Archivo de tags | "punk"

Tags: , , , , , , , , , ,

Algo huele a genio (polémico) en Dinamarca

Publicado en 23 mayo 2013 por

elias_ronnenfelt_promo2Siendo yo muy crío mi padre entró un día en mi habitación y se quedó patidifuso al ver que había pequeños papelitos pintados y convertidos en banderas nazis. Sin más, y con cara de póker, soltó un “quita ahora mismo eso de ahí”, y se marchó. Lo que él no sabía es que aquello no era más que el atrezzo con el que estaba montándome un cuartel general alemán al que los soldaditos de plástico aliados atacarían y destruirían posteriormente. Imaginería infantil frente al susto adulto. Elias Bender Ronnenfelt es un tipo que siendo adolescente descubrió el punk, el hardcore industrial, el rock marcial y ciertas cosas de neofolk. Esto iba a marcar su posterior carrera como músico, pero a la vez hacerle adoptar una serie de inclinaciones que iban a ser prueba acusatoria contra él. Os presentamos al líder de dos bandas que están revolucionando el panorama danés y que ya han trascendido al mundo anglosajón, concentrando mucha atención, aunque no siempre por motivos estrictamente musicales. Ambas tienen discos fresquitos de reciente aparición, son Iceage y Var.

Además de otros proyectos, Iceage ha sido el grupo con el que Ronnenfelt se ha dado a conocer. Su disco debut, New Brigade (2011), supuso un hito en lo que a las revisitaciones del punk se refiere. No es un mero revival ni es otra banda más flirteando con el postpunk. Es punk esencial y básico como hacía tiempo no encontrábamos. Agresivo, desesperado, violento, duro, y además de calidad, mucha calidad. Junto a Johan Wieth (que luce un tatuaje de Death In June), Dan Nielsen y Jakob Pless conformó un cuarteto sorprendente que mereció ser fichado por la aguda Matador para un segundo trabajo, You’re Nothing, lanzado el pasado febrero, donde las vías expresivas de estos daneses ampliaban su rango estilístico conjugando elementos noise, hardcore y marciales, con un trabajo más emocional e intimista, pero igualmente vigoroso, poderoso, enérgico y rabioso que avanzaba hacia rincones oscuros, opacos y opresivos. Ver a Ronnenfelt con ese flequillo a lo Ian Curtis profundizando en temáticas que anuncian a alguien encerrado en algún tipo de trauma del que lucha por salir, trae a la cabeza muchas cosas. La crítica ha aclamado ambos trabajos, sacándolos del entorno underground para hacer que Iceage aparezcan en todo tipo de publicaciones. Hasta The Guardian les dedica un extenso reportaje, pero no por su música.

Y es que alguien comenzó a fijarse en el mencionado tatuaje -Death In June causaron fuerte polémica en los ochenta por el uso de imaginería nazi-, en lo ambiguo de títulos o letras como White Rune, en algún videoclip, en ciertos personajes sospechosos que aparecían en sus conciertos, en el look que algunos de los chicos de Iceage mostraban en fotos promocionales, y en el gusto por bandas polémicas de black-metal como Absurd o los extremadamente problemáticos Burzum. Y ataron cabos. Iceage son neonazis, supremacistas blancos y xenófobos. Pero como bien argumenta en su reportaje The Guardian -no es un medio especialmente proclive a dar cobijo a ultradetechistas-, no son pruebas irrefutables y existen elementos que las contradicen. Leedla si queréis, no vamos a entrar en ello, pero si es peligroso empezar a flirtear con ese tipo de cosas, aunque puedan deberse a pecados de juventud e inmadurez, igualmente pantanoso es meterse en estos potajes, especialmente cuando tratamos con artistas, que ya sabemos que en numerosas ocasiones son gente algo especial. Como de pelar son también algunos periodistas que parecen cogérsela con papel de fumar y que a lo largo de los años han organizado unas polémicas extraordinarias, muchas veces sin la más mínima base o haciendo gala de una carencia absoluta de entendederas necesarias cuando uno encara propuestas artísticas.

Iceage al completo

Iceage al completo

Sid Vicious y Siouxsie Sioux aparecieron con esvásticas en sus camisetas en el apogeo de la irreverencia punk, a Joy Division les rebuscaron hasta en los pliegues en busca de las razones de tanta aparente germanofilia, a The Cure les metieron en una absurda causa judicial, años después, por una canción -Killing An Arab-, que recogía un pasaje de una obra de un enemigo profesional del Islam como Albert Camus, sobre Morrissey corrieron ríos de tinta alimentando una burda polémica racista, y Rammstein tuvieron serios problemas por atreverse a enfrentar la historia alemana en su estilo, dejando con el culo al aire a demasiado hipócrita que en una supuesta actitud de condena al pasado lo que realmente hace es mirar hacia otro lado, sentando las bases del olvido, algo a mi entender mucho más censurable. Son unos pocos ejemplos de grandes cagadas. Otras no, son claras y contundentes, pero parafraseando a Tony Wilson, la diferencia entre significante y significado, su expresión a través del arte, el modo en que lo miramos, no está al alcance de todo el mundo. Ciertamente, Ronnenfelt y los suyos no han hecho demasiado por negar la mayor. Se muestran ostensiblemente incómodos y disconformes con los sambenitos que les cuelgan, pero mostrando una actitud cerrada y poco comunicativa con la prensa que no les ayuda demasiado.Desde luego, haciendo la música que hacen no deberíamos esperar estar ante unos chicos modelo, pero la sombra de un exceso de pose provocativa, bien aderezada por su insultante juventud, comienza a extender sus alas.

var_kissLa nueva aventura de Ronnenfelt da que pensar en favor de este argumento. Var (bien escrito con la “a” con circulito encima y pronunciado ver), cuyo significado en danés es primavera, es su nuevo proyecto (antes se llamaron War), que en apenas un vistazo es suficiente para que encontremos cosas muy chocantes con un nazismo puro -que no excluyentes-, a la par que intencionalmente provocativas. La más evidente es la exhibición homosexual que hacen. Kristian Emdal, Lukas Hojland y Loke Rahbek son los compañeros de viaje, alguno con una amistad más que intensa que les permite fotografiarse besándose sin prejuicios. El disco de debut, No One Dances Quite Like My Brothers, listo desde hace unos días, más algunos temas adelantados desde 2012, son un giro radical. Es coldwave electrónica tan gélida que a alguno le ha hecho decir que desde el Faith de The Cure no veía cosa semejante en cuestiones de expresar melancolía. En cualquier caso los aires marciales e industriales no desaparecen, permanecen a lo largo y ancho de este angustioso disco, no exento de belleza, que en estilo rinde homenaje a los grandes clásicos de la coldwave francesa y belga -algunos de los cuales tampoco se libraron de flirteos fascistoides-, y que muestra a los miembros de Var recuperar botas militares y cueros negros que, a falta de las crestas y los maquillajes, recuerdan un tanto a la moda berlinesa que resucitó el techno-pop de los 80. En otro alarde de reto artístico, la portada es un espejo, para que cada uno se vea a sí mismo antes de escuchar el disco. No es que los caminos que recorre Var se adentren en mi vertiente favorita de la coldwave, pero que su calidad musical está ahí, es innegable.

De modo que con poco más de 20 años tenemos un personaje al que seguir. Elias Bender Ronnenfelt ha sido capaz de generar todas estas cosas en poco tiempo. Si finalmente se descubre que lo que realmente se escondía era un presuntuoso e ignorante jovenzuelo, un genio provocador, un indignante y despreciable ser humano, o una mezcla de parte o todas estas cosas, será algo que iremos descubriendo. No nos tiremos al vacío sin red. Por el momento nos quedamos con su música, que por ahora promete cotas muy altas.

0 Comentarios

Tags: , , , , , , , , , , , ,

Mosquito pincha en hueso

Publicado en 16 abril 2013 por

Los fans de Karen O y sus secuaces están de celebración estos días. Hoy se publica Mosquito, el cuarto trabajo del grupo neoyorkino y en unos días será el décimo aniverario de Fever to tell, su álbum debut (sobre el que puedes leer en este mismo blog).

