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Miss Caffeina y el mal de la juventud

Publicado en 20 mayo 2013 por

Se trataba de un evento algo especial: la de ayer por la tarde era la segunda fecha que Miss Caffeina tenían en la Joy Eslava de Madrid para presentar su segundo LP, De Polvo y Flores. Pero no era un concierto completamente normal porque se trataba de un evento en el que expresamente podían entrar menores de 18 años puesto que no se vendía alcohol. Una iniciativa no solo loable, sino que completamente lógica: es bastante injusto que los adolescentes se queden sin poder ver a sus nuevos ídolos del pop nacional, de modo que, con esta solución, todos contentos. El caso es que este factor, el de la clara juventud de gran parte de la audiencia, debería haber servido para lo contrario de lo que sirvió: ser una masa alocada, histérica y hasta divertida de gente que pusiera la Joy Eslava de Madrid patas arriba.

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Yo a Miss Caffeina ya vi en directo hace algo menos de dos años en un Sonorama. Recuerdo haber escuchado por encima su primer LP y haber pensado que esos chicos tenían bastante gracia y que podían dar un concierto la mar de animado. En aquel momento me pareció que tenían un directo bastante soso que no hacía justicia a la potencia que exhibían muchos de sus temas en estudio. Lo achaqué a la juventud y a que pensé que por aquél entonces estaban todavía un poco verdes. Hace unos meses publicaron su segundo LP y lo escuché con sorpresa, descubriendo que un pop desenfadado y juvenil bien armado, muy potente y con un enorme potencial para el directo. De manera que, si bien no me esperaba el concierto de mi vida ayer por la tarde, sí que esperaba un buen subidón de adrenalina. Bueno. Pues no.

En primer lugar hay que decir que el público estaba muy apagado. Me resisto a creer que tuviera que ver con que no se sirviera cerveza en el local, pero la verdad es que durante los primeros compases del concierto yo estuve en las primeras filas de la pista y, la verdad, es que me lo había esperado muchísimo más agitado. Y para continuar, pues se juntaron el hambre con las ganas de comer: además del público casi silencioso y tirando a inmóvil, Miss Caffeina saltaron al escenario más o menos con la misma actitud que el público, y se mantuvieron así, con algunos picos puntuales, hasta los bises. Lamentablemente tengo que decir que la impresión que me quedó de ellos hace dos años era completamente cierta: la cara que mostraron ayer, al menos, era la de una banda de cinco personas que tocan sin hacerse demasiado caso las unas a las otras, como si fueran cinco monigotes puestos encima del escenario haciendo cada uno un poco lo que le viene en gana. Incapaces de generar cualquier tipo de atmósfera entre ellos, era imposible esperar que llegaran a desarrollar una conexión eficaz con el público.

miss_caffeina_joy_eslava02Si a este problema, que mucho me temo que es inherente a la banda y que ya estaba presente la primera vez que los vi; le sumamos el hecho de la desgana manifiesta con la que Alberto se subió al escenario para cantar los temas, tenemos un cóctel letal de tedio. Y es que no lo digo yo: revisen las fotos del concierto en nuestro Flickr o, sin ir más lejos, la que acompaña a este párrafo. En todas ellas se aprecia una desgana y un desinterés por la actuación por parte del líder de la banda. Y claro, así no hay manera. No sé si por culpa de los sets de luces que había por el suelo del escenario (bastante inútiles, por cierto), pero lo cierto es que sobre las tablas no se movía nadie más de 10 centímetros. El concierto nos lo estaba cantando una estatua de sal con un cacho de la cara pintado de negro en un alarde de divismo un poco desquiciante (¿se cree este chico acaso que se parece en algo a Michael Stipe?).

Y claro, con esta actitud había muy poquito que rascar: poco importa que Mecánica Espiral o Gigantes sean temas tan divertidos como poderosos. Si se interpretan con tedio, como si se tuviera horchata en las venas, no funcionan absolutamente nada. A la quinta canción Alberto se quejaba de lo silencioso que estaba el público: normal, hijo, si pasas de todas y cada una de las personas que están en la sala, si no conectas con ellas, si no las arengas, si no te mueves, si no transmites ni media mierda, pues la gente ni va a saltar ni a cantar ni a bailar. Más de media hora les costó hacer que la gente empezara a corear algunos de los temas. En algunos momentos Sergio, el guitarra, sí que trataba de hacer gestos que animaran o al menos moviera un poco al público.

miss_caffeina_joy_eslava03La cosa solamente se animó un poco cuando Zahara subió al escenario a interpretar Luciérnaga, tema compuesto por ella pero que aparece en De Polvo Y Flores; aunque no porque ella sea especialmente graciosa sino por el mero hecho de introducir una novedad en un escenario vacío por completo de ganas y energía. A ello le siguió la colaboración del habitual de grupos de corte adolescente, Ruben Pozo, que no tuvo problema en no dar ni una sola nota en su sitio en los cuatro versos que le tocó cantar de Venimos. En serio, si hubieran planeado hacerlo mal, no les habría salido una intervención tan cutre. Aunque bueno, de no cantar especialmente bien ya nos había dado algunas lecciones Alberto en los 50 minutos anteriores…

Finalmente lo único salvable del concierto fueron los 4 temas que conformaron los bises (por cierto, quedarse afinando una guitarra cuando dices que te vas ya es como que el colmo de la chorrada), en los que destacaría especialmente la sorprendente intensidad de En Modo Avión que por fin hizo sonar al grupo un poco como yo me había esperado verlos: eléctricos, limpios, emocionados y entregados. Con Hielo T y Disfraces, que son dos canciones de extraordinaria pegada, también supieron armar cierta ilusión de que les importaba algo lo que estaban haciendo. Fue ahí cuando el público pudo ponerse a saltar con ganas aunque, por otro lado, habría que ser muy cafre para no hacerlo bien con estos temas que acabo de mencionar porque, como he dicho, son bastante buenos. En resumen, leo que el concierto del sábado por la noche fue bastante bueno. No sé cómo de cierto es eso, pero el de ayer no lo fue. No tengo más que decir. Como siempre, cerramos el post con una galería de las fotos que sacamos anoche en la Joy, que también podéis disfrutar en nuestro Flickr.

