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Pequeñas dosis de belleza en el Fotomatón

Publicado en 19 mayo 2013 por

En una noche en la que parece que lo único que pasaba en este mundo era el festival de Eurovision, unas pocas decenas de personas nos reunimos en el Fotomatón de Madrid para presenciar una actuación íntima y sencilla, pero no por ello poco relevante o menos conmovedora. Los protagonistas eran Casa Celia, el nuevo y delicioso proyecto del batería de Manos de Topo; y el belga afincado en Barcelona Lieven Scheerlinck, que se hace llamar A Singer Of Songs. Ambas intervenciones fueron de enorme calidad, de modo que daba todavía más pena ver la sala medio vacía.

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Para empezar, Casa Celia, que estuvieron sobre el el escenario una media hora y presentaron con teclado y guitarra un catálogo de canciones dulces, muy íntimas y enternecedoras. Todo lo contrario, la verdad, al trabajo que desarrolla el 50% del grupo, Rafa de los Arcos, a las baquetas de Manos de Topo. Según Rafa, el de anoche fue el tercer concierto de la carrera del grupo. Probablemente por lo poco que me atrae el popular y psicodélico grupo barcelonés quedé gratamente sorprendida por la tierna sinceridad de las letras que Casa Celia interpretó anoche. Además, lo reducido de la audiencia facilitó que los integrantes del grupo se soltaran un poco y acabó siendo una actuación la mar de divertida, con explicaciones realmente curiosas sobre los temas que trata cada canción y risas cómplices entre la audiencia.

Para cuando A Singer Of Songs se subió al escenario la sala ya estaba un poquito más llena. Eran las 11 de la noche, supongo que el país se encontraba en un éxtasis eurovisionario, y Lieven desplegó la cálida manta de sus canciones sobre los que nos encontrábamos en el Fotomatón. A pesar de que los discos de Lieven son todos muy íntimos, con atmósferas delicadas y pasajes de introspección reflexivas, el set que ofreció a noche fue de todo menos aburrido o triste. Lo cierto es que Lieven se define como un chico muy tímido, pero no le costó hacernos reír a todos desde el primer instante del concierto con sus acertadas intervenciones.

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Sobre la música, pues lo que cabe esperar de un cantautor bien formado y con tablas ya sobre el escenario: aunque se presentaba su último trabajo de estudio, There Is A Home For You, el setlist contuvo desde temas de su primer disco hasta alguna canción que, según Lieven, había sido compuesta hacía una semana. Muchos temas, eso sí, vitales y optimistas, llevando esta filosofía hasta los extremos de versionar La Vida Es Un Carnaval de Celia Cruz con extraordinario acierto, mezclando a la perfección el colorista tema con la vocación de cantautor de espacios íntimos que había estado desplegando hasta entonces.

Fueron finalmente 60 minutos de complicidad con el público, bromas, colaboraciones con Ana de Coffe & Wine, que subió a cantar un par de veces; pero sobre todo de canciones muy bellas, de paisajes cálidos y relajantes y de una extraña sensación de paz y bienestar surgida claramente de la guitarra y la voz de Lieven; con algún giro inesperado pero en absoluto estridente ni fuera de lugar como una canción interpretada por completo con un megáfono que, hay que decir, sonó genial, sin acoplarse ni estropear el momento. Un artista sin duda a destacar en este país en el que lo que están de moda son los golpes de emociones efectistas pero vacías a lo Love Of Lesbian o de las percusiones rimbombantes para cubrir letras sinsentido de Vetusta Morla. Un cambio de registro más que necesario para unos oídos que están cansados de escuchar siempre lo mismo. Esperamos volver a verle pronto por nuestra ciudad. Puedes pasarte por nuestro Flickr para ver algunas imágenes de la noche.

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AWOLNATION traen el rock electrónico más juvenil a Madrid

Publicado en 04 febrero 2013 por

A pesar de haber cancelado su actuación de Bilbao, el lleno que consiguieron los estadounidenses AWOLNATION anoche en la Moby Dick de Madrid fue absoluto. Entre el público abundaban los rostros jóvenes, aunque pasadas las primeras filas, no eran los únicos. Y es que a pesar de ser una noche de domingo y de lo largo del evento, quedó consagrada al rock electrónico. El espectáculo, eso sí, estuvo acompañado de algunas banda más del género, por eso de que independientemente del éxito que estén cosechando desde su publicación, AWOLNATION solamente cuentan con un LP, de modo que su capacidad para conceder conciertos largos es limitada.

Andrew Groves, vocalista y guitarra de Arcane Roots

Andrew Groves, vocalista y guitarra de Arcane Roots

Cabe destacar la acertada elección de los veteranos ingleses Arcane Roots para calentar los ánimos durante media hora antes de que Aaron Bruno y sus chicos saltaran al escenario. La aproximación de Arcane Roots al género del rock es desde una dimensión muchísimo más metalera y dura que la de AWOLNATION, con una inesperada profusión de voces guturales y estallidos de guitarra. No obstante, utilizan estos recursos de manera moderada, midiéndolos de forma hábil y combinándolos con pasajes y temas más melódicos, suavizando un poco las aristas de su math rock. Sonaron potentes y precisos, con una duración más que adecuada para lo esperado y una habilidosa combinación entre temas duros, novedades y temas algo más accesibles al público, como You Are. A pesar de la estridencia, disfruté con su buen sonido, lo precisas de sus melodías y la rabia que supieron imprimirle a su corta actuación.

Pero es por AWOLNATION por quien la chavalada esperaba vibrante. Aaron Bruno saltó al escenario hacia las once de la noche repleto de energía y con el punto ya ganado de contar con un sonido casi perfecto. Aunque sobre el disco Guilty Filthy Soul podría no sonar como el tema más animado con el que arrancar la fiesta, la verdad es que sonó mucho más lleno de arreglos, potente y animado para empezar a acalentar al personal. Pero el baile, la riqueza de la caja de ritmos y las mezclas empezaron a emerger con People, más animada, pegadiza y adecuada para que la chiquillería empezara a corear los estribillos. Para completar la fiesta, Aaron Bruno sencillamente no paraba de moverse, saltar y acercarse a las primeras filas. La verdad es que estos primeros momentos del concierto, con la banda y la voz de Bruno frescas, fueron de los mejores.

Aaron Bruno en los primeros minutos de la actuación

Aaron Bruno en los primeros minutos de la actuación

Aunque bien es cierto que la audiencia respondió con alegría y bailes desmedidos ante la enérgica actitud del frontman de AWOLNATION y si bien si voz se iba apagando poquito a poco, a buen seguro a causa de las numerosas inflexiones hacia un registro algo más gutural que le obligaban a forzar ostentosamente la garganta. El primer momento de euforia llegó con Not Your Fault, uno de los éxitos de la joven banda, que si bien es ya de por si un buen y divertidísimo tema en versión estudio, se reveló como algo incluso más poderoso en directo, explotando sus dimensiones más épicas; de forma parecida a cómo se hizo también con Kill Your Heroes con todavía más éxito, dado que a medida que avanzaban las canciones la entrega del público fue siendo cada vez más incondicional. Durante el concierto pudimos disfrutar además de un tema nuevo, Joke, que puso a Aaron Bruno a la guitarra y que sonó melódico pero efectivo.

