
Los reyes alemanes del thrash consiguen salir airosos de una visita a Madrid afectada de terribles problemas de organización.
Después de haber quedado literalmente abrumada por el excelente Phantom Antichrist, la parroquia metalera madrileña esperaba impaciente el paso por la capital de la gira que habría de traer a Kreator, acompañados nada más y nada menos que por Morbid Angel, Nile y Fueled By Fire, exquisito cartel que a buen seguro estimuló la secreción de saliva en más de uno durante los últimos meses. Sin embargo, las dificultades para encontrar información acerca del recinto en el que tendría lugar el concierto, y no digamos ya para acceder a la venta de entradas, hicieron que desde el principio la sombra de la duda se cerniera inevitablemente sobre los organizadores del evento. Sencillamente resulta incomprensible que a falta de menos de un mes para la fecha fijada resulte imposible hallar siquiera una pista sobre dónde adquirir pases para una actuación de semejante calibre. Está muy bien intentar huir de la tiranía de los grandes distribuidores de entradas que se aprovechan de todos nosotros para cobrar abusivos costes de distribución, pero este tipo de situaciones, lejos de servir de ayuda alguna, no hacen sino reforzar aún más su posición.
De nada le sirvió a un servidor llamar ya en el mes de septiembre a la sala que inicialmente iba a acoger el evento, donde solo consiguió hablar con alguien que incluso decía desconocer que allí se fuera a celebrar concierto alguno. La promesa de recibir respuesta por parte de la organización a un correo electrónico en el que les hiciera llegar mis dudas quedó obviamente incumplida, al igual que la posterior de recibir aviso personal por teléfono una vez que la sala dispusiera por fin del taco de billetes para su distribución. En este estado de cosas, llegué incluso a renunciar a ver a una de mis bandas favoritas presentar en directo su mejor álbum en décadas, hasta que la casualidad quiso que hace un par de semanas, a la salida de otro concierto, una amable joven me hiciera entrega de una cuartilla en la que se hacía referencia a la actuación de Kreator y compañía. A través de la página de facebook que allí se indicaba tuve por fin acceso a la lista de puntos de venta de entradas, todos ellos pequeñas tiendas independientes diseminadas por la capital. Insisto, loable iniciativa, pero pésima labor de difusión.

Aspecto que presentaba el interior de la sala Penélope al inicio de la actuación de Kreator
El colmo del despropósito se produjo cuando menos de 24 horas antes del concierto me enteré de que este debía trasladarse a Penélope por causa de irregularidades detectadas por la policía en el recinto inicial, que habían llevado al cierre del mismo para acoger cualquier tipo de espectáculo. En la misma página de facebook antes mencionada se detallaban los horarios precisos de actuación de cada una de las bandas, según los cuales la salida al escenario de Kreator estaba prevista para las 23:00 de la noche. Pues bien, cuando poco después de las 22:30 servidor y acompañante hicieron acto de presencia en la puerta de la sala, uno de los guardias de seguridad nos comunicaba que esta estaba ya cerrada. Al ver nuestras entradas nos informaron de que el concierto estaba terminando, a falta de menos de media hora, pero no les quedó más remedio que dejarnos pasar a pesar de todo. Para nuestro alivio, la actuación poco menos que acababa de comenzar, lo que nos garantizaba cerca de hora y media de disfrute con Mille Petrozza y sus chicos, pero planteaba inquietantes preguntas acerca del interés que los organizadores pudieran tener en que nadie más accediera al recinto a partir de entonces. ¿Tendría algo que ver que el aforo de Penélope sea oficialmente inferior en unas cien personas al de la sala en la que inicialmente iba a tener lugar la actuación? Desde luego, en el interior no se estaba precisamente cómodo, y cada cierto tiempo salía alguien en dirección a la puerta con visibles signos de acaloramiento. Parece ser que alguien dejó de tener en cuenta que la fidelidad de los aficionados al metal está por encima de cuantos despistes de última hora pudiera inducir un repentino y mal anunciado cambio de sala.

