Archivo de tags | "rock"

Tags: , , , , , , ,

Leftover Lights: heterodoxos recuerdos de rock noventero

Publicado en 24 mayo 2013 por

Hoy traemos una nueva banda a descubrir, un quinteto con base en Madrid que tiene disco de debut calentito y en plena presentación. Se llaman Leftover Lights y a caballo entre la capital y Hungría se han trabajado este breve pero intenso Turning The Lights On. Si te gustan las guitarras rockeras no dudes en darles su oportunidad.

leftoverlights_promo

Porque aunque los veintitantos minutos que dura el disco arrancan con una bella intro ribeteada de post-rock amable, pronto nos sumergirán en caminos más contundentes. Las notas iniciales de So Long huelen desde el principio a chupa vaquera y tejanos raídos, y cuando aparece la potente voz de Carlos Bricio quedan pocas dudas del gran poso americano que llevan Leftover Lights encima. Traen de inmediato recuerdos a aquellos años noventa del grunge y el rock alternativo americano. La forma de cantar de Bricio ayuda a que el mayor referente que te viene a la cabeza sea Pearl Jam, pero para que la cosa no quede encasillada demasiado pronto, el trabajo que esconde cada canción ofrece matices fundamentales para alejar de la ortodoxia la conclusión. Así por ejemplo, Blindfold combinará la crudeza de una guitarra con el tintineo delicado y ochentero de la otra junto a riffs de un marcado acento indie.

Pero tanto en los medios tiempos como en los momentos de energía desatada -The Run- el protagonismo vocal mantiene su marcheta, brincando entre la maraña que teje todo el cuadro instrumental. Para estas alturas ya tenemos claro que es un eje vertebrador claro del proyecto de Leftover Lights. Y si el exceso de potencia al micrófono puede empezar a hacer que alguien se sature o se pregunte cómo sonaría en un tono más bajo, Alice nos va a dar la oportunidad, aunque por poco tiempo, Bricio únicamente bajará el volumen en fases, demostrando que también puede dominar esos terrenos antes de volver a poner los pulmones a tope en uno de los mejores temas del disco, donde se palpa la emoción contenida y engarzada en el que creo es el trabajo más completo de Turning The Lights On. Sección rítmica en plan apisonadora y cuerdas versátiles dibujarán una de esas canciones que te hacen viajar arriba y abajo, parando y arrancando, manejando la tensión a su gusto.

Blurry Dreams, encarando la recta final, ofrecerá de nuevo una parte vocal que expone sus habilidades de forma similar, pero que viene acompañada de un envoltorio mucho más pop, si bien conserva esencias de áspera emoción en el tratamiento crudo y hasta sucio del sonido, como si de una producción de Ross Robinson se tratase. Para terminar, otra andanada contundente que navega entre tejidos indies y ese rock del otro lado del charco al que nos hemos referido. Over, en otro episodio de atmósfera densa, pondrá el punto final con ansias de épica y piel de gallina a base de repetir in crescendo estribillos y bloques sonoros.

Creo que Turning The Lights On se acaba demasiado pronto y demasiado rápido, lo cual es buen síntoma. Un par de temas más relajados no hubiesen venido nada mal para medir los tiempos, contener las sensaciones y demostrar -porque se atisba- que hay capacidad para manejar otras vertientes. En cualquier caso el debut de Carlos Prieto, Félix Gallego, Gonzalo González, Lucas Sánchez y el mencionado Carlos Bricio, no podía ser más prometedor para quienes ansiamos nuevas caras. El debut de Leftover Lights ya está disponible y podéis aprovechar a cazarlos en vivo en los bolos de presentación que están haciendo por Madrid. Os dejamos con sus próximas fechas:

  • 01/06/13 Sala Montacargas (Concierto Especial Festival Bruclin)
  • 08/06/13 La Boca Del Lobo (Presentación oficial de Turning The Lights On) 6€
  • 23/06/13 Sala Wurlitzer 6€

1 Comentario

Tags: , , , , , , , , , ,

Los interminables equilibrios de Primal Scream

Publicado en 22 mayo 2013 por

Gira de presentación de este disco en España:

  • 19/08/13: Festival Internacional de Benicassim. 70-163€, Entradas.

Tengo que admitirlo: esperaba mucho. Hace ya meses, cuando escuché por primera vez 2013 empecé a desarrollar unas ganas terribles de agarrar el More Light por banda. Su tan excesivo como frenético minutaje me atraparon, con sus oleadas de psicodelia para hipnotizarme de manera casi infantil. Ello, sumado al fascinante videoclip que acompañaba al tema, lleno de sugerentes ideas, imágenes perturbadoras y una atmósfera de sueño e irrealidad que casaban a la perfección con el demente ritmo de la canción, puso el listón muy alto. Para cuando Bobby Gillespie se desgañita con lo de “Equalise, normalise, santatise we’re all alive” una servidora ya tiene puestas las bragas en la cabeza. Para redondear la jugada el segundo adelanto del álbum fue It’s Allright, It’s OK, pura autorreferencia a su faceta de rock de corte más clásico y americano que tantas alegrías les y nos ha dado, siendo Country Girl o Movin’ On Up dos de los exponentes más brillantes de esta habilidad suya para lo canónico. Me esperaba uno de los discos de año.

Supongo que por eso cuando por fin pude escucharlo por primera vez y mi euforia tras el 2013 inicial tuvo que chocar con el sórdido misticismo de River Of Pain, corte cuya atmósfera nos sitúa en una película de los años 70 en la que la psicodelia ha cristalizado en tedio pastoso. Ojo, no digo que la canción sea ni tediosa ni pastosa: lo que digo es que nos traslada a una época y lugar no solo muy diferentes de la nuestra sino que también muy alejados de los que han construido con maestría en el tema anterior. Pero el caso es que 2013 ya ha consumido 9 minutos y este segundo tema supera los 7: los trece cortes de More Light levantan más de una hora y son pocos los que duran menos de 4 minutos. De modo que con More Light me está pasando una cosa muy curiosa: el disco entero me da una pereza infinita, pero a casi todos los temas, si los escucho de uno en uno, les saco mucha miga y bastantes cosas buenas. Piezas que individualmente funcionan muy bien pero que en el conjunto no acaban de cuajar. Puede que sea que, sencillamente, Primal Scream siempre haya sido una banda más de canciones que de discos, salvando obras maestras como el Scremadelica (1991) o el XTRMNTR (2000).

