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Los mejores conciertos de 2012

Publicado en 22 diciembre 2012 por , y

¿Qué puede ser más duro que elegir cinco discos de un año para unos locos de la música? Pues quedarse con cinco conciertos, solamente cinco, cuando todo lo que de nuestro sueldo no va al alquiler y la comida suele destinarse a la música en directo. Es complicadísimo elegir, pero en parte ahí está el mérito: no queremos hacer listas tan largas que se conviertan en simples enumeraciones de todo lo que hemos visto y oído a lo largo del año. Los que elijamos serán los más brillantes de muchos, muchos momentos geniales de 2012. Empezamos.

conciertos_2012

The Lost Dreamer

Lo confieso, no voy a poder evitar hacer trampa. Llevo semanas echando cuentas y por mucho que lo intente me salen 7, no 5. Y son imprescindibles. El problema es que hay una explicación: estuve unos meses viviendo en el Reino Unido y pude cazar el inicio de la temporada festivalera británica. Y claro, se pueden ustedes imaginar. Ya solo con uno de los festivales en que me metí, lleno la lista. Además, tampoco me parece del todo justo llenar la lista de conciertos que no se han producido en España. Así que a ver cómo salvamos los muebles en un año en el que he visto a Placebo tres veces, por fin he cazado a Bruce Springsteen (aunque no en su mítico concierto de Madrid), me he metido en cuatro festivales en Inglaterra y otros tantos en España, me he ahogado bajo la lluvia madrileña viendo a Primal Scream, he aborrecido a Bob Dylan, he bailado viendo a Lauryn Hill, fotografiado a Suede y coreado el Walk Away de Franz Ferdinand en medio de un parque londinense.

1. Isle Of Wight Festival, Inglaterra (te lo contamos aquí, aquí y aquí): Aquí va mi trampa. Pero es que no me cabe duda: mi evento musical del año fue el Festival de la Isla de Wight, al sur de Inglaterra y que es uno de los más grandes del país. Un infierno de lluvia y barro en el que viví dos de los mejores conciertos de mi vida: el de Tom Petty and the Heartbreakers y el de Pearl Jam, dos formaciones que si bien me eran concidas, no me esperaba ni de lejos tan grandes ni emocionantes. El primero por su insultante virtuosismo, su serena alegría, su capacidad para medir los tiempos de su actuación… su, en fin, alma y maneras de gigante, clase indiscutible en el directo y complicidad con toda su banda. Los segundos… ¿qué decir de Pearl Jam? Si estuve horas de pie bajo la lluvia esperando a que Eddie Vedder saltara al escenario rodeada de unos fans irlandeses e italianos de la banda estadounidense y que, nada más empezar, me di cuenta de que aquel iba a ser uno de los conciertos de mi vida. Que no paró de llover en las dos horas de concierto, que el dolor de piernas y el cansancio eran insoportables y, aún así, daba igual, porque la detallista emoción dibujada por la banda hizo que se me saltaran las lágrimas en varios momentos de la actuación. Pero el festival no fue solo eso: el portentoso directo de Elbow, que descubrí como uno de los más brillantes de Inglaterra, o ver a una formación de leyenda como Madness darlo todo fueron una experiencia memorable que planteo repetir. A pesar del barro.

2. Arctic Monkeys, Palacio de los Deportes, Madrid (te lo contamos aquí): Por una vez estoy de acuerdo con la redacción de Habla Tu Música: para mi el concierto del año en Madrid ocurrió nada más empezar el año. El huracán que desplegaron los Arctic Monkeys en el Palacio de los Deportes me volvió loca, me hizo bailar y cantar y todavía me hace feliz cada vez que pongo cualquiera de los discos de los Monos y recuerdo el abrumador directo con el que nos invadieron. Imbatibles, divertidos, imparables y, sobre todo, con un virtuosismo y una calidad de sonido que quitaron el hipo.

