Archivo de tags | "electropop"

Tags: , , , , , , , , , , ,

Un pajarito que vino de Suecia

Publicado en 14 mayo 2013 por

¿Te interesan el pop melódico, los paisajes que dibuja Bon Iver, los gorgoritos de Jonsi o la extraordinaria habilidad de los nórdicos para generar melodías alegremente bailables? Entonces puede que te compense emplear 15 minutos de tu vida en darle una oportunidad a Youth Blood Pt.1, el primer EP de un artista de Estocolmo que se hace llamar Mountain Bird. Y el caso es que puede que no estemos ante la culminación de la cultura occidental, pero las cuatro canciones de este EP son tan agradables, efectivas y dan tantas ganas de volverlas a escuchar, que hemos decidido hacer esta pequeña reseña para dar a conocer a este artista en nuestro país. De verdad que creemos que sus canciones lo merecen.

mountain_bird01

El tal Mountain Bird (que en realidad se llama Adam Öhmam) salió hace unos meses de una lista de indie sueco que escucho ocasionalmente en Spotify en busca de, precisamente, este tipo de cosas. En aquel momento en Spotify solo había un par de canciones suyas, Caged y Violent Night que, lo confieso, me dejaron bastante hipnotizada. Rebusqué un poquillo y me encontré con que el chaval ya tenía toda una colección de temas de pop instrumental, principalmente interpretados al piano pero con una buena cantidad de agradables y divertidos arreglos, en su Soundcloud; y a través de su Facebook me enteré de que estaba empezando a grabar el EP que nos ocupa hoy. Este Youth Blood parece la primera parte de un proyecto con algo más de envergadura y contiene los dos temas que ya había escuchado antes y otros dos, Silent Town y Youth Blood, que recuerdan muchísimo a magnífico Go (2010) que publicó Jonsi en los años en los que Sigur Rós estuvo de parón.

Öhmam menciona también a Explosions In The Sky y a The National entre sus influencias, y la verdad es que tampoco hay que ser un hacha para detectarlos, especialmente en el último tema del EP, que es el que le da nombre. Está claro que el chico ha escuchado mucho post-rock, aunque ninguno de los temas sea ni instrumental ni rockero, los oníricos paisajes que se dibujan en este género son más que identificables. Pero lo que no menciona es que los vitalistas y coloridos disparos de paisanos suyos más cercanos  a la pista de baile como The Sound Of Arrows también se encuentra claramente presente. Pero, afortunadamente, Mountain Bird no es solamente influencias o mimetización: si bien en la primera mitad de Silent Town uno tiende a temer que no vaya a salir de los gorgoritos a lo Jonsi, pero las tensiones del tema evolucionan muy positivamente en una ascensión que recuerda a Bon Iver pero como si Justin Vernon hubiera follado la noche anterior y se hubiera levantado de buen humor.

Exactamente en el mismo tono en el que acaba Silent Town se queda Caged, aunque acercándose cada vez más a los sonidos electrónicos arrancando desde un solitario y popero piano. El mejor tema del disco me parece Violent Night, que es el que me conocí en primer lugar, con un arranque épico que me da a mi que quiere emular ligeramente los últimos pelotazos de M83, pero con una sorprendente ascensión en la primera estrofa que la convierte en un tema épico y emocionante, con las atmósferas y los tiempos pulcramente medidos. Youth Blood cierra el EP echando el freno, calmando los tiempos y tal vez al principio parece quedar un poquito más desdibujada que las anteriores, aunque esta sensación se disipa de nuevo con un inesperado y efectista cambio de registro que vuelve a llevarnos a una dimensión más épica y emocional.

En fin, que por ahora es poco lo que sabemos de Mountain Bird, pero que esperamos saber más a medida que pasen los meses. Si vas a pasar en las próximas semanas por Suecia, tal vez te lo encuentres tocando por allí. Por ahora, solamente nos queda desarle suerte, que va a ser la única forma de verle en directo fuera de su país. Seguiremos al tanto de sus andaduras porque a nadie le hace mal una pequeña dosis de electropop onírico y soñador de vez en cuando.

1 Comentario

Tags: , , , , , , , , ,

Stars pierden un poquito el norte

Publicado en 09 enero 2013 por

Aunque hace varios meses que está en el mercado, el séptimo LP de la banda de electropop canadiense Stars, ha pasado completamente desapercibido en nuestro país. Es posible que la no presencia del disco en Spotify por razones regionales (llevo semanas retrasando esta reseña por si se animaran a ponerlo, pero no hay manera), a pesar de que el resto de la discografía de la banda sí que se encuentra en dicho servicio de streaming; así como su olvido absoluto de cualquier ciudad europea que se encuentre al oeste de París en su abultada gira de presentación no hayan ayudado demasiado. No obstante, y aunque no sea el mejor disco de la carrera de Stars (normal, por otro lado, porque los tienen muy buenos), merece mencionarse y comentarse, aunque sea a toro pasado, con la esperanza de avisar a algún despistado que no supiera del lanzamiento o, incluso, no conozca a la banda. En este último caso, basta decir que es absolutamente fundamental para cualquiera a quien le guste mínimamente el electropop (en este caso, de letras gamberras y subiditas de tono) y que cualquier seguidor de Metric y/o Saint Etienne debe prestarles atención.

stars02

Como decía, The North (2012) siendo bastante buen disco, no es el mejor de la carrera de Stars. Es más, podría ser el que menos me enganche por ahora de su discografía. Me cuesta encontrarle el toque fácil y rápido que me hace conectar, bailar y sonreír sin proponérmelo que hay en sus demás trabajos. Ojo, no quiere decir que sea un disco complicado o con melodías enrevesadas: en absoluto, se trata de líneas tranquilas, sencillas de escuchar, pero adolecen de cierta pasión, cierta chispa que sí que tienen muchas de las canciones del grupo canadiense. El single Backlines es buen ejemplo de lo que digo: una composición dulce y simple, muy sencilla de escuchar pero casi igual de fácil de olvidar. Afortunadamente, la cosa mejora notablemente a medida que The North avanza.

Para cuando llegamos al cuarto corte, Hold On When You Get Love and Let Go When You Give It se alcanza una atmósfera más emocionante con melodías más conseguidas que nos guía hasta Do You Want To Die Together, que ya contiene más marcas de la casa: el tono irónico y hasta paródico en lo musical, con guitarra y batería potentes que captan la atención del oyente. Pero viene seguido por una sorprendente oleada de tranquilidad que parece producto de haber escuchado a Cocteau Twins durante varios días, lo cual tampoco es del todo ajeno a Stars y que, por lo tanto, se resuelven con éxito. La fórmula, eso sí, se va agotando a medida que pasan los minutos, pero al final nos encontramos con un nuevo cambio de registro: The 400, un descanso de atmósfera relajada y envolvente también plenamente dominado por la banda y que utilizan hábilmente para sosegar el ritmo de los álbumes cuando éste se les empieza a ir de las manos. Es muy hermoso el juego de distorsiones que crean hacia el final de la canción, que da cierto aire de placidez y engancha perfectamente con con el cierre, épico pero comedido que supone Walls.

