Segundo capítulo de nuestro periplo histórico de singles. En 1997 el britpop y lo indie, ya despojado de etiqueta con significado claro y ampliada a subcultura general, imponía su ley. Bien es cierto que los abanderados de la primera ola daban muestras de empezar a variar, Blur y Pulp hacia otras cosas menos esterotipadas, y Oasis hacia un cierto declive en su inspiración. Sin embargo gente como Suede lanzaban su pelotazo más comercial, Supergrass o los Charlatans seguían en la brecha, The Verve estaban hasta en la sopa y aparecían unos tal Placebo. Desmarcándose de la ortodoxia Portishead nos dejaban boquiabiertos por segunda vez, con disco de estudio y directo orquestal épico a todo lujo, poniendo los pelos de punta con su particular versión del sonido Bristol. Grandes nombres de la década anterior reivindicaban su existencia como Morrissey, Echo & The Bunnymen o Depeche Mode, e incluso James prolongaban su segunda juventud sin saber que les quedaban años de baños de masas. El año del retorno triunfal (y novedoso) de Texas o de los primeros pasos de unos chavales llamados Travis, además de la confirmación de inspiración de Björk. Lo realmente importante de este año es la expansión de la música electrónica a todos los públicos en sus diversas vertientes y sub-etiquetas. Fue el gran año de los Chemical Brothers y Prodigy como los auténticos jefes de la fiesta y las carpas festivaleras, con acompañantes de lujo como Daft Punk, Propellerheads o Primal Scream. Y como gran hito del año el que Radiohead lanzase el disco que marcó los tiempos venideros: OK Computer. Bienvenidos a 1997, el año que en vimos como el FIB se convertía en poco menos que un monzón.
Aquí van diez extracciones de aquel año, tanto en Youtube como en Spotify.
1. Bitter Sweet Simphony (The Verve)
2. All Mine (Portishead)
3. Cold Seed (Tiamat)
4. Karma Police (Radiohead)
5. The Private Psychedelic Reel (The Chemical Brothers)
Vaya por delante una pequeña explicación para aquellos a los que el nombre de Clan Of Xymox les suene a chino. Son una banda holandesa nacida en los ochenta a la sombra del darkwave británico y que, pese a no quitarse nunca el sambenito de ser comparados constantemente con aquellos gigantes a los que se suponía emulaban, su constancia, su evolución, y su extensa productividad (a veces es cierto que de cara a la galería en forma de remezclas, directos y recopilatorios), les debe hacer merecedores de ser considerados como una de las bandas más importantes de la historia del rock gótico y sus variantes electrónicas. De modo que no estamos ante unos desconocidos ni unos mediocres, razón de más para quedarse muy sorprendidos, para mal, con Kindred Spirits.
Es un álbum de versiones. Vale, no pasa nada. La selección de canciones es en ocasiones vergonzosamente poco original, ya que escogen temas manidos hasta el infinito o que son tan evidentes y tan emblemáticos que no encuentro razón para volver a darles otra vuelta de tuerca. Pero de acuerdo, esto por sí solo tampoco tiene por qué ser malo. Podrían haber hecho una maravilla revisando esos clásicos y hacer que lo de la evidencia resultase anecdótico. Pero amigos, después de escuchar varias veces el disco (llevo con él desde que salió el 9 de octubre) sigo sin salir de mi asombro. Miremos una a una las once perpetraciones de Kindred Spirits.
1. Venus
Originalmente fue un pelotazo del año 70 de Shocking Blue, compatriotas holandeses que triunfaron entre su buen hacer y el escote de Mariska Veres (quién la vio y quién la ve). Muchos tendrán más fresco el recuerdo de lo que Bananarama hizo con este tema durante los ochenta (sin comentarios). Bien, como arranque no está mal, resulta hasta un guiño gracioso la elección de esta canción, que pasada por los sintetizadores machacones e industriales de la banda de Ronny Moorings y su cavernosa voz, no queda del todo mal como inicio si no te la tomas muy en serio.
2. Alice
Así de rápido, al segundo tema, empiezo a fruncir el ceño. Sería fácil aducir que a una canción perfecta no hay que hacerle nada. Falso, siempre puede haber un punto de vista distinto, aunque sea una voz diferente, una velocidad distinta, unos instrumentos opuestos a los originales. Pero no, en este caso parece que los Xymox reconocen que el tema de los Sisters of Mercy es una canción a la que no hay que hacerle nada nuevo. Tal es así que, a su manera, está clavada al original, hasta el gritito final de Andrew Eldritch. ¿Para qué? Si lo que quieres es reconocer lo mucho que te gusta limítate a tocarla en directo en plan homenaje, pero a reproducirla exactamente igual no le veo ningún sentido.
3. Is Vic There?
Esta se la deben a los ingleses Department S, los cuales debutaron en 1980 con este primer single, una de esas muchas joyitas que dieron en la Gran Bretaña los años posteriores a la eclosión del punk. Aún quedándome mil veces con el original debo reconocer que aquí los Xymox no están del todo mal, sacan su famosa combinación de ritmos duros de sintetizador mezclados con bajo y riffs de guitarra, pero suenan excesivamente a sí mismos y a la postre no consiguen aportar demasiado al tema original, su cuerpo es básicamente el mismo.
4. A Forest
Cuando vi que incluían este tema de The Cure me enfadé bastante. ¿Acaso no tiene la banda de Robert Smith un repertorio lo suficientemente kilométrico como para ir a escoger uno de sus temas más emblemáticos, que ya de por sí ellos mismos han revisado un montón de veces y que otras bandas la han versionado otras tantas? Si resulta que quien la escoge es, por ejemplo, Russian Red, me puedo caer de culo de la sorpresa, pero haciéndolo unos tipos que se supone están metidos hasta las cejas en la onda oscura lo mínimo que se les puede pedir es un poco más de sutileza a la hora de escoger un tema de los Cure. En cualquier caso, aunque la voz impostada a veces da risa, y aunque tampoco se salga del guión sí que es capaz de, brevemente, sorprender con la introducción de una sección de teclado novedosa bastante aceptable.
5. Something I Can Never Have
Tenía que salir algo de Nine Inch Nails, lógico que Trent Reznor pasase por el filtro de Clan of Xymox. ¿He dicho filtro? Bueno, no voy a decir fotocopiadora, pero el filtro hace bien poquito. Se limita a subir el tono del piano base, dándole un pelín más de ritmo, elimina algunos de los arreglos ambientales del original y, ni de lejos, Moorings alcanza la expresividad de Reznor a la hora de cantarla. Intrascendente.
6. Red Light
Otro disparo en la rodilla. De nuevo parece que el uso de maquinitas puede bastar para hacer un tema distinto, y esta vez si que se nota un cierto esfuerzo, pero insuficiente. La reconocible canción de Siouxsie and The Banshees por sus inconfundibles “clicks” rítmicos de cámara fotográfica es bajada a un runrún de misa negra que es insustancial, no se tiene la delicadeza de no caer en lo obvio y no poner una voz femenina, que además suena a ultratumba, haciendo de la canción, hipnótica en su original, un aburrido trámite.
