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Miss Caffeina y el mal de la juventud

Publicado en 20 mayo 2013 por

Se trataba de un evento algo especial: la de ayer por la tarde era la segunda fecha que Miss Caffeina tenían en la Joy Eslava de Madrid para presentar su segundo LP, De Polvo y Flores. Pero no era un concierto completamente normal porque se trataba de un evento en el que expresamente podían entrar menores de 18 años puesto que no se vendía alcohol. Una iniciativa no solo loable, sino que completamente lógica: es bastante injusto que los adolescentes se queden sin poder ver a sus nuevos ídolos del pop nacional, de modo que, con esta solución, todos contentos. El caso es que este factor, el de la clara juventud de gran parte de la audiencia, debería haber servido para lo contrario de lo que sirvió: ser una masa alocada, histérica y hasta divertida de gente que pusiera la Joy Eslava de Madrid patas arriba.

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Yo a Miss Caffeina ya vi en directo hace algo menos de dos años en un Sonorama. Recuerdo haber escuchado por encima su primer LP y haber pensado que esos chicos tenían bastante gracia y que podían dar un concierto la mar de animado. En aquel momento me pareció que tenían un directo bastante soso que no hacía justicia a la potencia que exhibían muchos de sus temas en estudio. Lo achaqué a la juventud y a que pensé que por aquél entonces estaban todavía un poco verdes. Hace unos meses publicaron su segundo LP y lo escuché con sorpresa, descubriendo que un pop desenfadado y juvenil bien armado, muy potente y con un enorme potencial para el directo. De manera que, si bien no me esperaba el concierto de mi vida ayer por la tarde, sí que esperaba un buen subidón de adrenalina. Bueno. Pues no.

En primer lugar hay que decir que el público estaba muy apagado. Me resisto a creer que tuviera que ver con que no se sirviera cerveza en el local, pero la verdad es que durante los primeros compases del concierto yo estuve en las primeras filas de la pista y, la verdad, es que me lo había esperado muchísimo más agitado. Y para continuar, pues se juntaron el hambre con las ganas de comer: además del público casi silencioso y tirando a inmóvil, Miss Caffeina saltaron al escenario más o menos con la misma actitud que el público, y se mantuvieron así, con algunos picos puntuales, hasta los bises. Lamentablemente tengo que decir que la impresión que me quedó de ellos hace dos años era completamente cierta: la cara que mostraron ayer, al menos, era la de una banda de cinco personas que tocan sin hacerse demasiado caso las unas a las otras, como si fueran cinco monigotes puestos encima del escenario haciendo cada uno un poco lo que le viene en gana. Incapaces de generar cualquier tipo de atmósfera entre ellos, era imposible esperar que llegaran a desarrollar una conexión eficaz con el público.

miss_caffeina_joy_eslava02Si a este problema, que mucho me temo que es inherente a la banda y que ya estaba presente la primera vez que los vi; le sumamos el hecho de la desgana manifiesta con la que Alberto se subió al escenario para cantar los temas, tenemos un cóctel letal de tedio. Y es que no lo digo yo: revisen las fotos del concierto en nuestro Flickr o, sin ir más lejos, la que acompaña a este párrafo. En todas ellas se aprecia una desgana y un desinterés por la actuación por parte del líder de la banda. Y claro, así no hay manera. No sé si por culpa de los sets de luces que había por el suelo del escenario (bastante inútiles, por cierto), pero lo cierto es que sobre las tablas no se movía nadie más de 10 centímetros. El concierto nos lo estaba cantando una estatua de sal con un cacho de la cara pintado de negro en un alarde de divismo un poco desquiciante (¿se cree este chico acaso que se parece en algo a Michael Stipe?).

Y claro, con esta actitud había muy poquito que rascar: poco importa que Mecánica Espiral o Gigantes sean temas tan divertidos como poderosos. Si se interpretan con tedio, como si se tuviera horchata en las venas, no funcionan absolutamente nada. A la quinta canción Alberto se quejaba de lo silencioso que estaba el público: normal, hijo, si pasas de todas y cada una de las personas que están en la sala, si no conectas con ellas, si no las arengas, si no te mueves, si no transmites ni media mierda, pues la gente ni va a saltar ni a cantar ni a bailar. Más de media hora les costó hacer que la gente empezara a corear algunos de los temas. En algunos momentos Sergio, el guitarra, sí que trataba de hacer gestos que animaran o al menos moviera un poco al público.

miss_caffeina_joy_eslava03La cosa solamente se animó un poco cuando Zahara subió al escenario a interpretar Luciérnaga, tema compuesto por ella pero que aparece en De Polvo Y Flores; aunque no porque ella sea especialmente graciosa sino por el mero hecho de introducir una novedad en un escenario vacío por completo de ganas y energía. A ello le siguió la colaboración del habitual de grupos de corte adolescente, Ruben Pozo, que no tuvo problema en no dar ni una sola nota en su sitio en los cuatro versos que le tocó cantar de Venimos. En serio, si hubieran planeado hacerlo mal, no les habría salido una intervención tan cutre. Aunque bueno, de no cantar especialmente bien ya nos había dado algunas lecciones Alberto en los 50 minutos anteriores…

Finalmente lo único salvable del concierto fueron los 4 temas que conformaron los bises (por cierto, quedarse afinando una guitarra cuando dices que te vas ya es como que el colmo de la chorrada), en los que destacaría especialmente la sorprendente intensidad de En Modo Avión que por fin hizo sonar al grupo un poco como yo me había esperado verlos: eléctricos, limpios, emocionados y entregados. Con Hielo T y Disfraces, que son dos canciones de extraordinaria pegada, también supieron armar cierta ilusión de que les importaba algo lo que estaban haciendo. Fue ahí cuando el público pudo ponerse a saltar con ganas aunque, por otro lado, habría que ser muy cafre para no hacerlo bien con estos temas que acabo de mencionar porque, como he dicho, son bastante buenos. En resumen, leo que el concierto del sábado por la noche fue bastante bueno. No sé cómo de cierto es eso, pero el de ayer no lo fue. No tengo más que decir. Como siempre, cerramos el post con una galería de las fotos que sacamos anoche en la Joy, que también podéis disfrutar en nuestro Flickr.

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Pequeñas dosis de belleza en el Fotomatón

Publicado en 19 mayo 2013 por

En una noche en la que parece que lo único que pasaba en este mundo era el festival de Eurovision, unas pocas decenas de personas nos reunimos en el Fotomatón de Madrid para presenciar una actuación íntima y sencilla, pero no por ello poco relevante o menos conmovedora. Los protagonistas eran Casa Celia, el nuevo y delicioso proyecto del batería de Manos de Topo; y el belga afincado en Barcelona Lieven Scheerlinck, que se hace llamar A Singer Of Songs. Ambas intervenciones fueron de enorme calidad, de modo que daba todavía más pena ver la sala medio vacía.

