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AWOLNATION traen el rock electrónico más juvenil a Madrid

Publicado en 04 febrero 2013 por

A pesar de haber cancelado su actuación de Bilbao, el lleno que consiguieron los estadounidenses AWOLNATION anoche en la Moby Dick de Madrid fue absoluto. Entre el público abundaban los rostros jóvenes, aunque pasadas las primeras filas, no eran los únicos. Y es que a pesar de ser una noche de domingo y de lo largo del evento, quedó consagrada al rock electrónico. El espectáculo, eso sí, estuvo acompañado de algunas banda más del género, por eso de que independientemente del éxito que estén cosechando desde su publicación, AWOLNATION solamente cuentan con un LP, de modo que su capacidad para conceder conciertos largos es limitada.

Andrew Groves, vocalista y guitarra de Arcane Roots

Andrew Groves, vocalista y guitarra de Arcane Roots

Cabe destacar la acertada elección de los veteranos ingleses Arcane Roots para calentar los ánimos durante media hora antes de que Aaron Bruno y sus chicos saltaran al escenario. La aproximación de Arcane Roots al género del rock es desde una dimensión muchísimo más metalera y dura que la de AWOLNATION, con una inesperada profusión de voces guturales y estallidos de guitarra. No obstante, utilizan estos recursos de manera moderada, midiéndolos de forma hábil y combinándolos con pasajes y temas más melódicos, suavizando un poco las aristas de su math rock. Sonaron potentes y precisos, con una duración más que adecuada para lo esperado y una habilidosa combinación entre temas duros, novedades y temas algo más accesibles al público, como You Are. A pesar de la estridencia, disfruté con su buen sonido, lo precisas de sus melodías y la rabia que supieron imprimirle a su corta actuación.

Pero es por AWOLNATION por quien la chavalada esperaba vibrante. Aaron Bruno saltó al escenario hacia las once de la noche repleto de energía y con el punto ya ganado de contar con un sonido casi perfecto. Aunque sobre el disco Guilty Filthy Soul podría no sonar como el tema más animado con el que arrancar la fiesta, la verdad es que sonó mucho más lleno de arreglos, potente y animado para empezar a acalentar al personal. Pero el baile, la riqueza de la caja de ritmos y las mezclas empezaron a emerger con People, más animada, pegadiza y adecuada para que la chiquillería empezara a corear los estribillos. Para completar la fiesta, Aaron Bruno sencillamente no paraba de moverse, saltar y acercarse a las primeras filas. La verdad es que estos primeros momentos del concierto, con la banda y la voz de Bruno frescas, fueron de los mejores.

Aaron Bruno en los primeros minutos de la actuación

Aaron Bruno en los primeros minutos de la actuación

Aunque bien es cierto que la audiencia respondió con alegría y bailes desmedidos ante la enérgica actitud del frontman de AWOLNATION y si bien si voz se iba apagando poquito a poco, a buen seguro a causa de las numerosas inflexiones hacia un registro algo más gutural que le obligaban a forzar ostentosamente la garganta. El primer momento de euforia llegó con Not Your Fault, uno de los éxitos de la joven banda, que si bien es ya de por si un buen y divertidísimo tema en versión estudio, se reveló como algo incluso más poderoso en directo, explotando sus dimensiones más épicas; de forma parecida a cómo se hizo también con Kill Your Heroes con todavía más éxito, dado que a medida que avanzaban las canciones la entrega del público fue siendo cada vez más incondicional. Durante el concierto pudimos disfrutar además de un tema nuevo, Joke, que puso a Aaron Bruno a la guitarra y que sonó melódico pero efectivo.

La actuación transcurrió con concesiones al público más juvenil, que siempre disfruta sintiendo la cercanía con sus ídolos y, si se presta, de sus payasadas: que si abracémonos todos en el momento balada, que si nos agachemos y saltemos… ese tipo de cosas que, siempre y cuando no se hagan para camuflar la falta de capacidad del grupo, quedan simpáticos. En este caso fueron efectivos y divirtieron, sin abusar ni distraer demasiado. La culminación de esta forma de actuar llegó con el hitazo Sail, que Bruno cantó en parte en medio de la pista, rodeado de chavales. Tengo que  aceptar que en este caso sí que me dio la impresión de que Bruno hizo trampas y se bajó a cantar entre el público para disimular el hecho de que se estaba quedando sin voz, cosa que se confirmó cuando subió al escenario a cantar la última estrofa del tema a la, sencillamente, no llegaba.

awolnation_moby_dick02Eso sí, un minuto de descanso le bastó para enfrentarse a la recta final del concierto con energías renovadas, deleitar a la audiencia con una cara b que no aparecía en el setlist inicial y cerrar la actuación con la dilatada pieza que constituye Knights of Shame, que tiene un poco de tiovivo emocional, con subidas y bajadas en intensidad, emocionantes solos de guitarra y hasta un poco de rapeo. A pesar de lo extenso del tema (algo más de 13 minutos en la versión de estudio), disfrutamos de sus vaivenes con los brazos en alto y grandes dosis de diversión. Finalmente, poco más de sesenta minutos de actuación que, aunque supieron algo escasos, compensaron en lo que intensidad y calidad se refiere. Un concierto divertido, bailable, sin demasiadas pretensiones pero con una ejecución más que correcta que, en resumen, mereció la pena sin lugar a dudas.

A continuación os ofrecemos el setlist completo de la actuación (también podéis escucharlo como lista de Spotify), así como una galería exclusiva con las mejores fotos que tomamos durante ésta que podéis visitar también en nuestra galería de Flickr.

  1. Intro
  2. Guilty Filthy Soul
  3. People
  4. Not your fault
  5. Wake Up
  6. Kill your heroes
  7. Soul wars
  8. All I Need
  9. Joke
  10. Sail
  11. Motherfucker (gracias, comentador anónimo)
  12. Burnit down
  13. Knights of shame

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Queridos Reyes Magos…

Publicado en 04 enero 2013 por , y

Este año los redactores de bSides hemos sido muy buenos: hemos ido a todos los conciertos y festivales que hemos podido, hemos cantado, bailado y aclamado sin molestar al prójimo por sorprendente que parezca. Hemos abierto nuestro propio blog de música y compartido nuestras experiencias con desconocidos. Hemos explorado y descubierto música, hemos recomendado lo que nos parecía reseñable. En resumen: hemos sido unos buenazos y nos merecemos que este 2013 nos colméis de regalos. Y nada de calcetines y trompetitas, no: queremos lo mejor de lo mejor, queremos un año memorable para contarlo en este blog.

reyes-magos

Para The Lost Dreamer…

the_national01Yo este año he sido muy buena, así que espero que os comportéis a la altura. Lo primero que quiero es un disco nuevo de The National. Ni siquiera os pido que sea bueno porque es complicado imaginar que sea de otra manera. Y una gira. Con muchos conciertos en todas partes, no solo en festivales. Quiero verlos, mucho y muchas veces. También quiero que lo que Sharleen Spiteri dijo hace unos meses sea verdad y que tengamos realmente nuevo disco de Texas (el primero en más de 7 años) para marzo. En este caso si que puntualizo lo de que sea bueno, porfis, que estoy harta de andar por ahí diciendo “no es bueno pero con Texas me da igual”. También quiero que el disco de Eels sea un poquito más animado que los tres anteriores y que esa inmensa gira que Mr. E ha programado por todo el Viejo Continente pise nuestro país, que parece que se le ha olvidado. Recordádselo cuando paséis por su casa esta noche. También os pido que el regreso de los Yeah Yeah Yeahs sea por la misma senda que abrieron con su último y glorioso disco. Quiero un nuevo disquito de Goldfrapp, tan divertido y bailable como el anterior, con su gira incluida para ponernos morados de gastar zapatillas con ese directazo que tienen. Si pasáis esta noche por la casa de los miembros de The Cardigans, decidle que si se reunieran más a menudo, dieran conciertos en Europa o incluso grabaran el disco con el que han empezado a coquetear, me harían la mujer más feliz del mundo.