En fin, que como decía, para cuando llegamos a Culturecide a mi ya me parece que debemos ir por la mitad del disco y no, ni de coña, quedan 11. Pero es que de nuevo, si nos olvidamos de lo que viene antes y de lo que va después, se trata de un tema poderoso, con una letra más que certera y adecuada dada la realidad social en la que vivimos en Europa, que viene acompañada de una inagotable ristra de declaraciones incendiarias por parte de Bobby a cualquiera que le pregunta algo. En Hit Void lo mismo, aunque el ritmo se nos atolondra y se nos vuelve frenético para acabar en un solo de saxo completamente desenfrenado que, tal vez, empiece a parecer un arreglo demasiado barroco en un disco que, como he dicho, ya se va haciendo largo. Y claro, este equilibrio entre lo bueno y lo excesivo es demasiado precario: en Tenement Kid el tempo se frena demasidado, no suena a nada nuevo ni especialmente brillante, y se rompe el hechizo.

primal_scream

El caso es que al rato (uno nunca tiene del todo claro cómo pasa el tiempo cuando está oyendo este disco), una trompeta y un estribillo que suena casi a sintonía de concurso de la tele vuelve a cazar el hilo de nuestra atención, y más a base de cierto toque para lo pegadizo y lo facilón que para lo verdaderamente sorprendente. Invisible City va enganchando otra vez, aunque de nuevo peca de una longitud excesiva, dejando en esta ocasión tiempo para un solo de bajo que es más adorno que otra cosa. En los siguientes minutos la influencia del gospel, la psicodelia, las pinceladas de jazz y la complejidad de algunas de las letras van haciendo más y más densa la maraña que es More Light: Goodbye Johnny o Elimination Blues son temas poderosos, complejos, ante todo, muy trabajados, muy pulidos. Se nota la ingente cantidad de trabajo que los Primal han volcado en todos los temas del disco, pero ellos no se dan cuenta de lo difícil que es abordar una obra tan mastodóntica por parte del común de los mortales, que no ha estado involucrado en su creación.

Así que uno se encuentra navegando un poco a la deriva entre la genialidad o el narcisismo de los de Glasgow para encontrarse estruendos de brillantez, como la demente ascensión de Turn Each Other Inside Out o la excesiva, recargada pero fascinante y adictiva cadencia con la que se arrastra Relativity en sus primeros minutos, aunque acabe convirtiéndose en un tostón interminable. Los últimos compases del disco, eso sí, brillan sin duda: Walking With The Beast devuelve a una senda de rock de sabor americano y acústico, con un tempo sosegado y emocionante para que It’s Alright, It’s OK retome el testigo de los Primal más añejos, recordándonos que debajo de todas esas bases sintéticas, esos arreglos psicodélicos y esos solos interminables, sigue quedando algo de la gente que compuso el Screamadelica.

En resumen: no, More Light no entra a la primera. Puede que tampoco a la segunda ni a la octava. Es más, es posible que el disco no funcione para una gran parte de la población mundial, entre la que me incluyo. Pero tiene tantas cosas buenas, interesantes, curradas y bien pulidas dentro que hay que escucharlo, hay que dedicarle tiempo para disfrutar todos esos detalles en los que Primal Scream se han esmerado, da la impresión, de que hasta la obsesión. Es un disco duro y puede que no pase a la Historia, pero tampoco es intrascendente, ni mucho menos. Viene a demostrar que los Primal no solo siguen en estado de gracia en directo, sino que han armado una obra compleja a la que cierto, le sobran cosas (minutos es la primera que se me viene a la mente), pero que aporta muchas más. Un gran acierto el del Benicàssim de este año, que los lleva como flamantes cabezas de cartel: no decepcionarán. Eso seguro.

0 Comentarios

Tags: , , , , , , , , , ,

Lo han vuelto a hacer

Publicado en 21 mayo 2013 por y

Gira de presentación de este disco en España:

  • 20/11/13: Madrid, Palacio Vistalegre. 38€, Entradas.

Este es el post que queríamos escribir desde antes de poner en marcha bSides: el de la reseña del sexto disco de The National. Y, como no puede ser menos, se impone escribirlo a cuatro manos, como es tradición cuando una de nuestras bandas de cabecera lanza algo nuevo. Y, señoras y señores: la ocasión lo merece.

Lebonloup

Cuando comencé a escuchar los adelantos del ansiado nuevo disco de The National imaginé un título para el post correspondiente que rezase “lo han vuelto a hacer”. Aquellos primeros temas tenían tan buena pinta que empecé a prepararme para otro disco al nivel de High Violet o cuando menos al de The Boxer, aquel fantástico LP con el que me enganché a esta banda. Ahora que todo ha sido digerido, tengo mis dudas. No sé si está a la misma altura o es mejor. Conversando con thelostdreamer conveníamos en que The National es una banda que entra despacito, a dosis, igual que sus discos, hasta que te infecta del todo. Digamos que son como uno de esos ciclistas de fondo, no explosivos, que no hacen nada de cara a la galería, pero que siempre están ahí, imponiendo una marcheta que nunca falla. Trouble Will Find ha entrado a una velocidad mayor de lo que creía, de modo que ante el miedo a que sea la ansiedad que tenía por escucharlo, lo tomaremos con cautela, pero lo que tengo muy claro es que es otro disco de una factura impecable y una belleza arrebatadora.

the_national01

Me cuesta encontrar ese giro anunciado. Trouble Will Find Me podría ser el tercer capítulo de una trilogía que lo enlazase con los dos trabajos anteriores. Carece, en bloque, de los momentos álgidos de High Violet, tan presentes en casi todo él, pero su sección rítmica y los engarces de la melodías son muy ligables. Por supuesto, cuando la tensión crece (DemonsSea Of LoveGraceless), las conexiones son mucho más evidentes. Hay arreglos que permiten encontrar novedades puntuales, y la parte final tiende hacia un devaneo con el slowcore, pero hay algunos pequeños detalles en los que reside la fuerza de The National, que son los que funcionan y los hacen especiales, y que no encuentro motivo para cambiar. Ellos parecen tenerlo claro, y no lo han hecho.

Por un lado la percusión, repetitiva y machacona, y el acompañamiento que le hacen otros instrumentos. Sigue siendo muy básica pero a la vez una clara marca de la casa. De otro, el punto clave, el señor Berninger. Su voz aquí se nos diluye a veces hasta en falsetes, sigue siendo tan personal y emocionante como siempre, y continúa encajando como un guante en las melodías, las cuales en ocasiones están por encima de los estribillos, transmitiendo el tono necesario para esas letras tan cuidadas y trascendentes en su acierto intencional. Son para mi los elementos que convierten un disco de The National en pura belleza sonora, y si a eso lo reducimos la respuesta es que sí, lo han vuelto a hacer. La vida no ha cambiado tanto en Trouble Will Find Me.

The Lost Dreamer

La expectación era demasiada, me temo. Cuando por fin se filtró, miraba la barrita de descarga como en los tiempos del Napster y contaba los segundos para poder escucharlo: y al final, ahí estaba. Trece canciones, 55 minutos. Un disco largo que, en un primer momento, devoré como quien sale del gimnasio tras dos días sin comer. Las ansias, me podían las ansias. Y ni The National ni Trouble Will Find Me son para escucharlos con ansias. Porque si vas con ansias te encuentras con un muro pastoso, de repente estás empapado en nosequé gelatina de sonidos que se mueve a un ritmo mucho más lento al que va tu cabeza. No, para escucharlo hay que cambiar el chip. Y ojo, que esto ya me sucedió la primera vez que escuché High Violet (2010). Y miren, yo no sé cuál es mejor: esto es cómo cuando te preguntaban si querías más a papá o a mamá.

