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Ólafur Arnalds trae nieve para una noche de verano

Publicado en 14 junio 2013 por

Esta noche estará en el Sónar de Barcelona y ayer el islandés Ólafur Arnalds pasó por Madrid para presentar For Now I Am Winter. La belleza de dicho paso fue tan obvia como indiscutible: es normal, sabíamos más o menos a lo que veníamos y Olafur Arnalds cumplió sin pega con dosis de delicadeza, sensibilidad y ternura anoche  en el Teatro Reina Victoria de Madrid. Y aunque hubo muchos y muy agradables aciertos, la actuación no estuvo exenta de algunos inconvenientes. El primero de ellos, completamente ajeno a Ólafur, fue el horario del evento.

cartel_olafurYa sabemos que para algunos teatros madrileños (con el Lara a la cabeza) han encontrado un jugoso filón en la posibilidad de doblar sesión y, tras la representación habitual, programar un concierto. Es una idea genial porque las salas que lo están haciendo están bien sonorizadas, las butacas son cómodas y tienen una visibilidad bastante buena; pero el hacerlo al finalizar la correspondiente sesión teatral estos conciertos rara vez empiezan antes de las once de la noche, si no más tarde, como fue ayer el caso. Quien programe conciertos en este tipo de salas debe saber que una actuación que se desarrolla en horas en las que parte de la audiencia normalmente está durmiendo es susceptible de no ser correctamente apreciada. Es decir, que el concierto de anoche empezó pasadas las 23:30 y finalizó al filo de la una de la madrugada y que eso para quien trabaja y para ello madruga, es un inconveniente.

La otra pega que le encuentro al concierto de anoche es la austeridad de medios con la que se ejecutó. For Now I Am Winter, como ya hemos comentado en este blog, constituye un paso adelante en la evolución de las composiciones de Ólafur Arnalds pues en él incorpora, no por primera vez, pero ya sin miedo ni tapujos, una importante capa de percusión, bases rítmicas y electrónicas y, en algunos temas, voces que contrastan con la austeridad de las composiciones para piano y cuerda que poblaban sus anteriores trabajos. Cabría esperar, pues, que al ser este concierto parte de la gira de presentación de dicho álbum, los medios para ejecutar los temas mencionados (que son, además, los más destacables y emocionantes del disco) fueran a estar en concordancia con la factura de dichas canciones. Pero no, Ólafur se presentó en el escenario junto con una violinista, una violonchelista, un iPad (llamado Mr. Jobs)  y un ordenador portátil, estos dos últimos controlados por él mismo desde el taburete de su piano durante los silencios. No había ni percusión, ni nadie encargado de ir dosificando los bucles electrónicos en diálogo con los instrumentistas y, ni mucho menos, cantante; de modo que aquello que hace especial y diferente a las nuevas canciones estaba grabado, encerrado en un ordenador portátil y se iba reproduciendo a la orden de Arnalds, sin aportar nada a lo que ya estaba grabado en For Now I Am Winter.

Aunque a pesar de esto el concierto fue bello y emocionante, la reducida dotación de la orquesta de cámara que se subió al escenario le restó un poquito de espontaneidad a la música que se interpretó. Puede que haya quien me pregunte qué diferencia hay entre reproducir una base grabada desde el ordenador y que haya una persona enlazando loops en directo, si en el fondo todo son grabaciones y lo importante es lo que hagan los músicos. Y no lo niego, es verdad, pero dentro de la electrónica también hay un margen, no ya para la improvisación, sino para escuchar a los compañeros de banda y adecuar la entrada de los bucles a lo que vaya sucediendo en el escenario, cosa que es radicalmente imposible si se llevan las pistas sencillamente grabadas.

Pero ya está bien de versar los problemillas de la actuación porque, como he dicho al principio, a pesar de todo esto la sensación general del concierto fue de belleza y de saber hacer. Ólafur es un joven tímido pero muy entrañable, que supo meterse al público en el bolsillo a base de sencillas interpelaciones y explicaciones verdaderamente enriquecedoras sobre las circunstancias en las que se compusieron algunos de los temas que interpretaron. Al subir al escenario rompió el hielo pidiendo a la audiencia que cantara un par de notas, un do y un mi, para grabarlas con su iPad y componer así una tercera mayor que adornara la primera canción que interpretó, Þú ert sólin. No sé si por la cálida sensación de confianza que supo generar Arnalds desde el primer momento o, porque sencillamente, la ocasión lo requería, el público fue extraordinariamente respetuoso, arropando con tensos y expectantes silencios las melodías de piano que el islandés iba tejiendo lentamente.

El juego de silencios y emociones fue delicado y perfecto, no hay otra forma de expresarlo, fue sencillamente un concierto bellísimo en el que solamente hacía falta cerrar los ojos, hundirse en la butaca y dejarse llevar por el sereno río de emociones que el islandés iba dibujando. “Hay muchas formas de tristeza y no todas tienen que ver con el amor”, decía antes de interpretar Poland uno de los temas más bellos del repertorio de anoche, en una explicación tan tierna como sincera y comprensible del origen de dicha canción. Para cerrar la actuación de manera magistral, Ljósið, uno de sus temas más conocidos y cuya explicación sobre las circunstancias en las que fue compuesto dio pie a unas cuantas risas entre la audiencia; y Lag fyrir Ömmu, canción que Ólafur compuso para su abuela, según él, su mayor fan y la responsable de sus conocimientos de música clásica, cuando esta falleció. Esta última la interpretó ya él solo en el escenario, ante el piano, con unas dosis de emoción y delicadeza que ponían los pelos de punta hasta que, a lo lejos, desde detrás del escenario, se oyeron las notas lejanas de las cuerdas, que cerraban la actuación hasta otra ocasión en que  el manto de nieve islandesa vuelva a cubrir un teatro madrileño en una de las primeras noches de auténtico calor de nuestra ciudad.

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Kane. Miles Kane.

Publicado en 13 junio 2013 por

Gira de presentación de este disco en España:

  • 17-21/07/2013: Festival Internacional de Benicássim, Castellón. 70-163€, Entradas.

Cuatro veces he escuchado el primer disco de Miles Kane. Un par de ellas fueron antes de verle telonear a los Arctic Monkeys en el Palacio de los Deportes el año pasado, para ver si me interesaba. El resultado fue indiferencia. La siguiente fue justo después de dicho concierto, momento en el que volví a él buscando la pegada imparable que el británico había demostrado, para regocijo mio y de mis acompañantes, antes de que Alex Turner y sus secuaces subieran al escenario. No estaba por ninguna parte. La cuarta vez fue la semana pasada, después de escuchar Don’t Forget Who You Are completo por primera vez, en un intento de revisar si había en aquel primer trabajo algún rasgo de genialidad que se hubiera pasado por alto. El resultado fue el mismo que las anteriores. Por eso después de completar la primera escucha del segundo disco de este inglés yo estaba sin habla, ya no porque sea un disco más o menos bueno (a mi me lo parece y mucho) sino porque no me esperaba que lo fuera a disfrutar tanto. Ya había comprobado que Kane no era ningún niñato aprovechando la amistad con Alex Turner para grabar discos insulsos: lo había visto en acción haciendo sonar el Palacio de los Deportes madrileño mejor que muchas grandes estrellas internacionales, pero no imaginaba que pudiera publicar un disco de esta categoría.