También me gustaría que trajerais un LP nuevo de Placebo, que el EP del 2012 estuvo bien, pero supo a poco. También se dice que Pearl Jam pronto se meterán en el estudio, pero más que un buen disco (por descontado) os pido una gran gira que pueda ver en muchos sitios (España a poder ser, pero ya sé que pido demasiado). Como dicen que Arcade Fire van a sacar disco también a finales de año, os pido que les deis un toquecito, solo para que no sea una mierda. Es difícil, lo sé, pero por pedir que no quede. Por último, os pido un Sonorama para el recuerdo, como aquél del 2010 que trajo a The Sounds y The Raveonettes para ponernos patas arriba. Vamos, que añadan algo más movidito que Belle and Sebastian al cartel y a mi ya me tienen ganada. Aunque, hablando de festivales, si pudierais ayudarme a conseguir una entrada para Glastonbury en el ciclo de venta de abril, seguro que os podéis ahorrar todo lo demás.

Si después de leer esto pensáis que tengo un morro que me lo piso, pues largaos a la mierda y no volvais por este blog.

Para Lebonloup…

He de reconocer que hoy tengo un mal día y cuando he empezado a escribiros esta carta no me salían más que malos deseos para que ciertos artistas dejen la música, caigan en el ostracismo, y determinados programas televisivos desaparezcan por arte de magia. Pero al final, en un momento de lucidez, y como dicen que dichos malos deseos al final se vuelven contra uno, os voy a pedir lo siguiente para el musical año 2013. Son unas cositas de nada a ver qué podéis hacer.

jamesEn primer lugar acordarme de los rumores más o menos contundentes. Me gustaría que se confirmase que The National saca disco este año. Ya sé que igualar al High Violet, que para mi pasa por ser uno de los 3 discos más redondos de la última década, es complicado, pero que al menos merezca la pena la espera y que les pueda ver en directo en algún sitio. Lo mismo digo de los veteranos James, que también andan cociendo cosas, y a ver si te puedes traer un conciertito de los Pet Shop Boys, que siempre es agradable. No me puedo olvidar que otros dinosaurios, los Jesus And Mary Chain, se han vuelto a juntar y están dando conciertos, encima su web está en construcción desde hace poco, lo que me hace sospechar anuncios importantes. Y por supuesto no puedo dejar de desear que el nuevo disco de Depeche Mode sea bueno, y que si se confirma que The Cure graba finalmente, también lo sea, aunque si es excusa para que estos dos se vayan de gira poco me importa que se curren nuevas canciones poco o mucho.

A ver si os lo montáis para que el BBK cuadre un cartel del copón bendito, ya que es el festival que tengo ahora mismo en el horizonte. A mi me gustaría ir al New Wave Gothic Treffen de Leipzig, por la experiencia y tal, pero lo veo complicado, de modo que ahora que parece que retorna el viejo modo de hacer música oscura, al menos espero que consigáis que discos como los nuevos de Soror Dolorosa o Aeon Sable sean tan chulos como parecen por lo que he podido escuchar hasta ahora, y a ver si The Eden House sacan de una vez el prometido segundo disco.

Y sorpresas, muchas sorpresas y descubrimientos para 2013, para que en bSides podamos seguir escribiendo y disfrutando con nueva música, y por favor, a ver si el panorama nacional mejora, que lo veo algo alicaído, y que las gentes que andan por ahí, currándoselo en el submundo, tengan lo que se merecen.

Hale, os dejo unos chupitos de orujo potente para que se haga amena la noche.

Para Sentencia…

Lo siento, yo no me creo esa patraña de los Reyes Magos. Más que nada porque a mí, que siempre soy muy bueno, casi nunca me traen lo que les pido, y cuando sucede empiezo a pensar que es mera casualidad. Hace ya años que vengo sospechando que son los padres, y eso lo explicaría todo, pues entiendo que no está en manos de mis pobres progenitores conseguir que Metallica toque en el salón de mi casa. Pero es que, en el fondo, los tres mendas esos que se supone que vienen de Oriente no me hacen falta para nada. Yo ya tengo mis propios Reyes, con mayúsculas de verdad, que vienen a visitarme de vez en cuando y absolutamente siempre me satisfacen, a menudo incluso por encima de mis expectativas. Es cierto que no vienen siempre en una fecha concreta, sino que suelen hacerlo avisando con una antelación de unos pocos meses, pero el factor sorpresa hace que los espere y reciba con mayor ilusión si cabe. Y lo mejor de todo es que son más de tres.

nick_cave_and_the_bad_seedsA diferencia de mis compañeros, yo no creo que 2012 haya sido un año habitual. Para mí ha sido excepcional. Y es que a lo largo de los últimos doce meses me han visitado muchos de mis Reyes Magos, como si se hubieran puesto de acuerdo para ayudarme a sobrellevar mejor los rigores de los tiempos que corren. He recibido un número de visitas muy superior a la media, y eso de por sí ya hace que haya sido un año cojonudo. Entiendo que será difícil que 2013 esté al mismo nivel en ese sentido, así que me conformaré con lo que me quieran traer, pero es que sin ir más lejos ya sé que uno de mis Reyes me brindará un regalazo a no mucho tardar. Este Rey en concreto se llama Nick Cave, sus pajes son The Bad Seeds, y entre todos nos traerán un nuevo disco en el mes de febrero. No necesito abrir el paquete para saber que me gustará. También traerán discos este año Deep Purple y Black Sabbath: esos sí que son viejos y sabios.

Otros que me visitarán pronto, y no solo sin tener que venir desde Oriente, sino sin necesitar moverse de su casa, son Hamlet, que en Abril ya tienen confirmadas dos fechas consecutivas en Madrid. Y fijaos si son Magos que desde el pasado nos traerán el directo de dos de sus siempre magistrales álbumes, Insomnio y Syberia, para quien se los perdiera en su día. Un lujazo ser vecino de estos tíos. También son capaces de entregar el regalo de retrotraernos al pasado Iron Maiden, que andan de gira con su Seventh Son Of A Seventh Son y espero que se pasen por aquí. Pero es que, si no lo hacen, lo mismo soy yo el que me acerco a verlos donde haga falta, al igual que a Overkill Testament, que han unido fuerzas para presentar juntos por Europa el próximo verano sus últimos trabajos. Desde luego, no me iría ni al estanco a ver a unos tíos que me trajeran incienso y mirra, y mucho oro se tendría que repartir para que amortizara el billete de avión hasta Oriente, pero con estos otros ni lo dudo. Saldré ganando seguro.

Por lo demás, mucho se rumorea sobre que Slayer y Saxon tienen que sacar nuevo material este año, y se dice que Metallica se meterá en breve al estudio para brindarnos un nuevo trallazo, aunque en este último caso tengo serias dudas de que llegue antes de 2014. Pero que se tomen el tiempo que haga falta. Ya me visitaron el año pasado y, como cada vez que lo hacen, me dieron energía para aguantar lo que sea durante un buen periodo de tiempo, así que no voy a pedirles nada. Confío en ellos y sé que cuando corresponda me complacerán con creces.

Como veis, yo estoy muy tranquilo, pues mis Reyes son muchos y nunca me fallan. A los otros, que les den por culo.