La actuación transcurrió con concesiones al público más juvenil, que siempre disfruta sintiendo la cercanía con sus ídolos y, si se presta, de sus payasadas: que si abracémonos todos en el momento balada, que si nos agachemos y saltemos… ese tipo de cosas que, siempre y cuando no se hagan para camuflar la falta de capacidad del grupo, quedan simpáticos. En este caso fueron efectivos y divirtieron, sin abusar ni distraer demasiado. La culminación de esta forma de actuar llegó con el hitazo Sail, que Bruno cantó en parte en medio de la pista, rodeado de chavales. Tengo que  aceptar que en este caso sí que me dio la impresión de que Bruno hizo trampas y se bajó a cantar entre el público para disimular el hecho de que se estaba quedando sin voz, cosa que se confirmó cuando subió al escenario a cantar la última estrofa del tema a la, sencillamente, no llegaba.

awolnation_moby_dick02Eso sí, un minuto de descanso le bastó para enfrentarse a la recta final del concierto con energías renovadas, deleitar a la audiencia con una cara b que no aparecía en el setlist inicial y cerrar la actuación con la dilatada pieza que constituye Knights of Shame, que tiene un poco de tiovivo emocional, con subidas y bajadas en intensidad, emocionantes solos de guitarra y hasta un poco de rapeo. A pesar de lo extenso del tema (algo más de 13 minutos en la versión de estudio), disfrutamos de sus vaivenes con los brazos en alto y grandes dosis de diversión. Finalmente, poco más de sesenta minutos de actuación que, aunque supieron algo escasos, compensaron en lo que intensidad y calidad se refiere. Un concierto divertido, bailable, sin demasiadas pretensiones pero con una ejecución más que correcta que, en resumen, mereció la pena sin lugar a dudas.

A continuación os ofrecemos el setlist completo de la actuación (también podéis escucharlo como lista de Spotify), así como una galería exclusiva con las mejores fotos que tomamos durante ésta que podéis visitar también en nuestra galería de Flickr.

  1. Intro
  2. Guilty Filthy Soul
  3. People
  4. Not your fault
  5. Wake Up
  6. Kill your heroes
  7. Soul wars
  8. All I Need
  9. Joke
  10. Sail
  11. Motherfucker (gracias, comentador anónimo)
  12. Burnit down
  13. Knights of shame

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The Gaslight Anthem cierran su gira europea en Madrid

Publicado en 10 noviembre 2012 por

La última vez que vi a Brian Fallon y sus chicos me decepcionaron mucho: en 2011 The Gaslight Anthem presentaron su American Slang (2010) en Madrid como teloneros del (dalde un poco de tiempo para que sea mítico) concierto que dieron los Foo Fighters en la capital. La idea, que a priori me parecía magnífica, resultó en desastre: el Palacio de los Deportes se les quedó enorme a los de Jersey, la acústica del concierto fue mala de principio a fin y el público no tenía ni idea de a quién estaban viendo. Me llevé un chasco y sobre todo me quedé con ganas de ver a The Gaslight Anthem atronar una sala de dimensiones medianas con su rock clásico con olor a cerveza ligera y a whisky fuerte.

Creo que merece la pena empezar este texto alabando a His Majesty The King, dúo nacional de noise rock ejecutado a base de bestiales golpes de guitarra y batería que encajó a la perfección con el carácter del evento: banda local medianamente conocida, de un género similar pero no idéntico al del grupo en cuestión y que se ganó al público concediendo un setlist incluso con temas nuevos y desconocidos. Se entregaron, sonaron perfectamente y practicaron un ruido que me encantó y al que solo le pediría un poquito más de espontaneidad para triunfar absolutamente en directo. No obstante, se les veía sueltos, carentes de nervios, con tablas y encantados de ganarse a un público que los respetó dignamente.

Pero vamos a lo que vamos: Brian Fallon y sus chicos. El escenario muy despejado, la sala con un sold out hecho desde hace unos días y unas inmensas vallas de seguridad para contener a decenas de jovencitos guiris que entraron en éxtasis en cuanto el grupo puso el pie en el escenario y arrancaron a sus guitarras los primeros acordes de Mae, uno de los temas que salvo de su reciente Handwritten y que empezaba el concierto comedido, pero prometiendo. Y el ritmo fue subiendo con The Spirit Of Jazz, que empezó a sumir a los jovenzuelos en frenéticos bailes que empalmaron, sin momento de paz, pues le siguieron The 59′ Sound y Old White Lincoln, que hicieron las delicias rockeras de quienes seguimos a la banda a raíz de su magnífico segundo álbum.

Todo esto fue ejecutado de manera razonablemente correcta, con una batería potentísima atronando según se acercaba uno al escenario, con la voz de Brian Fallon todavía aguantando por ser el principio del concierto y el público bastante entregado a la innegable calidad de los temas. Pero si bien fueron correctos, no me atrevería a decir que la gente enloqueciera más allá de los jóvenes fans que se agolpaban cerca del escenario: la gente cantaba, pero tampoco llegaba demasiado calor desde el escenario. Estaba bien, y punto. Es una actitud que se puede aplicar a casi todo lo que voy a decir sobre este concierto salvando, si acaso, los bises, que se ejecutaron con un plus de ruido y algo más de entrega.

Como digo, la actuación no fue perfecta, pero sirvió perfectamente para quitarme el mal sabor de boca que tenía del año pasado: en este caso, el setlist para mi fue prácticamente perfecto, casi todas mis canciones favoritas de la banda estuvieron incluidas, del The 59′ Sound se dejaron muy pocas y, aunque la mayoría de canciones de Handwritten me sumían en cierto aburrimiento, el grupo evitó tocar en todo momento demasiadas canciones del nuevo disco seguidas, sino que más bien las diseminó entre los grandes temas de su segundo y tercer trabajos. Ello hizo el concierto ameno para mi, aunque me sorprendió comprobar que la gran parte de la audiencia conocía mejor las canciones de los dos últimos álbumes de The Gaslight Anthem que las de los dos primeros.

Hubo momentos especialmente brillantes: para mi Miles Davis & The Cool fue uno de ellos, con el público tratando de hacer los coros, aunque sin mucho éxito hacia el final de la canción. El problema es que a estas alturas del concierto (superado ya el ecuador de éste, pero por poco) la voz de Brian Fallon flaqueaba, y se hundía sin remedio en la tormenta de la batería. Era incapaz de mantener el hilo de las canciones, los gallos se sucedían y sencillamente su voz no podía. Es una pena pero es así: comprendo que lo de la voz rota es una seña de identidad, pero si no puedes aguantar un concierto de hora y media (Bruce Springsteen hace conciertos de más de tres horas con ese registro vocal y no da ni una nota fuera de sitio, por poner un ejemplo bien conocido), necesitas educarte esa voz para que aguante. Y ya está, no hay más que decir sobre ello: quedarte sin voz a mitad de un concierto no es un estilo, es no saber cantar. Y para un grupo de adolescentes que tocan en un tugurio puede valer, pero para una banda que se supone respetable, con cuatro discos a sus espaldas y giras mundiales en salas de más de mil espectadores, no.

Así que la cosa continuó, apenas sin voz (no era una cuestión de acústica, pasé la gran parte del concierto perfectamente centrada junto a la mesa de sonido, en la zona en la que teóricamente mejor se oye y, de hecho, el sonido era muy bueno), pero con más o menos animación. Eso sí, bastante frialdad por parte de la banda. En algún momento en las primeras filas unos chicos se pusieron a corear uno de los temas de Sink Or Swim (el primer disco de la banda) intentando que la tocaran y lo único que obtuvieron fue una fría respuesta por parte de Fallon diciendo que esa era una canción muy vieja y que ya no la tocaban. Antes de los bises, The Backseat, una de mis canciones favoritas pero que no me acabó de cuajar, tocada sin demasiada emoción. Ahora bien, la última tanda de canciones, especialmente American Slang y Great Expectations se ejecutaron con los amplificadores al máximo y con el público más entregado. El calor parecía emanar más de la pista que del escenario, pero sirvió para dar un cierre digno y eléctrico a una actuación que fue igual: correcta, pero lejos de ser perfecta.

Acabamos dejandoos el setlist del concierto convertido en lista de reproducción de Spotify y nuestra galería de fotos en Flickr con las que pudimos sacar en el concierto.

