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Y El Sol se llenó de arena

Publicado en 12 mayo 2013 por

Hace ya algo más de dos años de que yo viera a The Bright por primera vez, interpretando las deliciosas canciones de su primer disco en el escenario de la sesión matinal de una edición de La Radio Encendida. Subieron al escenario en medio de una especie de ataque de pánico, se les notaban los nervios y la incredulidad ante todo lo que les estaban sucediendo. Desde entonces los he visto varias veces (porque me gustan mucho) y cada una han crecido con respecto a la anterior. Y la verdad es que es un gusto ver a una banda evolucionar, cumplir las expectativas que habías depositado en ellos y, pronto, superarlas ampliamente, como hicieron anoche en El Sol de Madrid.

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Teloneados brevemente por PLV HAVOC, cantautor altamente despeinado que amenizó con sus tortuosos versos, completamente en la onda del Nacho Vegas más eléctrico. Deprimente, austero y con unas interpelaciones un poco extrañas, al menos su intervención sirvió para que la sala se fuera llenando durante 20 minutos. Muy rápidamente se subieron los leoneses al escenario, sin que El Sol estuviera completamente lleno, pero con un nutrido número de gruppies en las primeras filas (van aumentando de un concierto a otro). En ese momento el mundo pareció cambiar, el suelo de la sala pareció llenarse de arena y sonó Estados.

O mucho cambian las cosas o Estados tiene casi todas las papeletas para ser uno de los discos nacionales del año, eso ya ha quedado patente en las últimas semanas. Pero es que aún esperándome un concierto notable, estos 5 me rompieron todos los esquemas. Los temas de Estados sonaron, todos sin excepción, brillantes. Fui al concierto con alguien que nunca había oído los discos de The Bright y al tercer tema ya me estaba diciendo que menudo conciertazo. Y es que no era para menos: sin necesidad de aspavientos, sin que diera la impresión de que se estaban dejando la vida en el escenario, los temas fluían potentes, con la voz de Miryam sólida y segura pero, a la vez, muy dulce; y los frenéticos guitarrazos de Aníbal convirtiendo el folk en rock y transmitiendo una sensación de calidez impresionante.

En el arranque, con Ela, Donde Todo Es Luz y el Jolene de Dolly Parton que tantas alegrías les está dando puso de manifiesto que había amplios sectores del público que se sabían todos los temas. Al resto rápidamente se los habían metido en el bolsillo. Tal vez un poco sorprendente, eso sí, el reducido número de temas de su primer disco que interpretaron del que, no estando tan alejado en el tiempo (hace ahora dos años que se publicó), se quedaron en el tintero temas tan bellos y coreados pos el público como Odd Towns. Pero bueno, si el objetivo era presentar Estados, quedó cumplido con creces porque, como digo, todas sus canciones sonaron poderosamente eléctricas pero sin perder el arenoso sabor de folk del desierto que invade el disco.

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Muy destacables sonaron también De Los Que Pueden Dormir y Lo Fundamental, así como los solos de guitarra de los temas más íntimos como Your Private Garden. Como no podía ser de otro modo, hubo un tema de Neil Young en el repertorio (Aníbal llegó a decir que nunca ha dado un concierto en el que no incluya uno), Cinnamon Girl, que sirvió de poderoso y eléctrico cierre para una actuación que deja clara una cosa: lo más probable es que cuando vuelva a ver a The Bright en directo, lo hagan todavía mejor que en esta ocasión. Así parece ser siempre.

El concierto fue retransmitido en directo por AgoraMusic y puedes verlo desde su canal de Youtube, por si te apetece revivirlo o tuviste la mala suerte de perdértelo. Os dejamos también con una pequeña galería con las fotos que sacamos durante el concierto.

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Entrevistamos a The Bright

Publicado en 10 mayo 2013 por y

Desde que tenemos este blog en marcha no hemos ocultado nuestra predilección por la banda leonesa The Bright, que publicaron su segundo trabajo, Estados, el mes pasado con gran éxito de crítica y público. Mañana es el gran día: mañana Estados se presenta en la Sala El Sol de Madrid, el segundo concierto de la gira de presentación del disco tras el que ofrecieron la semana pasada en su ciudad natal. Obviamente, nosotros estaremos allí para verlos pero antes nos han dejado hacerles unas preguntitas sobre este nuevo disco y algunos otros aspectos de su música. Sin más dilación, os dejamos con ellas.

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Pregunta: ¿En qué parte de la historia se conectan Arizona y la Plaza de Guzmán? ¿Qué caminos habéis seguido para llegar a un sonido tan característico y poco común en nuestro país? ¿Estas influencias musicales os vienen de casa o habéis entrado en contacto con ellas en algún otro momento y/o lugar?

Respuesta: La música que hacemos es el reflejo de un desarrollo que dura muchos años. Cuando te enfrentas a la labor de componer creemos que es importante meterte con estilos que has mamado durante mucho tiempo, es como habar en un lenguaje que dominas de verdad, siempre te podrás expresar mejor. Aunque nuestro abanico es más amplio de lo que pueda parecer a primera vista, por lo que no se pueden descartar sorpresas en un futuro.

P: Aunque no es una relación directa ni demostrable más que por tendencias y casos concretos, suelo fijarme en las procedencias de los grupos y la música que hacen. La pausa de vuestro anterior disco me cuadraba mejor con alguien acostumbrado a los rigores del clima leonés, pero Estados es mucho más cálido, como suelo decir, suena a arena del desierto. ¿A qué se ha debido esta inclinación? ¿hay algo de cierto en esta metáfora climática?

R: Pues es posible que sí, aunque a decir verdad no ha sido una metáfora intencionada. Quizás la grabación del disco ha sido esta vez un intento de escapar del frío, pero también de huir de los clichés. Hay sonidos más cálidos y desérticos, es cierto, sobre todo creemos que los pasajes de guitarra slide aportan mucho al respecto. Pero lo importante es lo que la escucha de los temas pueda inspirar o sugerir al oyente, la capacidad de evocar siempre es positiva.

56006_description_brightP: Aunque en los últimos tiempos se nota cierta querencia entre el público nacional por el estilo de música que hacéis, sigue siendo una onda mucho más preciada en el extranjero. ¿No creéis que haber cambiado al castellano puede ser un hándicap? Me viene a la cabeza el éxito internacional que una vez tuvieron gente como Migala.

