar la fiesta, la verdad es que sonó mucho más lleno de arreglos, potente y animado para empezar a acalentar al personal. Pero el baile, la riqueza de la caja de ritmos y las mezclas empezaron a emerger con People, más animada, pegadiza y adecuada para que la chiquillería empezara a corear los estribillos. Para completar la fiesta, Aaron Bruno sencillamente no paraba de moverse, saltar y acercarse a las primeras filas. La verdad es que estos primeros momentos del concierto, con la banda y la voz de Bruno frescas, fueron de los mejores.

Aaron Bruno en los primeros minutos de la actuación

Aaron Bruno en los primeros minutos de la actuación

Aunque bien es cierto que la audiencia respondió con alegría y bailes desmedidos ante la enérgica actitud del frontman de AWOLNATION y si bien si voz se iba apagando poquito a poco, a buen seguro a causa de las numerosas inflexiones hacia un registro algo más gutural que le obligaban a forzar ostentosamente la garganta. El primer momento de euforia llegó con Not Your Fault, uno de los éxitos de la joven banda, que si bien es ya de por si un buen y divertidísimo tema en versión estudio, se reveló como algo incluso más poderoso en directo, explotando sus dimensiones más épicas; de forma parecida a cómo se hizo también con Kill Your Heroes con todavía más éxito, dado que a medida que avanzaban las canciones la entrega del público fue siendo cada vez más incondicional. Durante el concierto pudimos disfrutar además de un tema nuevo, Joke, que puso a Aaron Bruno a la guitarra y que sonó melódico pero efectivo.

La actuación transcurrió con concesiones al público más juvenil, que siempre disfruta sintiendo la cercanía con sus ídolos y, si se presta, de sus payasadas: que si abracémonos todos en el momento balada, que si nos agachemos y saltemos… ese tipo de cosas que, siempre y cuando no se hagan para camuflar la falta de capacidad del grupo, quedan simpáticos. En este caso fueron efectivos y divirtieron, sin abusar ni distraer demasiado. La culminación de esta forma de actuar llegó con el hitazo Sail, que Bruno cantó en parte en medio de la pista, rodeado de chavales. Tengo que  aceptar que en este caso sí que me dio la impresión de que Bruno hizo trampas y se bajó a cantar entre el público para disimular el hecho de que se estaba quedando sin voz, cosa que se confirmó cuando subió al escenario a cantar la última estrofa del tema a la, sencillamente, no llegaba.

awolnation_moby_dick02Eso sí, un minuto de descanso le bastó para enfrentarse a la recta final del concierto con energías renovadas, deleitar a la audiencia con una cara b que no aparecía en el setlist inicial y cerrar la actuación con la dilatada pieza que constituye Knights of Shame, que tiene un poco de tiovivo emocional, con subidas y bajadas en intensidad, emocionantes solos de guitarra y hasta un poco de rapeo. A pesar de lo extenso del tema (algo más de 13 minutos en la versión de estudio), disfrutamos de sus vaivenes con los brazos en alto y grandes dosis de diversión. Finalmente, poco más de sesenta minutos de actuación que, aunque supieron algo escasos, compensaron en lo que intensidad y calidad se refiere. Un concierto divertido, bailable, sin demasiadas pretensiones pero con una ejecución más que correcta que, en resumen, mereció la pena sin lugar a dudas.

A continuación os ofrecemos el setlist completo de la actuación (también podéis escucharlo como lista de Spotify), así como una galería exclusiva con las mejores fotos que tomamos durante ésta que podéis visitar también en nuestra galería de Flickr.

  1. Intro
  2. Guilty Filthy Soul
  3. People
  4. Not your fault
  5. Wake Up
  6. Kill your heroes
  7. Soul wars
  8. All I Need
  9. Joke
  10. Sail
  11. Motherfucker (gracias, comentador anónimo)
  12. Burnit down
  13. Knights of shame

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Kreator sobrevive al caos

Publicado en 11 noviembre 2012 por

Los reyes alemanes del thrash consiguen salir airosos de una visita a Madrid afectada de terribles problemas de organización.