Lo que está claro es que a quien le guste High Violet, este disco le entusiarmará porque es un más de lo mismo, si nos ponemos duros, la confirmación de que los tiempos de los desgarrados y atronadores hitazos del Alligator o las dolorosas sacudidas del Sad Songs For Dirty Lovers se alejan para no volver. Son los The National de la intimidad del hogar, de la herida sorda, del llanto silencioso los que han venido para quedarse. Y no lo digo porque me queje: es solamente la constatación de un hecho.

the_national02

Hasta aquí mi dureza. Porque tampoco soy capaz de ser dura con The National. O no al menos durante más de 5 minutos seguidos, y menos ahora que van a venir a Madrid por primera vez a tocar en directo. Salvando tal vez el de Bowie, Trouble Will Find Me es y me parece el disco del año, sin más vueltas. Ese arranque, viento-madera, leve guitarra rasgueo de acústica, y ese Berninger que repite sin parar “You should know me better than that” hasta que el estribillo estalla con sólida delicadeza que pone los pelos de punta: I should live in salt, dice Berninger. Y a mi ya me tiene rendida. No han pasado ni dos minutos y ya soy suya. Qué le voy a hacer: soy una chica fácil.

El resto es ley de vida: el mejor catálogo de graves del que dispone Berninger se expone en Demons mientras notamos cómo el disco va cogiendo ritmo. Y seguimos acelerando, dentro siempre de unos límites muy precisos, aunque en Don’t Swallow The Cap es la batería quien la que lidera la canción y un frenazo en seco: la primera vez que me encontré con Fireproof ahí puesta, en el cuarto corte del disco me resultó un engorro: yo corría demasiado rápido ese día, como ya he dicho. Ahora ya se ha convertido en uno de esos temas de The National, que me mecen, me arrullan como a una niña con su conmovedor arpegio y su letra. Y después, Sea Of Love: la canción sobre la que me da la impresión de que pivota el proyecto, la que cuando escuchamos por primera vez en su no menos genial videoclip todos dijimos sin dar cuartel a la duda “Es esta”.

Tras esto entramos en un nuevo parón de carácter algo más reflexivo que se resuelve con la que para mi se está convirtiendo en una de mis canciones favoritas de The National: Graceless, en la que vuelven a demostrar su habilidad para la pegada, para hacer que lo difícil parezca un juego de niños. Y el resto se desarrolla en un tono que ya conocemos: muchos momentos que recuerdan a The Boxer claramente, y las emociones, que se van tomando a sorbos muy pequeñitos y con un nuevo momento de brillo desmedido en I Need My Girl.

The National habían prometido un gran cambio para este nuevo disco. Yo soy muy fan de los cambios. Pero no hay cambio: todo sigue igual. Es la calidez de la casa de nuestros padres, de nuestra cama de toda la vida, de las zapatillas que no tiramos nunca por muy rotas que estén porque son las que mejor se ajustan a nosotros. Por una vez agradezco que no haya habido cambio porque me encanta lo que hacen. Tienen tiempo de sobra para reinventarse, estoy segura, pero este “cinco minutitos más” que es Trouble Will Find Me en esta etapa de la carrera de The National es dulce y es maravilloso. A pesar del reguero de sangre que queda, como siempre, cuando acabamos de escuchar el disco y miramos hacia atrás. Da igual: ya estamos acostumbrados.

2 Comentarios

Tags: , , , , , , , , , ,

La mejor versión de Garbage

Publicado en 13 mayo 2013 por

No fue ni por sorpresa ni por casualidad. La sorpresa ya la habían dado en 1995; y una colección de 12 temas de escuadra y cartabón, en los que todos son 12 hitazos como 12 soles (este disco llego a dar de sí hasta 6 singles) no se hace por casualidad, sino que surge del talento, la dedicación y el perfeccionismo de cuatro músicos que se hacían (y afortunadamente vuelven a hacerse) llamar Garbage. Ese sábado 11 de mayo su segundo álbum, Version 2.0 cumplió sus primeros 15 años. Una adolescencia para un disco que, si cabe, ha mejorado con los años y que impregnó, precisamente, la adolescencia de quien escribe estas líneas.

garbage01

Su debut homónimo había sido un auténtico pelotazo para ser los inicios de cualquier banda, aunque entre sus componentes se encontraran productores de renombre de la onda rockera y grunge de la primera mitad de los 90 estadounidenses. Version 2.0 es un disco trazado milimétricamente para triunfar, para gustar, para tomar el mapa sonoro que habían trazado en 1995 y extraer a través de ello lo mejor de si mismos. Sé que hay gente que piensa que el mejor disco de Garbage es el primero: siendo un buen trabajo, a mi no me parece ni de lejos tan redondo como el que nos ocupa hoy. Y es que opino que Version 2.0 fue y será (mucho tienen que cambiar las cosas para que esto cambie) el mejor disco de Garbage.

El disco empezó a grabarse en 1997 y fue el primero de la banda en el que Shirley Manson se encargó de la mayoría de las letras de los temas que lo componen. Se publicó en mayo de 1998 pero el primer single, Push It, ya se había colocado en diversos puestos de los top 10 de los Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido y la gran parte de Europa, España incluida. La crítica a ambos lados del Altántico lo recibió con calidez, siendo el notable alto la calificación que más se repetía. Durante 1998 Version 2.0 alcanzó el número uno en las listas de ventas del Reino Unido (su predecesor no lo había conseguido), Francia, Bélgica y Nueva Zelanda; quedándose en el top 10 de ventas en varios países europeos, aunque en Estados Unidos no pasó del decimotercer puesto.

garbage02Siendo Push It, el single de presentación del disco, un tema poderoso, oscuro y perturbador, más difícil de olvidar es el videoclip que lo acompañaba, que acentuaba las facetas más desquiciantes y bizarras del tema mediante la inclusión de elementos del terror tradicional, diversos tipos de película que añadían un toque muy curioso y dinámico a la grabación y, entre todo esto, el divino toque sensual que le daba la Manson a todo lo que tocaba por aquel entonces. El videoclip de Push It generó bastante expectación y, aunque estuvo nominado a algunos premios, no acabó obteniendo ninguno.

Las semanas transcurrieron y llegó el momento en el que Garbage vinieron a Europa para incorporarse a la temporada de festivales veraniegos. El single que acompañó a la banda en este momento fue I Think I’m Paranoid, tal vez uno de los temas más comerciales y accesibles para el gran público de todo el disco que, sorprendentemente no cosechó tanto éxito como su predecesor. En realidad, el único país en el que I Think I’m Paranoid llegó al número uno de las listas de éxitos fue… ¡España! Era octubre del 98 y lo hizo desbancando al (agárrense) Depende de Jarabe de Palo y siendo seguido por algún tema de Ella Baila Sola (no bromeo).