R: Aquí tenemos que ser muy sinceros: si basas la elección de tu estilo, de tu idioma o de cualquier aspecto de tu música en las posibilidades de éxito que pueda llegar a tener, lo más seguro es que acabes engendrando una enorme mierda. El primer disco surgió en inglés porque lo sentimos así en ese momento, y éste es en castellano por la misma razón. Y a partir de ahí, quien quiera escucharlo será bienvenido, pero siempre tendremos la convicción de que la verdadera forma de llegar al público, del país que sea, es creer realmente en lo que haces.

P: Por otro lado, está claro que con Estados estáis catando las mieles del éxito, tanto entre la crítica como con el público. El cambio al castellano sin duda debe haber contribuido en alguna medida a esto pero ¿qué otros factores creéis que están haciendo que Estados funcione tan bien? ¿Habéis cambiado en algo el proceso creativo con respecto a Sountrack For A Winter’s Tale?

R: Hay muchas diferencias, aunque la fundamental es que este disco se ha hecho con mucha más calma, sobre todo el proceso compositivo, ya que hemos tenido mucho tiempo antes de meternos en el estudio y quizás eso se ha notado. También tocamos con más seguridad, hemos dado más conciertos en los últimos meses que en 10 años en León, y todo eso se acaba transmitiendo a la hora de pegarle fuerte a la guitarra.

P: Últimamente se os ve muy activos en las redes sociales: habéis abierto un blog contando las experiencias que vais viviendo con el nuevo disco, subís muchas fotos a Instagram… ¿Os gusta toda esta historia? ¿Os aporta algo? A mi personalmente me gusta mucho ver las fotos de los lugares por dónde pasáis habitualmente porque siento que conecto mejor con los paisajes que dibujáis en el disco. ¿Son ese tipo de cosas las que pretendéis?

R: Siempre nos ha gustado aprovechar al máximo lo que nos ofrecen las redes sociales.Sobre todo estamos muy enganchados a Instagram, aunque intentamos estar activos en todas. Y el blog no deja de ser nuestro diarío de viaje, nos parece muy bonito estar en contacto con el público, y creemos que la visión en conjunto de todo ello puede hacer que se entienda mejor nuestra sensibilidad.

the_bright_siroco02P: Para saciar curiosidades personales: un par de discos nacionales y extranjeros que últimamente se estén quemando en vuestros reproductores.

R: Nacionales: There’s A Man With A Gun Over There de Niño y Pistola, y Guadalupe Plata el último de Guadalupe Plata.

Internacionales: The Next Day de David Bowie y Push The Sky Away de Nick Cave & The Bad Seeds.

P: Vuestra carrera lleva un ritmo imparable desde hace muy poco tiempo. ¿Cuál es la mayor alegría que os ha generado tanta actividad? ¿y disgusto?

R: La mayor alegría es la suma de todos los pequeños momentos, sobre todo los que compartimos con la banda. Y el mayor disgusto esperemos que esté por llegar. La verdad es sí que hemos pasado por un momento muy duro, justo cuando empezábamos con The Bright, pero es lo suficientemente desagradable para que no queramos hablar de ello.

Bueno, pues lo dicho: mañana en El Sol de Madrid. Os dejamos con la reciente intervención de los leoneses en Los Conciertos de Radio 3 para ir abriendo boca.

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Texas presentan The Conversation en Madrid

Publicado en 01 mayo 2013 por

Tras más de 7 años de silencio, el lanzamiento del octavo disco de estudio de Texas, The Conversation, está cada vez más cerca (será el 20 de mayo). Por lo que sabemos de él, se tratará de un álbum repleto de sonidos folkies y countrys, aunque siempre con el característico toque pop de la banda escocesa. Y como parte de la promoción, una pequeña parte del grupo (Sharleen Spiteri y Tony McGovern) vinieron a Madrid para presentar alguno de los nuevos temas y su nuevo sonido. Ello tuvo lugar este pasado lunes 29 por la tarde, en un céntrico hotel de la capital, en el que dos quintos de Texas interpretaron un pequeño set acústico de seis canciones, todo ello organizado por la cadena de radio M80 (sí, yo tampoco tenía del todo claro que siguieran existiendo).

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Sorprendentemente, solo hubo dos temas nuevos en la lista de canciones interpretadas: fueron el single, The Conversation, que ya tiene hasta videoclip oficial; y Dry Your Eyes, que ya había sido interpretada en anteriores ocasiones y es bastante sencillo encontrar en Youtube. Ambos temas presentan un corte country muy clásico, ninguno llega a los 3 minutos de duración, aunque presentan una cadencia seria el primero, y melancólica el segundo. A día de hoy se conoce una canción más de The Conversation, la que se llama Detroit City y que Texas ya interpretaron en algunos festivales el pasado verano. Este tema confirma la tendencia folkie de la banda, aunque en ese caso la búsqueda de estribillos frenéticos y pegadizos queda mucho más patente. Queda bastante claro, entonces, que el nuevo disco de Texas quedará enmarcado en la oleada de folk-pop que está invadiendo el Reino Unido en el último año, aunque queda cierto resquicio de esperanza en que la pegada comercial de la banda sea capaz darles la autonomía necesaria para despegarse de los ritmos que llevan gente como Mumford and Sons o The Lumineers.

De los tres temas restantes, tres clásicos y una versión: una reinterpretación más del I Don’t Want A Lover que les catapultó a la fama, pero esta vez con un sabor arenoso de country americano; mismo estilo también para Black Eyed Boy (sobre estas líneas); una versión del Jackson de Johnny Cash y June Carter al que, aunque bienintencionado, le faltaban un par de ensayos; y la sorpresa de So Called Friend, tema emblemático de su tercer disco, Ricks Road (1993) y que yo, que he visto a la banda algunas veces en directo, nunca les había cazado tocando. El detalle de la Spiteri imitando con su voz los riffs de guitarra eléctrica del final de la canción porque, obviamente, ella y Tony solamente contaban con una acústica cada uno. El set fue ameno y divertido, la Spiteri se mostró extraordinariamente dicharachera y bromista y al terminar la actuación no dudó en sacarse fotos con todo el que se lo pidió. A la pregunta de si podríamos ver a Texas en directo de nuevo en nuestro país respondió que probablemente sí, pero que habría que esperar a octubre o noviembre para ello. En cualquier caso, ya queda menos para escuchar entero The Conversation.