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Cierto, puede que el mérito no sea solo suyo: Don’t Forget Who You Are contiene geniales canciones pero se nota que la grabación está cuidadísima hasta el último detalle. Todos los temas cuentan con una suerte de arreglos que, sin recargarlos, les aportan brillo y dinamismo con excelente gusto. No pongo en duda el mérito de Miles Kane, pero tengo la impresión de que dejarse aconsejar por el respetado ex-Big In Japan, Ian Broudie, también ha incidido muy positivamente en el sonido final de Don’t Forget Who You Are. El resto son todo influencias y talento: obviamente la ola de rock gamberro y algo descarnado que lideran los Arctic Monkeys y Franz Ferdinand en el Reino Unido, pinceladas de Oasis y algo de The Beatles para completar un cóctel de rock clásico de sonido limpio y grave, líneas de bajo algo bluseras y riffs de guitarra enfermizamente veloces. A eso es a lo que suena, más o menos, Don’t Forget Who You Are.

Pero si entramos en el detalle, la cosa mejora: el arranque de Taking Over suena completamente a Arctic Monkeys para desembocar en un estribillo de rock algo más clásico que adquiere su verdadera dimensión cuando empiezan a entrar los endiablados solos de guitarra, que se van volviendo más extensos y complejos hasta cubrir el final del tema en un arrebato de locura y captar toda la atención del oyente. Para cuando este primer corte estaba terminando yo ya estaba empezando a sospechar que este disco no iba a tener mucho que ver con la sosería que me parecía el anterior. El single arranca también con un corte blusero para entrar en un estribillo pegadizo que puede convertirse fácilmente en un frenético tema veraniego, que faltos estamos de rock para amenizar las tardes de calor.

Pero no todo va a ser rock clásico y bases de blues: en Inglaterra la sombra de Oasis es mucho más alargada de lo que vemos desde aquí, y la banda de los hermanos Gallagher podría haber firmado sin demasiada dificultad el primer tema lento del disco, Out Of Control, que aminora el ritmo pero que como nos recuerda a lo que nos recuerda, nos hace sonreír un poco. Además, después de tres cortes bastante vertiginosos es necesario uno de estas características. La tregua dura poco y en Bombshells la batería y el bajo hacen que movamos los pies de manera incontrolable hasta llegar a un explosivo estribillo que hace pensar en en pulido y divertido directo que Kane puede exhibir durante este verano si hace uso de este tipo de temas que empiezan machacones y acaban ascendiendo para que la audiencia pierda la cabeza. A estas alturas del disco las canciones son cortas y frenéticas, y Tonight no da respiro antes de la llegada de la genial What Condition Am I In?, tan divertida como pegadiza.

Liverpool Music Week at MojoTras un nuevo descanso encaramos el final del disco con You’re Gonna Get It, rock grave de sabor americano que da la sensación de estar en una de esas interminables carreteras del desierto de Arizona con un camión lleno de altavoces que atronan la nada a base de punteos despiadados y golpes de bajo que marcan el camino. El final del tema es sencillamente demencial, vertiginoso, violento y directo, como debe acabar una buena canción de rock. La  edición estándar del disco acaba con Darkness In Our Hearts que es todavía mejor que todo lo anterior, puesto que aglutina de forma magistral todas las influencias que ha estado empleando en los 10 cortes anteriores y las hace definitivamente propias: tras dos minutos en los que parece que estamos en un tema algo cincuentero pero altamente electrificado, las guitarras empiezan a entrar punteando, poco a poco, la batería prepara y el final es una auténtica locura en la que todos los instrumentos se desmadran magnífica y aturdidoramente. Un final perfecto, aunque la edición deluxe cuenta con tres temas más que tampoco son desdeñables.

Por lo tanto estamos ante un discazo. No sé si uno de los del año, no sé si una garantía de que la carrera de este hombre seguirá por la misma senda o de qué. Pero Don’t Forget Who You Are es una delicia para el rockero europeo criado a base de britpop, además de la promesa de un directo imparable y atractivo. Envidio sinceramente a quien vaya a disfrutar de Miles Kane el mes que viene en el FIB, porque apostaría a que va a ser una de las mejores intervenciones del Benicassim de este año.

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Igloo y los vacíos atronadores

Publicado en 11 junio 2013 por

63533_description_IGLOO_ALTAGira de presentación de este disco en España:

  • 14/06/2013: A Coruña, Sala Mardigras. 8€, Entradas.
  • 21/06/2013: Pontevedra, Sala Karma.
  • 22/06/2013: Vigo, La Fábrica de Chocolate. 8€, Entradas.
  • 27/06/2013: Madrid, Costello Club. 9€, Entradas.
  • 04/04/2013: Razo, Festival Pop Up!
  • 05/07/2013: Vilagarcía de Arousa, Sala Samá Samá
  • 20/07/2013: Sarria, Sala El Bosque
  • 15-16-17/08/2013: Aranda de Duero, Festival Sonorama. Abonos 60€, Entradas.

Confieso que esperaba la llegada de este disco, El Conjunto Vacío, que es el cuarto de Igloo, tal vez no con ansiedad, pero sí con una disimulada curiosidad. La trayectoria de Igloo se me hace tremendamente atractiva, culminando en un tercer disco que, sin ser ni magistral ni descubrir nada nuevo, es emocionante, eléctrico y rezuma pasión por el propio trabajo por los cuatro costados. El pop altamente electrificado de estos gallegos, en el que la distorsión y el papel protagonista de la batería han venido siendo una constante cuyo potencial se ha ido mimando y puliendo disco tras disco es una combinación que no es ningún descubrimiento a nivel internacional, pero en una España en la que o haces noise-rock de proporciones y velocidad demencialmente enloquecidas (véase sus paisanos Triángulo de Amor Bizarro), haces pop indie interpretado por chavales con camiseta de rayas (los omnipresentes Doble Pletina son los primeros que se me vienen a la cabeza), o sencillamente haces rock, más o menos comercial; pues realmente me parece que la propuesta de gente como Havalina, Nadadora o Igloo es de las que mejor encuentran un equilibrio entre los géneros predominantes en éste nuestro país.