Similar recepción tuvo Special en otoño de aquel año y cuando ya parecía que no se iba a poder sacar más chicha del álbum, When I Grow Up lo volvió a poner en el candelero ya en enero del año siguiente. De nuevo, sin una relevancia tan clara como Push It, este cuarto single sonó con fuerza en Estados Unidos y Reino Unido, ofreciendo de nuevo una faceta más comercial y fácil de escuchar por parte de las masas de Garbage que, sinceramente, no era la que imperaba en el Version 2.0. No obstante, When I Grow Up sigue siendo un tema vibrante, divertido, saltarín y al que los años le han sentado divinamente.

Casi inmediatamente después uno de los temas más pausados de Version 2.0, The Trick Is To Keep Breathing, también fue lanzado como single pero sin el más remoto éxito. Tal vez se guardó el mejor tema para el final, a sabiendas de que You Look So Fine no contaba con la pegada de muchos de los temas del álbum, pero sí una indudable carga emocional que sorprende al oyente al final del disco con un tema puramente romántico, tierno y enternecedor después del duro bombardeo al que se le ha sometido durante todo el disco. Probablemente sea mi canción favorita de Garbage.

Con esto, entre conciertos, canciones para películas de James Bond, y algunos premios, el éxito de Version 2.0 se fue apagando. Garbage nunca acabaron de volver a la normalidad tras aquello: su tercer álbum, además de tener la mala suerte de publicarse menos de un mes después de los ataques del 11 de septiembre, sencillamente no estaba a la altura. La crítica fue entre tibia y fría y acabó llevándoles a un largo proceso de separación del que no empezaron a resurgir hasta el año pasado, con un disco bastante razonable y una gira que demostró que volvían a estar en plena forma. De hecho, no se descarta que este año publiquen un nuevo trabajo. A ver si es verdad y se dejan ver por estas tierras con un poquito más de frecuencia.

2 Comentarios

Tags: , , , , , , , , , , , , , , ,

Y El Sol se llenó de arena

Publicado en 12 mayo 2013 por

Hace ya algo más de dos años de que yo viera a The Bright por primera vez, interpretando las deliciosas canciones de su primer disco en el escenario de la sesión matinal de una edición de La Radio Encendida. Subieron al escenario en medio de una especie de ataque de pánico, se les notaban los nervios y la incredulidad ante todo lo que les estaban sucediendo. Desde entonces los he visto varias veces (porque me gustan mucho) y cada una han crecido con respecto a la anterior. Y la verdad es que es un gusto ver a una banda evolucionar, cumplir las expectativas que habías depositado en ellos y, pronto, superarlas ampliamente, como hicieron anoche en El Sol de Madrid.

the_bright_el_sol2013_01

Teloneados brevemente por PLV HAVOC, cantautor altamente despeinado que amenizó con sus tortuosos versos, completamente en la onda del Nacho Vegas más eléctrico. Deprimente, austero y con unas interpelaciones un poco extrañas, al menos su intervención sirvió para que la sala se fuera llenando durante 20 minutos. Muy rápidamente se subieron los leoneses al escenario, sin que El Sol estuviera completamente lleno, pero con un nutrido número de gruppies en las primeras filas (van aumentando de un concierto a otro). En ese momento el mundo pareció cambiar, el suelo de la sala pareció llenarse de arena y sonó Estados.

O mucho cambian las cosas o Estados tiene casi todas las papeletas para ser uno de los discos nacionales del año, eso ya ha quedado patente en las últimas semanas. Pero es que aún esperándome un concierto notable, estos 5 me rompieron todos los esquemas. Los temas de Estados sonaron, todos sin excepción, brillantes. Fui al concierto con alguien que nunca había oído los discos de The Bright y al tercer tema ya me estaba diciendo que menudo conciertazo. Y es que no era para menos: sin necesidad de aspavientos, sin que diera la impresión de que se estaban dejando la vida en el escenario, los temas fluían potentes, con la voz de Miryam sólida y segura pero, a la vez, muy dulce; y los frenéticos guitarrazos de Aníbal convirtiendo el folk en rock y transmitiendo una sensación de calidez impresionante.

En el arranque, con Ela, Donde Todo Es Luz y el Jolene de Dolly Parton que tantas alegrías les está dando puso de manifiesto que había amplios sectores del público que se sabían todos los temas. Al resto rápidamente se los habían metido en el bolsillo. Tal vez un poco sorprendente, eso sí, el reducido número de temas de su primer disco que interpretaron del que, no estando tan alejado en el tiempo (hace ahora dos años que se publicó), se quedaron en el tintero temas tan bellos y coreados pos el público como Odd Towns. Pero bueno, si el objetivo era presentar Estados, quedó cumplido con creces porque, como digo, todas sus canciones sonaron poderosamente eléctricas pero sin perder el arenoso sabor de folk del desierto que invade el disco.

the_bright_el_sol2013_02

Muy destacables sonaron también De Los Que Pueden Dormir y Lo Fundamental, así como los solos de guitarra de los temas más íntimos como Your Private Garden. Como no podía ser de otro modo, hubo un tema de Neil Young en el repertorio (Aníbal llegó a decir que nunca ha dado un concierto en el que no incluya uno), Cinnamon Girl, que sirvió de poderoso y eléctrico cierre para una actuación que deja clara una cosa: lo más probable es que cuando vuelva a ver a The Bright en directo, lo hagan todavía mejor que en esta ocasión. Así parece ser siempre.

El concierto fue retransmitido en directo por AgoraMusic y puedes verlo desde su canal de Youtube, por si te apetece revivirlo o tuviste la mala suerte de perdértelo. Os dejamos también con una pequeña galería con las fotos que sacamos durante el concierto.

2 Comentarios

Tags: , , , , , , , ,

Los cañonazos de silencio de Savages

Publicado en 09 mayo 2013 por

Dicen que el mundo era silencioso. Dicen que ahora hay mucho ruido. Dicen que eso es una distracción constante. Que no podemos ser conscientes de lo que realmente somos. Dicen que hay que descomponerlo todo para volverlo a rearmar. Dicen que hay que guardar silencio para encontrarnos a nosotros mismos. Piden que nos callemos. Piden que se apaguen los teléfonos en un concierto. Y a cambio nos ofrecen un disco de debut en forma de cañonazo. Una orgía de ruido y electricidad. Estas cuatro chicas son Savages, la nueva gran estrella de la escena londinense, y acaban de lanzar su primer largo: Silence Yourself.

savages_band_promo

Y digo dicen, porque con todo el descaro del mundo, no solamente publican manifiestos y declaraciones de principios en su web y medios sociales de difusión -no todos originales suyos-, sino que incluso incluyen su perorata en la portada del disco. No se les puede negar que así de entrada, arrestos, atrevimiento, coraje y descaro no les falta. Se le puede llamar grandilocuencia y hasta soberbia, pero qué demonios, en estos tiempos hacen falta estas cosas y gente que venga a sacudirnos, aunque sea a bofetones sonoros. También lo dicen: pretenden con su música explotar nuevas vías de comunicación, darle una vuelta de tuerca más a la forma de experimentar la música, atizar conciencias y poner a la gente en la senda de hacer las paces entre el yo físico y el emocional (sic), una relación enterrada tiempo atrás por el vértigo de la vida moderna, y así poder avanzar hacia una vida plena. Ni más ni menos.

