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Los cañonazos de silencio de Savages

Publicado en 09 mayo 2013 por

Dicen que el mundo era silencioso. Dicen que ahora hay mucho ruido. Dicen que eso es una distracción constante. Que no podemos ser conscientes de lo que realmente somos. Dicen que hay que descomponerlo todo para volverlo a rearmar. Dicen que hay que guardar silencio para encontrarnos a nosotros mismos. Piden que nos callemos. Piden que se apaguen los teléfonos en un concierto. Y a cambio nos ofrecen un disco de debut en forma de cañonazo. Una orgía de ruido y electricidad. Estas cuatro chicas son Savages, la nueva gran estrella de la escena londinense, y acaban de lanzar su primer largo: Silence Yourself.

savages_band_promo

Y digo dicen, porque con todo el descaro del mundo, no solamente publican manifiestos y declaraciones de principios en su web y medios sociales de difusión -no todos originales suyos-, sino que incluso incluyen su perorata en la portada del disco. No se les puede negar que así de entrada, arrestos, atrevimiento, coraje y descaro no les falta. Se le puede llamar grandilocuencia y hasta soberbia, pero qué demonios, en estos tiempos hacen falta estas cosas y gente que venga a sacudirnos, aunque sea a bofetones sonoros. También lo dicen: pretenden con su música explotar nuevas vías de comunicación, darle una vuelta de tuerca más a la forma de experimentar la música, atizar conciencias y poner a la gente en la senda de hacer las paces entre el yo físico y el emocional (sic), una relación enterrada tiempo atrás por el vértigo de la vida moderna, y así poder avanzar hacia una vida plena. Ni más ni menos.

Y de forma paradójica su propuesta choca frontalmente con esa llamada al silencio. Silence Yourself es una vorágine de ruido. Pero además la supuesta exploración de nuevas vías de expresión musical no tienen demasiado de nuevo. Savages ejecutan algo encuadrable en la mejor esencia del post-punk más rabioso, furioso, agresivo y con olor a cerveza rancia. Y además lo adornan con ruidos cavernosos extraídos de las guitarras, proximidades a la distorsión, enjambres de murciélagos y bichos nocturnos, al mejor estilo de un pre-gothic rock bauhasiano o de flirteos con el death rock. No es suficiente. Jehnny Beth puede presumir de ser la voz que mejor ha captado (e imitado, porqué no decirlo), el estilo de cantar de uno de los grandes iconos del rock británico de las últimas décadas, de la que fuera un día reina del punk londinense y posteriormente diva de la escena oscura: Siouxsie Sioux. Y como las líneas de influencia están ahí, pese al paso del tiempo, habrá quien se acuerde de una primeriza PJ Harvey e incluso de los Yeah Yeah Yeahs. Nada importa. Se pueden buscar incongruencias y discutir sobre ellas. Porque cumpla o no con los principios enunciados, Silence Yourself es toda una experiencia que es imposible que a mi me lleve a la indiferencia.

Es un disco brutal que genera atmósferas como pocas veces se han visto en los últimos tiempos. Es capaz de ir del desasosiego a la sensualidad, de la oscuridad más recóndita a la emoción a flor de piel, de la asfixia vital a la furia desatada, de lo conceptual a lo más tangible, del ritmo psicótico a la lucidez más clara. Es un viaje a través de estilos dilatados en el tiempo solapados hoy. Cabe todo lo que hemos dicho, igual que entran minimalismos (Dead Nature), experimentos cercanos al cabaret gótico (Marshal Dear), o teatralismos que en su dramaturgia sonora casi alcanzan el paroxismo (Waiting For A Sign). Savages se han puesto mucho más duras que lo que su single del año pasado (Flying To Berlin) aventuraba. No admiten concesiones y lanzan puñaladas con cada estrofa y con cada acorde. Canciones breves (no siempre), títulos escuetos, mensajes telegrafiados, estribillos cortos repetidos hasta el infinito, para que se nos graben a fuego en la cabeza. Un puñado de temas inapelables desde cualquiera de los muchos ángulos que atesoran.

La absoluta falta de banalidad y la agresividad que escupen los altavoces con Silence Yourself sonando, parecen haber impactado a la prensa británica. Desde el principio unas cuantas plumas se han fijado en ellas, y esperaban el disco con fervor. Leí a un joven redactor que viéndolas en directo, uno podía figurarse el impacto que tuvo que suponer a los jóvenes de aquella época ver a los Banshees por primera vez. Estoy muy de acuerdo, y no he tenido el gusto. Me ha bastado con Silence Yourself. Así que aquí están: Jehnny Beth, Gemma Thompson, Aysse Hassan y Fay Milton. Dispuestas a prender fuego al escenario. Mascando espinas. Arrojándote a la cara la rebeldía y la presuntuosidad que DEBE tener la juventud en tiempos de planicie y adormecimiento. Son Savages.

PD: Los afortunados que asistan al Primavera Sound podrán verlas el día 23 del presente.

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Al fin, Eurie: disco de debut de Belako

Publicado en 15 marzo 2013 por

Lo dicho. Desde que les descubrí preparando el pasado BBKLive! estaba esperando esta noticia. Fue uno de los grupos que más me llamó la atención el año pasado, interés que ni siquiera el caos (ajeno) de su actuación en el festival bilbaino, al que se sobrepusieron con entereza impropia de su juventud, pudo mitigar. Con jolgorio me entero que Eurie, que así se llama el primer hijo del cuarteto vizcaíno, ya lleva unos días entre nosotros. Ahora ya podemos hacer las presentaciones correctamente, estos son Josu, Cris, Lander y Lore: Belako.

belako_promo1La rebautizada como Southern Sea (Beautiful World) fue la primera canción de Belako que pasó por mis orejas. A los doce segundos ya las tenía de punta. Hay ciertos sonidos que me ponen la sangre a correr, y eran totalmente reconocibles en ese tema. Pero claro, teniendo en cuenta que hay mucho revival y mucho amago que luego se queda en poco, necesitaba más. Aquello me sonó a temazo, pero tenía que afianzarlo. Buscando aquí y allá encontré que estos chavales habían ganado algún premio en Euskadi y que en Radio 3 habían alcanzado algún puesto notable como promesas en ciernes. Bien para el caché. En cuanto a la música tuve que empaparme de un buen montón de grabaciones tirando a cutres de actuaciones en pequeños clubs que circulaban por la red. Con sorpresa y satisfacción comprobé que lo que había más allá era mucho más crudo y mucho menos amable que lo que esa canción inicialmente prometía. Además la puesta en escena me dejó tiritando. No es que hagan nada especial ni fuera de lo común, pero lo de Cris soltando alaridos con el pelo cubriéndole cara y micro, superaba con creces la imagen de cualquier peli japonesa de niñas endemoniadas. Me resultó fascinante.