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Brillante estado de gracia

Publicado en 08 abril 2013 por

Gira de presentación de este disco en España:

  • 04/05/2013: León, Studio 54
  • 08/05/2013: Madrid, El Sol. 8€, Entradas.
  •  18/05/2013: Donosti, Intaurrondo Kultur Etxea (+Autumn Comets y PL Havoc) 12€
  • 24/05/2013: Castellón, Cámara del Auditori.

Hace ahora dos años un dúo leonés llamado The Bright publicaba su primer disco bajo el título Soundtrack For A Winter’s Tale (2011). El álbum no era la culminación de la cultura occidental, pero por motivos personales me capturó completamente y pasé varias semanas escuchándolo casi a diario. Hacía gala de una habilidosa mezcla entre el folk americano fruto de escuchar mucho a Neil Young y Johnny Cash y la dosis justa de pop para conseguir que la escucha fuera sencilla, pero sin que el conjunto sonara intrascendente. Era una hermosa colección de canciones que obtuvo bastante atención por parte de Radio 3 y que Anibal, Miryam y su pequeña banda pasearon en directo por todo el país, con un éxito y una solvencia envidiables para un grupo de tan corta trayectoria. Este mes les toca la prueba de fuego: el siempre temido segundo disco que, además, viene en castellano (el primero era íntegramente en inglés). ¿El veredicto? Me quito el sombrero.

the_bright01Para empezar, me temía lo temor con el cambio de idioma: la idea de las canciones de aire country cantadas en castellano me chirriaba hasta sonarme paleto. De hecho, esta es la única pega que le encuentro al disco, que un álbum tan country cantado en español suena tan fuera de lugar como un recital de flamenco traducido al italiano. Por lo tanto muy bueno tiene que ser como para que obvie el hecho de que el idioma me chirríe tanto y sea capaz de disfrutarlo casi como si no me diera cuenta de ello. Y, de hecho, lo es; o al menos así me lo parece a mi. Si Soundtrack For A Winter’s Tale me cautivó por su sencillez y su dulzura; las afiladas y atrevidas líneas de Estados, en las que ya no hay lugar a la dulcificación popera, sino que cualquier paso fuera del folk se da en la dirección del rock, son mucho más de lo que había podido esperar del álbum.

Asumo que mi percepción de este álbum es especialmente particular, puesto que Johhny Cash y Tom Petty empapan el disco completamente y resultan ser dos piedras angulares de mi afición a la música. De modo que, sin necesidad de tocar como The Heartbreakers ni de ser Johnny y Jude, The Bright se han atrevido a publicar un álbum de country rock puro y de calidad a través de unos canales en los que ahora mismo son Vetusta Morla, Lori Meyers y Dorian quienes rompen la pana. Eso ya tiene mérito. Y lo mejor es que el disco sigue siendo muy accesible, lo que le confiere un enorme potencial, aprovechando además el tirón internacional del folk ahora mismo (¿por qué, señor, por qué cantáis en castellano si este disco en inglés lo podríais haber vendido sin problemas ahora mismo en el Reino Unido?), para que personas que nunca se han acercado al verdadero folk americano lo disfruten.

En Estados no se aprecia solamente una mayor fidelidad al género country que la que exhibían en su primer trabajo: también da la impresión de que las dimensiones del dúo se han expandido, haciendo más activas y enriquecedoras las intervenciones de los demás instrumentos de la banda; así como el ya mencionado abandono de los ritmos más melosos para sustituirlos por duros y afilados solos de guitarra que parecen tomar el relevo de uno de los temas más rockeros y eficaces de Soundtrack For A Winter’s Tale, Your Private Garden. No obstante, los ritmos delicados y sencillos de aquel trabajo todavía aparecen en algunos momentos de Estados, como en el segundo corte, Donde Todo Es Luz, el primero que me hizo sospechar que me encontraba ante un disco mejor que su predecesor, puesto que los punteos y los arreglos de violín entran con mucha más soltura y naturalidad que entonces.

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El tercer corte del álbum, Jolene, es puro country femenino americano. Incluso la letra parece evocar a las de las grandes damas estadounidenses del género, y tal vez sea por eso que me desquicie especialmente que esté en castellano. En cualquier caso, los detalles con la acústica y el ritmo acelerado son toda una declaración de intenciones sobre el espíritu del disco, y además bastante lograda. El tempo de rock lento y reflexivo vuelve en Estados solo para volver al country rock de estribillo pegadizo con la genial Hexágonos. Pero lo mejor está por llegar: De Los Que Pueden Dormir se vuelve eléctrico y duro pero sin perder nunca de vista el folk. Se nota que quienes la han compuesto han escuchado a Tom Petty hasta la saciedad, y los solos de eléctrica flanqueando a la sensual voz de Miryam saben a gloria. La única forma de digerir la solemnidad de un tema así es dejando al oyente descansar un poco, ofreciendo un corte algo más amable como es Lo Fundamental que evoca sonidos de Neil Young y que dulcifica la escucha pero en ningún caso convirtiéndose en un tema de paso o intrascendente, puesto que se trata de una canción bella y pegadiza que se ajusta a la perfección al ritmo del disco.

Con Antes De Que Vuelvan The Bright vuelven a demostrarnos las altas cotas de calidad que son capaces de alcanzar, de nuevo haciendo que los violines del country suenen a rock de manera eficiente y natural. El ambiente necesita volver a calmarse y lo hace con un tema verdaderamente reflexivo y melancólico, Cero que, por cierto, tiene una de las letras que más me convencen del disco. De nuevo las distorsiones eléctricas para acompañar el oleaje country, pero esta vez desde una perspectiva muchísimo más triste, crean una atmósfera nítida y bien formada. El penúltimo corte, Suelo Frío, suena a declaración de amor sin palabras al country, aunque es demasiado corto, deja con ganas de mucho más. Rotten Crops cierra el disco en inglés, manteniendo la atmósfera algo melancólica y misteriosa que ha invadido a los últimos minutos de Estados, pero sonando muchísimo a su disco anterior, ya no solo por el idioma. En cualquier caso, una canción sencilla y con poca parafernalia instrumental que efectúa una salida dulce y bien medida para un trabajo honesto, bello y envidiable. Con grupos así dan ganas de volver a creer en el panorama indie nacional. Esperemos que sean muchas más las alegrías que The Bright nos traigan en el futuro.