Ya le he pegado unas cuantas escuchas a El Conjunto Vacío y creo que empiezo a tener cierta idea de lo que quiero decir sobre él. Para empezar, creo que no me emociona tanto como su anterior trabajo, Infinito 3, que cuenta con algunas canciones, como Nanomédicos o Ausencia Parcial, cuyas progresiones casi poperas pero sepultadas bajo toneladas de ruido conectan a la perfección con mis aficiones. Pero, aunque a mi me guste más el anterior, creo, sin demasiado miedo a equivocarme, que El Conjunto Vacío es mejor disco: más homogéneo, compacto, muy serio y complejo pero que, a su vez, se pasa en un suspiro. Son muchos adjetivos para un solo álbum y si se juntan a la vez es síntoma de que estamos ante un muy buen disco. A esto hay que añadirle la buena factura e imagen que transmite el LP: un sonido contundente, muy sólido pero que permite distinguir con claridad todos los instrumentos en cada tema, a pesar de las elevadas cotas de distorsión (un buen trabajo el de dos de los miembros de la banda en la producción); un artwork muy cuidado, no solamente en la portada (una imagen ya reproducida en varios ámbitos, pero bastante poderosa), sino en la manera de presentar el CD en sí, que invita al comprador a “montar” la caja, que está diseñada para conferir una sensación de transparencia (a continuación un vídeo de instrucciones sobre cómo montarlo); y unas letras cuyas temáticas juegan, en muchos casos, con conocidas referencias cinematográficas y musicales muy queridas en la cultura popular y que hacen al oyente sonreír cuando lee los títulos.

igloo_han_soloComo se ve, son muchos los aspectos de El Conjunto Vacío que merece la pena comentar. Pero, obviamente, lo más importante han de ser siempre las canciones que lo conforman que, como se puede sospechar por lo ya dicho, no son para menos. El arranque es toda una declaración de principios: La Máquina de Fabricar Relámpagos da más protagonismo a un punteo distorsionado e incluso a la línea de bajo por encima de la voz, para alcanzar un clímax que es eso, una fábrica de relámpagos (cierta sensación de que este tema en directo puede ser tremendo) y que es extraordinario preludio del ruidoso tono en el que se va a desarrollar el disco. El potente single, Han Solo, ha captado la atención de los locutores de Radio3, que lo han emitido repetidamente en las últimas semanas, y con cierta razón: esta canción es un agradable soplo de aire fresco, aunque es de las menos ruidosas y complejas del álbum, en un panorama nacional de sonidos lastimeros y repetitivos. Han Solo transmite pasión e intensidad, aunque sus arreglos y guitarreos no sean los más espectaculares de El Conjunto Vacío.

Todos los Días Amanece aminora un poco el ritmo pero me parece un tema bello y sin demasiadas complicaciones; mientras que con Sinatra el disco vuelve a coger velocidad y se convierte en una de esas canciones que enganchan y sorprenden a partes iguales. Aquí el ruido, la línea de bajo y  los detalles bien perfilados a base de punteos distorsionados se unen para producir una ascensión rápida y atractiva. En este momento El Conjunto Vacío ya ha impuesto una marcha veloz e imparable y el siguiente corte, Halloween vs Samaín es, ni más ni menos, un temazo: más compleja que las anteriores, oscura y llena de tensiones a las que les cuesta encontrar salida. Todo quita un poco de hierro al asunto, arrojando luz sobre el transcurso del disco, con una batería casi protagonista y un estribillo ascendente y emocionante. Probablemente sea mi tema favorito del disco porque aúna hábilmente la facilidad de la escucha con la vocación ruidosa de la banda. El siguiente momento destacable es EX que, cuando ya nos estamos acercando al final del disco, se convierte en un auténtico estallido de emociones electrificadas. Tengo la sospecha de que este tema en los conciertos puede ser genial, con su explosivo ascenso hacia un estribillo pegadizo, para las noches de festival que Igloo nos darán este verano.

Quedamos pues contentos, porque ha salido un gran disco donde nos esperábamos algo cuanto menos interesante. Igloo prometen que en 2014 habrá una continuación de este trabajo, de manera que la última palabra sobre El Conjunto Vacío aún parece estar por decir. Mientras tanto, nos quedamos con la extensa agenda de conciertos que los gallegos tienen programada para este verano. Seguro que en alguna parte nos cruzaremos con ellos.

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El invierno de Ólafur Arnalds

Publicado en 07 junio 2013 por

Gira de presentación de este disco en España:cartel_olafur

  • 13/06/2013: Madrid, Teatro Reina Victoria. 18€, Entradas.
  • 14/06/2013: Barcelona, Festival Sónar. 40-175€, Entradas.

Es un genero musical complicado, lo admito, el de la electrónica a medio camino entre los paisajes bucólicos, las atmósferas tensas y los silencios luminosos. Mucha gente se agota ante las interminables sucesiones de pausas reflexivas, susurros y detalles que dibujan artistas como Bon Iver, Jonsi o quien nos ocupa hoy, el islandés Ólafur Arnalds. ¿Por qué se suele dar la casualidad de que quien compone estas melodías finas y silenciosas, llenas de delicados pliegues y cuidadosos ornamentos y que parecen pensadas para el descanso del alma, proceden de lugares fríos, blancos y helados? Aunque, también hay que decirlo, Ólafur Arnalds primero fue instrumental antes de añadir la etiqueta de la electrónica a sus producciones.

Y es que a pesar su juventud este compositor y multiinstrumentista ha publicado 4 LPs y otros tantos EPs desde que se lanzara al ruedo en 2007, y su prolífica imaginación le ha permitido navegar desde las aguas de la música instrumental, principalmente piezas para violín y piano, como alumno aventajado de Ludovico Einaudi y Michael Nyman con pinceladas aquí y allá de alguna de las bandas sonoras de Joe Hisaishi; hasta los océanos del post-rock de sus paisanos Sigur Rós o del rock indie y electrónico del gélido Bon Iver. Cierto es, eso sí, que su acercamiento a la electrónica ambiental está siendo algo más complejo, más reflexivo, calmado y silencioso que el de los dos mencionados astros, que tal vez quedan como excesivamente comerciales cuando los comparamos con la ascética y delicada forma de componer de Arnalds.

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A pesar de la evolución de su producción, en los primeros minutos del disco se aprecia que la sombra de Ludovico Einaudi es alargada, aunque no hace falta mucho, basta con llegar al segundo corte para encontrarse con el primer momento de belleza única y característica de este For Now I Am Winter. Y es que en Brim empiezan a entrar las bases de percusión y las pinceladas electrónicas para dar consistencia a la enfervorecida bandada de violines que la forman y la convierten en un pasaje emocionante. Acto seguido las emociones se calman, aparece una frágil y aflautada voz que, aunque no sobra, no emociona tanto como el silencio sobre los violines. La papilla electrónica, eso si, se va haciendo más densa, las bases rítmicas cada vez sin más sonoras aunque en A Slutter vuelven a retirarse en aras de la voz y el piano, que en este corte tejen un manto de cálidas sensaciones y melancolía persistente.

El nuevo remanso de paz al piano de Worlds Of Amber nos lleva a un pasaje en el que la complejidad de las bases y la introducción de algo de viento mental para complementar a unas cuerdas que recuerdan a los momentos más brillantes de las bandas sonoras de Hisiashi; mientras que la voz pierde su fragilidad y suena casi como la de un cantante de pop, seguro y ágil, sin arrastrar los sentimientos entre la melodía y aportando un golpe de ritmo que el disco venía necesitando desde hacía ya algunos minutos. Pero vuelve la reflexión instrumental y las melodías dulces que solamente necesitan de un piano para armarse, como el bellísimo paisaje que abre Only The Winds que nos mece a medida que va incorporando cuerdas, percusión y línea de bajo pero sin perder la desnuda delicadeza de su discurso. En mi opinión, es uno de los momentos más enternecedores del disco, más que nada por su aparente sencillez, que evoca paisajes y sensaciones con una claridad meridiana. La concesión al gran público que supone Old Skin, que es prácticamente un tema de pop que podría firmar Bon Iver sin demasiada dificultad es bella, pero no tan indiscutiblemente fascinante como los pasajes anteriores del disco. No obstante, como single de presentación del disco parece un compromiso razonable.

