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El post-rock de God Is An Astronaut enmudece Madrid

Publicado en 02 marzo 2012 por

Cuatro irlandeses, guitarra, bajo (de seis cuerdas, caray que bicho más grande), teclados y baterías; cinco discos de estudio desde 2002 y, sobre todo, unas ganas atronadoras de hacer rock. Así se presentan estos chicos que ayer llenaron durante algo menos de hora y media la Sala Arena de una música que no necesita palabras para robarle a uno el habla. No me andaré con rodeos: la actuación de anoche de God Is An Astronaut en Madrid me pareció magnífica. Con un sonido en todo momento atronador pero perfectamente medido y adaptado a las características de la sala, sin un acople ni problema. Con rabia, energía, emoción y una sana conexión con el público que se mostró, a su vez, fascinado, respetuoso y extraordinariamente civilizado.

Fue un concierto para disfrutarlo, más aún para quien conociera la discografía de la banda. El guión fue sencillo: una hora y 20 minutos de post-rock de intensidad ascendente en los que repasaron sus últimos discos. Cada tema acompañado por su respectivo montaje visual lleno de imagenes bellas y evocadoras (como en casi todo lo relacionado con estos chicos), que parece ser que monta y edita Niels Kinstella, el bajista del grupo. Todo esto junto permite a estos irlandeses obtener un resultado de libro.

Sin dejar mucho margen a la improvisación sobre las melodías ya establecidas, God Is An Astronaut consiguieron algo mucho más sutil: interpretar todas y cada una de ellas fiel pero ferozmente. Tanto que al volver a escucharlos en disco tras el concierto, los temas que tan emocionantes se me habían hecho antes, me suenan apagados y lentos en comparación con la interpretación que viví de ellos anoche.

Como ya he dicho, la intensidad de la actuación fue ascendiendo pasito a pasito. Una modosita Remaining Light dio la entrada para empezar a introducir estallidos de adrenalina en forma de electricidad. El público no se quedaba indiferente, y con Worlds In Collision ya se oían palmas y gritos entre el mar de bocas abiertas que era la Arena. Antes de los bises, Suicide By Star y Route 666 (con diferencia lo mejor del concierto) arrasaron al público. La emoción y la concentración de la banda se palpaban y la potencia de los temas hacía temblar el suelo. Entre ellos, la melodía amable de su Forever Lost, tal vez su canción más conocida, que desarrollaron con solvencia y solidez.

God Is An Astronaut actuarán esta noche en el Music Hall de Barcelona. Recomiendo a cualquier persona a la que le guste mínimamente el rock, que se pase por allí y se deje llevar por estos cuatro chicos, que tocan como dioses. Dejo por aquí el setlist en forma de lista de Spotify. No estoy 100% segura del orden de algunos de los temas, pero sí de éstos propiamente dichos.

Disfruta de la galería de fotos completa del concierto en nuestro Flickr.

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Alter Bridge: mi primer concierto heavy

Publicado en 21 junio 2011 por

Los integrantes de Alter Bridge en la Sala Heineken de Madrid

Tengo un compañero de trabajo que durante el día es bioquímico pero por la noche se vuelve heavy. Su religión se llama Metallica y lleva tiempo tentándome para que le acompañe a algún concierto de los suyos. Cuando me animó a escuchar a la banda Alter Bridge me sorprendió que una formación tan cercana al metal sonara tan bien y, sobre todo, conectara tanto conmigo. Especialmente su tercer disco, AB III, me llegó no solo por su potencia, sino por lo bien armadas que están sus melodías y por la calidad de su vocalista, Myles Kennedy.

Desgraciadamente, compré la entrada pocos días antes del concierto y no me dio tiempo a estudiar la discografía del grupo en detalle. Aunque esto no me restó emoción de la actuación, me habría gustado corear las letras junto a la exaltada masa que abarrotaba anoche la Sala Heineken de Madrid. Pocas veces he oído yo sonar tan bien esta pequeña sala madrileña, a la que solo le faltó que la voz se percibiera un poquito más clara para no tener pegas.