god_is_an_astronaut_Niels_Kinsella_arena_20123. God Is An Astronaut, Sala Arena, Madrid (te lo contamos aquí): En este caso tampoco hay dudas, puesto que la formación de rock instrumental irlandesa aterrizó en Madrid con unas dosis de belleza y potencia a partes iguales que superaron todas mis expectativas. God Is An Astronaut se comportaron como verdaderos dioses sobre el escenario, con una compenetración perfecta y una calidez y conexión con un público al que se le caía la baba que ya es de por si difícil de ver en bandas de rock convencionales. Una locura, una belleza que me puso los pelos como escarpias desde la primera nota hasta la última. Viva el post-rock.

bon_iver_4. Bon Iver, Palacio Vistalegre, Madrid (te lo contamos aquí): Tenía muchísimas esperanzas depositadas en el directo de Justin Vernon y su banda… y no me decepcionaron. A pesar de que el recinto auguraba lo peor, todo fue sobre la seda: el único “pero” de la actuación fue la impresión de cierta falta de espontaneidad pero me parece francamente anecdótico. Me pareció muy hermosa la reinvención para el directo en grandes recintos del estilo musical de Bon Iver, reconvertido en un rock que, sin dejar las texturas íntimas, suena mucho más sólido y contundente. El dios etéreo del frío estadounidense se hizo real ante nosotros, y mereció muchísimo la pena esperarle.

regina_spektor_price015.- Regina Spektor, Teatro Circo Price, Madrid (te lo contamos aquí): Una mujer a la que seguía hace años y a la que nunca había tenido ocasión de ver. En una palabra: conciertazo. Los pelos de punta desde que empezó a entonar Ain’t No Cover a capella hasta que dio la última nota en su piano: Regina Spektor es un portento de dulzura, experiencia sobre las tablas, de voz y de carisma. Lo tiene todo, porque encima en vivo es todavía mucho más guapa de lo que parece ya de por si. Su concierto fue una delicia a pesar de que su último disco no haya sido el mejor de su carrera, y quedará grabado en mi memoria durante muchos años.

Lebonloup

Un festival y un buen puñado de conciertos. Un bagaje del que elegir que no ha estado mal, aunque comparado con los periplos de los compañeros es casi una broma. Me he perdido unos cuantos, pero de los que hay estos son los mejores, escogidos de entre una mixtura de calidad, repertorio, sonido y por supuesto, ánimo propio.

anathema_spanish_tour121. Anathema, Joy Eslava, Madrid (te lo contamos aquí): Enormes ganas de verles tras ocho años, enormes ganas de paladear su nuevo disco en directo, autosugestión total, y pese a que me tocó un rincón infame del local, el concierto cubrió de sobra mis expectativas. Dos horas de recital desgranando un repertorio sensacional, algo volcado en los últimos tiempos, ofrecido con entrega de los músicos y complicidad del público. El único pero, el perderme la actuación acústica que ofrecieron posteriormente. Una de esas citas que no se olvidan y que te dejan marcando los días para volverlo a vivir.

2. The Cure, BBKLive, Bilbao (te lo contamos aquí): Son mi banda tótem y con eso lo digo todo, y sin embargo mi poca parcialidad inicial queda justificada de algún modo ante el espectáculo reconocido por no militantes que supone ver a esta leyenda viva en directo. La entrega de Robert Smith, al que desde hace años se le ve feliz como nunca encima de un escenario, certificando sus palabras acerca de que es el único motivo que le mantiene en la música, las tres horas de concierto, y el detallazo del ya conocido mini-acústico que se marcó tras el gran retraso por problemas técnicos, son garantía de conciertazo, si encima son tus favoritos, pues poco queda que añadir, salvo que con un repertorio ligeramente distinto hubiesen estado en mi Top 1.