Y de forma paradójica su propuesta choca frontalmente con esa llamada al silencio. Silence Yourself es una vorágine de ruido. Pero además la supuesta exploración de nuevas vías de expresión musical no tienen demasiado de nuevo. Savages ejecutan algo encuadrable en la mejor esencia del post-punk más rabioso, furioso, agresivo y con olor a cerveza rancia. Y además lo adornan con ruidos cavernosos extraídos de las guitarras, proximidades a la distorsión, enjambres de murciélagos y bichos nocturnos, al mejor estilo de un pre-gothic rock bauhasiano o de flirteos con el death rock. No es suficiente. Jehnny Beth puede presumir de ser la voz que mejor ha captado (e imitado, porqué no decirlo), el estilo de cantar de uno de los grandes iconos del rock británico de las últimas décadas, de la que fuera un día reina del punk londinense y posteriormente diva de la escena oscura: Siouxsie Sioux. Y como las líneas de influencia están ahí, pese al paso del tiempo, habrá quien se acuerde de una primeriza PJ Harvey e incluso de los Yeah Yeah Yeahs. Nada importa. Se pueden buscar incongruencias y discutir sobre ellas. Porque cumpla o no con los principios enunciados, Silence Yourself es toda una experiencia que es imposible que a mi me lleve a la indiferencia.

Es un disco brutal que genera atmósferas como pocas veces se han visto en los últimos tiempos. Es capaz de ir del desasosiego a la sensualidad, de la oscuridad más recóndita a la emoción a flor de piel, de la asfixia vital a la furia desatada, de lo conceptual a lo más tangible, del ritmo psicótico a la lucidez más clara. Es un viaje a través de estilos dilatados en el tiempo solapados hoy. Cabe todo lo que hemos dicho, igual que entran minimalismos (Dead Nature), experimentos cercanos al cabaret gótico (Marshal Dear), o teatralismos que en su dramaturgia sonora casi alcanzan el paroxismo (Waiting For A Sign). Savages se han puesto mucho más duras que lo que su single del año pasado (Flying To Berlin) aventuraba. No admiten concesiones y lanzan puñaladas con cada estrofa y con cada acorde. Canciones breves (no siempre), títulos escuetos, mensajes telegrafiados, estribillos cortos repetidos hasta el infinito, para que se nos graben a fuego en la cabeza. Un puñado de temas inapelables desde cualquiera de los muchos ángulos que atesoran.

La absoluta falta de banalidad y la agresividad que escupen los altavoces con Silence Yourself sonando, parecen haber impactado a la prensa británica. Desde el principio unas cuantas plumas se han fijado en ellas, y esperaban el disco con fervor. Leí a un joven redactor que viéndolas en directo, uno podía figurarse el impacto que tuvo que suponer a los jóvenes de aquella época ver a los Banshees por primera vez. Estoy muy de acuerdo, y no he tenido el gusto. Me ha bastado con Silence Yourself. Así que aquí están: Jehnny Beth, Gemma Thompson, Aysse Hassan y Fay Milton. Dispuestas a prender fuego al escenario. Mascando espinas. Arrojándote a la cara la rebeldía y la presuntuosidad que DEBE tener la juventud en tiempos de planicie y adormecimiento. Son Savages.

PD: Los afortunados que asistan al Primavera Sound podrán verlas el día 23 del presente.

0 Comentarios

Tags: , , , , , , , , ,

El poder de la maquinaria británica

Publicado en 07 mayo 2013 por

Ahí va uno de esos posts que escribo a sabiendas de que no los va a leer absolutamente nadie. Y es que, mala suerte, British Sea Power no son muy conocidos en nuestras tierras, y dudo que vaya a conseguir convencer a casi nadie de que darles un par de oportunidades es un gran acierto para cualquiera que se crea conocedor y/o aficionado al rock. Da lo mismo que mencionemos Howard Bilerman, batería de Arcade Fire en su primer disco, y que ha producido a los British Sea Power en algunas ocasiones: el admirador de Arcade Fire está ya demasiado ebombado con las florituras y las payasadas la tribu de los Brady canadiense como para apreciar las descarnadas líneas de rock que estos seis ingleses emiten desde Brighton. Siempre me queda el consuelo de saber que son, al menos, profetas en su tierra y que en el Reino Unido se les respeta y admira en cuanto hablas de ellos a alguien que tiene una mínima idea de rock.

british_sea_power02

Así que después de desfogarme un poco, vamos con el disco. Machineries Of Joy se publicó el mes pasado (sí, requiere varias escuchas decir algo decente de él) y es el sexto LP en la carrera de British Sea Power. Es demasiado arriesgado decir que es el mejor trabajo de su carrera, puesto que sus dos primeros álbumes, por eléctricos, sucios y descarnados son impresionantes; el popular Do You Like Rock Music? (2008) es un disco demasiado redondo como para aspirar a que publiquen algo comparable; y la deliciosa aproximación al género del post-rock que realizaron con Man Of Aran (2009) fue demasiado puntual y extraña como para establecer comparaciones facilonas. Eso sí, Machineries Of Joy es bastante mejor que su anterior LP, Valhalla Dancehall (2011), disco que yo esperaba con avidez y que me decepcionó enormemente por su alejamiento de las puras líneas de rock que habían venido dibujando en los últimos años en aras de unas melodías tal vez más accesibles para el público, pero tremendamente sosas.

No obstante, son 10 años los que British Sea Power llevan publicando material de estudio y la evolución de su sonido es patente. Y, de hecho, con Machineries Of Joy no se desvían demasiado de la senda que ya habían marcado con Valhalla Dancehall, esto es, la de abandonar los duros paisajes sonoros que dibujaban, la electricidad descarnada hija de las escuchas repetidas de los discos de Godspeed You! Black Emperor. Los British Sea Power de sus dos primeros discos eran fervorosos, violentos, ruidosos… como jóvenes caballos salvajes que en Do You Like Rock Music? llegaron a unificar de manera más exitosa sus briosas ansias de ruido con las exigencias de un público que, al crecer, va buscando un sonido algo más maduro y pulido. Tal vez a sabiendas de que aquella genialidad no es repetible, han continuado por la senda que comenzaron a andar. Lo que pasa es que en esta ocasión, a diferencia de su LP de hace dos años, lo han hecho muy bien.