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Paradise Lost pasean su carrera por Madrid

Publicado en 08 octubre 2012 por y

Antes que nada hay que dar la bienvenida a la primera colaboración externa de bSides, ya que esta crónica nos llega de la mano de Nebelang, emisaria que tuvimos en el evento, de modo que los palos y las flores a ella, que Lebonloup solamente le ha dado forma. Ahí va lo que nos cuenta nuestra nueva amiga del metal:

No nos habían dado muy buenas referencias de la Sala Penélope, que pese a ser uno de los grandes clásicos de Madrid, no pasa precisamente por tener una gran reputación en cuanto a sonido, temores que se acrecentan cuando te encaminas a un evento cargado de decibelios. Para las ocho de la tarde del pasado viernes la sala seguía medio vacía, hora a la que estaba establecida la aparición del grupo telonero: los suecos Soen. La banda formada por el ex-batería de Opeth, Martín López y el ex-bajista de Death, Steve Di Giorgio, fueron los encargados de ir calentando el ambiente antes de la aparición de Paradise Lost, gracias a su calma chicha, que no agradó a todos los que esperaban el plato fuerte.

Aaron Aedy, on fire toda la noche

Eran las 21:15 cuando Nick Holmes y sus chicos hicieron acto de presencia entre las ovaciones de los allí presentes, que a esas alturas ya teníamos la Penélope prácticamente llena. Dado el evidente lazo sonoro que Tragic Idol ha establecido con los comienzos del grupo, no era descabellado imaginar un concierto apoyado en determinados discos, cosa que, como hemos anticipado en el extracto, no fue así. El repertorio se desarrolló de forma muy equitativa, para sorpresa de algunos de los presentes, que se esperaban quizás más hincapié en los primeros álbumes, que fueron los que marcaron ese sonido tan característico al que ahora retornan. Sin embargo de su último trabajo solamente sonaron cuatro temas, y en una especie de reivindicación de One Second (1997), disco bastante criticado por los fans, le dieron su protagonismo con Soul Courageous, la homónima One Second y Say Just Words. Más allá de polémicas o expectativas, yo lo disfruté enormemente. ¿Por qué? Es sencillo, me enganché tardíamente a Paradise Lost y fue aquí cuando les conocí, de modo que le tengo un especial cariño a ese disco. El resto de las canciones seleccionadas mantuvieron el equilibrio: Shades of God (1992), Icon (1993) e In Requiem (2007) con un total de dos temas, mientras que con una quedaron Lost Paradise (1990) -abrieron con Intro-, Draconian Times (1995), Symbol Of Life (2002) y Faith Divide Us – Death Unites Us (2009).

Nick Holmes, un chorro de voz

Y ahí estaba yo, en un lateral del escenario en segunda fila, contagiada por la energía desbordante de Aaron Aedy, que no paró de animar al público con sus movimientos, gestos y su sonrisa permanente, que daba a entender que estaba disfrutando tanto como nos hacía disfrutar a los demás. A su lado, un Steve Edmondson más comedido marcaba el contrapunto al continuo movimiento del guitarrista. A pesar de algún problema técnico y las carencias de la sala sobre los que ya veníamos advertidos, la potente voz de Nick Holmes trasmitía toda la fuerza y magnetismo de esta banda crucial, padres del gothic metal. De modo que entre grupo y público se hizo lo necesario para poder disfrutar de la noche. La hora y media de concierto se hizo corta gracias a la interacción que tuvieron sobre todo Aedy y Holmes con la gente, muy entregada, por cierto. Fueron trece las canciones que tocaron en el cuerpo principal de la actuación, hasta que se retiraron brevemente para volver, entre aplausos y gritos de entusiasmo, y marcarse cuatro más del tirón. Y justo en mitad de esas cuatro últimas, fruto de esa entrega de la gente, hubo un momento para que Nick sacase una vena chistosa haciendo un comentario que, por lo que pude entender, decía algo así como que si creyera en dios, nos diría que dios nos bendiga. El god bless you se entendió a la perfección, lo que arrancó risas generalizadas entre el público. El caso es que este fue el instante previo a las dos últimas canciones del concierto, con un Say Just Words final, inconfundible y emocionante, que puso a la masa uniforme de vestimentas negras a moverse al unísono con deleite y por última vez.

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Low Cost Festival, sábado: todo es Placebo

Publicado en 02 agosto 2012 por

Sigo relatando mi periplo por el Low Cost, ahora con la segunda jornada. Si bien el viernes los éxitos musicales fueron numerosos y colectivos, el sábado hubo una banda protagonista indiscutible y responsable de la masiva afluencia de personas al festival alicantino.

Annie B. Sweet

Aunque confieso que me gusta bastante el rollo cantautoras tímidas y sensibles, esta chica nunca me ha acabado de convencer. Su elección para inaugurar el escenario principal en la jornada en la que más caña y afluencia se esperaba no me parece ni buena ni mala: tampoco la vio mucha gente porque a las 8 de la tarde éramos pocos los que deambulábamos por el recinto del festival. No obstante, he de confesar que la vi hace unos meses presentando las primeras canciones de Oh Monsters (2012) y me pareció mucho más insegura y carente de interés que ahora. Al menos en esta ocasión llevaba una banda bastante bien armada, su voz sonaba bastante más sólida pero ello no enmascaraba el hecho de que sus temas siempre se me hacen más repetitivos que pegadizos. Comprendo que la chica es un peso pesado del panorama español, pero tal vez el escenario era un pelín grande para ella.

Second

Estos murcianos, con cierta mala fama por haber conseguido hacerse un gran hueco entre el público adolescente pero intentando que se les siga llamando indies (no entiendo dónde está el problema, si Supersubmarina y Vetusta Morla han hecho exactamente lo mismo), me gustan bastante, especialmente gracias a su Demasiado Soñadores (2011) y a las buenas maneras que exhiben en sus actuaciones en público. No puedo negar que cierta chulería sí que tienen, que lo de tocar y cantar con gafas de sol de las que te cubren media cara es un poquito paleto, pero lo cierto es que lo compensan con ganas, garra y una voz profunda y envolvente que sorprende de lo bien modulada que aguanta durante toda la actuación. El escenario Lower se fue llenando de gente (muchas chicas) que coreaba los temas animadamente. El concierto no fue nada del otro mundo, pero la verdad es que a quien le gusten un poquito los temas de los discos ya le daban todo lo que esperaba y más: el rock mucho menos disimulado que en estudio, un cantante saltarín con libertad para moverse por el escenario y agitar a la masa y numerosos bailes entre los miembros del grupo.

Fanfarlo

No pegaba mucho esta formación británica, tan parecida a Arcade Fire, en el cartel de la jornada más multitudinaria. A mi me gustan, pero por mucho que su promotora se empeñe en arrastrarlos por media geografía española, yo no los veo tan populares aquí como para que eso esté justificado (encima a unos precios que no tienen ni pies ni cabeza). Al contrario, me parecen un grupo genial para una sala pequeña, pero no para el escenario principal de un festival así. En fin, que bueno, se defendieron bien, que pero que su último disco es muy íntimo y, para colmo, los temas más divertidos del anterior como Comets los interpretaron empapados de este nuevo estilo, más etéreo y muy poco rockero. Para colmo la gente apenas conocía las canciones, lo que hizo que la mayoría del público aprovechara para cenar mientras se sentaba en el césped o en las gradas mientras prestaba una atención moderada al concierto. No se puede decir que lo hicieran mal, aunque algo de garbo sí que les faltó (hay más formas de animar a la gente además de pedir disculpas por los miles de turistas británicos que invaden el levante español).

Fuel Fandango

Cuando un promotor de conciertos quiere garantizar que la gente se lo pase pirata durante 60 minutos y tiene que elegir para ello a un grupo español que no cree controversias ni insulte a nadie, yo creo que la cosa está muy clara: se contrata a Fuel Fandango. Porque son divertidos, guapos, originales y encima tocan y cantan muy muy bien. El directo de Fuel Fandango no tiene pegas: quién no los haya visto antes o no los conozca, flipa, baila, canta y se divierte como un enano. Quién, como yo, aunque los haya visto varias veces, no se aburre. A pesar de que pierde gran parte del factor sorpresa porque, entre otras cosas, siempre dan el mismo concierto, los pies se te mueven, cantas con Nina y te diviertes con el jubiloso espectáculo de fusión de electrónica, dance y flamenco que tantos éxitos les está dando. Lástima la mala manía de hacer solapar conciertos, puesto que me obligó a perderme la mitad de esta actuación para poder ir al escenario principal, que ya estaba completamente abarrotado.

