Existance, well what does it matter? I exist on the best terms I can. The past is now part of my future. The present is well out of hand.
Heart and Soul
¿Dónde está la línea que separa el natural instinto de supervivencia del ser humano de la autodestrucción? ¿En qué momento y bajo qué circunstancias se activa la tecla que sitúa la existencia propia bajo la consideración de inútil y dolorosa? ¿Es la observación de la vida de uno mismo como un sufrimiento intolerable y sin solución el paso final? Ian Curtis cruzó todas estas líneas y alcanzó estas conclusiones un 18 de mayo de 1980, con 23 años y llamando a las puertas de la fama. 32 años después está casi todo dicho sobre su figura, su banda -Joy Division-, y el camino que se recorrió sin él bajo el nombre de New Order. Para rememorar al chaval que con sus canciones y su muerte influyó a buena parte de la música alternativa de las últimas tres décadas, nos vamos a fijar en las dos películas que han retratado su figura.
En el año 2002 veía la luz 24 Hour Party People, película dirigida por Michael Wintterbottom y escrita por Frank Cottrell Boyce. Loada por la crítica, no es exactamente una película sobre Curtis o Joy Division, de hecho la presencia de ambos queda liquidada en aproximadamente 40 minutos. El film cuenta la historia del colectivo Factory a cuyo alrededor se desarrolló buena parte de la movida de Manchester, desde aquellos deprimentes y británicos finales de los setenta hasta 1992, fecha en que las autoridades cierran el mítico club The Haçienda. El hilo conductor es Tony Wilson, el showman local impulsor fundamental de buena parte de todo esto. Cae por su propio peso que 24 Hour Party People merece una entrada aparte porque habla de muchas cosas que incidieron en la historia de la música durante los ochenta, pero Joy Divison estaban en los orígenes y fueron pieza fundamental para que Factory sobrepasase las fronteras del noroeste de Inglaterra.
Wintterbottom utiliza su conocida técnica del falso documental para contar una historia real con humor y a la vez con respeto, introduciéndose a veces en la parodia y la exageración, y reconociéndolo honestamente. Por tanto no es un film que haya que tomar al pie de la letra. La imagen de Ian Curtis, sin embargo, sí que está modelada en un halo de tristeza dentro de tanto cachondeo, y los hechos concretos en los que se detiene la historia conservan un nivel de fidelidad algo mayor, aunque siempre dentro de las “exigencias del guión”. Al margen de algunos detalles, se puede comprobar como ciertas situaciones coinciden aquí y en la próxima película de la que hablaremos. Sean Harris fue el actor encargado de dar vida a Ian Curtis. Fisonómicamente no me parece una elección demasiado acertada. Harris aparenta una edad mayor y unos rasgos ciertamente agresivos en comparación al angelical rostro del personaje real. En cualquier caso, pasa la prueba con nota, no solamente porque es capaz de emular bastante bien sobre el escenario las complejas actuaciones de Curtis, también consigue que sus silencios con mirada perdida sean tan intensos que permitan adivinar el tormento interior de un personaje para cuya historia individual no hay mucho tiempo.
This is a crisis I knew had to come, destroying the balance I’d kept. Doubting, unsettling and turning around, wondering what will come next.
Passover
Cinco años después se estrenaba Control, una película, esta vez sí, totalmente centrada en Ian Curtis. Tomando como base Touching from a distance, el libro en el que Deborah Woodruff rememoró en 1995 su vida como novia y esposa del malogrado cantante, Matt Greenhalgh elaboró el guión. La dirección correría a cargo, nada más y nada menos, que del holandés Anton Corbijn, el prestigioso artista que ha dado testimonio con sus fotografías, video-clips y películas de una parte importante de la música de las últimas tres décadas. En un guiño del destino, el lazo de Corbijn con Joy Divison hacía más personal el proyecto; cuando aquel intentaba abrirse camino fueron estos una de las primeras bandas a las que fotografió, incluso varias de aquellas instantáneas aparecen aquí y allá durante la película.