En resumen, buen álbum, aunque algo empañado por su falta de repercusión. No obstante, quién no conozca a Stars, tal vez este no sea el mejor disco por el que comenzar: se aprecia mucho mejor cuando ya se conoce uno las estrategias que siguen en sus trabajos anteriores para completar discursos a lo largo de los discos. Pero, en cualquier caso, merece la pena escucharse y disfrutarse. Es una gran lástima no haber podido verlos de gira por España.

0 Comentarios

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Los mejores discos internacionales de 2012

Publicado en 19 diciembre 2012 por , y

Nuestra subjetividad nos precede. Somos un blog pequeño, lo sacamos adelante pocas personas y, para colmo, tenemos gustos muy diversos. No se crean que no pensábamos hacer un repaso del año: llevamos semanas dándole vueltas a este asunto, en realidad. Nos tememos que nuestras listas de las mejores cosas de este año van a ser muy raras: ya hemos ojeado muchas de otros medios y aunque queremos compartir lo que más nos ha gustado del 2012, tampoco queremos resultar aburridos. Por eso hemos decidido elegir 5 cosas por cabeza (de todo un año, elegir 5 discos, canciones y conciertos no es nada sencillo, no se crean). Afortunadamente, cada uno de los autores se separa fácilmente por géneros: los elementos elegidos por Sentencia tendrán más que ver con el rock más duro y metalero; los de Lebonloup coquetearán con los ritmos darkwave y otras delicatessen del indie; y los de The Lost Dreamer tratarán de combinar el indie europeo, algo de rock clásico y evitarán olvidarse del post-rock. Así que como los autores definen géneros vamos, sin más dilación, a los mejores discos internacionales del año que nos va abandonando que, por supuesto, os dejamos también en formato de lista de Spotify (también está al final del post):

The Lost Dreamer

Se hade difícil elegir. Sólo 5 de 12 meses. Un año que no ha sido ni brillante ni soso, ha sido normal. Pero es muy difícil. Y claro que se te quedan cosas fuera, ¿cómo no? Pero ahí está la gracia de la lista: la elección es lo que nos define. Creo que dice bastante de mi que, a pesar de mi admiración hacia Patti Smith, esté el segundo disco de PS I Love You en mi lista en lugar de su Banga; o que, a pesar de su popularidad, me deje fuera a Hot Chip, The XX o a los Crystal Castles, habiendo sacado ambos discos que me han gustado bastante. Pero una cosa es gustar y otra emocionar. Y aquí dejo los que realmente me han llegado, de un modo u otro, en este 2012.

the_raveonettes_observator_cover1. The Raveonettes, Observator (lo reseñamos aquí): Para mi, no podía ser otro: desde que escuché por primera vez esos primeros acordes desgarrados de Young and Cold supe que estaba ante el mejor disco de la que ya es, de por sí, una de mis bandas favoritas del panorama actual. Lo dije cuando se publicó en septiembre y me reitero tras reposarlo lenta y calmadamente: Observator se me ha clavado como un cuchillo en el pecho, ha llegado en un momento de mi vida de patético desasosiego y ha tocado exactamente la cuerdas que había que tocar para desmontarme. Me quito el sombrero y lo que haga falta ante The Raveonettes y ardo en deseos de verlos, por fin, en febrero.

little-broken-hearts-norah-jones2. Norah Jones, Little Broken Hearts (lo reseñamos aquí): Tengo la impresión de que muchos han achacado la reinvención de Norah Jones al productor Danger Mouse. No estoy de acuerdo con ninguna de las dos cosas: me parece que Norah ha madurado, que Little Broken Hearts era un paso natural en su carrera que tenía que dar antes o después. Cierto, el empujoncito en una época en el que el material que andaba publicando había perdido bastante frescura, lo necesitaba. Pero el brillo es todo suyo.

ps_i_love_you_death_dreams3. PS I Love You, Death Dreams (lo reseñamos aquí): Sí, cierto, no es tan bueno como su primer disco. Pero es que aquél era demasiado brutal como para aspirar a que sacaran algo igual. Mucho me temo que el segundo trabajo de esta parejita Canadiense ha quedado muy olvidado y me da pena que se queden olvidados de las listas. Además, ¿qué coño? El disco es frenético, vibrante y divertido. Tiene ese demencial nosequé que tienen estos dos que entre todo el ruido te pone carita alegre, y ya solo por eso merecen estar aquí.

words_and_music_by_saint_etienne4. Saint Etienne, Words and Music by Saint Etienne (lo reseñamos aquí): La primera vez que lo oí yo estaba viviendo en Oxford y era una de las pocas mañanas soleadas que me brindaba la ciudad. Nunca olvidaré cuando lo puse por primera vez, no sé por qué, pero se volvió especial para mi. Lo recorro ya casi con los ojos cerrados, porque me hace bailar y sonreír a partes iguales. Lástima que la ilusión durara tan poco y el directo (además en casa) del trío londinense más incónico del electropop rompiera el hechizo.

caspian_waking_season5. Caspian, Waking Season (lo reseñamos aquí): Tiene que haberlo, siempre necesito dejar un hueco para el post-rock. Y no para cualquier post-rock, sino para los señores Caspian, que se han desmarcado este año con un disco lleno de matices y de belleza. El influjo de Sigur Rós se dejó notar en esta ocasión y los detalles preciosistas de Waking Season acaban de cautivar al más profano en el género del rock instrumental. Una deliciosa maravilla el regalo que nos han hecho este 2012.