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Para empezar, Casa Celia, que estuvieron sobre el el escenario una media hora y presentaron con teclado y guitarra un catálogo de canciones dulces, muy íntimas y enternecedoras. Todo lo contrario, la verdad, al trabajo que desarrolla el 50% del grupo, Rafa de los Arcos, a las baquetas de Manos de Topo. Según Rafa, el de anoche fue el tercer concierto de la carrera del grupo. Probablemente por lo poco que me atrae el popular y psicodélico grupo barcelonés quedé gratamente sorprendida por la tierna sinceridad de las letras que Casa Celia interpretó anoche. Además, lo reducido de la audiencia facilitó que los integrantes del grupo se soltaran un poco y acabó siendo una actuación la mar de divertida, con explicaciones realmente curiosas sobre los temas que trata cada canción y risas cómplices entre la audiencia.

Para cuando A Singer Of Songs se subió al escenario la sala ya estaba un poquito más llena. Eran las 11 de la noche, supongo que el país se encontraba en un éxtasis eurovisionario, y Lieven desplegó la cálida manta de sus canciones sobre los que nos encontrábamos en el Fotomatón. A pesar de que los discos de Lieven son todos muy íntimos, con atmósferas delicadas y pasajes de introspección reflexivas, el set que ofreció a noche fue de todo menos aburrido o triste. Lo cierto es que Lieven se define como un chico muy tímido, pero no le costó hacernos reír a todos desde el primer instante del concierto con sus acertadas intervenciones.

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Sobre la música, pues lo que cabe esperar de un cantautor bien formado y con tablas ya sobre el escenario: aunque se presentaba su último trabajo de estudio, There Is A Home For You, el setlist contuvo desde temas de su primer disco hasta alguna canción que, según Lieven, había sido compuesta hacía una semana. Muchos temas, eso sí, vitales y optimistas, llevando esta filosofía hasta los extremos de versionar La Vida Es Un Carnaval de Celia Cruz con extraordinario acierto, mezclando a la perfección el colorista tema con la vocación de cantautor de espacios íntimos que había estado desplegando hasta entonces.

Fueron finalmente 60 minutos de complicidad con el público, bromas, colaboraciones con Ana de Coffe & Wine, que subió a cantar un par de veces; pero sobre todo de canciones muy bellas, de paisajes cálidos y relajantes y de una extraña sensación de paz y bienestar surgida claramente de la guitarra y la voz de Lieven; con algún giro inesperado pero en absoluto estridente ni fuera de lugar como una canción interpretada por completo con un megáfono que, hay que decir, sonó genial, sin acoplarse ni estropear el momento. Un artista sin duda a destacar en este país en el que lo que están de moda son los golpes de emociones efectistas pero vacías a lo Love Of Lesbian o de las percusiones rimbombantes para cubrir letras sinsentido de Vetusta Morla. Un cambio de registro más que necesario para unos oídos que están cansados de escuchar siempre lo mismo. Esperamos volver a verle pronto por nuestra ciudad. Puedes pasarte por nuestro Flickr para ver algunas imágenes de la noche.

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Y El Sol se llenó de arena

Publicado en 12 mayo 2013 por

Hace ya algo más de dos años de que yo viera a The Bright por primera vez, interpretando las deliciosas canciones de su primer disco en el escenario de la sesión matinal de una edición de La Radio Encendida. Subieron al escenario en medio de una especie de ataque de pánico, se les notaban los nervios y la incredulidad ante todo lo que les estaban sucediendo. Desde entonces los he visto varias veces (porque me gustan mucho) y cada una han crecido con respecto a la anterior. Y la verdad es que es un gusto ver a una banda evolucionar, cumplir las expectativas que habías depositado en ellos y, pronto, superarlas ampliamente, como hicieron anoche en El Sol de Madrid.

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Teloneados brevemente por PLV HAVOC, cantautor altamente despeinado que amenizó con sus tortuosos versos, completamente en la onda del Nacho Vegas más eléctrico. Deprimente, austero y con unas interpelaciones un poco extrañas, al menos su intervención sirvió para que la sala se fuera llenando durante 20 minutos. Muy rápidamente se subieron los leoneses al escenario, sin que El Sol estuviera completamente lleno, pero con un nutrido número de gruppies en las primeras filas (van aumentando de un concierto a otro). En ese momento el mundo pareció cambiar, el suelo de la sala pareció llenarse de arena y sonó Estados.

O mucho cambian las cosas o Estados tiene casi todas las papeletas para ser uno de los discos nacionales del año, eso ya ha quedado patente en las últimas semanas. Pero es que aún esperándome un concierto notable, estos 5 me rompieron todos los esquemas. Los temas de Estados sonaron, todos sin excepción, brillantes. Fui al concierto con alguien que nunca había oído los discos de The Bright y al tercer tema ya me estaba diciendo que menudo conciertazo. Y es que no era para menos: sin necesidad de aspavientos, sin que diera la impresión de que se estaban dejando la vida en el escenario, los temas fluían potentes, con la voz de Miryam sólida y segura pero, a la vez, muy dulce; y los frenéticos guitarrazos de Aníbal convirtiendo el folk en rock y transmitiendo una sensación de calidez impresionante.

En el arranque, con Ela, Donde Todo Es Luz y el Jolene de Dolly Parton que tantas alegrías les está dando puso de manifiesto que había amplios sectores del público que se sabían todos los temas. Al resto rápidamente se los habían metido en el bolsillo. Tal vez un poco sorprendente, eso sí, el reducido número de temas de su primer disco que interpretaron del que, no estando tan alejado en el tiempo (hace ahora dos años que se publicó), se quedaron en el tintero temas tan bellos y coreados pos el público como Odd Towns. Pero bueno, si el objetivo era presentar Estados, quedó cumplido con creces porque, como digo, todas sus canciones sonaron poderosamente eléctricas pero sin perder el arenoso sabor de folk del desierto que invade el disco.

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Muy destacables sonaron también De Los Que Pueden Dormir y Lo Fundamental, así como los solos de guitarra de los temas más íntimos como Your Private Garden. Como no podía ser de otro modo, hubo un tema de Neil Young en el repertorio (Aníbal llegó a decir que nunca ha dado un concierto en el que no incluya uno), Cinnamon Girl, que sirvió de poderoso y eléctrico cierre para una actuación que deja clara una cosa: lo más probable es que cuando vuelva a ver a The Bright en directo, lo hagan todavía mejor que en esta ocasión. Así parece ser siempre.