Placebo

¿Qué más podemos decir de Placebo que no se haya dicho ya? Las 18000 personas que abarrotaban el escenario principal lo tenían muy claro: no importa que se pasen casi dos años sin girar, que saquen discos de pascuas en viernes, que apenas toquen temas de sus discos antiguos, que hagan como si el Sleeping With Ghosts nunca hubiera sucedido… nada importa. España adora a Placebo, y el amor es mutuo. Tengo que aceptar que me sorprendió que, interpretando casi exclusivamente canciones de Meds (2006) y Battle For The Sun (2009), con solo alguna concesión tipo Every Me Every You o Teenage Angst (solo faltaría que no tocaran estas), el público coreara todas, absolutamente todas sin fisuras salvo la (apabullante, increíble, preciosa, sentida) versión del Running Up That Hill de Kate Bush que hace ya tiempo que les acompaña y que en nuestro país no es demasiado conocida.

Es difícil encontrar algo que destacar cuando se da un concierto tan redondo. ¿Con qué te quedas? ¿Con la perfecta y madura voz de Brian Molko? ¿Con la indescriptible fuerza del post adolescente Steve Forrest, que atrona sin parar con su batería y que hace bueno ese momento de caos en el que, tras el Meds, la banda casi se disuelve y acabó saliendo del paso sustituyendo a su percusionista? ¿Con la hábil reinvención de su directo, subiendo al escenario a mucha más gente, entre ellos a una violinista y teclista que no son más que un síntoma de madurez tras las niñerías y extravagancias (muy adecuadas en su momento, ¿eh?) del pasado? En el caso del concierto que ofrecieron en Benidorm, tal vez, no haya duda: aunque me emocionó especialmente el ya mencionado cover de Running Up That Hill, la gente enloqueció ante el anuncio de que esa noche estrenaban en exclusiva B3, el primer single de su nuevo álbum (en el vídeo sobre estas líneas), que verá la luz en unos meses y que constituyó un bonito gesto hacia el público. Por lo demás, hordas de españoles cantando The Bitter End o Infra-red sin que yo me hubiera dado cuenta de que esas canciones hubieran calado tan hondo en nuestro país.

En resumen: no tengo palabras para describir lo buenos que son. No me aburro de verlos, aunque no me sorprendan, no me decepcionan. Atronan y lo hubieran hecho aún más si al escenario no le hubiera faltado potencia, pero son un no parar de calidad y madurez. Cuando además el público los adora, es que no se puede pedir más. Sin lugar a dudas, y aunque suene soso decir que la cabeza de cartel dio el mejor concierto del festival, dieron el mejor concierto del festival. Ya ahora, a esperar el nuevo disco.

El Columpio Asesino

Esta vez si que hubo un gesto amable por parte de la organización, haciendo que Columpio no solapara con Placebo, sino que empezaron nada más acabar los de Brian Molko. Gracias a esto pude disfrutar de un buen concierto de mano de esta banda navarra, aficionada al ruido intenso y el rock sin concesiones. Arrancaron con algunos temas antiguos para calentar poco a poco al personal, que esperaba como agua de mayo su Dime Que Nunca Lo Has Pensado, Diamantes y, sobre todo, Perlas y Toro, que sonaron ya con el escenario Lower casi lleno, y el público hábilmente introducido en la dinámica fría pero cañera por parte de la banda. Y es que a pesar de que no fueron excesivamente majos con la audiencia, ejecutaron a la perfección hasta alcanzar el clímax de ese Te voy a hacer bailar toda la noche, nos vamos a Berlín, no quiero reproches que se coreó, saltó y bailó sin fisuras. Sencillamente hicieron lo que se esperaba de ellos y lo hicieron muy bien. Un comodín perfecto para cualquier festival de habla hispana que siempre atraerá a la parte más rockera del público y la hará vibrar pero sin grandes sorpresas.

Citizens!

No, no fui a ver a La Casa Azul porque no podía con mi alma, básicamente, pero por lo que me dijeron y lo que oí de lejos, la gente bailó sin parar y se divirtió muchísimo. En cambio me quedé en el escenario Lower para ver a una de esas bandas emergentes británicas que han nacido al calor de The Vaccines (comentaron que esa noche hacía justo un año que dieron su primer concierto juntos, para que nos hagamos una idea de lo reciente de la formación) y que se presentaba como una de las grandes promesas del festival. No vamos a negar que tienen dos canciones muy potentes y pegadizas, Reptile y True Romance, que utilizaron hábilmente para intentar atrapar y encender al público, pero poco más. Su Here We Are (2012) es monótono y no aporta nada nuevo al género y, en directo, no hicieron casi más: el cantante no paraba de acercarse al público, pero de cantar, poca chicha. Además, si los temas son sosos y repetitivos, pues poco se puede hacer por levantarlos. Yo empecé cerca del escenario pero pronto perdí el interés y me fui alejando para acabar viéndolos de lejos. Les falta crecer mucho si quieren hacer algo original.

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Low Cost Festival, viernes: vida más allá de Suede

Publicado en 02 agosto 2012 por

Aquí estoy, lo conseguí, fui al Low Cost Festival gracias a una cabriola del destino y empujada por Lucía Etxebarría y su magazine cultural, AllegraMag, gracias a los cuales podemos ofreceros toda una profusión de impresiones, recuerdos y fotografías producto de la cuarta edición de este festival de la más que calurosa ciudad de Benidorm. Ya habíamos comentado que, para tratarse de un festival de tamaño medio, el cartel de esta edición era una absoluta locura. Y, por supuesto, el público respondió acudiendo masivamente.

Is Tropical

Dos de los tres miembros de Is Tropical en el Escenario Lower

Mi recorrido festivalero comenzó con Is Tropical, un melenudo trío británico al que se describe como electrónico (al escuchar su Native To no parece mucho más que eso), pero que en directo ofrece un poquitín más que marca la diferencia entre un disco agradable y un concierto bailable pero desde un ramalazo de rock la mar de interesante. Para empezar, su sonido en directo es mucho más sucio y eléctrico que el trabajo que presentan en estudio, con el valor añadido de una clara conexión entre los miembros de la banda que rápidamente llama al público a unirse a lo que sea que estén haciendo. El resultado: un puñado de temas agradables, pegadizos y bailables pasados por un filtro de percusión muy potente y ademanes más eléctricos que electrónicos que constituyeron un calentamiento perfecto para empezar la noche.

Suede

Brett Anderson en los primeros minutos del concierto de Suede

El ambiente empezaba a caldearse: faltaban unos minutos para que Suede saltaran al escenario y todavía había muchísimas personas esperando para acceder al recinto a causa de cierta falta de previsión para la jornada inaugural. Es por esto que los de Brett Anderson empezaran su actuación con un retraso considerable. Pero dio igual: las ganas y la energía con la que se plantaron ante el público fueron impresionantes desde el primer minuto. El potentísimo arranque con Filmstar y Trash hizo inevitables los coros por parte del público, que se entregó sin condiciones al frenético e imparable ritmo al que Brett Anderson volaba sobre el escenario.

Tal vez lo único que jugó en contra de Suede, además del inevitable pero asfixiante calor, fue el hecho de que, a pesar de lo voluminoso de sus éxitos en el pasado, algunas de sus canciones quedaban un poco lejanas en el tiempo. Daba la impresión de que a amplios sectores del público les sonaban la mayoría de los temas (fue un puro concierto de grandes éxitos). No cabe duda de que todo el público se lo estaba pasando bien, y estaba lleno de treintañeras que fueron absolutas fanáticas de Suede en su adolescencia; pero también había muchos jóvenes que para cuando la banda dejó de publicar discos estaban desenvolviendo su primera videoconsola: en este último sector es obvio que se apreciaba que el grupo se estaba dejando la piel en el escenario, pero faltaba un puntito de emoción por su parte, y eran muchos.