3. Chameleons Vox, Sala Arena, Madrid (te lo contamos aquí): Otro nombre, media formación original. Los más puristas reniegan que este combo sea representativo de los Chameleons. Cierto que faltan genios a las guitarras, pero lo que queda con Mark Burgess al frente, y los reclutas nuevos, dieron la talla en repertorio, en ejecución y en una entrega propia de unos chavales que hace tiempo que no son. Muy emocionante, una especie de túnel del tiempo para todos aquellos que nunca pudimos ver a los originales, aquellos que se ganaron un culto minoritario y férreo en los ochenta.

Garbage @ BBK 20124. Garbage, BBKLive, Bilbao (te lo contamos aquí): Estaba allí por curiosidad. Era uno de los grandes nombres del cartel y nada que me sugiriese más en otro escenario. Les tengo estima pero me costaría seleccionar más de cinco temas suyos que llevarme al fin del mundo (y mira que necesitaría un arcón). De modo que quizá por no esperar demasiado me vi sorprendido, no ya por la virtuosidad de los músicos, que ya figura en su caché, la que me dejó impactado fue la Manson, estupendo chorro de voz, sensacional actitud y complicidad con la audiencia, y encima sin perder un tono entre tanto movimiento. Un gran concierto.

The Diesel Dogs5. The Diesel Dogs, Sala El Sol, Madrid (te lo contamos aquí): Un concierto pequeñito, de esos en los que te juntas con los amigos y amigos de amigos y llenas la sala, y como pasa muchas veces gran sorpresa y muchas preguntas al salir. Estos “veteranos” se marcaron un recital rockero con ruido, sudor y escupitajos, como debe ser. Luego en frío es cuando viene el cabreo al ver que las grandes plazas las llenan una y otra vez los mismos acomodados del panorama nacional y que poquitos son los que se atreven a dar protagonismo a nombres menos caídos en gracia, y ya da igual que estés dando tus primeros pasos, los hay que ya tienen pelos en la entrepierna. Al final, lo alternativo también se acomoda y torna conservador, como todo. ¡Viva el rock!

Sentencia

No nos podemos quejar, 2012 nos ha traído muchos y muy buenos conciertos, pero entre ellos ha habido algunos realmente memorables. En este caso la elección es sencilla, pues cinco de las actuaciones que hemos presenciado han estado claramente un nivel por encima del resto tanto en calidad como en intensidad. Las recordamos ahora, pero estamos seguros de que volveremos a hacerlo en numerosas ocasiones en el futuro.

1.- Metallica, Sonisphere Getafe (te lo contamos aquí): La anunciadísima gira de celebración del vigésimo aniversario del mítico Black Album tardó algo más de la cuenta en pasar por nuestro país, pero sin duda la espera mereció la pena. Cuando James Hetfield, Lars Ulrich, Kirk Hammett y Robert Trujillo se suben a un escenario, todo lo demás pasa a un segundo plano, y suelen deleitarnos con actuaciones intensas, precisas y efectivas a partes iguales. Pero es que en esta ocasión había algo más. Conscientes de lo que estaban celebrando, los cuatro miembros del grupo comparecieron en Madrid el pasado mes de Mayo más unidos que de costumbre, con un Hetfield rejuvenecido que disfrutaba y hacía disfrutar como nunca y una colección de canciones que ya forma parte de la historia de la música. Los que estuvimos allí fuimos plenamente conscientes de estar viviendo algo histórico y Metallica estuvo como siempre a la altura de las circunstancias.

Sebastian_Bach52.- Sebastian Bach, Sala Caracol (te lo contamos aquí): En un año en el que recibimos la visita de los Cuatro Jinetes resulta harto complicado que cualquier otra actuación les supere, pero en este 2012 la aparición inesperada de un viejo héroe olvidado ha estado todo lo cerca que se puede estar de lograrlo. Sebastian Bach, antiguo vocalista de Skid Row, convirtió lo que en principio iba a ser un concierto más de presentación de otro intrascendente disco en solitario de una vieja gloria en una desenfrenada y legendaria orgía de ROCK con mayúsculas. Algo fuera de lo común sucedió aquella noche de Junio en la que Bach contagió su locura a un puñado de nostálgicos que de repente se vieron poseidos de nuevo por el espíritu de la auténtica “youth gone wild”. Nosotros estuvimos allí y nos sentimos tremendamente afortunados por ello.