For Now I Am Winter es, en resumen, un trabajo hipnótico y de belleza arrebatadora que a puesto a la crítica a los pies de este joven islandés, hasta el punto de convertirlo en uno de los reclamos más jugosos del Sónar que se celebra la semana que viene. En este trabajo Arnalds parece haber conseguido superar algunos de los encorsetamientos impuestos por el género de la música instrumental, consiguiendo melodías más dinámicas en un disco que, aunque es largo, es variado y ameno.

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Rock y blues para presentar a Slick

Publicado en 04 junio 2013 por

Rock de guitarras graves y serias y estructuras de blues. Para bien o para mal, es una combinación que casi nunca falla y a la que se le pueden añadir tantas variaciones, arreglos y detalles que, haciendo lo de siempre, le puede salir a uno algo interesante. Tal vez, eso sí, el género de los altos muros de sonido levantados a guitarrazos, las bases de bajo claras y fácilmente audibles, los riffs endiablados y los pequeños golpes psicodelia que nos retrasan algunas décadas por un instante no es que más en boga está en nuestro país, donde el indie de cantantes con voz aflautada y letras tortuosas se repite allá donde mires. El rock de corte, si no clásico, sí setentero y blusero con detalles de funk y ska parece quedar reducido a un segundo plano, a bandas que están bien, como los ya mencionados en este blog The Cornelius o los Leftover Lights, pero que no consiguen la relevancia que los mencionados indies lastimeros consiguen a través de los medios generalistas.

sl02Slick es uno de esos grupos que se puso en contacto con nosotros hace algunas semanas invitándonos a escuchar Strong Enough, un EP de 6 canciones producido por miembros de The Right Ons y Mucho. Se trata de un trío (guitarra, bajo y batería) zaragozano que ha ganado varios galardones en los últimos dos años.  Strong Enough es un EP bien medido, con la ventaja de que al contar con solamente 6 temas puede permitirse ser trepidante durante toda su duración, mantener un tono homogéneo pero vibrante que sirve de extraordinaria tarjeta de presentación para este trío zaragozano. El tema que da nombre al disco que además lo abre es también el single, una canción de corte clásico, que no da descanso al oyente con una guitarra y un bajo limpísimos que dibujan una melodía trepidante que acaba llevando a un estribillo pegadizo. La pegada es indudable, la fuerza y el optimismo, también: a Strong Enough solamente le falta algo de atención por parte de alguna gran radio para colarse sin dificultad en nuestras cabecitas.

El disco continúa con la agradable y bien medida voz de Álvaro Aragüés contoneándose al ritmo del claro blues que es What Are You Waiting For?, que rápidamente se enriquece con un estupendo solo de guitarra hecho de rock setentero macizo a mitad de la canción. Destaco la voz de Álvaro no porque sea extraordinaria, sino porque en los tiempos que corren encontrar un grupo en el que el cantante no le de a uno ganas de arañar una pizarra no es del todo sencillo. La ascensión de esta segunda canción es lenta y sostenida, pero cuenta con un final bastante emocionante. Engancha con Ah Ah (Don’t Let Me Talk), tal vez el tema que introduce cierto sabor funk del disco, en el que el omnipresente Jamiroquai parece asomar su sombrero, al menos en las estrofas. Este tono se mantiene más o menos hasta que arranca el estribillo del siguiente corte, Start Again, en la que volvemos a encontrarnos con un buen solo de guitarra, que le da brillo y vuelve a captar la atención del oyente. En general, el trabajo de las cuerdas en Strong Enough es una delicia para cualquiera a quien le gusten las guitarras, más aún para quien conoce los rudimentos de dicho instrumento. La sombra de Jamiroquai vuelve a aparecer entre la alocada guitarra When The Others Had Gone, aunque también causa muy buena impresión la trepidante línea de bajo que aparece en varios pasajes de esta canción.

El cierre del EP con Shut Up suena poderoso y vuelve a la senda del rock algo más árido, prescindiendo de las bases marcadas y más fáciles de bailar, dejando sitio para una batería arrasadora que solamente se calma para un último solo de guitarra soberbio pero que deja con ganas de unos segundos  más. En resumen, una escucha agradable y un grupo a tener en cuenta por cualquiera al que le gusten el rock y las guitarras. Strong Enough es un disco bien hecho, con un sonido sólido y pulido y que esperamos poder catar dentro de no mucho en algún directo.

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Yellow Bricks presentan en directo su debut

Publicado en 29 mayo 2013 por y

Esta cosa que hoy llamamos de modo general -y muchas veces erróneamente- música indie ligada al resurgir del britpop en los noventa, tuvo en España su momento de gloria para Asturias. Eran tiempos de pioneros como Australian Blonde y compañía. Hace tanto que ya casi ni nos acordamos. De forma más local, Gijón ha sido siempre el gran hervidero de la zona, y aunque la actividad nunca ha cesado, últimamente no teníamos apariciones importantes desde allí. Hoy nos congratulamos de la venida de los Yellow Bricks, que hace poco han lanzado su primer disco, Say No Now Kids, (se puede escuchar en Spotify) y que anoche presentaron en directo en Madrid en El Intruso.

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Liderados por el gijonés Rodrigo Fáez -también locutor deportivo en el programa Rock and Gol-, los Yellow Bricks practican un pop-rock de una esencia claramente británica que deja bien a las claras cuáles son las influencias de este cuarteto. Say Now No Kids nos remite a los tiempos en los que Oasis partían el bacalao de forma muy evidente y a su alrededor surgían bandas que recogían el testigo de aquel estilo de base claramente beatleliana. El disco es un concentrado de once temas por lo general veloces, amables, de estribillos cómodos y ritmos fácilmente asumibles, aunque ojo, no siempre con ausencia de mensaje ni dosis de crítica y mala leche. En definitiva un trabajo pop en el sentido más estricto de la acepción, que puede presumir de tener un número potencial de singles bastante por encima de la media, de esos que podrían sonar bien en cualquier radio (…bueno, no en todas).

yellowbricks_sayno_frontAnoche tuvimos nuestra prueba de fuego. Veníamos de tragarnos otro conciertazo de una de esas bandas emergentes que de estar ahora mismo en los noventa estarían hasta en la sopa, los Rubick, y ellos son el perfecto ejemplo de esa atípica banda que cuando te gustan más en directo que en estudio hacen saltar las alarmas porque significa que ahí hay algo muy bueno. Mal recuerdo inmediato para un humilde redactor, que también tiene sus trampas subconscientes. Así que por mucho que un ilustre periodista deportivo como Antonio Ruiz hiciese las presentaciones,teníamos nuestras reservas. Y sin embargo el resultado fue satisfactorio. Los Yellow Bricks demostraron que, dentro de su incipiente emerger, saben lo que se hacen.

yellow_bricks02Del estudio habíamos deducido que tenían bien aprendida la lección del estilo que manejan, de sus entrevistas y comentarios teníamos claro que la dosis de arrogancia necesaria estaba presente, cosa que se confirmó desde muy pronto, y lo demás estaba por ver. Yellow Bricks tienen calidad y trabajo a sus espaldas, el inicio del concierto, barrido por The HillsI Got YouAre You Gonna Stop Me Now, y Pretty Excuses, descubrió que tienen además un guitarra solista más que solvente, Carlos, que concentrado en sus bien equipados pedales y su instrumento, aparentemente ajeno a todo lo demás, era el soporte esencial a toda la base rítmica que emergía de la batería, el bajo y la guitarra de Rodrigo.