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Los mejores discos internacionales de 2012

Publicado en 19 diciembre 2012 por , y

Nuestra subjetividad nos precede. Somos un blog pequeño, lo sacamos adelante pocas personas y, para colmo, tenemos gustos muy diversos. No se crean que no pensábamos hacer un repaso del año: llevamos semanas dándole vueltas a este asunto, en realidad. Nos tememos que nuestras listas de las mejores cosas de este año van a ser muy raras: ya hemos ojeado muchas de otros medios y aunque queremos compartir lo que más nos ha gustado del 2012, tampoco queremos resultar aburridos. Por eso hemos decidido elegir 5 cosas por cabeza (de todo un año, elegir 5 discos, canciones y conciertos no es nada sencillo, no se crean). Afortunadamente, cada uno de los autores se separa fácilmente por géneros: los elementos elegidos por Sentencia tendrán más que ver con el rock más duro y metalero; los de Lebonloup coquetearán con los ritmos darkwave y otras delicatessen del indie; y los de The Lost Dreamer tratarán de combinar el indie europeo, algo de rock clásico y evitarán olvidarse del post-rock. Así que como los autores definen géneros vamos, sin más dilación, a los mejores discos internacionales del año que nos va abandonando que, por supuesto, os dejamos también en formato de lista de Spotify (también está al final del post):

The Lost Dreamer

Se hade difícil elegir. Sólo 5 de 12 meses. Un año que no ha sido ni brillante ni soso, ha sido normal. Pero es muy difícil. Y claro que se te quedan cosas fuera, ¿cómo no? Pero ahí está la gracia de la lista: la elección es lo que nos define. Creo que dice bastante de mi que, a pesar de mi admiración hacia Patti Smith, esté el segundo disco de PS I Love You en mi lista en lugar de su Banga; o que, a pesar de su popularidad, me deje fuera a Hot Chip, The XX o a los Crystal Castles, habiendo sacado ambos discos que me han gustado bastante. Pero una cosa es gustar y otra emocionar. Y aquí dejo los que realmente me han llegado, de un modo u otro, en este 2012.

the_raveonettes_observator_cover1. The Raveonettes, Observator (lo reseñamos aquí): Para mi, no podía ser otro: desde que escuché por primera vez esos primeros acordes desgarrados de Young and Cold supe que estaba ante el mejor disco de la que ya es, de por sí, una de mis bandas favoritas del panorama actual. Lo dije cuando se publicó en septiembre y me reitero tras reposarlo lenta y calmadamente: Observator se me ha clavado como un cuchillo en el pecho, ha llegado en un momento de mi vida de patético desasosiego y ha tocado exactamente la cuerdas que había que tocar para desmontarme. Me quito el sombrero y lo que haga falta ante The Raveonettes y ardo en deseos de verlos, por fin, en febrero.

little-broken-hearts-norah-jones2. Norah Jones, Little Broken Hearts (lo reseñamos aquí): Tengo la impresión de que muchos han achacado la reinvención de Norah Jones al productor Danger Mouse. No estoy de acuerdo con ninguna de las dos cosas: me parece que Norah ha madurado, que Little Broken Hearts era un paso natural en su carrera que tenía que dar antes o después. Cierto, el empujoncito en una época en el que el material que andaba publicando había perdido bastante frescura, lo necesitaba. Pero el brillo es todo suyo.

ps_i_love_you_death_dreams3. PS I Love You, Death Dreams (lo reseñamos aquí): Sí, cierto, no es tan bueno como su primer disco. Pero es que aquél era demasiado brutal como para aspirar a que sacaran algo igual. Mucho me temo que el segundo trabajo de esta parejita Canadiense ha quedado muy olvidado y me da pena que se queden olvidados de las listas. Además, ¿qué coño? El disco es frenético, vibrante y divertido. Tiene ese demencial nosequé que tienen estos dos que entre todo el ruido te pone carita alegre, y ya solo por eso merecen estar aquí.

words_and_music_by_saint_etienne4. Saint Etienne, Words and Music by Saint Etienne (lo reseñamos aquí): La primera vez que lo oí yo estaba viviendo en Oxford y era una de las pocas mañanas soleadas que me brindaba la ciudad. Nunca olvidaré cuando lo puse por primera vez, no sé por qué, pero se volvió especial para mi. Lo recorro ya casi con los ojos cerrados, porque me hace bailar y sonreír a partes iguales. Lástima que la ilusión durara tan poco y el directo (además en casa) del trío londinense más incónico del electropop rompiera el hechizo.

caspian_waking_season5. Caspian, Waking Season (lo reseñamos aquí): Tiene que haberlo, siempre necesito dejar un hueco para el post-rock. Y no para cualquier post-rock, sino para los señores Caspian, que se han desmarcado este año con un disco lleno de matices y de belleza. El influjo de Sigur Rós se dejó notar en esta ocasión y los detalles preciosistas de Waking Season acaban de cautivar al más profano en el género del rock instrumental. Una deliciosa maravilla el regalo que nos han hecho este 2012.

Lebonloup

weather_systems1. Anathema, Weather Systems (lo reseñamos aquí): Pocos pueden presumir de una carrera larga y evolutivamente tan equilibrada que casi a cada paso se mejoran a sí mismos. El capítulo reservado para 2012 es un lujo en el que mezclan con maestría todas las vertientes que han tocado, en mayor o menor medida, como base principal o como recurso de aderezo: rock progresivo, metal, electrónica, rock gótico, indie… Arranque memorable que costará igualar en algún momento. Una catedral de sonido y sensaciones.

golden_apes_riot_front2. Golden Apes, Riot (lo reseñamos aquí): Quizá lo eleve demasiado por tenerlo tan fresco y que su impacto aún me dure, pero estos germanos de dilatada carrera me han caído del cielo para demostrar que, como ocurrió en otro tiempo, la furia after punk, el rock gótico, el espíritu indie y la electrónica ambiental son capaces de maridar y brillar con luz propia. Riot levanta muros de ruido en los que la escucha atenta en busca del matiz es una auténtica aventura. Imprescindible.

red_sun_revival_running_front3. Red Sun Revival, Running From The Dawn (lo reseñamos aquí): El debut de este cuarteto inglés supone un retorno a los postulados básicos del rock gótico de amplio espectro enriquecidos por el paso del tiempo y liberados de clichés. Otro goce sensorial, una producción exquisita, una voz emergida de la caverna que no hace prisioneros, una imagen cuidada, un viaje doloroso y a la vez cálido. Algún día lo entenderé. Cuando consiga asimilar esta obra maestra de género.

the_raveonettes_observator_cover4. The Raveonettes, Observator (lo reseñamos aquí): Y decían que iba a ser un disco luminoso. Y decían que se iban al sol de California para recuperarse de la oscuridad de su anterior trabajo. Y una leche. Estos dos daneses se han descolgado con el disco más frío e hiriente de su carrera. Hay muchas formas de explorar sonoramente los rincones oscuros del alma, pero Observator es el encargado de haber puesto en 2012 la cuchillada cruda y tajante. Seco y sin concesiones.

dead_can_dance_anastasis_front5. Dead Can Dance, Anastasis (lo reseñamos aquí): Ya quisieran muchos tener un retorno, además de tan esperado, tan brillante. El venerado y heterodoxo dúo nos ha regalado un disco maduro, complejo, filosófico, a veces metafísico, exótico, poético, relajado, cálido. Un auténtico goce para el oído y el espíritu de quien sepa acceder a él. Si alguien aún busca los motivos de que gente tan diversa, después de tanto tiempo, rinda pleitesía rayana en el culto a Dead Can Dance, aquí tiene la respuesta.

