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Nutria + The Diesel Dogs en concierto

Publicado en 24 septiembre 2012 por y

Otro evento para frotarse los ojos y pensar muy seriamente sobre el panorama musical español de hoy día. Y reconocemos de antemano que de no haber sido invitados ni nos hubiésemos enterado de esto. Ya hemos cubierto algunos eventos en los que hemos remarcado que hay cosas muy interesantes cociéndose por ahí, y que no se les da salida, que incluso en la llamada onda alternativa se cae a veces en la complacencia, en lo que está de moda y en lo medianamente consagrado, incluso repitiendo fórmulas hasta que se agoten. En los últimos años esto se está viendo demasiado a menudo, y no nos vamos a cansar de quejarnos de ello mientras haya gente que nos demuestre que hay motivos para protestar.

Este último sábado en la Sala El Sol de Madrid The Diesel Dogs presentaban su e.p. Antihumanism, lanzado en una preciosa edición en vinilo. No son precisamente unos novatos. Ya cuentan con tres largos: High N’Wasted (2005), See No Evil (2007) y The Golden Age (2010), y ahora vuelven a la carga incorporando nuevo bajista. Hacen un rock contundente, tanto en sonido como en carga de mensaje, ya que las andanadas políticas de sus letras son más que evidentes. Inmediatamente uno los puede emparentar con los primeros Manic Street Preachers, pero hay mucho más en el trasfondo de sus descargas. Rock crudo, salvaje, del que no hace prisioneros, del de toda la vida, o como ellos dicen: catacúmbico. Pero esto, así como carta de presentación, que está muy bien, tiene que tener un refrendo, y pudimos palparlo en persona. Su directo es bestial. En teoría deberían haber atronado, pero sonaron apabullantemente claros (y eso que alguno de ellos no estuvo muy satisfecho con el resultado) Destilaron energía, actitud, entrega y calidad, cosa sin la que todo lo demás no vale un pimiento. Y los que allí nos reunimos pasamos un rato de lo lindo disfrutando de buena música.

Y ahora me pregunto. ¿Qué tiene que hacer un grupo español de este perfil para saltar a la palestra? ¿dónde están los avezados medios que a veces se vuelcan con tostones mil y una veces vistos? ¿qué tienen que envidiar los Diesel Dogs a otra bandas internacionales que se programan en escenarios principales de festivales con propuestas parecidas? No tengo ni idea, pero si un tipo como Fernando Pardo (Sex Museum, Los Coronas) se ha lanzado a producirlos será por algo. Ahora bien, lo mismo resulta que dan mejor resultado en Nevada o Estocolmo que aquí, y si eso pasa que lo disfruten que seguiremos merendando chiquillas con guitarra acústica y cenando modernos atormentados. No pasa nada…¡killing myself for rock n’roll!

Antes que ellos la avanzadilla vino con Nutria, un grupo de creación relativamente reciente, a base de gente venida de aquí y de allá, y que andan presentando su primer e.p. Compartiendo Helecho. Estos tampoco andan cortos de energías, aunque a lo que le dieron a base de bien fue a una mezcla de psicodelia garagera con mucha actitud punk, experimentación sonora, y un sentido del humor muy particular. Su versión en directo destaca por una percusión frenética que marca el norte del grupo en todo momento. Dejaron las tablas bien calentitas para lo que vino después, dejando bien claro que las nutrias no cambian de color. Aquí tenéis su bandcamp.

De modo que esta es una más de las cosas que pasan en el panorama musical de hoy sin que se entere casi nadie, pero como alguien dijo una vez, las cosas entre amigos saben mejor. Mil gracias a Peny, Alex y Javi del Portillo por invitarnos y hacérnoslo pasar genial.

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Mrs. Magician: un soplo de aire fresco

Publicado en 03 julio 2012 por

Lo dicho. Cae por su propio peso que con esas palabras mágicas todo el mundo debe estar viendo venir a los Beach Boys de nuevo, y es evidente que están, ni lo rehuye el sonido de sus canciones, ni lo niegan los miembros de Mrs. Magician. Pero no es lo único, el cuarteto formado por Jacob Turnblood, Tommy García, Evan Ehrich y Cory Stier tienen más cosas en su punto de mira, y con el oleaje californiano de fondo, se atreven a aderezar el cóctel con mucho garage -también muy californiano-, pop-rock de flequillo sesentero, querencia por la psicodelia e incluso alguna gotita de punk. Strange Heaven es el disco con el que debutan tras un par de años de darse a conocer por el mundillo de la costa oeste. Ahora quieren dar el salto.