Salvo eso, los británicos, intachables: no les perdonaré que no tocaran Electricity, mi favorita, pero es un reproche demasiado personal como para ser serio. Lo cierto es que para volver con esta fuerza, los años de separación han estado muy bien empleados. Esperemos que el bueno de Brett se haya recuperado de la sudada que se pegó en Benidorm y el nuevo disco esté a la altura de sus últimos directos.

We Are Standard

No entiendo la maldita manía que tienen los organizadores de festivales de hacer que los conciertos solapen. No puedo entender cómo un festival como el Low Cost, que podría desarrollarse perfectamente sin que los dos escenarios grandes solaparan en ningún momento (como por ejemplo sucede en el Sonorama), tiene que hacer coincidir los 10 o 15 últimos minutos de un concierto con los primeros del siguiente. Más teniendo en cuenta que qué te apetezca ver el final del concierto de Suede no te impide tener ganas de disfrutar del de We Are Standard. Pero bueno, el caso es que tocó llegar tarde al recital de estos vascos tan habituales del panorama festivalero patrio. De modo que puedo juzgar por lo poco que vi, pero disfruté de unos minutos realmente divertidos, amenos, con un cantante absolutamente pasado de rosca (espero que sea una actitud impostada) pero con el personal muy animado. Me sorprendieron porque son una gente que en disco me dien poco tirando a nada y en directo resultaron desplegar una parafernalia que conseguía mantener el ánimo en alto tras el subidón de Suede.

Supersubmarina

Pope al inicio del concierto de Supersubmarina

La primera vez que cazo a los de Baeza desde que han sacado su nuevo (y malo) disco. Su tercera intervención en este festival y esta vez con escenario principal. No esperaba mucho y no me defraudaron: a pesar de que fue la primera vez que les vi interpretar Ana con la intensidad que yo pensaba que debía tener (todas las anteriores me había parecido que ese temazo perdía brillo en directo), los temas de Santacruz (2012) ganaron un poquito en directo, aunque el hieratismo con el que los ejecutaron los andaluces no dieron mucho margen de mejora. Tengo que aceptar que luego me dijeron que hacia el final del concierto la cosa mejoró, llegando a un final bastante apoteósico. Yo de esto no puedo dar fe gracias, una vez más, a la manía de solapar actuaciones y al hecho de que Supersubmarina sumó un nuevo retraso (esta vez debido a las luces) al ya acumulado por Suede en el escenario principal. De lo que pude presenciar me quedo con que ciertamente estos chicos han perdido los nervios que les atenazaban las primeras veces que los vi en directo, que han conseguido dar un punto de madurez a algunas de sus primeras canciones pero que han perdido un casi toda la frescura inocente que los hacía especiales allá por 2010. Lo soso de sus nuevas composiciones no les ayuda.

The Whip

Este trío de Manchester fue el responsable de que me perdiera casi la mitad del concierto de Supersubmarina: Lebonloup me había comentado que había oído una canción y que le sonaba bien. Yo me había puesto sus dos discos y me había dado la impresión de que no era exactamente la música que me tira cuando estoy en casa, pero que en directo me hace enloquecer. Y en buena hora. La única forma de describir más o menos correctamente lo que hicieron estos chicos es la expresión bailar a calzón quitao. Su electrónica frenética, su batería (femenina e imparable) absolutamente desatada, su carismático cantante y teclista y el público, que a esas horas (alrededor de las 3) empezaba a contar con más adultos ebrios que post adolescentes cansados; hicieron de la de The Whip una de las mejores actuaciones, a mi parecer, de todo el festival. Y, sin lugar a dudas, la mayor sorpresa de éste. No importó demasiado que solamente fueran unos pocos los capaces de corear los estribillos o que el escenario Lower no estuviera demasiado lleno: pronto la gente se dio cuenta de que lo que estaba pasando ahí no era ni medio normal, que el ritmo que llevaban estos chicos invitaba a la locura y que aquello había que verlo, vivirlo y, sobre todo, bailarlo. Muy buenos, espectaculares, divertidos, entregados los tres y, sobre todo, interpretando unos temas que, en disco son buenos, pero en directo estallan.

The Sounds

Maja Ivarsson, la vocalista de The Sounds, en el escenario Budweiser

La última actuación de la noche en el escenario principal y con ya media hora de retraso. Tengo que aceptarlo, a las 4 menos cuarto de la madrugada y todavía con un calor de mil demonios yo ya esperaba muy poquito de los suecos The Sounds. Y me equivocaba. Pero mucho. Era la cuarta vez que los veía en directo (sí, me gustan mucho) y, a pesar de que en cierto momento Maja confesó que llevaba bebiendo desde mediodía, puedo decir sin temor a equivocarme que ha sido la mejor actuación que les he visto. Empezaron como en la mayoría de los conciertos de la última gira, con It’s So Easy y Dance With The Devil, pero a medida que avanzaron los temas se apreciaron algunos cambios: el momento balada de Night After Night se vio sustituido por Wish You Were Here (muy buena idea, aunque el público pasó del peluquín) y se incluyeron algunos temas del Crossing The Rubicon (2009) menos habituales, como Midnight Sun. La audiencia se dividía entre borrachos que no sabían muy bien a quien veían y fans acérrimos, que éramos mayoría, lo cual hizo que la banda se fuera viniendo arriba poco a poco arriba. Dorchester Hotel y Painted By Numbers hicieron vibrar lo suficiente como para pedir bises, que fueron concedidos para disgusto de la organización, que no tenía muchas ganas de prolongar un concierto ya de por si retrasado. Pero los asistentes pudimos disfrutar de Hit Me! interpretada por Maja paseando por el foso, subiéndose a la valla y tratando (sin éxito) de subir a gente al escenario para acabar el concierto bailando con ella.

Para resumir tengo que decir que el viernes fue, con creces, el mejor día del festival, aunque también el más duro en lo que a calor se refiere y el más fastidiado para ver actuaciones en los dos escenarios, puesto que los retrasos del principal enmarañaron, más todavía, el horario.

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Regina Spektor: Ha pasado un ángel

Publicado en 10 julio 2012 por

Yo no sabía muy bien a qué atenerme anoche. Ya comenté hace cosa de un mes que me gusta mucho Regina Spektor pero que, siendo bueno, no me parece que su último disco sea tan sobresaliente como los anteriores. Pero un concierto de la Spektor, ya no solo en Madrid, sino en el Price, que es un sitio que se oye especialmente bien, no daba ni un minuto de reflexión: iba a ir  y punto. A pesar de mis dudas, de lo ecléctico de la música de la Spektor y de creer, en mi infinita ignorancia, que muchos de sus gorgoritos, acrobacias vocales y saltos de estilo en la misma estrofa no eran más que arreglos de producción que en directo se solucionarían de cualquier otra manera. Una demostración más de que yo soy imbécil. Regina Spektor no se deja en el tintero ni uno solo de los detalles que hacen que sus discos suenen tan extraña y locamente especiales. Es más, los mejora con creces.

La velada empezó algo sosita, con el cantautor conocido como Only Son, pertrechado con una guitarra acústica y un iPod que hacía la gran parte del trabajo instrumental. Pero bueno, el chico fue gracioso, intentando que el público le enseñara palabritas en español y cosas así, pero un pelín repetitivo y no demasiado emocionante.

Y luego apareció ella. Empezó sola, a capella, con la única ayuda de unos golpecitos que daba con el dedo sobre el micrófono para interpretar los ritmos de sus orígenes con Ain’t No Cover: se hizo el silencio y se ganó al Price. Intensa pero natural a la vez, pequeña y delicada, pero iluminando y llenando ella sola el escenario. Le bastó eso, un solo lamento amoroso a capella para dejar bien claro de qué iban a ir los algo más de cien minutos de actuación con los que nos deleitó.