Sentencia

Overkill_Electric_Age1. Overkill, The Electric Age: Cuando este disco salió al mercado, nosotros ni siquiera existíamos. Menos mal, porque de lo contrario quien nos hubiera leido hubiera pensado que exagerábamos. El despliegue de energía que D.D. Verni, Bobby “Blitz” Ellsworth y compañía se marcan en su última entrega es para quitarse el sombrero… una vez más. A base de insistencia, fieles a una cita que ellos mismos se preocupan desde hace tiempo por repetir cada par de años, estos pioneros del thrash metal siguen demostrando que nadie cuida mejor de la criatura que su propio padre. Nada de composiciones pretenciosas, adornos superfluos o trucos de producción, simplemente cinco tíos destilando mala uva y repartiendo cera a diestro y siniestro, haciendo gala sin pretenderlo de una maestría que en ellos es tan natural como respirar. Simplemente Overkill.

Alpha_Noir2. Moonspell, Alpha Noir / Omega White (lo reseñamos aquí): Cuando ya parecían de vuelta de todo, los maestros portugueses del metal gótico se desmarcaron casi por sorpresa con este trabajo que congraciaba diferentes etapas de su carrera y se erigía en todo un homenaje a sí mismos a la vez que en delicia para todos sus fans. Rabia y melodía, luz y oscuridad, aliadas para dar lugar a un equilibrado doble álbum que constituye una exhibición al alcance de muy pocos.

Phantom_Antichrist_Cover3. Kreator, Phantom Antichrist (lo reseñamos aquí): Precisamente en un año en el que hemos andado a vueltas con profecías sobre el fin del mundo y chorradas similares, Mille Petrozza y sus chicos se han sacado de la manga su apocalipsis particular en forma de trallazo sonoro. Añadiendo un toque de sofisticación a la brutalidad que recuperaron hace una década, Kreator avanza un paso más en su envidiable trayectoria y entrega una auténtica obra maestra. Después de escucharla, lo que tenga que pasar sencillamente nos la trae al fresco.

weather_systems4. Anathema, Weather Systems (lo reseñamos aquí): Para que veais que los heavies tenemos nuestro corazoncito, en esta lista también hay hueco para la magistral obra que los hermanos Cavannagh nos han brindado este año. Y no podía ser de otra manera: su categoría traspasa cualquier tipo de frontera y resulta igual de apreciable para cualquier aficionado a la música, más allá de toda preferencia de género.

 

Dark_Roots_Earth_Cover5. Testament, Dark Roots Of Earth (lo reseñamos aquí): Vaya, parece que al autor de la lista le mola el thrash… Pues sí. Sin pretender resultar objetivo en absoluto, el gran momento que vive el género ha encontrado en 2012 un nuevo y brillante capítulo al que sin duda ha contribuido la banda de Chuck Billy y Eric Peterson, consolidando el regreso de Alex Skolnik. Difícil lo vamos a tener en 2013 para igualar este gran año.

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El monstruo sigue vivo

Publicado en 23 octubre 2012 por

Cerca de cumplir los cuarenta años en activo, Kiss lanza su vigésimo álbum de estudio, todo un ejercicio de auténtico y vigoroso hard rock que prueba su excelente estado de forma.

Cuando a finales de 2008 Paul Stanley anunció que Kiss se encontraba inmerso en la grabación de su primer álbum después de diez años de inactividad, la noticia convulsionó la escena internacional, desatando un cúmulo de reacciones encontradas. Los siempre fieles seguidores de la religión de la máscara y el maquillaje estallaron de gozo, mientras que el resto de la parroquia rockera se instalaba en un más que justificado escepticismo. El lanzamiento de “Sonic Boom” en octubre de 2009 hizo realidad el regreso de una de las bandas más carismáticas e influyentes del pasado siglo y vino acompañado de una espectacular gira mundial que sacó de sus guaridas a millones de Kiss-maniacos a lo largo de todo el globo. Ahora, solo tres años después de aquello, los neoyorquinos vienen dispuestos a afianzar su exitosa resurrección con “Monster“, un álbum cargado de testosterona con el que pretenden sacudir la adormilada conciencia del actual panorama hard-rockero.

Tommy Thayer, Paul Stanley, Eric Singer y Gene Simmons son los actuales Kiss

Para el vigésimo álbum de estudio de Kiss (vigésimocuarto si contabilizamos los lanzamientos individuales de Stanley, Simmons, Frehley y Criss en 1978), los cuatro miembros actuales han optado por aferrarse al estilo más enérgico de la banda, aquel que les hizo populares en los setenta y que trataron de recuperar ya en su predecesor, “Sonic Boom”. No obstante, en “Monster”  Paul Stanley, Gene Simmons, Eric Singer y Tommy Thayer han decidido dar una vuelta de tuerca adicional a aquel sonido, vigorizándolo aún más y llevándolo a un nivel superior de potencia y virilidad. El propio Stanley se ha encargado nuevamente de la producción, contando una vez más con la asistencia de Greg Collins, junto al que ha ejecutado un trabajo impecable que dota de un exquisita calidad y un perfecto equilibrio al sonido de todo el álbum. Por supuesto, la música de “Monster” se cimenta en los principios del rock más básico, construyéndose únicamente en torno a guitarra, bajo y batería, con nula participación de teclados o cualesquiera herramientas de postproducción que los enmascarados hubieran empleado en otras etapas de su trayectoria. En cuanto a los temas que componen el disco, nada de baladas ni concesiones de ningún tipo: solo el más puro y poderoso rock duro.

La fuerza que derrocha “Monster” se deja notar ya desde su primer corte, “Hell or Hallelujah“, muy acertadamente elegido como primer adelanto comercial. El listón se sitúa por tanto en lo más alto desde el inicio, y el gran mérito del resto del álbum radica en saber mantener el nivel durante la mayor parte del minutaje. “Wall of sound” es la primera respuesta al reto autoimpuesto por tan sensacional apertura, y el desafío se mantiene a continuación con “Freak“, en la que el cuarteto reivindica la posición que les corresponde como abanderados de un estilo de vida que en nuestro tiempo ha traicionado su esencia para convertirse en norma, ya sea bajo una u otra apariencia. La vocación de himno permanece en “Back to the stone age” y no se perderá ya a lo largo de todo el disco. “Shout mercy” nos hace renunciar definitivamente a toda esperanza de misericordia y así “Long way down” e “Eat your heart out” se suceden sin tregua para llevarnos hasta la cúspide de “The devil is me“, uno de los temas más potentes del álbum. “Outta this world” y el homenaje al género que constituye “All for the love of Rock N’ Roll” rebajan un tanto el nivel de intensidad, pero este se recupera sin problemas en “Take me down below” antes del gran final a cargo de “Last chance“. Por desgracia,  el tema adicional “Right here right now” queda en exclusiva para la edición de iTunes, para mayor indignación de cuantos seguimos optando por apoyar a los grupos mediante la adquisición de los formatos tradicionales.

Poco más se puede añadir cuando se habla de un disco tan redondo y equilibrado, salvo conminar a todo aficionado al rock a que lo escuche cuanto antes. A punto de cumplir cuarenta años en activo, The Demon, The Starchild, The Catman y The Spaceman han regresado por todo lo alto y vienen dispuestos a recuperar su categoría como una de las bandas más revitalizantes y animadas del género. Estaremos muy atentos a la gira de presentación de “Monster”, deseando fervientemente que esta nos conceda la oportunidad de disfrutar de uno de los directos más espectaculares de la historia del rock. Mientras tanto, nos quedaremos con su música, que en este caso más que en ningún otro sencillamente habla por sí sola.

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Un león sin rugido

Publicado en 15 octubre 2012 por

Steve Harris estrena proyecto fuera de Iron Maiden con un disco cargado de exquisitas composiciones, en su mayor parte mermadas por una deslucida parte vocal.