Mille Petrozza, entregado a sus cuerdas.
Desde una posición con reducida visibilidad, entre el ropero y las máquinas expendedores de tabaco, nos tocó por tanto asisitir a lo que quedaba de noche. Al parecer, los alemanes habían saltado a las tablas acompañados por la introductoria “Mars Mantra“, para arrancarse con los acordes del tema homónimo del disco que acudían a presentar, “Phantom Antichrist“. Tras encadenar a continuación “From flood into fire“, le llegaba el turno al repaso de la época reciente del grupo con “Enemy of God” y “Hordes of Chaos“, entre las cuales había sitio para echar la vista aún más atrás hasta el noventero “Outcast”, del que extrajeron “Phobia“, su tema más representativo. El sonido no alcanzaba la perfección, pero sin duda llegaba al máximo de las posibilidades que ofrece la cuestionable acústica de la Penélope. La gente estaba entregada y entre los asistentes observábamos algunos rostros conocidos de la escena madrileña, como el del inefable Molly, cabeza visible de Hamlet que no se pierde una gran cita, aunque en este caso tuviera que renunciar a su posición inicial para evitar mayores apreturas conforme los más rezagados seguían accediendo al recinto, a pesar de que apenas pudieran pasar ya de la puerta.

Petrozza, aclamado entre la niebla
Con algún que otro problema de nitidez en la sección rítmica, sobradamente salvado por la potencia de la voz de Mille y el saber hacer de unos músicos de calidad incuestionable, el repertorio fue alternando las nuevas canciones con la inclusión cada vez más frecuente de algunos de sus temas clásicos, como las celebradas “Extreme Aggressions“, “People of the lie” o “Endless Pain“, en cuya agitada agresividad se hizo especialmente patente el embarullamiento que afectaba de cuando en cuando a bajo y batería. No obstante, el balance general de la actuación, que llegaba al final del cuerpo principal con la brutal “Pleasure to kill“, fue más que notable.

Mille, Ventor y Sami, repartiendo púas y baquetas entre el público
Sin apenas descanso, la banda regresaba al escenario con el acompañamiento de la instrumental “The Patriarch“, preludio a la excelente “Violent Revolution“. A continuación, Sami Yli-Sirniö acaparaba toda la atención de los focos para atacar un solo acústico que encadenaba con el comienzo de “United in Hate“, tras la cual era Mille quien alzaba la bandera del odio para requerir la última participación del público en el acompañamiento del medley de clausura constituido por “Flag of Hate” y “Tormentor“.
Al final, la gente abandonaba la sala con una mezcla de satisfacción y alivio por poder salir de semejante aglomeración. A las puertas de la Penélope se escuchaba una conversación entre dos miembros de la organización en la que uno de ellos se felicitaba por haber podido “salvar los trastos”. En realidad, deberían dar las gracias a Kreator y al resto de bandas por su profesionalidad y por haberse prestado a mantener la actuación a pesar de las circunstancias, además de a sus fieles seguidores por su ejemplar comportamiento. Esperemos que situaciones tan lamentables no vuelvan a repetirse y no disuadan a nuestras bandas preferidas de regresar a nuestra ciudad, aunque confiamos en que la próxima vez lo hagan acompañadas de una organización a la altura de las circunstancias.
Nos despedimos con el repertorio completo, del que hay que destacar con respecto al que recogemos en fotografía que falta “Betrayer“, probablemente suprimida por la necesidad de terminar antes de las 0:00 de la noche, al encontrarse Penélope en un edificio residencial.
1. Mars Mantra
2. Phantom Antichrist
3. From flood into fire
4. Enemy of God
5. Phobia
6. Hordes of chaos
7. Civilization Collapse
8. Voices of the dead
9. Extreme aggressions
10. Pepople of the lie
11. Death to the world
12. Coma of souls
13. Endless pain
14. Pleasure to kill
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15. The Patriarch
16. Violent revolution
17. United in hate
18. Flag of hate / Tormentor