El concierto fue retransmitido en directo por AgoraMusic y puedes verlo desde su canal de Youtube, por si te apetece revivirlo o tuviste la mala suerte de perdértelo. Os dejamos también con una pequeña galería con las fotos que sacamos durante el concierto.

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Entrevistamos a The Bright

Publicado en 10 mayo 2013 por y

Desde que tenemos este blog en marcha no hemos ocultado nuestra predilección por la banda leonesa The Bright, que publicaron su segundo trabajo, Estados, el mes pasado con gran éxito de crítica y público. Mañana es el gran día: mañana Estados se presenta en la Sala El Sol de Madrid, el segundo concierto de la gira de presentación del disco tras el que ofrecieron la semana pasada en su ciudad natal. Obviamente, nosotros estaremos allí para verlos pero antes nos han dejado hacerles unas preguntitas sobre este nuevo disco y algunos otros aspectos de su música. Sin más dilación, os dejamos con ellas.

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Pregunta: ¿En qué parte de la historia se conectan Arizona y la Plaza de Guzmán? ¿Qué caminos habéis seguido para llegar a un sonido tan característico y poco común en nuestro país? ¿Estas influencias musicales os vienen de casa o habéis entrado en contacto con ellas en algún otro momento y/o lugar?

Respuesta: La música que hacemos es el reflejo de un desarrollo que dura muchos años. Cuando te enfrentas a la labor de componer creemos que es importante meterte con estilos que has mamado durante mucho tiempo, es como habar en un lenguaje que dominas de verdad, siempre te podrás expresar mejor. Aunque nuestro abanico es más amplio de lo que pueda parecer a primera vista, por lo que no se pueden descartar sorpresas en un futuro.

P: Aunque no es una relación directa ni demostrable más que por tendencias y casos concretos, suelo fijarme en las procedencias de los grupos y la música que hacen. La pausa de vuestro anterior disco me cuadraba mejor con alguien acostumbrado a los rigores del clima leonés, pero Estados es mucho más cálido, como suelo decir, suena a arena del desierto. ¿A qué se ha debido esta inclinación? ¿hay algo de cierto en esta metáfora climática?

R: Pues es posible que sí, aunque a decir verdad no ha sido una metáfora intencionada. Quizás la grabación del disco ha sido esta vez un intento de escapar del frío, pero también de huir de los clichés. Hay sonidos más cálidos y desérticos, es cierto, sobre todo creemos que los pasajes de guitarra slide aportan mucho al respecto. Pero lo importante es lo que la escucha de los temas pueda inspirar o sugerir al oyente, la capacidad de evocar siempre es positiva.

56006_description_brightP: Aunque en los últimos tiempos se nota cierta querencia entre el público nacional por el estilo de música que hacéis, sigue siendo una onda mucho más preciada en el extranjero. ¿No creéis que haber cambiado al castellano puede ser un hándicap? Me viene a la cabeza el éxito internacional que una vez tuvieron gente como Migala.

R: Aquí tenemos que ser muy sinceros: si basas la elección de tu estilo, de tu idioma o de cualquier aspecto de tu música en las posibilidades de éxito que pueda llegar a tener, lo más seguro es que acabes engendrando una enorme mierda. El primer disco surgió en inglés porque lo sentimos así en ese momento, y éste es en castellano por la misma razón. Y a partir de ahí, quien quiera escucharlo será bienvenido, pero siempre tendremos la convicción de que la verdadera forma de llegar al público, del país que sea, es creer realmente en lo que haces.

P: Por otro lado, está claro que con Estados estáis catando las mieles del éxito, tanto entre la crítica como con el público. El cambio al castellano sin duda debe haber contribuido en alguna medida a esto pero ¿qué otros factores creéis que están haciendo que Estados funcione tan bien? ¿Habéis cambiado en algo el proceso creativo con respecto a Sountrack For A Winter’s Tale?

R: Hay muchas diferencias, aunque la fundamental es que este disco se ha hecho con mucha más calma, sobre todo el proceso compositivo, ya que hemos tenido mucho tiempo antes de meternos en el estudio y quizás eso se ha notado. También tocamos con más seguridad, hemos dado más conciertos en los últimos meses que en 10 años en León, y todo eso se acaba transmitiendo a la hora de pegarle fuerte a la guitarra.

P: Últimamente se os ve muy activos en las redes sociales: habéis abierto un blog contando las experiencias que vais viviendo con el nuevo disco, subís muchas fotos a Instagram… ¿Os gusta toda esta historia? ¿Os aporta algo? A mi personalmente me gusta mucho ver las fotos de los lugares por dónde pasáis habitualmente porque siento que conecto mejor con los paisajes que dibujáis en el disco. ¿Son ese tipo de cosas las que pretendéis?

R: Siempre nos ha gustado aprovechar al máximo lo que nos ofrecen las redes sociales.Sobre todo estamos muy enganchados a Instagram, aunque intentamos estar activos en todas. Y el blog no deja de ser nuestro diarío de viaje, nos parece muy bonito estar en contacto con el público, y creemos que la visión en conjunto de todo ello puede hacer que se entienda mejor nuestra sensibilidad.

the_bright_siroco02P: Para saciar curiosidades personales: un par de discos nacionales y extranjeros que últimamente se estén quemando en vuestros reproductores.

R: Nacionales: There’s A Man With A Gun Over There de Niño y Pistola, y Guadalupe Plata el último de Guadalupe Plata.

Internacionales: The Next Day de David Bowie y Push The Sky Away de Nick Cave & The Bad Seeds.

P: Vuestra carrera lleva un ritmo imparable desde hace muy poco tiempo. ¿Cuál es la mayor alegría que os ha generado tanta actividad? ¿y disgusto?

R: La mayor alegría es la suma de todos los pequeños momentos, sobre todo los que compartimos con la banda. Y el mayor disgusto esperemos que esté por llegar. La verdad es sí que hemos pasado por un momento muy duro, justo cuando empezábamos con The Bright, pero es lo suficientemente desagradable para que no queramos hablar de ello.

Bueno, pues lo dicho: mañana en El Sol de Madrid. Os dejamos con la reciente intervención de los leoneses en Los Conciertos de Radio 3 para ir abriendo boca.

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Texas presentan The Conversation en Madrid

Publicado en 01 mayo 2013 por

Tras más de 7 años de silencio, el lanzamiento del octavo disco de estudio de Texas, The Conversation, está cada vez más cerca (será el 20 de mayo). Por lo que sabemos de él, se tratará de un álbum repleto de sonidos folkies y countrys, aunque siempre con el característico toque pop de la banda escocesa. Y como parte de la promoción, una pequeña parte del grupo (Sharleen Spiteri y Tony McGovern) vinieron a Madrid para presentar alguno de los nuevos temas y su nuevo sonido. Ello tuvo lugar este pasado lunes 29 por la tarde, en un céntrico hotel de la capital, en el que dos quintos de Texas interpretaron un pequeño set acústico de seis canciones, todo ello organizado por la cadena de radio M80 (sí, yo tampoco tenía del todo claro que siguieran existiendo).