A principios de 1990, Iron Maiden, después de haber conquistado todas las fronteras posibles en el negocio del rock, empezaba a mostrar los primeros síntomas de agotamiento. A pesar de celebrar su décimo aniversario con EMI, de la que sin lugar a dudas podía considerarse banda estandarte, el grupo anunciaba una inesperada ausencia de los escenarios durante una temporada. Poco después, Adrian Smith dejaba la banda para entregarse en cuerpo y alma a ASAP, proyecto paralelo que había inaugurado un año antes con el lanzamiento del álbum “Silver and Gold”, mientras que Bruce Dickinson también decidía dar rienda suelta a su propia vena creativa con su debut en solitario, “Tattoed Millionaire”. En este estado de cosas, no es de extrañar que incluso Steve Harris se planteara mirar más allá de su criatura y así empezó a colaborar con la banda del guitarrista Graham Leslie y el cantante Richard Taylor, quienes le habían presentado algunas composiciones que resultaron de su agrado. La disolución prematura de aquella formación y los compromisos de Harris derivados de su lucha por mantener a flote el gigante que había concebido relegaron aquel proyecto a un largo ostracismo, si bien no a un completo olvido. Y es que ahora, más de veinte años después, aquella semilla por fin ha germinado en British Lion.

A pesar de que el producto se haya vendido como el primer álbum en solitario de Harris por razones comerciales, British Lion es en realidad el resultado del trabajo conjunto del bajista con Leslie, Taylor y el guitarrista David Hawkins, junto con diversos músicos adicionales que fueron aportando su grano de arena en distintas fases del proceso. El propio Harris ha asumido el mando de las labores de producción, contando con la asistencia de Taylor y Hawkins y cediendo la responsabilidad de las mezclas al eterno Kevin Shirley. No obstante, la comercialización del disco exclusivamente bajo el nombre de Harris ha llevado a que se haya generado cierta confusión y polémica en cuanto a lo acertado de la elección de algunos músicos, especialmente en lo referente al vocalista Richard Taylor. Es cierto que la voz de este queda lejos de las más excelsas e inevitables comparaciones, pero conviene recordar que Taylor es miembro de pleno derecho de la banda y parte activa de la composición de la totalidad de temas del álbum. Su voz recuerda a la de muchos ilustres vocalistas de los setenta, cuando se estilaba otro tipo de rock emparentado con la psicodelia, y precisamente a aquellas bandas pretende rendir homenaje en planteamiento British Lion. El problema llega cuando la intención inicial deriva hacia sonidos más rudos y próximos al Heavy Metal, y es entonces cuando la voz de Taylor resulta chocante y sencillamente no está a la altura del virtuosismo y versatilidad que se presupone en los cantantes más propios de este género.

Aunque hay que aceptar que ese contraste confiere gran parte de su personalidad al disco, no deja de resultar llamativo en numerosas fases. Así sucede ya desde el principio, cuando la enérgica “This Is My God” se nos empieza a ahogar en la garganta de Taylor hacia mitad de canción. “Lost Worlds” funciona algo mejor y enmascara gran parte de las carencias del vocalista en su final de tinte melancólico y tiempo más lento. Sin embargo, es inevitable que estas vuelvan a aflorar en los temas más  potentes, caso de “Karma Killer” o “Us Against The World“, que constituye uno de los puntos álgidos del disco con su psicodélico inicio de teclado al más puro estilo Deep Purple y su posterior explosión de guitarras propias de la escuela Iron Maiden. La sombra de la doncella se proyecta inevitablemente sobre muchos de los temas, especialmente a lo largo de los siete minutos de “A World Without Heaven” o en el final de “These Are The Hands“, pero sería absurdo esperar lo contrario. Precisamente buena parte del mérito de British Lion se encuentra en haber sabido conjugar el marcado carácter de su cabeza visible con las diferentes contribuciones que aglomera, y en ese sentido el éxito de la empresa queda fuera de toda duda a la luz de canciones como “Judas“, otro de los grandes logros del conjunto.

En “We are the chosen ones” y “Eyes of the young” detectamos el mayor parecido con ese sonido setentero que Harris y compañía pretendían rescatar; en sus guitarras resuena especialmente el eco de bandas como Boston y el espíritu de temas como “More than a feeling”, y es en ese ámbito donde mejor encaja el estilo vocal de Taylor. La calidad de la sección instrumental queda fuera de toda duda a lo largo de los diez temas que componen el disco, especialmente en lo que se refiere al trabajo de cuerdas. El cierre queda a cargo de la balada de fondo sinfónico “The Lesson“, cuyo peso recae casi exclusivamente sobre la voz de Taylor, esta vez con gran resultado, como viniendo a reivindicar al final la participación de este. La sensación global que deja el disco es la de que hemos asistido a una exquisita colección de excelentes composiciones que seguramente no acabarán de recibir la atención que se merecen fuera del círculo de seguidores de Harris por lo elevado de las expectativas generadas y la excesiva atención que se prestará a sus carencias. Muy probablemente nos encontremos por tanto ante uno de los numerosos casos en los que un gran disco resulta traicionado por su propia estrategia comercial.

No deja de resultarnos curioso que en aquel álbum de 1990 que supuso el debut en solitario de Bruce Dickinson, cuando más patentes empezaban a hacerse sus diferencias con Harris, el cantante decidiera incluir una versión de “All the young dudes“, tema compuesto por David Bowie y popularizado por Mott the Hoople, algunos de cuyos miembros se fusionarían más tarde con músicos del grupo de blues Medicine Head para formar una banda que daría en llamarse British Lions. Casualidad o no, lo cierto es que el tiempo ha demostrado, para regocijo de los fans de Iron Maiden, que el tío Bruce y papá Steve tenían mucho más en común de lo que pensaban entonces.

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Redada en la pista de baile

Publicado en 01 octubre 2012 por

Los reyes alemanes del metal industrial deciden tomarse a sí mismos a cachondeo y desafían a sus seguidores con una original mezcla de estilos destinada a reventar convencionalismos y romper todas las fronteras.

Apunten bien las siguientes fechas: 15 de octubre en Barcelona, 16 de octubre en Madrid. Oomph!, pioneros del Neue Deutsche Harte y del rock industrial alemán y banda de culto para cientos de seguidores repartidos por toda Europa, cumplen veinte años de carrera y vienen dispuestos a celebrarlo por todo lo alto. Semejante efeméride coincide con su reciente fichaje por Sony y el lanzamiento en Estados Unidos de su decimoprimer álbum, “Des Wahnsinns Fette Beute”, que vio la luz a finales de la primavera pasada. Dero Goi, Andreas Crap y Robert Flux se han tomado el reto con el mejor de los espíritus y con su ya característico buen humor, y han producido un festivo disco en el que funden su experiencia previa con un arriesgado atrevimiento experimental destinado a derribar a patadas cualquier barrera. Pasen y vean, rían… y bailen.

Oomph!, auténticos camaleones industriales

Si algo ha caracterizado a Oomph! a lo largo de su ya extensa trayectoria ha sido su total carencia de complejos, lo que resulta esperable de una banda con semejante nombre. Después de sus inicios en el EBM, cuando ya se habían ganado el respeto de la naciente comunidad del metal industrial alemán llegando a ser reconocidos como influencia principal de bandas como Rammstein, no dudaron en dar un giro melódico a su estilo con “Plastik”, que fue recibido con desconcierto por un buen número de seguidores. Tras la consolidación de su nuevo estatus pop y la captación de nuevos adeptos que supuso “EGO”, con el que dieron el salto fuera de sus fronteras, decidieron incorporar sonidos más oscuros y desarrollaron una marcada vena gótica que culminó en el excelente “Glaube Liebe Tod”. Su creciente éxito les llevó a editar varios recopilatorios y completar la decena de obras de estudio con “Monster”, ya bajo el auspicio de un sello principal. En vista del buen resultado que hasta ahora les ha reportado asumir riesgos, con “Des Wahnsinns Fette Beute” deciden desafiarse a sí mismos por enésima vez para asombrar a nuevos mercados y poner de nuevo a prueba a sus fieles. Desde luego, si hubiera que elegir una máxima que definiera a los camaleones alemanes, esta sería prohibido acomodarse.