Myles Kennedy interpretando Watch Over You al principio de los bises

Técnicamente Alter Bridge ofrecieron un concierto memorable: el virtuosisimo de su guitarrista y la claridad y potencia del cantante no pueden dejar indeferente a nadie. Y con estos medios y los temas que tienen en sus tres discos se pueden dedicar a hacer lo que les de la gana en el escenario, porque les va a salir bien: desde utilizar el Blackbird de The Beatles para introducir una de sus canciones más conocidas y cañeras (y de igual título) hasta atreverse con una íntima versión acústica de su Ghost Of Days Gone By Watch Over You (gracias nene). Parece que todo vale cuando la gente tiene talento y calidad, sin importar el género musical que se esté tocando.

Así que lo que empezó como una experiencia de turismo musical para mi, acabó siendo un conciertazo en toda regla que me ayudó a digerir el ataque de mala leche que me habían dejado los petardos de Glasvegas la noche anterior en el Día de la Música. Lo único que me disgustó fue que se dejaran I Know It Hurts en el tintero: gran motivo para volver a verlos. Nada como una buena guerra de guitarras eléctricas entre dos cracks sobre un escenario para empezar bien la semana. Quien quiera disfrutar del vozarrón de Myles Kennedy todavía está a tiempo de verle el próximo mes cantando junto a Slash, el guitarrista de Guns’n'Roses, en el festival Sonisphere en Madrid.

ACTUALIZACIÓN: Mi amigo heavy tiene el superpoder de recordar los setlists de todos los conciertos a los que asiste. Gracias a su prodigiosa memoria puedo ofreceros una lista de Spotify con el concierto completo del Alter Bridge en la Heineken. ¡Disfrutadlo!

  1. Slip to the void
  2. Find the real
  3. Buried alive
  4. Before tomorrow comes
  5. Brand new start
  6. White knuckles
  7. All hope is gone
  8. Metalingus
  9. Ghost of days gone by

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O.M.D. cumplen con sus antiguos fans

Publicado en 15 junio 2011 por

Anoche en la Sala Heineken de Madrid se vivió algo que tenía mucho de reencuentro y sentimentalismo desde el principio. Orchestral Manoeuvres In The Dark (O.M.D. para los amigos), venían a Madrid. No era la primera vez en los últimos años. Ya estuvieron presentes en el Summercase del año 2007. Recuerdo que en aquel entonces también había ganas de verles, pero la confusión sobre qué nos íbamos a encontrar era grande. Estaban relegados a una carpa, llevaban separados desde principios de los 90 (aunque Andy McCluskey sacase algunos discos en esa década bajo la marca del grupo), el cartel de aquel festival era bastante potente y por tanto había mucha competencia como para atraer público, además, casi nadie había tenido la oportunidad de verles en directo, y la imagen de banda fría que atesoran sus composiciones más grandes y famosas terminaban de organizar una mezcla que, a priori, provocaba más dudas que certezas. Al menos esa era mi impresión pre-concierto. Pero había que ir a verlos a toda costa. Estamos hablando de uno de los iconos del synth-pop ochentero y de los autores de melodías que raro es encontrar a alguien al que al menos no le suene algo, tenga la edad que tenga. Para los que cultivamos nuestra afición musical entre los sonidos de la darkwave, las razones de peso estaban servidas. Y en aquella tarde-noche de 2007 un par de cincuentones dieron la sorpresa: abarrotaron la carpa, la pusieron patas arriba, derrocharon energía y se les veía en la cara que estaban tan sorprendidos con la entrega del público como el público con la suya.

Tres años después, quizá espoleados por el éxito de aquella gira, O.M.D. sacaba su primer disco de estudio en veintitantos años (History of Modern), y ayer lo presentaron en Madrid. Lo primero a destacar es que a diferencia de otras bandas con solera, el precio relativamente alto de la entrada (30€ me sigue pareciendo así), venía compensado por la presencia de dos grupos más: Assemblage 23 y Mirrors. A ninguno de los dos les presté mucha atención. Los primeros practican un EBM que me aburre rápido y los segundos me resultaron mucho más atractivos visual que musicalmente, con una fotografía que puede parecer bizarra pero que cuadra perfectamente con unos chicos muy jóvenes que hacen la música que hacen y viven en la época que viven. Entre vestimenta, forma de cantar, actitud e imagen me pasaron por la mente los nietos de Kraftwerk, Talking Heads, Devo y hasta el flequillo del amigo Kapranos de Franz Ferdinand (me perdonen todos ellos). Divirtieron a un sector del público.