Lebonloup

weather_systems1. Anathema, Weather Systems (lo reseñamos aquí): Pocos pueden presumir de una carrera larga y evolutivamente tan equilibrada que casi a cada paso se mejoran a sí mismos. El capítulo reservado para 2012 es un lujo en el que mezclan con maestría todas las vertientes que han tocado, en mayor o menor medida, como base principal o como recurso de aderezo: rock progresivo, metal, electrónica, rock gótico, indie… Arranque memorable que costará igualar en algún momento. Una catedral de sonido y sensaciones.

golden_apes_riot_front2. Golden Apes, Riot (lo reseñamos aquí): Quizá lo eleve demasiado por tenerlo tan fresco y que su impacto aún me dure, pero estos germanos de dilatada carrera me han caído del cielo para demostrar que, como ocurrió en otro tiempo, la furia after punk, el rock gótico, el espíritu indie y la electrónica ambiental son capaces de maridar y brillar con luz propia. Riot levanta muros de ruido en los que la escucha atenta en busca del matiz es una auténtica aventura. Imprescindible.

red_sun_revival_running_front3. Red Sun Revival, Running From The Dawn (lo reseñamos aquí): El debut de este cuarteto inglés supone un retorno a los postulados básicos del rock gótico de amplio espectro enriquecidos por el paso del tiempo y liberados de clichés. Otro goce sensorial, una producción exquisita, una voz emergida de la caverna que no hace prisioneros, una imagen cuidada, un viaje doloroso y a la vez cálido. Algún día lo entenderé. Cuando consiga asimilar esta obra maestra de género.

the_raveonettes_observator_cover4. The Raveonettes, Observator (lo reseñamos aquí): Y decían que iba a ser un disco luminoso. Y decían que se iban al sol de California para recuperarse de la oscuridad de su anterior trabajo. Y una leche. Estos dos daneses se han descolgado con el disco más frío e hiriente de su carrera. Hay muchas formas de explorar sonoramente los rincones oscuros del alma, pero Observator es el encargado de haber puesto en 2012 la cuchillada cruda y tajante. Seco y sin concesiones.

dead_can_dance_anastasis_front5. Dead Can Dance, Anastasis (lo reseñamos aquí): Ya quisieran muchos tener un retorno, además de tan esperado, tan brillante. El venerado y heterodoxo dúo nos ha regalado un disco maduro, complejo, filosófico, a veces metafísico, exótico, poético, relajado, cálido. Un auténtico goce para el oído y el espíritu de quien sepa acceder a él. Si alguien aún busca los motivos de que gente tan diversa, después de tanto tiempo, rinda pleitesía rayana en el culto a Dead Can Dance, aquí tiene la respuesta.

Sentencia

Overkill_Electric_Age1. Overkill, The Electric Age: Cuando este disco salió al mercado, nosotros ni siquiera existíamos. Menos mal, porque de lo contrario quien nos hubiera leido hubiera pensado que exagerábamos. El despliegue de energía que D.D. Verni, Bobby “Blitz” Ellsworth y compañía se marcan en su última entrega es para quitarse el sombrero… una vez más. A base de insistencia, fieles a una cita que ellos mismos se preocupan desde hace tiempo por repetir cada par de años, estos pioneros del thrash metal siguen demostrando que nadie cuida mejor de la criatura que su propio padre. Nada de composiciones pretenciosas, adornos superfluos o trucos de producción, simplemente cinco tíos destilando mala uva y repartiendo cera a diestro y siniestro, haciendo gala sin pretenderlo de una maestría que en ellos es tan natural como respirar. Simplemente Overkill.

Alpha_Noir2. Moonspell, Alpha Noir / Omega White (lo reseñamos aquí): Cuando ya parecían de vuelta de todo, los maestros portugueses del metal gótico se desmarcaron casi por sorpresa con este trabajo que congraciaba diferentes etapas de su carrera y se erigía en todo un homenaje a sí mismos a la vez que en delicia para todos sus fans. Rabia y melodía, luz y oscuridad, aliadas para dar lugar a un equilibrado doble álbum que constituye una exhibición al alcance de muy pocos.

Phantom_Antichrist_Cover3. Kreator, Phantom Antichrist (lo reseñamos aquí): Precisamente en un año en el que hemos andado a vueltas con profecías sobre el fin del mundo y chorradas similares, Mille Petrozza y sus chicos se han sacado de la manga su apocalipsis particular en forma de trallazo sonoro. Añadiendo un toque de sofisticación a la brutalidad que recuperaron hace una década, Kreator avanza un paso más en su envidiable trayectoria y entrega una auténtica obra maestra. Después de escucharla, lo que tenga que pasar sencillamente nos la trae al fresco.

weather_systems4. Anathema, Weather Systems (lo reseñamos aquí): Para que veais que los heavies tenemos nuestro corazoncito, en esta lista también hay hueco para la magistral obra que los hermanos Cavannagh nos han brindado este año. Y no podía ser de otra manera: su categoría traspasa cualquier tipo de frontera y resulta igual de apreciable para cualquier aficionado a la música, más allá de toda preferencia de género.

 

Dark_Roots_Earth_Cover5. Testament, Dark Roots Of Earth (lo reseñamos aquí): Vaya, parece que al autor de la lista le mola el thrash… Pues sí. Sin pretender resultar objetivo en absoluto, el gran momento que vive el género ha encontrado en 2012 un nuevo y brillante capítulo al que sin duda ha contribuido la banda de Chuck Billy y Eric Peterson, consolidando el regreso de Alex Skolnik. Difícil lo vamos a tener en 2013 para igualar este gran año.

0 Comentarios

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Low Cost Festival, domingo: no sólo Kasabian dieron la sorpresa

Publicado en 03 agosto 2012 por

Llegamos al tercer y último día de festival. El que siempre se afronta con menos horas de sueño y más cansancio en el cuerpo. Sorprendentemente, aunque parecía el día con el cartel más flojo, hubo algunas sorpresas agradables.

The New Raemon

De nuevo una banda de carácter tranquilo para ir calentando el escenario principal, aunque esta mucho más adecuada que Annie B. Sweet. Los catalanes ofrecieron un concierto con set eléctrico y set acústico muy acorde con sus aires melancólicos y deprimentes. Afortunadamente Ramón es un experto en quitarle hierro a las canciones que, de otro modo, harían a la audiencia intentar cortarse las venas. Al final les quedó un concierto agradable, sin sobresaltos, con canciones, eso sí, terriblemente melancólicas, pero dejando un agradable sabor de boca por el buen rollo que desprendía toda la banda.

La Habitación Roja

Los apretados horarios del BBK me obligaron a perdérmelos a principios de mes, aunque les tenía muchas ganas desde que escuché Fue Eléctrico (2012). Tuve la buena suerte de presenciar un concierto muy sentido por parte del grupo en Benidorm: arrancaron frenéticos, dando patadas y puñetazos al aire, sin parar de moverse por el escenario y con una energía muy acorde con el espíritu rockero de su último trabajo. No voy a negar que su ejecución no fue perfecta y que se apreciaron algunos fallos, básicamente problemillas de coordinación, entre algunos músicos de la banda. Pero al final no es de eso de lo que se acuerda uno, sino del subidón de rock añejo con el que se descolgaron estos valencianos, que impusieron un ritmo de locos al concierto. La cosa acabó con Jorge Martí arrojando su guitarra contra el suelo cuando acabó de interpretar su exitoso Ayer y tras ofrecer una batería de temas nuevos extraordinariamente interpretados y ante los que el público respondió fabulosamente, confirmando una vez más el éxito de su último disco.