7. Decades
Otro gigante que aparece, Joy Division, y esta vez si que logran sorprenderme en la elección. Visto lo visto esperaba Love Will Tear Us Apart, pero se van a uno de los temas más minimalistas, abrasadores y oscuros de la banda de Ian Curtis. Y ahora si que no tengo demasiados peros. Decades es un tema tan duro, tan desesperado y con esa increíble capacidad para atraparte en su monotonía, que era mejor no tocarlo mucho, y estoy de acuerdo. Cada nota arranca una lágrima y cada palabra duele, y aunque prefiera que sea Curtis el que me haga llorar, la respetan y no la destrozan, hasta la hacen un pelín más fría. Sin esforzarse demasiado consiguen lo mejor del disco.
8. Heroes
David Bowie, seguimos con los inevitables. Y de nuevo un clasicazo, que aunque empieza con un aire pop ochentero que puede prometer, pronto se queda sin fondo, sin alma, sin sustancia, sin ganas y sin sal para ir apagándose como una cerilla. Un mero trámite y de pronto me viene a la mente lo que hizo Oasis con este tema o un españolito llamado Eduardo Benavente, cambiando el idioma y todo.
9. A Question Of Time
Otra obviedad. El sonido de los Depeche Mode del 86 encaja como un guante en los parámetros de Clan Of Xymox, y el de este tema en concreto muy especialmente. Y una vez más nos vuelven a ofrecer un tema vacío de novedad, es más, me parece que es mucho peor que el original, que ya es difícil si no alteras un ápice las líneas maestras de la canción.
10. Creep
Y dado que rara es la banda que en los últimos veinte años no ha citado a Radiohead en alabanza de algún tipo, también tenían que aparecer. Y con la de temas que tienen, como si fueran un aficionado que se conoce las dos o tres canciones ultrafamosas, eligen Creep. Es con diferencia lo peor del disco. Literalmente da risa, y no quiero decir más. Comprobad vosotros mismos. A mi juicio es una de las mayores aberraciones que he escuchado en años.
11. Blue Monday
Si quedaba algo que rematar era esto, otro grande que no podía faltar; New Order, otro megaclásico por ir a lo fácil; Blue Monday, que además también ha visto tropecientas revisiones hasta de sus propios autores, y de nuevo otra gran sensación de haberlo hecho a desgana o con malas y muchas prisas. El resultado es una pieza bastante desangelada. Al menos no alargan su duración a los siete minutos y pico del original.
En definitiva una gran decepción proveniente de un grupo al que le tengo mucha estima. Probablemente alguien muy fan de Clan Of Xymox será capaz de verlo con unos ojos más benevolentes, pero yo únicamente recomiendo Kindred Spirits como ejercicio de mal ejemplo de disco de versiones. ¿Era necesario empañar así la trayectoria de esta banda?
Tengo una mala noticia. Una de esas que nos hacen sentir viejos. Hoy se cumplen 10 años de la publicación del A Rush Of Blood To The Head, de Coldplay (¡ouch!). Cuando hace unos días Lebonloup y yo estábamos repartiéndonos los aniversarios que se avecinaban y le comenté que esta semana caía el del segundo disco de Coldplay y que podía encargarme yo, alzó una ceja, se me quedó mirando y preguntó “¿Pero te gusta ese disco o lo vas a poner a parir? Porque si lo vas a poner a parir ya lo hago yo…” Se le olvidó añadir “… no nos vayan a quemar el blog”. Pero no. A Rush Of Blood To The Headme gusta. ¿A quién no iba a gustarle? … … … Bueno vale, a mucha gente. Pero a otra tanta le encanta. Lo que parece claro es que 10 años parece una distancia razonable para analizar qué significó este álbum, especialmente para la música de la pasada década.
Y es que en nuestra afición por hablar de los discos que nos gustan en los aniversarios de su publicación, me ha llevado a darme cuenta de que en un corto periodo de tiempo vamos a dar con el décimo cumpleaños de varios discos que, cada uno en un estilo, marcaron o iniciaron formas de hacer y ver la música de la década pasada: la semana pasada, el primero de Interpol; ésta, el segundo de Coldplay; la semana que viene, el primero de The Music y, en octubre, el () de Sigur Rós (ya hablaremos de éstos cuando toquen). El caso es que se pone uno a mirar la música que se publicó en otoño de 2002 y empieza a comprender ligeramente por dónde fueron los tiros la pasada década y, si me apuras, por dónde están yendo en la presente. En fin, que me desvío. Vamos al tema: Coldgay. Digo Coldplay.
¿Qué no pensarán los británicos de este disco, que hasta convirtieron su portada en sello?
No sería cierto decir que A Rush… fue el disco que consagró a la banda de Chris Martin: desde que la solitaria guitarra acústica que abre Yellow sonara por primera vez en una radio británica, dos años atrás, Coldplay se convirtieron en los caballeros blancos de la música en el Viejo Continente. Estaban, literalmente, en todas partes y con solamente un disco su caché en directo ya estaba por las nubes. Es natural que, por lo tanto, la expectación ante su segundo trabajo fuera inmensa. Además, era un momento convulso: recordad, hacía un año de la caída de las Torres Gemelas, el mundo vivía en un ataque de pánico constante. Nueva York se había convertido en un sitio diferente. Y esto se notaba, sí señor (véase como bien mencionaba la semana pasada Lebonloup lo convulso del panorama en aquél momento, que dio lugar a Interpol, The Strokes o The National, por poner tres ejemplos bien conocidos) en la música que se hacía. El A Rush… no fue ni de lejos una excepción: Martin confesó que el 11 de Septiembre les había afectado profundamente durante el proceso creativo, que dio lugar a un álbum mucho más eléctrico que el Parachutes (2000).
Contra lo que cabría esperar, la crítica especializada estadounidense recibió A Rush Of Blood To The Head con frialdad (Pitchfork le dio un 5 raspado), pero en Europa y en la mayoría de medios mainstream arrasaron: un 9 en NME, 4 estrellas en The Guardian… En Inglaterra se consagraron como los dioses que todavía hoy son. En Europa devolvieron los sonidos británicos a todos los top-tens. En América se les empezó a escuchar. A Rush… no los consagró, pero confirmó y afianzó lo que ya habían conseguido con Parachutes: hacer que la década de los 2000′ sonara a ellos. Nos gusten (y especialmente, nos guste en lo que se han convertido) o no.