Fieles a su estilo sensorial, dibujantes de paisajes grises e industriales, los primeros instantes de Machineries Of Joy nos hacen sentir frente a un tren que más que moverse, se arrastra por los trastes de una guitarra. Este recurso de tratar de reproducir el ritmo de grandes máquinas con sus instrumentos no es del todo nuevo en la discografía de British Sea Power. El tema que abre el disco y que le da nombre a éste, Machineries Of Joy, presenta una ascensión lenta, alejada de los efectismos pero que retomando algunos de los elementos más luminosos que aparecían en Valhalla Dancehall y combinándolos con frases y recursos que se han venido repitiendo en sus discos anteriores (semicorcheas distorsionadas en una guitarra, el violín que dibuja metódicamente el mismo trazo una y otra vez) consigue que un tema que parece empezar arrastrándose coja ritmo y deje un curioso sabor optimista y expectante.

Pero lo mejor viene después: el segundo tema, K Hole, empieza frenético, como en la alocada juventud de los BSP. Cierto, se calma durante los compases de la estrofa, pero los vigorosos golpes de guitarra que van entrando y haciendo el tema cada vez más grande son sencillamente fabulosos. No obstante, no estamos ante los duros guitarreos de sus primeros tiempos: este es un producto acabado, pulido, limpio, en el que cada guitarra entra con desmesurado ímpetu, pero con precisión milimétrica. Tras uno pequeño interludio lírico que no acaba de convencerme, un nuevo tema de estribillo pegadizo (dentro de los límites de lo pegadiza que puede ser esta gente), Loving Animals, tal vez con uno de los momentos en los que este grupo bebe más descaradamente de Joy Division, aunque sin nunca llegar a los grados de oscuridad que alcanzaran aquellos. En el quinto corte, What You Need The Most, una melodía se arrastra de nuevo muy lentamente recordando lejanamente a los paisajes de neón que dibujaban Arcade Fire antes de convertirse un fenómeno para las masas epilépticas. Este momento, algo más pausado es necesario para digerir lo que viene: en mi opinión el sexto tema, Monsters Of Sunderland, es el momento más brillante del disco, repitiendo la fórmula que tan efectiva ha sido en K Hole pero con una carga todavía más poderosa de percusión y complicados arreglos de cuerdas que dan unas ganas tremendas de disfrutarla en directo.

british_sea_power01

Un sonido más amable, pero ascendente y emocionante, tiene Spring Has Sprung, que toma hábilmente la euforia producida por el tema anterior y la vierte en un tema de rock normalito pero agradable. Prácticamente en el mismo tono vienen Radio Goddard, aunque con ciertos arreglos de viento que recuerdan, tal vez demasiado a Arcade Fire; y A Light Above Ascending, que no son malos temas, pero quedan tal vez demasiado sosos si se comparan con los que pueblan la primera mitad del disco. El cierre del álbum es bucólico, con cierto regusto a los sonidos más tradicionales de Inglaterra que ya aparecía en el Man Of Aran y que entre brumas vuelve a tirar del influjo de Joy Division y, por momentos, de The Cure, para construir un tema inquietante pero muy bello. En resumen, pues, un buen trabajo del que destaca por encima de todo la primera mitad; y la sospecha de que en directo Machineries Of Joy tiene que ser una gozada. Quedan muchos carteles de festivales nacionales por completar para este verano y esta redactora se deleita soñando con ver a este sexteto de Brighton en alguno de ellos. Por pedir que no quede. Otra forma de verlos en España no va a haber.

0 Comentarios

Tags: , , , , , ,

Ascetic: rescatando la coldwave

Publicado en 06 mayo 2013 por

De entre las muchas cosas que se cocieron a la sombra de la etapa post-punk surgió este subgénero o estilo diferenciado dentro de la darkwave tomada a modo general. Cuentan las crónicas que la primera vez que se utilizó el término fue en la revista Sounds a cuento de un artículo sobre Siouxsie & The Banshees, cuando aún tenían más de grupo punk que cold, y sin embargo, ya en época muy temprana, empezó a menearse la etiqueta. Restándole un poco de protagonismo a la henchida factoría británica de música alternativa de finales de los 70 y principios de los 80, en el caso de la coldwave su desarrollo estuvo a saltos entre ambos lados del Canal de La Mancha. En la Pérfida Albión, los Joy Division más oclusivos, los Cure de Seventeen Seconds y Faith, o gente como And Also The Trees. En Francia, el emblemático nombre de Trisomie 21. Incluso en España tuvimos a los añorados Décima Víctima como buen ejemplo de la onda. Son citas de nombres de una forma de hacer música que tuvo su gran momento, que se desarrolló hacia otras vías, y que entre tanto revival ha venido siendo recordada de tanto en cuanto, pero últimamente no recibíamos señales. Ascetic, un trío de Melbourne, nos presenta Self Inititation, su disco de debut.

ascetic_promo1

Si eres un mínimo conocedor de alguna de las cosas que hemos nombrado no queda demasiado por decir para situarnos. La etiqueta del estilo es además lo suficientemente elocuente como para saber de qué va el tema. Las peculiaridades de las bases rítmicas centradas en bajos muy particulares, baterías repetitivas, hiladas de guitarreos agudos y fríos, voces pesarosas, dolientes y arrastradas, y momentos puntuales de eclosiones ruidosas, próximas a formas de expresión post-rock, son elementos característicos y diferenciadores de esta música. Canciones con estructuras nada asimilables al rock o el pop clásico, de desarrollos interiores complejos, carentes en muchas ocasiones de estrofas y estribillos típicos, pero no por ello, dentro de su gelidez, siempre son deficitarias de pasión.

Mr. Hannett, genio en el estudio

Mr. Hannett, genio en el estudio

Lo que, en mi opinión, hizo que discos como Seventeen Seconds (The Cure, 1980) o Unknown Pleasures (Joy Division, 1979) se convirtieran en inmensas catedrales de referencia y obras maestras del estilo, fue que contenían una brillantez compositiva que alcanzaba a explotar de un modo brutal esa pasión contenida en los monolíticos bloques sonoros que eran sus canciones. Buena parte de la culpa la tuvo un tipo llamado Martin Hannett, que como nadie supo captar y exprimir la esencia expresiva de esas composiciones. Los demás, salvando excepciones, corrieron el riesgo de manejar unos parámetros que con demasiada facilidad pueden llevar a que un disco de esta onda sea una sucesión monocorde de lamentos, cayendo irremisiblemente en el aburrimiento. Ascetic han aceptado la apuesta, y pese a que hay algún bandazo que otro, salen bastante bien parados.