Y a las 22.00 hrs salía O.M.D. Un hecho dejaba claro de antemano que la expectación de aquel 2007 seguía vigente: a eso de las 20.00 hrs ya era bastante difícil hacerse un hueco en pista. De modo que hubo que subir a la penosa planta de arriba para ver algo (el que suscribe no es uno de esos que mide lo que un danés y debería pagar doble entrada). Ya lo sé, es lamentable y es tirar media entrada, pero sorprendentemente no se oyó tan mal como otras veces, y me dió la oportunidad de comprobar lo variopinto del público (con algún famoso/famosillo incluido), y sobre todo las caras de felicidad e incluso ilusión, todo el mundo sonreía en todo momento. Y aunque el disco que venían a presentar no es ninguna maravilla, O.M.D. eligió un setlist bien calculado para no aburrir a despistados o fans que se quedaron en 1990, intercalando éxitos con novedades a buen ritmo, y sobre todo, escogiendo lugares apropiados para sus grandes éxitos. Andy McCluskey (52 años le contemplan) está en plena forma, no sólo sigue siendo tan alto como siempre y con la misma percha, encima el tipo no para de bailar y de moverse, está en plena forma. Muy al contrario que Paul Humphreys, al que si se le notan los años, pero entre los dos derrocharon ganas y simpatía. Sudaron la camiseta como hay que hacerlo. Y por supuesto, el público respondió, haciendo emocionantes los estribillos instrumentales de sus hits coreándolos a garganta abierta. El gran momento de la noche, a mi parecer, la conclusión de Joan Of Arc (Maid Of Orleans), cuya celebración en el foso detuvo literalmente el concierto por unos minutos.

En definitiva, una noche que fue muy especial para muchos, llena de recuerdos, de adolescencia, de nostalgia. Y no nos la hicieron aburrida. Todo lo contrario. Voy a intentar recomponer de memoria el setlist: History of Modern (II) / New Babies, New Toys / Enola Gay / Messages / Tesla Girls / Bunker Soldiers / (Forever) Live And Die / If You Leave / Souvenir / Joan Of Arc / Joan Of Arc (Maid Of Orleans) / New Holy Ground / Green / Talking Loud And Clear / So In Love / Locomotion / Sister Mary Says / Sailing On The Seven Seas / Dreaming ENCORE: Walking On The Milky Way / Electricity (Se agradecen correcciones).

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The Raveonettes congelan el verano madrileño

Publicado en 07 junio 2011 por

 

Sharin Foo, la mitad femenina de The Raveonettes, durante la actuación del grupo en la Sala Heineken

Son daneses y les gusta hacer ruido. En sus últimos dos discos (Lust Lust Lust e In and out of control) parecían haber llevado su distorsionado sonido por sendas algo más melódicas y comerciales. Pero cualquier parecido con las bandas comerciales tradicionales es puro marketing. A este cuarteto del norte lo que le gusta es, en realidad, dejarse los brazos en las guitarras y las baterías. Y en eso son unos cracks.

Sune, la otra mitad de The Raveonettes

Sune, la otra mitad de The Raveonettes

Quienes fueron el pasado domingo a la Sala Heineken de Madrid con la esperanza de poder disfrutar de algunos de los temas más alegres y bailables de The Raveonettes (Bang!, Hallucinations o Last Dance, por ejemplo) se llevaron una gran desilusión. En efecto, los daneses se mantuvieron fieles a su estilo: fríos, ruidosos y adeptos de las vertientes rockeras más oscuras. Las limitadas condiciones sonoras de la Sala Heineken les jugaron unas cuantas malas pasadas (una pena que el micrófono de Sharin no parara de acoplarse durante Dirty Sound), pero el grupo supo salir adelante a golpe de calidad: si las voces no se oían todo lo claro que querían, tiraban de baterías y, si no, de guitarreo.

Sharin y Sune lidiando con uno de los numerosos problemas de sonido que surgieron durante su actuación

Afortunadamente, los problemas técnicos se fueron arreglando poco a poco para dar paso a un setlist (haz click aquí para escucharlo en Spotify) de elevada intensidad y reducida duración (la hora y diez minutos de rigor, ay madre, cuanto nos cuesta estirarnos…) en el que no faltó ni uno solo de los temas de su último disco, Raven in the Grave. La vitalidad del cantante y extraordinario guitarrista Sune Rose Wagner se mezclaron a la perfección con la tímida sensualidad de una Sharin Foo que no se despegó de su bajo (me encanta la gente que sale a tocar con los instrumentos cubiertos de cinta aislante) más que para cantar Forget that you’re young, el single con el que han dado a conocer su último disco, y que fue el único momento en el que esta belleza rockera se soltó por el escenario a bailar con algo parecido a una sonrisa en la cara. En el agradable contrapunto entre estas dos personalidades parece residir uno de los secretos de esta banda que, sin duda, sabe explotar esta baza en el directo.