Luego vino aquel desastroso concierto en Bilbao, donde, cuando pudieron tocar sin interrupciones, demostraron que hice bien en quedarme en aquel escenario pequeño y arrinconado. Lo más chocante, ver esas cuatro caras sonrientes, insultantemente jóvenes, aparentemente despreocupadas, soltando aquellas tormentas de cuchillos sonoros como si tal cosa. Eurie me demuestra que todas las señales eran acertadas, ahora que puedo tener el material de Belako todo juntito, me jacto de no haberme equivocado cuando les puse una raya roja bajo el nombre.

Vamos a las inevitables etiquetas para centrar el tema. Belako bailan entre el post-punk siniestro, el rock alternativo “underground” propio de los 80 y 90, e incluso dosis de hardcore. Fórmulas conocidas y claras: guitarras muy afiladas y nada amistosas, baterías machaconas, bajos poderosos y gobernantes, sintetizadores ambientales, paisajes fríos, crudos, ásperos, pero con la inconfundible ración sonora de nostalgia y conflicto, bien sentimental o… mental (hay un puntito esquizofrénico en Eurie). En conjunto, un viaje que ayudará a la gente a centrarse si decimos que nos puede pasear de Joy Division y The Sound (qué injustamente olvidada está la banda del malogrado Adrian Borland), a los Pixies o Sonic Youth. La habilidad de Belako, su buen hacer en recoger unos parámetros en apariencia muy simples, fáciles de imitar, pero dotarles de personalidad dentro de lo descarnado de su sonido. Con una carencia absoluta de adornos gratuitos y complacientes, son capaces de menear con maestría los cambios de ritmo de los instrumentos, que son capaces de pasarse minutos repitiendo lo mismo para luego mutar. Juegan con las melodías para construir canciones que se clavan de un modo u otro, que ahora te atacan por la vía fácil o por la compleja, que aquí te acarician pero allí te sueltan una patada en la entrepierna. Si las letras tienen casi siempre una carga que se las traen, el modo en que son cantadas dan el toque definitivo a todo. Del susurro al berrido desquiciado sin saber de dónde te cae.

belako_promo2No hay canción que deje indiferente, que no esconda algo. Del magnético riff de Sea Of Confusion a la espeluznante Haunted House (dime dónde coño has estado), de la contundencia rítmica de False Step a la maravilla pop -y crítica- de Southern Sea, de la belleza retorcida de Molly And Pete al salvajismo contenido de Vandalism -a ver quién localiza el guiño breve pero evidente que esconde este tema-, de la gloriosa línea de bajo que vertebra la psicótica Stop Contradictions (brutal temazo), al sorprendente garajeo-siniestreo-punk, y encima euskaldún, de Zaldi Baltza, y finalmente, de la angustia amablemente camuflada en Monday al cuento de terror de Eurie.

Belako han hecho un disco que es un puñetazo. Ya sabíamos que mimbres tenían sobrados. Lo que hasta ahora era desconocido, y lo celebramos, es que alguien ha cogido el diamante y ha decidido enseñarnos su proceso de pulimentado, mostrando con evidencia lo que son, cuatro chavales muy jóvenes con unas ideas muy claras y mucha calidad, que deben avanzar, pero a los que se les está dejando que vayan mostrándose como son, sin los artificios que por desgracia interfieren hoy día una y otra vez en el producto para buscar el éxito fácil y rápido. No es el caso. Eurie es el muy notable resultado de una apuesta a la que hay que seguir el rastro. Bienvenida sea. ¡Aúpa Belako!

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De puercoespines y hombres conejo

Publicado en 07 febrero 2013 por

Hay algo en Echo and The Bunnymen que siempre me ha llamado la atención. Todas las bandas de la primera época post-punk, de corte siniestro o no, la new wave, y en especial la guitar wave, por muy opacas, minoritarias o de culto que fueran, siempre se armaban con algún o algunos temas más vendibles y asequibles al público general, así se ayudaba a que el respaldo mediático del momento pusiese a los nuevos tiempos musicales en boga. Sin embargo los Bunnymen nunca tuvieron un tema rompedor de verdad, de esos que quedan grabados en la mente de todos por mucho tiempo, hasta el 84. Pero hete aquí que fueron encumbrados por la crítica desde sus inicios, y poco a poco, pero con paso firme, el público comenzó a responder hasta que en el 83 se situaron en las alturas del mainstream, algo que aún hoy me cuesta entender en un grupo dedicado a una música no demasiado fácil para el común de los mortales, y más aún del disco en cuestión: Porcupine, pero eran otros tiempos.

bunnymen_promo1Como digo, los inicios fueron una escalada continua, desde Liverpool a todo el Reino Unido. Siempre con el beneplácito de la prensa -algunos les situaban como la mejor banda del país-, Crocodiles (1980) alcanzó el número 17 y Heaven Up Here (1981) el 10, dejando que los singles sufriesen el síndrome de la “canción no pelotazo”, cosechando posiciones mucho más discretas. Echo and The Bunnymen se configuraban como una banda de largo recorrido y fondo, vendedora de discos, no de singles, lo cual ya de por sí dice muchas cosas. Cuando en junio del 82 comenzaron a lanzarse singles de lo que luego sería Porcupine, el terreno ya estaba abonado: The Back of Love se encaramó al 19, cifra sensacional para ellos en aquel momento, pero The Cutter, ya en enero del 83, su sencillo más “abierto” hasta el momento, se catapultaba al 8, el primer Top 10 de la banda. Que Porcupine en sí lograse situarse en el número 2 de los charts británicos, más que una monumental sorpresa, era un éxito de algún modo anunciado.