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Un pajarito que vino de Suecia

Publicado en 14 mayo 2013 por

¿Te interesan el pop melódico, los paisajes que dibuja Bon Iver, los gorgoritos de Jonsi o la extraordinaria habilidad de los nórdicos para generar melodías alegremente bailables? Entonces puede que te compense emplear 15 minutos de tu vida en darle una oportunidad a Youth Blood Pt.1, el primer EP de un artista de Estocolmo que se hace llamar Mountain Bird. Y el caso es que puede que no estemos ante la culminación de la cultura occidental, pero las cuatro canciones de este EP son tan agradables, efectivas y dan tantas ganas de volverlas a escuchar, que hemos decidido hacer esta pequeña reseña para dar a conocer a este artista en nuestro país. De verdad que creemos que sus canciones lo merecen.

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El tal Mountain Bird (que en realidad se llama Adam Öhmam) salió hace unos meses de una lista de indie sueco que escucho ocasionalmente en Spotify en busca de, precisamente, este tipo de cosas. En aquel momento en Spotify solo había un par de canciones suyas, Caged y Violent Night que, lo confieso, me dejaron bastante hipnotizada. Rebusqué un poquillo y me encontré con que el chaval ya tenía toda una colección de temas de pop instrumental, principalmente interpretados al piano pero con una buena cantidad de agradables y divertidos arreglos, en su Soundcloud; y a través de su Facebook me enteré de que estaba empezando a grabar el EP que nos ocupa hoy. Este Youth Blood parece la primera parte de un proyecto con algo más de envergadura y contiene los dos temas que ya había escuchado antes y otros dos, Silent Town y Youth Blood, que recuerdan muchísimo a magnífico Go (2010) que publicó Jonsi en los años en los que Sigur Rós estuvo de parón.

Öhmam menciona también a Explosions In The Sky y a The National entre sus influencias, y la verdad es que tampoco hay que ser un hacha para detectarlos, especialmente en el último tema del EP, que es el que le da nombre. Está claro que el chico ha escuchado mucho post-rock, aunque ninguno de los temas sea ni instrumental ni rockero, los oníricos paisajes que se dibujan en este género son más que identificables. Pero lo que no menciona es que los vitalistas y coloridos disparos de paisanos suyos más cercanos  a la pista de baile como The Sound Of Arrows también se encuentra claramente presente. Pero, afortunadamente, Mountain Bird no es solamente influencias o mimetización: si bien en la primera mitad de Silent Town uno tiende a temer que no vaya a salir de los gorgoritos a lo Jonsi, pero las tensiones del tema evolucionan muy positivamente en una ascensión que recuerda a Bon Iver pero como si Justin Vernon hubiera follado la noche anterior y se hubiera levantado de buen humor.

Exactamente en el mismo tono en el que acaba Silent Town se queda Caged, aunque acercándose cada vez más a los sonidos electrónicos arrancando desde un solitario y popero piano. El mejor tema del disco me parece Violent Night, que es el que me conocí en primer lugar, con un arranque épico que me da a mi que quiere emular ligeramente los últimos pelotazos de M83, pero con una sorprendente ascensión en la primera estrofa que la convierte en un tema épico y emocionante, con las atmósferas y los tiempos pulcramente medidos. Youth Blood cierra el EP echando el freno, calmando los tiempos y tal vez al principio parece quedar un poquito más desdibujada que las anteriores, aunque esta sensación se disipa de nuevo con un inesperado y efectista cambio de registro que vuelve a llevarnos a una dimensión más épica y emocional.

En fin, que por ahora es poco lo que sabemos de Mountain Bird, pero que esperamos saber más a medida que pasen los meses. Si vas a pasar en las próximas semanas por Suecia, tal vez te lo encuentres tocando por allí. Por ahora, solamente nos queda desarle suerte, que va a ser la única forma de verle en directo fuera de su país. Seguiremos al tanto de sus andaduras porque a nadie le hace mal una pequeña dosis de electropop onírico y soñador de vez en cuando.

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La mejor versión de Garbage

Publicado en 13 mayo 2013 por

No fue ni por sorpresa ni por casualidad. La sorpresa ya la habían dado en 1995; y una colección de 12 temas de escuadra y cartabón, en los que todos son 12 hitazos como 12 soles (este disco llego a dar de sí hasta 6 singles) no se hace por casualidad, sino que surge del talento, la dedicación y el perfeccionismo de cuatro músicos que se hacían (y afortunadamente vuelven a hacerse) llamar Garbage. Ese sábado 11 de mayo su segundo álbum, Version 2.0 cumplió sus primeros 15 años. Una adolescencia para un disco que, si cabe, ha mejorado con los años y que impregnó, precisamente, la adolescencia de quien escribe estas líneas.

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Su debut homónimo había sido un auténtico pelotazo para ser los inicios de cualquier banda, aunque entre sus componentes se encontraran productores de renombre de la onda rockera y grunge de la primera mitad de los 90 estadounidenses. Version 2.0 es un disco trazado milimétricamente para triunfar, para gustar, para tomar el mapa sonoro que habían trazado en 1995 y extraer a través de ello lo mejor de si mismos. Sé que hay gente que piensa que el mejor disco de Garbage es el primero: siendo un buen trabajo, a mi no me parece ni de lejos tan redondo como el que nos ocupa hoy. Y es que opino que Version 2.0 fue y será (mucho tienen que cambiar las cosas para que esto cambie) el mejor disco de Garbage.

El disco empezó a grabarse en 1997 y fue el primero de la banda en el que Shirley Manson se encargó de la mayoría de las letras de los temas que lo componen. Se publicó en mayo de 1998 pero el primer single, Push It, ya se había colocado en diversos puestos de los top 10 de los Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido y la gran parte de Europa, España incluida. La crítica a ambos lados del Altántico lo recibió con calidez, siendo el notable alto la calificación que más se repetía. Durante 1998 Version 2.0 alcanzó el número uno en las listas de ventas del Reino Unido (su predecesor no lo había conseguido), Francia, Bélgica y Nueva Zelanda; quedándose en el top 10 de ventas en varios países europeos, aunque en Estados Unidos no pasó del decimotercer puesto.

garbage02Siendo Push It, el single de presentación del disco, un tema poderoso, oscuro y perturbador, más difícil de olvidar es el videoclip que lo acompañaba, que acentuaba las facetas más desquiciantes y bizarras del tema mediante la inclusión de elementos del terror tradicional, diversos tipos de película que añadían un toque muy curioso y dinámico a la grabación y, entre todo esto, el divino toque sensual que le daba la Manson a todo lo que tocaba por aquel entonces. El videoclip de Push It generó bastante expectación y, aunque estuvo nominado a algunos premios, no acabó obteniendo ninguno.