En general, The Raveonettes nos ofrecieron un concierto para incondicionales, conocedores de su discografía y amantes del rock más oscuro. Dadas las condiciones de la sala, creo que no pudieron sonar mejor y la intensidad y el buen saber hacer con el que interpretaron sus temas, alcanzando unos niveles de ruido inimaginables para quien solamente ha escuchado sus álbumes de estudio, les hizo merecedores de sinceras ovaciones por parte de quienes allí nos encontrábamos. Esperemos poder volver a verles pronto.

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Unos correctos White Lies llenan la Sala Heineken

Publicado en 17 marzo 2011 por

Las entradas llevaban un par de semanas agotadas y el grupo prometía: una de esas bandas británicas con cantante aterciopelado y maneras que recuerdan a los oscuros 80. Tecladitos y ritmos oscuros, canciones de desamor, dolor y cosas chungas, y un par de discos bastante bien recibidos por la crítica. Así que nada, ahí que me planto a ver que hacen los inglesitos estos, cuyo The Price of Love se ha ido convirtiendo en un himno para mí estas últimas semanas.

Y, bueno, no se puede decir que los chicos lo hicieran mal: su vocalista, Harry McVeigh, demostró ser un joven de extraordinarias dotes, y su tenebrosa voz no decepcionó en absoluto. Y en la banda todo sonó muy correcto, tal vez con un tempo excesivamente lento en algunos temas, pero bien. El caso es que, aunque cumplieron, los británicos no supieron exprimir del todo sus canciones. The Power and The Glory o Death son temas muy buenos de cuyo directo me esperaba una intensidad y una potencia que nunca acababa de estallar. He de admitir que el público, que por momentos daba la impresión de no saber muy bien a qué había ido a la Heineken, no ayudaba mucho.

Al final solamente las canciones más conocidas, To Lose My Life, Fifty On Our Foreheads y Bad Love consiguieron hacer el ruido suficiente para que la audiencia despertara de su letargo y se animara a corear los estribillos. ¿Mereció la pena pagar 23 € por verlos? Bueno, la banda ofreció lisa y llanamente lo que hay en sus dos discos: si éstos te gustan, el concierto mereció la pena. Si no, es posible que se quedara un poco escaso. En cualquier caso, los White Lies recorrerán algunos festivales este verano por nuestro país, de manera que tendremos nuevas oportunidades para verlos.

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Imogen Heap emociona y convence a Madrid

Publicado en 29 noviembre 2010 por

Imogen Heap en una de las actuaciones de su gira de 2010

La noche se planteaba complicada: Patti Smith actuaba a las 8 en la Casa de América y yo tenía entradas desde hace algunas semanas para ver a Imogen Heap en la Sala Heineken a las 9. Finalmente desistí de intentar pasarme por el recital de la diva del punk y me fui, no demasiado convencida, al concierto de la cantante alternativa británica.

no defraudó. Al contrario, en una Sala Heineken que sonó extraordinariamente bien para lo que nos tiene acostumbrados (salvo en algunos de los solos de piano, que saturaban el sonido) la peculiar y versátil voz de Imogen Heap maravilló a la audiencia. La artista estuvo cerca de hora y tres cuartos cantando y tocando todos los instrumentos imaginables: no solo el piano, su especialidad, sino que no paraba de moverse entre todo tipo de teclados, percusiones electrónicas, cajas de ritmos y hasta copas de vino.

El setlist, que al igual que en el resto de la gira, había sido elegido por votación previa en la página web de la artista, repasó la gran parte de su último trabajo,Ellipse y supo alternar momentos de vibrante intimidad solamente con el piano comoBetween Sheets; con la intensidad de temas como Tidal, en las que intervino una banda con violines, violas, guitarras, bajos y varios tipos de percusionistas. Mención especial paran dos de sus temas más conocidos: Just For Now, que cantó a capellamientras daba instrucciones al público para que le hiciera los coros; y la preciosaHide and Seek, que cerró el concierto con un punto de intensidad máximo. Imogen Heap tocará este miércoles 1 de diciembre en la Sala Bikini, en Barcelona.

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