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Sorprendentemente, solo hubo dos temas nuevos en la lista de canciones interpretadas: fueron el single, The Conversation, que ya tiene hasta videoclip oficial; y Dry Your Eyes, que ya había sido interpretada en anteriores ocasiones y es bastante sencillo encontrar en Youtube. Ambos temas presentan un corte country muy clásico, ninguno llega a los 3 minutos de duración, aunque presentan una cadencia seria el primero, y melancólica el segundo. A día de hoy se conoce una canción más de The Conversation, la que se llama Detroit City y que Texas ya interpretaron en algunos festivales el pasado verano. Este tema confirma la tendencia folkie de la banda, aunque en ese caso la búsqueda de estribillos frenéticos y pegadizos queda mucho más patente. Queda bastante claro, entonces, que el nuevo disco de Texas quedará enmarcado en la oleada de folk-pop que está invadiendo el Reino Unido en el último año, aunque queda cierto resquicio de esperanza en que la pegada comercial de la banda sea capaz darles la autonomía necesaria para despegarse de los ritmos que llevan gente como Mumford and Sons o The Lumineers.

De los tres temas restantes, tres clásicos y una versión: una reinterpretación más del I Don’t Want A Lover que les catapultó a la fama, pero esta vez con un sabor arenoso de country americano; mismo estilo también para Black Eyed Boy (sobre estas líneas); una versión del Jackson de Johnny Cash y June Carter al que, aunque bienintencionado, le faltaban un par de ensayos; y la sorpresa de So Called Friend, tema emblemático de su tercer disco, Ricks Road (1993) y que yo, que he visto a la banda algunas veces en directo, nunca les había cazado tocando. El detalle de la Spiteri imitando con su voz los riffs de guitarra eléctrica del final de la canción porque, obviamente, ella y Tony solamente contaban con una acústica cada uno. El set fue ameno y divertido, la Spiteri se mostró extraordinariamente dicharachera y bromista y al terminar la actuación no dudó en sacarse fotos con todo el que se lo pidió. A la pregunta de si podríamos ver a Texas en directo de nuevo en nuestro país respondió que probablemente sí, pero que habría que esperar a octubre o noviembre para ello. En cualquier caso, ya queda menos para escuchar entero The Conversation.

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Mr. E y su rebuscado camino hacia la gloria

Publicado en 29 abril 2013 por

Iba a ser un concierto difícil. Lo sabía porque había echado una ojeada a los setlists que habían estado tocando últimamente: Eels se presentaban anoche en La Riviera de Madrid en el último concierto de la gira europea de presentación de su genial Wonderful, Glorius. Y cuando decimos que “presentaban su último disc”o queremos decir que no cabía esperar mucho espacio para canciones que no pertenecieran a éste. Y Wonderful, Glorius es un buen disco. Es más, es un disco cojonudo. Pero si escucharlo en versión estudio ya es complicado, trasladarlo a un escenario suena difícil de cojones.

Eels

Vaya por delante que quien escribe estas líneas es una ferviente seguidora de Mr. E y sus muchachos, y con esta ya contaba la tercera vez que los veía en directo. El resultado, aún sabiendo a lo que se iba, tuvo pros y contras. El primer punto a su favor, el público: lejos del maleducado y juvenil público de los eventos inde-poppies en los que me meto habitualmente, la audiencia era variopinta pero madura. Sobre todo, en general (obviamente con excepciones, pero no tantas), silencioso y respetuoso aunque sin llegar a ser frío ni distante: cuando hubo que aplaudir y vitorear, las personas que abarrotaban La Riviera cumplieron de forma más que correcta.

¿El primer inconveniente? El repertorio. Wonderful, Glorious es un disco que hace honor a su nombre, sí. Pero divertido, lo que se viene diciendo divertido, no es. Y, aún así, la banda de E se atrevió a obviar muchísimos de sus más grandes éxitos en aras de ejecutar muchas de sus canciones en directo. La delgada línea entre la valentía y la locura fue, en este caso, verdaderamente palpable. Si a esto le sumamos que el de anoche en Madrid fue el último concierto de una gira de 10 semanas por Europa, uno podía temer que el agotamiento hiciera acto de presencia. Y, desgraciadamente, lo hizo. De modo que la única forma de hacer frente a estas dificultades era tirar de la calidad irreprochable de los músicos miembros de la banda. Afortunadamente, Eels pueden permitirse estas cosas: supongo que si no pudieran, no se atreverían a girar sin tocar temas como Novocaine For The Soul o Hey Man (Now You’re Really Living) y aún así aspirar a llenar salas sin demasiadas complicaciones.

EelsPuestos claros los antecedentes, vayamos con la actuación de anoche en Madrid. Para empezar, comentaremos que el sonido de La Riviera durante el primer tema, Bombs Away, fue aberrante de manera que no estoy segura de que deba decir nada sobre él: es una canción con una versión de estudio desconcertante y poderosa, pero anoche sonaba descompasada y con ciertos problemas de coordinación entre los músicos y la voz. Puede que fuera el sonido. Afortunadamente, en los temas siguientes este asunto se fue solucionando. No es que La Riviera llegara a sonar bien en ningún momento (ojo, yo estaba en un lateral, pero en esa zona otras veces el sonido no me ha parecido tan horrible), pero comparadas con la primera, las siguientes canciones sonaron como si se interpretaran en el Royal Albert Hall.

La primera tanda de canciones perteneció íntegramente al nuevo disco: Bombs Away, Kinda Fuzzy, Open My Present… son todas canciones muy complejas, con rítmicas rebuscadas que trataron de explotar su faceta más guitarrera tirando además de la batería que, para marcar la diferencia, se encontraba en la primera línea del escenario. Después del desaguisado de la primera canción, las siguientes fueron encontrando mejor concordancia entre todo el grupo, hilándolas tal vez con algo más de delicadeza y consiguiendo resultados más convincentes. El público observaba con un mutismo respetuoso pero sin sobresaltos que empezó a mutar cuando hacia la mitad de la actuación sonaron Peach Blossom (con psicodélico baile de E incluido) y, sobre todo, las pegadizos e incofundibles acordes de Prizefighter.