Y después de sacar algún que otro sencillo, por fin tienen álbum. Un disco rápido, de trece temas que en ningún momento llegan a los tres minutos de duración, y que se digiere bien. Que su consumo no atragante ni la digestión repita es ya un buen síntoma. Manejar temas tan cortos con habilidad no es algo fácil. Suelen ser disparos rápidos, directos, sencillos e incluso inocentes, pero si carecen del gancho apropiado no hacemos nada de nada. Y creo que Strange Heaven cumple los requisitos. Tanto melódica como rítmicamente cada canción encierra un pequeño mundillo, quizá aún sin demasiadas variantes, pero prometedor y, sobre todo, agradable.

No confundamos esto con feliz. Es normal que por tendencia ya tengamos preestablecido que esto va de chavales que a pie de playa se enamoran y lo pasan chachi en su tabla de surf. Error. Puede que el arquetipo valga para buena parte del tropel de sucedáneos de los Beach Boys, pero no es el caso. En las historias de Mrs. Magician también se cuelan el desamor, la angustia, el rechazo, la mala leche y un puntito de humor algo cabroncete. Aquí el sol radiante no aparece tanto como se le esperaba.

En cualquier caso para mí ha sido un soplo de aire fresco. Ultimamente lo dominante dentro de lo alternativo me estaba abrumando a base de repetición y coordenadas paralelas. Strange Heaven, que en el fondo es otra repetición de esquemas, acontece fuera de tendencia, por tanto, y de forma paradójica, consigue refrescar el ambiente. Y eso que suena a viejo, con ese acento tan marcadamente sesentero,  esas guitarras sucias y esa batería que, igual que la voz a veces, satura los graves. Si este disco va a perdurar lo dirá el tiempo, pero de momento me está pareciendo de lo más oportuno y está quemando muchas horas de escucha, de modo que Mrs. Magician quedan en mi zona de vigilancia para seguirles la pista.

Si tenéis un ratito, dadle al play, creo que en Strange Heaven residen algunas de las canciones más interesantes del verano y probablemente temas como Don’t Flatter Yourself, The Spells o Dead 80’s quizá aparezcan en los recopilatorios de fin de año.

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La trituradora de Japandroids

Publicado en 15 junio 2012 por

Brian King y David Prowse, una guitarra y una batería. Al igual que sus compatriotas P.S. I Love You, esto es todo lo que necesitan Japandroids para liarla parda y hacer que los amantes del ruido delicadamente hecho disfruten de lo lindo. Hace un par de semanitas en Canadá, y apenas una en el resto del mundo, salió a la luz Celebration Rock, su segundo álbum de estudio, que ya está en nuestro poder.

Si Post-Nothing (2009) ya fue aclamado mundialmente por la crítica más selecta, Celebration Rock lleva el mismo camino. Mucho más depurado que aquel, es un disco corto, de poco más de media hora, que no necesita mucho más. Muy al contrario, su duración es la exacta para que el estado adrenalítico que produce no pase a mayores con malas consecuencias. Y es que la mezcla de garage, noise, punk-rock e incluso momentos psychobilly como en For the love of Ivy, versión de los Gun Club que irremediablemente nos lleva a pensar en la época dorada de este estilo (The Cramps, etc), supone una bomba en nuestros altavoces.

Un disco que se abre y se cierra con sonidos de fuegos artificiales que engloban una batería-taladro y una guitarra descarnada, no ausente de sutilezas, a las que pone coro una voz gritona que no se deja nada en el tintero. Una trituradora eléctrica que nos devuelve a lo mejor del post-punk de toda Norteamérica, que huele a cerveza y fiestas universitarias, a rabia juvenil, a desfase descontrolado, a salvaje vitalidad. Un disco que te deja exhausto en su repetitividad hábil y genial.

¿Y a qué le cantan? Pues a un poco de todo y no muy original, tampoco se pueden pedir peras al olmo a las alturas en que estamos: sexo, amores perros, angustias vitales, autodestrucción, amistades, alcohol y demás. Lo típico y tópico del rock aún joven. Eso sí, la cuestión está en el modo de hacerlo. Y en esto Japandroids suponen un soplo de aire fresco, porque a veces volver atrás y según cómo, es insuflar vida al panorama. Si te gusta el ruido, si te gusta que te pongan la sangre a correr sin descanso al son de ritmos sin compasión, deberías escuchar Celebration Rock, un título que deja por sí solo las cosas muy claras. Y aunque The House That Heaven Built se está llevando como single un montón de menciones y loas, que nadie deje escapar la tremebunda Adrenaline Nightshift. Da ganas de volver a tener veinte años.