Angela, ondeando la bandera de las Khaos Legions 3.- Arch Enemy, La Riviera (te lo contamos aquí): También tardaron algo más de la cuenta los suecos Arch Enemy en traer el desfile de sus Legiones del Caos hasta Madrid, pero cuando por fin llegaron el pasado mes de Octubre lo hicieron pisando con fuerza descomunal. Con la máquina perfectamente rodada y engrasada, la banda de Michael Amott lució en todo su esplendor, liderada por una apabullante Angela Gossow que lo dio todo sobre el escenario y supo sacar lo mejor de un público plenamente entregado a la causa. La exhibición de guitarras que se marcaron Amott, Cordle y D’Angelo y la ejecución magistral de “The Day You Died”, entre otras, serán recordadas por mucho tiempo.

El maestro Molly, impartiendo lecciones 4.- Hamlet, Joy Eslava (te lo contamos aquí): Otros que cada vez que sacan disco o se suben a las tablas opositan directamente a los primeros puestos de los mejores del año son los madrileños Hamlet. El concierto que impartieron el pasado mes de Marzo en la Joy, aparte de en DVD, quedó para siempre grabado en la memoria de cuantos tuvimos la oportunidad de asistir gracias a la enconada entrega de estos maestros de la escena nacional. Con un sonido extremadamente cuidado y pulido presentaron temas de su potentísimo último álbum, “Amnesia”, a la vez que repasaron algunos de sus clásicos imperecederos, sin olvidar incluir sorpresas. Molly volvió a dejar huella en nuestras retinas con sus movimientos incansables y la banda destiló lo mejor de sí en una noche que no hizo sino afianzar nuestro sentimiento de privilegio y orgullo por tenerlos como vecinos. Contamos ya los días para la próxima cita, anunciada para Abril de 2013.

5.- Judas Priest, Palacio Vistalegre (te lo contamos aquí): Quienes tuvimos la desgracia de perdernos la gira de despedida de Judas Priest el pasado año recibimos con júbilo la noticia de que 2012 nos brindaría una nueva oportunidad de decir adiós a estos auténticos dioses del heavy metal. Lo que no esperábamos era que los talluditos genios británicos nos elevaran a semejante nivel de intensidad cuando se suponía que estaban a punto de retirarse. Rob Halford demostró que el tiempo no ha mermado su proverbial capacidad de alcanzar los agudos más inverosímiles, y la banda sacó todo el partido a un completísimo repertorio que repasó los mejores momentos de su carrera. Después de que mostraran un nivel tan superior al de la mayoría de grupos actuales, solo nos queda confiar en que se replanteen su jubilación.

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Isle Of Wight Festival (II): Pearl Jam rozan la perfección bajo la lluvia

Publicado en 29 junio 2012 por

El sábado era a priori el día menos interesante del Isle Of Wight Festival 2012, aunque el cierre del día lo realizarían los estadounidenses Pearl Jam de forma brillante. Fue un día para curiosear por las carpas y tomarse las cosas con calma, porque las ingentes cantidades de barro tampoco permitían desplazarse rápidamente de un lugar a otro.

Madness: bailando a ritmo de clásico

Madness es una de esas bandas de los 70-80 que uno nunca espera ver en directo, a pesar de que varias de sus canciones hayan invadido la propia existencia a base de convertirse en sintonías de nuncios y programas de televisión. Puede que Madness no os diga nada, pero si os hablo de canciones como Must Be Love o Our House ya empezaréis a saber de quién hablo. Aquí en el Reino Unido son una banda de vejestorios bastante respetada, una de las más grandes formada por británicos (blancos) en el género del ska, que tan popular es aquí y del que tan poco se habla en España.