Pero… ¿cómo consiguió Coldplay tanto éxito? ¿Cómo consiguió poner a crítica y público tan de acuerdo? ¿Cómo consiguieron triunfar donde Travis había fracasado a pesar de haber rendido a la crítica a sus pies (¡dos veces seguidas!) y de ser, indudablemente, mejores músicos que ellos? ¿Qué tenían? Porque no eran mejores que muchas bandas británicas del momento. No eran mejores que Travis, Ocean Colour Scene, Kent o The Verve. Entonces, ¿por qué? Yo tengo una teoría: Coldplay hicieron asequible lo difícil. Travis, Radiohead… sacaban discos cojonudos a finales de los 90, pero comprenderlos no estaba al alcance de todos los oídos. En cambio A Rush Of Blood… es un disco que parece muy serio, muy trabajado, muy bien hecho, muy melancólico (casi todos los buenos adjetivos que se le daban a los discos que Radiohead sacaba por aquél entonces, por ejemplo) pero, sobre todo, muy muy muy fácil de oír. No necesitabas sentarte y reflexionar sobre el discurso del disco, como podría suceder con The Invisible Band (1999) de Travis; pero tampoco era el rock por rock de Ocean Colour Scene.
Por aquella época yo era (muy) joven y (muy) inocente y, aunque sabía poco de música (lo digo en serio, menos que ahora, si cabe) iba por el mundo diciendo que me gustaban más Travis que Coldplay, para vergüenza de quienes eran por entonces mis amigos. En una de aquellas uno de ellos zanjó la conversación soltando ‘Tienes razón en que Travis son mejores músicos y compositores, pero Coldplay son mejor grupo”. Acabáramos. Lo que quería decir es que Coldplay eran mejor producto. Y, probablemente, que eran más guapos que los oscuros escoceses atormentados por los días de lluvia. Pero es cierto: Coldplay habían conseguido llevarse a la gente de calle y, de paso, hacerles creer que estaban escuchando la culminación de la complejidad y la calidad musical. ¿Cómo? Portada intimista, melancolía, pianos y, ante todo, una todos los medios de comunicación del Reino Unido a sus pies, bombardeando sin parar con lo buenos y lo guapos que eran.
Ojo: no estoy diciendo que A Rush… esté exento de calidad: el arranque del disco con esa barbaridad que es Politik (si esa canción me gustaba, cuando la vi en directo hace un año me reconcilié un poco con esta gente) todavía 10 años después me pone los pelos de punta; si The Scientist no estuviera tan quemada todavía haría que se me saltaran las lágrimas de cuando en cuando. Clocks no era un mal tema, construido en torno a un solo de piano que hoy conocen hasta en los lactantes, pero entre lo que se ha repetido y que nunca entendí bien qué transmitía la canción, siempre se me hizo la más tediosa del disco.
Aunque si hay una con un lugar realmente especial en mi corazón es Green Eyes, una de las menos conocidas y apreciadas del disco. Curiosamente es de las menos efectistas y de las que más recuerdan al Parachutes, dejando la voz de Martin casi despojada de artificios, emocionando sin complicarse. Por algún motivo la escuché hasta la saciedad al final de mi adolescencia. A Warning Sign no consigue que mantenga la atención tan exitosamente, pero tras un nuevo arrebato de violencia con A Wishper, la cosa acaba de una manera que me encanta: antes de que Chris Martin y su piano fueran la patética parodia que son hoy, Amsterdam todavía hoy me emociona hasta la lágrima. De nuevo, sencilla, una voz que por entonces era novedosa, una percusión que entra sin avisar pero sin irrumpir. Un final que duele y que sirve para ver desde lo alto todo lo que hicieron después.
Porque en cuando A Rush Of Blood To The Head acaba con ese terrible Cos’ Time, time’s on your side now, el resto es abismo: porque después de aquello dejaron de ser Coldplay y se convirtieron en los nuevos U2. Empezaron a llamar a sus hijos con nombres de frutas, a casarse con actrices famosas y dejarse producir por Brian Eno para intentar arreglar el desaguisado que les había organizado Pep Guardiola (tela). Al final, Travis acabaron sacando los discos que les daba la gana, tocando en salas minúsculas pero haciéndose querer. A día de hoy Coldplay es noticia porque cantan canciones con Rihanna. El tiempo, a veces, sí que pone a la gente en su lugar.
Por cierto, muchas gracias a @rosypunto, @marcosgrayado, @akachem, @Lapin_joyeux y @Multimaniaco, que el otro día estuvieron compartiendo sus opiniones sobre este disco conmigo. En general, da qué pensar que algunos pongamos el inicio del declive de Coldplay justo antes y otros justo después de este disco. Lo que está claro es que, como hemos dicho, después nada fue igual.
Intentando aún sobreponerse al cansancio del intenso día de llegada, y con la adaptación aún en curso, afrontábamos en segundo día del BBK Live 2012 con Radiohead en el horizonte y un buen montón de puntos de interés por el camino. Más de 39000 personas abarrotaban un poquito más el recinto.
Zea Mays
Como ya dijimos éramos varios por aquí los que teníamos muchas ganas de ver a estos veteranos de la escena vasca en acción. Queríamos resarcirnos de nuestra ignorancia y confirmar que lo poco que nos había dado tiempo a investigarlos era lo que creíamos. Sin embargo los diversos y graves problemas ocasionados por fallos de organización, con respecto a la estancia y los desplazamientos desde ese maldito cámping del quinto pino hacia cualquier sitio, sumados a la falta de costumbre para medir los tiempos necesarios, nos hizo llegar tarde. Tranquilos, que ya le dedicaremos su tiempo a hablar de todo esto en profundidad. Sin embargo hete aquí que por una de esas cosas que suceden, el concierto fue audible desde muchos puntos de alrededor, de modo que pudimos escucharlo en plena caminata por las cuestas del Kobetamendi arriba y abajo, por supuesto no como se merece y no de forma perfecta, pero desde cierta atalaya del cámping 4 se pudieron ver y escuchar varios temas en mejores condiciones, entre ellos ese Negua Joan Da Ta que tanto me fascina. Por lo que pudimos apreciar suenan tal y como creíamos: muy bien. Toda una lástima que el escenario grande no respondiese, pese a que creo que la cantidad de gente que pude ver desde casi los cielos es muy digna para estar hablando de un grupo tan limitado en su alcance. De nuevo atravesando pendientes pudimos escuchar como ponían punto final con Kukutza III. Una pena.
Zoé
Poco conocidos en estas latitudes, son toda una institución en México. Aunque entre sus influencias más citadas están bandas anglosajonas de rock (desde The Cure a Sonic Youth), también suenan a lo mejor del rock latino (Soda Stereo, Suárez, Caifanes). Que no está nada mal. Por eso, tocar a primera hora de la tarde, en el diminuto escenario 3, podría haber desmotivado a estos mexicanos que llevan más de una década pateando escenarios y que disfrutan ahora de un merecido éxito logrado a base de perseverancia. Quizá precisamente por eso, porque han pasado años peleando en las trincheras, ganándose los fans uno a uno, supieron sobreponerse a las condiciones adversas y aprovechar los escasos 40 minutos que la organización les concedió para demostrar por qué temas como Nada, Labios rotos o Soñé han triunfado en toda América latina. Despedirse con una disculpa por la brevedad de la actuación da que pensar que se quedaron con ganas de más. Y nosotros también.