Celebration Rock: un discazo que de haber nacido treinta años atrás, estaría marcando tendencia. Alabado sea, en cualquier caso. Sin descanso. Esto es rock.

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‘Death Dreams’: PS I Love You confirman que no son flor de un día

Publicado en 09 mayo 2012 por

PS I Love You es un dúo canadiense de rock grunge y ruidoso que publicó su primer disco, Meet Me At The Muster Station (2010) (escucha obligatoria en Spotify) hace un par de años. Hasta aquí todo normal. Lo que empieza a ser sorprendente es cómo una pareja (parecen el gordo y el flaco, el punto y la i…) sólo con una guitarra y una batería (bueno vale, en los discos hay arreglos con bajo también, pero en directo son solo ellos dos) pudieron lanzar un debut tan cojonudo y que, lamentablemente, pasara tan desapercibido. Porque Paul SaulnierBenjamin Nelson estuvieron en el pasado Día de la Música (aquél al que fue medio Madrid porque costaba solo 24€) y protagonizaron una de las mejores pero menos comentadas intervenciones del festival.

Tal vez el problema de estos dos es que hacen un rock rocoso, desprovisto de las partes blanditas que tanto gustan al colectivo indie. Son demasiado duros para ser indies, pero demasiado elaborados para ser considerados puro ruido. Meet Me At The Muster Station no era un disco apto para todos los públicos: te tiene que gustar mucho la caballería guitarrera, el asedio frenético de la batería contra una voz casi insinuada. A veces me recuerdan un poquito a mis adorados The Raveonettes, pero más descarnados.

Ayer se publicó (después de varios álbumes de demos, colaboraciones y cosas raras publicadas por ahí) Death Dreams, su segundo trabajo. Y a mi solo se me ocurre una palabra para describirlo: tremendo. Tremendo porque, para empezar, es muy pero que muy difícil sacar un segundo disco, tras un primero que, aunque sin ser muy conocido, fue bastante aceptado por la crítica (un 8.1 en Pitchfork no es moco de pavo). Pero estos dos le ha echado un buen par de pares de huevos al asunto y han cogido el toro por los cuernos. Dos años después han aparecido con un álbum que empieza como continuación clara del primero (los tres primeros temas continúan con la senda de ruido descarnado con algún ritmo amable entre medias de aquél), pero que evoluciona durante 11 canciones hacia un estado de madurez que lo hacen perfectamente distinguible de Meet Me At The Muster Station.

Paul Saulnie y Benjamin Nelson. Son para abrazarlos

Se puede decir que en Death Dreams distinguimos dos partes, delimitadas claramente por los interludios instrumentales titulados Death Dreams I y II. La primera parte es frenética, alocada y juvenil, a veces incluso más dura que el disco anterior, pero nunca llega a cansar o a sonar extraña: las melodías están hábilmente entrelazadas, de modo que la algo más melódica y emocional Don’t Go queda perfectamente compensada con el disparo que es Toronto. Aunque a veces parece que haya más violencia en el ruido que hacen, también se nota que está todo más pulido que en sus trabajos anteriores, que las canciones empiezan a tener un punto (pequeño) de madurez, pero sin sonar para nada a domadas o rebajadas. Simplemente sus compositores van cambiando.

Casi sin respiración llegamos al segundo interludio instrumental, más amable y fácil de escuchar que el primero y que es una declaración de intenciones sobre el tipo de canciones que vienen después. Tal vez al oyente más purista esta segunda tanda de canciones le guste menos, porque parece que tiene la intención de acercarse un poquito al público indie. Y ojo, ninguna de las canciones que vienen en esta parte pierde la esencia del grupo o suena realmente a alguna otra formación indie. Pero sí que es cierto que las melodías son mucho más claras, los estribillos, más fáciles de memorizar e incluso la voz del gigante Saulnier suena un poquito menos rota. Los ritmos frenéticos dan paso a canciones un poquito más largas y elaboradas.

Es en mi opinión en esta segunda parte del disco en la que se encuentran los mejores temas de éste. Concretamente, los tres últimos son para enmarcarlos: el vitalista solo de guitarra de Red Quarter, que hace sonreír y querer saltar sin ni siquiera proponérselo; la sencillota pero efectiva Saskatoon, cuya melodía se te queda en la cabeza sin desplegar para ello ningún alarde de medios; y la insinuación acústica que supone First Contact, que evoluciona hasta ser un nuevo colofón de solos de guitarra que define la esencia de PS I Love You, pero presenta la cara más amable de la pareja.