Madness, foto extraída de la web oficial del IOW Festival

Aunque ofrecieron un concierto de grandes éxitos, a mi me fueron desconocidas muchas canciones. Tampoco importaba demasiado: el ritmo endiablado de los instrumentos de viento hacía inevitable mover las caderas, y tanto jóvenes como mayores (las emocionadas parejas que se agarraban de la mano la noche anterior con Tom Petty bajaron también a ver a esta banda) nos divertimos poniendo en práctica el espasmódico baile al que obligan los jamaicanos ritmos del ska.

También el carisma y conexión de toda la banda con el público ayudó a que la explanada que había frente al escenario principal se fuera llenando más y más. Al final sí, los grandes grandes éxitos que todo el mundo coreó puntualmente, pero tal vez sin menos baile. En general, un tipo de grupo para el cual nunca habría pagado una entrada, pero que estando en un festival me paso a verlos, bailo con una cerveza en la mano, me divierto y al término de la actuación, me voy a buscar otro escenario.

Discotecas silenciosas, bandas tributo y baile juvenil

Lo genial de un festival tan grande como el IOW es que, aunque haya ratos muertos en los que no haya ningún concierto al que te apatezca asistir especialmente, siempre hay miles de cosas por hacer. Desde un escenario playero en el que una banda tributo de los Beach Boys nos hacía soñar con el solecito, las olas y el mar mientras lanzaban pelotas de playa al público; hasta una carpa discoteca silenciosa, en la que al entrar te daban un buen par de auriculares conectados a una radio en la que podías sintonizar diferentes canales con diferentes DJs pinchando. La idea era muy graciosa, porque veías a la gente bailando y cantando canciones completamente distintas según el canal que llevaran enchufado, aunque la calidad de los DJs en el rato que me pasé tiraba a mala. Lo más curioso de todo es que el sistema funcionaba bastante bien. Divertido para pasar un rato.

El aspecto que presentaba una de las carpas principales el sábado por la tarde durante el concierto de Katy B

También aprendí que aquí en el Reino Unido hay incluso una ONG que se dedica a ayudar a los festivaleros montando una carpa en la que dan bebida caliente y pasteles de manera gratuita a los agotados musiqueros que se pasen por allí. Me dejó sorprendida que no me dejaran hacer ni una contribución cuando la ofrecí: me dijeron que a cambio del café y el pastel solamente me pedían que si veía a alguien en apuros en el festival, intentara ayudarle. Son curiosos, estos ingleses. Y esos chicos eran gente maja. Con suerte este fin de semana me los vuelvo a encontrar.

En estos paseos también me dejé caer por The Big One, la gran carpa de música de baile en la que a media tarde actuaba Katy B, cantante de música dance bastante popular por estos lares y a la que le pillé unas pocas canciones. Divertida, bailable, pero tampoco para tirar cohetes.

Decepcionantes Biffy Clyro…

Se acercó la noche, volvió a llover y llegó la hora de volver a ir al escenario principal para ver a los rockeros norteamericanos escoceses Biffy Clyro, un grupo de punk relativamente parecido a My Chemical Romance, pero con mucha menos calidad musical, en mi opinión. Es un grupo que en disco no suena mal del todo, con un par de temas que enganchan de verdad, así que tenía alguna esperanza en ellos. Pero después de un virulento comienzo con Mountains, el resto fue ruido, distorsión y frialdad por parte de la banda. Las imágenes que de ellos se proyectaban en las pantallas estaban constantemente distorsionadas, eran confusas y agobiantes. Fue un concierto insulso lleno de máquinas de humo, bengalas, guitarreos y ruidos absurdos y un público post-adolescente muy poco amigable. Al final, aunque conocía la mayoría de las canciones, ni siquiera captaron mi atención con The Captain, mi favorita de la banda. Bastante prescindibles.