Yeah-Yeahs-Yeahs

Empezaremos por lo sencillo: Mosquito no es el mejor trabajo de los YYY, ni mucho menos. Está un pelín por encima de It’s blitz! pero a bastante distancia de Show your bones y Fever to tell. Una primera escucha deja la sensación de “vamos a dejarlo reposar un rato” y en la segunda y posteriores ya van apareciendo las carencias. Se agradecen ciertos detalles: es obvio que es un disco más experimental que los otros pero también se nota que a ratos dan pasos de ciego.

También sabíamos a lo que veníamos: la estructura del disco no es muy distinta a la de trabajos anteriores. Tenemos los temazos/singles con los que pudimos abrir boca antes del stream de Youtube (Mosquito y Sacrilege), unos cuantos cortes de vieja escuela (Slave, Area 52, Despair), los experimentos más o menos fructíferos (Subway, Under the Earth, These Paths, Always y Wedding Song) y la incatalogable Buried Alive. El problema en sí es que tanto Show your bones como It’s blitz (dejaremos Fever to Tell aparte) siguen el mismo patrón de temazos, vieja escuela y experimentación. ¿Podemos comparar Sacrilege con Heads Will Roll, por ejemplo?

Karen O of the Yeah Yeah Yeahs performs during the Coachella Music Festival in IndioSacrilege es un tema bonito y eficaz que incluso te proporciona momentos místicos (ganas de buscar tu propio coro de gospel y ponerte a cantar como un descosido). Cada cierto tiempo alguien tiene la genial idea de utilizar este tipo de recurso (desde los Rolling hasta Madonna pasando incluso por Mecano) pero, si tenemos que elegir, preferimos a las adorables monjas de Sister Act. La letra no es nada del otro mundo (amor por un ángel caído) y a veces chirría la sílaba metida con calzador en los versos Halo/around his head. Aparte de eso, queda un tema bonito y pegadizo, precisamente como Heads Will Roll. Eso sí, el videoclip es de bastantes kilates.

El otro tema con el que pudimos abrir boca fue el que le da título al disco, Mosquito. Éste pertenece a la vieja escuela y, de hecho, con otra producción no habría quedado fuera de lugar en el álbum debut. Están bien los arreglos de percusión, Karen chilla como nunca y el riff de guitarra es grasiento como mandan los dioses griegos. También de la vieja escuela son Slave, Area 52 y Despair. Son temas cañeros (sobre todo Area 52) que recuerdan a sus primeros momentos pero que no brillan por su genialidad, a menos que nos fijemos en la versión acústica de Despair (incluída como bonus track en algunas ediciones). La versión de estudio podía haber servido para concluir Fever to Tell pero la opción acústica es una joyita sencilla (dos acordes y un poco de teclado al final) y entrañable donde la voz de Karen O suena genial sin apenas artificios.

yyy

Los experimentos pasan, en su mayoría, sin pena ni gloria. El sample del metro de Nueva York en Subway es interesante pero está desaprovechado. En Selmasongs Björk utilizaba recursos similares pero con un propósito: los sonidos de ambiente eran la canción en sí, mientras que en el tema de los YYY está ahí, sin más. Under the Earth es otra pieza interesante: puede que Bob Marley resucitara más fumado que nunca y les hiciera un regalito o puede que sea una genialidad, dependiendo de los gustos de cada uno. These Paths es, de lejos, mi experimento favorito. La voz de Karen suena más aguda que nunca llegando incluso a límites sólo alcanzados por la sirena Madison en Splash. Always pasa desapercibida (sobre todo cuando le das al botón de siguiente un minuto y medio antes de que termine la canción). Wedding Song es como Always: intrascendente en todos los sentidos.

La guinda, no obstante, se la lleva Buried Alive. Lo que prometía ser un tema decentillo tirando a grande se queda en un polvo mal echado cuando aparece Dr Octagon rapeando. ¿No había otra solución? Reconozco una cosa: cuando me puse Mosquito por primera vez, con muchas ganas (un disco cada cuatro años provoca eso mismo), me gustó bastante la primera mitad. Mientras pasaban las canciones pensaba “¡por fin los YYY hacen un disco bueno de principio a fin!”. Por desgracia quedaba la otra mitad. El punto clave fue la aparición del raperillo de turno (el hecho de que Texas lo intentara sin éxito tendría que haber servido de ejemplo para mucha gente). En ese momento me volví objetivo. Y desde la objetividad digo: ¡un minipunto menos para el equipo de los neoyorkinos! ¿Que tiene sus momentos buenos y no es un mal trabajo? Cierto. ¿Que en cuatro años se lo podrían haber currado un pelín más? Más cierto. Desde este momento me interesa mucho más un hipotético quinto álbum

0 Comentarios

Tags: , , , , , , , , , ,

Fever to Tell hace la comunión

Publicado en 16 abril 2013 por

Por su décimo aniversario le queremos regalar un traje de marinerito a uno de los debuts más frescos e interesantes de lo poco que llevamos de milenio. No, no hablamos de Born to die. Hemos hablado de frescura y de interés. A finales de abril de 2003 se publicaba Fever to Tell, el disco debut de Yeah Yeah Yeahs, un grupo de garaje neoyorkino (avant-punk para los puristas de la Academia) que se hizo grande teloneando a The White Stripes y a The Strokes antes de lanzarse a empresas más grandes. Por cierto, el traje es para Karen O, cuya voz es la seña inconfundible del grupo.

yyy1

El disco tardó tres años, un EP y muchos directos en fraguarse pero, cuando por fin vio la luz, no dejó indiferente a nadie. Si nos ponemos puristas otra vez, no es más que un disco con tintes de los grupos punk de los setenta (esto es, un montón de canciones de poco más de dos minutos amontonadas y, con suerte, uno o dos temas algo más largos de relleno). Pero como aquí sólo somos puristas para lo que nos apetece (las opiniones más objetivas las he dejado para la reseña, que no crítica, de Mosquito, que se puede leer en también aquí en bSides), diremos (sí, también utilizamos el plural mayestático de forma muy random) que Fever to Tell es algo más.

Para empezar, el conjunto tuvo suerte de nacer en la época propicia. A principios de la pasada década brillaban los grupos rockeros liderados por hombres con bases guitarreras cortadas por patrones similares (The Strokes, Franz Ferdinand, etc) con algunas variantes (el rock bluesero agresivo de The White Stripes) y excepciones (Gossip, liderado por Beth Ditto, viene a la mente). ¿Tiene importancia el género? Sí y no. ¿Habría tenido éxito Yeah Yeah Yeahs si hubiera cantado un hombre? Posiblemente no. ¿Habría podido cantar un hombre con la misma garra e intensidad que Karen O? Desde aquí lo dudamos. Ya había mucho rabo en el ambiente. Por eso era la época propicia: salirse de la regla general propocionaba una frescura de la que muchos otros grupos carecían.

yyy2Fresco es el atributo que mejor le viene a Fever to tell. Los instrumentos no fueron fabricados en Marte pero las líneas armónicas tampoco son el Mi Re La ni los acordes en quinta de las canciones más famosas de los setenta (si obviamos el género disco, claro). Las melodías que acompañan a las letras son pegadizas e inspiradas; a ratos parece que tienen un matiz de improvisación y, en general, poseen unos sólidos cimientos sobre los que asentarse y, con suerte, ir evolucionando en un futuro.

La estructura tampoco es para matarse de lo complicada, pero se agradece. Diez canciones de ritmo salvaje caracterizadas por la combinación de arrullos y chillidos de Karen O y, ya por último, un corte tranquilo (Modern Romance) para apagar la luz e irse a dormir. A menos que te interese esperar un rato para escuchar el hidden track (el recurso del hidden-track: ese gran e inservible desconocido) Porcelain/Poor Song que, para muchos (y me incluyo) es el mejor tema del álbum. Un último bonus track disponible ya en casi todas las ediciones: Yeah New York, una cara B que sigue la misma tónica de las primeras diez canciones. Buen ritmo, riffs punkies y aullidos.