En resumen, Death Dreams entra directo para mi en la lista de lo mejor que nos ha dado este 2012. No puedo esperar para volver a encontrarme con el apabullante directo de estos dos locos del ruido y para disfrutar de su (gracias a Dios) prolífico genio.

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Cloud Nothings: ¿La última esperanza yankee?

Publicado en 19 abril 2012 por

Attack on Memory lleva editado desde febrero y en ese poco tiempo ha recibido muy altas calificaciones en la “democrática” Rate Your Music, además del premio Best New Music de Pitchfork. Ya han sonado voces puristas denunciando que el camino iniciado anteriormente se bifurca, cosa que puede ser cierta, aunque no necesariamente en negativo. Caer en manos de Steve Albini ha dotado a Cloud Nothings de un salto de calidad que sus anteriores trabajos, hechos casi en un háztelo-tú-mismo, era aún primario, y aunque continúan sonando descarnados es patente que se ha añadido un plus nada desdeñable en el cuidado del álbum.

Dylan Baldi

Decir, para quienes aún no conocen a Cloud Nothings, que es un proyecto universitario de Dylan Baldi, un chaval de Cleveland empeñado en utilizar sus propios medios y recuperar el cassette para hacer circular sus singles en el vasto e influyente universo de la música universitaria estadounidense. Desde 2010, ya con promotor en el bolsillo, funciona a la antigua: a disco por año, pero con Attack on Memory Baldi se hace acompañar al fin en los créditos por lo que parece una banda estable, y ya no figura en solitario.

Anteriormente se lanzaron Turning On (2010) y Cloud Nothings (2011), dos discos con un marcado perfil casi amateur, que inciden en el power-pop y el garage con la frescura necesaria para llamar la atención de unos cuantos. Attack on Memory supone sin embargo un giro. A quienes conozcan la trayectoria de Albini no le puede extrañar lo que voy a decir: Cloud Nothings se han vuelto bastante oscuros y han endurecido la crudeza de su sonido. Continúan ejecutando su música sin adornos ni parafernalia efectista, pero  su lo-fi se aproxima ahora a vertientes más colindantes al post-punk y el viejo grunge. La amalgama de recuerdos que, de forma más o menos constante o puntual, vienen a la cabeza, circulan desde Pavement a Weezer, pasando por Sonic Youth o Pixies, homenajeando a Kurt Cobain, e incluso con algún alto en los mejores Green Day. Pero tampoco es necesario irse tan lejos, el sonido de los primeros Strokes también se cuela en algún momento. No es muy agradable definir con palabras a un grupo a base puntos de comparación con otros, pero en el caso de Attack on Memory es un recurso muy práctico, en especial para llamar la atención a quienes aún no lo hayan escuchado.

Estructuralmente es un disco corto, que se ventila en poco más de media hora y que conserva la idea de la canción breve, de no más de 3 minutos, perfecta para entonar mensajes cortos, rápidos y directos, que en este caso están empapados de pesimismo juvenil, de angustia vital, desorientación, dudas, furia y agresividad. El tema que abre el disco, No Future/No Past, es desde su propio título una vuelta de tuerca al archifamoso eslogan punk, ampliándolo para, en dos palabras, plantear un dilema generacional acorde a los tiempos que vivimos. Prácticamente no hay excepción en todo el disco a la temática de Attack on Memory. Wasted Days, Stay Useless o No Sentiment dejan muy claro lo que podemos encontrar en cada una de ellas. Wasted Days, por cierto, es una canción atípica en Cloud Nothings, con sus 3 minutos iniciales en las mismas coordenadas que las demás, pero que desde ahí se alarga a los casi 9 en un monólogo entre guitarra y bajo que explota en griterío vocal final. Tema perfecto para cerrar concierto o disco y que Cloud Nothings prefieren colocar en segundo corte, para pillarnos desprevenidos.

Para mí uno de los discos de cabecera de lo que va de año. Mientras esperamos a ver su directo (estarán en mayo en Barcelona), no dejaremos de recomendar este revival del underground estadounidense. Con ustedes un puñetazo en la boca: Attack on Memory, tercer disco en 3 años de Cloud Nothings.

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The Raveonettes congelan el verano madrileño

Publicado en 07 junio 2011 por

 

Sharin Foo, la mitad femenina de The Raveonettes, durante la actuación del grupo en la Sala Heineken

Son daneses y les gusta hacer ruido. En sus últimos dos discos (Lust Lust Lust e In and out of control) parecían haber llevado su distorsionado sonido por sendas algo más melódicas y comerciales. Pero cualquier parecido con las bandas comerciales tradicionales es puro marketing. A este cuarteto del norte lo que le gusta es, en realidad, dejarse los brazos en las guitarras y las baterías. Y en eso son unos cracks.

