Desde 1995, los depresivos, suicidas o abandonados por sus parejas tienen (tenemos) una canción fetiche: se trata de Hurt, una de las joyas que Nine Inch Nails regalaron al mundo desde su atalaya de rock industrial noventero. Mucha gente la describe como una de las canciones más tristes jamás escritas. No sé si llega a tanto, pero no cabe duda: la letra es demoledora, la soledad de la voz de Trent Reznor acariciándote primero y rasgándose cuando llega al You could have it all / My empire of dirt. A menudo Reznor la ha descrito como una de sus favoritas entre las canciones que ha escrito, y era cierre habitual de los conciertos de Nine Inch Nails.
Ya cuando este tema se lanzó (llegó al 8 en el billboard estadounidense) lo hizo en dos facetas. Por un lado, la que se publicó en The Downward Spiral, con las perfectas señas de identidad de NIN: sonido muy sucio, voz susurrante, casi sostenida por un hilo, tan tenue y silenciosa que la letra casi ni se escucha. La instrumentación forma parte perfecta de los gustos industriales, disonantes y hasta experimentales de la banda en aquél tiempo: con todo eso de fondo era difícil distinguir el doloroso trasfondo del tema.
Pero prácticamente a la vez (en el videoclip oficial, sin ir más lejos) se lanzó lo que se llamó una quiet version, que no es más que una versión en directo del tema, solo que con las extravagancias industriales de Reznor y compañía bastante dulcificadas, pero con las complejas inflexiones de la voz intactas. Fuera como fuere, el tema se dulcificaba notablemente, dando algo más de protagonismo a la voz y dejando escuchar la letra un poquito más desnuda y menos distorsionada.
Y en 2002 llega Johnny Cash, leyenda viva que, tras unos años haciendo, básicamente lo que le daba la gana con su serie de discos American, y le pide permiso a Trent Reznor para versionar Hurt. A pesar de lo mayúsculo del halago, Reznor duda. Hasta que ve el videoclip. Y mucho temo que poco más se puede decir: Johnny Cash fue un puto genio y Hurt su último gran éxito comercial (murió al año siguiente de grabarla). Definía Hurt como ‘La mejor canción antidroga que había oído nunca’. Cash no necesita nada para redescubrir el tema, ya de por si genial: una más que básica adaptación a su guitarra y su voz, ya anciana y mucho más quebradiza que el torrente que exhibía en su juventud. El dramatismo aumenta cuando pronuncia las dolorosas palabras The needle tears a hole / The old familiar stink: aunque no tuvieron que ver con drogas inyectables, Johnny Cash sufrió terribles problemas de adicción a las anfetaminas y los barbitúricos que estuvieron cerca de acabar con su carrera en los años 50 (esta etapa de su vida se retrata magistralmente en el biopic Walk The Line del que ya hablamos hace unos meses).
Hay más versiones de Hurt, todas ellas al rebufo de la de Johhny Cash. No merece la pena hablar de ellas. Poco más se puede decir sobre el tema que no diga la propia canción por si misma. Si acaso, cabe prestar atención a su videoclip, repleto de imágenes de juventud ya no solo de Johnny, sino de June Carter, su inseparable segunda esposa que falleció tres meses después de su grabación. El videoclip de Hurt constituye un epitafio perfecto para una pareja mítica, no solo de la historia del country o de la música estadounidense, sino para un par de leyendas del siglo XX como pocas las hubo.


