El actor escogido para el reto fue Sam Riley, un joven que nacía el mismo año de la muerte de Curtis, con un
parecido físico, o mejor dicho facial, bastante más aceptable que el de Harris, y que encima sabía cantar. Faltaba por ver si sería capaz de dar la talla, cosa de la que no quedaría duda, tanto en las dramatizaciones normales del personaje, como encima del escenario. Y es que todo el peso recae sobre él. El esfuerzo del film es titánico para intentar situar de forma entendible las circunstancias personales de alguien que decide suicidarse, por eso la cámara sigue al personaje de forma constante y apenas hay ocasiones en que no esté en pantalla. A través de Sam Riley conoceremos mejor a la persona, aquella que ya traía un bagaje condicionante antes de ser epiléptico y considerar su vida sentimental un fracaso. En efecto, Curtis ya era alguien de mente compleja, obsesionado por el existencialismo, el significado de la vida y su efímero devenir, las aristas cortantes de la felicidad y su reverso trágico. Literatura y música fueron desde muy joven sus aficiones e influencias decisivas para el modo en que queria encauzar su vida, una vida que en noroeste de la Inglaterra de los setenta no dejaba muchas vías de escape más allá de la borrachera de fin de semana para volver al modesto empleo el lunes. De este modo, escribiendo poemas -luego letras de canciones-, y poniéndolas voz en Joy Division, aquel muchacho comenzó su ansiado camino para escapar de la anodina rutina y ser alguien reconocido haciendo lo que le gustaba. Pero diversos golpes de la vida fueron ahondando en su depresivo carácter a la vez que se acercaba más y más al logro de sus sueños.
Primero sobrevino la epilepsia, enfermedad que, tanto en efectos directos como en exigencias médicas, pretendía condicionar su vida acorralándola en unos límites que Ian no aceptaba. En segundo lugar el fracaso sentimental. Su relación extramarital con la belga Annik Honoré acabó provocando la demanda de divorcio de Debbie -interpretada por la estupenda Samantha Morton-, con quien estaba casado desde los 19 años y con la que ya tenía una hija, Natalie -la cual hace un cameo en la película-. Sintiéndose incapaz de manejar una situación en la que, pese a tener la felicidad con la “moderna” Annik al alcance de la mano, le situaba ante una ruptura total con la “fiel y devota” Debbie, lejos de huir hacia adelante, le provocó una encrucijada sentimental en la que se veía así mismo como el fracaso total. En algún momento, Ian Curtis decidió que no podía más ni soportando la infelicidad, ni viviendo con el fantasma del empeoramiento de su salud de forma inminente. Quedaban horas para que Joy Division comenzasen su primera gira por Estados Unidos, un mes para la edición del segundo l.p., Closer, y poco más para el reconocimiento musical generalizado. Si Unknown Pleasures ya dejaba muy clara la personalidad del escritor de las letras de las canciones, Closer sería, abiertamente, una nota de suicidio.
So this is permanence. Love’s shattered pride. What once was innocence, turned on its side. Grey cloud hangs over me, marks every move. Deep in the memory of what once was love.
Twenty-four Hours
Habría muchísimo más que comentar sobre Control. Sus premios, las situaciones que relata, los personajes que aparecen a lo largo del metraje,
los momentos clave en el emerger de Joy Division, y por supuesto, ciertos puntos a comparar con 24 Hour Party People. Tan solo añadiremos que, como cabría esperar en Corbijn, está realizada en blanco y negro -es un maestro acreditado en su manejo-, decisión que sin duda le da a la película una atmósfera absolutamente acorde y adecuada con lo que cuenta, y que pone al espectador exactamente donde se le quiere situar para digerir una historia como esta. New Order compuso las piezas incidentales de la banda sonora -que al igual que en la película de Wintterbottom, es muy recomendable-, y Peter Hook fue especialmente gráfico en describirse satisfecho con la película. Debo recomendarla fervientemente aunque, eso sí, eligiendo el momento apropiado para verla.
¿Quién es tan cobarde como para no ser capaz de enfrentarse a los tormentos? ¿quién es tan valiente como para ponerles fin cuando la vida no es más que un montón de dolor y pena? ¿quién puede juzgar esto? Sólo uno mismo es capaz de calibrar el peso de lo que se lleva sobre los hombros. Suya es la decisión.
Mother, I tried. Please, believe me. I’m doing the best that I can. I’m ashamed of the things I’ve been put through. I’m ashamed of the person I am.
Isolation
























