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Bilbao BBK Live, sábado: fin de fiesta a la escocesa

Publicado en 18 julio 2012 por , y

No sabemos muy bien por qué, pero el último día del BBK estuvo copado por escoceses que se subieron a los diversos escenarios con más o menos fortuna. A pesar de ser sábado, la afluencia bajó un poquito al no ser las cabezas de cartel tan gigantescas como las de los días anteriores. No obstante, curiosamente, fue el día en el que más música había que ver en los escenarios pequeños, de modo que no paramos de ir de uno a otro. Acabamos nuestras crónicas del BBK animandoos a todos a pasar por nuestra galería de Flickr para rememorar algunos de los mejores momentos del festival. ¡Hasta la próxima!

PS I Love You

Incorporados a última hora, en el escenario más cutre, el día de cartel más flojo y a las 6 de la tarde: lo de PS I Love You en el BBK no podía salir bien. Ya he expresado muchas veces mi adoración por este ruidoso dúo canadiense, pero lo cierto es que esta vez lo tenían casi todo (parece que hasta a ellos mismos) en contra. Ya sabemos que Paul Saulnier y Benjamin Nelson son bastante tímidos, pero el bueno de Paul saltó al escenario hecho un flan: se les veía nerviosísimos, sufriendo mogollón. La palpable ausencia de público y el hecho de que no debíamos ser ni 15 personas las que sabíamos a quién demonios estábamos viendo no debió hacerles sentir mejor: nada comparado con aquél concierto de sonido perfecto y público entregado (porque se les esperaba con ganas) que dieron hace un año en el Día de la Música de Madrid. Si en aquella ocasión la gente enloqueció con Meet Me At The Muster Station, Scattered y, sobre todo, con Facelove; en esta ocasión unas tímidas palmas en los estribillos no bastaban para devolverle la confianza al dúo canadiense (ya comenté ayer que, en general, el público del BBK fue bastante frío y poco dado a los saltos, palmas o bailes).

Para más inri, aunque Death Dreams (2012) suena bien, en directo sus temas palidecen ante los de Meet Me At The Muster Station (2010). Con este panorama, pasado ya el ecuador del concierto, el pobre Paul fue y rompió una cuerda de la guitarra. Quienes estábamos en las primeras filas apreciamos la cara de pánico que se le puso al pobre chico, que si ya lo estaba pasando mal, debió desear que se lo tragara la tierra. Concluyó los punteos del tema con 5 cuerdas (nadie pone en duda que aunque sea tímido, es un guitarrista de la hostia, este chaval) y con un hilillo de voz confesó que no había traído otra guitarra y que tendrían que acabar el concierto antes. Afortunadamente, aquí sí que el público se portó, rompió a aplaudir y Paul hizo de su capa un sayo y tocó un tema más con 5 cuerdas aunque, eso sí, sudando tinta. Afortunadamente, alguien le prestó una guitarra perteneciente a una de las siguientes bandas y PS I Love You concluyeron el concierto mucho mejor de lo que empezaron, sufriendo, sí, pero habiéndose ganado a un público que no pudo más que rendirse ante la obviedad de que los chicos se habían bajado del avión esa misma mañana, tenían pinta de estar agotados y, aún así, sacaron el concierto adelante lo mejor que pudieron.

Rubick

Temprano, y en una desangelada Carpa Vodafone, comenzó el concierto de uno de los grupos que teníamos marcados en rojo como posibles revelaciones del festival. Desde el principio dejaron claro que no se iban a amilanar, y excepción hecha de unos pocos militantes, de esos que se ve de lejos que son familia o colegas, poco a poco fueron animando el cotarro y acumulando gente en el recinto. Todo ello a base de demostrar que no solamente se nutren del brit-pop noventero más evidente para la memoria, si no que además son capaces de irse más lejos y recuperar el punch del rock anglosajón de ambos lados del Atlántico que se hacía en periodos de los años sesenta y setenta. Mucha potencia, actitud, ganas de gustar y velocidad de crucero para esta banda valenciana que nos puso a todos en órbita en un día en el que el cansancio iba haciendo mella. Comentario común: si fuesen de, por ejemplo, Birmingham, ya estarían sonando en todos sitios. Reflexión propia: si explotan bien la vena demostrada en Bandits, probablemente su tema más ecléctico, sonoramente más acorde al momento, y con toda claridad un single perfecto, para conseguir un par de temas en esa línea, pronto oiremos de ellos mucho más, pero por supuesto, que mantengan su espíritu. A seguir dando caña que hace falta.