Como nuevo estallido de júbilo entre el público cayó Fresh Feeling un poco después, aunque algo ensombrecida por los cinco minutos de payaseo de rigor: parece ser que este año se cumplen 10 de la incorporación del guitarrista conocido como The Chet a la banda y se había montado cierto numerito de renovar sus votos con E en público. No me malinterpreten, la idea era bonita, pero se notaba demasiado que llevaban dos meses repitiendo el mismo diálogo y el palpable cansancio dejaba entrever cierto tedio que le restaba toda la gracia. Pero tras esto encaramos la fase final del concierto, con su momento culminante en la interpretación de dos temas tan absolutamente inmejorables como Souljacker Part I y Wonderful, Gloroius; que dejaban los ánimos hábilmente caldeados para los bises.

Eels

Durante los bises E manifestó que tras 10 semanas de gira él y la banda se encontraban bastante cansados: fueron más cortos de lo habitual. Empezaron con un tema algo menos conocido y que roza el género de la balada, I’m Your Brave Little Soldier; continuaron con un mesh-up entre My Beloved Monster y Mr. E Beautiful Blues y finalizaron con esa maravilla que es Fresh Blood, con E bañado en luces rojas y los vítores admirados del público. El concierto finalizó sin ser el mejor que le he visto a esta banda. Es obvio que el cansancio hizo mella en ellos, pero también la ¿valentía o tozudez? de presentar un setlist alejado de los grandes éxitos (mi experiencia es que este tipo de conciertos “para todos los públicos” los reservan para la temporada festivalera) y, aún así, consiguieron llenar La Riviera, una vez más, de sinceros y maduros admiradores que disfrutamos de su música y su buen saber hacer. Un concierto, en resumen, ideal para fans y entendidos, sí, pero perfectamente apreciable por cualquiera que sepa disfrutar de la buena música.

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Ocean Colour Scene: cuando los himnos no bastan

Publicado en 23 abril 2013 por

Es una  sensación extraña, cuando uno de esos grupos que escuchabas hace ya muchos años, con esos himnos que tiene casi tatuados en la frente; cuando uno de esos grupos que, sin ser uno de tus absolutos favoritos, tiene un buen puñado de temas que, según el día, te humedecen los ojos; viene a tu ciudad. Y da la casualidad de que cuando eras (más) joven no tenías dinero para ir a verlos. Y te mueres de ganas de por fin quitarte la espinita, de por fin ver a Ocean Colour Scene cantar It’s My Shadow y The Circle frente a ti, sin esperarte tampoco el concierto de tu vida, solamente queriendo emocionarte con los himnos de tu postadolescencia, verlos por fin. Y es una sensación extraña, digo, y sé que se me va a llenar el blog trolls y que me van a dar hasta en el cielo de la boca porque anoche había mucha gente muy emocionada en La Riviera, de modo que lo que voy a poner en este post es puramente una percepción personal, siempre dejando claro que el concierto pareció encantarle a un inmenso número de personas… pero es que finalmente llegó el momento y… no fue para tanto.

stay_la_riviera01Pero vayamos por partes: para empezar la responsabilidad de telonear a los de Birmingham recayó en los barceloneses Stay. Tengo que decir que pocas veces me he encontrado con unos teloneros, ya no solo tan bien elegidos, sino tan solventes. La indudable vocación bripopera de los de Barcelona, plagados de guiños a los mejores momentos de Oasis se creció ante el goteo de público que iba llegando. He de decir que la media hora de set que ofrecieron fue, sencillamente, impecable: si acaso un poquito sosa en lo que a interacción con el público se refiere, pero con un sonido perfecto y un tono musical de ascendente intensidad que se encajó como un guante. Da gusto encontrarse con teloneros elegidos con tanta sabiduría, teniendo en cuenta los gustos del público que se encuentra en la sala para beneficio tanto de éste, que puede descubrir un nuevo grupo de su interés, como de la propia banda por poder acceder a nuevos espectadores e incluso de los mismos teloneados, al encontrarse a una audiencia más predispuesta y ya en la onda de lo que se va a interpretar. Un 10 a la organización por la elección y también una nota muy alta a los Stay por la ejecución.

Dicho esto, vayamos a la chicha del asunto: Ocean Colour Scene visitaban anoche La Riviera de Madrid (evento desplazado desde la Joy Eslava a la vista del ritmo de venta de entradas) como parte de una dilatada gira de presentación de su último trabajo, Painting (lo reseñamos aquí), por nuestro país. Si bien La Riviera no colgó el cartel de “no hay billetes”, la afluencia de público fue más que considerable. Como he dicho en el primer párrafo, hace muchos años que tengo ganas de ver a este grupo, conozco razonablemente su discografía y me consideraba bastante motivada para presenciar el concierto de anoche. Motivada pero sin grandes expectativas, que conste, tan solo esperaba emocionarme recordando tiempos pretéritos a golpe de rock. Y el caso es que no fue así: me consta que había mucha gente muy emocionada y entregada en La Riviera anoche, me consta que Ocean Colour Scene llegaron a un buen puñado de espectadores, dejándolos más que satisfechos. Pero la crónica es mia, es mi opinión la que expongo, y yo no fui una de ellos.

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Desde que en segundo tema del concierto se arrancaron con The Circle, uno de mis absolutos favoritos de la trayectoria de la banda, noté que algo me fallaba: son muchísimas las veces que he escuchado esa canción, que me ha emocionado, que me ha evocado lugares y sensaciones pasadas hace tiempo… pero anoche, en directo, no me decía nada: la voz de Simon Fowler me sonaba deslucida, carente de cualquier calidez y ausente de la imprescindible química que necesitaba establecer con la guitarra de Steve Cradock. Achaqué mi primera fría impresión a que en ese momento yo todavía me encontraba en el foso de fotógrafos y eran los punteos de Cradock lo que con más claridad me llegaba. Pero no: dos temas más tarde yo ya era una más en el público, ubicada en un lugar completamente normal, en medio de una multitud dividida entre gente entregadísima a los de Birmingham y otros que, como mis acompañantes y yo, disfrutábamos de la actuación con algo más de calma.

Los temas de Painting iban pasando, para mi sin pena ni gloria lo que a Simon Fowler se refiere, pero con un astro indiscutible sobre el escenario: y es que durante la primera mitad del concierto a mi lo que más me merecía la pena mirar y admirar era a Steve Cradock y a su guitarra. Sobre él solo puedo decir una cosa: qué maestro. La producción de los discos de Ocean Colour Scene, aunque rockera, da más importancia a la voz que a la guitarra, y no me había permitido apreciar el virtuosismo de este músico como era debido. De las 6 personas que había sobre el escenario, Cradock era sin lugar a dudas el que con más soltura se desenvolvía sobre éste, el más dinámico… el único que me transmitía la impresión de que estaba sintiendo algo con la música que estaba tocando. La solvencia y claridad de los numerosos solos de guitarra que ejecutó, incluso con una eléctrica de 12 cuerdas, fue absolutamente asombrosa. Sin lugar a dudas, cada vez que Fowler se callaba y dejaba espacio para la guitarra de Cradock, el concierto era otro para mi. Aunque en la segunda mitad del concierto quedó algo más difuminado, Steve Cradock fue lo mejor que Ocean Colour Scene ofrecieron anoche.