Kasabian

Un papel complicado le tocó jugar a Kasabian el domingo por la noche. Para empezar, no eran una cabeza de cartel a la altura de Suede y Placebo, y eso lo sabíamos todos. Para continuar, aunque tienen una buena base de fans y en Inglaterra muchos de sus temas son puros himnos, en España sus canciones no son tan abrumadoramente conocidas: les tocaba agitar, remover y encender a un público que, si bien tenía muchas ganas de fiesta, no tenía, en muchos casos, mucha idea de la mayoría de canciones de Kasabian. Y, para terminar, el cambio de estilo que ha supuesto Velociraptor! (2011) en su carrera despista a la gente. Porque yo acepto que me gusta, de hecho es mi favorito de Kasabian pero, aceptémoslo: es que no suena a Kasabian. De modo que la gente se podía presentar todavía aún más despistada.

Con todo esto, no voy a decir que Kasabian dieran el mejor concierto del festival (ni de lejos), pero se defendieron del panorama con las armas que tenían y yo creo que cubrieron el expediente más que decentemente. Curiosamente las canciones de Velociraptor!, a excepción de Re-Wired, me sonaron muy flojitas: por ejemplo, Days Are Forgotten, que me encanta, me sonó muy deslucida, tal vez porque la tocaron al principio, sin rodar lo suficiente el concierto. A la actuación le costó arrancar y tengo que aceptar que en sus primeros compases me pareció hasta un poquito aburrida, pero hacia la mitad, cuando agarraron temas como Club Foot o Goodbye Kiss, volvieron a engancharme.

Los bises fueron bastante apoteósicos, con el público muy rendido a la banda y dejándose poner de rodillas para saltar al arrancar el estribillo de Fire, como si de fans británicos nos tratáramos. Por lo que pude escuchar, la impresión general fue de sorpresa y satisfacción, pero creo que tuvo que ver con que mucha gente no conocía más de dos canciones de la banda.

Vetusta Morla

Tal vez me equivoque al afirmar que el plato fuerte del domingo eran Kasabian cuando saltaba a la vista que había mucha gente ese día en el festival única y exclusivamente para ver a los ídolos de Tres Cantos, a los Vetusta Morla a los que todo el mundo quiere. Para cuando arrancó su concierto los fans estaban absolutamente histéricos (en serio, no exagero, había mucha gente en las primeras filas llorando a lágrima viva con Copenhage), de modo que los chicos tenían medio partido ganado. Para mi, que los he visto un par de veces sin que su directo me parezca para tanto como dicen, me pareció que arrancaron haciendo lo de siempre: una percusión fuerte y un cantante bailarín que se mueve por el fondo del escenario pero que mantiene las distancias por la audiencia.

Tras un par de canciones el cantante, Pucho, se descolgó diciendo algo así como que había muchas crisis pero que las del corazón (golpecitos en el pecho) siempre serían las más importantes. A mi semejante gilipollez me dejó de piedra, sobre todo porque temo que viene de alguien que no está viviendo una crisis del tipo toda su familia en el paro, con lo que me pareció que a lo mejor Pucho había meado un poquito fuera del tiesto.

Putilatex

Como estas palabras me indignaron bastante y los vetustos no estaban ofreciendo nada que no fuera la monótona sensiblería que ya les había visto en otras ocasiones, me bajé al escenario Lower a escuchar, aunque fuera de lejos, a Putilatex, grupo polémico dónde los haya y que podría calificarse como perteneciente a una extraña re-movida madrileña que anduvo campando por la capital hace algunos años. Tampoco les presté el 100% de mi atención porque no me acerqué demasiado (literalmente, atronaban) pero puedo decir que aunque su calidad o estilo musical no sean para nada lo que a mi me gusta, tenían su gracia. Eso de insultar y decir palabrotas sin ton ni son a partir de cierta hora de la madrugada es realmente divertido, así que me pareció que en su género lo bordaron. Si de paso se les escapó algún insultillo hacia los vetustos y su fans, no voy a ser yo quien se queje. Total, tampoco iban a estar allí para molestarse.

Le Corps Mince de Françoise

Justo cuando creía que la noche no iba a dar más de si, se me ocurrió volver al escenario Lower en el que se encontraba el trío finlandés Le Corps Mince de Françoise, una formación de electropop a la que no le había prestado demasiada atención, a pesar de mi afición por el género. Fue un acierto pasarse porque había errado al no escuchar con detenimiento su Love & Nature (2010) y el concierto merecía atención. En primer lugar, porque las hermanas Emma y Mia Kemppanien forman un dúo divertido y equilibrado, la una con aire extrovertido y bailarín (se movía tanto que solo tengo una foto suya en la que no salga borrosa); y la otra con un aire distante y concentrado que también le daba su puntito de interés. Finalmente, lo que presentaron fue bastante más electro que pop, con el público bailando absolutamente desatado en las primeras filas al ritmo de las arengas de la banda que, a pesar de parecer nerviosa y concentrada, se contagió bastante de la emoción (un poco etílica) que campaba frente al escenario. Al final, a pesar de que el público ni siquiera conocía éxitos como Gandhi, respondió a la perfección y los chicos ejecutaron sin fallos ni problemas. Un gran acierto, especialmente para una hora tan tardía.

Kakkmaddafakka

Un nombre muy raro para la última y grata sorpresa del festival. A estos noruegos les tocó la responsabilidad de cerrar el escenario principal con su desquiciado espectáculo de banderas, gorgoritos, saltos, coristas bailarines, arengas y demás triquiñuelas para mantener a un público que en gran parte los desconocía despierto al filo de las 4 de la madrugada. La jugada les salió bien y aunque musicalmente me pareció que salvo los divertidos gorgoritos no ofrecían mucho más que lo que ya hay en su versión de estudio, que me parece muy repetitiva, la fiesta que montan en el escenario camufla lo monótono de su música. Son divertidos y cuando la gente está tan cerca del coma etílico, la animan, mueven y divierten con una habilidad pasmosa. Cierto es que a esas horas uno no busca el concierto de su vida (eso se lo dejamos a The Sounds), de modo que para lo que tenían que hacer, lo cubrieron con nota.

Acabamos el festival alternando a los DJs de Buffetlibre, que pincharon auténtico musicote para los más osados que quisieran cerrar el Low Cost, y la zona VIP Pool, una divertida pirada de pancho en la que la gente podía tirarse a una piscina con ropa a las 6 de la mañana. En general, divertida la iniciativa, pero me gustaba más la música que se pinchaba para el pueblo llano. Una gran experiencia este festival, al que solo le falta no hacer solapar los malditos conciertos para ser realmente bueno. Espero volver si siguen presentando carteles de esta categoría pero, eso sí, que el próximo año le pongan aire acondicionado.