Warpaint
Por mucho que me insistan y lo vea mencionado aquí y allá, el auténtico “revival” del sonido Cocteau Twins, para decirlo claro y sintetizado, no lo encuentro tanto en Beach House como en este cuarteto femenino. Desde luego su fama es bastante menor, por mucho que su primer y único disco, The Fool (2010), recabase muy buenas críticas. Quizá por ello fueron programadas en el escenario 3, y a juzgar por la afluencia de público, la cosa resultó justa. No fuimos muchos los que pudimos disfrutar del despliegue sonoro de estas chicas, coincidente con otro nombre con más tirón en la zona principal, pero los que estuvimos pudimos dejarnos sumergir en el entramado de cuerdas y voces que a veces llegan al trío y que envuelven todo de una atmósfera mágica, delicada y hasta sensual. Si a esto le sumamos que Theresa Wayman tiene la cara de un ángel, y que la atractiva Jenny Lee Lindberg hipnotiza literalmente moviendo las caderas amarrada a su bajo, el resultado queda en un concierto de esos que dejan un recuerdo especial, al menos para algunos. Por supuesto los problemas de sonido acudieron a su cita, pero en menor medida, además de un viento que a muchos lugareños hacía sospechar que había galerna en ciernes. En medio de todo ello, Warpaint se impregnaron de su propia atmósfera y un cierto cachondeo cómplice -nunca sabremos si venían de tomar txikitos-, suficiente para llevarse una muy buena nota.
Noah and the Whale
Cuando todo es rock, aunque el público no este muy por la labor de saltar y bailar (¿qué le pasaba a la gente en el BBK, que por muy bueno que fuera el concierto no sé emocionaban casi nunca?), alguna cosa tranquila para arrancar la tarde no está del todo fuera de lugar. Aunque vistos en el contexto, tal vez fueron demasiado tranquilos. Obviando el desastre organizativo que, incapaz de prever que en un nombre sopla el viento, y que puso en peligro a los asistentes al dejar una de las pantallas del escenario 2 salir, literalmente, volando; la actuación de Noah and the Whale fue correcta pero casi nada más.
Este grupo cuenta con algunas melodías realmente hermosas y agradables, además de reconocibles por gran parte del público gracias al éxito de su último trabajo, no supieron ofrecer a la audiencia nada que no estuviera ya en su versión de estudio. Así que sí, correctos porque ni desafinaron ni tocaron mal, pero poco más: en cuatro canciones ya me había sentado con un mini a ver el concierto desde un lateral, sin que el folk dulzón de estos chicos me alcanzara realmente. En resumen, adecuados para un rato tonto en el festival, pero completamente carentes de interés de cara a un concierto propio.
Mumford and Sons
Inmediatamente después del folk suave de Noah, otro grupo de folk, más exitoso todavía, saltaba al escenario principal: eran Mumford and Sons, y el espectáculo que dieron poco tuvo que ver con el que acabábamos de ver. Para empezar hay que decir que estos chicos engañan: a mi su famosísimo disco no me mata, pero ahora ya sé por qué. En Sigh No More (2009) casi toda la carga de folk de la banda está atemperada y reconvertida en un pop-rock para las masas que a mi no me termina de emocionar, pero el directo de Mumford and Sons no tiene nada que ver: se despojan de todos los engaños de la producción y se presentan sin miedo como el grupo de música para vacas que son. Y a quien le guste el folk, como es mi caso, le van a encantar.
Tuvieron además la valentía de arrancar con Lover’s Eyes, una preciosa y emocionante nueva canción que se incluirá en Babel, su segundo y esperado disco. No fue la única de las novedades que escuchamos, pero todas nos dejaron muy buen sabor de boca y la sensación de que la espera para el segundo disco de Mumford and Sons va a haber merecido la pena. La única mancha, aunque inevitable, fue el hecho de que Marcus Mumford no pudo tocar la guitarra por tener una mano lesionada: no obstante, se desquitó aporreando la percusión con la mano sana y al final de la actuación se atrevió a agarrar la guitarra para un tema. En general, estos londinenses ofrecieron un gran despliegue de virtuosismo, emoción e intensidad en la mayoría de los temas que interpretaron, haciendo que su actuación pasara en un suspiro y demostrando que el folk también puede sonar brutal si se toca con las ganas adecuadas.
We Are Augustines
Volvimos al escenario 3, el de los grupos pequeños, para ver a este trío de Brooklyn que nos había llamado la atención, sin atraparnos absolutamente, mientras estudiábamos la letra pequeña del cartel del festival. Empezaba a ser una hora avanzada de la tarde y había bastante público para ver el espectáculo que un enloquecido Billy McCarthy estaba dando, sin parar de correr de un lado a otro del escenario, ponerse y quitarse sombreros, aporrear la guitarra, desgañitarse, acercarse al público y, en resumen, dejarse la piel en un escenario que, por primera vez desde que pasábamos por ahí, funcionó decentemente.
Rise Ye Sunken Ships (2011), el disco de We Are Augustines, suena bien pero no acaba de explotar. Nada que ver con el directo: canciones que en el disco son correctas pero que les falta un poquito de brillo para estallar, estaban llevadas al extremo de la intensidad, todas tocadas como si se fuera a acabar el mundo, a la sombra de The Boss y tantos rockeros newyorkinos que no conciben un concierto en el que no se dejen el alma. Así tocaron We Are Augustines y se llevaron varias ovaciones más que merecidas por parte de un público que tal vez empezaba a estar un poquito harto de los grupos que tocaban asépticamente y sin demasiada emoción en el BBK.
Radiohead
Vayan por delante los condicionantes. No hubo forma de coger buen sitio, de modo que ante tener que optar por una media distancia sin ver nada de nada y poder al menos descansar los pies en la lejanía, esta fue la mejor opción. La primera fila abruma y si eres un poquito fan te cebas a berreos y pierdes perspectiva, la media distancia, a los que somos bajitos, nos destroza el concierto, pero la lejanía sin pantallas -creíamos que veríamos algo y no meramente una reproducción de las pantallas a cuadriláteros del grupo- puede ser una cruz si el sonido es malo, después de la experiencia con Zea Mays hubiese sido mejor subirse la loma a nuestras espaldas que quedarse en un sitio cómodo, pero con mala acústica. De modo que quede claro que todos los condicionantes obligaban a ver el concierto con frialdad, cosa a la que no ayudó nada el hecho de que el repertorio fuese bastante complejo de digerir, más de lo que se veía venir, en especial por la ausencia de cierto bloque de bises que, al menos yo, esperaba como agua de mayo para un fin de concierto sensacional. No lo hicieron, no completaron las dos horas adjudicadas, y eso que durante unos minutos todo continuó enchufado. Quizá pasó algo, no lo sabremos. Para completar el cuadro la banda estuvo poco comunicativa, salvando justo antes de Myxomatosis, cuando Thom Yorke se despachó con unas frases acerca de la situación de España. Lejos del cariño animoso, pero bastante estéril de mensaje, que haría Shirley Manson al día siguiente, Yorke habló directamente de robo, de culpables y de tomar las calles. Algarabía general. Me resisto sin embargo a cerrar estas líneas con mala sensación. Dado que me he visto en otras con este grupo, dado que está muy presente el luctuoso hecho de Toronto, y que Radiohead es un grupo de fans muy fieles, conservo la esperanza de que, más adelante, en primeras filas, la cosa se debió sentir muy diferente. Al menos la despedida estuvo gobernada por muestras de mucho cariño por parte de toda la banda.