Las semanas transcurrieron y llegó el momento en el que Garbage vinieron a Europa para incorporarse a la temporada de festivales veraniegos. El single que acompañó a la banda en este momento fue I Think I’m Paranoid, tal vez uno de los temas más comerciales y accesibles para el gran público de todo el disco que, sorprendentemente no cosechó tanto éxito como su predecesor. En realidad, el único país en el que I Think I’m Paranoid llegó al número uno de las listas de éxitos fue… ¡España! Era octubre del 98 y lo hizo desbancando al (agárrense) Depende de Jarabe de Palo y siendo seguido por algún tema de Ella Baila Sola (no bromeo).

Similar recepción tuvo Special en otoño de aquel año y cuando ya parecía que no se iba a poder sacar más chicha del álbum, When I Grow Up lo volvió a poner en el candelero ya en enero del año siguiente. De nuevo, sin una relevancia tan clara como Push It, este cuarto single sonó con fuerza en Estados Unidos y Reino Unido, ofreciendo de nuevo una faceta más comercial y fácil de escuchar por parte de las masas de Garbage que, sinceramente, no era la que imperaba en el Version 2.0. No obstante, When I Grow Up sigue siendo un tema vibrante, divertido, saltarín y al que los años le han sentado divinamente.

Casi inmediatamente después uno de los temas más pausados de Version 2.0, The Trick Is To Keep Breathing, también fue lanzado como single pero sin el más remoto éxito. Tal vez se guardó el mejor tema para el final, a sabiendas de que You Look So Fine no contaba con la pegada de muchos de los temas del álbum, pero sí una indudable carga emocional que sorprende al oyente al final del disco con un tema puramente romántico, tierno y enternecedor después del duro bombardeo al que se le ha sometido durante todo el disco. Probablemente sea mi canción favorita de Garbage.

Con esto, entre conciertos, canciones para películas de James Bond, y algunos premios, el éxito de Version 2.0 se fue apagando. Garbage nunca acabaron de volver a la normalidad tras aquello: su tercer álbum, además de tener la mala suerte de publicarse menos de un mes después de los ataques del 11 de septiembre, sencillamente no estaba a la altura. La crítica fue entre tibia y fría y acabó llevándoles a un largo proceso de separación del que no empezaron a resurgir hasta el año pasado, con un disco bastante razonable y una gira que demostró que volvían a estar en plena forma. De hecho, no se descarta que este año publiquen un nuevo trabajo. A ver si es verdad y se dejan ver por estas tierras con un poquito más de frecuencia.

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Y El Sol se llenó de arena

Publicado en 12 mayo 2013 por

Hace ya algo más de dos años de que yo viera a The Bright por primera vez, interpretando las deliciosas canciones de su primer disco en el escenario de la sesión matinal de una edición de La Radio Encendida. Subieron al escenario en medio de una especie de ataque de pánico, se les notaban los nervios y la incredulidad ante todo lo que les estaban sucediendo. Desde entonces los he visto varias veces (porque me gustan mucho) y cada una han crecido con respecto a la anterior. Y la verdad es que es un gusto ver a una banda evolucionar, cumplir las expectativas que habías depositado en ellos y, pronto, superarlas ampliamente, como hicieron anoche en El Sol de Madrid.

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Teloneados brevemente por PLV HAVOC, cantautor altamente despeinado que amenizó con sus tortuosos versos, completamente en la onda del Nacho Vegas más eléctrico. Deprimente, austero y con unas interpelaciones un poco extrañas, al menos su intervención sirvió para que la sala se fuera llenando durante 20 minutos. Muy rápidamente se subieron los leoneses al escenario, sin que El Sol estuviera completamente lleno, pero con un nutrido número de gruppies en las primeras filas (van aumentando de un concierto a otro). En ese momento el mundo pareció cambiar, el suelo de la sala pareció llenarse de arena y sonó Estados.

O mucho cambian las cosas o Estados tiene casi todas las papeletas para ser uno de los discos nacionales del año, eso ya ha quedado patente en las últimas semanas. Pero es que aún esperándome un concierto notable, estos 5 me rompieron todos los esquemas. Los temas de Estados sonaron, todos sin excepción, brillantes. Fui al concierto con alguien que nunca había oído los discos de The Bright y al tercer tema ya me estaba diciendo que menudo conciertazo. Y es que no era para menos: sin necesidad de aspavientos, sin que diera la impresión de que se estaban dejando la vida en el escenario, los temas fluían potentes, con la voz de Miryam sólida y segura pero, a la vez, muy dulce; y los frenéticos guitarrazos de Aníbal convirtiendo el folk en rock y transmitiendo una sensación de calidez impresionante.

En el arranque, con Ela, Donde Todo Es Luz y el Jolene de Dolly Parton que tantas alegrías les está dando puso de manifiesto que había amplios sectores del público que se sabían todos los temas. Al resto rápidamente se los habían metido en el bolsillo. Tal vez un poco sorprendente, eso sí, el reducido número de temas de su primer disco que interpretaron del que, no estando tan alejado en el tiempo (hace ahora dos años que se publicó), se quedaron en el tintero temas tan bellos y coreados pos el público como Odd Towns. Pero bueno, si el objetivo era presentar Estados, quedó cumplido con creces porque, como digo, todas sus canciones sonaron poderosamente eléctricas pero sin perder el arenoso sabor de folk del desierto que invade el disco.

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Muy destacables sonaron también De Los Que Pueden Dormir y Lo Fundamental, así como los solos de guitarra de los temas más íntimos como Your Private Garden. Como no podía ser de otro modo, hubo un tema de Neil Young en el repertorio (Aníbal llegó a decir que nunca ha dado un concierto en el que no incluya uno), Cinnamon Girl, que sirvió de poderoso y eléctrico cierre para una actuación que deja clara una cosa: lo más probable es que cuando vuelva a ver a The Bright en directo, lo hagan todavía mejor que en esta ocasión. Así parece ser siempre.

El concierto fue retransmitido en directo por AgoraMusic y puedes verlo desde su canal de Youtube, por si te apetece revivirlo o tuviste la mala suerte de perdértelo. Os dejamos también con una pequeña galería con las fotos que sacamos durante el concierto.