Tras un rockero y enérgico comienzo a cargo de “Unzerstörbar”, que sirve de vínculo con el pasado reciente del grupo, la primera sorpresa llega con la bailable y trompetera “Zwei Schritte Vor”, elegida como primer adelanto comercial del álbum el pasado mes de mayo. Ya entonces los aficionados a la banda recibíamos el claro aviso de que Dero, Crap y Flux venían con ganas de tomarse a guasa su salto al otro lado del charco. Sin lugar a dudas, estaban dispuestos a dar algo más que un par de nuevos pasos adelante y les importaba bien poco quién fuera capaz de seguirles.

A buen seguro, por la cabeza de más de uno se pasó la idea de que los alemanes habían perdido el norte, pero quienes tantas veces habíamos sido cautivados antes por sus retorcidos juegos de trilero decidimos darles un voto de confianza y hacernos con el disco. Y cuál es nuestra sorpresa cuando nos descubrimos a nosotros mismos bailando en nuestras casas al son de la discotequera “Such mich find mich” y disfrutando de parones y subidones propios de una sala de fiesta.  Pronto caemos en la cuenta de que “Des wahnisnns fette beute” es mucho más de lo que parece con la oscura incursión de “Bis der spiegel zerbricht” y la guitarrera “Die geister die ich rief”, que permiten a quien escucha reconocer a su banda favorita bajo la máscara de la simulación de su propio secuestro. La machacona y salvaje “Bonobo” vuelve a jugar con nuestro sentido de la percepción antes del desenfreno acelerado de “Deine eltern”, y “Kleinstadtboy” pega el volantazo final para llevarnos al terreno inexplorado de los “pitoomphos” maquineros. Llegados a este punto, nuestro trío decide mostrarse compasivo y nos concede una tregua en forma de balada con “Regen”, para facilitar así que podamos aceptar mejor la prueba definitiva de que la música disco y el heavy metal pueden coexistir. Esta llega de la mano de “Kosmonaut”, uno de los mayores logros del disco y una muesca más que sumar a la escopeta de genialidad con la que disparan los alemanes. Para “Komm zurück” resulta ya del todo imposible no saltar dejando a un lado todos los prejuicios.

La más convencional “Aus meiner haut” da paso a la rareza folclórica de “Seemannsrose” para completar así una variadísima obra que encuentra perfecta culminación en la deliciosa “Unendlich”. La edición de lujo añade la potente “Fütter mich” y la redonda “Der tod ist nur ein herzschlag entfernt” como pruebas adicionales de la facilidad con la que Oomph! es capaz de componer canciones sin desperdicio más allá de cualquier límite de género. Como complemento, incluye un DVD que recoge diversos documentos relativos a la grabación del álbum, así como una galería de delirantes fotografías promocionales.

En definitiva, “Des wahnsinns fette beute” constituye un nuevo paso adelante en la carrera de Oomph! a la vez que cierra el círculo de su trayectoria retomando algunos de los elementos primigenios de la música del grupo alemán y sumándolos a sus mayores logros posteriores. Es cierto que se centra mayoritariamente en su vertiente más pop y parece envuelto de un tono desenfadado y caricaturesco, pero el magistral efecto general que consigue para nada debe tomarse a broma. Pegadizo como un chicle adherido a nuestra zapatilla, resulta imposible sacárselo de la cabeza y hace inevitable apreciar su brillantez independientemente de las preferencias estilísticas de cada uno.

No lo olviden, el próximo mes de octubre estarán en nuestro país, y vendrán con toda la artillería, del mismo modo que se han propuesto desembarcar en el mercado americano. Se trata de Oomph! con todos sus ingredientes. Geniales, irreverentes, atemporales… Simplemente indestructibles.

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Simplemente Tremonti

Publicado en 27 septiembre 2012 por

El guitarrista de Creed y Alter Bridge debuta en solitario con un meritorio trabajo cargado de solidez y metal de calidad.

Desde que Mark Tremonti (Detroit, 1974) hiciera su aparición en la escena musical de primer nivel a mediados de los 90 como miembro de Creed, su trayectoria ha supuesto un claro ejemplo de cómo la constancia, el esfuerzo y la profesionalidad pueden acabar cimentando una brillante carrera en el mundo del espectáculo. Tras la disolución de su primera banda por diferencias con el cantante Scott Stapp, en 2004 fundó junto al resto de miembros de aquella y un por entonces poco conocido Myles Kennedy Alter Bridge, lo que a la larga le reportó un claro paso adelante tanto en calidad como en proyección internacional. Si hace no mucho le veíamos compaginando giras con ambos grupos debido a la resurrección de Creed, ahora que las dos formaciones parecen estar tomándose un descanso él no ha querido perder el tiempo y ha aprovechado para publicar su primer trabajo en solitario.

De izquierda a derecha, Garrett Whitlock, Mark Tremonti y Eric Friedman

Para la grabación de “All I Was”, Tremonti ha contado con la única ayuda instrumental del bajista  Eric Friedman y el batería Garrett Whitlock, además de con la labor en la producción de su últimamente inseparable Michael “Elvis” Baskette.  En palabras del propio Tremonti, el disco recoge algunas de las composiciones que ha ido acumulando a lo largo de los últimos años y que no tenían cabida en el estilo de ninguno de sus dos proyectos activos, pero los aficionados de Alter Bridge reconocerán sin duda muchas de las características que contribuyeron a elevar a dicha banda al estrellato. Obviamente, la principal diferencia se encuentra en las voces, asumidas aquí de forma íntegra por el propio Tremonti, y hay que decir que con bastante acierto, como ya dejaba notar en “Words Darker Than Their Wings”, con la que cerraba “ABIII” cantando a dúo con Kennedy. Otro de los rasgos que alejan “All I Was” de la línea que venía siguiendo la anterior banda del guitarrista es la ausencia casi absoluta de sonidos algo más optimistas, predominando aquí en todo momento las atmósferas oscuras.  Por lo demás, las semejanzas con la vertiente más dura de Alter Bridge son notorias, como no podía ser menos tratándose de un músico de tan marcada personalidad e influencia en sus proyectos. Para terminar de guisárselo y comérselo él solito, el disco ha sido lanzado a través del sello FRET12, que el propio Tremonti fundó junto a su hermano en 2008.

El resultado es un álbum de sonido sumamente pesado y sobrio, si bien no exento de sus dosis de melodías melancólicas. Precisamente con ese deje amargo se produce la apertura a cargo de “Leave it alone”, para dejar paso inmediatamente a la contundencia despiadada de “So you’re afraid” y los ritmos acelerados de “Wish you well”. La pronunciada pendiente inicial se suaviza algo con la oscura “Brains” y el tono melancólico de “The things I’ve seen”, que desemboca en balada en “New way out” tras el heavy enérgico de “You waste your time”. Superada la primera mitad nos llega “Giving up”, que encierra una de las cumbres del disco en su vigorosa parte central de guitarra y batería. A continuación, “Proof” vuelve a rebajar un tanto el nivel de intensidad, que se recupera por momentos en la canción que da título al álbum en las enérgicas secciones instrumentales que se desencadenan tras los medios tiempos que acompañan a las estrofas principales. Por último, “Doesn’t matter” sirve de mera preparación para el gran desenlace que constituye “Decay”, una de las canciones más destacadas del álbum en su genial contraste de temática depresiva con los sonidos más esperanzadores de toda la obra.