Setlist:Bloom, 15 Step, Bodysnatchers, The Daily Mail, Myxomatosis, The Gloaming, Morning Mr. Magpie, Pyramid Song, Reckoner, I Might Be Wrong, Nude, Lotus Flower, There There, Karma Police, Feral, Idioteque
Bis 1: Give Up The Ghost, Kid A, Everything In It’s Right Place
Bis 2: Paranoid Android
Triángulo de Amor Bizarro
Con el cansancio haciendo mella, y más por vicio que por otra cosa, nos fuimos a ver a estos gallegos afincados en Madrid. Gran acierto. Desplegaron un divertido pequeño concierto cargado de electricidad, ruido, distorsión y, me temo que también, algún pequeño exceso etílico, cosa que quedó tan patente cuando Isabel Cea se quiso acordar de Esperanza Aguirre y fue incapaz de encadenar un par de frases teniendo que terminar con una síntesis clara: “me cago en el PP“. Pese a que a esa hora estaban presentes de un lado los inevitables Vetusta Morla, y por otro una de las pocas citas con la electrónica con la actuación del francés Etienne de Crecy, los Triángulo lograron beneficiarse de la cercanía del arranque de la fiesta de DJ’s para acumular gente y salir muy aplaudidos a una hora tan golfante y delicada.
Carpa de DJs
Ya completamente empapados de festival, nos quedamos en la Carpa Vodafone, que a partir de alguna hora de la madrugada se convertía en la carpa de DJs del BBK. El sitio era un absoluto desastre: la carpa más bien debería llamarse chiringuito, con las salidas laterales bloqueadas por las barras y una concentración de humanos absolutamente inasequible. ¿Seguridad controlando las entradas? ¿Para qué? Inundación de personas. Apretones, sudores y calores. Los locales Victoria Secret arrancaron con una colección imparable de hitazos e himnos y una embriaguez de oportuna anestesia para los aturullados pies y poder seguir bailando para mayor gloria, aunque la lista de éxitos era demasiado obvia como para que podamos hablar de unos DJs de calidad. Otra historia fueron The Warriors, que atronaron con una electrónica que invitaba al movimiento inevitable, más alejada de los hits de las horas anteriores, pero agotadora para quienes llevábamos desde las 18:30 yendo de un escenario a otro. En cualquier caso, gracias, Jägermeister.
Y por último, una entrada programada para publicarse mientras la gran parte de la redacción de este blog está de camino a Bilbao hablando, como no podía ser de otro modo, de los grandes grupos que nadie, absolutamente nadie que tenga una entrada para el Bilbao BBKLive 2012 puede perderse. Empecemos por lo obvio.
Snow Patrol
La primera gran cita del BBKLive 2012 está programada hacia las 21.40 del jueves en el escenario 1. La banda escocesa harán de aperitivo a The Cure durante una hora en la que esperamos disfrutar de sus muchos matices musicales labrados por la evolución que han ido teniendo desde 1998. Sus seis discos les han hecho famosísimos y muy respetados en el mundo anglosajón, donde han recibido premios aquí y allá además que tener un buen número de canciones incluídas en bandas sonoras de películas y series diversas durante la última década. No es de extrañar, tienen un algo que cuando tocan la tecla consiguen temas casi perfectos. Quizá aquí su influencia sea bastante menor, pero a buen seguro que ciertas baladas de esas de rompe y rasga suenan a más de uno que se cree despistado, como esta, por ejemplo:
The Cure
No hay mucho que decir si has seguido todo lo que de ellos hemos hablado hasta hoy, en especial el informe de arranque de gira veraniega. Tal y como anunciaron y sabíamos, tendremos un concierto centrado en grandes éxitos, pero con un buen montón de concesiones y temas que son absoluta sorpresa, aunque claro, ya no lo son tanto en el 12º concierto de la gira. Quizá porque el nuevo guitarrista Reeves Gabrels aún no debe dominar más cosas -y ya es mucho lo que aporta-, se está variando el repertorio menos que otras veces, salvando el orden de ciertos bloques. Pero lo que importa de verdad, el BBKLive ha sucumbido a lo que era una evidencia, la concesión de tres horas al grupo, algo inusual en un festival y que inauguró el Primavera Sound ante un público y prensa rendidos a los de Crawley. Otros se han ido sumando a posteriori y Bilbao no ha sido menos. Robert Smith está en una forma extraordinaria, como lleva demostrando desde hace doce años, y dentro de su timidez le veremos auténticamente feliz y gozoso disfrutando de su banda, pero guerrero, con sus lemas anticrisis en la guitarra y el bajo de Gallup y la leña que está metiendo contra las Olimpiadas y la monarquía británica en las entrevistas que concede. Paro que me embalo. Para uno de nosotros será su octava cita, en el otro caso será la primera, perfecto símbolo de una banda que continúa atravesando generaciones y décadas. Será el jueves, escenario 1, a las 23.15. Así sonó The Kiss en el Eurockéennes de hace poco más de once días:
The Kooks
¿Merecen estos chicos estar en nuestra lista como una de las grandes bandas a no perderse en el BBK? Esperamos no equivocarnos, pero todas las referencias que nos llegan de sus directos coinciden en una palabra: diversión. Nosotros no los hemos visto nunca, aunque no nos faltaron las ganas cuando hace un año agotaron en La Riviera de Madrid a más de un mes de saltar al escenario. Los datos son obvios: un primer disco, Inside In / Outside Out (2006) que, heredando directamente todo el britpop de los 90 y renovándolo con un toque juvenil y algo descarado se convirtió en un gigantesco hit en las listas de éxito inglesas, creando además una horda de fans femeninas que a día de hoy no les ha abandonado. A mi su segundo disco me gusta casi más, lo veo más rockero e íntimo, menos vendido. Pero no conozco casi nadie a quien le gustara Junk Of The Heart (2011), álbum que creo que he conseguido oír entero una vez sin dormirme. Así que veremos: por un lado esperamos mucho, por otro lado no esperamos nada. Al menos nos divertiremos si nos dejamos caer el viernes a las 21:30 por el escenario 2.