No se le pueden poner muchas pegas: las letras puede que estén no muy curradas y el disco en sí puede resultar un poco monótono si no fuera porque veníamos precisamente a eso. Sólo los detractores de Los Ramones los acusaban de ser repetitivos, sin ir más lejos. Los demás se dedicaban a mover la cabeza y disfrutar. Fever to Tell no es un disco que haya que intelectualizar. Es lo que se oye y no hay más vuelta de hoja.

yeahyeahyeahskarenoUna buena parte del éxito obtenido se debió a la gira de promoción y, sobre todo, al carisma de Karen O, la cual no tiene absolutamente nada que ver con Patti Smith, por mucho que lleven años haciendo esa comparación tan gratuita. Pecamos de subjetivos porque Patti es la única diosa a la que rezamos desde bSides pero, en este caso, tenemos razón y el resto no. Volviendo a Karen O: no es pretenciosa como Jack White ni se cree una criatura divina como otros líderes de grupo. Ella es líder por circunstancia, por la misma razón por la que se suele atribuir ese rol al cantante de una banda. Líder por defecto. En el escenario las tornas cambian. Es una más. La tercera parte de un todo sin estar por encima ni por debajo de nadie. Una santísima trinidad en la que no hay papeles otorgados. Y que dure (pero que el quinto disco sea mejor, por favor). 

0 Comentarios

Tags: , , , , , , , ,

Dropkick Murphys acaban su gira europea en Madrid

Publicado en 11 febrero 2013 por

Cuando era chaval, muy chaval, tenía querencia por el punk. Con los Sex Pistols y los Ramones como bandera aprendí las bases. Con gente como los Clash supe que el género podía fusionarse con otros estilos de música, y en aquellos cassettes cutres, sin títulos ni nombres que te pasaba alguna amiga, me revolcaba disfrutando de una música que además de reivindicativa, era muy divertida. En algún momento empecé a desviarme y perdí el hilo. Nunca me he planteado las razones. No hace demasiado tiempo que le presto atención a Dropkick Murphys, pero cuando me plantearon el plan de asistir a su fin de gira en Madrid no lo dudé, un nosequé que venía del pasado me decía que tenía que estar. Y con los ojos de un novato, esto es lo que vi.

Retirando a Frank Turner & cía.

Retirando a Frank Turner & cía.

Los burgaleses La M.O.D.A. eran los encargados de abrir la noche, pero no llegué a tiempo. Cuando pude acceder a una ya bastante poblada Riviera, Frank Turner y sus Sleeping Souls ya estaban en el escenario, desparramando su folk-rock que no puede disimular las raíces punk del pasado del bien educado británico. Hicieron su trabajo, calentaron el ambiente, interactuaron con el público, hicieron disfrutar y se explayaron bien a gusto a la hora de ejecutar I Still Believe, con las gargantas de los asistentes demostrando que venían bien preparadas. Arrancando un par de olas saltarinas y con las primeras nubecillas expeliendo olor a porro, el terreno quedó preparado para la irrupción de los bostonianos. Ganas había, como demostraban los constantes coreos del “let’s go murphys”.

El comienzo fue un disparoThe boys are backBurn no hicieron prisioneros, y de paso rendían la obligada cortesía inicial para Signed And Sealed In Blood, su último disco con el que se han echado a la carretera. Los imparables ritmos de celtic-punk, folk-rock, gotas de hardcore y mucho rockn’roll que atesoran Al Barr y compañía, reinaban desde el primer momento. A partir de ahí, un constante salpicar el repertorio de canciones de otros trabajos alternadas con el nuevo, a dosis, sin apelotonarlas.

Los Murphys en acción

Los Murphys en acción

Soy novato en los Murphys, ya lo he dicho, pero me había enterado que Ken Casey, bajista y segunda voz, responsable de cantar muchas canciones, no estaba, en algún lugar tenía firmado un acto benéfico junto a Bruce Springsteen, cosa que parece ser no todo el mundo sabía e indignó a unos cuantos. Ya pasó la noche anterior en Barcelona, y me pregunto si estando tan cerca el final de la gira europea, no podía haberse calculado mejor la agenda. En cualquier caso Barr soportó el peso del concierto en solitario, con su cazallera y ajada voz cada vez más tocada, aunque nunca rota. Para cuando llegó la traca final, iniciada con la estupenda The Battle Rages On, Frank Turner saltó al escenario, y él solito se marcó la gran estrella de Signed And Sealed In Blood: Rose Tattoo. No pudo faltar el ese himno irlandés que es The Irish Rover que con el paso de los tiempos pasa de los Dubliners a los Pogues y ahora a los Murphys, y para finalizar, la imparable I’m Shipping Up To Boston, sí, aquella que ponía la sangre a correr en el Infiltrados de Scorsese.

Y ya que se habían guardado buena parte de la artillería para el final, la inevitable vuelta al escenario, larga, agradecida y entregada, hizo que End Of The Night se convirtiese en un baño de masas en pleno escenario, allí acumularon a gente sacada del público, primero chicas, luego chicos, todos muy jovencitos, algunos con una cara de flipados digna del momento y la edad, otros alucinando smart phone en mano grabando (y perdiéndose con sus ojitos humanos) lo que estaban viviendo, y los demás sumergiéndose en la fiesta. Un poco pastel, decían algunos, pero para que no se relajasen demasiado las carnes por allí apareció el gaitero (Scruffy Wallace) para sumarse a Barr y rendir homenaje a AC/DC (T.N.T.) y al primer gran icono del punk bostoniano, Gang Green (Alcohol). Y ese fue el punto final.

Fin de fiesta

Fin de fiesta

Una gran fiesta. Es cierto que el sonido de Frank Turner superó al de Dropkick Murphys, donde en demasiadas ocasiones la batería apagaba la voz de Barr e incluso las sutilezas de otros instrumentos, pero como sucede en numerosas ocasiones, las ganas, tanto en escena como entre el aforo, son suficientes para mitigar los problemas. Una Riviera llena de gente de pelajes diversos, camisetas de los Celtics, punk-rockers, un disfraz de vaca, alguna falda escocesa, guiris, roqueros, y sobre todo, mucha chavalada, con muchas ganas de divertirse, como cuando yo le daba a esta música, hace ya algún tiempo. Y parece que no, pero ver a esta gente da ánimos, no todo está perdido. Tiembla Bisbal.

PD.: No tengo confirmada la totalidad del setlist de Madrid, pero ahí va el de BCN, en forma de lista Spotify, que si no me falla nada fue muy parecido.

Nota: Falta el sexto tema. Las versiones se incluyen las originales. Falta T.N.T. debido a la ausencia de AC/DC en Spotify.

Más fotos de la noche en el flickr de @Nebelang

0 Comentarios

Tags: , , , , , , , ,

Kaka de Luxe: 30 años de canciones malditas y un grupo irrepetible

Publicado en 31 enero 2013 por

Que un disco se llame Canciones Malditas y se publique cinco años después de la disolución del grupo obedece a dos razones: o es una estrategia de marketing o se trata de un homenaje. A medio camino de ambas, surgió hace 30 años esta recopilación de maquetas del grupo clave de la llamada movida en el rock español: Kaka de Luxe.