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Tras la pertinente batería de temas del nuevo disco, volvieron los temazos: Jane She Got Excavated, The Riverboat Song, Profit In Peace… todas canciones muy conocidas, de indudable gancho con el público, que se lanzaba a cantar los estribillos. Pero yo no percibía química, atmósfera ninguna entre el grupo y el público: ni el más mínimo atisbo de emoción o satisfacción al ver que la gente se sabe tus canciones, como si fuera algo que tiene que suceder por su cara bonita. No sé, no me gustó y ni mucho menos, me emocionó. Antes de los bises, una nueva tanda de temas de sus discos más míticos, Mosley Shoals y Marchin’ Already que acabaron con una explosiva versión de Hundred Mile High City ejecutada con muchísima electricidad, un ritmo vertiginoso y un público totalmente entregado a la vista de la subida de volumen. Probablemente fuera el tema más brillante de todo el concierto. Los bises tiraron también exclusivamente de sus tiempos de gloria, empezando por la menos conocida Robin Hood, lentida y con Fowler solo con su acústica frente al público (me dejó más fría que una piedra) y el cierre con It’s My Shadow y The Day We Caught The Train, imposible no cantarlas para cualquier mayor de 25 años que estuviera en la sala aunque, de nuevo, para mi, sin brillo ninguno porque, además, a estas alturas Cradock ya parecía bastante desconectado del concierto.

En resumen, que no sé bien qué pasó: no me iba esperando un directo como el de Muse, pero si que iba con gente como Travis o los Stereophonics en la cabeza, y el directo de las dos bandas que acabo de mencionar le dan varias vueltas a lo que Ocean Colour Scene hicieron anoche en Madrid. Repito, en cualquier caso, y sabiendo que no sirve de nada decirlo, que es mi opinión y que sé que había gente muy emocionada y que un par de personas me dijeron que les había gustado mucho. Tara o fallo mío, no lo sé. Así lo vi y así lo sentí yo. En cualquier caso, os dejo nuestra habitual galería de fotos del concierto y el setlist, también como lista de Spotify.

  1. Ocean Colour Scene – Paintingocs_la_riviera03
  2. Ocean Colour Scene – The Circle
  3. Ocean Colour Scene – Second Hand Car
  4. Ocean Colour Scene – Weekend
  5. Ocean Colour Scene – Give Me A Letter
  6. Ocean Colour Scene – Doodle Book
  7. Ocean Colour Scene – Weekend
  8. Ocean Colour Scene – Emily Chambers
  9. Ocean Colour Scene – Jane She Got Excavated
  10. Ocean Colour Scene – The Riverboat Song
  11. Ocean Colour Scene – Profit In Peace
  12. Ocean Colour Scene – Goodbye Old Town
  13. Ocean Colour Scene – We Made It More
  14. Ocean Colour Scene – If God Made Everyone
  15. Ocean Colour Scene – This Day Should Last Forever
  16. Ocean Colour Scene – One For The Road
  17. Ocean Colour Scene – Travellers Tune
  18. Ocean Colour Scene – Hundred Mile High City
  19. Ocean Colour Scene – Robin Hood
  20. Ocean Colour Scene – It’s My Shadow
  21. Ocean Colour Scene – The Day We Caught The Train

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La contagiosa alegría de Friska Viljor

Publicado en 22 abril 2013 por

Como no siempre es habitual verlo, voy a empezar por decirlo: qué gusto da ver a un grupo de música saltar al escenario para dar un concierto con una sonrisa de oreja a oreja en la cara, y que ésta no se desvanezca hasta el último bis. Y esto es lo que hicieron los suecos Friska Viljor este sábado en El Sol de Madrid, a donde vinieron a presentar su Remember Our Names un día después de hacerlo en Barcelona. En la sala había lleno y da la ligera impresión de que todo el que en la capital se llame “moderno” estaba ahí para ver a Daniel Johansson y Joakim Sveningsson contagiar alegría con su música.

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Básicamente, el concierto de Frista Viljor estuvo muy bien, ahora procederemos a dar detalles. Pero también tengo que recalcar que uno de los aspectos de la banda que más interesante había encontrado en sus discos, que era la no pomposidad instrumental de estos, las composiciones animadas pero sin vaivenes épicos; en la versión de directo está sustituida por una carga eléctrica y un ritmo acelerado que puede aturullar un pelín. No obstante, esto es más un apunte informativo que un reproche, porque la adición de electricidad en detrimento de la producción poppie de algunos de sus temas no me parece ni de lejos una mala idea.

Dicho esto, relatemos someramente la actuación de los nórdicos. Saltaron al escenario con pocos minutos de retraso y sin teloneros para interpretar una primera batería de canciones, casi todas procedentes de su nuevo disco. La divertida fanfarria de Stalker puso a los modernos a bailar sin concesiones y la energía con la que toda la banda aporreaba sus instrumentos desde el primer momento le quitó cualquier toque amable y tontorrón al tema para convertirlo en un frenético torrente de optimismo. Tras tres canciones muy agitadas, el ritmo se calmó un poco la mandolina de Did You Ever y con Easy Is Hard, que me pareció uno de los temas más brillantes de Remember Our Name y que en directo también me cautivó con su ritmo inocentón y entrañable.

friska_viljor02Y hasta aquí duró la “presentación” del nuevo disco: bien porque se sintieran en deuda con el público madrileño (pidieron disculpas por haber pasado casi 3 años sin venir) o bien porque acostumbren a repasar sus canciones más cañeras sin importar de qué disco procedan para mantener a la audiencia animada; la atención que le prestaron a Remember Our Names fue sorprendentemente baja. A cambio consiguieron, a base de tirar de sus temas más conocidos y bailables, tener al público muy divertido durante el poco más de hora y cuarto que duró su concierto.

Y es que supongo que hay quien puede acusar a los Friska Viljor de interpretar un setlist exageradamente escueto, teniendo en cuenta que son 5 los LPs que han lanzado a lo largo de su carrera. Yo no estoy de acuerdo: aparte de que opino que lo bueno, si breve, dos veces bueno; la intensidad con la que ejecutaron todas y cada una de las canciones que interpretaron pedía a gritos un concierto corto: es imposible tener tanto a la audiencia como a los músicos pendiente de unos ritmos tan acelerados pero tan homogéneos durante tanto tiempo. Por eso opino que los Frisjka Viljor supieron medir bien sus tiempos y los ajustaron para poder dar lo mejor de si mismos en cada minuto de la actuación.