Como en un guión ya practicado, la parte intermedia tuvo su momento para reducir velocidades y dar protagonismo a la cuerda acústica. The Box, dedicada a la “generación más preparada de nuestra historia”, vino precedida de un sentido homenaje a ese pedazo de carne con cerebro, bigote y corazón enorme llamado Manolo Preciado. Estaba claro, fútbol y Gijón eran dos vértices de un triángulo que por fuerza tenía que concluir ahí, y si no me equivoco fue un título tan adecuado como The World Doesn’t Fit To Me la que vistió las galas para la ocasión. No sabría decir si a partir de ahí fue el cansancio o los rigores del directo y lo novedoso, pero se notó un cierto bajón en la intensidad de la banda. No fue problema de los temas, ya conocíamos su potencial, pero se apreció un exceso de similitud con el trabajo de estudio y una cierta falta de atrevimiento a la hora de imponer una marcheta más potente y acorde al directo. A Chance Like This, por ejemplo, dentro de su delicadeza, lo merecía. Y no fue la única, Look Ahead también adoleció de la potencia que merece.

yellow_bricks03Sea como fuere se reservaron algunos de sus mejores temas para el final, incluyendo una canción que no está en el disco, Only The Braves, y que me perdonen si me  equivoco pero este me pareció muy sugerente a la par que desaprovechado cuando, tras su inicio acústico, y al que tras un largo rato se iban sumando batería, bajo y guitarra, esta última amagó con acabar, sin hacerlo, con una eclosión de rock psicodélico. Una lástima porque se veía venir en la progresión del tema. Let The People Feel The Rain, la canción que abre Say No Now Kids, puso el punto final a una actuación satisfactoria y con los peros normales de tan temprana ocasión para el grupo, aunque sin poder evitar reconocer que hay un ojo y una oreja que prestar a esta gente. Lástima que la voz no sea de mi pleno gusto -lo cual no quiere decir que cante mal-, pero que si tengo que agarrarme a algo, además de todo lo que ya he dicho, es que si el refresco que necesitamos viene por esta vía de renacimiento del britpop más reciente, que lo haga, pero que refresque, como prometen Yellow Bricks. Estaremos atentos.

Como siempre, os dejamos con algunas imágenes que capturamos durante el concierto, que también podéis repasar en nuestro Flickr.

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La conversación pendiente con Texas

Publicado en 28 mayo 2013 por y

Con el regreso de Texas nos ha pasado una cosa muy curiosa en el blog: el que de nosotros no los sigue, lo ha encontrado interesante y, la que es una fan del grupo desde los 14 años, no encuentra por dónde cogerlo. Son dos opiniones algo encontradas y sorprendentes pero… ¿qué piensas tu del regreso de Texas?

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Lebonloup

Mi relación con Texas se resume en esto: decepción continua. Me explico. Estos escoceses pueden presumir de haber hecho uno de los discos de debut más grandes que conozco. Sin practicar un estilo que me fascinase ni, siendo más puristas, haber roto ningún molde con Southside (1988), aquella sencilla maravilla country-rock y aquella voz que emergía de la Spiteri, se metieron en mi panteón particular desde la tierna adolescencia. Desde entonces, y pese a que sus dos siguientes trabajos no son desdeñables -pero no equiparables-, no han hecho más que ir cuesta abajo. No me voy a atrever a meterme en que si mejor o peor, pero me agarro fervientemente al aburrimiento soberano que me produce la música que desde White On Blonde (1997) han practicado

texas01Sí, estos años pasados han venido salpicados de unos cuantos temazos incluidos en esos discos. Sí, gracias a ellos lograron catapultarse en ventas, publicidad, números uno y porrones de seguidores, pero también les llevó a tocar fondo cuando una fórmula demasiado poco sólida quedó agotada. Repito, es una pura cuestión de gustos. Aunque no será la primera vez que discos mediocres son empujados a los altares gracias a 2 ó 3 singles estupendos, algo habrán hecho bien en esa etapa para cosechar tanto éxito, lo reconozco. Pero la mezcla de soul, R&B, tardo-motown, y para remate la aparición del rap bajo la firma Texas me han alejado por completo de ellos. Y ahora llega The Conversation, donde giran el rumbo, y mucho, y afortunadamente. Y aunque no es ni mucho menos un discazo, mi particular punto de vista hace que tenga que celebrar su venida.

Simplemente porque volvemos a coger la guitarra renovando su protagonismo. Porque nos volvemos a poner los tejanos -The ConversationHid The Light-, aunque a veces los adornemos de ribeteados Dolly Parton -I Need Time-. Y porque sin dejar de mirar a los sesenta -If This Isn’t RealMaybe I- e incluso los cincuenta -I Will Always- y las influencias de la música negra -BigWorld-, las elecciones son más acertadas. Además hay una considerable multitud de guiños al pop-rock ochentero de banda con chica al frente, haciendo que los fantasmillas de Crissie Hynde  o Debbie Harry -Detroit CityTalk About Love, Dry Your EyesBe True o Hearts Are Made To Stray- sobrevuelen buena parte del álbum.

Es decir, cosas que soy capaz de digerir mucho mejor, y aunque es cierto que el auténtico pulso del disco reside en sus arranques, y que poco a poco se va diluyendo, al contrario que sus predecesores, he sido capaz de escucharlo unas cuantas veces y tengo la sensación de que con algo más de tiempo va a seguir mejorando. Así que aquí estamos, celebrando que un disco normalito me haga disfrutar del retorno de Texas.

The Lost Dreamer

Mi relación con Texas se remonta a cuando yo tenía 14 años y ellos se encontraban en el momento álgido de su carrera, el del lanzamiento razonablemente existoso de The Hush (1999) tras el rotundo pelotazo que había supuesto White On Blonde (1997). Entre unas cosas y otras, la mitad de mi vida se ha pasado escuchando cuando no (per)siguiendo a la Spiteri y sus secuaces, así que se me puede considerar una fan, hasta el extremo de que, a pesar de que su fórmula quedó manifiestamente caduca con el fin del siglo pasado, mantuve el interés por sus creaciones cuando durante la pasada década los de Sharleen Spiteri sacaron dos discos muy por debajo de la calidad a la que nos tenían acostumbrados. A pesar de los vergonzantes coqueteos con el rap (el diálogo con los Wu Tang Clan solo funcionó bien una vez, y no todos los raperos son tan buenos como ellos), de la alarmante caída de calidad, del abandono definitivo del pop con guitarreo para tirar una otra vez de sintetizadores regargados;  continué comprándolos, defendiéndolos y encontrando canciones y detalles que todavía me traían buenos recuerdos del grupo que marcó mi adolescencia. Es decir, siendo consciente de que aquellos trabajos (Careful What You Wish For y Red Book) eran una sombra de lo que Texas habían sido en los 90, los acepté lo mejor que pude.