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Texas presentan The Conversation en Madrid

Publicado en 01 mayo 2013 por

Tras más de 7 años de silencio, el lanzamiento del octavo disco de estudio de Texas, The Conversation, está cada vez más cerca (será el 20 de mayo). Por lo que sabemos de él, se tratará de un álbum repleto de sonidos folkies y countrys, aunque siempre con el característico toque pop de la banda escocesa. Y como parte de la promoción, una pequeña parte del grupo (Sharleen Spiteri y Tony McGovern) vinieron a Madrid para presentar alguno de los nuevos temas y su nuevo sonido. Ello tuvo lugar este pasado lunes 29 por la tarde, en un céntrico hotel de la capital, en el que dos quintos de Texas interpretaron un pequeño set acústico de seis canciones, todo ello organizado por la cadena de radio M80 (sí, yo tampoco tenía del todo claro que siguieran existiendo).

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Sorprendentemente, solo hubo dos temas nuevos en la lista de canciones interpretadas: fueron el single, The Conversation, que ya tiene hasta videoclip oficial; y Dry Your Eyes, que ya había sido interpretada en anteriores ocasiones y es bastante sencillo encontrar en Youtube. Ambos temas presentan un corte country muy clásico, ninguno llega a los 3 minutos de duración, aunque presentan una cadencia seria el primero, y melancólica el segundo. A día de hoy se conoce una canción más de The Conversation, la que se llama Detroit City y que Texas ya interpretaron en algunos festivales el pasado verano. Este tema confirma la tendencia folkie de la banda, aunque en ese caso la búsqueda de estribillos frenéticos y pegadizos queda mucho más patente. Queda bastante claro, entonces, que el nuevo disco de Texas quedará enmarcado en la oleada de folk-pop que está invadiendo el Reino Unido en el último año, aunque queda cierto resquicio de esperanza en que la pegada comercial de la banda sea capaz darles la autonomía necesaria para despegarse de los ritmos que llevan gente como Mumford and Sons o The Lumineers.

De los tres temas restantes, tres clásicos y una versión: una reinterpretación más del I Don’t Want A Lover que les catapultó a la fama, pero esta vez con un sabor arenoso de country americano; mismo estilo también para Black Eyed Boy (sobre estas líneas); una versión del Jackson de Johnny Cash y June Carter al que, aunque bienintencionado, le faltaban un par de ensayos; y la sorpresa de So Called Friend, tema emblemático de su tercer disco, Ricks Road (1993) y que yo, que he visto a la banda algunas veces en directo, nunca les había cazado tocando. El detalle de la Spiteri imitando con su voz los riffs de guitarra eléctrica del final de la canción porque, obviamente, ella y Tony solamente contaban con una acústica cada uno. El set fue ameno y divertido, la Spiteri se mostró extraordinariamente dicharachera y bromista y al terminar la actuación no dudó en sacarse fotos con todo el que se lo pidió. A la pregunta de si podríamos ver a Texas en directo de nuevo en nuestro país respondió que probablemente sí, pero que habría que esperar a octubre o noviembre para ello. En cualquier caso, ya queda menos para escuchar entero The Conversation.

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Megaphone Ou La Mort: un islote en el océano

Publicado en 25 abril 2013 por

Así es como lo siento, el panorama de la música alternativa nacional me aburre bastante desde hace años. No voy a citar nombres, pero tengo la constante sensación de que hay una desmesurada insistencia en sonar como el grupo de una moda prolongada durante ya algunos años, otros imprimen sonidos y estilos diferentes o, al menos, más de mi gusto, pero los envuelven de letras excesivamente adolescentes, cursis o que simplemente me dicen poco, y por otro lado hay un buen montón de gente haciendo cosas que repiten fórmulas o que no me llaman la atención. No sé si será cuestión del mercado o de una falta preocupante de atrevimiento y originalidad, o si el problema será mío en conjunción a los tiempos que corren, pero salvando un pequeño puñado de gente, poco conocida, y que además remontan su música a raíces de otras épocas, no encuentro demasiado refugio en la piel de toro, honrosas excepciones al margen. Hay un manto general de conformismo en forma y alma, algo que no deja de sorprenderme gravemente cuando la música, la juventud, y la rebeldía, son tres cosas que siempre nos enseñaron que debían ir unidas. Hoy traemos a una banda que lleva tiempo tratando de romper esa peligrosa tendencia. Son Megaphone Ou La Mort, y tienen nuevo disco: A Silent Language

MOLM_promo1Y parece que esto de ir contracorriente no es saludable. Han tardado varios años en lanzar su segundo capítulo después del debut con Camarade Coma (2008), pero a base de insistir, y con el apoyo de unos cuantos paladares de buen gusto, han conseguido crear un nuevo disco mucho más completo que el primero, aunque sin perder un ápice de esencia y principios. Esta autoedición, producida por José Luis Macías, del que algunos recordarán por aquel lejano Fotógrafos del Cielo (1991) de los legendarios Surfin’ Bichos, estará únicamente disponible vía bandcamp, en un enésimo ejemplo de las dificultades existentes, pero a la vez de las nuevas alternativas que ya están presentes. Megaphone Ou La Mort son un quinteto de origen múltiple: dos españoles (Fer Martí y el Sr. Correcto), dos argentinos (Diego Summo y Sergio Sorace) y su frontman, John Alexander Martínez, un anglo-francés con claras raíces hispanas, afincados en Valencia. Sin que necesariamente sea una relación causa-efecto, esta mezcolanza se traduce en su música. A Silent Language no debería dejarte indiferente.

No encontrarás en todo el disco casi ninguna canción que responda a los parámetros típicos de estructura común, y la que lo hace -The Unbeliever, por ejemplo- contiene un trance melódico de belleza poco habitual. Las demás son pequeñas cajas llenas de sorpresas sonoras, de arriesgados cambios, curvas y contracurvas y un continuo subeybaja entre la furia, la calma, la dulzura, la amargura e incluso el vértigo psicótico. Al margen de lo rítmico y melódico, A Silent Language tampoco responde a un estilo o etiqueta fija. Escucharlo es introducirse en una marabunta de momentos en que, a poco que tengas un oído medianamente trabajado, serás capaz de encontrar multitud de referencias a estilos y épocas, y esto, evidentemente, ya es cosa de cada cual. Particularmente he encontrado la osadía y la complejidad de aquellas bandas tipo Stranglers o Television, los torrentes guitarreros del post-punk, detalles oscuros provenientes de la darkwave e incluso próximos al death-rock, atonalidades y distorsiones del rock alternativo americano, e hiladas de cuerdas más emparentables con unos Planetas iniciales, en una clave mucho más indie, si es que decirlo así significa algo y ayuda a entendernos. Pero además hay que permanecer atento a los pequeños detalles, desde el bajo a la batería, a los cruces, de las melodías a los entramados más inaccesibles, porque aquí todos aportan, enriqueciendo la escucha del disco de un modo que ya habíamos olvidado.