Ya al piano y acompañada de cello, teclados y una potentísima batería, empezó tocando algunas de sus canciones más conocidas, sacadas de Far y Begin To Hope, que animaron mucho al personal, especialmente On The Radio, una de esas canciones con las que uno no puede evitar sonreír. El Circo Price ayuda, pero lo cierto es que todo sonaba muy bien: aunque la carga de percusión era muy superior a la que yo me habría esperado, estaba perfectamente imbricada con el piano, que no paraba de sonar y, sobre todo, con la excepcional voz de Regina Spektor. Y es que, como dije antes, es una voz que no se deja nada: no hay tregua, cada detalle de los discos aparece, corregido y aumentado, hecho más emocionante, de modo que, visto de cerca, tiene uno por fin una idea de lo bien que es capaz de cantar esta mujer.

Las canciones fluyeron como un río, de forma natural, haciendo que el tiempo pasara sin darnos cuenta (para cuando se me ocurrió mirar el reloj por primera vez, la Spektor ya llevaba más de una hora sobre el escenario); tal vez con el único defecto de que el pesto de los temas de What We Saw From The Cheap Seats (2012) en detrimento de canciones (que a mi me parecen) imprescindibles como Dance Anathem Of The 80′s, que se quedaron en el tintero. Pero ello quedó compensado con creces por la magnética presencia de esa chica delgadita y terríblemente tímida (¿de qué te avergüenzas, hija mía? ¿de ser tan buena?) que se lamentaba por solo decir muchas gracias y tortilla de atún en nuestro idioma. Daba la impresión de que le daba vergüenza establecer alguna conversación con el público, pero tampoco podía ocultar la satisfacción de ver que se nos había metido en el bolsillo casi sin reservas.

Especialmente destacable por su delicadeza y belleza, How, y por su íntima letra, The Party, las dos joyitas del último disco. Los bises se hicieron esperar, y me cuesta recordar unos tan aplaudidos en una sala de estas características. Al regreso, todo fueron coros para acompañar a la Spektor en los temas más conocidos de (por fin) sus dos primeros discos: Us y Fidelity. El concierto acabó de forma demasiado pausada para mi, con Samson, y esperando unos minutitos más de inspiración. Pero bueno, hora y tres cuartos es algo de lo que no nos podemos quejar en absoluto. Un concierto que colmó mis expectativas con creces y que recubrió con un brillante barniz la figura de Regina Spektor  en mi mente. Para el recuerdo queda el armonioso setlist que tocó en el Price, convertido en lista de Spotify, y nuestra galería en Flickr.

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La Joy de Madrid se llena con el A-Rock de Placebo

Publicado en 06 julio 2012 por y

Stefan Olsdal al inicio de la actuación en la Joy Eslava de Madrid

Tu eres un chaval joven, enganchado a la música oscura, a la onda siniestra, a esa cosa que no necesariamente es Gothic Rock y que cultivaba durante los ochenta todas las vertientes del pop y el rock con sus matices especiales. En aquel cajón de sastre cabían muchas cosas, pero a principios de los noventa la fórmula se iba agotando y el eterno remember desaparecía. El agotamiento lógico y generacional de una época coincidía con el emerger de, entre otros, el grunge y el renacer del brit-pop. En aquellas coordenadas muchos fueron los que se vieron atraídos por ondas de fusión de lo oscuro con el metal procedentes mayoritariamente de la Europa central. Otros tantos, encontraron en los nuevos movimientos británicos y norteamericanos sonidos más acordes a lo que  circulaba por sus venas, eso sí, generalmente disfrazado de colores y sin la magia estilística de aquellos. Personalmente, y de eso se trata esta entrada, de algo muy personal sacado de las entrañas, mi afición por determinados sonidos encontró  muchos más puntos de coincidencia en la nueva ola indie que en los aparentes herederos, al menos en el aspecto, de lo clásico.

Y a comienzos del segundo lustro de aquellos años noventa apreció Placebo. Como tantos otros, los descubrí como parte de la banda sonora de la película Airbag como un grupo prometedor pero aún indefinido. Fue con Without You I’m Nothing (1998) cuando quedó meridianamente claro que aquellos chavales estaban el el rollo que buscaba. Sin embargo, víctima de un conflicto generacional que tanto yo como aquellos que me rodeaban sufríamos, no éramos capaces de valorarlos en su justa medida. Su aspecto, sus composiciones y sus letras estaban en la línea de lo que buscábamos, pero su general sonido adaptado a los nuevos tiempos, de forma subconsciente, nos decía que no era exactamente lo que nos pedía el cuerpo. Es lo que tiene la militancia radical, que a veces no te deja ver con claridad lo que tienes delante de las narices.

Placebo quedó como un grupo más que interesante pero incapaz de ser introducido en el Olimpo particular de quienes teníamos querencia por ese estilo. Tus grupos tótem están siempre presentes, te los pones siempre alguna vez al año, hay otros muchos que, aún gustándote excepcionalmente, son quemados en su momento y quedan ahí, apartados en el recuerdo esperando a se rescatados algún día.

En esos parámetros de “me gustan mucho pero me niego a meterlos en el top” quedaron Placebo para mí. Aún así tuve oportunidad de verlos una y mil veces durante los noventa. Inolvidable aquel primer Benicassim al que acudieron y que podías encontrarlos, días antes de empezar el festival, sentados a las mil y monas en la puerta de la Iglesia bebiendo calimocho y abiertos a juntarse con cualquiera que se arrimase. Inolvidables los largos años en los que podías encontrarlos, especialmente a Stefan, en determinados garitos de Madrid pinchando música. Su relación con España siempre ha sido especial, al igual que han cosechado incondicionales fans.

Brian Molko, más sereno y maduro que en sus tiempos mozos, pero incansable como siempre

Y ahí es cuando te das cuenta de ciertas cosas. Es cuando notas que el tiempo pasa y que a cada uno le llega su momento de conexión especial con una banda independientemente del momento, de lo que haya habido detrás, o de lo que tenga que venir. Había mucha gente joven que se sintió irremediablemente atraída por Placebo en sus primeros años, y es totalmente normal, y da igual que les cuentes que antes existió este o aquel. La banda de Brian Molko es una de esas que aún atufando a muchas cosas es lo suficientemente hábil como para no sonar a ninguna en concreto y tener su estilo propio bien enmarcado. Es por ello que su estilo y su importancia debe ser considerada aparte.

Anoche dieron un concierto en Madrid, enmarcado en los A-Rock que patrocina y organiza Mercedes-Benz, en un intento por rejuvenecer y modernizar su imagen, la famosa marca alemana de coches confabuló este concierto privado, sin entradas a la venta, al que bSides tuvo el honor de acudir por partida doble. Con un vistazo a la audiencia te dabas cuenta de muchas cosas de las que acabo de hablar. Gente en torno a la treintena, arriba o abajo. Por abajo, los que eran jovencitos cuando salieron, por encima, aquellos que veníamos de otras cosas. Hasta alguna cresta imposible se pudo ver. Lo común, es que a todos nos brillaban los ojillos. Otros sabrán el porqué, en mi caso porque toda una época que quedó aparcada durante una década comenzó a emerger de forma incontinente. Esa es la gran magia de los grupos grandes que no metes en tu “necesidad vital” siendo algo que te gustan mucho, que cuando vuelven a tu mente y a tus ojos lo hacen con una fuerza tan especial que todo se te queda pequeño. Volviendo a ver anoche a Placebo en directo me dí cuenta de lo caprichoso que es el tiempo y las percepciones. Me dí cuenta de lo importantes que son para gente diez años más jóvenes que yo y de lo importantes que hubieran sido para mí de haber surgido cinco años antes. En cualquiera de los casos, una gran banda, de las mejores que ha alumbrado la Gran Bretaña en los últimos veinte años.

Y eso teniendo en cuenta que el concierto, además de corto, estuvo fundamentalmente centrado en Battle For The Sun (2009) y Meds (2006), con pocas concesiones a otros tiempos, pero lo suficientemente contundente como para demostrar que Placebo son una banda capaz de adaptarse a sí  mismos, a los tiempos y a las ondas dominantes sin perder su personalidad. Con la edad empezando a hacer mella en el rostro de Molko (pero no mucho), y con un avance brutal en firmeza, seriedad, profesionalidad y saber estar sobre el escenario en relación a diez, doce o quince años atrás, la banda ofreció un recital más que satisfactorio tanto para radicales como para viejunos arrastrados por el rollo oscuro. Hasta la forma de cantar de Brian ha dejado atrás aquella indefinición y ambigüedad vocal tan característica para sonar más “adulto”.