Cuando el punk era innovación, respuesta, pose, allá en el año 77, tres miembros de un fanzine llamados Fernando Márquez “El Zurdo”, Manolo Campoamor y Carlos Berlanga, deciden intentar ganar un dinerillo en esto de la música. Conocen a Enrique Sierra, Nacho Canut y Olvido Gara y montan Kaka de Luxe. Con Rosario / Toca el pito comienzan a moverse por el ambientillo de la época. Y con un empiece como “Rosario se ha escapado, se ha ido de su casa. Ha matado a su padre con una lanza” y unos riffs de guitarra tan tremendamente irregulares y prácticamente copia de I wanna be your dog de los Stooges, comienzan a hacerse conocidos en poco tiempo.

kaka_de_luxe_promo2Seminal. Dícese de aquello de lo que surge algo posterior. Proveniente de semilla/semen. Dícese de divertido, loco, lúdico, gestor, proveniente de semen/semilla. La mezcla de ambos dícese se aplica de manera perfecta a Kaka de Luxe, un grupo que se ramificó en tantas vertientes que haría falta casi un libro para poder desarrollarlo. Enrique Sierra lo petó al bajo con Radio Futura, Fernando Márquez se sofisticó al lado de Mario Gil en Paraíso y luego en La Mode,  los Pegamoides tomaron el testigo de Kaka y estuvieron varios años entreteniendo al personal. Posteriormente, surgirían Alaska y Dinarama, siempre con Berlanga como contrapunto dandy a la liviandad del imperdible. De Pegamoides, los grandes Parálisis Permanente, Seres Vacíos, Sindicato Malone, etc. Lo dicho, grupo seminal.

kaka_de_luxe_promo¿Y el disco? Creo que de manera casual y curiosa, casi siempre lo he escuchado en el metro. Con La Tentación reconozco que tengo que hacer verdaderos esfuerzos para no descojonarme cada vez que la escucho. Y el metro no es un lugar para descojonarse, lo aseguro. La historia de chico conoce a chico en discoteca y cuando llegan a su casa, éste se convierte en un monstruo sado que destroza al protagonista dándole su merecido “por ser una puta, guarra” es uno de los momentos más provocadores de la historia musical moderna en España, para terminar con un “fornicar es un pecado mortal” llevando el sarcasmo a su máxima expresión. Borracho no se puede conducir por la ciudad o Pondré mil voltios en tu lengua son dos ejemplos más de esas letras tan en respuesta a la sobriedad y seriedad que transmitían los cantautores,  tan de moda en los políticamente conflictivos años setenta españoles, justo antes y durante la aparición de Kaka de Luxe, y de los cuales solían burlarse, utilizando la palabra aburrimiento siempre referida a ellos. Musicalmente no salen de cuatro (¿seis?) acordes en todo el disco, tocados de aquella manera, y siempre copiando al punk que un par de años antes había sembrado el Reino Unido de rabia. Pero de eso se trataba: subirse al escenario, hacerlo uno mismo como supiese, mucha mordacidad, y kilos de diversión.

kaka_single45Y ni dos años después de empezar, cumplieron su amenaza de “si queréis más dejo de tocar”, de su mayor éxito Pero qué público más tonto tengo y lo dejaron. En el año 83 la reunión de Kaka de Luxe se convirtió en mítica en el también mítico programa La Edad de Oro. Para siempre el nombre de Kaka de Luxe quedará asociado al germen de la movida madrileña. Seguramente, el paso del tiempo seca la grasa que ensucia cada momento presente y ahora veamos aquellos años mucho más divertidos y con más encanto de lo que realmente tuvieron, como sucede de una manera clara con los años sesenta.

Testimonios a ambos lados de esto hay por doquier, pero me quedo más cercano emocionalmente a los que sacan lo mejor de una época única, en contraposición a los que, en muchas ocasiones por avatares de la vida, han cambiado el registro y cargan contra aquellos que no supieron evolucionar. Sí, me refiero a Alaska, claro. (Fangoria aparte, dejemos de lado al discreto Canut). Aunque si terminas haciendo Alaska y Mario y compartiendo escenario con Nancys Rubias tras colaborar con Losantos, me parece claro que es mejor no evolucionar. Y ahora que ya “he abandonado todos mis vicios. Ni hachís, ni whisky, ni Bacarrá, ni muchachitas, ni muchachitos, el metro todo lo suplirá.” ¡Que viva el Metro y viva Kaka de Luxe!, con Canciones Malditas entrando por las orejas.

0 Comentarios

Tags: , , , , , , , , , , ,

The Vaccines brillan pero no tapan el desaguisado del Primavera Club

Publicado en 08 diciembre 2012 por

Eran muchos los malos augurios que se congregaban sobre la organización de la sucursal madrileña del Primavera Club, ya incluso antes del infame anuncio que se produjo esta semana de la reducción de aforo de una de las tres naves de Matadero en las que se iba a desarrollar. Pero lo cierto es que el Primavera Club de este año en general y la edición madrileña en particular, ya venían oliendo mal desde antes de esta última gracieta del Ayuntamiento de Madrid. Para empezar, la abultada diferencia de cartel entre la edición de Madrid y la de Barcelona que, en ningún caso, se ha traducido en una rebaja en el precio de la entrada para los asistentes a la edición con menos artistas en el cartel; era algo que ya me venía escamando desde que se anunció el festival.

No obstante, aún así, decidí hacerme con una entrada para la jornada de ayer. Mis principales intereses eran The Vaccines y Cat Power, aunque también me atraía la idea de ver a Mark Lanegan, Swans,  TOY o, incluso, Antonia Font. Por lo demás el resto del cartel, lejos de darme bastante igual, me parecía sencillamente malo. Para empezar, acceder al recinto no fue cosa sencilla: en lugar de poner un buen control de seguridad a la entrada de Matadero en el que comprobaran pormenorizadamente los datos de tu DNI (hay una paranoia grande y más o menos normal con el acceso de menores a los conciertos estos días en Madrid), así como otras rutinas de seguridad, lo que había era un puesto de seguratas a la entrada de cada una de las tres naves que te registraban y te obligaban a mostrarles el DNI cada vez que accedías a una de ellas. Las colas que se montaban fueron extensas, obviamente. Así que veamos qué tal me fue con las cosas que me apetecía ver.

TOY

Edición: Cometí el error de mirar mal el lugar de la actuación de TOY, que no fue en la Nave de Terneras, sino en la Nave 16, bastante más amplia, como se ha indicado (lamentablemente sin demasiada educación) en los comentarios. No obstante la hora, 18:30 de un día laborable, sí que era correcta y, para mi al menos, primer y principal motivo para no poder asistir.

Sin duda para quien organiza un festival, poner a uno de los grupos interesantes a primera hora, como a eso de las 6 o las 7 de la tarde, para luego tener a los asistentes consumiendo bebida y aburriéndose como ostras con una batería de bandas prescindibles antes de poner algo decente a las 9, les debe parecer la mar de lógico. A los que vamos a festivales no: es más, nos toca las pelotas. A mi con eso cada vez me engañan menos y esta vez, con el aliciente de que TOY actuarían en la Nave de Terneras, esa que había reducido mágicamente su aforo de 800 a 100 personas (esto no es culpa de la organización del festival) hizo que ni se me pasara por la cabeza presentarme a las 18:30 por Matadero. Me perdí a esta banda porque la organización hizo más bien poco para que se les pudiera ver.

Mark Lanegan Band

Interesante personaje, Lanegan. Bellísima su voz y perfectamente deprimentes sus temas. Iba bastante sobre aviso del tipo de directo que practican él y su banda: sobre el papel, esos desgarrados y eléctricos bluses, esa voz densa como la niebla y esa banda afinada hasta el último detalle, son maravillosos. Un directo sin mácula salvo la inevitable mala acústica de la Nave 16 de Matadero, que nunca ha sonado del todo bien. No obstante, lo que sobre el papel pinta perfecto, a la hora de la verdad tiene luces y sombras: sí, es cierto que la voz de Lanegan es preciosa, y sí, es cierto que su banda es muy buena. Pero no hay química, no hay sentimientos: lo que te transmite su directo es una frialdad heladora que sólo consiguió que la nave se fuera vaciando lenta pero constantemente. Los aplausos que arrancaban eran tímidos salvo cuando trataban de elevar la electricidad de los temas, y la falta de conexión entre los miembros de la banda, Lanegan, y el público, fue haciendo que el concierto se hiciera cada vez más largo. Bueno para un rato, pero largo.