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John Martínez

Pero una de las claves de todo reside en John Martínez. Para empezar tiene una voz diferente. ¡Sí, diferente!. No suena como ninguna otra ahora que todos parecen querer cantar igual. Imprime carácter y personalidad, porque además hay un dramatismo y una interpretación cuasi teatral en su modo de hacerlo que marca la diferencia y llena todas las composiciones de sentimiento (de qué tipo es otra historia). Y cuentan quienes lo han visto en directo que es un espectáculo. Además mezcla el inglés y el francés, dotando cuando usa éste último a las canciones un toque de chanson inapelable que muta en endiablado cuando los decibelios suben, siendo capaz de traer a la mente cosas tan diversas como al crooner más clásico o a los atronadores Experiénce o Diabologum. La idea que te formas de John Martínez es la de un poeta cansado, pero guerrero, saliendo a altas horas del bar en el que ha quemado frustraciones a base de ardiente licor. Y no hemos acabado, porque  esta idea queda reforzada con la carga de unas las letras nada inocentes, que se debaten entre principios conceptuales filosóficos y sociológicos en torno a la vida moderna, sus efectos -nocivos básicamente- en el ser humano, y los ejes de la comunicación, en especial la no verbal, de ahí el título. Un grupo de textos a considerar como bloque y a pensarlos en calma.

MOLM_promo2A Silent Language no es un disco fácil, pero es un disco sólido, atrevido, rico y virtuoso como hacía tiempo que no escuchábamos, y esto en estos tiempos es oro puro. Quizá el precio a pagar sea alto, y quizá sean conscientes y estén dispuestos, pero logren o no destacar entre la dictadura de la cultura dominante (sí, incluso entre lo alternativo hay dominancias), Megaphone Ou La Mort ya han aportado un aire fresco necesario, imperativo y enriquecedor que les obliga a estar en el pequeño panteón de las luminarias no anestesiadas del panorama actual, y como casi todas ellas, son minoritarios. Por eso mismo, y por ser un islote en el océano, muchas gracias. Disponible desde el pasado lunes 22 en su bandcamp.

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Ocean Colour Scene: cuando los himnos no bastan

Publicado en 23 abril 2013 por

Es una  sensación extraña, cuando uno de esos grupos que escuchabas hace ya muchos años, con esos himnos que tiene casi tatuados en la frente; cuando uno de esos grupos que, sin ser uno de tus absolutos favoritos, tiene un buen puñado de temas que, según el día, te humedecen los ojos; viene a tu ciudad. Y da la casualidad de que cuando eras (más) joven no tenías dinero para ir a verlos. Y te mueres de ganas de por fin quitarte la espinita, de por fin ver a Ocean Colour Scene cantar It’s My Shadow y The Circle frente a ti, sin esperarte tampoco el concierto de tu vida, solamente queriendo emocionarte con los himnos de tu postadolescencia, verlos por fin. Y es una sensación extraña, digo, y sé que se me va a llenar el blog trolls y que me van a dar hasta en el cielo de la boca porque anoche había mucha gente muy emocionada en La Riviera, de modo que lo que voy a poner en este post es puramente una percepción personal, siempre dejando claro que el concierto pareció encantarle a un inmenso número de personas… pero es que finalmente llegó el momento y… no fue para tanto.

stay_la_riviera01Pero vayamos por partes: para empezar la responsabilidad de telonear a los de Birmingham recayó en los barceloneses Stay. Tengo que decir que pocas veces me he encontrado con unos teloneros, ya no solo tan bien elegidos, sino tan solventes. La indudable vocación bripopera de los de Barcelona, plagados de guiños a los mejores momentos de Oasis se creció ante el goteo de público que iba llegando. He de decir que la media hora de set que ofrecieron fue, sencillamente, impecable: si acaso un poquito sosa en lo que a interacción con el público se refiere, pero con un sonido perfecto y un tono musical de ascendente intensidad que se encajó como un guante. Da gusto encontrarse con teloneros elegidos con tanta sabiduría, teniendo en cuenta los gustos del público que se encuentra en la sala para beneficio tanto de éste, que puede descubrir un nuevo grupo de su interés, como de la propia banda por poder acceder a nuevos espectadores e incluso de los mismos teloneados, al encontrarse a una audiencia más predispuesta y ya en la onda de lo que se va a interpretar. Un 10 a la organización por la elección y también una nota muy alta a los Stay por la ejecución.

Dicho esto, vayamos a la chicha del asunto: Ocean Colour Scene visitaban anoche La Riviera de Madrid (evento desplazado desde la Joy Eslava a la vista del ritmo de venta de entradas) como parte de una dilatada gira de presentación de su último trabajo, Painting (lo reseñamos aquí), por nuestro país. Si bien La Riviera no colgó el cartel de “no hay billetes”, la afluencia de público fue más que considerable. Como he dicho en el primer párrafo, hace muchos años que tengo ganas de ver a este grupo, conozco razonablemente su discografía y me consideraba bastante motivada para presenciar el concierto de anoche. Motivada pero sin grandes expectativas, que conste, tan solo esperaba emocionarme recordando tiempos pretéritos a golpe de rock. Y el caso es que no fue así: me consta que había mucha gente muy emocionada y entregada en La Riviera anoche, me consta que Ocean Colour Scene llegaron a un buen puñado de espectadores, dejándolos más que satisfechos. Pero la crónica es mia, es mi opinión la que expongo, y yo no fui una de ellos.

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Desde que en segundo tema del concierto se arrancaron con The Circle, uno de mis absolutos favoritos de la trayectoria de la banda, noté que algo me fallaba: son muchísimas las veces que he escuchado esa canción, que me ha emocionado, que me ha evocado lugares y sensaciones pasadas hace tiempo… pero anoche, en directo, no me decía nada: la voz de Simon Fowler me sonaba deslucida, carente de cualquier calidez y ausente de la imprescindible química que necesitaba establecer con la guitarra de Steve Cradock. Achaqué mi primera fría impresión a que en ese momento yo todavía me encontraba en el foso de fotógrafos y eran los punteos de Cradock lo que con más claridad me llegaba. Pero no: dos temas más tarde yo ya era una más en el público, ubicada en un lugar completamente normal, en medio de una multitud dividida entre gente entregadísima a los de Birmingham y otros que, como mis acompañantes y yo, disfrutábamos de la actuación con algo más de calma.