En 2005 Texas sacaron su último disco y tras una gira bastante poco exitosa, se retiraron cada uno para poner en marcha sus proyectos personales. En mi opinión, fue un buen movimiento: Sharleen Spiteri publicó un disco en solitario en 2008 titulado Melody que, aunque en estos lares tuvo escasa repercusión, la subía hábilmente al carro del revival setentero que en aquel momento Amy Winehouse y Duffy estaban poniendo de moda en las Islas Británicas. Sí, no lo vamos a negar, la Spiteri se subió al carro con todas las letras, pero lo hizo bien. O al menos hasta que un par de años después publicó un segundo disco de versiones de temas del cine clásico al que si lo califico como “prescindible” le estoy haciendo un favor. El otro tercio de Texas, Ally, tuvo serios problemas de salud durante estos años, aunque se recuperó, felizmente, y ahora tiene una banda de folk deliciosa llamada Red Sky July en la que él toca la guitarra y su esposa y su cuñada ponen las voces. Su primer y único disco es una pura delicia para cualquiera al que le guste el country. No me acaba de quedar claro hasta qué punto se ha involucrado en este regreso.

texas02

El caso es que con el background folkie que ha desarrollado Ally, el cambio de discográfica (se han pasado al sello independiente Pias) y el sabor arenoso y diferente, pero con una pegada madura y tranquila que escuchamos en los primeros adelantos (The Conversation me parece una canción francamente buena, bien armada y con una forma curiosa de pegarse en la cabeza y meterte el su marcado ritmo en los pies), me esperaba que en The Conversation Texas se subieran al carro del folkie que recorre las Islas Británicas de punta a punta. Es decir, que subirse a un carro puede no ser el colmo de la originalidad, pero dado que el estilo me gusta y que el grupo es, en realidad, uno de los de mi vida, pues pensé que la fórmula me podría valer. Así que cuando escuché The Conversation por primera vez esperándome algo relacionado con la enésima vuelta a la moda de los Mumford and Sons pero con la cálida voz de la Spiteri para envolverme cual mantita, me llevé un chasco considerable, por no decir que a la tercera canción ya me estaba tirando de los pelos.

De igual modo también he de reconocer que con las sucesivas escuchas, el mal sabor de boca se ha ido disipando y el disco ya no me parece tan rematadamente prescindible como la primera vez que lo puse: se me va acomodando y hasta gustando. El problema es que un álbum que se supone que es de “música ligera” no puede requerir de ocho escuchas para que una fan convencida empiece a tragar con él. Y el problema no es que hayan cambiado y se hayan puesto a hacer post-rock experimental: mi problema es que, básicamente, salvo momentos puntuales, The Conversation aburre a las ovejas. A ver, que es cierto que las influencias son ricas, se aprecian y se agradecen, más aún cuando se han despegado de los raperillos y los sintetizadores machacones (excelente noticia esta), pero es que un disco no funciona solamente a base de eso: ¿de qué sirve que los 50 asomen la nariz en I Will Always o Be True (no es novedoso, es más, suenan a descartes del disco en solitario de la Spiteri) o que el aire del desierto parezca soplarte un poco en la cara en Dry Your Eyes si todo ello sucede sin producirte la más mínima emoción? De poco sirve tener una colección de canciones que una a una son más o menos aceptables o, al menos, tiernas, cuando si las pones una detrás de otra suenan indistinguibles. No hay garra, no hay brío, no hay fuerza.

El único momento en el que The Conversation me emociona sinceramente es en el cuarto corte, Detroit City, (¿por qué no fue primer single?), que es puro pop con un regustillo tenue de rock trepidante del que Texas siempre han sabido manejar hábilmente la receta, rebosa pegada y fuerza. No me esperaba que todo el disco fuera así, pero es que es un momento puntual que no se repite salvo si acaso en Talk About Love , que es un tema marca de la casa, tanto que me hace preguntar si no será un descarte del Red Book porque tiene un juego de guitarras idéntico al que usaron recurrentemente por aquel entonces. Después de ese tema nos adentramos en una especie de charco fangoso de temas que, de verdad, es que pasan por mi cabeza sin que sea capaz de prestarles la menor atención. A veces oigo cosas que me suenan al disco en solitario de la Spiteri pero la mayor parte del tiempo escucho cosas tan sosas que desearía que no fuera Texas lo que oigo. Y esa es la impresión que me queda: sopor, aburrimiento y algo de tristeza porque francamente no me esperaba algo de más calidad, pero sí que esperaba algo que me hiciera un poco más feliz.

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Los interminables equilibrios de Primal Scream

Publicado en 22 mayo 2013 por

Gira de presentación de este disco en España:

  • 19/08/13: Festival Internacional de Benicassim. 70-163€, Entradas.

Tengo que admitirlo: esperaba mucho. Hace ya meses, cuando escuché por primera vez 2013 empecé a desarrollar unas ganas terribles de agarrar el More Light por banda. Su tan excesivo como frenético minutaje me atraparon, con sus oleadas de psicodelia para hipnotizarme de manera casi infantil. Ello, sumado al fascinante videoclip que acompañaba al tema, lleno de sugerentes ideas, imágenes perturbadoras y una atmósfera de sueño e irrealidad que casaban a la perfección con el demente ritmo de la canción, puso el listón muy alto. Para cuando Bobby Gillespie se desgañita con lo de “Equalise, normalise, santatise we’re all alive” una servidora ya tiene puestas las bragas en la cabeza. Para redondear la jugada el segundo adelanto del álbum fue It’s Allright, It’s OK, pura autorreferencia a su faceta de rock de corte más clásico y americano que tantas alegrías les y nos ha dado, siendo Country Girl o Movin’ On Up dos de los exponentes más brillantes de esta habilidad suya para lo canónico. Me esperaba uno de los discos de año.

Supongo que por eso cuando por fin pude escucharlo por primera vez y mi euforia tras el 2013 inicial tuvo que chocar con el sórdido misticismo de River Of Pain, corte cuya atmósfera nos sitúa en una película de los años 70 en la que la psicodelia ha cristalizado en tedio pastoso. Ojo, no digo que la canción sea ni tediosa ni pastosa: lo que digo es que nos traslada a una época y lugar no solo muy diferentes de la nuestra sino que también muy alejados de los que han construido con maestría en el tema anterior. Pero el caso es que 2013 ya ha consumido 9 minutos y este segundo tema supera los 7: los trece cortes de More Light levantan más de una hora y son pocos los que duran menos de 4 minutos. De modo que con More Light me está pasando una cosa muy curiosa: el disco entero me da una pereza infinita, pero a casi todos los temas, si los escucho de uno en uno, les saco mucha miga y bastantes cosas buenas. Piezas que individualmente funcionan muy bien pero que en el conjunto no acaban de cuajar. Puede que sea que, sencillamente, Primal Scream siempre haya sido una banda más de canciones que de discos, salvando obras maestras como el Scremadelica (1991) o el XTRMNTR (2000).