Entre ritmos frenéticos, voces desgarradas y ocasionales cambios de guitarra a mandolina, nos plantamos en los bises en una hora. Durante estos, y tras asegurarse de que todo el mundo en el público se sentía muy feliz (exceptuando a aquellos a los que alguien hubiera mandado a la mierda esa noche, que tenían permiso para estar tristes), los escandinavos tomaron alguna clase de castellano del público y se lanzaron con las populares Arpreggio y Oh Oh con un ímpetu y una energía imparables que pusieron a la audiencia a bailar sin parar. Aunque tras Oh Oh se retiraron hubo un segundo bis en el que interpretaron, como regalo para los madrileños, según dijeron, Shotgun Sister, empezándola con mucha parsimona, tan solo con Daniel Johansson y Joakim Sveningsson sobre el escenario y añadiendo intensidad poco a poco, a medida que el resto de la banda fue reincorporándose.

Y ahí quedó la cosa, en un concierto muy divertido, bien interpretado, con mucha energía y, sobre todo, mucho optimismo que le dejaba a uno una sonrisita tonta al salir de la sala. Quedan por lo tanto confirmados los suecos Friska Viljor como una nada desdeñable opción si algún programador de festivales de nuestra geografía tuviera a bien ponerlos en alguno de sus escenarios. La fiesta, cuidada y de calidad, estaría garantizada. Os dejamos como viene siendo habitual el setlist que Friska Viljor interpretaron en la Sala El Sol el 20 de abril, también convertido en lista de Spotify; así como una pequeña galería con las fotos que sacamos en el concierto.

  1. Friska Viljor – Stalkerfriska_viljor03
  2. Friska Viljor – What You Gonna Do?
  3. Friska Viljor – Bite Your Head Off
  4. Friska Viljor – Did You Ever
  5. Friska Viljor – Easy Is Hard
  6. Friska Viljor – Passionseeker
  7. Friska Viljor – Gold
  8. Friska Viljor – Puppet Cabaret
  9. Friska Viljor – The Cure
  10. Friska Viljor – Larionov
  11. Friska Viljor – If I Die Now
  12. Friska Viljor – Wohlwill
  13. Friska Viljor – Old Man
  14. Friska Viljor – On And On
  15. Friska Viljor – Arpeggio
  16. Friska Viljor – Oh Oh
  17. Friska Viljor – Shotgun Sister

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David Fonseca trae su primavera a Madrid

Publicado en 20 abril 2013 por

Tengo que confesar que tenía mis reservas acerca de este concierto. Como ya comenté, si bien la primera parte del último trabajo del astro portugués, David Fonseca, me pareció de lo mejor de su carrera en solitario; la segunda me había dejado un poco fría. De este modo, no sabía muy bien a qué atenerme con respecto a la vista del luso a nuestro país. Y la verdad es que me equivoqué en lo de las reservas: hacía ya muchos años que vi por última vez a Fonseca que, por aquél entonces, era un buen músico, con un directo y unos discos correctos. Absolutamente nada que ver con el pedazo de showman y artista que se subió anoche al escenario de la Joy. Porque lo que David Fonseca dio anoche en Madrid fue un conciertazo como la copa de un pino.

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En primer lugar, mencionar que tuvimos telonera: la madrileña Lucía Scensetti, que con teclado y guitarra ofreció un set de media hora tranquilo y sin sobresaltos. Sin ser un tipo de artista exactamente igual que el teloneado, la elección me pareció acertada: melodías muy dulces y relajadas (tal vez en demasía) mientras el público iba llegando a la sala. Destacar, sin duda, la bellísima voz de esta cantautora que compensaba con creces la lentitud de su set.

Y sin hacerse esperar el p0rtugués se lanzó al escenario como un auténtico huracán para interpretar Under The Willow, el tema que abre Seasons y rápidamente quedó una cosa clara: que lo que nos hubiera parecido tal o cual tema en su versión de estudio poco iba a importar esa noche. Con la ayuda de una banda más que destacable, David Fonseca fue deshojando la margarita de Seasons con una vitalidad y una energía extraordinarias desde el primer acorde. De este modo, temas que en Seasons: Falling se me habían quedado muy cojos, como At Your Door o I’ll See You In My Dreams adquirían una dimensión emocional completamente inesperada, desprendiéndose un poco de la cadencia excesivamente melancólica y adecuándose perfectamente al carácter de un concierto de rock.

david_fonseca_madrid03El grueso del repertorio se completó con canciones del exitoso Dreams In Colour, aunque aparecieron también algunos temas de Between Waves, como Stop 4 A Minute, que me sorprendió gratamente, puesto que siempre me había parecido una mala imitación del My Sharona de The Knack y se convirtió de golpe en un frenético tema de rock que acabó poniendo patas arriba al público, que a esas alturas del concierto ya se encontraba en situación de rendición total ante el portugués. Y es que David Fonseca demostró sobre el escenario que se ha convertido en un auténtico virtuoso del directo, con una entrañable y bien medida faceta para la broma y el payaseo que genera una química genial con los espectadores y, ante todo, demostrando que no solamente lo está dando todo en la actuación, sino que la está disfrutando como el que más. Así conseguía sin problema que el público le cantara los coros de muchas de las canciones pero que respetara su voz en cuanto ascendía sobre la de la multitud: fue una atmósfera verdaderamente bonita la que tejió.

Cabe destacar la intervención de Alberto de Miss Caffeina en uno de los temas del setlist, aunque su vocecita aguda y juvenil palidecía en cuanto Fonseca soltaba su cálido y profundo chorro de voz. Francamente, no sé bien qué hacía ese chico ahí, pero bueno, se defendió. En cualquier caso, el que tenía al público en el bolsillo era Fonseca, que acabó tocando frenéticamente su guitarra entre el público. Uno de los momentos más destacables para mi llegaron en el último de los temas antes de los bises, I Would Have Gone And Loved You Anyway, que ya me parecía uno de los más delicados de todo el Seasons, y que alcanzó una contundencia que lo hizo todavía más grande.