… y sublimes Pearl Jam

Eddie Vedder durante la actuación en el IOW Festival 2012, tomada de la web oficial del festival

Pero lo mejor del día estaba por llegar. He de confesar que nunca he sido una gran fan de Pearl Jam, pero no considero que eso sea un impedimento para respetar a una banda de estas características. Siempre los he comparado mucho con los Foo Fighters, por trayectoria y tipo de discos que han ido publicando, aunque a Pearl Jam tal vez le falte un par de exitazos como Everlong o Wheels. Su directo siempre ha sido muy prestigioso y fue su presencia uno de los principales motivos que me llevaron a este festival. Además, por cosas de la vida, acabé metida en las primeras filas del mogollón del escenario principal, rodeada de fans de Pearl Jam la mar de amables y divertidos.

Así que sin más vueltas, lo digo alto y claro: las más de dos horas (24 canciones, que no es moco de pavo) que se pasaron Pearl Jam sobre el escenario principal fueron sublimes. No hubo tregua, ni un descenso en la calidad, en la intensidad ni, sobre todo, en la voz de Eddie Vedder, que se mantuvo perfecta, limpia y luminosa durante toda la actuación (chúpate esa, Dave Grohl).

La atmósfera que los miembros de Pearl Jam tejieron entre ellos y el público fue algo hermoso y delicado, con un rock en el que las asperezas que a veces aprecio en sus discos y que me hace complicado digerirlos, estaban perfectamente pulidas: las melodías fluían como la seda, sin estallidos de electricidad desesperados o sin sentido, todo puesto en su lugar, con un saber hacer y una profesionalidad envidiables. La fascinación del público no estaba relacionada con lo más o menos dicharachero que fuera el cantante (aunque no faltaron los chascarrillos sobre las tiendas que aún flotaban sobre el barro), sino con la evidente concentración y empeño que ponía toda la banda en sacar perfecta cada canción, pero aún así con el nivel de emoción adecuado. La selección de temas imprimió, además, un ritmo muy correcto al concierto, alternando perfectamente momentos muy rockeros como el de Hail, Hail o The Fixer con otras melodías que, sin ser baladas, muestran las emociones de una manera mucho más contenida, tanto vocal como instrumentalmente.

Además, Pearl Jam hicieron gala de algo que siempre se ha defendido como una de las mayores bazas de los Foo Fighters: aunque se trataba de un gran concierto eléctrico, no se acobardaron a la hora de desenchufar las eléctricas, y mostrar su lado más acústico, como hicieron con Daughter. En ambos estilos se defendieron como campeones, aunque (igual que los de Dave Grohl), es en la faceta eléctrica en la que son sobresalientes.

Para el recuerdo queda la perfecta voz de Eddie Vedder cantando, aferrándose al micrófono, el I want to go, but I don’t want to go alone de Untitled, uno de los momentos que más me puso los pelos de punta de la actuación; y sus espontáneos paseos por la barrera que separaba al público del escenario (más de seis metros entre unos y otros), para dar la mano y cantar entre sus fans más fieles. Finalmente, tras múltiples muestras de agradecimiento y una segunda tanda de bises, Vedder se despidió con una frase bastante lapidaria: Dale un arma a un hombre y robará un banco. Dale un banco y robará el mundo.

En resumen, el directo de Pearl Jam siempre ha sido muy prestigioso: lo es con razón. Todo lo bueno que hayas leído de ellos, probablemente sea verdad, de modo que es un grupo que hay que ver, no solo una vez, sino las que se pueda: la calidad que ponen encima del escenario es capaz de emocionar a una profana en su discografía como yo. Si quieres hacerte una idea de cómo fue el concierto, he confeccionado una lista de Spotify con la mayoría de los temas del setlist exceptuando una versión de Rain de los Beatles.

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Isle Of Wight Festival (I): Elbow y Tom Petty and the Heartbreakers

Publicado en 27 junio 2012 por

Empiezo a escribir esta crónica en un barco que me lleva de una isla, Wight, a otra, Inglaterra, tras tres días a los que aún no sé ponerles un adjetivo. Por ello, voy a tratar de describir las cosas tal y como las he vivido y sentido este fin de semana. En 1968 nació el festival de la Isla de Wight, una roca frente a las costas de Southampton, al sur de Inglaterra. Dicho evento se celebró durante tres años consecutivos y gente como Bob Dylan, Hendrix o The Doors llegaron a actuar en él. Aparte del nombre y los diseños hippies de los carteles, camisetas y demás material promocional, poco queda de aquel evento y lo que se celebra desde 2002 es un puro festival inglés. De hecho, se trata de uno de los más grandes del Reino Unido, con gigantescas cabezas de cartel y actuaciones para todos los gustos.