0 Comentarios

Tags: , , , , , , , , , , , ,

Summer Camp eclipsan a Saint Etienne en el London Palladium

Publicado en 28 junio 2012 por

Con un mes de retraso tras cancelar la actuación que tenían inicialmente programada por cierta afección en la voz de Sarah Cracknell, Saint Etienne saltaron por fin al escenario del London Palladium, un teatro no demasiado grande que se encuentra en pleno centro de Londres. El evento empezó pronto, con varios artistas y DJs invitados interviniendo antes de que lo hiciera el trío londinense.

Los teloneros se lucen…

De esta lista de teloneros cacé a Summer Camp, un trío de electropop que me sonaba de nombre pero al que he escuchado poco. He de decir que se trató de una elección muy acertada a tenor de quien vendría después, porque es obvio que las canciones de Summer Camp beben muy directamente de las creaciones de Saint Etienne. Y además también hay que decir que lo hicieron muy bien: ser les veía jovencitos y algo nerviosos, que por ahora solamente tienen un disco, Welcome to Condale (2011), bastante bueno; y se confesaron muy contentos de poder telonear a una banda que admiraban tanto. No en vano, también son dos chicos y una cantante con voz juvenil pero sorprendentemente potente que practican una música muy bailable, aunque con melodías bastante más fáciles y previsibles que las de Saint Etienne, aunque no por ello menos efectivas. Todas las canciones sonaron pegadizas y divertidas (aún tengo en la cabeza Better Off Without You), de modo que los 35 minutos que pasaron en el escenario estuvieron muy bien empleados.

… y Saint Etienne hacen el ridículo

Me fastidia mucho escribir esto. Para empezar, porque hace muchos años que me gusta mucho Saint Etienne, porque Words and Music (2012) me había gustado mogollón y porque ir a Londres entre semana para un concierto es un esfuerzo para quien se levanta a las 6.30 de la mañana al día siguiente. Pero el concierto que ofreció Saint Etienne en el London Palladium fue, lisa y llanamente, una mierda. Si hace un mes la voz de Sarah Cracknell no estaba en condiciones, no quiero imaginar lo que debía ser escucharla: el pasado lunes no dio una nota a derechas, tanto su voz como la de la corista que la acompañaba sonaban muy por encima de las posibilidades del teatro. Aunque no es ese el único problema: media hora antes, Summer Camp habían llenado el mismo recinto (mucho más vacío, de hecho, lo cual suele empeorar las condiciones de sonido) de percusión, sintetizadores y una voz más que potente y en absoluto habían sonado tan mal como la Cracknell.

La cosa empezó en plan grandes éxitos, con canciones como Like a Motorway, Who Do You Think You Are y Only Love Can Break Your Heart, los tres temas que me encantan, pero que sonaron desafinados, aburridos y vacíos en el Palladium. Ya en la primera canción la Cracknell animó al público a levantarse y ponerse a bailar, pero el movimiento duró escasos minutos: pronto el patio de butacas era una masa inmóvil de personas de pie.

Pasaron las canciones, nuevos y viejos temas pero con los mismos desafinos. Las voces no mejoraban y Cracknell se permitía hasta olvidarse parte de las letras de los nuevos temas. Tal vez Tonight y DJ no sonaron tan mal, pero para cuando llegaron, el concierto ya llevaba un rato haciéndoseme tedioso y no daba crédito al despropósito que estaba oyendo.

Finalmente, no sé si por poca vergüenza o por compasión hacia el público, el trio londinense se arrancó con He’s On The Phone y tres minutos después se retiró del escenario tras la friolera de una hora y 10 minutos sobre él. No sé si darles las gracias o cabrearme, pero normalmente los conciertos de esta escasa duración, a no ser que sean extraordinariamente intensos, me ponen de muy mal humor. No puedo negar que a mis doloridas piernas tras tres días de festival, recogerse pronto no les vino nada mal, pero eso no quita lo feo del gesto y el hecho de que la entrada no era demasiado barata.

Así que, en resumen, un chascazo de una banda que hasta hace dos días me encantaba y a la que ardía en deseos por cazar en directo. A partir de ahora, Saint Etienne quedarán reducidos al ámbito del salón de mi casa o de alguna carpa en algún festival, a poder ser a altas horas de la madrugada, con alcohol y muchas ganas de bailar. Una lástima apreciar tanto a una banda y llevarse una desilusión tan grande, más aún cuando tocan en su ciudad natal. Me temo que ni siquiera me apetece decir ‘otra vez será’.

0 Comentarios

Tags: , , , , , , , , ,

Metric no decepcionan con su Synthetica

Publicado en 15 junio 2012 por

No tenía yo mucha fe en el nuevo disco de Metric, tengo que confesarlo. Siento fascinación y durante bastante tiempo cierta obsesión por Fantasies (2010), disco que me parece redondo, lleno de fuerza, de esos que te pones mientras te pones guapa para salir un sábado por la noche con la sonrisa adecuada en la cara. Pero los discos anteriores de esta banda canadiense no me gustaban nada. Del primero, Our world underground, where are you? (2003), todavía salvo alguna cosa y me lo pongo de vez en cuando, pero los otros dos nunca me apetece ponerlos: me parecen disonantes y ruidosos. Me sorprende muchísimo el salto de ese galimatías a las nítidas líneas del Fantasies.

Por eso no sabía muy bien qué esperarme de Synthetica (2012): una parte de mi pensaba que el Fantasies era sencillamente un accidente, una flauta que sonó por casualidad, pero otra ansiaba una continuación a la altura de aquél. Al final ni una cosa ni la otra, como suele ocurrir en estos casos; pero me queda claro que Fantasies no fue ninguna casualidad y que Synthetica, sin ser para nada una continuación de aquél en lo que a estilo se refiere, sí que lo es en madurez y trayectoria.

El arranque del disco es prometedor: algunos de los acordes todavía nos recuerdan al final de Fantasies, como la resaca de una buena fiesta. De este modo Artificial Nocturne encadena casi 6 minutos de tensión contenida, de no saber muy bien qué va a venir después, que acaban estallando con un tema dance muy oscurete, de ritmos muy marcados y que a mi me recuerda a una de mis bandas más admiradas en lo que a música de baile se refiere: Goldfrapp. Así que Youth Without Youth, que es además el single, sin ser especialmente pegadiza ni bonita, sí que tiene un punto hipnótico que te hace prestar atención, también en parte por lo inesperado del estilo.