Los bises arrancaron con una versión: la del Hurt, de Nine Inch Nails (aunque inmortalizado por Johnny Cash), que empezó con Fonseca al piano en lo que parecía un cover más del conocidísimo tema compuestro por Trent Reznor. Craso erro pensar eso: a mitad del tema la banda subió al escenario y metieron toda la caña posible al desgarrador tema. Con una canción tan buena no es tan difícil hacer una versión que guste a todo el mundo, pero he de aceptar que le quedó divina. El concierto acabó con una dedicatoria a los seres queridos perdidos, la bella I’ll See You In My Dreams, con Fonseca recitando poesía mientras su banda seguía emitiendo raudales de electricidad. Nos quedamos, eso sí, sin los coloridos globos que eran habituales en la gira portuguesa de este disco y, ya a nivel muy personal, sin una sola cancioncita de Silence 4 (el grupo en el cual David Fonseca alcanzó la fama en su país que, si no conoces, deberías escuchar ahora mismo) cosa que, aunque es normal (hace ya 10 años que se disolvieron), me dolió un pelín porque sigue pareciéndome que es, sin discusión, lo mejor que ha hecho David Fonseca.

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En cualquier caso, finalizo esta reseña tal y como la comencé: expresando mi grata sorpresa ante el gran concierto que presenciamos anoche, ante las dotes para el directo de este portugués que en su país llena estadios y vende discos a raudales y al que no me acabo de explicar por qué no prestamos un poco más de atención en España. Muchas veces nos haría bien dejar de mirarnos el ombligo musicalmente hablando y echar una ojeada a lo que hacen nuestros vecinos: nos podríamos sorprender.

Para quien quiera rememorar el concierto, os dejamos una galería en nuestro Flickr con las fotos que sacamos del evento, así como el setlist que interpretó David Fonseca en la Joy de Madrid, también convertida en lista de Spotify.

  1. David Fonseca – Under The Willowdavid_fonseca_madrid02
  2. David Fonseca – Armageddon
  3. David Fonseca – A Cry 4 Love
  4. David Fonseca – At Your Door
  5. David Fonseca – It Means I Love You
  6. David Fonseca – The Beating Of The Drums
  7. David Fonseca – Kiss Me, Oh Kiss Me
  8. David Fonseca – All That I Wanted
  9. David Fonseca – I’ll Never Hang My Head Down
  10. David Fonseca – This Raging Light
  11. David Fonseca – Superstars II
  12. David Fonseca – Stop 4 A Minute
  13. David Fonseca – What Life Is For
  14. David Fonseca – The 80′s
  15. David Fonseca – I Would Have Gone And Loved You Anyway
  16. Hurt (Nine Inch Nails cover)
  17. David Fonseca – I’ll See You In My Dreams

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Cyan presentan Delapso en Madrid

Publicado en 12 abril 2013 por y

Los barceloneses Cyan llegaban el pasado jueves 11 a Madrid para presentar Delapso, su tercer larga duración, editado en febrero. Fue en la sala El Sol, este sitio tan clásico ya en la historia madrileña, que con sus incomodidades para ver conciertos si no pillas primeras filas, sigue garantizando un sonido más que aceptable, lo cual en la capital vale el doble. Aficionados a fijar horarios tardíos, el concierto estaba programado para las 23 horas. Con cerca de un cuarto de hora de retraso, los chicos de Cyan se plantaron en el escenario con su nuevo niño de la mano.

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Tengo una relación amor-odio con este tipo de música. Me encantan las bandas en las que hay al menos tres instrumentos de cuerda tejiendo hiladas de sonido. El modo en que obligan a quien escucha a estar atento a los detalles y las progresiones de las líneas que cada uno va dibujando me atrae y me atrapa. De siempre. Es una forma de construir canciones que te obliga a permanecer en guardia, lo cual resulta de lo más estimulante, fuerza a hacer un consumo de ella alejado de lo superficial. Si el muro sonoro se completa con baterías de ritmos inapelables o delicados, pero que tenga protagonismo virando de un extremo a otro, más algún otro aporte, ya venga de un teclado, una pandereta o de cualquier otro instrumento, no hacen más que enriquecer el producto final. Yo ahí me entrego de inicio. Sobre el papel me resulta un caramelo.

Ahora bien, tengo un problema al que ya me he referido varias veces en este blog y al que me temo habrá que volver. Lo que ofrece Cyan en Delapso es más de lo mismo. Existe desde hace unos años un magma musical en el panorama alternativo nacional, que salvando excepciones, no se mueve un milímetro de dos o tres palos con, además, muchas ligazones entre sí. Los mismos tipos de canciones, las mismas estructuras en las letras, los mismos aspectos en los componentes de las bandas. En la época de la producción en serie la homogeneización llega hasta a lo supuestamente diferente. Lo que triunfa, aunque sea en reductos de gentes supuestamente inconformistas con el mainstream, extiende también sus tentáculos de dominio. Hay que sonar a algo determinado si quieres que te pinchen un tema en la radio, si quieres que alguien apueste por ti. Y esto me repatea. Está bien y es inevitable que un estilo se imponga y genere sucedáneos, pero cuando ves que los aportes que deberían marcar diferencias apenas existen acabas saturado y decepcionado.

cyan_sol02En Delapso la banda barcelonesa se inclina, respecto a sus anteriores trabajos, mucho más a esta vertiente, como una rendición. ¿Significa esto que Cyan son malos? En absoluto, son muy buena banda, lo demostraron la noche del jueves durante algo más de una hora. ¿Significa que Delapso es un mal disco? Ni mucho menos. Es un trabajo intenso, emocionante y trabajado. Lo que vimos en el escenario de El Sol fue un despliegue de pasión por su trabajo, en todos los componentes del quinteto. Disfrutaron y compartieron sus canciones, desplegaron la tensión contenida que encierran y liberan poco a poco hasta romper en sudor, plantearon que, dentro de los márgenes de lo que hacen, deberían ser firmes candidatos a dar un golpe de estado y derrocar a quienes lideran la onda, e incluso líricamente dejaron patente que hay mucho más trabajo que otros que detrás de mucha parafernalia retórica, simplemente no dicen casi nada. Cyan sí que encierran mensaje, esfuerzo e incluso un nivel cultural que obliga a destripar sus letras.

¿Entonces cuál es el problema? Realmente ninguno, es mío. Estoy cansado de este tipo de música, pero tengo que reconocer que a quien le guste y emocione va a tener en Cyan un magnífico grupo con un directo muy bueno. Temas como Síndrome De París hablan por sí solos y son buen testimonio de lo que hay, incluso consiguen que un cencerro como yo haya escuchado el disco más de cinco veces cuando con todo lo que he dicho se habría quedado en una. Desde mi perspectiva solamente me queda esperar que, si la calidad que certifico que tienen vira o muta un poco hacia algo “distinto”, probablemente me susciten mucho mayor interés. Quien no, los debería devorar con gusto, de verdad, se los recomiendo fervientemente. Puedes ver algunas imágenes del evento en nuestro Flickr.

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