Un auténtico festival inglés

Al darse la circunstancia d que se celebraba en mitad de mi estancia en Oxford, hice todo lo que estuvo en mi mano por asistir al evento. Casi no lo logro, pero al final encontré plan. Las ganas no me faltaban. Pero hubo mala suerte y el tiempo no estuvo del lado de las 65000 personas que fuimos hasta la isla de Wight: la noche anterior al arranque del festival una tormenta inundó gran parte del camping y convirtió las pocas carreteras de la isla en un atasco infernal. La situación fue lo suficientemente desastrosa cómo para aparecer entre las principales noticias del país el pasado viernes. Con este panorama, y tras un momento de duda, me embarqué en mi viaje hacia Wight.

De esta guisa estaba el camping el viernes, tras la llegada de la mayoría de los asistentes al festival

Cuando llegué el caos circulatorio había terminado, pero el camping era una extensión de millas de barro sobre el cual nadaban miles de tiendas de campaña destartaladas. Ni siquiera creo que se pueda echar la culpa a la organización: en Inglaterra festival es sinónimo de barro, y es este íbamos a tener para aburrir. Lo sé, todos sabemos que en los festivales ingleses hay barro. Pero es que no os imagináis lo que había ahí. Las fotos de la entrada son un pálido reflejo de kilómetros de lodazales que había que atravesar sí o sí para llegar a los escenarios.

Puesto que llegué por la tarde, no tuve más remedio que escuchar a Noah and the Whale mientras montaba la tienda de campaña, muy a lo lejos. Afortunadamente, podré verlos con calma en Bilbao dentro de unas semanas. Ni me molesté en buscar a Lana del Rey. Pero a ver a Elbow en el escenario principal sí que llegué. Y menos mal.

La gran sorpresa de Elbow

Es curioso esto de la música: puedes pasar un rato infernal atravesando barrizales interminables, hacerte con unas botas de agua de las que llegan hasta las rodillas pero que te destrozan los pies si pasas más de una hora de pie con ellas. Puedes, en resumen, disfrutar de un rato de genuina miseria para olvidarlo todo en dos minutos: el tiempo que tarda Elbow en armarte un conciertazo memorable en el escenario principal.

Y es que este grupo de Manchester, respetado pero no demasiado popular en nuestro país, son muy apreciados aquí en Inglaterra por algo. Y es porque, aparte de cinco discos sobrios pero sólidos, tienen un directo con el que es imposible no divertirse. Y sí, uso esta palabra consciente de que los trabajos de Elbow se caracterizan precisamente por lo contrario: melodías melancólicas y rock tranquilo, del que ser tiene que digerir sentado en el sofá con una copa de vino. Pues su directo no tiene nada que ver.

Para empezar, el imparable carisma de su cantante, Guy Garvey, es sorprendente. El tío es que sencillamente es gracioso, ser hace querer y le bastaron dos canciones para meterse al público en el bolsillo. Lo demás vino solo: un concierto de rock íntimo pero grande, una voz profunda que no fallaba ni una nota y, sobre todo, una puesta de sol entre las nubes y sobre el mar, a la derecha del escenario principal que quitaba el hipo.

De modo que el primer recuerdo brillante que tengo de este festival es el de Elbow interpretando Lippy Kids y One day like this bajo un cielo en llamas. Se me ponen los pelos de punta sólo de pensar en ello. Esto, junto con las bromas, los chascarrillos y el buen rollo con el público hizo que la gente sencillamente ser lo pasara bien. A mi además se me juntó con la sorpresa de su solvencia sobre el escenario.