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Pongamos que hablo de Madrid

Publicado en 12 octubre 2012 por

Se nos debe notar bastante, que en bSides somos todos madrileños practicantes. Y cómo hemos visto que el asunto este de las listas gusta y trae cola, pues qué menos que pensar en las canciones que nuestro hogar ha inspirado a los músicos. Hemos de decir que no ha sido tarea fácil: Madrid tiene un par de poetas indiscutibles: Antonio Vega y, sobre todo, Joaquín Sabina, que es el compositor del himno más oficioso de la ciudad. Y cuando uno se pone a buscar aparecen algunos temas de Mecano, pero pronto empieza a emerger ponzoña del tipo Shakira o Maldita Nerea. No son esas canciones las que busca esta lista: obviamente, hay que poner algunas canciones imprescindibles cuando hablamos de Madrid, no se pueden obviar, pero también hemos intentado descubrir canciones que no conocíamos al confeccionarla. Esperamos descubriros a vosotros alguna que os guste.

15.- The Clientele, “Retiro Park”

El Parque del Retiro es una buena fuente de inspiración, y así le sucedió a The Clientele, una banda británica de pop-rock indie conocida desde hace años en el circuito londinense. Compusieron este tema tras una visita a nuestra capital, aunque no es demasiado conocido y ni siquiera hemos sido capaces de encontrarlo en Youtube, solo en la lista en Spotify.

14.- Uncle Tupelo, “New Madrid”

Esta canción no la conocía y me ha encantado: se trata de Uncle Tupelo, una banda de rock con toques folkies asentada en Illinois entre el final de los 80 y el principio de los 90. La canción es una agradabilísima composición country sobre la errónea predicción de un terremoto apocalíptico en la ciudad. Hace años que esta banda no está en activo.

13.- Avishai Cohen, “Madrid”

Es un prestigioso contrabajista israelí. Compone jazz sin perder de vista sus raíces culturales, haciendo honor, mediante detalles, a la tradición musical del pueblo de Israel. Madrid es un tema muy conocido de su discografía y en él, además trata de incorporar elementos que recuerdan lejanamente a algunas composiciones de Manuel de Falla, confiriéndole un sabor más andaluz que madrileño.

12.- Deluxe, “El Cielo de Madrid”

Empezamos a tocar la popular ola indie que sacude la capital en estos tiempos. Deluxe (Xoel López para los amigos) compuso este tema con corte de cantautor que es incapaz de quedarse en los aspectos más poéticos de la capital, cayendo en la inevitable observación de los mendigos y demás miserias madrileñas.

11.- The Britannicas, “The Girl From Malasaña”

Volvemos a un grupo absolutamente desconocido con miembros de Suecia, Australia y los Estados Unidos. Una banda de indie-rock con un solo disco y, en él, una canción dedicada a alguna chica de uno de los barrios más emblemáticos de la marcha madrileña.

10.- Burning, “Chueca”

El rock urbano no pudo ser indiferente a nuestra ciudad y, aunque esta canción fue compuesta muchos años antes de que la plaza de Chueca fuera el epicentro de la movida gay, no solo de Madrid, sino de buena parte de Europa (hasta hace 20 años esta zona de Madrid estaba seriamente deprimida y nada tenía que ver con lo que es hoy), es un himno a la vida de barrio en el corazón de la capital.

9.- Ragdog, “La Puerta del Sol”

Podría decirse que Ragdog es una banda más de la oleada de pop-rock casi indie pero también adolescente que nos invade estos días. El caso es que a yo no los veo tan relacionados con Malditas Nereas, aunque sí que hacen canciones muy sencillas de escuchar. En su primer álbum incluyeron este tema sobre el centro más centro de nuestra ciudad.

8.- Esclarecidos, “En El Medio Del Retiro”

Otra canción que no hemos sido capaces de encontrar en Youtube es esta de Esclarecidos, una banda madrileña del final de los 80 y los 90. Hacían pop del que salió justo de las últimas coletazos de La Movida, aunque muy dulce, agradable, fácil de escuchar y bastante bien compuesto. Esta canción (yo no la conocía) ha envejecido extraordinariamente bien y, además, tiene una letra bastante bonita.

7.- Loquillo, “Cuando Vivías en la Castellana”

Empezamos a entrar en una zona de canciones y artistas indiscutiblemente ligados a la capital y, aunque José María Sáenz Beltrán nació en Barcelona (o sea, el Johnny Cash patrio, Loquillo), Madrid no le deja indiferente. Aquí tenemos un tema de rock clásico, maduro y lento ambientado en una de las zonas más nobles de la ciudad.

6.- Luigi Boccherini, “La Musica Notturna Delle Strade Di Madrid”

¿No pega? Es mi lista y me la follo como quiero. Luigi Boccherini fue un compositor del barroco musical nacido en Lucca (Italia) pero que pasó buena parte de su vida como músico y compositor de la corte de finales del S. XVIII. Son muchas las composiciones que se le encargaron sobre, por y para la Villa y Corte pero esta es, sin duda, la más conocida y una de las más bellas.

5.- Antonio Vega, “Pasa El Otoño”

Ya hemos dicho que Antonio Vega es uno de los poetas por excelencia de la capital, y esta su canción más claramente dedicada a la melancolía otoñal de sus calles. Su dulce deje de cantautor no se deja embaucar por el aburrimiento acústico y busca también el solo de guitarra y algo de electricidad para dar cuerpo al tema.

4.- Victor Manuel y Ana Belén, “La Puerta de Alcalá”

¿Algo que decir? Lo dudo. Puede que sea machacona y que no haya envejecido muy bien, pero igual que La Puerta de Alcalá, esta canción sigue ahí.

3.- Mecano, “Un Año Más”

En este blog no hablamos mucho de Mecano porque no nos molan demasiado, pero es imposible hacer una lista de canciones sobre la capital de España sin mencionar al mítico trío de pop. Además, Un Año Más no está tan mal. Por supuesto, reproduce todos los lugares comunes de la nochevieja, ya no solo madrileña sino de la española, por ser la madrileña la retransmitida por televisión a todo el país. Es una de las canciones de la banda que más se repiten año tras año y de las que mejor han envejecido.

2.- Radio Futura, “Enamorado De La Moda Juvenil”

Radio Futura emanan Barcelona en casi todos sus temas, pero hay uno (lamentablemente no el mejor, sino más bien uno de esos que ganan cuando vas muy borrracho) que no tiene más remedio que suceder en Madrid. De La Movida, el más conocido, etílico y popular homenaje a nuestra Puerta del Sol.