Los temas de Painting iban pasando, para mi sin pena ni gloria lo que a Simon Fowler se refiere, pero con un astro indiscutible sobre el escenario: y es que durante la primera mitad del concierto a mi lo que más me merecía la pena mirar y admirar era a Steve Cradock y a su guitarra. Sobre él solo puedo decir una cosa: qué maestro. La producción de los discos de Ocean Colour Scene, aunque rockera, da más importancia a la voz que a la guitarra, y no me había permitido apreciar el virtuosismo de este músico como era debido. De las 6 personas que había sobre el escenario, Cradock era sin lugar a dudas el que con más soltura se desenvolvía sobre éste, el más dinámico… el único que me transmitía la impresión de que estaba sintiendo algo con la música que estaba tocando. La solvencia y claridad de los numerosos solos de guitarra que ejecutó, incluso con una eléctrica de 12 cuerdas, fue absolutamente asombrosa. Sin lugar a dudas, cada vez que Fowler se callaba y dejaba espacio para la guitarra de Cradock, el concierto era otro para mi. Aunque en la segunda mitad del concierto quedó algo más difuminado, Steve Cradock fue lo mejor que Ocean Colour Scene ofrecieron anoche.

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Tras la pertinente batería de temas del nuevo disco, volvieron los temazos: Jane She Got Excavated, The Riverboat Song, Profit In Peace… todas canciones muy conocidas, de indudable gancho con el público, que se lanzaba a cantar los estribillos. Pero yo no percibía química, atmósfera ninguna entre el grupo y el público: ni el más mínimo atisbo de emoción o satisfacción al ver que la gente se sabe tus canciones, como si fuera algo que tiene que suceder por su cara bonita. No sé, no me gustó y ni mucho menos, me emocionó. Antes de los bises, una nueva tanda de temas de sus discos más míticos, Mosley Shoals y Marchin’ Already que acabaron con una explosiva versión de Hundred Mile High City ejecutada con muchísima electricidad, un ritmo vertiginoso y un público totalmente entregado a la vista de la subida de volumen. Probablemente fuera el tema más brillante de todo el concierto. Los bises tiraron también exclusivamente de sus tiempos de gloria, empezando por la menos conocida Robin Hood, lentida y con Fowler solo con su acústica frente al público (me dejó más fría que una piedra) y el cierre con It’s My Shadow y The Day We Caught The Train, imposible no cantarlas para cualquier mayor de 25 años que estuviera en la sala aunque, de nuevo, para mi, sin brillo ninguno porque, además, a estas alturas Cradock ya parecía bastante desconectado del concierto.

En resumen, que no sé bien qué pasó: no me iba esperando un directo como el de Muse, pero si que iba con gente como Travis o los Stereophonics en la cabeza, y el directo de las dos bandas que acabo de mencionar le dan varias vueltas a lo que Ocean Colour Scene hicieron anoche en Madrid. Repito, en cualquier caso, y sabiendo que no sirve de nada decirlo, que es mi opinión y que sé que había gente muy emocionada y que un par de personas me dijeron que les había gustado mucho. Tara o fallo mío, no lo sé. Así lo vi y así lo sentí yo. En cualquier caso, os dejo nuestra habitual galería de fotos del concierto y el setlist, también como lista de Spotify.

  1. Ocean Colour Scene – Paintingocs_la_riviera03
  2. Ocean Colour Scene – The Circle
  3. Ocean Colour Scene – Second Hand Car
  4. Ocean Colour Scene – Weekend
  5. Ocean Colour Scene – Give Me A Letter
  6. Ocean Colour Scene – Doodle Book
  7. Ocean Colour Scene – Weekend
  8. Ocean Colour Scene – Emily Chambers
  9. Ocean Colour Scene – Jane She Got Excavated
  10. Ocean Colour Scene – The Riverboat Song
  11. Ocean Colour Scene – Profit In Peace
  12. Ocean Colour Scene – Goodbye Old Town
  13. Ocean Colour Scene – We Made It More
  14. Ocean Colour Scene – If God Made Everyone
  15. Ocean Colour Scene – This Day Should Last Forever
  16. Ocean Colour Scene – One For The Road
  17. Ocean Colour Scene – Travellers Tune
  18. Ocean Colour Scene – Hundred Mile High City
  19. Ocean Colour Scene – Robin Hood
  20. Ocean Colour Scene – It’s My Shadow
  21. Ocean Colour Scene – The Day We Caught The Train

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La contagiosa alegría de Friska Viljor

Publicado en 22 abril 2013 por

Como no siempre es habitual verlo, voy a empezar por decirlo: qué gusto da ver a un grupo de música saltar al escenario para dar un concierto con una sonrisa de oreja a oreja en la cara, y que ésta no se desvanezca hasta el último bis. Y esto es lo que hicieron los suecos Friska Viljor este sábado en El Sol de Madrid, a donde vinieron a presentar su Remember Our Names un día después de hacerlo en Barcelona. En la sala había lleno y da la ligera impresión de que todo el que en la capital se llame “moderno” estaba ahí para ver a Daniel Johansson y Joakim Sveningsson contagiar alegría con su música.

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Básicamente, el concierto de Frista Viljor estuvo muy bien, ahora procederemos a dar detalles. Pero también tengo que recalcar que uno de los aspectos de la banda que más interesante había encontrado en sus discos, que era la no pomposidad instrumental de estos, las composiciones animadas pero sin vaivenes épicos; en la versión de directo está sustituida por una carga eléctrica y un ritmo acelerado que puede aturullar un pelín. No obstante, esto es más un apunte informativo que un reproche, porque la adición de electricidad en detrimento de la producción poppie de algunos de sus temas no me parece ni de lejos una mala idea.

Dicho esto, relatemos someramente la actuación de los nórdicos. Saltaron al escenario con pocos minutos de retraso y sin teloneros para interpretar una primera batería de canciones, casi todas procedentes de su nuevo disco. La divertida fanfarria de Stalker puso a los modernos a bailar sin concesiones y la energía con la que toda la banda aporreaba sus instrumentos desde el primer momento le quitó cualquier toque amable y tontorrón al tema para convertirlo en un frenético torrente de optimismo. Tras tres canciones muy agitadas, el ritmo se calmó un poco la mandolina de Did You Ever y con Easy Is Hard, que me pareció uno de los temas más brillantes de Remember Our Name y que en directo también me cautivó con su ritmo inocentón y entrañable.

friska_viljor02Y hasta aquí duró la “presentación” del nuevo disco: bien porque se sintieran en deuda con el público madrileño (pidieron disculpas por haber pasado casi 3 años sin venir) o bien porque acostumbren a repasar sus canciones más cañeras sin importar de qué disco procedan para mantener a la audiencia animada; la atención que le prestaron a Remember Our Names fue sorprendentemente baja. A cambio consiguieron, a base de tirar de sus temas más conocidos y bailables, tener al público muy divertido durante el poco más de hora y cuarto que duró su concierto.