Y todo ello a pesar de varios obstáculos, el primero el originado por el propio grupo, secos de inspiración, divididos entre proyectos paralelos o en posiciones encontradas como el hastío de Les Pattison ante la industria y la ambición de Ian McCulloch aspirando a ser la mejor banda del mundo. Entre unas cosas y otras, más las tensiones acumuladas durante largo tiempo de sesiones de trabajo de 5 días a la semana, como una jornada laboral normal, y el lento progresar de las nuevas creaciones, llegaron a hacer el ambiente irrespirable, bajo el cual McCulloch, Pattison, De Freitas y Sergeant no se hablaban más que para discutir. La segunda zancadilla la puso WEA al rechazar la grabación original por poco comercial, y obligando a repetirla. El afamado erudito L. Shankar (no confundir con Ravi), que ya había puesto su mano en partes de las cuerdas de The Back of Love, fue recuperado para ayudar en ese toque oriental que salpica todo el disco y lograr la aceptación de la empresa.

bunnymen_promo2La última dificultad vino por donde no se esperaba, de la prensa. Porcupine fue tachado de complejo, falto de invención, insoportable en su segundo tramo, mal escrito y cantado y unas cuantas cosas más. Pero como ya he dicho, el público contradijo por completo estas aseveraciones. Y el caso es que, en efecto, es un disco complicado. No es fácil de escuchar por las buenas. Los Bunnymen habían profundizado en el lado oscuro del post-punk, haciendo el trabajo más cavernoso y opresivo, y McCulloch canta grandilocuente, como subido en una montaña. El mismo, años después, reconocería que es el disco que menos aprecia, pero por la simple razón de que no le hace feliz. ¿Porqué? Tiene una fuerte carga autobiográfica y psicoanalizante para él, y no le apetece recordar aquellos tiempos. Sin embargo, ese esfuerzo provocó un trabajo de belleza agridulce en lo lírico y de impronta en lo musical, al menos en un grupo de bandas que miraron en el espejo de Porcupine. La nueva vuelta de tuerca que supuso para el post-punk oscuro queda reflejada en la gran cantidad de fieles aficionados que adoran este disco y en la propia prensa, sí, la misma que lo rechazó en su día, con el paso del tiempo lo ha elevado a la categoría de histórico, al menos en el mundo británico, llegando al extremo de Pitchfork, que lo cita como cumbre de Echo and The Bunnymen.

La presencia de los Bunnymen en la prensa islandesa

La presencia de los Bunnymen en la prensa islandesa

Sea como fuere la propia WEA tenía gran confianza en el rápido caché alcanzado por el grupo. En lugar de rodar los clips de rigor para los singles, soltaron un buen dinero para que Bill Butt y Brian Griffin pusiesen imagen a la portada y a una pequeña película de media hora con seis canciones. Y para hacerlo se fueron a Islandia en busca de la nieve que reforzase los paisajes gélidos que la música sugería -que francamente, nunca me parecieron tan helados, aunque sí aislados-. Allí se gestaron los seis clips y, junto a la cascada Gullfoss, la famosa foto de la portada, donde, siguiendo la tradición de la banda, se ve al grupo en medio de un paisaje natural, algo que en Porcupine, han dicho, alcanza su gran hito como metáfora de la banda de rock heroica ante una misión gloriosa. Tal y como Ian McCulloch quería para sus Bunnymen.

Y poco más o menos así se incubó y eclosionó el gran hito hasta aquel día de Echo and The Bunnymen. Aún hoy estremece escuchar a un ciertamente desatado McCulloch “rompiéndole la espalda al amor”, como estremece seguir poniendo The Killing Moon una y otra vez. Canciones que perduran por décadas. La diferencia entre nosotros y los fans de aquel momento, es que no sabían que un año después llegaría “la canción más bella del mundo”. Han pasado 30 años.

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Actitud, pose y mucha niebla en el mini festival de la Semana Gótica

Publicado en 03 diciembre 2012 por

La sala Ritmo y Compás acogió el pasado sábado, una vez más, el mini festival de la IV edición de la Semana Gótica de Madrid. Francamente, uno que lleva moviéndose en estos entornos durante largos años, sabe de sobra que hay mucha más gente potencialmente cliente de este tipo de cosas que la que finalmente acude. Es además muy cierto que desde hace tiempo la “movida” anda de capa caída. En algún momento habrá que pensar un poco en qué se ha hecho desde el ocio para mantener no ya vivo, sino al menos no disgregado, el movimiento. El caso es que en una época en que todo está aletargado y la gente responde poco, que haya un grupo de locos que continúa queriendo dar caña y metiéndose en semejantes tinglados, es de loar de punta a cabo. El cartel de este año volvió a ser muy atractivo, y al final, casi a tirones, la Ritmo y Compás logró una asistencia relativamente aceptable, aunque como digo, ni de lejos todo lo que debiera haber sido. Esto fue lo que vimos.

Joy/Disaster

Nico Rohr en acción

Estos jóvenes franceses venían, como vinieron todos los toreros de la noche, con disco editado durante este 2012. Sickness es un disparo de energía post-punk de tintes oscuros que en su lírica comprometida es más punk que post. Lo confieso, eran los que mayor curiosidad me despertaban. Y en efecto su directo fue una descarga de energía, pese a todo…, y es que el sonido dejó mucho que desear, al menos desde las primeras filas, donde a veces se dejaba de oír el bajo, otras la guitarra rítmica de Simon, o directamente se acoplaba o sonaban sus punteos muy por encima de lo demás. Pero las ganas de estos chavales hicieron que todo quedase en anécdota, en especial por la apabullante actitud de Nico Rohr, su cantante, poseído toda la noche por el espíritu de sí mismo y que llevaba en el cuerpo más marcha que la sala entera. La presentación de Sickness fue extensa, no dejando pasar temazos como Shinning Monday, Twins Of Misery o Sweetie Monkey, pero también recuperando canciones para ellos emblemáticas como Lobotomy. Sonaron más sucios, más garajeros y más punk que lo habitual en estudio, y dejaron un poso que hace entender por qué no paran de girar por toda Europa y que estén cosechando seguidores en lugares tan dispares como Lituania y Argentina, entre otros.