Sune, la otra mitad de The Raveonettes

Sune, la otra mitad de The Raveonettes

Quienes fueron el pasado domingo a la Sala Heineken de Madrid con la esperanza de poder disfrutar de algunos de los temas más alegres y bailables de The Raveonettes (Bang!, Hallucinations o Last Dance, por ejemplo) se llevaron una gran desilusión. En efecto, los daneses se mantuvieron fieles a su estilo: fríos, ruidosos y adeptos de las vertientes rockeras más oscuras. Las limitadas condiciones sonoras de la Sala Heineken les jugaron unas cuantas malas pasadas (una pena que el micrófono de Sharin no parara de acoplarse durante Dirty Sound), pero el grupo supo salir adelante a golpe de calidad: si las voces no se oían todo lo claro que querían, tiraban de baterías y, si no, de guitarreo.

Sharin y Sune lidiando con uno de los numerosos problemas de sonido que surgieron durante su actuación

Afortunadamente, los problemas técnicos se fueron arreglando poco a poco para dar paso a un setlist (haz click aquí para escucharlo en Spotify) de elevada intensidad y reducida duración (la hora y diez minutos de rigor, ay madre, cuanto nos cuesta estirarnos…) en el que no faltó ni uno solo de los temas de su último disco, Raven in the Grave. La vitalidad del cantante y extraordinario guitarrista Sune Rose Wagner se mezclaron a la perfección con la tímida sensualidad de una Sharin Foo que no se despegó de su bajo (me encanta la gente que sale a tocar con los instrumentos cubiertos de cinta aislante) más que para cantar Forget that you’re young, el single con el que han dado a conocer su último disco, y que fue el único momento en el que esta belleza rockera se soltó por el escenario a bailar con algo parecido a una sonrisa en la cara. En el agradable contrapunto entre estas dos personalidades parece residir uno de los secretos de esta banda que, sin duda, sabe explotar esta baza en el directo.

En general, The Raveonettes nos ofrecieron un concierto para incondicionales, conocedores de su discografía y amantes del rock más oscuro. Dadas las condiciones de la sala, creo que no pudieron sonar mejor y la intensidad y el buen saber hacer con el que interpretaron sus temas, alcanzando unos niveles de ruido inimaginables para quien solamente ha escuchado sus álbumes de estudio, les hizo merecedores de sinceras ovaciones por parte de quienes allí nos encontrábamos. Esperemos poder volver a verles pronto.

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Kings Of Leon dejan Vistalegre sin aliento

Publicado en 02 diciembre 2010 por y

La entrada era demasiado cara y el recinto, la plaza de toros de Vistalegre, no es precisamente nuestro favorito en cuanto a calidad de sonido. Pero era la única fecha anunciada por los americanos Kings of Leon en España después de cancelar las dos actuaciones previstas para el año pasado. Pese a la expectación que levanta esta banda, las entradas no llegaron a agotarse y el estadio no estuvo realmente lleno hasta la tercera o la cuarta canción. Y, aún así, el concierto que Kings of Leon dieron anoche en Madrid mereció la pena. Y mucho.

Aunque presentaban su último trabajo, Come Around Sundown, ni siquiera la mitad del setlist que interpretaron pertenecía a él. La atención prestada a sus dos álbumes anteriores, Because of the Times y, especialmente, al magistral Only By the Night fue grande y, la acogida del público, espectacular. Kings of Leon salieron al escenario con mucha fuerza, invadiendo con la potencia de su rock guitarrero a una audiencia que no daba crédito a lo que veía. La nitidez de sus melodías y la precisión de la voz de su cantante, Anthony “Caleb” Followill, brillaron de una forma inusitada en un recinto en principio poco propicio para la música.

Los temas se fueron sucediendo durante algo más de hora y media y la intensidad y la conexión con el público no hicieron más que crecer. Algo sorprendente, dada la escasa interacción con el público que mostraron sobre el escenario. Aún así, la intensidad que desplegaron no causó indiferencia en ningún momento. No solo los temas más conocidos, como Fans o Manhattan entusiasmaron al público: algunas de las canciones menos vistosas del último disco, como Pyro, también mejoraron sensiblemente en directo. Una apoteósica Use Somebody nos llevó hasta los bises, que hicieron que la audiencia estallara con la arrolladora versión de Sex on Fire. Da gusto irse a casa con el buen sabor de boca tras ver justamente lo que querías: un espectáculo de puro rock cuidado y bien hecho.

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