1.- Joaquín Sabina, “Yo Me Bajo En Atocha” y “Pongamos Que Hablo de Madrid”

Aunque nació en Baeza, Sabina es el poeta de Madrid. No hay más vuelta de hoja, te puede gustar mucho o poco, caer bien, mal o fatal. Pero Madrid es Sabina y Sabina es Madrid. Y hay dos canciones que a cualquier madrileño, más aún si está un poquito lejos de casa, le ponen los pelitos de punta.

Con su otoño Velázquez, con su Torre Picasso,
su santo y su torero, su Atleti, su Borbón,
sus gordas de Botero, sus hoteles de paso,
su taleguito de hash, sus abuelitos al sol.

Con su hoguera de nieve, su verbena y su duelo,
su dieciocho de julio, mi catorce de abril.
A mitad de camino entre el infierno y el cielo
yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid.

Personalmente no puedo negar que me gusta más la primera, pero que es más mítica la segunda. Ambas, sin ser yo muy de cantautores, me ponen los ojitos húmedos.

Y ahora es cuando toda preguntar: a parte de Shakira, Rosana y otras cosas así como muy populares que no pienso nombrar, ¿nos hemos dejado algo? Los comentarios están para hacer esta lista más rica, bonita y grande. Esperamos vuestra ayuda. Como siempre, os dejamos a vuestra disposición nuestras listas de Spotify y Youtube con las canciones.

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Versión / Original: Hurt

Publicado en 03 octubre 2012 por

Desde 1995, los depresivos, suicidas o abandonados por sus parejas tienen (tenemos) una canción fetiche: se trata de Hurt, una de las joyas que Nine Inch Nails regalaron al mundo desde su atalaya de rock industrial noventero. Mucha gente la describe como una de las canciones más tristes jamás escritas. No sé si llega a tanto, pero no cabe duda: la letra es demoledora, la soledad de la voz de Trent Reznor acariciándote primero y rasgándose cuando llega al You could have it all / My empire of dirt. A menudo Reznor la ha descrito como una de sus favoritas entre las canciones que ha escrito, y era cierre habitual de los conciertos de Nine Inch Nails.

Ya cuando este tema se lanzó (llegó al 8 en el billboard estadounidense) lo hizo en dos facetas. Por un lado, la que se publicó en The Downward Spiral, con las perfectas señas de identidad de NIN: sonido muy sucio, voz susurrante, casi sostenida por un hilo, tan tenue y silenciosa que la letra casi ni se escucha. La instrumentación forma parte perfecta de los gustos industriales, disonantes y hasta experimentales de la banda en aquél tiempo: con todo eso de fondo era difícil distinguir el doloroso trasfondo del tema.

Pero prácticamente a la vez (en el videoclip oficial, sin ir más lejos) se lanzó lo que se llamó una quiet version, que no es más que una versión en directo del tema, solo que con las extravagancias industriales de Reznor y compañía bastante dulcificadas, pero con las complejas inflexiones de la voz intactas. Fuera como fuere, el tema se dulcificaba notablemente, dando algo más de protagonismo a la voz y dejando escuchar la letra un poquito más desnuda y menos distorsionada.

Y en 2002 llega Johnny Cash, leyenda viva que, tras unos años haciendo, básicamente lo que le daba la gana con su serie de discos American, y le pide permiso a Trent Reznor para versionar Hurt. A pesar de lo mayúsculo del halago, Reznor duda. Hasta que ve el videoclip. Y mucho temo que poco más se puede decir: Johnny Cash fue un puto genio y Hurt su último gran éxito comercial (murió al año siguiente de grabarla). Definía Hurt como ‘La mejor canción antidroga que había oído nunca’. Cash no necesita nada para redescubrir el tema, ya de por si genial: una más que básica adaptación a su guitarra y su voz, ya anciana y mucho más quebradiza que el torrente que exhibía en su juventud. El dramatismo aumenta cuando pronuncia las dolorosas palabras The needle tears a hole / The old familiar stink: aunque no tuvieron que ver con drogas inyectables, Johnny Cash sufrió terribles problemas de adicción a las anfetaminas y los barbitúricos que estuvieron cerca de acabar con su carrera en los años 50 (esta etapa de su vida se retrata magistralmente en el biopic Walk The Line del que ya hablamos hace unos meses).

Hay más versiones de Hurt, todas ellas al rebufo de la de Johhny Cash. No merece la pena hablar de ellas. Poco más se puede decir sobre el tema que no diga la propia canción por si misma. Si acaso, cabe prestar atención a su videoclip, repleto de imágenes de juventud ya no solo de Johnny, sino de June Carter, su inseparable segunda esposa que falleció tres meses después de su grabación. El videoclip de Hurt constituye un epitafio perfecto para una pareja mítica, no solo de la historia del country o de la música estadounidense, sino para un par de leyendas del siglo XX como pocas las hubo.

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Mirage Rock: un azucarillo que se diluye rápidamente

Publicado en 24 septiembre 2012 por

Trato de encontrar motivos para ponerme el nuevo disco de Band Of Horses aparte de la pertinente reseña que quiero sacar sobre él en este blog. No puedo, me cuesta: sé que en cuanto publique este post, no me va a volver a apetecer ponérmelo. También tengo que aceptar una cosa: aunque no me disgusta el folk de Band Of Horses, tampoco soy una fan. Sí, su primer disco, Everything All The Time (2006), me pone los pelos de punta. Hay tres canciones en ese disco que me emocionan hasta la lágrima, tal vez con demasiada facilidad. Se trataba de una joyita corta y hermosa. Un buen trabajo, vaya. Pero ya el siguiente, Cease To Begin (2007) me resultó absolutamente intrascendente. De hecho, lo he escuchado muy poco. Con Infinite Arms (2010), retomé un poco el idilio, sobre todo con la segunda mitad del disco que crea, para mi, una atmósfera delicada, fina y dolorosa como el cristal, muy cercana a algunos de los paisajes del primer álbum.

Y ahora vuelven. Un par de añitos, tiempo suficiente, y un productor de muchísima solera para avalarlos: Glyn Johns, el típico productor al que acuden las bandas que quieren exhibir un sonido respetable (ha trabajado con todo el que ha sido alguien en los últimos 50 años, desde los Beatles y los Stones hasta Satriani). Y a mi me ha gustado poco tirando a nada lo que han traído bajo el brazo: Mirage Rock se queda, para mi, en una especie de pastiche que no es ni folk ni pop ni rock. Hay algunos momentos brillantes, no lo vamos a negar, porque estos chicos ya han demostrado ciertas dosis de talento. Pero lo cierto es que el disco es desigual y farragoso. Y un poquito cursi.