The Beauty Of Gemina

Michael Sele perseguido por la niebla

Creo que en mi vida he tenido entre manos a una banda suiza. Me arde la curiosidad por saber cómo encaja este tipo de grupo entre las aparentes rectas mentes de los ciudadanos del país que se esconde tras los muros alpinos. Bueno, ya se encargó su líder, Michael Sele, de contarnos que malamente. Mi relación con este grupo es de amor/odio. Me resultan fascinantes cuando se agarran al gothic rock, lo adornan de sonidos clásicos darkwave, le pegan cuatro vueltas y tres hervores y paren temazos como Voices of Winter, que abre Iscariot Blues, su último disco. Por contra, cuando retornan a sus inicios mucho más electrónicos y a ratos industriales, me llegan a aburrir e incluso a exasperar, salvo en momentos realmente inteligentes como Dark Rain. Anteanoche, como era de esperar, tiraron de todos sus palos. Los primeros segundos de Voices of Winter me hicieron temer lo peor, de nuevo el sonido fallaba, pero poco a poco se fue arreglando y este pedazo de canción acabó sonando bien. El segundo tema estuvo maravilloso, perdónenme por el lapso pero no recuerdo si fue Rumours o alguna de esas otras canciones guitarreras suyas que tanto me gustan, pero al no ver teclados a la vista pensé que tendríamos un recital en esa línea. Error. Al tercer tema un cacharro pregrabado controlado con pedales comenzó a soltar electrónica. Pero mi pesar no fue el de todos, lógicamente, hubo gente pasándoselo muy bien, que es lo que importa, y el resultado fue muy apañado. Nos aproximábamos a la gran cita de la noche para casi todos con buen sabor de boca.

Merciful Nuns

El señor Artaud en pleno discurso

Ya saben, los “legítimos sucesores de Garden Of Delight”, desde Alemania y con nuevo disco, otro más en su prolífico ritmo, bajo el brazo: Goetia IV. Tal y como esperábamos aquello fue un dechado de pose en medio de un mar de niebla artificial, una puesta en escena sencilla, con cantante, guitarra y bajo, pero muy efectista y muy acorde a lo que son Merciful Nuns, una banda de rock gótico puro, de ese que bebe directamente de los pechos de Andrew Eldritch, y que potencia su grandilocuencia y misticismo. Lo que no todo el mundo entendió es que buena parte de sus kilométricos temas se ejecutasen ocultos tras una pantalla que proyectaba imágenes y frases de la canción de turno, de hecho a más de uno el concierto se le hizo largo e incluso aburrido, y se vio gente empezando a desfilar, bien hacia la calle o hacia la barra del bar -de buena tinta sé que había una razón, y algún día me enteraré-. Pero ahí seguía Artaud Seth, recio e impávido como un mesías apocalíptico, como un gurú de la oscuridad humana, desgranando canciones una tras de otra, emergiendo con su foco de entre la niebla, dando, a fin de cuentas, su espectáculo. Me gustaría saber si, al igual que Edritch un día reconoció el lado cómico de sus Sisters Of Mercy, esta gente se toman a sí mismos tan en serio como parece. El concierto fue bueno, ejecutaron de forma muy pulcra la gran mayoría de su nuevo disco, pero en detrimento de ciertos temas que muchos esperaban, lo cual hizo del evento algo bastante denso que no contentó a todos. En mi caso lo que me dolió fue la ausencia de Someday, pero no se puede tener todo…

Y así fue como vivimos esta edición del SGM Fest 2012, ojalá para el próximo año podamos contar con la presencia de ciertos elementos del panorama patrio que comienzan a despuntar y ojalá con mayor respuesta, hay que seguir apostando por estas cosas, y por tanto infinitas gracias y aplausos a Billyphobia, Marjorie Eljach, la gente de Rara Avis y el resto de la troupe de la Semana Gótica de Madrid.

Fotos por @Nebelang, puedes ver un set estupendo y extenso de la noche en su flickr.

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Chameleons Vox en Madrid: noche a flor de piel

Publicado en 22 noviembre 2012 por

La formación original

Lo confieso, The Chameleons era uno de los grandes nombres de mi universo musical que pensé que nunca vería en vivo. Su carrera corta y conflictiva acabó pronto con la actividad productiva de la banda, salvo el reencuentro de principios de siglo que dio a luz Why Call It Anything? (2001). Los años en que estuvieron en activo editando discos (1983-86) dieron como resultado tres de los mejores álbumes de la década, de esos que marcan escuela, que otros observan, nombran y renombran como influencia, y que la crítica alaba y admira, aunque por desgracia (quizá no) nunca fueron objetivo del gran público. Eso sí, su pequeña legión de seguidores siempre fue fiel hasta el tuétano, como debe ser, y como demostraron las reuniones de años después, el revuelo ocasionado y la respuesta de la gente acudiendo a los conciertos y llenando los recintos, hicieron que The Chameleons volviesen a la carretera, aún sin trabajos nuevos. Daba igual, su bagaje anterior es tan potente que tiene la solvencia suficiente para reunir a todos aquellos que un día se sintieron imantados por los sonidos de los de Middleton.

Reg Smithies

Eso sí, los auténticos auténticos, no son. Después de la segunda ruptura, la de 2003, únicamente el líder Mark Burgess y el batería John Lever siguieron adelante, de ahí que se hagan llamar Chameleons Vox. El gesto de respeto a la formación original no podía ser menos. Una muy buena parte de lo que Chameleons han sido se lo deben a los espléndidos trabajos que Dave Fielding y Reg Smithies hicieron con las guitarras -y teclados también-, pero la especial manera de manejar las cuerdas, afinando y tocando el instrumento de modos poco usuales, o directamente contra la ortodoxia, y ejecutando sus desarrollos en cada tema, lograron que el sonido Chameleons fuese tan especial y reconocible. De modo que por muy bien que lo hagan los músicos que hoy acompañan a Burgess y Lever, no puede ser nunca lo mismo.