Cat Power

¿Cat Power? ¿Qué? ¿Cómo? ¿Dónde? Aquí no hay ninguna Cat Power, y eso que Chan Marshall avisó hace ya un mes de la cancelación de su gira europea. Hombre, obviamente si la mujer está enferma no voy a querer que me la traigan a tocar a mi casa pero… ¿y la sustitución? ¿Y la rebaja en el precio de la entrada correspondiente a la cancelación sin recambio de una de las cabezas del cartel? Esta es una actitud completamente deplorable en la que nada ha tenido que ver el Ayuntamiento de Madrid, solamente el desprecio de los organizadores del Primavera Club hacia todos los que habíamos comprado la entrada. Su única solución fue añadir la posibilidad de devolverlas tras la cancelación (solo faltaría).

Swans

A falta de un par de temas para finalizar lo de Lanegan, salimos de la Nave 16 para acceder a la Nave de Música  recinto, que, puntualicemos, no se había visto afectado en absoluto por los cambios de aforo de última hora. Según salimos de la Nave 16 nos encontramos con una monstruosa cola para acceder a la de Música. Tras 10 minutos esperando en ella, un guardia de seguridad nos hizo saber que el aforo de la nave estaba completo y que no íbamos a conseguir entrar: nos quedamos sin ver a Swans no sabemos bien por qué, en tanto en cuanto el aforo de esa nave era sabido con antelación. De modo que podíamos elegir entre quedarnos en la calle pasando frío o volver a meternos en la Nave 16 a ver a Ariel Pink’s Haunted Graffiti. Elegimos lo segundo y no se si salimos perdiendo, porque fue un concierto completamente carente de calidad, con una calidad de sonido más allá de lo lamentable y una falta completa de interés por parte del público. A las 10 de la noche, poner a una banda tan abrumadoramente mala en el escenario principal es sencillamente un insulto a quienes han pagado su entrada.

The Vaccines

Con esto ya solo quedaba una actuación para la noche: la de los londinenses The Vaccines, que solamente dando el concierto de su vida podrían ser capaces de arreglar el desaguisado y, al menos en mi caso, quitarme el cabreo que llevaba encima. Los de Londres saltaron al escenario con puntualidad británica, a medianoche, poniendo al público patas arriba con su No Hope y encadenándolo con Wreckin’ Bar, para delirio de la audiencia, que tenía los brazos en alto y no paraba de saltar y moverse espasmódicamente, presa del frenético ritmo de estos cuatro locos ingleses. Así que vamos a ver: The Vaccines ni son el grupo de la década ni dieron anoche el concierto de su vida. Pero lo que hicieron estuvo bastante bien, teniendo en cuenta que la mayoría de lo que habíamos podido ver había sido entre malo y soso.

No inventaron la pólvora, intercalaron hábilmente las canciones de su segundo disco con las de primero sabiendo que por muy buen disco que sea Come Of Age (2012), que lo es, sus temas en directo palidecen ante la mayoría de los de What Did You Expect From The Vaccines? (2011). Bastaba ver cómo se ponía el público en cuanto sonaban las primeras notas de If You Wanna, Wetsuit o All In White para comprobar que el poderío de este grupo se encuentra todavía en aquel primer y frenético trabajo. No obstante, el concierto estuvo muy bien: la voz de Justin Young estuvo muy medida, sin altibajos ni fatiga (normal, si el concierto no llegó ni a una hora de duración), la acústica de la nave se arregló milagrosamente y no cabe queja, la actitud rockera y gamberrota que tan bien dominan, bien traída pero sin exagerar… en general, una buena actuación.

De este modo, a fuerza de punk edulcorado, de buenos ademanes rockeros y de saber hacer, la noche se arregló mínimamente. Saltamos, cantamos y disfrutamos con The Vaccines, incluso con sus nuevos temas. La escasa duración de su actuación tampoco supuso gran problema: prefiero un concierto corto que funcione bien antes que uno largo en el que la voz del cantante se venga abajo o se metan canciones intrascendentes para rellenar. La actuación estuvo en la cumbre de intensidad durante casi toda su duración y cuando acabaron, los que estábamos más cerca estábamos agotados. Sin duda, buena señal. La única buena en una noche patética y desastrosa. Honestamente, visto lo visto, no me queda casi nada que lamentar ante el anuncio de que el Primavera Club no volverá a celebrarse en España: para esto, prefiero mil veces poder pagar una entrada solo por The Vaccines y poder verlos a una hora decente sin tener que aguantar toda la serie de despropósitos que tuvimos que soportar ayer.

8 Comentarios

Tags: , , , , , , , , , , , ,

Patti Smith no necesita despeinarse para cautivar

Publicado en 16 noviembre 2012 por

Es difícil conservar la objetividad cuando una ya ha confesado por activa y por pasiva su devoción hacia una persona, en mi caso, Patti Smith. No obstante, es posible que con la gira de presentación de Banga pueda hacer una excepción: ya lo hice en verano con su actuación en el Hop Farm Festival y creo que esta, aunque mejor, también me permitirá conservar cierta serenidad a la hora de describir y opinar. Al final del post encontraréis una galería con las fotografías que le sacamos anoche, aunque también podéis visitar la colección que hemos creado en nuestro Flickr con ellas.

Empecemos por lo malo que, en el caso de la abuela del punk, es más bien lo menos bueno: como absoluta fanática de Patti Smith, yo ya había visto un concierto de la presente gira de presentación de Banga, y había estudiado minuciosamente los setlists y el tipo de conciertos que la estadounidense había estado dando estos meses. Lo segundo confirmaba las sensaciones que había tenido con lo primero: puesto que Patti Smith domina el género del directo como una auténtica maestra, sería una falacia decir que está haciendo unos malos conciertos o una mala gira. No obstante, esta gira no está a la altura de las que hizo, por ejemplo, hace dos años, con actuaciones que sencillamente me ponen los pelos de punta al recordarlas (para el recuerdo siempre ese recital poético de 2010 en el teatro de la Universidad Lab0ral de Gijón; o su actuación en el ciclo que La Casa Encendida dedicó a uno de sus ídolos, Arthur Rimbaud, allá por 2007).

Y es que aunque ya dije que Banga me ha gustado bastante, da la santa casualidad de que no solo en directo interpreta las canciones menos brillantes del álbum (¿por qué demonios tiene que tocar Maria o This Is The Girl?) sino que, para más inri, las más alucinante (Amerigo, Seneca, Tarakovsky, Constantine’s Dream) no las ha interpretado ni una sola vez en lo que va de gira. Además, la selección de temas de la gira parece limitado a una veintena de canciones más o menos conocidas que, en la mayoría de los casos evitan tocar People Have The Power y que, estando bien, deja poco espacio para la improvisación. Son, además, todos conciertos de tipo acústico, aunque a veces los recintos inviten al eléctrico, lo que se ve en la gira es Patti con su banda, la mayor parte del tiempo solo con guitarras acústicas y muy poca caña en los altavoces.

Dicho esto, creo que podemos decir que yo, que soy muy pero que muy fan de Patti Smith, sabía a lo que iba. En ese contexto el concierto de anoche no me sorprendió, pero si que me dejó mejor sabor de boca de lo que esperaba. Ahora bien, el público medio que ha visto a Patti una o ninguna veces, podría quedar un poco desubicado al ir a un concierto que, al ser en La Riviera se esperaría virulentamente eléctrico (como aquél de hace dos años en los Veranos de la Villa), para encontrarse con mucho más light. De hecho anoche había bastante gente que hacia la mitad de la actuación se quejaban amargamente de lo calmado de ésta y no paraban de gritar Patti, go electric!.