En fin, que como decía, para cuando llegamos a Culturecide a mi ya me parece que debemos ir por la mitad del disco y no, ni de coña, quedan 11. Pero es que de nuevo, si nos olvidamos de lo que viene antes y de lo que va después, se trata de un tema poderoso, con una letra más que certera y adecuada dada la realidad social en la que vivimos en Europa, que viene acompañada de una inagotable ristra de declaraciones incendiarias por parte de Bobby a cualquiera que le pregunta algo. En Hit Void lo mismo, aunque el ritmo se nos atolondra y se nos vuelve frenético para acabar en un solo de saxo completamente desenfrenado que, tal vez, empiece a parecer un arreglo demasiado barroco en un disco que, como he dicho, ya se va haciendo largo. Y claro, este equilibrio entre lo bueno y lo excesivo es demasiado precario: en Tenement Kid el tempo se frena demasidado, no suena a nada nuevo ni especialmente brillante, y se rompe el hechizo.

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El caso es que al rato (uno nunca tiene del todo claro cómo pasa el tiempo cuando está oyendo este disco), una trompeta y un estribillo que suena casi a sintonía de concurso de la tele vuelve a cazar el hilo de nuestra atención, y más a base de cierto toque para lo pegadizo y lo facilón que para lo verdaderamente sorprendente. Invisible City va enganchando otra vez, aunque de nuevo peca de una longitud excesiva, dejando en esta ocasión tiempo para un solo de bajo que es más adorno que otra cosa. En los siguientes minutos la influencia del gospel, la psicodelia, las pinceladas de jazz y la complejidad de algunas de las letras van haciendo más y más densa la maraña que es More Light: Goodbye Johnny o Elimination Blues son temas poderosos, complejos, ante todo, muy trabajados, muy pulidos. Se nota la ingente cantidad de trabajo que los Primal han volcado en todos los temas del disco, pero ellos no se dan cuenta de lo difícil que es abordar una obra tan mastodóntica por parte del común de los mortales, que no ha estado involucrado en su creación.

Así que uno se encuentra navegando un poco a la deriva entre la genialidad o el narcisismo de los de Glasgow para encontrarse estruendos de brillantez, como la demente ascensión de Turn Each Other Inside Out o la excesiva, recargada pero fascinante y adictiva cadencia con la que se arrastra Relativity en sus primeros minutos, aunque acabe convirtiéndose en un tostón interminable. Los últimos compases del disco, eso sí, brillan sin duda: Walking With The Beast devuelve a una senda de rock de sabor americano y acústico, con un tempo sosegado y emocionante para que It’s Alright, It’s OK retome el testigo de los Primal más añejos, recordándonos que debajo de todas esas bases sintéticas, esos arreglos psicodélicos y esos solos interminables, sigue quedando algo de la gente que compuso el Screamadelica.

En resumen: no, More Light no entra a la primera. Puede que tampoco a la segunda ni a la octava. Es más, es posible que el disco no funcione para una gran parte de la población mundial, entre la que me incluyo. Pero tiene tantas cosas buenas, interesantes, curradas y bien pulidas dentro que hay que escucharlo, hay que dedicarle tiempo para disfrutar todos esos detalles en los que Primal Scream se han esmerado, da la impresión, de que hasta la obsesión. Es un disco duro y puede que no pase a la Historia, pero tampoco es intrascendente, ni mucho menos. Viene a demostrar que los Primal no solo siguen en estado de gracia en directo, sino que han armado una obra compleja a la que cierto, le sobran cosas (minutos es la primera que se me viene a la mente), pero que aporta muchas más. Un gran acierto el del Benicàssim de este año, que los lleva como flamantes cabezas de cartel: no decepcionarán. Eso seguro.

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Lo han vuelto a hacer

Publicado en 21 mayo 2013 por y

Gira de presentación de este disco en España:

  • 20/11/13: Madrid, Palacio Vistalegre. 38€, Entradas.

Este es el post que queríamos escribir desde antes de poner en marcha bSides: el de la reseña del sexto disco de The National. Y, como no puede ser menos, se impone escribirlo a cuatro manos, como es tradición cuando una de nuestras bandas de cabecera lanza algo nuevo. Y, señoras y señores: la ocasión lo merece.

Lebonloup

Cuando comencé a escuchar los adelantos del ansiado nuevo disco de The National imaginé un título para el post correspondiente que rezase “lo han vuelto a hacer”. Aquellos primeros temas tenían tan buena pinta que empecé a prepararme para otro disco al nivel de High Violet o cuando menos al de The Boxer, aquel fantástico LP con el que me enganché a esta banda. Ahora que todo ha sido digerido, tengo mis dudas. No sé si está a la misma altura o es mejor. Conversando con thelostdreamer conveníamos en que The National es una banda que entra despacito, a dosis, igual que sus discos, hasta que te infecta del todo. Digamos que son como uno de esos ciclistas de fondo, no explosivos, que no hacen nada de cara a la galería, pero que siempre están ahí, imponiendo una marcheta que nunca falla. Trouble Will Find ha entrado a una velocidad mayor de lo que creía, de modo que ante el miedo a que sea la ansiedad que tenía por escucharlo, lo tomaremos con cautela, pero lo que tengo muy claro es que es otro disco de una factura impecable y una belleza arrebatadora.

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Me cuesta encontrar ese giro anunciado. Trouble Will Find Me podría ser el tercer capítulo de una trilogía que lo enlazase con los dos trabajos anteriores. Carece, en bloque, de los momentos álgidos de High Violet, tan presentes en casi todo él, pero su sección rítmica y los engarces de la melodías son muy ligables. Por supuesto, cuando la tensión crece (DemonsSea Of LoveGraceless), las conexiones son mucho más evidentes. Hay arreglos que permiten encontrar novedades puntuales, y la parte final tiende hacia un devaneo con el slowcore, pero hay algunos pequeños detalles en los que reside la fuerza de The National, que son los que funcionan y los hacen especiales, y que no encuentro motivo para cambiar. Ellos parecen tenerlo claro, y no lo han hecho.

Por un lado la percusión, repetitiva y machacona, y el acompañamiento que le hacen otros instrumentos. Sigue siendo muy básica pero a la vez una clara marca de la casa. De otro, el punto clave, el señor Berninger. Su voz aquí se nos diluye a veces hasta en falsetes, sigue siendo tan personal y emocionante como siempre, y continúa encajando como un guante en las melodías, las cuales en ocasiones están por encima de los estribillos, transmitiendo el tono necesario para esas letras tan cuidadas y trascendentes en su acierto intencional. Son para mi los elementos que convierten un disco de The National en pura belleza sonora, y si a eso lo reducimos la respuesta es que sí, lo han vuelto a hacer. La vida no ha cambiado tanto en Trouble Will Find Me.