Radiohead
Son, sin ningún tipo de duda, el otro meganombre del festival vizcaíno. Pero vamos a ver qué pasa, ya que vienen de una tragedia. El pasado 16 de junio, parte del escenario en Toronto se vino abajo acabando con la vida de un miembro del staff. Cancelaron de inmediato un buen número de citas posteriores y el BBKLive 2012 será el segundo evento tras el desgraciado acontecimiento. También les hemos hecho algún seguimiento y ya sabíamos que no iba a ser un concierto con muchas concesiones al hit. No han variado en exceso su actitud, aunque la novedad ha estado en que según avanzaba la gira iban presentando nuevos temas, lo cual hace sospechar que quizá tengamos nuevo disco en camino. En cualquier caso Radiohead son únicos por algo, y lo van a demostrar, no me cabe duda, su directo siempre fue de lo mejor que he podido ver. Lo comprobaremos el viernes a partir de las 23.30, y durante dos horas, en el escenario 1, por supuesto. Así se las gasta Thom Yorke -y la audiencia- cuando suena Idioteque, fue en Miami en la apertura de la presente gira:
Keane
Se puede discutir lo que se quiera sobre si Keane han perdido esto o aquello o si saturan más o menos, si están de capa caída, si ya solamente se apoyan en el éxito logrado que continúa arrastrándoles o muchas otras cosas. Todo es opinable. Lo indiscutible es que estos británicos han convertido en oro todo lo que han tocado. Los cinco discos con los que cuentan fueron un torpedo directo al número 1 británico, hito que en toda la historia solamente han logrado unos tipos de Liverpool llamados The Beatles. Creo que esto es más que suficiente para que el nombre de Keane aparezca en letras gordas en cualquier sitio. Sus himnos, especialmente los primeros, que figuran en cualquier anal de lo mejor de la década pasada, son sus armas contundentes que en directo ponen los pelos de punta. Quien esto suscribe no tiene a este grupo entre sus bandas favoritas, pero tiene el gusto, con mayúsculas, de haberlos visto en directo, y puede asegurar que es todo un espectáculo. No pienso dejar de comprobar si, ahora que Tom Chaplin dice que ha dejado las drogas, mantiene la energía, el carisma y la entrega con la que devolvió el precio de la entrada en cierto festival madrileño hace cinco años. Daremos cuenta de ellos el sábado a las 22.25.
Glasvegas
Hasta el último minuto estuvimos preguntándonos qué grupo debería ocupar esta plaza en la lista de grandes bandas, si Bloc Party o Glasvegas. Finalmente, ya expusimos los motivos que nos llevaron a meter a Bloc Party en la categoría de clase media. Pero es que los escoceses estos también se las traen: un primer disco brutal que nos dejó a todos con la baba colgando, sin una fisura, con aire fresco sin necesidad de romper los esquemas del rock británico… y un segundo trabajo que pintaba bien. Pero todo se fue al garete en cuanto su vocalista saltó borracho al escenario del Día de la Música del año pasado, ofreciendo uno de los espectáculos más lamentables y decepcionantes que recordamos. Sobre todo el chasco de esperar muchísimo de una banda y que al final el concierto lo salve la batería del grupo. Patético (tanto que hemos encontrado un vídeo del aquél concierto para acompañar esta entrada). ¿Qué harán esta vez? ¿Sabrán hacer uso de todo ese maldito potencial que llevan dentro, de esas cancionzacas y de esa energía que tienen en estudio? ¿Patinarán por segunda vez, cayendo en la parodia definitiva? Vamos a darles una segunda oportunidad pero porque algunos somos muy fans de sus discos, de modo que la respuesta estará en nuestras crónicas del festival al término de su paso a las 21.00 del sábado por el escenario 2.
Garbage
Son muchos los festivales que la banda de Shirley Manson está recorriendo este verano, y basta echar una ojeada a los setlists anteriores para comprobar que, si bien están siendo cuidadosos al no introducir demasiadas canciones de su nuevo disco, también se están dejando demasiados clasicazos en el tintero (pocas canciones de Version 2.0 veo, y eso me jode). Así que no sé no sé, tengo muchas ganas de verlos en directo, más aún teniendo en cuenta la pinta que tiene esta de ser la única fecha que concedan a España en su actual gira, pero mucho temo que un concierto de una hora y diez minutos, como el que está programado a partir de las 0.20 del sábado (en realidad, ya domingo) en el escenario principal se me va a quedar demasiado corto.
Palabras que se adjudican al jefazo de Capitol Records Gary Gersh, empeñado en colocar a los escoceses en semejante peldaño. Y el caso es que no fue nada fácil, ya que se necesitaban arrestos para apostar por un trabajo como O.K. Computer con la fuerza con que lo hicieron. Los directivos discográficos, a veces tan obtusos y mercantilistas, fruncieron el ceño cuando Thom Yorke y los suyos se presentaron con la grabación, ellos que aún mantenían en la mente el pelotazo comercial de Creep y los buenos resultados del anterior disco, The Bends, no podían encajar que Radiohead ahondase cada vez más su camino hacia un estilo menos accesible. Pero, ¿qué podían esperar de una banda que se negaba a interpretar en directo su mayor éxito comercial? Frente a esta personalidad tan acusada no les quedaba más remedio que poner toda la carne publicitaria en el asador y lanzar el disco como si fuese la última maravilla, eso sí, reduciendo de forma brutal las tiradas iniciales estimadas. Acertaron con la campaña, pero para su mayor felicidad, erraron de pleno en la valoración del álbum. OK Computer arrasó entre el público y la crítica de tal manera que colocó a Radiohead como número uno, demostrando lo mucho que se infravalora a veces al consumidor ante un producto que a priori, se considera como hecho para minorías más cultas.
No tengo ni la menor idea de en qué lugar reside el magnetismo de este disco para haber arrastrado tantos seguidores. Simplemente te atrapa. Musicalmente la banda reconoce una variopinta multitud de influencias que van de Miles Davis a DJ Shadow pasando por los Beach Boys, Marvin Gaye, los Beatles, Pink Floyd, los Pixies, Johnny Cash, Phil Spector e incluso Ennio Morricone. Pero como todo genio, en lugar de sonar a lo que se come, Radiohead consiguen parir algo marcadamente propio, con una atmósfera general agobiante y pesarosa pero plena de rabia e inconformismo. No lanzan ningún mensaje de colorines, todo lo contrario. Se pasean por la política, la muerte, el consumismo moderno, la vida urbana, la soledad, el destino y la globalización en un tono crítico y depresivo, pero con un rescoldo de inconformismo crítico contundente. Son lo suficientemente hábiles como para inspirarse por aquí en textos de Noam Chomsky, y por allá envolver canciones y textos en fábulas de ciencia-ficción que encierran reflexiones muy mundanas, en bonito homenaje a los maestros de del género literario como Bradbury o Huxley.