Aprendiendo a volar con el corazón roto

Sabía que Tom Petty and the Heartbreakers iban a estar bien. No se puede esperar menos de uno de esos grandes monolitos de la historia del rock. Para mi, erróneamente (trataré de solventarlo en el futuro), ha sido siempre un hombre de grandes éxitos. Sabía más o menos a qué iba a sonar su concierto, conocía muchas de las canciones. Pero no, no me podía imaginar lo que ese coloso de 62 años y su banda iban a hacer. Visto con un par de días de distancia el suyo fue, para mi, el mejor concierto del festival. Y ha entrado en el top 5 de mejores conciertos de mi vida. Mención especial, además, a lo entrañable del público: parejas jóvenes carrozas con pulsera de no camping se abrazaban y cogían de la mano mientras se miraban sonriéndose cada vez que Petty se arrancaba con una canción romántica, mezclados con jovenzuelos de pulsera de camping que corrían y saltaban preguntándose quién era ese señor. Muy entrañable.

Como una tormenta aparecieron tocando Listen to her heart, ritmo marcado, letra y estribillos conocidos, y la audiencia que empieza a mover los hombros, la cabeza y a murmurar algunas partes de la letra. Todo eran sonrisas mientras la realización del festival se deleitaba enfocando detalles de las barbaridades que hacían Mike Campbell y Scott Thurstoncon  con sus guitarras. Lejos queda aquella voz juvenil de sus primeros trabajos: la voz de Tom Petty es rocosa, conserva algo de la inocencia de la juventud, pero ha pasado ya por mil fatigas y ha alcanzado el equilibrio de los hombres tranquilos. Porque Tom Petty fue el hombre tranquilo sobre el escenario: seguro, sin acelerones, imprimiendo el ritmo y la intensidad perfecta a cada tema. Currándoselo, pero sin agotarse, reservando las energías para que cada canción sonara perfecta.

El público se fue animando por si solo, no hicieron falta muchas arengas del artista para que las palmas, las manos en alto y los prolongados minutos de aplausos fueran aflorando de manera natural. Los viejos cada vez sonreían más y a los jóvenes cada vez se nos abría la boca más. He confeccionado una lista de Spotify con las canciones que Petty y su banda interpretaron en sus casi dos horas de concierto que ofrecieron. La lista está bien, se oye muy agradable en casa, pero no tiene nada que ver con los solos de guitarra que se marcaron estos genios en el escenario, con la emocionante voz de Petty. Es difícil de explicar: los discos de Tom Petty, tanto en solitario como con los Heartbreakers, están bien. Pero es que no es lo mismo, no emocionan ni la décima parte de lo que lo hace su directo.

Hasta hubo tiempo para recordar a los Traveling Willburys, aquella efímera genialidad que reunió George Harrison, con el tema Handle With Care (ay madre, cómo se echaba de menos la voz de Roy Orbison en esas armonías…); y para el guitarreo más despiadado con Good Enough, uno de los temas de su último disco. Curiosamente, no fue su canción más conocida, Free Fallin‘, la que mejor sonó. De hecho casi diría que fue la más sosa de la actuación, aunque otro de sus grandes éxitos, sí que sonó de vicio: el público coreó el estribillo y las armonías de Learning to Fly durante varios minutos, intercalándose con abrumadores solos de guitarra con comentarios del propio Petty. Como colofón antes de los bises una atronadora versión de Refugee que arrasó entre todos los que allí nos encontrábamos: era inevitable cantar a gritos lo de You don’t have to live like a refugee. Muy intenso.

Para acabar, baile desesperado con Mary Jane’s Last Dance y American Girl y regreso al infierno del barro. La actual gira de Tom Petty no incluye fechas en nuestro país, pero aún le quedan algunos conciertos en Europa. Si alguien coincide en alguna de las ciudades que va a visitar y le gusta mínimamente el rock, un consejo: vayan a verlo. Porque merecerá la pena.

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