Y, para variar, da rabia, porque el disco arranca muy bien, muy fuerte: Knock Knock parece el tema de una banda que quiere desligarse totalmente del aura de dolorosa e incómoda tristeza que impregna la mayoría de sus discos. Me suena mucho a Mumford and Sons (normal, son dos grupos razonablemente parecidos), pero mucho más alegre, optimista y rockero. Pero claro, Knock Knock tiene mucho más rock que folk dentro. Es un buen tema de rock. Bastante bueno, de hecho, en el que el folk se reduce a la característica voz de Ben Bridwell. Pero todas esas buenas sensaciones se diluyen rápidamente con How To Live y Slow Cruel Hands Of Time: ambas canciones sencillamente aburridas, que bajan el ritmo y destrozan el subidón con el que empieza el álbum. Son folk que no es folk, un pop que también queda demasiado soso y ni siquiera consiguen llegar a través de la vía de la tristeza, que tan bien se les ha dado en otras ocasiones.

A Little Biblical es infantil y hasta sonrojante, intenta ser pegadiza y algo más alegre y queda en parodia. Ni chicha ni limoná, como se dice en mi pueblo. Afortunadamente, la cosa mejora un poco: Shut-In Tourist retoma bastante la esencia del Infinite Arms, hasta el punto de que podría encajar perfectamente en él (un pelín country de más, tal vez) y, aunque sin ser una canción emocionante, al menos no da vergüenza ni ganas de quitarla. Dumpster World es una canción algo más chapada a la antigua, de esas que te imaginas paseando realmente por los prados con un sobrero de cowboy y la hierba acariciándote los dedos: se apoya en la línea de bajo y la voz, un gran acierto tras la excesiva profusión de guitarras que ha habido hasta entonces. Pero, aún así, siendo una buena canción, tampoco pega excesivamente, y más aún cuando entran las guitarras eléctricas, que sobran completamente.

Y por fin, a la mitad, Electric Music va recuperando el ritmo del principio que no se debería haber perdido nunca: guitarritas, una melodía sin demasiada decoración pero un tema rockero y efectivo. El problema es que llega tarde y cuando ya te has creído que estás en un disco de puro folk en el que Knock Knock es una excepción. Desconcertante. Y con Everything’s Gonna Be Undone volvemos al bajón: canción muy íntima y muy muy folk. Bonita, de nuevo sin emocionar, pero al menos otra canción que se puede salvar raspadamente. Pero claro, es que no tiene mucho que ver con la anterior. Y es que con Feud vuelve el rock, la batería potente y, de nuevo, los ritmos que encajarían bien en los primeros compases de su anterior disco. A estas alturas, aunque la canción sea decente (pero sin la calidad de los discos anteriores) yo ya no entiendo nada. Ni me interesa, ni me engancha, ni se me queda la melodía, ni nada de nada.

El final, de nuevo soporífero. Heartbreak on the 101 podría estar firmada perfectamente por los Mumford and Sons de nuevo, aunque esta canción es mucho más sosa, apagada y carente de interés que las de aquéllos. De modo que nos encontramos con un disco que, sin ser rematadamente malo, no tiene ni una sola canción en el registro de folk que me enganche. En el registro rockero, no obstante, la cosa mejora. Pero claro, es que la mezcla hace que ambas facetas parezcan descartes de dos discos inacabados y todo quede bastante inconexo. Entre eso y la falta de interés, como digo, no me quedan muchas ganas de volver a escuchar Mirage Rock. Por cierto. Rock… poco.

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Versión / Original: A Case Of You

Publicado en 18 septiembre 2012 por

Era 1971, la canadiense Joni Mitchell hacía folk y dentro de la joyita que era su álbum Blue, había un diamante que brillaba un poco más: A Case Of You. La canción carecía de adornos: no los necesitaba. Tan solo una guitarra con el sonido cortado y ligeramente ahogado y la aguda voz de Joni Mitchell. Y una letra triste. Tan triste como pocas. Aunque la canción se interpretaba con un aire rápido (hasta sorprendente, para su trágico carácter), su letra te deja hecho trizas.

I remember that time you told me, you said,
“Love is touching souls”
Surely you touched mine
‘Cause part of you pours out of me
In these lines from time to time

A Case Of You se convirtió en la canción más conocida de la carrera de Joni Mitchell, y aún hoy aparece en bandas sonoras de vez en cuando. Obviamente, las versiones no la han dejado tranquila. Aunque si algo me llama la atención es que la mayoría de éstas se concentran en los últimos 10 años, en lugar de los inmediatamente posteriores a la publicación del tema. Tal vez sea también por eso que la mayoría despojen a A Case Of You de todos sus atributos folkies y la acerquen a arreglos más jazzísticos.

Me atrevo a apuntar a una culpable obvia para esta mutación: la, también canadiense, Diana Krall. Y sí, amigos, aunque ahora de la impresión de que la rubia más rubia del jazz esté un poquito acabada (ay, lo que me duele escribir esto); hubo una época en la que la Krall daba conciertos interminables y apasionados. Algunos daban hasta para disco y DVD, como fue el Live In Paris que publicó en 2002, cuando estaba en la cresta de la ola (por cierto, un disco que le puede encantar a cualquiera, aunque no tenga ni el más mínimo conocimiento sobre jazz). Y es que la Krall llevaba ya tiempo terminando sus conciertos con una versión de A Case Of You que la sentaba a ella sola delante de su piano que te quitaba el hipo y, casi, las ganas de vivir.