Después de haber quedado literalmente abrumada por el excelente Phantom Antichrist, la parroquia metalera madrileña esperaba impaciente el paso por la capital de la gira que habría de traer a Kreator, acompañados nada más y nada menos que por Morbid Angel, Nile y Fueled By Fire, exquisito cartel que a buen seguro estimuló la secreción de saliva en más de uno durante los últimos meses. Sin embargo, las dificultades para encontrar información acerca del recinto en el que tendría lugar el concierto, y no digamos ya para acceder a la venta de entradas, hicieron que desde el principio la sombra de la duda se cerniera inevitablemente sobre los organizadores del evento. Sencillamente resulta incomprensible que a falta de menos de un mes para la fecha fijada resulte imposible hallar siquiera una pista sobre dónde adquirir pases para una actuación de semejante calibre. Está muy bien intentar huir de la tiranía de los grandes distribuidores de entradas que se aprovechan de todos nosotros para cobrar abusivos costes de distribución, pero este tipo de situaciones, lejos de servir de ayuda alguna, no hacen sino reforzar aún más su posición.

De nada le sirvió a un servidor llamar ya en el mes de septiembre a la sala que inicialmente iba a acoger el evento, donde solo consiguió hablar con alguien que incluso decía desconocer que allí se fuera a celebrar concierto alguno. La promesa de recibir respuesta por parte de la organización a un correo electrónico en el que les hiciera llegar mis dudas quedó obviamente incumplida, al igual que la posterior de recibir aviso personal por teléfono una vez que la sala dispusiera por fin del taco de billetes para su distribución. En este estado de cosas, llegué incluso a renunciar a ver a una de mis bandas favoritas presentar en directo su mejor álbum en décadas, hasta que la casualidad quiso que hace un par de semanas, a la salida de otro concierto, una amable joven me hiciera entrega de una cuartilla en la que se hacía referencia a la actuación de Kreator y compañía. A través de la página de facebook que allí se indicaba tuve por fin acceso a la lista de puntos de venta de entradas, todos ellos pequeñas tiendas independientes diseminadas por la capital. Insisto, loable iniciativa, pero pésima labor de difusión.

Aspecto que presentaba el interior de la sala Penélope al inicio de la actuación de Kreator

El colmo del despropósito se produjo cuando menos de 24 horas antes del concierto me enteré de que este debía trasladarse a Penélope por causa de irregularidades detectadas por la policía en el recinto inicial, que habían llevado al cierre del mismo para acoger cualquier tipo de espectáculo. En la misma página de facebook antes mencionada se detallaban los horarios precisos de actuación de cada una de las bandas, según los cuales la salida al escenario de Kreator estaba prevista para las 23:00 de la noche. Pues bien, cuando poco después de las 22:30 servidor y acompañante hicieron acto de presencia en la puerta de la sala, uno de los guardias de seguridad nos comunicaba que esta estaba ya cerrada. Al ver nuestras entradas nos informaron de que el concierto estaba terminando, a falta de menos de media hora, pero no les quedó más remedio que dejarnos pasar a pesar de todo. Para nuestro alivio, la actuación poco menos que acababa de comenzar, lo que nos garantizaba cerca de hora y media de disfrute con Mille Petrozza y sus chicos, pero planteaba inquietantes preguntas acerca del interés que los organizadores pudieran tener en que nadie más accediera al recinto a partir de entonces. ¿Tendría algo que ver que el aforo de Penélope sea oficialmente inferior en unas cien personas al de la sala en la que inicialmente iba a tener lugar la actuación? Desde luego, en el interior no se estaba precisamente cómodo, y cada cierto tiempo salía alguien en dirección a la puerta con visibles signos de acaloramiento. Parece ser que alguien dejó de tener en cuenta que la fidelidad de los aficionados al metal está por encima de cuantos despistes de última hora pudiera inducir un repentino y mal anunciado cambio de sala.

Mille Petrozza, entregado a sus cuerdas.

Desde una posición con reducida visibilidad, entre el ropero y las máquinas expendedores de tabaco, nos tocó por tanto asisitir a lo que quedaba de noche. Al parecer, los alemanes habían saltado a las tablas acompañados por la introductoria “Mars Mantra“, para arrancarse con los acordes del tema homónimo del disco que acudían a presentar, “Phantom Antichrist“. Tras encadenar a continuación “From flood into fire“, le llegaba el turno al repaso de la época reciente del grupo con “Enemy of God” y “Hordes of Chaos“, entre las cuales había sitio para echar la vista aún más atrás hasta el noventero “Outcast”, del que extrajeron “Phobia“, su tema más representativo. El sonido no alcanzaba la perfección, pero sin duda llegaba al máximo de las posibilidades que ofrece la cuestionable acústica de la Penélope. La gente estaba entregada y entre los asistentes observábamos algunos rostros conocidos de la escena madrileña, como el del inefable Molly, cabeza visible de Hamlet que no se pierde una gran cita, aunque en este caso tuviera que renunciar a su posición inicial para evitar mayores apreturas conforme los más rezagados seguían accediendo al recinto, a pesar de que apenas pudieran pasar ya de la puerta.