Además, se cuidó mucho el reclamo que supone un buen video-clip, como demuestra el trabajo de los tres sencillos editados del disco. En Paranoid Android, el primero, se utilizó un dibujo animado para acompañar la historia, para Karma Police se rodó una pieza genial que bien podría presentarse a un concurso de cortos, y con No Surprises se explota la intrigante cara de Yorke para presentar un producto sencillo pero ingenioso e inolvidable. El lazo con el cine se remarca además con Exit Music (For a film), esa maravillosa pieza que, en principio, se hizo para la banda sonora de Romeo y Julieta (Baz Luhrmann, 1996) y que finalmente, a petición de Yorke, no se incluyó en la banda sonora.
Cabría hablar de otro buen montón de cosas. Sobre la gestación del disco, los lugares en que se grabó, las inspiraciones en profundidad, el punto de inflexión que supone en la carrera del grupo, y un largo etcétera. Sin embargo lo mejor que se puede hacer con él en este 15 aniversario, es escucharlo una vez más. Pero hay una reflexión con la que me gustaría cerrar. Habitualmente, cuando se habla de los mejores discos de la historia, en mayúsculas y con neones, los medios especializados ofrecen tops en los que siempre aparecen trabajos de los Beatles, la Velvet, los Rolling o Pink Floyd, entre otros, pero hay en todos ellos un elemento común, un buen número de nosotros no habíamos nacido o no teníamos consciencia. O.K. Computer sin embargo, ha pasado por delante de nuestras vidas, se ha hecho historia delante de nuestras narices, y no es algo que lo diga gratuitamente. En esos mismos listados, este que fue el tercer trabajo de Radiohead es habitualmente incluido entre los mitos y multitud de bandas, de pelajes muy diversos, lo citan irremediablemente como influencia. Que vuelva a sonar de nuevo.
Ya está aquí, el verano está a la vuelta de la esquina y con él nuestros amigos preferidos: los grandes festivales bajo el sol. Varias cervezas, la playa, el campo y un buen par de escenarios gigantes es lo que más nos pone las pilas para disfrutar del buen tiempo. En bSides vamos a hacer un repaso al panorama festivalero del verano 2012, para que no te pierdas ni un solo evento estos meses. Hoy empezamos la sección Los festivales son para el verano hablando de los grandes eventos musicales con repercusión internacional que van a tener lugar en la Península Ibérica en las próximas fechas.
Trío de ases a mitad de julio
Sin lugar a dudas, lo más fuerte llegará a nuestro país el fin de semana del 14 de julio, con ni más ni menos que 3 festivales gigantescos en la Península:
Festival Internacional de Benicàssim
Fechas: 12-15 de julio
Ubicación: Benicàssim, Castellón (España)
Precio (abono): 165€ (+ 85€ de camping)
Cabezas de cartel: Florence + The Machine, Bob Dylan,
El gran icono hispano no termina de levantar cabeza y no se parece ni de lejos a lo que fue. Pese a todo ha configurado un cartel interesante, aunque demasiado volcado en viejas glorias. Eso sí, menudas glorias, ver reunidos a los Stones Roses y otra vez a New Order es ya un atractivo ineludible, pero tienen que recurrir a un mito menor como At The Drive-In para cubrir ese cupo. La tradicional presencia de dinosaurios se copa esta vez por Bob Dylan, y Noel Gallagher completa el apartado “prestigio” y el ineludible faro brit. Florence + The Machine, una de las bandas más prometedoras de los últimos años, aportará la, relativamente, sangre nueva en los neones del FIB, quedando para David Guetta el tradicional fin de fiesta en el escenario grande.
The Horrors, Miles Kane, The Maccabees, The Vaccines, Crystal Castles, The Antlers, Spector o Zola Jesus son actuaciones que intentaría no perderme, quedando el producto nacional reducido a nombres como Cooper, La Habitación Roja, Klaus & Kinski, La Casa Azul, o Jero Romero. No están en letras gordas en el cartel, pero mitos como De La Soul y los Buzzcocks actuarán allí.
En otros tiempos no me daba el cuerpo para estar en tantos conciertos como ofrecía el FIB, hoy se puede tomar con mucha más calma.
Cuando hace unos meses hubo que decidir si este año la pandilla iba a algún festival grande, la decisión quedó pendiente de una sola cosa: se iría al festival español que trajera a The Cure. Así que la mayoría de bSides tiene las entradas de este festival desde hace tiempo. Fueron muchos los que tacharon de locura e inconsciencia su coincidencia con el FIB en cuanto se anunciaron las fechas. Pues se equivocaron, este año es el festival playero el que sale perdiendo.
Por supuesto, la presencia de Radiohead (que tocarán, casualmente, el mismo día que Vetusta Morla) y Garbage (en su única fecha en España por ahora) hacen todavía más grandes las expectativas. La inmensa mayoría de los grupos internacionales invitados son de renombre y calidad: Mummford & Sons (con suerte hasta escuchamos alguna canción nueva), Noah and the Whale o The Kooks se sumarán a un buen plantel de artistas nacionales como La Habitación Roja o los vascos Zea Mays. Y, además, ¡sin los calores de Levante!
Creo que a estas alturas ya no quedan abonos para este festival lisboeta, y las entradas de día se agotan a gran velocidad. Un cartel corto para tres días, pero con tres primeros espadas de toma pan y moja: The Stone Roses, The Cure y Radiohead. Si tuviésemos a mano una máquina de medir influencia en la historia de la música a lo largo de los últimos treinta años, entre estos se llevarían un porcentaje seminal superior a la mayoría absoluta. Sin duda una experiencia inolvidable en un entorno que sugiere de lo lindo.
En menor escala hay dos citas de culto: el travieso Tricky ejecutando su Maxinquaye y la reunión de Mazzy Star. Pero no acaba aquí la cosa; una “clase media” conformada por gente como Justice, Snow Patrol, los otrora impactantes Death In Vegas, Caribou, The Kooks, The Kills, Miles Kane, Florence + The Machine, Mumford & Sons, Metronomy o The Maccabees aseguran divertimento durante los tres días si es que alguien sobrevive a las emociones de los tres cabezudos.
Menos mal que nos queda Portugal.
Nuevo gigantes en Madrid
Tras unos años de parón, parece que el panorama festivalero en la capital española empieza a reactivarse. Veamos las tres iniciativas más grandes que nos ofrece:
Era necesario un festival así en Madrid, y qué mejor lugar que las inmensas naves del Matadero de la capital para albergarlo. Con un cartel inmenso para su escasa duración, la única pega de este festival urbano ya se ha comentado muchísimo: es su precio. Y es que el año pasado, entre el patrocinio de Heineken y la ayuda del Ayuntamiento de Madrid, la entrada para el pedazo de festival que montaron (nuestras reseñas aquí y aquí) se quedaron en 24€ de nada.