De modo que con una gran incógnita acudí a la primera oportunidad de mi vida de ver a Chameleons, o lo que queda, en su anterior visita a Madrid. El concierto empezó antes de lo previsto, me tocó en el quinto pino, no vi nada, y aunque el sonido en aquellos extrarradios no era estupendo, al menos pude apreciar que había contundencia y sonaba -o debía sonar en mejores ubicaciones- bastante bien. Me fui satisfecho con la anécdota, pero no con la experiencia. El pasado verano, desde el sofá de casa, puede asistir a la retransmisión de su concierto en el Primavera Sound. Y ahí si que quedé boquiabierto por la nitidez de su sonido en un espacio abierto. Por tanto la cita de ayer era ineludible para mí de cualquiera de las maneras, pero había que conseguir a toda costa meterse en las primeras filas, no quería asistir al concierto, quería sentirlo.

Y eso hice y así fue. Olvídense a partir de aquí de obtener demasiados atisbos de objetividad, porque después de un ratito, el que suscribe se dejó llevar a pleno por lo que tenía delante de las narices y no se preocupó más que de disfrutar a tope. Obviamente, si los músicos no hubiesen acompañado, esto no sería posible por mucha actitud que uno ponga. Como doy por descontado que esto lo van a leer los fans de Chameleons no me voy a regodear demasiado en contar lo que hicieron. Con el setlist cualquier aficionado avanzado que pudiese estar allí tendrá bastante. Bastará con contar que el amigo Mark comenzó con la garganta un tanto fría -nunca ha sido un prodigio como cantante, y menos ahora a su edad-, pero según la cosa se iba calentando y ganando en intensidad empezó a dejarse llevar por sus propios temas, hasta desatarse y acabar bastante tocado, tanto que un tema como In Shreds, uno de mis favoritos, se me quedó algo cojo, pero antes de eso ya se había dejado varias cuerdas vocales, en especial en temas que no aparecían como los tres o cuatro que sí o sí me iban a poner patas arriba como fue Caution, de una ejecución extraordinaria.

El repertorio en relación al día anterior en Barcelona no varió -si mi información es correcta- salvo en el orden de alguna canción y el regalo de dos temas más, Up The Down Escalator y As High As You Can Go, siempre centrado en sus tres discos ochenteros. Pero francamente, quitando cinco o seis temas, casi que me hubiese dado igual esta o aquella. Las imbricadas composiciones de Chameleons; intensas, curvilíneas, de emoción contenida y subidones repentinos, de progresiones sonoras, de mallas tejidas poco a poco a base de puntadas de cuerdas,  que siempre guardan y esconden cosas; aristas que dejaste pasar un día, detalles que habías olvidado, recovecos en los que caes una y otra vez. Cosas que solamente bandas muy especiales son capaces de aportar, cosas que les hacen grandes. Ni un puñetero tema digno de ser un gran single, ni un hit para el gran público; la raíz de su fracaso comercial, el motivo de sus fracturas con la industria, pero el magma de su nexo irrompible con sus seguidores. Eso fueron Chameleons, eso es lo que de alguna manera, estuvimos disfrutando ayer, y ese es uno de los motivos por los cuales cuando me encuentro con alguien que me reconoce ser fan suyo, yo rindo pleitesía. Es alguien que sabe de música.

La versión “Vox” me satisfizo. No puedo compararla con la original, no soy tan mayor, pero me bastó con comprobar ciertos rostros entrados en arrugas, varios con acento inglés, algunos emocionados, y mucho, para darme cuenta de que algo muy especial estaba corriendo por el interior de esta gente. La culpa la tuvieron estas canciones:

SETLIST: Swamp Thing, A Person Isn’t Safe Anywhere These Days, Looking Inwardly, Up The Down Escalator, Monkeyland, Perfume Garden, One Flesh, in Answer, I’ll Remember, Soul In Isolation, Singing Rule Brittania, Caution, Second Skin…In Shreds, As High As You Can Go, Don’t Fall.

P.D.: Mark Burgess, siempre amigo de meter “morcillas” en esos momentos de calma chicha que tienen algunas de sus canciones, se marcó varios guiños.Reconocí parafraseos del Transmission de Joy Division en algún momento que no recuerdo, y juraría que tocó notas al bajo del Beat It de Michael Jackson en One Flesh, si no me falla la memoria. También pude reconocer frases del Spellbound de Siouxsie And The Banshees en Soul In Isolation, pero acompañadas de otra lírica que no me encajaba.

Aquí os dejamos las listas de Spotify con los repertorios de Barcelona y Madrid.

Fotos: @Nebelang

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Las tierras oscuras de los hermanos Reid

Publicado en 18 octubre 2012 por

En 1987 The Jesus and Mary Chain eran los chicos malos del rock. Se lo habían ganado mano a mano entre el pulso propio y ciertos avatares coincidentes jaleados por la prensa. Desde sus inicios mostraron una puesta en escena más cercana a la performance que a un concierto de rock, dando recitales de duración minúscula, llenos de distorsiones sin aparente sentido, volviendo literalmente la espalda al público, sin decir ni mú y rompiendo al final los instrumentos. Pocas actuaciones fueron necesarias para que los pocos asistentes se contagiasen de esa furia y se sumasen a la fiesta, destrozando los locales y varias cabezas y huesos de por medio. Ya conocemos cómo se las gastan por las islas a la hora del desfase.

El video anterior recoge parte de los sucesos de la Politécnica de Londres que se conocieron como el disturbio Jesus and Mary Chain -por cierto, por ahí podéis ver a un insultantemente joven Bobby Gillespie (Primal Scream) cuando aporreaba percusiones en la banda escocesa-. A estas alturas el avezado jefe de Creation Records Alan McGee ya les había firmado, teniendo más claro que el agua desde un principio que habiendo pasado el momento del punk, las crestas que aún poblaban las callejas inglesas aún necesitaban mucha gasolina, y que la prensa se la iba a proporcionar. Un par de conciertos escandalosos convenientemente aireados sirvieron para que el nombre del grupo corriese como la pólvora. Lo que nadie esperaba es que su primer disco, Psychocandy (1985) encima fuese bueno y celebrado por la prensa como de lo mejorcito del año. La maraña de distorsión sonora que dilapidaba las preciosas melodías que eran capaces de componer sorprendió a todos y les puso en lo más alto, llegando a formarse colas extraordinarias a la puerta de las tiendas el día que salía un nuevo single. El escándalo escondía calidad.