Petrozza, aclamado entre la niebla

Con algún que otro problema de nitidez en la sección rítmica, sobradamente salvado por la potencia de la voz de Mille y el saber hacer de unos músicos de calidad incuestionable, el repertorio fue alternando las nuevas canciones con la inclusión cada vez más frecuente de algunos de sus temas clásicos, como las celebradas “Extreme Aggressions“, “People of the lie” o “Endless Pain“, en cuya agitada agresividad se hizo especialmente patente el embarullamiento que afectaba de cuando en cuando a bajo y batería. No obstante, el balance general de la actuación, que llegaba al final del cuerpo principal con la brutal “Pleasure to kill“, fue más que notable.

Mille, Ventor y Sami, repartiendo púas y baquetas entre el público

Sin apenas descanso, la banda regresaba al escenario con el acompañamiento de la  instrumental “The Patriarch“, preludio a la excelente “Violent Revolution“. A continuación, Sami Yli-Sirniö acaparaba toda la atención de los focos para atacar un solo acústico que encadenaba con el comienzo de “United in Hate“, tras la cual era Mille quien alzaba la bandera del odio para requerir la última participación del público en el acompañamiento del medley de clausura constituido por “Flag of Hate” y “Tormentor“.

Al final, la gente abandonaba la sala con una mezcla de satisfacción y alivio por poder salir de semejante aglomeración. A las puertas de la Penélope se escuchaba una conversación entre dos miembros de la organización en la que uno de ellos se felicitaba por haber podido “salvar los trastos”. En realidad, deberían dar las gracias a Kreator y al resto de bandas por su profesionalidad y por haberse prestado a mantener la actuación a pesar de las circunstancias, además de a sus fieles seguidores por su ejemplar comportamiento. Esperemos que situaciones tan lamentables no vuelvan a repetirse y no disuadan a nuestras bandas preferidas de regresar a nuestra ciudad, aunque confiamos en que la próxima vez lo hagan acompañadas de una organización a la altura de las circunstancias.

Nos despedimos con el repertorio completo, del que hay que destacar con respecto al que recogemos en fotografía que falta “Betrayer“, probablemente suprimida por la necesidad de terminar antes de las 0:00 de la noche, al encontrarse Penélope en un edificio residencial.

1. Mars Mantra

2. Phantom Antichrist

3. From flood into fire

4. Enemy of God

5. Phobia

6. Hordes of chaos

7. Civilization Collapse

8. Voices of the dead

9. Extreme aggressions

10. Pepople of the lie

11. Death to the world

12. Coma of souls

13. Endless pain

14. Pleasure to kill

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15. The Patriarch

16. Violent revolution

17. United in hate

18. Flag of hate / Tormentor

 

 

 

 

 

 

 

 

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The Gaslight Anthem cierran su gira europea en Madrid

Publicado en 10 noviembre 2012 por

La última vez que vi a Brian Fallon y sus chicos me decepcionaron mucho: en 2011 The Gaslight Anthem presentaron su American Slang (2010) en Madrid como teloneros del (dalde un poco de tiempo para que sea mítico) concierto que dieron los Foo Fighters en la capital. La idea, que a priori me parecía magnífica, resultó en desastre: el Palacio de los Deportes se les quedó enorme a los de Jersey, la acústica del concierto fue mala de principio a fin y el público no tenía ni idea de a quién estaban viendo. Me llevé un chasco y sobre todo me quedé con ganas de ver a The Gaslight Anthem atronar una sala de dimensiones medianas con su rock clásico con olor a cerveza ligera y a whisky fuerte.

Creo que merece la pena empezar este texto alabando a His Majesty The King, dúo nacional de noise rock ejecutado a base de bestiales golpes de guitarra y batería que encajó a la perfección con el carácter del evento: banda local medianamente conocida, de un género similar pero no idéntico al del grupo en cuestión y que se ganó al público concediendo un setlist incluso con temas nuevos y desconocidos. Se entregaron, sonaron perfectamente y practicaron un ruido que me encantó y al que solo le pediría un poquito más de espontaneidad para triunfar absolutamente en directo. No obstante, se les veía sueltos, carentes de nervios, con tablas y encantados de ganarse a un público que los respetó dignamente.