A partir de ahí queda claro que los tonos sombríos no van a abandonar Synthetica: Speed The Collapse es rápida y enérgica, pero con un poso de cordura y madurez, como si las canciones de Fantasies hubieran pasado por un poso de amargura que las hiciera envejecer, pero sin estropearlas, solamente cambiándoles el carácter. Entra un poquito de luz con Breathing Underwater, que nos recuerda en algo al genial Gimme Sympathy que tanto éxito les ha dado, más juvenil pero también de emociones contenidas. Dice Haines que Synthetica va sobre quedarse en casa y sentirse solo. Y se nota, todas las canciones tienen ese punto de rabia contenida y sin sentido de cuanto te sientes solo pero no quieres ver a nadie.

Me gusta mucho Dreams So Real: es vibrante, sencilla, corta y hace de buen interludio a mitad del disco, para entrar de nuevo en una parte más dance: vuelvo a mencionar a Golfrapp como referente, porque me parece inevitable, pero aquí Lebonloup entra con una referencia a un disco de Lush, Lovelife (1996), que, una vez revisado, deja claro que, sin lugar a dudas, los chicos de Metric lo han estado escuchando a la hora de componer las melodías de marcados ritmos bailables con poso eléctrico de Synthetica. Este estilo sigue apareciendo con Lost Kitten y Synthetica, tal vez dos de los temas que menos me enganchan del disco, pero que en absoluto son malos. Pero mi tema favorito del disco es Wanderlust, la canción en la que colabora Lou Reed como inesperada y profunda voz masculina en un corte que empieza de forma diferente al resto del disco, podía decirse que casi paródica y desconcertante, pero que tiene un estribillo poderoso, de esos de ponerte guapa mientras esperas a que pasen a recogerte para ir de marcha. Un punto guitarrero muy muy bien logrado y el genial contraste de la profunda voz de Reed realmente agradable.

Así que sí, Metric me han sorprendido gratamente, han sacado un disco a la altura de lo que me esperaba de ellos y eso es genial. Por último, quiero destacar que por cada entrada para cualquiera de los conciertos de la gira que compres, podrás acceder gratuitamente a una descarga digital de Synthetica. Desgraciadamente, aún no han dado ninguna fecha en España. Esperemos que eso cambie pronto.

0 Comentarios

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

The Vaccines decepcionan y Franz Ferdinand regresan en el Field Day Festival

Publicado en 03 junio 2012 por

No todos tenemos dinero o posibilidades, debido a nuestro trabajo, de estar en el Primavera Sound. Pero bSides tiene (como ya se ha podido apreciar) a una redactora viviendo en Inglaterra últimamente. Y en Inglaterra, otra cosa no, pero música, hay para aburrir. Y festivales, ni os cuento. Y claro, a esa redactora se le hacen los dedos huéspedes cuando lee que el primer fin de semana de junio hay ya un festival en uno de los parques de Londres: se trata del Field Day Festival, que se celebra a 6 escenarios desde 2007 en el Victoria Park, en East London. Este año las cabezas de cartel eran The Vaccines y Franz Ferdinand y, como pueden ustedes comprender, aquí una servidora no podía perdérselo.

Una cosa que no me gustó del festival eran los horarios: ingleses a muerte, arrancando a las 11 de la mañana (si, habéis leído bien) y con la última actuación programada (la de Franz Ferdinand) para las 21:50. God Save The Queen. Cierto es que por la mañana la mayoría de las actuaciones eran grupos pequeños y DJs de todos los tipos, formas y colores. Me presenté por allí por la tarde y a la vista de la calidad de lo que se desarrollaba en los escenarios, me arrepentí de no haber llegado antes.

Y es que yo nunca había estado en un festival en Inglaterra. Tras lo que viví ayer es una experiencia que recomiendo a cualquier festivalero, porque los ingleses, entre que llevan la música en la sangre y ésta, a su vez, la llevan constantemente empapada en alcohol, la cosa se pone divertida. El volumen de bandas emergentes que hay en Londres es inmenso, y un evento de estas características es perfecto para deambular aleatoriamente de carpa en carpa y ver qué va saliendo. Mi experiencia fue que, me metiera dónde me metiera, el nivel era acojonante.

Chairlift

Chairlift en la carpa Red Bull Music Academy

Al llegar, anduve curioseando por las carpas más pequeñas. De este paseo me atrajo especialmente la actuación de los newyorkinos Chairlift, que estaban en la carpa Red Bull Music Academy interpretando su ordenado y bastante emocionante discurso de sintetizadores e íntima voz femenina ante una reducida audiencia. Después de varios temas de electrónica pura y dura acabaron marcándose una más que original e innovadora versión del archiconocido tema de Ghostbusters. Fue en general una actuación de calidad sorprendente, aunque pero con un sonido mucho más oscuro que el del alegre pop con sintetizadores que presentan en su versión de estudio.

Spector y METRONOMY

Faltaban unos minutos para que empezara la actuación de METRONOMY en el escenario principal y decidí pasarme por otra carpa para hacer un poco de tiempo. Y bendita la hora: según entraba empezaba la actuación del quinteto de rock londinense Spector, que arrancó con unos ademanes que me recordaron muchísimo a los de The Hives en directo: un cantante absolutamente carismático, con un potentísimo chorro de voz grave y claro y una energía que le impedía parar quieto un solo minuto. Desde los primeros acordes me dejaron con la boca abierta: puede que hubiera leído su nombre en alguna parte últimamente, pero no había oído ni una sola de sus canciones, entre otras cosas porque su primer disco no se publica hasta el mes de agosto. Y me voy a tirar a la piscina: estos tíos son la nueva gran promesa del rock indie británico y, en no mucho tiempo, van a estar llenando estadios. Tienen todas las papeletas para convertirse en los nuevos Vaccines, pero mejores. Leo que se les compara con The Killers y no es del todo descabellado, pero repito: a mi sobre todo me recuerdan a The Hives, pero con canciones mucho más pegadizas (también es que esos suecos no me gustan demasiado) y un poquito a los Stone Roses.

Uno de los miembros de Spector en plena actuación

Si siguen haciendo las cosas como anoche, estos tíos van a llegar muy lejos, porque era obvio que muy poca gente en la carpa conocía las canciones que allí se estaban tocando y, aún así, el público estaba completamente extasiado. Con el cantante lanzándose entre la multitud cada dos por tres, con un ritmo frenético en la actuación, que duró media hora pero que dejó a la audiencia cantando el estribillo del último tema aún cuando el grupo había abandonado el escenario. De locos, lo prometo, la suya fue la mejor actuación de las que vi anoche y ardo en deseos de poder hincarle el diente a su disco en cuanto esté disponible.

Aún me dio tiempo a pasarme un poco por METRONOMY, que tenían a las modernas encantadas marcándose sus bailecitos sin sentido por el césped del Victoria Park. Me dio la impresión de que el escenario se les quedaba muy grande a estos chicos, de que había mucho arroz para tan poco pollo y que el electropop que practicaron era demasiado blandito. Me quedé hasta el final, pero con la atención más centrada en las modernas bailongas que en el escenario propiamente dicho.