Es una tarea excesivamente complicada, pero no por obvio hay que darlo por sentado -algún día puede ocurrir el milagro-, Self Initiation no tiene un A Forest, ni un M, ni un Faith, ni un Disorder o un Atmosphere que lo haga grande, era esperable. Sin embargo tiene pulso. Los primeros compases del disco son sorprendentes. La apertura a cargo de Pharmacy deja clara la tremenda influencia del bajo a imagen y semejanza de lo que hicieron Hook y Gallup en los dos referentes que estamos manejando, pero introduce con habilidad elementos shoegaze, post-rock y, sobre todo, detalles de guitarreos de esa nueva ola indie-dark abanderada por Interpol y Editors. El conjunto resulta muy prometedor por cuanto hace maridar esencias de lo viejo y lo nuevo de forma muy aceptable. Aunque claro, hay que ser cuidadoso cuando se manejan ciertos referentes, no vaya a ser que te envuelvan demasiado, como pasa en We Are Not All Dead, un plato bastante crudo con excesivas reminiscencias al No Love Lost de Ian Curtis y los suyos.

Retornando al primer planteamiento aparece I Burn para volvernos a dejar impactados por lo bien que Ascetic han captado de qué va esto. Religion se mantiene a la altura, pero en Trankasham empezamos a recibir síntomas de farragosidad. El disco se vuelve muy oscuro, opaco y cavernario. Un monolito que pesa como un yunque en el estado de ánimo -como debe ser-, pero rebajando en exceso los momentos realmente brillantes. Se vuelve demasiado lineal. No recuperaremos momentos realmente grandes hasta casi el final, primero con el impresionante último tramo de Uroboros (Up From Eden), después con momentos puntuales del falso cierre que es A Day In The Fields, y finalmente, ahora sí de forma completa, con esa estupenda pieza que es Silver Circle, que con su languidez atormentada, sus percusiones electrónicas, su trabajo de cuerdas paciente y perezoso, y que con el dolor y la nostalgia que expele, es el mejor homenaje, esta vez de verdad sentido y no mera imitación, que he escuchado en estos últimos tiempos de revivals a Joy Division.

En resumen, Ascetic proponen la recuperación de un estilo revisado en una evolución temporal, pero con fuertes y rígidos anclajes en sus elementos originarios. Self Initiation se convierte en un disco complejo, de detalles de nivel que obligan a que tengamos a este trío australiano en el punto de mira. Muy prometedores y con campo para mejorar.

0 Comentarios

Tags: , , , , ,

The Strokes: ¿valientes o desnortados?

Publicado en 02 mayo 2013 por

Nos hemos tomado nuestro tiempo, era necesario. El quinto disco de The Strokes merecía la atención que la expectación que le precede exige, aunque solamente sea porque el nombre de esta banda sigue siendo un eje fundamental del rock alternativo del siglo XXI. Pues bien, después de alrededor de un mes dándole vueltas, Comedown Machine nos sigue generando muchas dudas, respecto a sí mismo, y respecto a la banda.

the_strokes_13_promo

Que andaban en otro rollo es algo que venimos teniendo claro desde hace tiempo. Su última aparición antes de los cinco años de silencio, First Impressions Of Earth (2006), ya daba síntomas de agotamiento de la fórmula que les catapultó y que les hizo impactar y ser lo que son. El retorno, Angles (2011), certificó que, salvo excepciones, The Strokes elegían la huida hacia delante en lugar de insistir en renovar sus principios originarios. Este proceso de cambio de estilo, o de variación más o menos contundente, ha regalado a lo largo de la historia grandes hitos, ha hecho más grandes de lo que eran a ciertas bandas, o cuando menos ha demostrado la versatilidad de las mismas, dejando el pabellón igual de alto. Pero también ha habido muchas para las que ha supuesto una losa o el principio del fin. No me atrevería a decir que en el caso de los neoyorquinos estamos claramente ante esta segunda hipótesis, pero lo que tengo claro es que para situarnos en la primera sus dos últimos trabajos debieran haber sido muy distintos.

Lo dicho. Están a otra cosa. Angles demostró que Casablancas, Hammond Jr. y compañía cambiaban de época inspiradora y se pasaban -con más o menos intensidad- del punk-garage-rock setentero, a un extraño pastiche en torno a bailables ritmos ochenteros de raíz negra, coletazos disco, ramalazos funky, falsetes, teclados y punteos de guitarra relativamente brillantes, que en aquellas canciones que llenaban las radio-fórmulas y que hoy casi todo el mundo ha olvidado, ejecutaban respetables músicos de estudio o estrellas invitadas. En Comedown Machine confirman la tendencia, sin que esto tenga necesariamente connotaciones peyorativas. Si Angles fue un disco que olvidé a la velocidad de la luz -salvemos ese canto del cisne que fue Under Cover Of Darkness-, Comedown Machine, al menos en el lapso de tiempo actual, me merece mayor atención y mejores conclusiones, aunque sumidas en un mar de dudas e irregularidad.

Por lo pronto me llama poderosamente la atención que de todas las cosas que se hicieron en aquella década, hayan ido a escoger, en mi opinión, una de las líneas más prescindibles. Aún así estos tipos tienen la suficiente categoría como para saber convertirlas en algo paladeable -a veces-, y al menos logran que temas como Tap OutWelcome To Japan, resulten la mar de resultonas, frescas e incluso muy decentes, por mucho que sus elementos puedan de partida tirar de espaldas a más de uno. Si nos sacamos a Stevie Wonder de la cabeza -sobre todo en la primera- hay hasta un puntito sexy bastante enriquecedor en los ritmos que le sacan a ambas. A mi me hacen mover la patita sin cesar. Pero esto no pasa en otras canciones, donde creo que fracasan estrepitosamente. One Way Trigger se queda en normalita hasta que unos falsetes excesivos la arruinan, 50-50 aburre, Slow Animals solamente cobra pulso cuando se ponen a hacer de The Strokes y no de unos Tears For Fears sin estrella, los fantasmas de algunos “héroes” de los ochenta vuelven a aparecer en Partners In Crime, indecisa y sin profundidad, empeorando en un Happy Ending cuyo estribillo parece más propio de una maqueta casera de Patsy Kensit. Finalmente, las derivas a vieja melodía de los años 20-30 con influjos blueseros de Call It Fate Call It Karma, se quedan en la anécdota que pone el punto final.

the_strokes_13_promo2

Pero The Strokes tampoco quieren enterrar del todo el pasado, y dejan gotas de aquel neo-garage, o como queramos llamarlo, que tan bien moldearon años en sus comienzos. All The Time80′s Chances (con pinzas) son sus intentos más o menos claros por reverdecer laureles, siendo la primera la que mejor funciona de todas ellas, pero obviamente, sin que puedan alcanzar las cotas de sus viejos grandes éxitos. Quizá sea el precio de llamarte The Strokes, que tu pasado fue muy grande y muy rápido, y a la hora de sostener el listón esto tiene que acabar pesando.