Si bien la menor versatilidad vocal de Tremonti quizás pueda hacer que en algunas fases suene algo monótono, el disco se mueve siempre en un nivel más que correcto y deja algunos momentos interesantes, sobre todo en lo que se refiere a su parte instrumental.  “All I Was” sin duda bebe de todo lo que Mark ha sido hasta ahora como músico, a la vez que supone un prometedor punto de partida para lo que pueda llegar a ser.  Aquellos que disfrutaran de las anteriores publicaciones de uno de los guitarristas más relevantes de la actualidad sin duda encontrarán motivos para hacerlo con este homogéneo trabajo, sólido como la negra roca sobre la que Tremonti sigue empeñado en grabar a fuego su nombre. Desde luego, él sí que sabe aprovechar el tiempo.

 

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Kreator ajusta la fórmula

Publicado en 17 septiembre 2012 por

El pertinaz Mille Petrozza avanza un paso más y afina el estilo de su banda para entregar una descomunal obra que aúna a la perfección brutalidad y melodía.

Si alguien piensa que el anticristo ha de hacerse presente en la tierra en forma de demoníaca figura antropomórfica a lomos de caballos putrefactos, o bien como un despiadado gigante celestial dispuesto a segar toda forma de vida, quizás está pecando de superficial. En su decimotercer álbum, Kreator nos propone mirar debajo del envoltorio en busca de un anticristo más sutil, un anticristo fantasma que se oculta entre nosotros, que se alimenta de nuestras mezquindades y ataca desde lo cotidiano. Kreator, qué demonios, nos invita a dejarnos de chorradas y mirarnos al espejo. El planteamiento no parece demasiado original, pero si aceptamos la invitación de mirar más allá quizás nos encontremos con una auténtica obra maestra.

Desde su regreso a los sonidos más puramente thrashers con “Violent Revolution” (2001), superada su etapa de experimentación, Mille Petrozza ha venido dotando paulatinamente a su banda de un perfil más melódico, sin alejarse nunca de la brutalidad desenfrenada que les caracterizó en sus inicios, pero tratando de sacar pleno partido a la sutileza técnica que han ido desarrollando con los años. En esa evolución desempeñó un papel fundamental la incorporación de Sami Yli-Sirniö, cuyas más templadas cuerdas se han mostrado como el perfecto complemento a los rabiosos ritmos de Mille. “Phantom Antichrist” constituye la cristalización final de ese nuevo estilo, en el que se aglomeran speed metal, thrash, death y una reconocible vena power metalera como elementos más destacados.

La atmosférica e instrumental inroducción de “Mars Mantra” propone un breve crescendo para ayudar a quien escucha a sumergirse más fácilmente en la tralla sin piedad de la canción que da título al álbum, toda una declaración de intenciones que sirve a su vez como presentación comercial del disco. A partir de ahí, se acabó la tregua. Una vez destapada la figura del anticristo fantasma, el argumento explora las distintas caras del mismo a través del maltrato a la naturaleza, el colapso del capitalismo o la infamia de la persistencia de las religiones, alternando el más oscuro pesimismo con revolucionarios mensajes esperanzadores. Así sucede inicialmente con las arrebatadoras “Death To The World“, “From Flood Into Fire” y “Civilization Collapse“, plagadas de ritmos acelerados, parones embriagadores y solos de vértigo. “United In Hate” parece concedernos un respiro con su comienzo acústico solo para poder golpearnos con más fuerza después, preparándonos para lo que se avecina. Si llegados a este punto Kreator ya se ha ganado el respeto supremo de la audiencia, “The Few, The Proud, The Broken” nos lleva a una de esas cimas que rara vez se alcanzan en un álbum, desatando una épica majestuosa de la que ya no querremos descender. Por fortuna, “Your Heaven My Hell” mantiene perfectamente la competencia con su predecesora, prolongando el éxtasis y abonando el terreno de los himnos, que fructifica de forma más clásica en “Victory Will Come“. Quizás el único pero que podría ponérsele a “Phantom Antichrist” sea el brusco contraste que supone “Until Our Paths Cross Again“, un cierre correcto y argumentalmente coherente pero que no está a la altura de los logros progresivamente alcanzados a lo largo del resto de la obra.  Uno a la vez querría que esto no acabara nunca y que lo hiciera de una forma que le permitiera quedarse en esa cima hasta decidir si prefiere congelarse en ella o lanzarse al vacío.

Hace tiempo que un servidor soñaba con que el apocalipsis, si es que había de llegar,  lo hiciera en forma de enrabietada banda de thrash dispuesta a arrasar nuestra existencia con su trueno a la vez que a cautivarnos con sofisticadas y despiadadas melodías que nos condenaran a rendirnos a él. Hace tiempo que muchos esperábamos ese día con impaciencia. Pues bien, ese día por fin ha llegado. Y esa banda era Kreator.

Bienvenido sea este apocalipsis en forma de magistral compendio de metal de obligada exploración para todo amante de la música.  Bienvenido sea “Phantom Antichrist”.

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Testament lo vuelve a conseguir

Publicado en 30 julio 2012 por

La banda de California desentierra sus raíces más oscuras en un contundente trabajo que hará las delicias de sus seguidores de siempre y tratará una vez más de captar nuevos adeptos.

Hace ya bastante tiempo que Testament vive cómodamente en su estatus de banda de culto, desenvolviéndose satisfactoriamente en ese terreno de segunda línea habitado por formaciones que, sin llegar a alcanzar el reconocimiento masivo, operan muy por encima de la media y cuentan con una fiel legión de seguidores que garantizan el éxito de cada nuevo trabajo que publican. No obstante, el recuerdo imborrable de sus años de mayor presencia en los medios y la incuestionable calidad de sus álbumes hacen que de cuando en cuando resucite el fantasma de los tiempos en que estuvieron a punto de alcanzar la gloria. Precisamente esto es lo que volvió a ocurrir en 2008, cuando después de una larga ausencia a causa de la prolongada convalecencia de su vocalista, el grupo reaparecía con la noticia del regreso del guitarrista Alex Skolnik y la publicación de “The Formation Of Damnation”, cuya maestría añadía nueva leña al fuego nunca apagado del debate sobre si Testament podría asaltar definitivamente el trono del thrash.

Cuatro años después de aquel penúltimo hito en su carrera, los californianos regresan con “Dark Roots Of Earth”, quién sabe si después de una consciente espera dirigida a restar presión a su nuevo trabajo, sabedores del daño que las expectativas demasiado elevadas han ejercido en momentos previos de su carrera. Y es que el mejor favor que los seguidores de Testament pueden hacer a su banda favorita es juzgar cada publicación por sí misma. En este caso, lo primero que llama poderosamente la atención es la portada, cargada de fuerza sobrenatural gracias al espectacular diseño de Elinar Kantor, basado en una idea de Eric Peterson. En ella, la herida abierta en los cielos por “The Formation Of Damnation” encuentra complemento en la brecha abierta en la tierra por una atávica divinidad que amenaza con desatar su ira sobre unos insignificantes seres humanos que no tienen otra opción que reconocer su poder insondable y rendirse a él definitivamente. Desde el principio queda claro cuál va a ser la temática principal del disco.