Sleigh Bells

Alexis Krauss, vocalista de Sleigh Bells

Así que como la cosa con METRONOMY estaba un poco para aburrir a las ovejas, me metí en una carpa bastante más movidita: la del concierto del dúo de electrónica hardcore Sleigh Bells. Sabía que me esperaba una actuación intensa, pero estos dos empezaron tan fuertes y el público se volvió tan loco en cuanto saltaron al escenario que llegué a preguntarme dónde demonios me había metido. Pero tras el susto inicial me uní a la danza frenética generalizada y todo fue bien.

La vocalista Alexis Krauss se lanzó como un huracán a arengar al público mientras su distorsionada voz se confundía entre la tormenta de bases rítmicas descontroladas. El sonido me recordó mucho al de los Crystal Castles en directo, pero con un poso muchísimo más punk y metalero, alcanzando un interesante diálogo entre el rock más duro y un dance que realmente se podía bailar. Intensos, ruidosos y divertidos, su actuación mereció la pena.

Beirut y The Vaccines

Mientras en la carpa rockera se armaba la marimorena con la cantante de Sleigh Bells lanzándose a cantar en plancha entre el personal, en el escenario principal Beirut hacían las delicias del moderneo, con sus melodías dulces y algo étnicas. El festival empezaba a estar lleno de gente. Aguanté dos temas de Beirut y me volví a la carpa de rock, porque sabía que si me retrasaba no habría forma de acceder al concierto de The Vaccines. Así que ahí me planté, yo solita en medio del mogollón londinense a ver a una de las bandas de la ciudad que más éxito ha cosechado últimamente. Aceptémoslo, me va el riesgo.

The Vaccines con su cantante al frente

No me voy a andar con rodeos: The Vaccines dieron un concierto muy pero que muy malo. Hace un año los vi en el DCode y puede entonces que yo fuera un poco más borracha y ellos un poquito más sobrios que ayer, pero los cuatro frikis que nos pusimos a verlos bajo el sol aquella tarde acabamos el concierto la mar de encantados. Lo que les vi hacer anoche fue altamente decepcionante. Aunque puede que haya explicaciones: en el último año el cantante, Yustin Young se ha tenido que someter a 3 operaciones en sus cuerdas vocales. Y se nota, vaya que si se nota: en el cuarto tema ya era obvio que no le llegaba la voz, empezaron los desafinos y en el sexto se convirtieron directamente en gallos. Es posible que The Vaccines no debieran haber completado la actuación, porque la voz de Young sencillamente no llegaba.

Para más inri, el resto de la banda no ayudaba: los instrumentos sonaban apagadísimos, sin nada de la vida, de la garra que tenían hace un año. Como si estuvieran hartos de tocar una y otra vez esos Wetsuit, All In White o Post-Break Up Sex que tantísimo éxito les han proporcionado.

Y el setlist fue del todo inadecuado: en lugar de arrancar el concierto con Wreckin’ Bar (Ra Ra Ra) (esta banda no puede empezar un concierto con otro tema, lo siento), lo hicieron con una de sus nuevas canciones que además de ser desconocida para toda la audiencia, era sosa y aburrida. La primera parte de la actuación alternó temas nuevos con los de What Did You Expect From The Vaccines? (2011): ninguna de las nuevas canciones interesó al público (audiencia que una hora antes había vibrado con las desconocidas canciones de Spector, recuerdo), que no sabía que hacer con ellas. Para cuando se centraron en sus temas más conocidos la voz de Young era un despojo y no hubo forma de sacarlos adelante.

Si el escenario hubiera tenido puerta, Young habría lo habría abandonado dado un portazo, visiblemente frustrado y consciente de lo mal que había cantado. Era obvio que había intentado dar lo mejor de sí, y había salido muy poco. Fue, en resumen, un mal concierto, en el que los nuevos temas no ayudaron nada. Esperemos a ver qué tal pinta el The Vaccines Come To Age, que se publicará el 3 de septiembre de este año, pero puede que a estos londinenses les haya superado el éxito que cosecharon en 2011.

Franz Ferdinand

Y con el momento más esperado del día llegó la eterna cabeza de cartel de los festivales ingleses: la lluvia, que empezó a caer levemente durante la actuación de The Vaccines y que empezó a ser copiosa cuando los escoceses Franz Ferdinand saltaron al escenario. Ésta fue la primera actuación en un gran festival de las que tienen programadas este año, la primera en bastante tiempo y que se supone que es un aperitivo para el tan prometido y esperado disco que publicará la banda en algún momento de este año.

La explanada frente al escenario principal se encontraba ya a rebosar de gente que estalló en éxtasis en cuanto empezó el concierto. Y es que el directo de los de Glasgow es todo lo que se dice de él: sólido como una piedra, emocionante y carente de efectismos. Tal vez un poquito fríos con respecto al público, pero eso importa poco cuando la ejecución es impecable y la audiencia se basta y se sobra a si misma para animarse. Y ojo, que nunca he sido muy fan de este grupo, pero en directo me han ganado para la causa.

El primer gran subidón del concierto llegó con Walk Away, y para cuando Alex Kapranos se empezó a desgañitar cantando Take Me Out, el Victoria Park era una fiesta de barro, saltos, gritos y una lluvia que cada vez caía más fuerte. Tengo que aceptar que estar bajo la lluvia en medio de la multitud viendo un concierto de una de las grandes bandas británicas en el corazón del imperio tuvo un punto muy emocionante. Siempre me he sentido orgullosa del público y los conciertos que tenemos en España, pero esto… los ingleses llevan el rock en la sangre, y se nota.

Una hora y 10 minutos estuvieron los escoceses sobre el escenario ofreciendo una actuación redonda a la que no se le puede poner ni la más mínima pega: hicieron lo que se esperaba de ellos, ni más ni menos, y lo hicieron con nota. El Field Day Festival acabó con el los valientes que nos habíamos quedado a pesar de la tormenta coreando ese This fire is out of control, I’m gonna burn this city hasta la extenuación. Un gran cierre para una tarde de música memorable.

Esperamos poder contaros algún otro festival desde tierras británicas y esta redactora aprovecha para animar a cualquier lector que se encuentre en el Reino Unido durante este mes de junio a unirse a ella en cualquier aventura musical que se le pueda ocurrir. Estaremos atentos a los comentarios.