El tema cambiaba completamente, aunque tampoco se convertía a A Case Of You en un tema de jazz puro: sencillamente la Krall la adaptaba al piano y la cantaba (cuando todavía parecía que le apetecía cantar por algo que no fuera dinero) de la única forma posible que ella sabía por aquél entonces. De la única manera que debería cantarse ese

Oh, you’re in my blood like holy wine
You taste so bitter and so sweet
Oh I could drink a case of you, darling
And I would still be on my feet
Oh I would still be on my feet

Es decir, como si te estuvieran arrancando cada palabra de lo más profundo de tu ser. Como si te estuvieras haciendo un corte en la piel por cada frase que pronuncies. El minuto largo de aplausos que recibe la Krall en el vídeo deja bien claro que poco más hay que decir: sus admiradores esperábamos este tema en sus conciertos como uno de los más espectaculares. También es de las pocas canciones en las que Diana Krall no necesitaba apoyarse en su extraordinaria banda para brillar: como al principio, solo ella y el piano. La versión no tiene absolutamente nada que ver con la original. En mi opinión la mejora: capta perfectamente su desgarradora esencia y la explota al máximo con esa voz que parece que te acaricia cada vez que suena. Anda que no he lloriqueado yo veces en mi cuarto escuchando el A Case Of You de Diana Krall…

http://www.youtube.com/watch?v=crVITmOVZj0

Después de esto, da la impresión de que la canción se volvió a poner de moda: Prince la reinterpretó en 2004 para un disco tributo a Joni Mitchel en un claro ejemplo de seguidismo de lo que la Krall ya llevaba unos años haciendo; aunque con las pinceladas de genialidad de Prince. La suya es también una versión en la que el piano es el protagonista, pero los agudos coros y la apagada percusión también juegan un novedoso papel. Prince puro, hace que la canción parezca un tema de bar algo sórdido de algún momento entre los 80 y los 90. No me queda claro si la versión me gusta porque, aunque tiene los arreglos del piano mucho más trabajados (y efectistas) que los de la Krall, también suena demasiado pastelosa (y eso que la de la Krall ya lo es de por sí) y, por momentos, paródica.

Curiosamente me he encontrado que la versión más conocida ahora mismo es la que James Blake publicó el año pasado. He de aceptar que la primera vez que la oí pensé que era de Antony and the Johnsons. No puedo negar que es un cover que reproduce, por un lado, la adaptación al piano que hizo Diana Krall; pero que intenta imitar, con arreglos adecuados para la suya propia, la voz de Joni Mitchell. El resultado se me hace curioso pero poco emocionante, porque esa agudísima voz, llena de quiebros y gorgoritos me saca constantemente del dramatismo de la letra.

Para acabar, y remarcar la influencia de la versión que Diana Krall hizo de A Case Of You a principios de la década pasada, hago un pequeño apunte sobre la versión que KD Lang (ojo, otra cantautora canadiense) incluyó en su noveno álbum, Hymns Of The 49th Parallel (2004). A pesar de ser KD Lang una de las artistas más folkies y countries que se han acercado a esta canción; lo hizo imitando sistemáticamente la versión de la Krall, obviando por completo todas y cada una de las versiones acústicas de la Mitchell. No obstante, la versión de Lang se queda en eso: imitación con una voz mucho más dulce pero también menos emocionante que la de la Krall.

Lo dicho: una canción no apta para la semana posterior a la que nos haya dejado la pareja y una buena excusa para desenterrar dos discos extraordinarios: Blue, de Joni Mitchel; y el Live in Paris de Diana Krall. Puedes disfrutar de las cinco versiones de las que hemos hablado hoy del tirón en la lista de Youtube que hemos creado con ellas.

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Brandi Carlile se atasca con Bear Creek

Publicado en 12 junio 2012 por

Hacía ya tres años que una de las cantautoras mejor dotadas, tanto en lo que a voz como a calidad de sus composiciones se refiere, no sacaba material nuevo. Y la verdad es que aquel Give Up The Ghost (2009) fue incapaz de llegar a la altura de ninguno de sus dos antecesores, el íntimo, descarnado y juvenil Brandi Carlile (2005) y el mega éxito rotundo (en parte gracias a Grey’s Anatomy…) de The Story (2007). Lamentablemente, parece que la tendencia de la calidad no consigue remontar, y Bear Creek (2012) parece completamente intrascendente en comparación con aquellos dos primeros trabajos.

Ojo, he de confesar que esta artista me gusta mucho (hasta el punto de que llegué a comerme con patatas una entrada para un concierto que iba a dar en Berlin hace un par de años como parte de una gira europea que acabó cancelando). He machacado The Story hasta la saciedad (recomiendo esuchcarlo a cualquiera, pero evitando hacerlo en un mal día, es un disco muy bueno, pero muy triste) e incluso salvo unos cuantos temas de Give Up The Ghost (puede que el disco no fuera ninguna maravilla, pero los delicados acordes y la dura letra de That Year me cautivaron hace años). Pero ya me he escuchado unas cuantas veces Bear Creek y me cuesta. Por no decir que no hay por dónde cogerlo.

Puede que Bear Creek no tenga canciones puntuales tan machaconas y desesperantes como Give Up The Ghost (no soporto Caroline, por ejemplo), pero tampoco encuentro ningún tema con fuerza, capaz de destacar entre los 13 del disco. El single, That Wasn’t Me, no me gusta, pero define muy bien el disco: algo entre el Let It Be, Someone Like You y las baladas más vergonzosas de Elton John. ¿Por qué? Brandi Carlile había demostrado que podía desarrollar cosas propias tanto en el género del country como en el del rock, no entiendo por qué se tiene que poner a fusilar cosas ahora tan claramente y, sobre todo, por qué fusilar cosas tan manoseadas ya.

Me gusta bastante el no-single, Keep Your Heart Young, que rondaba por internet desde bastante antes de que saliera el disco. Tal vez porque sea una de las pocas no deprimentes (y es que en esta ocasión las canciones deprimentes de Brandi no entran en sintonía para nada conmigo, no porque esté feliz, sino porque no son tan buenas): animada, bien enmarcada en un género (el country) que se le da muy bien, muy pegadiza y explotando bien la voz de la intérprete.

El disco tiene momentos de bipolaridad. Tan pronto intenta parecerse a Adele (¿por qué, por Dios, por qué lo haces?), tan pronto vuelve a las referencias más clásicas del country como le entran arrebatos de rock (esta bipolaridad estaba ya en The Story, pero mucho mejor traída). Es en estos últimos casos donde, en mi opinión, Bear Creek sí que destaca: I’ll Still Be There sí que es una canción marca de la casa, con emoción y algo de gancho. Aceptémoslo, trata de fusilarse a si misma con esta (vengaaaaaa que se parece demasiado a The Story como para no darse cuenta), pero con los arreglos eléctricos funciona muy bien. Nunca entenderé por qué esta chica no se acerca un poquito más al rock (aunque sea blandito) en plan Melissa Etheridge y deja un poquito más de lado el rollito de country romanticón de las Indigo Girls.