En definitiva un día especial, muy especial, de esos que te demuestran como las percepciones cambian, como los prejuicios caen, y como lo que un día te sonó al “placebo” que necesitabas era medicina de verdad. No olvides pasarte por nuestro Flickr para rememorar este concierto.

PD: No perdonaré la ausencia de Without You I’m Nothing en el repertorio, pero me fui feliz y contento.

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The Vaccines decepcionan y Franz Ferdinand regresan en el Field Day Festival

Publicado en 03 junio 2012 por

No todos tenemos dinero o posibilidades, debido a nuestro trabajo, de estar en el Primavera Sound. Pero bSides tiene (como ya se ha podido apreciar) a una redactora viviendo en Inglaterra últimamente. Y en Inglaterra, otra cosa no, pero música, hay para aburrir. Y festivales, ni os cuento. Y claro, a esa redactora se le hacen los dedos huéspedes cuando lee que el primer fin de semana de junio hay ya un festival en uno de los parques de Londres: se trata del Field Day Festival, que se celebra a 6 escenarios desde 2007 en el Victoria Park, en East London. Este año las cabezas de cartel eran The Vaccines y Franz Ferdinand y, como pueden ustedes comprender, aquí una servidora no podía perdérselo.

Una cosa que no me gustó del festival eran los horarios: ingleses a muerte, arrancando a las 11 de la mañana (si, habéis leído bien) y con la última actuación programada (la de Franz Ferdinand) para las 21:50. God Save The Queen. Cierto es que por la mañana la mayoría de las actuaciones eran grupos pequeños y DJs de todos los tipos, formas y colores. Me presenté por allí por la tarde y a la vista de la calidad de lo que se desarrollaba en los escenarios, me arrepentí de no haber llegado antes.

Y es que yo nunca había estado en un festival en Inglaterra. Tras lo que viví ayer es una experiencia que recomiendo a cualquier festivalero, porque los ingleses, entre que llevan la música en la sangre y ésta, a su vez, la llevan constantemente empapada en alcohol, la cosa se pone divertida. El volumen de bandas emergentes que hay en Londres es inmenso, y un evento de estas características es perfecto para deambular aleatoriamente de carpa en carpa y ver qué va saliendo. Mi experiencia fue que, me metiera dónde me metiera, el nivel era acojonante.

Chairlift

Chairlift en la carpa Red Bull Music Academy

Al llegar, anduve curioseando por las carpas más pequeñas. De este paseo me atrajo especialmente la actuación de los newyorkinos Chairlift, que estaban en la carpa Red Bull Music Academy interpretando su ordenado y bastante emocionante discurso de sintetizadores e íntima voz femenina ante una reducida audiencia. Después de varios temas de electrónica pura y dura acabaron marcándose una más que original e innovadora versión del archiconocido tema de Ghostbusters. Fue en general una actuación de calidad sorprendente, aunque pero con un sonido mucho más oscuro que el del alegre pop con sintetizadores que presentan en su versión de estudio.

Spector y METRONOMY

Faltaban unos minutos para que empezara la actuación de METRONOMY en el escenario principal y decidí pasarme por otra carpa para hacer un poco de tiempo. Y bendita la hora: según entraba empezaba la actuación del quinteto de rock londinense Spector, que arrancó con unos ademanes que me recordaron muchísimo a los de The Hives en directo: un cantante absolutamente carismático, con un potentísimo chorro de voz grave y claro y una energía que le impedía parar quieto un solo minuto. Desde los primeros acordes me dejaron con la boca abierta: puede que hubiera leído su nombre en alguna parte últimamente, pero no había oído ni una sola de sus canciones, entre otras cosas porque su primer disco no se publica hasta el mes de agosto. Y me voy a tirar a la piscina: estos tíos son la nueva gran promesa del rock indie británico y, en no mucho tiempo, van a estar llenando estadios. Tienen todas las papeletas para convertirse en los nuevos Vaccines, pero mejores. Leo que se les compara con The Killers y no es del todo descabellado, pero repito: a mi sobre todo me recuerdan a The Hives, pero con canciones mucho más pegadizas (también es que esos suecos no me gustan demasiado) y un poquito a los Stone Roses.

Uno de los miembros de Spector en plena actuación

Si siguen haciendo las cosas como anoche, estos tíos van a llegar muy lejos, porque era obvio que muy poca gente en la carpa conocía las canciones que allí se estaban tocando y, aún así, el público estaba completamente extasiado. Con el cantante lanzándose entre la multitud cada dos por tres, con un ritmo frenético en la actuación, que duró media hora pero que dejó a la audiencia cantando el estribillo del último tema aún cuando el grupo había abandonado el escenario. De locos, lo prometo, la suya fue la mejor actuación de las que vi anoche y ardo en deseos de poder hincarle el diente a su disco en cuanto esté disponible.

Aún me dio tiempo a pasarme un poco por METRONOMY, que tenían a las modernas encantadas marcándose sus bailecitos sin sentido por el césped del Victoria Park. Me dio la impresión de que el escenario se les quedaba muy grande a estos chicos, de que había mucho arroz para tan poco pollo y que el electropop que practicaron era demasiado blandito. Me quedé hasta el final, pero con la atención más centrada en las modernas bailongas que en el escenario propiamente dicho.

Sleigh Bells

Alexis Krauss, vocalista de Sleigh Bells

Así que como la cosa con METRONOMY estaba un poco para aburrir a las ovejas, me metí en una carpa bastante más movidita: la del concierto del dúo de electrónica hardcore Sleigh Bells. Sabía que me esperaba una actuación intensa, pero estos dos empezaron tan fuertes y el público se volvió tan loco en cuanto saltaron al escenario que llegué a preguntarme dónde demonios me había metido. Pero tras el susto inicial me uní a la danza frenética generalizada y todo fue bien.

La vocalista Alexis Krauss se lanzó como un huracán a arengar al público mientras su distorsionada voz se confundía entre la tormenta de bases rítmicas descontroladas. El sonido me recordó mucho al de los Crystal Castles en directo, pero con un poso muchísimo más punk y metalero, alcanzando un interesante diálogo entre el rock más duro y un dance que realmente se podía bailar. Intensos, ruidosos y divertidos, su actuación mereció la pena.

Beirut y The Vaccines

Mientras en la carpa rockera se armaba la marimorena con la cantante de Sleigh Bells lanzándose a cantar en plancha entre el personal, en el escenario principal Beirut hacían las delicias del moderneo, con sus melodías dulces y algo étnicas. El festival empezaba a estar lleno de gente. Aguanté dos temas de Beirut y me volví a la carpa de rock, porque sabía que si me retrasaba no habría forma de acceder al concierto de The Vaccines. Así que ahí me planté, yo solita en medio del mogollón londinense a ver a una de las bandas de la ciudad que más éxito ha cosechado últimamente. Aceptémoslo, me va el riesgo.

The Vaccines con su cantante al frente

No me voy a andar con rodeos: The Vaccines dieron un concierto muy pero que muy malo. Hace un año los vi en el DCode y puede entonces que yo fuera un poco más borracha y ellos un poquito más sobrios que ayer, pero los cuatro frikis que nos pusimos a verlos bajo el sol aquella tarde acabamos el concierto la mar de encantados. Lo que les vi hacer anoche fue altamente decepcionante. Aunque puede que haya explicaciones: en el último año el cantante, Yustin Young se ha tenido que someter a 3 operaciones en sus cuerdas vocales. Y se nota, vaya que si se nota: en el cuarto tema ya era obvio que no le llegaba la voz, empezaron los desafinos y en el sexto se convirtieron directamente en gallos. Es posible que The Vaccines no debieran haber completado la actuación, porque la voz de Young sencillamente no llegaba.