The Lost Dreamer

La expectación era demasiada, me temo. Cuando por fin se filtró, miraba la barrita de descarga como en los tiempos del Napster y contaba los segundos para poder escucharlo: y al final, ahí estaba. Trece canciones, 55 minutos. Un disco largo que, en un primer momento, devoré como quien sale del gimnasio tras dos días sin comer. Las ansias, me podían las ansias. Y ni The National ni Trouble Will Find Me son para escucharlos con ansias. Porque si vas con ansias te encuentras con un muro pastoso, de repente estás empapado en nosequé gelatina de sonidos que se mueve a un ritmo mucho más lento al que va tu cabeza. No, para escucharlo hay que cambiar el chip. Y ojo, que esto ya me sucedió la primera vez que escuché High Violet (2010). Y miren, yo no sé cuál es mejor: esto es cómo cuando te preguntaban si querías más a papá o a mamá.

Lo que está claro es que a quien le guste High Violet, este disco le entusiarmará porque es un más de lo mismo, si nos ponemos duros, la confirmación de que los tiempos de los desgarrados y atronadores hitazos del Alligator o las dolorosas sacudidas del Sad Songs For Dirty Lovers se alejan para no volver. Son los The National de la intimidad del hogar, de la herida sorda, del llanto silencioso los que han venido para quedarse. Y no lo digo porque me queje: es solamente la constatación de un hecho.

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Hasta aquí mi dureza. Porque tampoco soy capaz de ser dura con The National. O no al menos durante más de 5 minutos seguidos, y menos ahora que van a venir a Madrid por primera vez a tocar en directo. Salvando tal vez el de Bowie, Trouble Will Find Me es y me parece el disco del año, sin más vueltas. Ese arranque, viento-madera, leve guitarra rasgueo de acústica, y ese Berninger que repite sin parar “You should know me better than that” hasta que el estribillo estalla con sólida delicadeza que pone los pelos de punta: I should live in salt, dice Berninger. Y a mi ya me tiene rendida. No han pasado ni dos minutos y ya soy suya. Qué le voy a hacer: soy una chica fácil.

El resto es ley de vida: el mejor catálogo de graves del que dispone Berninger se expone en Demons mientras notamos cómo el disco va cogiendo ritmo. Y seguimos acelerando, dentro siempre de unos límites muy precisos, aunque en Don’t Swallow The Cap es la batería quien la que lidera la canción y un frenazo en seco: la primera vez que me encontré con Fireproof ahí puesta, en el cuarto corte del disco me resultó un engorro: yo corría demasiado rápido ese día, como ya he dicho. Ahora ya se ha convertido en uno de esos temas de The National, que me mecen, me arrullan como a una niña con su conmovedor arpegio y su letra. Y después, Sea Of Love: la canción sobre la que me da la impresión de que pivota el proyecto, la que cuando escuchamos por primera vez en su no menos genial videoclip todos dijimos sin dar cuartel a la duda “Es esta”.

Tras esto entramos en un nuevo parón de carácter algo más reflexivo que se resuelve con la que para mi se está convirtiendo en una de mis canciones favoritas de The National: Graceless, en la que vuelven a demostrar su habilidad para la pegada, para hacer que lo difícil parezca un juego de niños. Y el resto se desarrolla en un tono que ya conocemos: muchos momentos que recuerdan a The Boxer claramente, y las emociones, que se van tomando a sorbos muy pequeñitos y con un nuevo momento de brillo desmedido en I Need My Girl.

The National habían prometido un gran cambio para este nuevo disco. Yo soy muy fan de los cambios. Pero no hay cambio: todo sigue igual. Es la calidez de la casa de nuestros padres, de nuestra cama de toda la vida, de las zapatillas que no tiramos nunca por muy rotas que estén porque son las que mejor se ajustan a nosotros. Por una vez agradezco que no haya habido cambio porque me encanta lo que hacen. Tienen tiempo de sobra para reinventarse, estoy segura, pero este “cinco minutitos más” que es Trouble Will Find Me en esta etapa de la carrera de The National es dulce y es maravilloso. A pesar del reguero de sangre que queda, como siempre, cuando acabamos de escuchar el disco y miramos hacia atrás. Da igual: ya estamos acostumbrados.

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La canción y el hogar

Publicado en 17 mayo 2013 por

Gira de presentación de este disco en España:

  • 17/05/13: Madrid, home show cuyo emplazamiento está por decidir.
  • 18/05/13: Madrid, Fotomatón, 6€.

Canciones que hacen hogares. De esas para escuchar cubiertos con una manta mientras miramos una chimenea, una ventana o una lavadora dando vueltas con una copa de algo bien fuerte en la mano. De esas que acabamos escuchando cuando no queremos oír nada. Música que no alegra el alma, pero que al menos da un poco de calor al corazón. Como el alcohol, que ni alimenta ni lo arregla, pero al menos alivia el frío. Ah, pero hay una ventaja: no hay resaca, o al menos no hay dolor de cabeza ni lengua pastosa. Aunque, acaso, el calor producto de quemar recuerdos, oníricos paisajes de la juventud y de la infancia, escenas campestres en las que la felicidad tenía los colores de un álbum de cromos, corre riesgo de acabar convirtiéndose en un poso más de amargura.

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Más o menos eso es lo que uno puede esperarse del There Is A Home For You del cantautor belga Lieven Scheerlinck, que se hace llamar A Singer Of Songs y reside en Barcelona: un compendio de lamentos susurrados, hijos del idilio entre una guitarra eléctrica que distorsiona, araña, se clava y duele; y una acústica que dibuja arpegios de folk, que se arrastra por las melodías como muchos hacemos por la vida, doliendo a cada paso. A veces, una dulce voz femenina para poner un contrapunto. En estos momentos tiende a acordarse uno del británico Damien Rice, aunque es obvio que Lieven, o bien carece del sentido de la épica efectista del londinense, o bien sencillamente no está interesado en los lamentos desgarrados y feroces, sino que prefiere quedarse en la orilla, calando poco a poco con una cadencia que hace que uno se vaya relajando con la escucha.

Hay sorpresas, tampoco creemos que todo va a ser sosegado reposo: ya desde el segundo tema, Silent Soldiers, Scheerlinck deja claro que sabe arrancarle angustiosas tensiones a los quejidos de su eléctrica para volver a dejar asomar a esta faceta cuando llega a Kindess Kills, que brilla por su hábil manejo de los tiempos. Tal vez el equilibrio más acertado entre la delicadeza y la rabia la alcanza en Ruins Of You, que vuelve a la senda de de la manta y hacerse una bola en alguna esquina de la casa mientras el alcohol empieza a hacernos efecto. There Is A Home For You se va haciendo cada vez más tenue a medida que Into The Storm avanza y para cuando termina no tenemos claro cuánto tiempo hace que estamos mirando la pared en silencio. Una cosa está clara: estamos más serenos, tranquilos y reconfortados que al principio. Y eso sienta bien.

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