En abril de 1987 se lanzaba April Skies, un nuevo sencillo que rompería su techo en los charts (8º) al rebufo de toda la expectación que creaba cualquier cosa relacionada con The Jesus and Mary Chain. El tema sin embargo, escondía algo que no se esperaba, el ruido distorsionado había desaparecido, la voz se escuchaba y comprendía, y era muy sencillo seguir las melodías de los instrumentos. Pese a la estupefacción de muchos la canción al menos seguía sonando eléctrica, y acabaría resultando una joya en comparación a lo que vendría después. En agosto salía Happy When It Rains, menos exitosa que la anterior, igual de buena, y un pelín más acelerada, aunque seguían sin aparecer los recuerdos del salvajismo pasado.

Cuando se pudo disponer del disco entero el impacto fue mayor. El comienzo pausado del tema homónimo que lo abre (y tercer single en octubre), a buen seguro desesperó a muchos, impacientes por romperse el cuello con la primera descarga de distorsión. Cinco minutos y medio de un rock melódico, casi acústico, medio country, que por mucho que llevase aparejada una letra autodestructiva y de perdición, habitual en los hermanos Reid, no dejaba de ser un disparo entre ceja y ceja para aquellos que se habían desgañitado en los últimos dos años. Y esta sería la tónica entera del disco, a peor incluso cuando llega el segundo tema, Deep One Perfect Morning, que se desarrolla al tran-trán. Hasta que llega Happy When It Rains, ya conocido single, las caras de estupefacción debieron ser para guardar. Excepto las escuetas Down On Me y Fall, y salvando las distancias, no hay atisbo del anterior sonido de los Jesus and Mary Chain. Todo es pausa y melodía, como hecho el día de la resaca de la gran borrachera, a media tarde y con el sol a la espalda. Nine Million Rainy Days es un claro ejemplo de ese sentir, que se expande por todo el álbum, lanzando ideas de derrota y fracaso aquí y allá, deseando viajar por el infierno y perdiéndose a veces en paisajes de amor y sensaciones esta vez inteligibles. Y siempre con lluvia, mucha lluvia.

Jim y William Reid decidieron ventilarse Darklands ellos solitos. Pese a que en los dos primeros singles contaron con parte de sus anteriores instrumentistas, la grabación final les recogía a ambos acaparando créditos y repartiéndose tareas junto a la caja de ritmos programados que utilizaron. William cantó tres temas, siendo el resto para su hermano. Y por mucho que cambiasen de chaqueta, si es que esto puede decirse, les salió un discazo redondo, con brasas de energía punk al ralentí, pero lanzando destellos de blues, country y rockn’roll clásico, enarbolando la guitarra acústica. Las bellas melodías que lo recorren no pudieron caer en saco roto y la prensa fue muy positiva con el cambio, algo raro, ciertamente, a la par que la gente, que lo colocó en el número 5 de los charts ingleses. Los chicos más malos de la Gran Bretaña aparentaban calmarse mirando a los años cincuenta y sesenta, pero fue un espejismo, seguirían protagonizando escándalos y alborotos y hasta fueron expulsados de un programa de TV por ser incapaces de ejecutar un play-back. Al poco retornaron a la electricidad desbocada con Automatic (1989), y aunque también volvieron a los senderos acústicos con Stoned & Dethroned (1994), nada fue como en Darklands, un momento mágico en su carrera, un disco por el que no pasa el tiempo, y es que ya lo decía la maravillosa About You que cierra este diamante de 35 minutos: “there’s something warm about the rain”.

P.D.: Todos atentos porque llevan varios meses dando conciertos y este otoño viajan a EEUU. Quizá después caiga Europa. Su reunión de finales de los noventa fue un desastre, la de mediados de la década pasada, sin disco, brillante…¿qué deparará esta tercera ocasión?

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Versión / Original: Ziggy Stardust

Publicado en 09 octubre 2012 por

Hace unos meses se cumplían 40 años de The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars, uno de los discos más importantes de la carrera de David Bowie. Según algunos, el que más. Aquel álbum, concebido como una especie de melodrama musicado tenía un protagonista, el bizarro engendro intergaláctico Ziggy Stardust, que por supuesto, tenía su canción homónima y central en el disco. Ya contamos en su día el papel del personaje en la historia que contaba el disco y el de la canción en concreto. Lo que no dijimos es que el personaje en el que se basaba era en realidad un homenaje de Bowie a un cantante country llamado Norman C. Odmon, que se presentaba a sí mismo como The Legendary Stardust Cowboy, probablemente una de las primeras veces que en la iconografía estadounidense apareció la imagen del vaquero espacial, algo que de tanto en cuanto, seguiría jalonando la cultura underground en cine, literatura y cómic. Pero no hemos traído la canción hoy aquí para volver a hablar de Bowie ni de la importancia de Ziggy en su carrera ni sobre el papel de álter-ego que durante un tiempo desarrolló. Nuestro objetivo es la mejor versión que del tema se ha hecho.

Ziggy Stardust ha pasado por manos de muchos. De AFI a Def Leppard, Nina Hagen o Red Kross, incluso Dizzy Reed de Guns N’Roses jugueteaba con ella antes de tocar Street of Dreams durante la gira de 2001-2002. Ninguna de ellas ha logrado la popularidad de la que hizo Bauhaus, hace ahora exactamente 30 años. Nunca ha sido un secreto la gigantesca fuente de inspiración, tanto estilística como sonora, que Peter Murphy y los suyos encontraron en el Camaleón, y obviamente, tarde o temprano tenían que homenajearle. Lo que no sabían es que la jugada les iba a salir redonda.

En octubre de 1982 Bauhaus era una banda de culto que se había ganado una reputación en el circuito indie, pero que más allá de ser considerados como uno de los grupos seminales del movimiento siniestro-gótico, su nombre no había traspasado las duras barreras de los medios masivos. Buena parte de sus mejores canciones y discos ya estaban hechos. Visto hoy en perspectiva resulta curioso que el éxito llegase entonces. Y es que alguien tuvo la extraña idea de editar un nuevo disco, The Sky’s Gone Out, y un nuevo single separado, al margen de los que se extrajesen del álbum, el cual fue Ziggy Stardust, grabado gracias a una sesión para la BBC. El resultado fue tan bueno que la banda rompió su techo metiendo el tema en el número 15 británico, arrastrando de paso a The Sky’s Gone Out al número cuatro, apareciendo en el famoso Top of the Pops, y ganándose una popularidad que cautivó a Tony Scott para hacer que su angustiosa película The Hunger (1983) arrancase con imágenes de un acongojante Murphy y los acordes del asfixiante comienzo de su primer gran tema: Bela Lugosi’s Dead (1979). Todo el magnetismo y fuerza visual que poseían Bauhaus pudieron al fin ser contemplados por gentes “no militantes”, y todo gracias al eterno y viejo Ziggy Stardust.