Y es que supongo que hay quien puede acusar a los Friska Viljor de interpretar un setlist exageradamente escueto, teniendo en cuenta que son 5 los LPs que han lanzado a lo largo de su carrera. Yo no estoy de acuerdo: aparte de que opino que lo bueno, si breve, dos veces bueno; la intensidad con la que ejecutaron todas y cada una de las canciones que interpretaron pedía a gritos un concierto corto: es imposible tener tanto a la audiencia como a los músicos pendiente de unos ritmos tan acelerados pero tan homogéneos durante tanto tiempo. Por eso opino que los Frisjka Viljor supieron medir bien sus tiempos y los ajustaron para poder dar lo mejor de si mismos en cada minuto de la actuación.

Entre ritmos frenéticos, voces desgarradas y ocasionales cambios de guitarra a mandolina, nos plantamos en los bises en una hora. Durante estos, y tras asegurarse de que todo el mundo en el público se sentía muy feliz (exceptuando a aquellos a los que alguien hubiera mandado a la mierda esa noche, que tenían permiso para estar tristes), los escandinavos tomaron alguna clase de castellano del público y se lanzaron con las populares Arpreggio y Oh Oh con un ímpetu y una energía imparables que pusieron a la audiencia a bailar sin parar. Aunque tras Oh Oh se retiraron hubo un segundo bis en el que interpretaron, como regalo para los madrileños, según dijeron, Shotgun Sister, empezándola con mucha parsimona, tan solo con Daniel Johansson y Joakim Sveningsson sobre el escenario y añadiendo intensidad poco a poco, a medida que el resto de la banda fue reincorporándose.

Y ahí quedó la cosa, en un concierto muy divertido, bien interpretado, con mucha energía y, sobre todo, mucho optimismo que le dejaba a uno una sonrisita tonta al salir de la sala. Quedan por lo tanto confirmados los suecos Friska Viljor como una nada desdeñable opción si algún programador de festivales de nuestra geografía tuviera a bien ponerlos en alguno de sus escenarios. La fiesta, cuidada y de calidad, estaría garantizada. Os dejamos como viene siendo habitual el setlist que Friska Viljor interpretaron en la Sala El Sol el 20 de abril, también convertido en lista de Spotify; así como una pequeña galería con las fotos que sacamos en el concierto.

  1. Friska Viljor – Stalkerfriska_viljor03
  2. Friska Viljor – What You Gonna Do?
  3. Friska Viljor – Bite Your Head Off
  4. Friska Viljor – Did You Ever
  5. Friska Viljor – Easy Is Hard
  6. Friska Viljor – Passionseeker
  7. Friska Viljor – Gold
  8. Friska Viljor – Puppet Cabaret
  9. Friska Viljor – The Cure
  10. Friska Viljor – Larionov
  11. Friska Viljor – If I Die Now
  12. Friska Viljor – Wohlwill
  13. Friska Viljor – Old Man
  14. Friska Viljor – On And On
  15. Friska Viljor – Arpeggio
  16. Friska Viljor – Oh Oh
  17. Friska Viljor – Shotgun Sister

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Friska Viljor: un nombre para recordar

Publicado en 19 abril 2013 por

Gira de presentación de este disco en España:

  • 19/04/2013: Barcelona, Music Hall. 12€, Entradas.
  • 20/04/2013: Madrid, Sala El Sol. 12€, Entradas.

La novela policiaca, los muebles de diseño baratos, las cadenas de ropa para todos los gustos, el sol de medianoche… son muchas las cosas que definen a Suecia. Pero de todas ellas, una destaca y nunca deja de sorprenderme: la abrumadora diversidad musical de un país con tan solo 10 millones de habitantes. Pero es que es cierto: Suecia es una auténtica potencia musical, y el ritmo al que exportan grupos de todos los géneros, formas y colores al resto del mundo es apabullante. Lo mismo te sacan una familia de bandas de lo más metalero, que cuentan con algunas de las bandas que mejor han sabido captar y desarrollar los sonidos establecidos por Radiohead, que lanzan unos cuantos grupos de baile que ponen a las chicas patas arriba. Todo vale en Suecia, todo cabe, todo se intenta. Y Friska Viljor es un ejemplo más de ello: sonidos homogéneos pero divertidos desarrollados por Joakim Sveningsson y Daniel Johansson publicados con una frecuencia casi inusualmente alta, más aún teniendo en cuenta la calidad de su trabajo.

Friska Viljor

Remember Our Name es su quinto álbum desde que debutaran con Bravo! en 2006. El tono desenfadado de los temas trae a la mente rápidamente los momentos más brillantes de los también suecos I’m From Barcelona, aunque Friska Viljor parecen tener un mayor dominio de los tiempos y las energías a lo largo de este Remember Our Name. Me explico: I’m From Barcelona es un grupo muy vitalista y divertido, pero a sus discos se les pasa la fuerza muy rápidamente: hay algunos momentos muy brillantes, llenos de florituras, color y confeti, pero el constructo del álbum en su no es ni de lejos tan consistente como el de los temas por separado. Es en este aspecto donde Remember Our Name triunfa claramente: aunque hay temas destacables, no eclipsan a los demás, o bien es que los demás no se dejan eclipsar. Por ejemplo, los dos temas con los que arranca Remember Our Name, Did You Ever y Stalker sientan bien las bases de éste, el uno con inflexiones folkies pero sin necesidad de caer en los arrebatos de exacerbada afección que tanto inundan dicho género; el otro con desparpajo, gracia y pop natural (recurro de nuevo al término anglosajón “cheesy” para describir este sonido); pero ambos lo hacen sin necesidad de abrumar al oyente, sorprendiendo sin desconcertar, convenciendo sin destacar.