Pero no se puede negar que la versatilidad del cartel hace la boca agua a los más indies de la capital: los animados Two Door Cinema Club, los siempre acertados The Ravenoettes, los clásicos Mercury Rev o los omnipresentes Love Of Lesbian justifican pagar una entrada así, sobre todo teniendo en cuenta los antecedentes de buena organización de éste evento. El único miedo es el calor que pueda hacer en la capital en esos primeros días de verano, pero si sobrevivimos al concierto de Lykke Li del año pasado, nada podrá ponérsenos por delante éste.
Un festival que el año pasado sorprendió y mucho, por su inesperada irrupción en el panorama internacional y por su ecléctico cartel. Personalmente quien escribe estas líneas lo pasó de vicio en la edición pasada, a pesar de la terrible ola de calor y los más que deficientes puestos de comida habilitados en el recinto. Pero también sé que el año pasado el festival no fue tan exitoso como se esperaba y que la edición de este año peligraba. Al final, la solución de compromiso anima a todos: se pasa a septiembre, se evitan calores y coincidir de cerca con los demás eventos de la capital.
Por si eso fuera poco, la primera confirmación me quitó el aliento: mis isladeses favoritos, Sigur Rós, como cabeza de cartel. De bonus, The Killers, esa típica banda para la que las entradas siempre se agotan a una velocidad pasmosa a pesar de venderse a precios desorbitados: es posible que un festival sea la forma más sencilla y económica de verlos. Y para no olvidarnos de que el cartel del DCode tiene que ser ecléctico, una de rock muy duro, Justice, confirmación que me sorprendió y agradó a partes iguales, porque son un grupazo; y el soplo indie y juvenil de The Kooks. Quedan bandas por confirmar, pero parece que volveremos a tener música para todos los gustos en la Complu este verano.
Cierto, Rihanna y Maná puede que no sean el estilo que llevamos en este blog, pero lo cierto es que Rock In Rio es un festival gigantesco que se celebra cada dos años en un recinto especialmente habilitado para ello, la Ciudad del Rock de Arganda, y por el volumen de gente que mueve, no debe quedar sin mencionarse.
Este año no han seguido la filosofía de la pasada edición, de organizar jornadas temáticas, en las que se pudo ver desde Hanna Montana hasta Metallica. Este año solo hay dos categorías: canción ligera (con varios grupos españoles por ahí pululando), grandes productos americanos y electrónica. Es en el apartado de electrónica donde este Rock In Rio destaca indudablemente, trayendo a los primeros espadas de la música de baile internacional: David Guetta y Pitbull.
Una de rock duro
Por último, un pequeño espacio para el rock más duro, que se subirá a los escenarios del FIB en un nuevo festival:
El Festival Costa de Fuego se estrena este año en su intento de acercar a las tradicionalmente indies playas de Benicássim los sonidos más duros, con Guns N’ Roses (o lo que queda de ellos) y Marilyn Manson como reclamos principales. La oferta se completa con un variado cartel en el que tienen cabida pesos pesados de los más diversos estilos a nivel internacional, como Nightwish, Lacuna Coil, In Flames, Paradise Lost, Amorphis y Opeth, y representantes del heavy patrio de hoy y de siempre, desde los clásicos Obús y Barón Rojo hasta los más actuales Angelus Apatrida y Vita Imana, pasando por los ya curtidos Warcry y Hamlet. Los que se decanten por esta opción, deberán armarse de paciencia para soportar con humor el más que probable retraso en la comparecencia del señorito Axl Rose. Avisados quedan.
Que sepamos, el concierto programado por Radiohead en el BBK Live! de este verano, es el único que podemos esperar en España. Es por ello que no está de más, ante la expectación que los ingleses suelen levantar, echarle un vistazo a lo que podemos encontrarnos, todo ello a tenor de lo que se está viendo en la Gira 2012 que acaban de comenzar en Estados Unidos tras la publicación de The King of Limbs (2011).
Radiohead no ha sido nunca una banda de concesiones al gran público. Dejaron de tocar Creep, su gran hit inicial muy al principio, cuando vieron que el tema se comía a la banda en sí. Algo que muy pocos se permitirían con un éxito de ese nivel en su haber. Desde entonces, la excentricidad sonora de aquella virtuosa banda indie ha ido in crescendo poco a poco y cada vez más, hasta llegar, en ocasiones, a límites en los cuales es difícil separar la genialidad del tedio.
Conste que es un grupo que me fascina desde su inicio, y que pese a que de todos sus trabajos de los últimos doce años únicamente soy capaz de escuchar del tirón In Rainbows (2007), en todos y cada uno de ellos, en mayor o menor medida, siempre encuentro un momento que me maravilla. Letras aparte, por supuesto, siempre jalonadas de inteligencia, crítica mordaz y patadas en las tripas y el corazón. No seré yo, por tanto, quien me enfurruñe si su selección de temas para los directos enfilan la dirección más opaca, ahora bien, quienes tengan en mente asistir al evento de Bilbao pensando en viejas glorias, que se lo vayan quitando de la cabeza.
Su último concierto, anoche en Austin, Texas, constó como sigue:
1. Bloom (2011) 2. Little by little (2011) 3. The Daily Mail (2011) 4. Morning Mr. Magpie (2011) 5. Myxomatosis (2003) 6. The Gloaming (2003) 7. Kid A (2000) 8. The National Anthem (2000) 9. Reckoner (2007) 10. Weird Fishes/Arpeggi (2007) 11. Nude (2007) 12. Identikit (2012) 13. Lotus Flower (2011) 14. There There (2003) 15. Feral (2011) 16. Idioteque (2000)
ENCORE 1: 17. Separator (2011) 18. These are my twisted words (2009) 19. Bodysnatchers (2007) 20. Everything in its right place (2000)
ENCORE 2: 21. Give up the ghost (2011) 22. You and whose army (2001) 23. Paranoid Android (1997)
Como vemos, el olvido de los años 90 es casi total, incluso sorprende la testimonial presencia de Amnesiac (2001). La variación con respecto al resto de la gira ha sido poca, con ocasionales entradas de algún tema más del redondo O.K. Computer (1997), o de In Rainbows (2007), casi siempre en sustitución de otro, y la puntual aparición de The Bends (1995) con Street Spirit (Fade Out).
En resumen, un setlist difícil de digerir por un público no avanzado, demasiado inclinado hacia el lado más conceptual, sonoramente hablando, de la banda. Habrá que ver la evolución de la gira, y el encaje del repertorio en un festival, pero cuidado, la solvencia de Radiohead en directo es un valor ineludible, su capacidad para poner patas arriba a la audiencia está atesorada, y quien suscribe ha visto a Thom Yorke hacer que treinta mil tipos bailen a la vez Idioteque, de modo que nadie se despiste en la barra del bar. Hay que verlos de cerca. Crítica, público, y la multitud de grupos de diverso pelaje que los citan como influencia, no pueden estar equivocados. Yo lo pienso disfrutar.