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Nutria + The Diesel Dogs en concierto

Publicado en 24 septiembre 2012 por y

Otro evento para frotarse los ojos y pensar muy seriamente sobre el panorama musical español de hoy día. Y reconocemos de antemano que de no haber sido invitados ni nos hubiésemos enterado de esto. Ya hemos cubierto algunos eventos en los que hemos remarcado que hay cosas muy interesantes cociéndose por ahí, y que no se les da salida, que incluso en la llamada onda alternativa se cae a veces en la complacencia, en lo que está de moda y en lo medianamente consagrado, incluso repitiendo fórmulas hasta que se agoten. En los últimos años esto se está viendo demasiado a menudo, y no nos vamos a cansar de quejarnos de ello mientras haya gente que nos demuestre que hay motivos para protestar.

Este último sábado en la Sala El Sol de Madrid The Diesel Dogs presentaban su e.p. Antihumanism, lanzado en una preciosa edición en vinilo. No son precisamente unos novatos. Ya cuentan con tres largos: High N’Wasted (2005), See No Evil (2007) y The Golden Age (2010), y ahora vuelven a la carga incorporando nuevo bajista. Hacen un rock contundente, tanto en sonido como en carga de mensaje, ya que las andanadas políticas de sus letras son más que evidentes. Inmediatamente uno los puede emparentar con los primeros Manic Street Preachers, pero hay mucho más en el trasfondo de sus descargas. Rock crudo, salvaje, del que no hace prisioneros, del de toda la vida, o como ellos dicen: catacúmbico. Pero esto, así como carta de presentación, que está muy bien, tiene que tener un refrendo, y pudimos palparlo en persona. Su directo es bestial. En teoría deberían haber atronado, pero sonaron apabullantemente claros (y eso que alguno de ellos no estuvo muy satisfecho con el resultado) Destilaron energía, actitud, entrega y calidad, cosa sin la que todo lo demás no vale un pimiento. Y los que allí nos reunimos pasamos un rato de lo lindo disfrutando de buena música.

Y ahora me pregunto. ¿Qué tiene que hacer un grupo español de este perfil para saltar a la palestra? ¿dónde están los avezados medios que a veces se vuelcan con tostones mil y una veces vistos? ¿qué tienen que envidiar los Diesel Dogs a otra bandas internacionales que se programan en escenarios principales de festivales con propuestas parecidas? No tengo ni idea, pero si un tipo como Fernando Pardo (Sex Museum, Los Coronas) se ha lanzado a producirlos será por algo. Ahora bien, lo mismo resulta que dan mejor resultado en Nevada o Estocolmo que aquí, y si eso pasa que lo disfruten que seguiremos merendando chiquillas con guitarra acústica y cenando modernos atormentados. No pasa nada…¡killing myself for rock n’roll!

Antes que ellos la avanzadilla vino con Nutria, un grupo de creación relativamente reciente, a base de gente venida de aquí y de allá, y que andan presentando su primer e.p. Compartiendo Helecho. Estos tampoco andan cortos de energías, aunque a lo que le dieron a base de bien fue a una mezcla de psicodelia garagera con mucha actitud punk, experimentación sonora, y un sentido del humor muy particular. Su versión en directo destaca por una percusión frenética que marca el norte del grupo en todo momento. Dejaron las tablas bien calentitas para lo que vino después, dejando bien claro que las nutrias no cambian de color. Aquí tenéis su bandcamp.

De modo que esta es una más de las cosas que pasan en el panorama musical de hoy sin que se entere casi nadie, pero como alguien dijo una vez, las cosas entre amigos saben mejor. Mil gracias a Peny, Alex y Javi del Portillo por invitarnos y hacérnoslo pasar genial.

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Estilo Internacional debutan con Un Mundo A Escala

Publicado en 13 agosto 2012 por

Hoy de nuevo traemos a una banda debutante. Por segunda vez de la mano de Delia Records, y por segunda vez un poco tarde desde que el propio grupo, al igual que hicieron The Lost Souls Club, nos ofreciesen su música a través de las redes sociales. En este caso debo reconocer que los marqué en rojo al momento para hablar de ellos, pero lamentablemente no ha habido oportunidad. Hasta ahora. Poneros en situación porque vamos a dar un salto en el tiempo de alrededor de treinta años.

La verdad es que hacia tiempo que no encontraba un nombre tan apropiado para una banda. Estilo Internacional toman su nombre de la corriente arquitectónica que, de forma muy sucinta, propugnaba el formalismo crudo del movimiento moderno, exponenciando el uso de la esencia, lo simple, lo lineal y dejando el ornamento aparcado. Esto encaja de forma perfecta con la música que sale de Un Mundo A Escala, porque estamos ante un trabajo que de forma inmediata retrotrae a lo esencial de un estilo, el post-punk, que lejos de sumarse al inefable revival que venimos gozando -y sufriendo según casos- desde hace años, lo asalta para sumarse a la génesis. Es más, contextualizado dentro de la memoria colectiva patria, los sonidos de este disco no tardan apenas nada en llevarnos a los primeros compases de la manida movida. Entiendo que en los tiempos que corren el “háztelo tu mismo” retorna y que los costes de producción se reducen al mínimo, pero Estilo Internacional, quizá de forma consciente, convierten la necesidad virtud y abanderan la frescura del sonido puro, sin artificios, reforzada con una voz que tantas y tantas veces se vio por aquellos años; poca virtuosidad pero mensaje directo, aquello que enarbolaba el “si tienes algo que decir coge el micrófono y cántalo a tu manera”. Y desde luego, no es peyorativo, como el tiempo ha demostrado. Más de uno seguro que ve muchas semejanzas a tótems como Parálisis Permanente.