Pero pronto el tono se va volviendo algo más sólido y el disco va ganando en calidad con Bite Your Head Off y Boom Boom: el primero sigue machacando en el pop divertido, y el segundo es el primero que me destaca de verdad en Remember Our Name: un solitario sintetizador, un ritmo acelerado que por momentos recuerda a (la también sueca) Robyn y un estribillo que no necesita tirar de progresiones épicas para convencer. Easy Is Hard mantiene la calidad, desde un género distinto, pero con una letra bastante bonita, una vocación de pop acústico ya algo más serio y un resultado verdaderamente enternecedor. Después de esto el ritmo se calma un poco, volvemos al folk-pop, pero por primera vez con tintes verdaderamente melancólicos: I’m Not Done y, sobre todo, Streetlights, son dos temas preciosos, con una mayor profusión instrumental (especialmente algunos instrumentos de viento-metal) que generan perfectamente una atmósfera rica en matices más allá de la melancolía. Un buen ejemplo de lo que comentaba acerca de que se puede hacer folk para las masas sin necesidad de caer en los ritmos frenéticos o las tristezas desgarradoras de Mumford and Sons.

Until The End es otro de esos temas que destacan en Remember Our Names: sin ser yo demasiado aficionada a los ukeleles, el uso de estos empieza a quitarle hierro a las afectadas maneras de los temas anteriores y va devolviendo el color y la animación al disco. Cancioncita divertida, entrañable pero con un cambio de tempo entre el estribillo y la estrofa inteligente. Flageoletten constituye un cambio de registro tan sorprendente que solo puede ser interpretado como una pequeña broma musical en los últimos instantes del disco; que cierra con la atmósfera evanescente de Remember My Name de manera excelente: bello y sencillo tema con la inteligencia de unos coros nada discretos que le dan el punto amable que hace de la salida un paseo sosegado, pero no triste. Casi sin darnos cuenta, se nos ha acabado Remember Our Name porque se pasa así, en un esponjoso y sonriente suspiro, perfecto para una amable tarde de primavera. Si quieren más, ya saben: hoy en Barcelona, mañana en Madrid. Friska Viljor. Tienen buena pinta.

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La divertida fórmula de The Cornelius

Publicado en 19 abril 2013 por

Gira para presentar este disco en España:

  • 19/04/2013: Badajoz, Sala Mercantil.
  • 20/04/2013: Cáceres, Sala Barroco.
  • 24/04/2013: Madrid, Noise off festival.
  • 25/04/2013: Madrid, 40 café.

Ya hemos mencionado otras veces que una de las armas de doble filo que significa tener un blog es que, con el paso del tiempo, empiezan a llegar cada vez más correos de grupos que se presentan para que escuchemos y reseñemos sus discos. Es un arma de doble filo porque, obviamente, está genial escuchar música que, de otro modo, no habríamos oído de otra forma. Además, a veces aparecen cosas realmente interesantes. Pero también nos llegan cosas que, sin entrar en si son buenas o malas… sencillamente no son de nuestro estilo, y da un poco de palo no tener nada que decir. (Aprovecho para recalcar que aunque somos pocos redactores en el blog, hacemos por escuchar absolutamente todo lo que nos llega.)  The Cornelius es una de las bandas que se ha puesto en contacto con nosotros para presentarnos nada menos que su tercer disco, Walking In Circles, y ha sido una de esas bandas que no habíamos escuchado nunca y que nos han sorprendido. Además, son de Vilagarcía y en este blog siempre tenemos cierta debilidad por los grupos gallegos. Más aún cuando por su lugar de procedencia está a 10 kilómetros del lugar en el que la redactora pasa las vacaciones.

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Por lo que nos cuentan, The Cornelius es una banda que hasta ahora se ha movido en circuitos más o menos comerciales como la MTV nacional y los anuncios de refrescos. Sus dos primeros álbumes (también están en su Bandcamp) se encuadran en el rock comercial, con letras en inglés y un regusto muy pero que muy intenso a Jamiroquai y, por lo tanto, bastantes referencias a finales de los 90. En cualquier caso, con Walking In Circes se alejan del circuito comercial, se lanzan a la autoproducción y les sale un disco muy superior a sus dos anteriores y muy destacable en el panorama nacional. No renuncian en ningún momento a la carga noventera (el ya mencionado Jamiroquai asoma el gorro en el segundo tema y ya no desaparece en casi todo el disco) pero con ciertas concesiones que suenan a britpoperas y que en sus trabajos anteriores no se adivinaban. Por momentos da la impresión de escuchar algunos de los momentos más luminosos y poppies en ciertos rincones del disco.

El arranque Walking In Circles es tan sólido como serio, un guitarreo poderoso que capta la atención del oyente mínimamente interesado en el género rockero, manteniendo en el primer tema una estructura correcta aunque le cuesta un poquito mantener el tipo tras la contundente presentación. El segundo tema es Brother que, como ya he mencionado, bebe sin disimulo de la fuente de Jamiroquai. Para mi lo interesante empieza a suceder a partir del tercer corte, Whistle Song: una hábil combinación de rock comedido, estribillo pegadizo y líneas relajadas, casi veraniegas. El siguiente paso, Back And Forth, nos recuerda que The Cornelius vienen de la órbita del pop-rock para adolescentes, puesto que nos encontramos con un tema con claras referencias a lo momentos más lúcidos de Robbie Williams sin que esto, ojo, sea un reproche: hay virtud en identificar y extraer lo bueno que nos hayan podido dejar los iconos de la música popular que, en caso del de Take That, es algo. Aunque la referencia pueda sonar a anatema, es una balada bonita con un par de buenos riffs de guitarra y cierta épica que se pasa de forma agradable.

El resto del trabajo transcurre en una línea animada, de rock sencillo pero eficaz hasta que el tema que da nombre al disco da muestra de nuevo de la calidad de la banda: una canción que recuerda mucho a los Manic Street Preachers en los tiempos de This Is My Truth… y que constituye uno de los momentos más emocionales y mejor conseguidos del disco. El cierre viene de mano de A Man Talking que echa el freno completamente, apacigua el tempo, apaga alguno de los amplis y vuelve a demostrar que al género de la balada sin complicaciones se le pueden añadir algunos toques de misterio y mesura que permiten medir mejor las emociones que se van vertiendo en ella hasta desembocar en un final épico, bello y emocionante, con profusión de riffs y golpes de batería enmarcados en grandes dimensiones, creando un sonido envolvente y efectista. Un buen broche para un disco que se mueve entre las aguas del rock comercial pero con un sabor y unas influencias que se agradece ver por esos lares y que, sin lugar a dudas, lo hacen la mar de atractivo.

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