Para más inri, el resto de la banda no ayudaba: los instrumentos sonaban apagadísimos, sin nada de la vida, de la garra que tenían hace un año. Como si estuvieran hartos de tocar una y otra vez esos Wetsuit, All In White o Post-Break Up Sex que tantísimo éxito les han proporcionado.

Y el setlist fue del todo inadecuado: en lugar de arrancar el concierto con Wreckin’ Bar (Ra Ra Ra) (esta banda no puede empezar un concierto con otro tema, lo siento), lo hicieron con una de sus nuevas canciones que además de ser desconocida para toda la audiencia, era sosa y aburrida. La primera parte de la actuación alternó temas nuevos con los de What Did You Expect From The Vaccines? (2011): ninguna de las nuevas canciones interesó al público (audiencia que una hora antes había vibrado con las desconocidas canciones de Spector, recuerdo), que no sabía que hacer con ellas. Para cuando se centraron en sus temas más conocidos la voz de Young era un despojo y no hubo forma de sacarlos adelante.

Si el escenario hubiera tenido puerta, Young habría lo habría abandonado dado un portazo, visiblemente frustrado y consciente de lo mal que había cantado. Era obvio que había intentado dar lo mejor de sí, y había salido muy poco. Fue, en resumen, un mal concierto, en el que los nuevos temas no ayudaron nada. Esperemos a ver qué tal pinta el The Vaccines Come To Age, que se publicará el 3 de septiembre de este año, pero puede que a estos londinenses les haya superado el éxito que cosecharon en 2011.

Franz Ferdinand

Y con el momento más esperado del día llegó la eterna cabeza de cartel de los festivales ingleses: la lluvia, que empezó a caer levemente durante la actuación de The Vaccines y que empezó a ser copiosa cuando los escoceses Franz Ferdinand saltaron al escenario. Ésta fue la primera actuación en un gran festival de las que tienen programadas este año, la primera en bastante tiempo y que se supone que es un aperitivo para el tan prometido y esperado disco que publicará la banda en algún momento de este año.

La explanada frente al escenario principal se encontraba ya a rebosar de gente que estalló en éxtasis en cuanto empezó el concierto. Y es que el directo de los de Glasgow es todo lo que se dice de él: sólido como una piedra, emocionante y carente de efectismos. Tal vez un poquito fríos con respecto al público, pero eso importa poco cuando la ejecución es impecable y la audiencia se basta y se sobra a si misma para animarse. Y ojo, que nunca he sido muy fan de este grupo, pero en directo me han ganado para la causa.

El primer gran subidón del concierto llegó con Walk Away, y para cuando Alex Kapranos se empezó a desgañitar cantando Take Me Out, el Victoria Park era una fiesta de barro, saltos, gritos y una lluvia que cada vez caía más fuerte. Tengo que aceptar que estar bajo la lluvia en medio de la multitud viendo un concierto de una de las grandes bandas británicas en el corazón del imperio tuvo un punto muy emocionante. Siempre me he sentido orgullosa del público y los conciertos que tenemos en España, pero esto… los ingleses llevan el rock en la sangre, y se nota.

Una hora y 10 minutos estuvieron los escoceses sobre el escenario ofreciendo una actuación redonda a la que no se le puede poner ni la más mínima pega: hicieron lo que se esperaba de ellos, ni más ni menos, y lo hicieron con nota. El Field Day Festival acabó con el los valientes que nos habíamos quedado a pesar de la tormenta coreando ese This fire is out of control, I’m gonna burn this city hasta la extenuación. Un gran cierre para una tarde de música memorable.

Esperamos poder contaros algún otro festival desde tierras británicas y esta redactora aprovecha para animar a cualquier lector que se encuentre en el Reino Unido durante este mes de junio a unirse a ella en cualquier aventura musical que se le pueda ocurrir. Estaremos atentos a los comentarios.

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Los alemanes Silbermond conquistan Londres

Publicado en 21 mayo 2012 por

Silbermond es una banda de pop-rock alemán bastante popular en las tierras de habla teutona, pero casi desconocida fuera de ellas. Cantar en alemán es un handicap que les complica mucho cualquier expectativa de expansión por Europa, independientemente de la calidad de su música. Es por eso que este grupo, que si cantara en inglés no tendría ningún problema para acceder a la mayoría de las listas de éxito, ya fuera en el ámbito del rock alternativo menos duro, o en el del pop más trabajado, de nuestro continente; ha necesitado cuatro discos para arrancarse a actuar por primera vez en el Reino Unido. La ciudad elegida fue, como no podía ser de otra manera, Londres y, el lugar, un pequeño club llamado The Garage, que consiguieron llenar hasta los topes no solo de alemanes, sino también de numerosos locales atraídos por la calidad de Silbermond.

Tengo que aceptar que me acerqué a ver este concierto muy poco convencida de que me fuera a gustar. Sigo a Silbermond desde que hace unos años se me diera por estudiar alemán, y siempre me ha dado mucha rabia su intrasdendencia internacional; pero aunque me gustan, tampoco me apasionan. No voy a negar que su Nichst Passiert (2009) me parece un disco muy redondo, con canciones que me encantan; pero su reciente Himmel Auf (2012) no es capaz de superarlo: es un disco homogéneo pero le faltan uno o dos temas que realmente emocionen, como si tiene el ya antes mencionado. En cualquier caso, al final me movió el saber que, o algo muy raro pasa, o Silbermond no van a pisar España en la vida; y que ésta sería la única oportunidad de verlos, a no ser que me vaya a vivir a Alemania.

E hice bien. Su directo fue varias veces superior a lo que me esperaba de una banda de melodías tan blanditas. Y es que resulta que Silbermond son una apisonadora en directo. Aunque el escenario fuera pequeño, se dejaron la piel como si estuvieran tocando en Wembley. No deja de tener gracia que para su primer concierto en Londres eligieran la misma noche en la que el Chelsea (londinense) le ganaba la Champions al Bayern (alemán), y de hecho el concierto estuvo lleno de chascarrillos sobre el tema (el bajista, Johannes Stolle, saltó al escenario con una camiseta del Bayern).

Fútbol aparte, gran parte de la culpa de la efectividad de Silbermond la tiene su carismática cantante Stefanie Kloß, que no paró de moverse e interactuar con el público en todo momento, amén de que su voz resultó bastante más impresionante y cálida en directo que en los discos. La cercanía con el público fue obvia: había tantos alemanes que la banda se sentía como en casa. Tal vez un poco demasiado, porque prácticamente todos los discursitos que se marcaron (que fueron muchos) fueron en su lengua materna, dejándonos a los demás un poquito fríos cada vez que hablaban.

La otra pata sobre la que Silbermond montó su sólido concierto fue un setlist magistralmente elegido, en la que no hubo espacio para una sola de las canciones menos relevantes de la banda. Me considero afortunada porque, absolutamente todas las que tocaron, me parecen sin duda las mejores (más aún cuando tienen algunos temas bastante sosos sueltos por sus discos). Además, a pesar de estar presentando su último disco, fueron muy conscientes de todos sus éxitos anteriores y no se dejaron ninguno: la serena emoción de uno de sus primeros éxitos, Symphonie, y de Irdgenwas Bleibt, que acabó potente y sonora, o las más rockeras como Bist Du dabei se hicieron divertidas y amenas. El público estaba entregadísimo y no paraban de corear todas y cada una de las canciones (yo estaba rodeada de alemanes que sencillamente se las sabían todas), mientras la banda se iba emocionando más y más a medida que se veían triunfadores tan lejos de casa. La cosa acabó con Stefanie saltando sobre el público para recorrer la sala en volandas.

En resumen: carismáticos, entregados, potentes y divertidos. Para colmo, buenos músicos con ganas de guitarrear y solear cuando la cantante se retira a cambiarse de camiseta. Guapos, por supuesto, y con multitud de canciones bien montadas, emocionantes y entretenidas que no deben menospreciarse por estar escritas en alemán. Al final me alegré mucho de haber ido y espero, sinceramente, volver a tener oportunidad de verlos.

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