Pero bueno, vamos a lo que vamos: la indiscutible genialidad que hace que, incluso en su gira menos espectacular, Patti Smith complete conciertos de una calidad altísima. Y es que da igual que toque las canciones más cutres del disco: la abuela del punk es una crack, el público madrileño la quiere muchísimo y a ella le encanta dejarse querer. Con esta combinación, algo bueno tiene que salir siempre. El concierto de anoche fue, eso si, un cambio más o menos de última hora para evitar que la Smith tocara el día de la huelga general. De hecho, durante todo el día de ayer por Twitter anduvo correteando una foto de la periodista Susana Hidalgo, que se la había encontrado junto a Lenny (su guitarrista de toda la vida) en la manifestación del día 14 en Madrid. Muy propio de la combativa Patti.

El concierto comenzó con April Fool, la canción con la que se ha presentado Banga, muy suavecita y con el punto de que, de algún modo, gran parte del público se la sabía, al menos a cachos, y al menos la tarareaba (prueba de que aquello estaba lleno de fans puros). La cosa continuó con Distant Fingers, una canción preciosa que Patti está volviendo a tocar en esta gira y que tal vez fuera uno de los mejores momentos del concierto, y Dancing Barefoot, una vieja conocida de los que ya somos habituales de sus giras, pero que nunca está de más repasar (aunque un poco más de cañita no le habría sobrado). De las canciones del nuevo disco, la que más me gustó fue Banga, buen tema de punk, simple a más no poder, gritón y gamberro que acabó con Lenny ladrando y aullando seguido, incialmente, por el resto la banda y, finalmente, por todo el público.

Las habituales arengas de Patti no se hicieron esperar y pronto se arrancó con una de sus improvisaciones de texto que versó, como no podía ser de otra manera, sobre las sensaciones que había experimentado la noche anterior en la manifestación, la belleza de ver a cientos de miles de personas tan solo unidas para demostrar que no son solamente individuos y cómo algo tan simple no llega a suceder en su propio país. La unión con My Blakean Year fue perfecta y llevó al primer momento realmente intenso de la noche, con el público respondiendo casi sin reservas.

Sin duda lo mejor de la actuación fue Beneath The Southern Cross en la que, especialmente la banda, lo dieron absolutamente todo, a un público que, ahora así, alucinaba con un acústico tan eléctrico, con la desesperada emoción de su letra y con la entrega de todos los que se encontraban en el escenario. Fue el único momento en el que puedo decir que Patti se dejaba la piel en el concierto. Tampoco tuvo desperdicio Pissing In A River, aunque pecó de excesiva languidez, haciéndose excesivamente larga sobre todo al principio.

Por supuesto, Gloria antes de los bises, con un público que no paraba de corear ya no solo el estribillo, sino gran parte de la canción; y unos bises escasos con una versión de una canción de Neil Young que a mi me sobró un poco (la habría cambiado mil veces por Free Money o Rock and Roll Nigger, las grandes ausentes de la noche) y la sorpresa de incluir People Have The Power, que no está apareciendo mucho en lo que va de gira pero que creo que fue un acierto porque, sin ser el mejor tema de Patti, es una canción que al público le gusta mucho y la gente no hacía más que pedírsela.

En el aspecto técnico, en contra de lo que muchos temían, La Riviera sonó perfectamente (normal, no se le pedía nada del otro mundo); aunque no estaba ni mucho menos llena (temo que el precio de las entradas no ayudó demasiado). No voy a cerrar la crónica sin contar algo que sí que me decepcionó un poco: a pesar de que en otras ocasiones Patti Smith no ha tenido ningún problema en acercarse para firmar a los fans que, respetuosamente, la esperaran a la salida de los conciertos, la decena escasa de personas que la esperamos anoche a la salida de La Riviera nos llevamos un chasco al comprobar que Patti pasaba de nosotros. No sé a qué se debería, pero me dio bastante rabia.

Que a nadie se le olvide que la gira española de Patti Smith no acaba hoy, quedan tres fechas. Las dejo aquí para los despistados. Lo bueno de Patti es que, incluso un concierto de su peor gira, sigue siendo un auténtico conciertazo para cualquier persona a la que le guste la música.

  • 16/11/2012: Cartagena. Auditorio El Batel. Festival de Jazz. 20-30€ Entradas.
  • 17 /11/2012: Valencia. Polideportivo Cabanyal. Festival Urbano VLC 2012. 28-63€ (según el tipo de abono) Entradas.
  • 19/11/2012: Barcelona. Palau de la Música. Festival Mil.lenni. 18-64€ Entradas.

0 Comentarios

Tags: , , , , , , , , , ,

Here’s The Sex Pistols…

Publicado en 05 noviembre 2012 por

Pocas veces, quizá ninguna, puede uno encontrar tantas dificultades para seleccionar qué decir de un grupo y un disco concreto. Todos los ríos de tinta que han corrido en torno a los Sex Pistols y las polémicas a su alrededor no hacen más que subrayar su trascendental importancia. Y es que podríamos empezar por intentar definir el punk y cuestionar si fueron o no realmente merecedores de este calificativo, o si cabe considerarlos como un producto en manos de Malcom McLaren, que con ojo clínico de avezado sociólogo vislumbró el potencial que tenía ante él. Como consecuencia, y teniendo en consideración el impacto social de la banda, todo habría sido una engañifa, tanto para el público como para los propios miembros del grupo. O podríamos ser complacientes, o maquiavélicos, y plantear si, pese a todo, se logró el objetivo, se transmitió el mensaje, se puso a la juventud en pie de guerra, se escupió a la cara de la sociedad estandarizada y el plan fue un éxito, contando paradójicamente con la inestimable ayuda de los medios de masas.

Podríamos hablar sobre la gestación y los sucesos acaecidos durante la grabación del disco, o de sus desorbitantes éxitos en los charts, o sobre el impacto que supuso sobre miles de jóvenes cabreados y padres acojonados, o sobre las polémicas, sus letras, las denuncias de obscenidad o la censura. Sobre su herencia, su influencia, si murió en si mismo, si lo hizo el día que alguien se compró un imperdible para colgárselo a modo de imitación, si lo que vino después fue otra cosa o más de lo mismo. Podríamos hasta transvasar el mensaje a lo que vivimos hoy. Da para una tesis doctoral, francamente. Para conmemorar el 35 aniversario del Never Mind The Bollocks, Here’s The Sex Pistols, y dado que es la primera vez que se asoman a bSides, lo que vamos a hacer es un pequeño homenaje a sus protagonistas, no sin antes dar algunos datos básicos.

Antes de la edición del disco los Sex Pistols ya eran muy famosos, un año antes se editó en single Anarchy In The U.K. (número 38), y en 1977, en pleno 25 aniversario de la subida al trono de Isabel II, se lanzó God Save The Queen, cualquier cosa menos un regalo de conmemoración. Alcanzó el número 2, censuras mediante. Never Mind The Bollocks se colocó el número 1 apenas una semana después de su lanzamiento, y el single posterior, Holidays In The Sun, subió hasta el 8. Ahora si, vamos a sus protagonistas.

Malcom McLaren

Este multidisciplinar artista escocés había amamantado sus tendencias entre los situacionistas del 68. Diseñó ropa para el mundo del cine y el teatro hasta que en Nueva York fue brevemente manager de los New York Dolls, a su retorno a Londres el plan estaba trazado: música, moda, contestación social, impacto, éxito comercial. La tienda de ropa SEX era el núcleo. En 1976 agarró al grupo The Strand, al que modeló a su gusto, expulsando a quienes no quería y fichando a nuevos miembros, fundamentalmente basándose en la apariencia de los mismos, hasta que aquello se acabó convirtiendo en los Sex Pistols. Tras aquello promocionó a otras bandas e incluso a sí mismo. Se le considera uno de los introductores del hip hop en Gran Bretaña. Murió en abril de 2010 de un tumor cerebral en Suiza.

John Lydon (Johnny Rotten)

Nacido en 1956, hacia el 75 era asiduo merodeador de SEX. Cierto día llamó la atención de McLaren por una camiseta de Pink Floyd sobre la que había escrito “I HATE”, sumando a esto su aspecto y su pelo verde, McLaren no se lo pensó dos veces y le ofreció una prueba para cantar en Sex Pistols. De nuevo la imagen por delante. Tras la disolución del grupo ha mantenido una larga carrera al frente de Public Image Limited (P.I.L.), heterodoxa e influyente banda que aún permanece en activo.