Pero vamos a lo que vamos: Brian Fallon y sus chicos. El escenario muy despejado, la sala con un sold out hecho desde hace unos días y unas inmensas vallas de seguridad para contener a decenas de jovencitos guiris que entraron en éxtasis en cuanto el grupo puso el pie en el escenario y arrancaron a sus guitarras los primeros acordes de Mae, uno de los temas que salvo de su reciente Handwritten y que empezaba el concierto comedido, pero prometiendo. Y el ritmo fue subiendo con The Spirit Of Jazz, que empezó a sumir a los jovenzuelos en frenéticos bailes que empalmaron, sin momento de paz, pues le siguieron The 59′ Sound y Old White Lincoln, que hicieron las delicias rockeras de quienes seguimos a la banda a raíz de su magnífico segundo álbum.

Todo esto fue ejecutado de manera razonablemente correcta, con una batería potentísima atronando según se acercaba uno al escenario, con la voz de Brian Fallon todavía aguantando por ser el principio del concierto y el público bastante entregado a la innegable calidad de los temas. Pero si bien fueron correctos, no me atrevería a decir que la gente enloqueciera más allá de los jóvenes fans que se agolpaban cerca del escenario: la gente cantaba, pero tampoco llegaba demasiado calor desde el escenario. Estaba bien, y punto. Es una actitud que se puede aplicar a casi todo lo que voy a decir sobre este concierto salvando, si acaso, los bises, que se ejecutaron con un plus de ruido y algo más de entrega.

Como digo, la actuación no fue perfecta, pero sirvió perfectamente para quitarme el mal sabor de boca que tenía del año pasado: en este caso, el setlist para mi fue prácticamente perfecto, casi todas mis canciones favoritas de la banda estuvieron incluidas, del The 59′ Sound se dejaron muy pocas y, aunque la mayoría de canciones de Handwritten me sumían en cierto aburrimiento, el grupo evitó tocar en todo momento demasiadas canciones del nuevo disco seguidas, sino que más bien las diseminó entre los grandes temas de su segundo y tercer trabajos. Ello hizo el concierto ameno para mi, aunque me sorprendió comprobar que la gran parte de la audiencia conocía mejor las canciones de los dos últimos álbumes de The Gaslight Anthem que las de los dos primeros.

Hubo momentos especialmente brillantes: para mi Miles Davis & The Cool fue uno de ellos, con el público tratando de hacer los coros, aunque sin mucho éxito hacia el final de la canción. El problema es que a estas alturas del concierto (superado ya el ecuador de éste, pero por poco) la voz de Brian Fallon flaqueaba, y se hundía sin remedio en la tormenta de la batería. Era incapaz de mantener el hilo de las canciones, los gallos se sucedían y sencillamente su voz no podía. Es una pena pero es así: comprendo que lo de la voz rota es una seña de identidad, pero si no puedes aguantar un concierto de hora y media (Bruce Springsteen hace conciertos de más de tres horas con ese registro vocal y no da ni una nota fuera de sitio, por poner un ejemplo bien conocido), necesitas educarte esa voz para que aguante. Y ya está, no hay más que decir sobre ello: quedarte sin voz a mitad de un concierto no es un estilo, es no saber cantar. Y para un grupo de adolescentes que tocan en un tugurio puede valer, pero para una banda que se supone respetable, con cuatro discos a sus espaldas y giras mundiales en salas de más de mil espectadores, no.

Así que la cosa continuó, apenas sin voz (no era una cuestión de acústica, pasé la gran parte del concierto perfectamente centrada junto a la mesa de sonido, en la zona en la que teóricamente mejor se oye y, de hecho, el sonido era muy bueno), pero con más o menos animación. Eso sí, bastante frialdad por parte de la banda. En algún momento en las primeras filas unos chicos se pusieron a corear uno de los temas de Sink Or Swim (el primer disco de la banda) intentando que la tocaran y lo único que obtuvieron fue una fría respuesta por parte de Fallon diciendo que esa era una canción muy vieja y que ya no la tocaban. Antes de los bises, The Backseat, una de mis canciones favoritas pero que no me acabó de cuajar, tocada sin demasiada emoción. Ahora bien, la última tanda de canciones, especialmente American Slang y Great Expectations se ejecutaron con los amplificadores al máximo y con el público más entregado. El calor parecía emanar más de la pista que del escenario, pero sirvió para dar un cierre digno y eléctrico a una actuación que fue igual: correcta, pero lejos de ser perfecta.

Acabamos dejandoos el setlist del concierto convertido en lista de reproducción de Spotify y nuestra galería de fotos en Flickr con las que pudimos sacar en el concierto.

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