The View

Otro de los grupitos a los que habíamos planeado dar una oportunidad, sobre todo porque su tercer disco apunta maneras divertidas y porque ser escocés suele ser un buen síntoma. Pero nada, unos chicos muy flojos, a los que el escenario principal se les quedaba manifiestamente grande y saltaron a él con cero ganas para interpretar una sucesión de canciones bastante monótona que solamente entretuvo a los ingleses más borrachos de la audiencia. Por si fuera poco, 15 minutos antes de que agotaran el tiempo que tenían asignado el cantante había perdido totalmente la voz, hasta el punto que las dos últimas canciones fueron un sindios de gallos, ahogos y caras de pánico. El chico acabó pidiendo la hora mientras sus compañeros le decían que no podía ser, que había que acabar el concierto. De verdad, muy cutres y malillos, una pérdida de tiempo, sobre todo teniendo en cuenta lo que estaba sucediendo en el escenario 3.

Pure Love

¡La que armó Frank Carter en el escenario 3!. Ya sabíamos que se esperaba un concierto potente, que luego no fue tanto en cuanto a contundencia de sonido. Probablemente se atemperaron los decibelios viendo los fallos continuos del lugar, pero desde luego resultó de factura impecable, con el guitarrista Jim Carroll apoyado por otro músico a las tres cuerdas además de bajo y batería. Pero lo del cantante fue un plus. Eléctrico, incombustible, pletórico de pulmones e interactivo con el público. Tanto que en apenas un par de canciones ya se había bajado al asfalto para dar el 80% del concierto entre la gente. Si no estabas cerca del corrillo que se arremolinó en torno a él ya no le verías hasta la recta final, quedando la banda, enfundada en negro, como único punto al que mirar en el escenario. Cuando volvió a subir, ya descamisado y mostrando su hipertatuado cuerpo, hizo que la gente, sin muchas más explicaciones, se organizaran en un gran corro central por cuyo espacio interior se desató una loca carrera de fans mientras interpretaban otro tema. El colofón, hacer que los asistentes le coreasen el tema final -creo que es March of the Pilgrims-, prolongándolo hasta cuando no hubo sonido ni gente en las tablas. A esta banda hay que seguirles y ya estamos deseando recibir ese primer disco que se está cociendo, porque además el punk-rock que les conocíamos por un par de adelantos demostró maridar perfectamente con las gotas de soul con que nos deleitaron.

Glasvegas

Lo confieso, me gusta mucho esta banda (también escocesa). Y es por eso que cuando el año pasado hicieron el ridículo más estrepitoso del Día de la Música me cogí un cabreo gigante. De modo que no sabía si pasarme por el escenario 2 a ver qué pasaba o tener la fiesta en paz. Pero no, esta vez no: todos los miembros de Glasvegas saltaron sobre las tablas ya no solo sobrios, sino en plena forma. Desde el primer momento se vio que, aunque el sonido no era nada del otro mundo, los de Glasgow lo iban a explotar de todas las maneras posibles. Y dieron el concierto de Glasvegas que yo siempre había querido ver: intenso, emocionante, con la voz de James Allan perfectamente modulada entre sus gorgoritos impostados y el particular suave tono que gasta este tiarrón del norte.

Por si fuera poco, la calidad del concierto fue ascendiendo, incluyendo un tema nuevo (se dice que su tercer álbum está bastante cerca) y culminando con una última tanda de cinco canciones entre las que se contaban Euphoria Take My Hand o Go Square Go que, literalmente, pusieron al público patas arriba. Fue en este último tramo del concierto de Glasvegas uno de los pocos momentos en los que vi al público del BBK desatarse, saltar, cantar y bailar sin miedo, completamente entregados a una banda que estaba bordando esas pedazo de canciones que tiene. Y el grupo lo notó, sus muestras de agradecimiento eran sinceras y no paraban de sucederse y, sobre todo, a cada alarido del público se hacían más y más grandes. La cosa acabó tan arriba que la propia Shirley Manson empezó su actuación felicitándolos por el conciertazo que acababan de dar. Y no es para menos: hace un año los puse a caer de un burro pero esta vez… esta vez no: fueron todo lo que esperaba de ellos, e incluso un poquito más. No puedo hacer otra cosa que no sea darles las gracias (a pesar de que no tocaran la imprescindible Lost Sometimes) y esperar su tercer disco como agua de mayo.