Steve Jones

Cosecha del 55. Infancia difícil, adolescencia cleptómana y camino a la delincuencia sellado. La música lo salvó, aunque claro, para dedicarse a ella juntó un buen material a base de robárselo a (dicen) gente como Bob Marley, Roxy Music o Mick Ronson. Es uno de los dos miembros (guitarrista) de The Strand, la banda semilla, que sobrevivió a la purga de McLaren. Tras los Sex Pistols fue músico de estudio, solista e incluso logró formar en la banda de Iggy Pop y montar combos con Axl Rose e Ian Astbury entre otros, pero antes colaboró junto a Paul Cook en la elaboración de los singles editados bajo el nombre de Sex Pistols para la ficción satírica del grupo que McLaren convirtió en película en 1978 (The Great Rockn’Roll Swindle).

Paul Cook

Nacido en el 56 su infancia fue muy distinta a la de Jones, pero acabaron siendo íntimos. Él no robaba sus instrumentos, los compraba, y ahí permaneció, como batería de los Sex Pistols. De su carrera posterior poco hay que reseñar, aunque ocasionalmente continúa en activo con Man-Raze. La anécdota; la tienda de ropa que abrió en Barcelona en el año 92.

Glen Matlock

Otro del 56. Matlock pasaba por ser el único miembro del grupo con conocimientos musicales suficientes y sin embargo entró de rondón, apoyado por McLaren desde su puesto como empleado en su tienda de ropa. Su papel como bajista (y gran apoyo en la composición) quedó seriamente comprometido con la entrada de Johnny Rotten y la mala relación que generaron. Entre acusaciones jocosas justificando su expulsión porque le gustaban los Beatles, o era aseado, o según él mismo, porque aquello era una mierda, estuvo en un tris de volver cuando se dieron cuenta que su sustituto, Sid Vicious, era incapaz de sostenerse en pie y tocar una nota durante la grabación de Never Mind The Bollocks. Al no pagarle por adelantado lo convenido, Matlock se dio la vuelta, trabajo que tuvo que hacer Jones. Desde entonces ha tenido diversos proyectos en combos de renombre, e incluso estuvo en la reunión de los Pistols en el 96. Lleva más de una década con su propia banda, los Philistines.

Sid Vicious

El ángel caído. El más joven, del 57. El muerto. Simon John Ritchie era amigo de escuela de John Lydon, y había vivido entre drogas gracias a su madre, camello en Ibiza y con la que se inyectaba desde los 17 años. Desde muy joven era reconocido en conciertos, salas y festivales de ambiente punk y underground por pasar LSD. Gracias a esa fama y a su amistad con Lydon estuvo en el mundillo desde el principio, llegando a protagonizar un acto histórico, tocar como baterista en la primera actuación de Siouxsie & The Banshees. La amistad con Lydon le llevó a ser el fan número uno de los Pistols, e incluso se le apadrina como generador del pogo. Cuando Matlock dejó la banda, Lydon (ya Rotten), hizo lo necesario para que Sid lo sustituyese. Y el resto es historia. McLaren lo definió como “la actitud”, volviendo a demostrar lo poco que le importaban las virtudes musicales de sus chicos. Sid Vicious fue parte central en la disolución del grupo en medio de la gira por EEUU y su relación tortuosa y adicta con Nancy Spungen. Murió de sobredosis en 1979, y según confesó su madre, ella misma se la administró.

Vive rápido, muere joven. Era uno de los eslógans del punk. Todos se subieron al carro, todos querían quemar, protestar y colocarse. Los Sex Pistols metafóricamente, lo hicieron, fueron efímeros, pero dejaron su huella por siempre. En cuanto a las personas, algunos respetaron el código hasta el final, otros se apearon del tren. Never Mind The Bollocks es el legado de un tiempo clave.

0 Comentarios

Tags: , , , , , ,

Cohete a Rusia desde Queens

Publicado en 05 noviembre 2012 por

Caprichos del calendario. Rocket To Russia, tercer disco de Ramones, cumple 35 años a la vez que el Never Mind The Bollocks de Sex Pistols. Dos iconos de un movimiento, dos fuentes de controversia, y dos carreras radicalmente diferentes. A ambos lados del Atlántico el punk venía gestándose desde años atrás, en el momento de la eclosión fueron los Pistols quienes se llevaron para siempre la bandera, pero persisten quienes discuten la paternidad en favor de los de Queens. Sin entrar en esta discusión -lleva más de 30 años siendo reescrita y rescatando absurdas guerras de fechas sobre quién empezó primero-, y eludiendo los puntos comunes, hay diferencias esenciales a las que debemos de acudir porque, de lo que aquí se trata hoy, es de hablar de Ramones, y buena parte de sus señas de identidad están ahí. Si a las estrictas fechas que atañen a la edición de singles y discos nos atenemos, los Ramones llevan la delantera por apenas unos meses de 1976. Pero aunque en ambas bandas la simpleza compositiva y la rabia juvenil son dos signos identitarios, la contestación adolescente es muy distinta, en Gran Bretaña todo tenía un cariz político mucho más marcado, en Ramones sin embargo, todo era más primario.

Como alguien dijo una vez, los Ramones fueron una banda afectada del síndrome eterno de Peter Pan. Es sencillo, un vistazo rápido a los títulos de sus canciones hace que a la vista salten los i wanna, los i can’t o los  i don’t por doquier. O sea, yo, yo y yo, y siempre mostrando deseos o frustración, un cúmulo de cosas que se quieren y desean y que rara vez vienen o acuden del modo y la duración en que se sueñan, una urgencia y una inmediatez típica y tópica del adolescente insatisfecho que un día decide empezar a protestar por todas esas cosas que ve pasar ante sus narices sin poder tocarlas, y evidentemente enarbolando sus vicios, en este caso el pegamento esnifado y las pelis de terror. En esas coordenadas hay que enmarcar a los Ramones, sin más complicaciones.

Pero lo primario e inmediato del discurso no está solo. Musicalmente propusieron unas composiciones igualmente simples y primarias, fundamentadas en un pequeño puñado de acordes y encajes sencillos de estrofas, de una duración mínima, alcanzando rara vez los dos minutos y medio y nunca por encima de tres, efímeras como el deseo gestado al calentón del momento y efímeras como la adolescencia. Sin embargo la cosa no dejaba de tener su profundidad bien pensada. Si tenemos en cuenta el panorama musical de la época, donde el rock sinfónico, el glam, el rock progresivo, el folk-rock o los nuevos caminos que abría la experimental electrónica de aquel tiempo, le daban a todo un cariz bastante complejo, pensado y a veces hasta con ínfulas, más el aspecto sofisticado de muchas de las estrellas del rock, la irrupción de Ramones puede interpretarse como un movimiento contracultural.

Así que ahí se plantaron ellos, con sus pelos y flequillos, sus chupas de cuero, sus vaqueros de pitillo, sus aires desgarbados y sus pintas de inadaptado de suburbio, rescatando el rockn’roll clásico de los cincuenta y el rock surfero, copiando la actitud de Iggy Pop o los New York Dolls, mezclándolo todo con sus motivaciones personales y pariendo como una máquina disparos de electricidad contagiosa, pegadiza, irresistible, veloz, cruda y, por supuesto…punk.