El trío está compuesto por Miguel MartínezJaime FerrerPatxi Martín, tres rostros bastante familiares dentro de determinados ambientes de la noche madrileña desde hace bastantes años. Sus composiciones, como ya debería haber quedado claro, están fundamentadas por lo lógico y normal en una banda de este estilo: guitarras afiladas, cortantes, que establecen diálogos con un bajo crucial, que se erige como columna vertebral de cada canción y a su vez ejerce de guía a una batería que pocas veces es protagonista pero que ejecuta su papel vital en todos los temas. El disco en sí comienza muy prometedor con temas como Recuerdos Del Futuro, Frágiles y Microcosmos, para ir cayendo poquito a poco, aunque eso sí, manteniendo el nivel durante más de la mitad del mismo. No es que las canciones vayan empeorando, es simplemente que a veces parece que el pulso se apaga. Sin embargo, estratégicamente colocada, aparece Beirut para remontar un vuelo que aterrizará plácido en los dos temas que quedan para la conclusión. Todo ello, sin embargo, no debería crear desazón en el amante de un género que ya sabemos que va de lo frenético a la angustiosa pausa contenida.

En resumen, Un Mundo A Escala es una propuesta más que valiente, sabedora de inicio que tiene un caladero minoritario de público, pero con la suficiente estructura, tanto teórica como práctica, para crecer. Los cementerios están llenos de valientes, pero también es cierto que la gloria suele ser solamente para ellos. Como fan de este tipo de música no puedo hacer otra cosa que alegrarme del arrojo de Estilo Internacional. Que les vaya bien.

 

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Viva Rusia (II): Motorama

Publicado en 25 abril 2012 por

Antes de continuar leyendo este post, es preciso que vuelvas atrás y leas este otro dedicado a otra banda rusa, ambos están íntimamente relacionados. Si eres un aplicado seguidor de bSides y ya lo hiciste, puedes continuar.

Esta vez nos marchamos hasta Rostov del Don, la ciudad cuyos alrededores sembró de decenas de cadáveres Andrei Chikatilo, el monstruoso asesino en serie ucranio. De allí provienen Motorama, banda formada en 2006 y hoy compuesta por Vlad Parshin, Maxim Polivanov, Airin Marchenko, Alexandr Norets y Roman Belenkii. Siguiendo el hilo conductor del post en que hablábamos de Human Tetris, hay que decir que seguimos en la misma línea musical, aunque con matices postreros. Lo primero que llama la atención de Motorama nada más comenzar a escucharlos es el tremendo recuerdo de la voz de Vlad a la de Ian Curtis, de modo que ya tenemos otra vez la película montada. Además, casi la totalidad de su primer e.p.; Horse (2008), viaja musicalmente por la línea de Joy Division.

Afortunadamente hay motivos en él para continuar escuchando y no volver la espalda. Echoes, pese a sus innegables similitudes con la mítica banda, tiene el poso necesario para ser atendida, en Horse y Anchor se comete el evidente salto temporal hacia sonidos interpoleros, y aunque Normandy vuelve a la frialdad inicial, la irrupción del teclado atmosférico en conjunción con las cuerdas ochenteras afianza el conjunto para que no quepa duda que merecen la oportunidad. El e.p. se cierra con Wife, otro tema en el que lo clásico y lo reciente se mezclan con bastante dignidad.

Un año después editan un nuevo e.p.; Bear, donde empieza a haber cambio. La gravedad nostálgica de la voz comienza a mezclarse con melodías y ritmos que poco a poco hacen que el post-punk oscuro vaya cediendo paso a un sonido pop más delicado, aunque aún dentro de los parámetros del sonido dark clásico de hace tres décadas. Lantern y Seagulls, segundo y tercer corte, respectivamente, son a buen seguro el mejor ejemplo, además de ser dos temazos. La canción que cierra el trabajo; Budapest nos aguarda con una novedad, ya que el teclado deja de limitarse a crear ambiente para conformar melodías. Motorama comienzan de este modo a mostrar en qué dirección irán los tiros, y por un momento nos olvidamos de Joy Division para empezar a pensar en New Order.

En 2011 lanzan su primer larga duración al que titulan Alps. Ya desde el inicio, Northern Seaside demuestra que la evolución continúa. Aunque ellos mencionen como inspiración a gente como Gang of Four e incluso a Beach House, de los que hablábamos aquí no hace mucho, a mí me producen un importante recuerdo a los suecos Shout Out Louds. Creo que Warm Eyelids y Compass lo dejan muy claro, aunque el tono de Vlad mantiene el nexo con el origen, lo cual resulta bastante luminoso y de agradecer, en especial en la primera de ellas, una gran canción. Su coqueteo con el dream pop, sin perder la esencia, navega a través de Letter Home y se afianza en Wind in Her Head, algodonoso tema en el que la voz cambia por completo.

Y sin descanso se llega a una de las más altas cotas del disco: Ghost es capaz de añadir, a todo lo que hemos dicho, a los Cure más poperos y a los Smiths más chispeantes, sin apenas pestañear, en lo más parecido que podemos encontrar en Motorama a un hit al uso.

De aquí al final, Alps, Ship y There’s No Hunter Here no se van a separar un ápice de lo ya señalado, para acabar conformando un l.p. más que interesante.

En el segundo tramo de 2011 nos dejaron dos singles más, One Moment y Empty Bed, y desde entonces silencio. Sabemos que ahora mismo andan de gira por Rusia y los países de la ex-Unión Soviética. Desconocemos si tienen entre manos algún nuevo lanzamiento, aunque parece que las señales son positivas. Hay que hacer aquí una mención muy especial a algo que les saca totalmente de la norma. Motorama es un grupo que, dentro del  muy complicado panorama del indie ruso, han dado la espalda al mercado tal y como lo entendemos. Toda su discografía está disponible de forma libre en su web, diseñan sus portadas, realizan casi todos sus video-clips, se autopromocionan y se abren a que todo el mundo les conozca. No han conseguido dar el salto comercial, pero sí que se les conozca y se hable de ellos en muchos idiomas. Quizá no falte mucho para que estos chicos que hablan de naturaleza, animales y literatura comiencen su viaje al oeste. Aunque sólo sea por esto último, se lo merecen.

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