The Big Pink

Confieso que los vi de rebote. Quise ver si Glasvegas volvían a salir como cubas y repetía las risas que, por no cortarme las venas, me eché en el Día de la Música madrileño del año pasado. Pese a que los escoceses demostraron desde el minuto uno que no era el caso, como luego me confirmarían, partí hacia el escenario 3 por insistencia de un amigo en ver a The Big Pink. Dado que fue un concierto corto y ya estaba en marcha, me perdí el comienzo, suficiente sin embargo para no perderme los puntos calientes y notar que quizá debieran explotar más esa guitarra que abandonan durante medio concierto. Con todo el despliegue de energía de Robbie Furze hizo que la gente se lo pasase muy bien y el concierto tuviese un gancho bastante importante. El electro-rock que practican, a veces tan inspirado en los ochenta, sonar suena mejor en estudio, pero en directo alcanza momentos de esos que contagian al público y dejan con muy buen sabor de boca, como por ejemplo la ejecución de Give It Up o lo sensacional que resultó Hit The Ground (Superman). El final, por supuesto, fue para Dominos.  Pese a que me restregaron lo que sucedía en el escenario 2, no puedo arrepentirme de haber acudido a ver a The Big Pink.

Keane

El concierto de Keane era esperado por diversos motivos. Aquellos chavales que hace casi una década dejaron con la boca abierta a muchos por practicar un pop a base de pianos y ni una sola cuerda -hoy ya incorporan bajo fijo-, y que fueron capaces de arrasar literalmente con un puñado de canciones de esas que melódicamente se quedan a fuego en la memoria de todos, no venían de buenos momentos. Dicen que esta gira en la que están paseando por el mundo su nuevo disco, Strangeland, podía suponer un punto crucial en su carrera. Sin que, más allá de la algarabía del fan, haya sido un l.p. recibido con cohetes, al menos les ha servido para que les reconozcan la vuelta a una senda cuyo abandono les valió pescozones bastante duros. Hay grupos a los que se les pide que evolucionen y arriesguen, pero a Keane la experiencia les dejó en la tesitura contraria. Por tanto muchos esperaban esta gira como el momento en el que calibrar si la banda era capaz de haber madurado o iniciaban el declive. No me atrevería nunca jamás a decir que la fórmula está agotada, de mil cenizas se han levantado muchos, pero el sábado en el BBK si que noté un pulso diferente. Visto lo visto es totalmente coherente que su repertorio se centrase en el nuevo álbum y en su primer discazo: Hopes and Fears (2004), dejando las concesiones para Under The Iron Sea (2006). Hace unos años encontré a un Tom Chaplin totalmente desatado, imparable, sudoroso, emocionado y entregado por completo. No es que ahora sea un muermo, pero está mucho más pausado, y ello imprime un punto de intensidad frenada que se deja notar mucho, al menos en mi memoria. Recuerdo que aquella primera vez vi el show de Keane con un par de personas para las que directamente no eran un grupo que les gustase, y salieron encantados. El sábado, rodeado de gente que, en el peor de los casos, les daba el beneficio de la duda, el comentario acabó remitiendo al tedio. Fueron lo suficientemente inteligentes como para ser conscientes del poder de ciertos temas que levantan cualquier situación, y los fueron intercalando estratégicamente a lo largo del concierto, son su gran arma, y evitaron que la cosa se perdiese en una melosidad que, aunque por momentos lograron ponerme las orejas tiesas, a mi me resulta excesiva, en especial en la introducción de baladas del último disco. Chaplin sigue cantando con un dominio de la situación al alcance de pocos, pero qué quieren que les diga, casi que le prefiero cuando se ponía ciego a sustancias. En cualquier caso estamos ante una de las bandas más importantes de la última década, y el tiempo siempre reserva sorpresas. Los incondicionales seguro que se le pasaron pipa, y en el fondo, en muy alto porcentaje, se trata de eso. Esta fue la despedida con Crystal Ball, probablemente el momento que más me gustó del concierto:

Setlist: You Are Young, Bend And Break, Day Will Come, Nothing In My Way, Strangeland, On The Road, We Might As Well Be Strangers, Silenced By The Night, Everybody’s Changing, The Starting Line, Leaving Son Soon?, Disconnected, A Bad Dream, This Is The Last Time, Somewhere Only We Know, Is It Any Wonder?, Bedshaped, Sovereign Light Cafe, Crystal Ball 

Garbage

Ya habíamos comentado que no sabíamos muy bien qué esperar de la banda de Shirley Manson pero, aún así, nos quitamos el sopor que Keane nos había metido encima (una de nuestras redactoras incluso aprovechó para echar una siestecita en el césped) y nos metimos en el mogollón a ver a Garbage. Me sorprende que sigáis despiertos, empezó diciendo la Manson en lo que, quien escribe estas líneas consideró una mofa descarada a la actuación de Keane. He estado viendo el concierto de Glasvegas y me ha inspirado a daros lo mejor de mi esta noche, así que a ver qué tal lo hacemos, continuó, ataviada con una camiseta de Patti Smith, por quien nunca ha ocultado su admiración. Y vaya, nunca habíamos visto a Garbage en directo, pero nunca pudimos pensar que esta tía fuera tan… ¿carismática? Y es que en cuanto empezó el concierto quedó claro que que la Manson sea la protagonista de Garbage no es una cuestión de egos o de que sea una mujer atractiva: es pura lógica porque su presencia llena el escenario, su voz en directo es mucho más de lo que cualquiera podría imaginar y la relación que establece con el público es apasionada y sorprendentemente cálida.

Me gustaría decir que el único pero del concierto fue el setlist, clavadito al de los demás festivales que han ido pisando estas semanas, sin demasiado lugar a la improvisación y no conteniendo los mejores temas de la banda. Pero lo cierto es que cualquiera que estuviera ahí os contará cómo tuvimos que contemplar con estupefacción cómo el sonido del escenario desaparecía por completo en el momento en el que comenzaba el primer estribillo de Push It y el público se tuvo que conformar con escuchar el make the beat go harder coreado, sin que la banda supiera muy bien qué estaba pasando, puesto que ellos se seguían escuchando por los pinganillos y siguieron tocando con normalidad. Media canción anduvimos coreando la letra hasta que volvió el sonido. Tampoco fue un problema puntual: hubo que parar el concierto en otra ocasión porque algo no funcionaba, cosa dolorosa porque la Manson se puso a cantar los primeros versos de You Look So Fine (probablemente mi canción favorita de Garbage) para probar los cambios que iban haciendo en el sonido, aunque de completar el tema, nada de nada.

Problemas de sonido y setlist soso aparte, una cosa hay que decir bien clara: Shirley Manson es un portento al que la mierda de sonido del escenario principal no logró disimular ese vozarrón perfecto que saca sin titubear y sin perder el resuello ni el ritmo a pesar de no parar de moverse. Tampoco quiero dejar de mencionar, especialmente porque esta tía tiene fama de borde, lo cálida que fue con el público: en primer lugar, no sólo dedicó Cherry Lips a una fan que le había hecho llegar un regalo al hotel, sino que le manifestó un sincero y profundo sentimiento de gratitud y se pasó media canción cantándola justo delante de ella. Y en segundo lugar, pronunció unas bellas palabras de ánimo al público español: Todos vemos las noticias y sabemos lo que os está pasando. Duele mucho saber que un país como el vuestro tenga que pasarlo así, pero lo importante es que vamos a salir todos de ésta, lo importante es que tengáis salud y seáis felices, y nosotros sabemos que va a ser así. En cualquier caso, cruzamos los dedos para que incluyan a este país, que tan bonito ven, en su presente gira y podamos disfrutar de esta voz en todo su esplendor y, a poder ser, con un poquito menos de percusión.

Setlist: Automatic Systematic Habit, I Think I’m Paranoid, Shut Your Mouth, Metal Heart, Queer, Stupid Girl, Why Do You Love Me, Control, Cherry Lips, Blood for Poppies, Special, #1 Crush, Big Bright World

Bises: Push It, Vow, Only Happy When It Rains

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