La famosa actuación de Toronto

Para cuando se editó Rocket To Russia ya les había dado tiempo a lanzar otros dos discos: Ramones (abril del 76), y Leave Home (febrero del 77). Ninguno tuvo éxito alguno más allá del circuito underground neoyorquino. Sin embargo suele citarse como un punto clave la visita que la banda hizo a Gran Bretaña en julio del 76, durante los actos del bicentenario de los Estados Unidos. Allí dieron una serie de conciertos donde fueron vistos por los miembros de varias de las bandas seminales del aún primario punk británico. Por allí andaban los Pistols, y también los Clash o los Damned y en aquel mes vio la luz el fanzine central del movimiento punk de aquellas tierras, Sniffin’ Glue, evidentemente motivado por la canción de los de Queens (Now I Wanna Sniff Some Glue). Tras el para todos enriquecedor contacto, el retorno a Estados Unidos traería mejores repercusiones. Los ecos de la actuación londinense ayudaron a que pudiesen salir de Nueva York, y en pocos meses tanto Canadá como Los Angeles verían al fenómeno Ramones actuando por allí y causando impresión entre las bandas locales.

Y como pasa cuando el murmullo corre, alguien con voz se fija y lo expande aún más. Un crítico de Rolling Stone se refirió a ellos como la mejor banda estadounidense de rock del año, y Rocket To Russia logró que por primera vez el grupo entrase en los charts, alcanzando el número 49. Como singles, Sheena Is A Punk Rocker logró el 81 y Rockaway Beach el 66. De la nada a empezar a dar codazos en las listas.  Todo un éxito para una banda de este tipo en aquellos años, y que ni anunciaba ni hacía imaginar la influencia que tendrían.

Joey a las puertas del Roundhouse londinense

Además de estos dos temas, Rocket To Russia incluía los hoy clásicos de los Ramones como Cretin HopHere Today Gone TomorrowI Don’t CareTeenage Lobotomy, además de las refrescantes versiones del Surfin’ Bird de The Trashmen y el clásico Do You Wanna Dance que Cliff Richards & The Shadows en Gran Bretaña (1962) y los Beach Boys en EEUU (1965) habían llevado a los altares del éxito. Un disco imprescindible que habla por sí solo de lo que fueron los Ramones, aquellos chicos que no querían hacerse mayores, que en sus postrimerías versionaron el I Don’t Wanna Grow Up de Tom Waits y que, como si así lo hubiesen deseado, no llegaron a “crecer” del todo. Rocket To Russia fue el último disco hecho con la formación original. Joey murió en 2001, Dee Dee en 2002 y Johnny en 2004. Tommy, el único que se bajó del barco antes del siguiente disco en estudio, en 1978, es el único miembro inicial vivo. ¿El único que abandonó a Peter Pan?

0 Comentarios

Tags: , , , , , , , , , ,

Green Day recupera la inocencia

Publicado en 16 octubre 2012 por

El trío de Oakland rebaja sus pretensiones y vuelve a hacer lo que mejor sabe: entregar una agradable colección de canciones de punk inocente y desenfadado.

Es tan solo cuestión de tiempo que antes o después todo grupo de músicos de cierto éxito caiga en el error de tomarse a sí mismos demasiado en serio. En el caso de Green Day hay poco que echarles en cara en ese sentido, pues desde luego tuvieron sobradas razones para ello tras la gran relevancia y excepcional acogida que alcanzó su ambicioso “American Idiot“, que les devolvió a las primeras planas de la prensa mundial especializada a la vez que les permitió dar un novedoso giro a su carrera.  Resulta más que razonable que trataran de aferrarse a ese éxito y abundaran en el terreno de la ópera rock con el bastante menos lustroso “21st Century Breakdown“, aunque solo fuera como forma de explotar aquella vía de escape del patrón que se les presupone en aras de una mayor flexibilidad.  Mucho menos frecuente es encontrar bandas que sepan rectificar y reconducirse a tiempo, y eso es precisamente lo que ha hecho Green Day solo tres años después con “¡Uno!“, un disco dinámico y desenfadado sin mayor pretensión que la de entregar un puñado de buenas canciones y en el que regresan al terreno que les es característico y que sin duda mejor dominan.

Es cierto que el anuncio de su intención de lanzar una trilogía de álbumes en apenas cuatro meses parece ir justo en la dirección opuesta a la de rebajar sus ambiciones, pero también lo es que la industria digiere mal los cambios excesivamente bruscos. “¡Uno!” habrá de completarse con la próxima publicación de “¡Dos!” el 13 de Noviembre y la de “¡Tré!” el 15 de Enero, pero a tenor de lo exhibido en esta primera entrega no parece que pretendan nada más que dar salida a la ingente cantidad de composiciones que han ido acumulando a lo largo de los últimos meses, además de apresurarse en consolidar el cambio cuanto antes. En concordancia con esta idea se encuentra el auténtico bombardeo de sencillos y vídeoclips que ha acompañado al lanzamiento del álbum e incluso se ha anticipado al mismo, como sucedía ya el pasado mes de julio con la publicación de “Oh Love”.

Para la producción de “¡Uno!” Green Day ha recuperado a su viejo conocido Rob Cavallo, que tan buenos resultados les ha ofrecido siempre, desde el mismo “Dookie” hasta el mencionado “American Idiot”. Según el productor, la banda quería recuperar la simplicidad de aquel álbum que les catapultó a la fama en 1994 y con el que alcanzaron el disco de diamante, y se puede decir que en gran medida lo han conseguido. El espíritu rebelde de “Dookie” se hace presente en muchos de los temas de este nuevo álbum, como ejemplifica a la perfección “Let yourself go“, estrenada ya en directo mucho antes de que la banda iniciara la grabación del disco.

Pero “¡Uno!” no pretende ser únicamente un regreso a las raíces de Green Day, sino que también trata de incorporar algunos elementos nuevos a la tradición de la banda. Quizás el caso más llamativo sea el de “Kill the DJ“, en la que Billy Joe Armstrong y compañía se permiten la licencia de adentrarse en los ritmos de la música de baile, y que fue seleccionada como segundo adelanto el pasado mes de agosto.

La verdad es que en este caso la estrategia comercial se ha mostrado bastante eficaz, y después de tanto avance el álbum ha sido recibido con gran expectación por parte de crítica y público. Cualquier duda que pudiera quedar con respecto al enfoque que el grupo había querido adoptar para su nueva obra queda inmediatamente despejada desde el mismo inicio gracias a “Nuclear Family“, que marca el comienzo de la cuenta atrás para el reencuentro con los viejos Green Day.

La sencilla pero exquisita “Stay the night” afianza las agradables sensaciones iniciales, que terminan de apuntalarse con el grito de guerra de “Carpe Diem” y el animado dinamismo de la mencionada “Let yourself go”, toda una invitación a dejarse llevar que antecede a la primera incursión novedosa a cargo de la también comentada más arriba “Kill the DJ”.  A partir de entonces comienza la alternancia de inocentes canciones acerca de amoríos adolescentes, como “Fell for you” o “Sweet 16“, con gamberros himnos que se rebelan contra todo tipo de  autoridad, caso de “Loss of control” o “Troublemaker“, manteniendo en todo momento el tono animado y ligero que caracteriza la obra.

Antes del final aún hay tiempo para recuperar el sonido power pop con temas como “Angel Blue” o “Rusty James“, que dotan de consistencia al último tramo del disco, previo al más que adecuado cierre que constituye “Oh Love”. De este modo, al final de los 42 minutos que dura “¡Uno!”, Billy, Mike y Tré han conseguido quitarnos unos cuantos años de encima, y lo han hecho sin más ayuda que la de doce sencillas canciones, algunas de las cuales no llegan a los tres minutos en la mejor tradición de los Beatles, pero que en todo caso no vienen sino a demostrar el excelente estado de forma en el que se encuentra su creatividad. Y es que el genio no tiene por qué estar reñido con la simplicidad.

Si a comienzos de los noventa Green Day decidió rescatar del olvido al viejo punk, aquel género surgido a finales de los setenta como forma de rebelión contra el rock cada vez más complejo y pretencioso que se venía realizando entonces, se puede decir que ahora ha sido ese viejo punk el que ha acudido al rescate de Green Day. Con ese estilo sencillo e inocente por bandera, con su simpatía y su saber hacer, los tres chicos de Oakland han conseguido convencernos para que nos quedemos a su fiesta. Al menos por esta noche.

1 Comentario

Archivo

Viendo música