En cualquier caso siempre fueron unos virtuosos, y es imposible decir que no dejen huella en ninguno de sus trabajos. Ni Angles ni Comedown Machine merecen que los tires a la basura a la ligera. Tanto cuando vuelven sobre sí mismos, como cuando pretender innovar, siguen siendo capaces de ponernos las orejas tiesas en algún momento, motivo por el cual debemos pensar que cualquier día de estos, ya sea con esta o aquella fórmula, pueden volver a hacer uno de esos discos redondos con los que lo pusieron todo patas arriba. La duda que me queda es si The Strokes están en un momento de despiste total, y de ahí tanta deriva, o simplemente hacen lo que se les antoja. Desde luego, y pese a que bajan en los charts y en ventas, los niveles de éxito que en este sentido mantienen les siguen dando crédito para esto último, y si es lo que quieren, pues tan contentos. Personalmente creo que me repondré pronto del susto, Comedown Machine tiene fases en que hasta me divierte, pero en el fondo seguiré esperando que su próximo disco vuelva a ser un pelotazo. Qué le vamos a hacer.

0 Comentarios

Tags: , , , , , , , , , ,

Mr. E y su rebuscado camino hacia la gloria

Publicado en 29 abril 2013 por

Iba a ser un concierto difícil. Lo sabía porque había echado una ojeada a los setlists que habían estado tocando últimamente: Eels se presentaban anoche en La Riviera de Madrid en el último concierto de la gira europea de presentación de su genial Wonderful, Glorius. Y cuando decimos que “presentaban su último disc”o queremos decir que no cabía esperar mucho espacio para canciones que no pertenecieran a éste. Y Wonderful, Glorius es un buen disco. Es más, es un disco cojonudo. Pero si escucharlo en versión estudio ya es complicado, trasladarlo a un escenario suena difícil de cojones.

Eels

Vaya por delante que quien escribe estas líneas es una ferviente seguidora de Mr. E y sus muchachos, y con esta ya contaba la tercera vez que los veía en directo. El resultado, aún sabiendo a lo que se iba, tuvo pros y contras. El primer punto a su favor, el público: lejos del maleducado y juvenil público de los eventos inde-poppies en los que me meto habitualmente, la audiencia era variopinta pero madura. Sobre todo, en general (obviamente con excepciones, pero no tantas), silencioso y respetuoso aunque sin llegar a ser frío ni distante: cuando hubo que aplaudir y vitorear, las personas que abarrotaban La Riviera cumplieron de forma más que correcta.

¿El primer inconveniente? El repertorio. Wonderful, Glorious es un disco que hace honor a su nombre, sí. Pero divertido, lo que se viene diciendo divertido, no es. Y, aún así, la banda de E se atrevió a obviar muchísimos de sus más grandes éxitos en aras de ejecutar muchas de sus canciones en directo. La delgada línea entre la valentía y la locura fue, en este caso, verdaderamente palpable. Si a esto le sumamos que el de anoche en Madrid fue el último concierto de una gira de 10 semanas por Europa, uno podía temer que el agotamiento hiciera acto de presencia. Y, desgraciadamente, lo hizo. De modo que la única forma de hacer frente a estas dificultades era tirar de la calidad irreprochable de los músicos miembros de la banda. Afortunadamente, Eels pueden permitirse estas cosas: supongo que si no pudieran, no se atreverían a girar sin tocar temas como Novocaine For The Soul o Hey Man (Now You’re Really Living) y aún así aspirar a llenar salas sin demasiadas complicaciones.

EelsPuestos claros los antecedentes, vayamos con la actuación de anoche en Madrid. Para empezar, comentaremos que el sonido de La Riviera durante el primer tema, Bombs Away, fue aberrante de manera que no estoy segura de que deba decir nada sobre él: es una canción con una versión de estudio desconcertante y poderosa, pero anoche sonaba descompasada y con ciertos problemas de coordinación entre los músicos y la voz. Puede que fuera el sonido. Afortunadamente, en los temas siguientes este asunto se fue solucionando. No es que La Riviera llegara a sonar bien en ningún momento (ojo, yo estaba en un lateral, pero en esa zona otras veces el sonido no me ha parecido tan horrible), pero comparadas con la primera, las siguientes canciones sonaron como si se interpretaran en el Royal Albert Hall.

La primera tanda de canciones perteneció íntegramente al nuevo disco: Bombs Away, Kinda Fuzzy, Open My Present… son todas canciones muy complejas, con rítmicas rebuscadas que trataron de explotar su faceta más guitarrera tirando además de la batería que, para marcar la diferencia, se encontraba en la primera línea del escenario. Después del desaguisado de la primera canción, las siguientes fueron encontrando mejor concordancia entre todo el grupo, hilándolas tal vez con algo más de delicadeza y consiguiendo resultados más convincentes. El público observaba con un mutismo respetuoso pero sin sobresaltos que empezó a mutar cuando hacia la mitad de la actuación sonaron Peach Blossom (con psicodélico baile de E incluido) y, sobre todo, las pegadizos e incofundibles acordes de Prizefighter.

Como nuevo estallido de júbilo entre el público cayó Fresh Feeling un poco después, aunque algo ensombrecida por los cinco minutos de payaseo de rigor: parece ser que este año se cumplen 10 de la incorporación del guitarrista conocido como The Chet a la banda y se había montado cierto numerito de renovar sus votos con E en público. No me malinterpreten, la idea era bonita, pero se notaba demasiado que llevaban dos meses repitiendo el mismo diálogo y el palpable cansancio dejaba entrever cierto tedio que le restaba toda la gracia. Pero tras esto encaramos la fase final del concierto, con su momento culminante en la interpretación de dos temas tan absolutamente inmejorables como Souljacker Part I y Wonderful, Gloroius; que dejaban los ánimos hábilmente caldeados para los bises.

Eels

Durante los bises E manifestó que tras 10 semanas de gira él y la banda se encontraban bastante cansados: fueron más cortos de lo habitual. Empezaron con un tema algo menos conocido y que roza el género de la balada, I’m Your Brave Little Soldier; continuaron con un mesh-up entre My Beloved Monster y Mr. E Beautiful Blues y finalizaron con esa maravilla que es Fresh Blood, con E bañado en luces rojas y los vítores admirados del público. El concierto finalizó sin ser el mejor que le he visto a esta banda. Es obvio que el cansancio hizo mella en ellos, pero también la ¿valentía o tozudez? de presentar un setlist alejado de los grandes éxitos (mi experiencia es que este tipo de conciertos “para todos los públicos” los reservan para la temporada festivalera) y, aún así, consiguieron llenar La Riviera, una vez más, de sinceros y maduros admiradores que disfrutamos de su música y su buen saber hacer. Un concierto, en resumen, ideal para fans y entendidos, sí, pero perfectamente apreciable por cualquiera que sepa disfrutar de la buena música.

9 Comentarios

Archivo

Viendo música