Celebramos el aniversario del álbum con el que Dave Grohl dotó de identidad plena a sus Foo Fighters y empezó a hacerse un hueco en el olimpo del rock.
Corría el año 1995 y Dave Grohl se sentía solo. Después de la trágica desaparición de Kurt Cobain y la consecuente disolución de Nirvana, el joven ex-batería de la banda más popular del grunge había conseguido sorprender a propios y extraños con el lanzamiento de “Foo Fighters”, proyecto en solitario en el que él mismo había grabado absolutamente todas las pistas y tocado todos los instrumentos. El lanzamiento del álbum había venido acompañado de la formación tentativa de una banda del mismo nombre, para la que había contado inicialmente con el bajista Nate Mendel y el batería William Goldsmith, ambos procedentes de Sunny Day Real Estate, así como con el guitarrista Pat Smear, con quien ya había coincidido en Nirvana. Pero Grohl no quería que aquello se quedara en un proyecto paralelo más y se dio prisa en tratar de afianzarlo proponiendo a sus nuevos compañeros la grabación de un disco a partir de algunas de las composiciones que habían ido surgiendo durante su reciente gira juntos.
Para finales de 1996, Grohl había conseguido convencer a Gil Norton de que se hiciera cargo de la producción después de dos intensas semanas trabajando juntos sobre las canciones, de modo que ya disponía de todos los ingredientes necesarios para empezar a grabar. El 18 de Noviembre de ese mismo año, los Foo Fighters se encerraban en los estudios Bear Creek de Woodinwille, Washington, para comenzar a dar forma a su primer álbum como banda. Para Dave, los días trabajando solo en el estudio quedaban atrás y veía hecho realidad su sueño de volver a sentirse parte de un grupo en el que además esta vez él era el líder.
No obstante, la gestación de “The Colour And The Shape” no estuvo exenta de complicaciones. El alto grado de exigencia de Gil Norton hizo que el productor nunca estuviera del todo conforme con el trabajo de la sección rítmica, lo que llevó a Nate Mendel a la necesidad de trabajar duro para potenciar sus habilidades con el bajo. En el caso de William Goldsmith la solución no sería tan sencilla: la experiencia y virtusismo con la batería de Grohl, que nunca vio fielmente plasmadas sus ideas en el trabajo de Goldsmith, supusieron una carga demasiado pesada. En un primer momento, la decisión fue tomarse un respiro de un par de semanas durante las que Grohl escribiría algunos temas nuevos para completar el álbum. Más tarde, en Febrero de 1997, la banda se trasladaría a Hollywood sin contar con Goldsmith, a quien simplemente se comunicó que Grohl haría algunos añadidos en “Monkey Wrench”. La realidad fue que acabaron regrabando gran parte del disco sin su participación, y aunque más tarde Grohl comunicaría a Goldsmith su deseo de que continuara siendo parte del grupo, este abandonó la formación sintiéndose claramente ninguneado. Solventada la crisis con mayor o menor fortuna, lo cierto es que las cosas empezaron a funcionar y el disco cobró forma y color a gran velocidad. Grohl había conseguido rescatar un proyecto que se había convertido en una cuestión personal.
Tras la finalización del proceso de grabación, la banda se daría prisa en buscar un nuevo batería que hiciera posible la ejecución de los nuevos temas en directo. Taylor Hawkins se reveló como el perfecto alter ego de Grohl en ese sentido y aparecería ya en todos los vídeos promocionales. El 28 de Abril de 1997, “Monkey Wrench” golpeaba las radios como primer adelanto del nuevo álbum de Foo Fighters, que finalmente vería la luz el día 20 del siguiente mes. La tímida apertura de “Doll”, en palabras del propio Grohl “una canción sobre el miedo de meterse en algo para lo que no sabes si estás preparado”, quedaría inmediatamente injustificada por una magistral sucesión de canciones en las que se alternaban energía y sutileza, como “Hey, Johnny Park!”, “My Poor Brain”, “Up In Arms” o “February Stars”, aparte del conjunto de sencillos, completado por la inefable “Everlong”, la épica “My Hero” y la melancólica “Walking After You”, escrita y grabada en solitario por Grohl durante aquellas dos semanas de aislamiento en Virginia y quién sabe si motivada por la crisis que su matrimonio con la fotógrafa Jennifer Youngblood atravesó durante la época de intenso trabajo en el álbum y que acabó en divorcio.
Con el disco ya terminado y en el mercado, el último revés aún habría de llegar en forma del abandono de Pat Smear, que declaraba sentirse agotado y sin la motivación necesaria para sumergirse en otra larga gira. El relevo por Franz Stahl, antiguo compañero de Grohl en la banda Scream, fue edulcoradamente escenificado en un acto celebrado en el Radio City Music Hall, donde el propio Smear le entregaría el testigo de la guitarra para participar en el resto de actos y vídeos promocionales que quedaban por llegar, además de en la inminente ronda mundial de conciertos.
Indudablemente, “The Colour And The Shape” fue la culminación de una de las épocas más intensas de la vida de Dave Grohl, así como el comienzo de una nueva etapa más gloriosa y duradera que se prolonga todavía hoy. Cinco álbumes y quince años después, nadie puede dudar del tamaño de su genio, que empezó a destaparse con aquella maravillosa colección de canciones elaboradas con una mezcla inusual de maestría e inocencia juvenil. Entonces hubo de superar duras pruebas que le costaron tres cambios de formación y un matrimonio, pero de momento sigue consiguiendo hacer realidad su sueño y lo hace con la misma energía y positividad que cuando empezó. Ojalá todo pueda seguir siendo tan auténtico para siempre.





