0 Comentarios

Tags: , , , , , , , ,

Saint Etienne y su pasión por la música

Publicado en 23 mayo 2012 por y

Gira para presentar este disco en España:

Cuando uno piensa en la palabra electropop hay un grupo que se le viene inmediatamente a la cabeza: los londinenses Saint Etienne. Y es que desde los 90 si hay un ejemplo de grupo que siempre ha estado en el panorama, nunca haciendo mucho estruendo, pero siempre estando, ganándose una reputación, tocando diversos géneros pero siempre manteniendo un sello de calidad y, sobre todo, de cercanía con lo que el público desea escuchar en cada momento, estos son el trío liderado por la bellísima Sarah Cracknell. Por eso un nuevo disco de Saint Etienne nunca pasa desapercibido y, puesto que somos dos los redactores a los que nos gusta esta banda en el blog, hemos decidido escribir la reseña a cuatro manos.

The Lost Dreamer: Hace muchos años que me siento fascinada por la pulida perfección de muchas de las canciones de Saint Etienne, ese grupo al que las fotos le pegan en blanco y negro… No hace falta irse a He’s On The Phone (te-te-temazo) para encontrar una intimidad y una calidad que rara vez se combinan con un consumo tan sencillo. Cierto, Saint Etienne no son una banda de masas, nunca lo han sido, pero todos sus trabajos son producto de las circunstancias en las que se encontraran la industria y los gustos del público en el momento de publicarlo. Bob Stanley y Pete Wiggs no paran de escuchar música y todo lo que escuchan lo aprenden y lo aplican a sus propios discos.

Estaría mintiendo si dijera que Words and Music me parece un disco muy personal para la banda: en realidad me da la impresión de que su sonido se aleja un poquito del de sus trabajos de la pasada década (encima se prodigan poco, los jodíos), sonando más a lo que era la banda en los 90; pero en ningún caso quedando anticuados ni nada parecido. Pero si bien puede que el sonido no sea especialmente íntimo, sí que lo es la atmósfera que se crea entre Saint Etienne y el oyente de Words and Music. La clave está en la primera palabra del título: words, que es una honesta declaración de intenciones.

Resulta que ponemos el disco y en vez de encontrarnos con un agradable tema bailable nos encontramos una confesión de amor a corazón abierto recitada por la señorita Clarcknell. ¿El tema? La música. Y espero no ser la única a la que se le ponen los pelitos de punta cuando escucha esa alegre voz susurrar una historia tan parecida a la propia. Y es que cualquiera que haya grabado canciones directamente de la radio en un cassette, hecho cola durante horas para un concierto o se haya quedado despierto hasta tarde para escribir la reseña de un disco a pesar de levantarse a las 6.15 de la mañana al día siguiente, comprende Over The Border. Además, no creo que sea casualidad que el estribillo de dicho tema esté compuesto por una de las progresiones musicales más sencillas y explotadas del pop: es simple, emocionante y efectivo.

Los siguientes temas, hasta Tonight, entran fuertes y rápidos, animados y con la carrerilla cogida del inmejorable comienzo. A destacar en la sección bailable Last Days Of Disco, tema marca de la casa pero que sorprende por su frescura. A partir de la sexta pista el disco empieza a decaer un poquito y se mueve entre el inconfundible sonido de Saint Etienne como Twenty Five Years o DJ y algunos un poco más aburridillos como I Threw It All Away o Haunted Jukebox que hacen que, tal vez, de la impresión de que al álbum le sobran unos minutitos.

Lebonloup: Si digo que a Saint Etienne les pone lo retro no puedo pasar por el descubridor de América. Lo han demostrado desde el principio y a todo el mundo le ha quedado muy claro. Desde la electrónica han compuesto su pop jugueteando con muchas cosas. Teniendo como base los sonidos del swinging London sesentero se han atrevido con aproximaciones al house, la música dance, han espolvoreado sus temas de blues, han cobrado sus mayores éxitos gracias al electropop de toda la vida, e incluso han practicado en los límites del ambient. Hoy dan un pasito más. A la vez que el tiempo corre, ellos continúan mirando hacia atrás, y en esta ocasión le prestan atención a cosas que estaban vigentes o recientes cuando ellos empezaban, y parecen haber decidido que es ya momento para meterlas en su crisol. El resultado es bastante satisfactorio, y en mi caso, por dos motivos.

El avezado lector podrá comprobar que Saint Etienne no encaja en el tipo de grupos de los que suelo hablar. Sin embargo hay otra cara más allá de las guitarras oscuras para el que suscribe, y los teclados también tienen su lugar en mi corazoncito y, sobre todo, en mis orejas. Por tanto el primer motivo no es otro que el hecho de que Words and Music me parece un disco más que aceptable en su estilo. Con altibajos, no es ni mucho menos redondo y tiene pasajes en los que desconecto. Sin embargo sus altos tienen mucho gancho, con varios temas absolutamente bailables, perfectos para una noche de alegre desenfreno, sobre todo, como se ha dicho, en el primer tramo del disco, incluyendo a la muy bien organizada y loable Over the border, que no es para romperse el coxis en medio de la pista.

El segundo motivo reside en los tiempos que rememoran, porque es muy evidente que los últimos 80 y los primeros 90 están muy presentes. Saint Etienne nunca han centrado un disco de forma exclusiva en un estilo, siempre han jugado con el eclecticismo e incluso con lo conceptual, para que ninguno de sus discos pierda sus señas de identidad propias. Pero en todos ha habido una balanza que se inclina. En este caso también. Y esta vez hay un poso al disco de aquella época incontestable. Una referencia inexcusable: los Pet Shop Boys de la primera época y en especial la que acaba en Introspective, aquel álbum en el que explotaron tanto el tan de moda piano ácido y que es muy evidente en los arreglos de Dj o en I’ve Got Your Music. Pero encima, y ya en guiño petardero hacia la adolescencia de uno mismo, Saint Etienne extienden sus tentáculos hacia cosas que por momentos traen a la memoria a lo mejor que pudiese salir de la factoría de Stock, Aitcken & Waterman. Sacrigelio, sí, lo sé, pero es que con el tiempo he llegado a la conclusión de que la morralla de entonces molaba mucho más que la de ahora. De este modo, la memoria se pasea a ratos por los Eight Wonder de Patsy Kensit, Lisa Stansfield o la novata Kylie Minogue. Ya no suenan a anuncio de Campari con la Costa Azul de fondo todo el rato, han encontrado una nueva variante.

En resumen, Words and Music me parece el disco más entretenido de Saint Ettiene desde Good Humor, y ya ha llovido. Han conseguido que no me aburran por primera vez en todo este tiempo. Y me alegro, porque les tengo cariño desde aquel grandioso concierto que dieron en el FIB98, donde la Cracknell desplegó toda su sensual elegancia y la banda al completo -coristas incluídas- demostraron lo mucho que exprimen sus grandes temas encima de un escenario. He’s on the phone fue el tema de la noche y ahora, catorce años después, tienen un repertorio para montar una fiesta mucho más grande y divertida. Hedonismo musical puro y duro.

2 Comentarios

Archivo

Viendo música