La hipnótica presentación visual encuentra correspondencia a nivel musical en “Rise Up”, poderoso himno destinado a ser coreado por las masas en respuesta a la directriz marcada por un enrabietado Chuck Billy: “when I say rise up you say war”. “Native Blood”, todo un homenaje a las raíces indias del carismático vocalista, continúa el reparto de leña y confirma línea argumental, a la vez que certifica que en esta ocasión nuestros chicos vienen dispuestos a cultivar los estribillos pegadizos en busca de un impacto más directo y orientado a audiencias más amplias. Sigue la pequeña tregua concedida por la canción que da título al álbum, más contenida y compleja melódicamente, pero se trata de un mero interludio antes de la brutal “True American Hate” y “A Day In The Death”, en cuyos títulos de crédito aparece Steve Souza, primer cantante de la banda allá por los años ochenta antes de su fichaje por Exodus. La balada “Cold Embrace”, excepcionalmente delicada para un grupo poco acostumbrado a las concesiones, dota de variedad al conjunto antes de la vuelta a la vertiginosa contundencia jalonada por coros agresivos de “Man Kills Mankind”. La aproximación progresiva de “Throne Of Thorns” interrumpe una vez más la violenta línea principal antes de que esta regrese para el desenlace a cargo de “Last Stand For Independence”.

La edición limitada, con cuidada presentación en formato digibook, incluye cuatro pistas adicionales dedicadas a versiones con diferente fortuna de “Dragon Attack” de Queen, “Animal Magnetism” de Scorpions y “Powerslave” de Iron Maiden, además de a una versión extendida de “Throne Of Thorns” en la que se prolonga el final instrumental centrado en la guitarra de Eric Peterson. Precisamente el virtuosismo instrumental de Peterson y Skolnik, al que ambos dan rienda suelta con una constante alternancia de solos, constituye uno de los puntos fuertes de este nuevo disco, sin olvidar la excelente labor de la sección rítmica compuesta por Greg Christian y Gene Hogland, que suena atronadora como nunca.

A buen seguro, con “Dark Roots of Earth” Testament conseguirá una vez más cimentar su condición de aspirante al reinado de un género con numerosos y célebres candidatos, cuya dimensión no hace sino dotar de mayor mérito a su eterna lucha. Solo queda desear que tan sana competencia, plasmada en un buen número de giras conjuntas que ardemos en deseos de ver pasar por nuestro país, siga contribuyendo al excelente momento que vive el thrash. A la espera de ver quién golpea a continuación, nosotros estamos encantados de ir poniendo la otra mejilla.

 

 

 

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Y el Heavy clamó venganza

Publicado en 17 julio 2012 por

Se cumplen treinta años del lanzamiento de la obra maestra con la que Judas Priest cambió para siempre el heavy metal.

En 1982, Judas Priest era una banda plenamente consolidada, cuyos labios aún estaban impregnados de las mieles del éxito de su “British Steel”. Podían presumir de haber hecho nacer una década al ritmo de himnos como “Breaking the Law” o “Living after midnight”, así como de mantener un ritmo constante de publicaciones, que hasta la fecha se completaba con el más humilde y contenido “Point of entry”. Este había constituido un primer intento de desembarco en las tierras del nuevo mundo y de la MTV por iniciativa de la discográfica, y había interrumpido el progresivo endurecimiento que hasta entonces había ido experimentando el sonido de la banda en favor de un producto más amable y cercano al hard-rock clásico. Al no cosechar el éxito esperado, los miembros de Judas contaron con una mayor libertad creativa para su siguiente disco y decidieron abandonar las cómodas autopistas en las que se acababan de embarcar para retomar la sendas más duras por las que habían venido transitando anteriormente. El resultado iba a ser mucho más que uno de los álbumes más exitosos de su carrera.

Judas Priest, a principios de los ochenta

Para la grabación de la que sería su próxima obra, Rob Halford, Glenn Tipton, K.K. Downing, Ian Hill y Dave Holland se encerraron en los Ibiza Sound Studios, donde trabajaron a destajo a fin de acumular material para su posterior mezcla en Florida a las órdenes de Tom Allom. El grupo se centró hasta tal punto en sus nuevas canciones que incluso la noticia de la aproximación de un huracán a las inmediaciones del estudio les pasó completamente desapercibida hasta que un buen día vieron los árboles doblarse a través de la ventana. En medio de vientos huracanados y tormentas eléctricas, el sonido de “Screaming”, como inicialmente pensaban titular el nuevo álbum, quedó plenamente perfilado, a falta tan solo de algunas pistas adicionales que grabarían en Orlando. Una de las últimas incorporaciones al nuevo repertorio fue “You’ve got another thing comin’”, grabada en tan solo una hora ante las presiones de la discográfica exigiendo algún tema más fácilmente radiable. La canción se convirtió inmediatamente en el primer sencillo promocional en agosto de 1982 y reventaría las radios de todo el mundo, conquistando incluso un espacio de honor en la ansiada meca de la MTV.

El álbum, finalmente titulado “Screaming For Vengeance” tras los últimos retoques realizados, había visto la luz el 17 de julio anterior para regocijo de los aficionados más aguerridos de Judas Priest, que desde el mismo inicio del mismo pudieron reencontrarse con la vena más dura de la banda llevada un punto más allá en contundencia y velocidad. Aún hoy, la genial introducción de “The Hellion” seguida de la orwelliana “Electric Eye” es capaz de poner los pelos de punta a cualquier heavy que se precie, y así lo hizo en 1982 en cada uno de los conciertos del World Vengeance Tour.

Halford, elevándose colosal sobre las masas

La gira, para la cual contaron como teloneros con bandas de la talla de Krokus, Uriah Heep y Iron Maiden, que acababan de publicar su “Number Of The Beast”, fue un completo éxito y elevó a Judas Priest a un nivel aún mayor de trascendencia internacional. El Heavy Metal veía nacer una auténtica revolución en su sonido, despojándose de los últimos restos de blues en favor de un mayor dinamismo no reñido con el éxito comercial, y “Screaming For Vengeance” representaba a la perfección todos esos nuevos valores. Heredero del seminal “British Steel”, supuso una nueva vuelta de tuerca a lo allí logrado, y mezclaba a la perfección el virtuosismo técnico y la velocidad de temas como “Electric Eye” y “Riding On The Wind” con la contundencia de “Bloodstone”, el gancho de “You’ve got another thing comin’”, el poso americano de “Pain and pleasure” y los geniales medios tiempos de “Fever” y “(Take these) Chains”, que fue elegido como segundo sencillo. Las guitarras de Glenn Tipton y K.K. Downing se afilaban como cuchillas y adquirían una clara inspiración en el sonido de AC/DC, contribuyendo a la adopción de la banda de los hermanos Young para la familia heavy. Y por encima del conjunto se elevaba un colosal Rob Halford, definitivamente desatado y para el que no parecía haber agudos imposibles, como demostraba de forma especialmente notoria en el genial cierre a cargo de “Devil’s Child”.

Judas Priest, convertidos en auténticas leyendas del Heavy Metal.

“Screaming For Vengeance” fue un completo éxito de ventas y alcanzó el puesto número 11 en las listas británicas y el 17 del Billboard. Antes de que acabara el año ya había llegado a disco de oro, y para abril de 1983 obtenía la certificación de platino. Pero su influencia a largo plazo habría de superar con creces el impacto inicial. En 2001 se confirmaba como el primer disco en alcanzar el doble platino para la banda y son innumerables las versiones que se han realizado de los temas que lo componen, que en su mayoría forman ya parte de la cultura heavy. Subgéneros como el speed metal o el thrash encuentran sus raíces en este álbum, gracias al cual el heavy se transformó para siempre. Como profetizaba la cita que se incluía en la contraportada del disco, la llegada de The Hellion arrasó con todo y permitió a los heavies de cualquier lugar cobrarse una merecida venganza, personalizada en aquel inolvidable grito que abría el tema que da título al álbum.

From an unknown land and through distant skies came a winged warrior. Nothing remained sacred, no one was safe from the Hellion as it uttered its battle cry… Screaming for Vengeance!”.

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