Los gemelos Hanseroth, fieles escuderos y siempre presentes en sus discos

Y bueno, puede que el problema para mi sea ese, que el disco es demasiado country. Pero no lo creo, su primer disco sí que era muy country y me encanta. Lo que pasa es que era más sorprendente, las melodías eran más inesperadas. Aquí todo apesta mucho a… Elton John y las Indigo Girls, que son cosas que estando bien, ya hemos oído muchísimas veces. Está bien que una tenga referentes en la vida, pero también hay que evolucionar un poquito e incluso escuchar cosas nuevas. El caso es que la mayoría de los temas, sin ser malos, no consiguen transmitir las sensaciones sinceras de los anteriores discos de Brandi Carlile, y me temo que eso es lo que no me gusta: no veo ni auténtica tristeza ni auténtica alegría en casi ninguno de ellos. No me creo que ella se sienta así, y eso es importante, porque si por algo se caracteriza Brandie Carlile es por su extraordinaria capacidad para describir y transmitir sentimientos muy intensos.

Esto no significa que me deje de gustar Brandi Carlile: un tropiezo en el camino lo tiene cualquiera. Puede que es que yo espere demasiado de ella. En cualquier caso, a ver si en esta ocasión organiza una gira europea que no cancele y puedo verla en directo, que muchas personas me hablan maravillas de ello.

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Walk The Line: una forma más de conocer a Johnny Cash

Publicado en 22 marzo 2012 por

Johnny Cash y su esposa, June Carter

Joaquin Phoenix y Reese Witherspoon caracterizados como Cash y Carter, reproduciendo una fe las imágenes más míticas de éstos.

Como tantas personas de mi generación, fue la reinvención del Hurt de Nine Inch Nails que llevó a cabo Johnny Cash lo que me llevó a entrar en contacto con dicho personaje. Hay a quien no le gusta un pelo esto de que las nuevas generaciones hayamos conocido a Cash a través de las versiones que hizo de ciertos temas de Depeche Mode o U2, pero a mi siempre me ha parecido una muestra más de la versatilidad e inteligencia de la que siempre hizo gala este genio estadounidense. Una labor parecida cumplió la película que nos ocupa hoy, Walk The Line (2005), traducida en España como En La Cuerda Floja, inspirada en la autobiografía que escribió el propio Cash.

La he traído al blog porque me parece interesante para acercarse a la vida del mítico cantante y guitarrista country y porque ayuda a disfrutar, más si cabe, de las composiciones de sus primeros años de éxito. Quien ya conozca la música de Cash encontrará interesante esta recreacción de su existencia y, quien todavía no esté empapado de su country, no tardará en hacerlo tras ver el film.

Si hay una parte especialmente bella son los 40 primeros minutos de metraje, que abarcan la infancia y primera juventud de Cash. Es en estos momentos donde se configura al personaje, marcado por la pobreza de su familia, un padre correoso como el esparto, la omnipresente y silenciosa presencia de su madre y sus himnos religiosos, que fueron la primera música con la que el pequeño John tuvo contacto. Aquí es donde tiene lugar el suceso en torno al cual orbita toda la historia: la muerte de su adorado hermano mayor. Estos minutos se enmarcan entre cuidados planos de la plomiza y algodonosa Arkansas en la que nació Cash. La escena de los dos hermanos correteando entre los campos de su padre para ir a pescar es especialmente tierna y el resto del film se encuentra lleno de referencias a cosas que suceden en esta etapa.

Cash y Carter actuando juntos

Una elipsis nos muestra a Cash ya veinteañero, partiendo a Alemania como parte de su servicio militar en la Fuerza Aérea. Esta parte abarca unos 10 minutos en la película pero es crucial: el joven John compra su primera guitarra para luchar contra su soledad. Los planos en los que compone Cry Cry Cry son íntimos y hacen al espectador sentirse parte de la canción. Es también entonces cuando, a pesar de no haber pisado una prisión en su vida, Cash empieza a sentirse fascinado por el mundo carcelario. Aunque hay algunas escenas más relacionadas con la creación de temas en los minutos siguientes, cuando Cash empieza a juntar a su banda (unos mecánicos que apenas saben tocar), o el momento en el que decide vestir de negro, pero ninguna es tan intensa como la anterior.

Desde que Cash graba su primer disco, el resto de la película es sencillamente una historia de amor. Eso no es ni bueno ni malo, solamente digo que a partir de ese momento la faceta creativa y el músico quedan en un plano muy alejado con respecto al del hombre que se enamora perdidamente de June Carter, el ídolo de su infancia, cuyas canciones escuchaba con su hermano; y del niño vencido por el éxito que, ante su vacía vida fuera de los escenarios, cae sin remedio en las drogas. Las escenas bucólicas sobre la creación artística dan paso a una interminable lista de mimetizaciones de conciertos y actuaciones del Cash, su banda y June Carter. Esta parte, aunque está lograda y uno se siente casi como si estuviera viendo al propio Cash, se puede volver algo repetitiva.

Una de las numerosas escenas de Walk The Line en las que se reproducen los conciertos de Johnny Cash y June Carter

Uno se siente realmente parte de la historia porque quienes te la están vendiendo rezuman amor y respeto por los personajes. La espiral de drogas en la que se sume Cash y la complicada historia de amor emocionan verdaderamente, a pesar de que sepamos que Johnny murió de viejo tan solo 4 meses después de que su amada June falleciera.

El colofón de la historia viene cuando, en un intento de enmendar el mal que ha infringido a sus seres queridos, Cash decide tocar en una de esas cárceles a las que tanto recurre en su música. La escena en la que el cantante se va reconstruyendo a sí mismo a medida que lee las cartas de admiración que le envían varios presidiarios me puso los pelos de punta. La historia ya la sabemos: el concierto en la Cárcel de San Quintín pasó a la Historia y convirtió a Cash en una leyenda. Este es el segundo punto sobre el cual se asienta la historia y está emocionantemente reproducido.

En resumen, una hermosa película que puede entenderse como sentido homenaje al matrimonio Cash, que falleció un año antes de que ésta se estrenara. Muy recomendable para fans del country a los que no les importe que Phoenix se empeñara en cantar las canciones él mismo (en realidad tiene bastante mérito) y para cualquiera que no conozca la música de Johnny Cash. Recomiendo encarecidamente verla en versión original para apreciar correctamente el esfuerzo vocale de Joaquin Phoenix: cada vez que dice lo de Hi, I’m Johnny Cash se ponen un poquito los pelos de punta.

 

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