En una noche en la que parece que lo único que pasaba en este mundo era el festival de Eurovision, unas pocas decenas de personas nos reunimos en el Fotomatón de Madrid para presenciar una actuación íntima y sencilla, pero no por ello poco relevante o menos conmovedora. Los protagonistas eran Casa Celia, el nuevo y delicioso proyecto del batería de Manos de Topo; y el belga afincado en Barcelona Lieven Scheerlinck, que se hace llamar A Singer Of Songs. Ambas intervenciones fueron de enorme calidad, de modo que daba todavía más pena ver la sala medio vacía.
Para empezar, Casa Celia, que estuvieron sobre el el escenario una media hora y presentaron con teclado y guitarra un catálogo de canciones dulces, muy íntimas y enternecedoras. Todo lo contrario, la verdad, al trabajo que desarrolla el 50% del grupo, Rafa de los Arcos, a las baquetas de Manos de Topo. Según Rafa, el de anoche fue el tercer concierto de la carrera del grupo. Probablemente por lo poco que me atrae el popular y psicodélico grupo barcelonés quedé gratamente sorprendida por la tierna sinceridad de las letras que Casa Celia interpretó anoche. Además, lo reducido de la audiencia facilitó que los integrantes del grupo se soltaran un poco y acabó siendo una actuación la mar de divertida, con explicaciones realmente curiosas sobre los temas que trata cada canción y risas cómplices entre la audiencia.
Para cuando A Singer Of Songs se subió al escenario la sala ya estaba un poquito más llena. Eran las 11 de la noche, supongo que el país se encontraba en un éxtasis eurovisionario, y Lieven desplegó la cálida manta de sus canciones sobre los que nos encontrábamos en el Fotomatón. A pesar de que los discos de Lieven son todos muy íntimos, con atmósferas delicadas y pasajes de introspección reflexivas, el set que ofreció a noche fue de todo menos aburrido o triste. Lo cierto es que Lieven se define como un chico muy tímido, pero no le costó hacernos reír a todos desde el primer instante del concierto con sus acertadas intervenciones.
Sobre la música, pues lo que cabe esperar de un cantautor bien formado y con tablas ya sobre el escenario: aunque se presentaba su último trabajo de estudio, There Is A Home For You, el setlist contuvo desde temas de su primer disco hasta alguna canción que, según Lieven, había sido compuesta hacía una semana. Muchos temas, eso sí, vitales y optimistas, llevando esta filosofía hasta los extremos de versionar La Vida Es Un Carnaval de Celia Cruz con extraordinario acierto, mezclando a la perfección el colorista tema con la vocación de cantautor de espacios íntimos que había estado desplegando hasta entonces.
Fueron finalmente 60 minutos de complicidad con el público, bromas, colaboraciones con Ana de Coffe & Wine, que subió a cantar un par de veces; pero sobre todo de canciones muy bellas, de paisajes cálidos y relajantes y de una extraña sensación de paz y bienestar surgida claramente de la guitarra y la voz de Lieven; con algún giro inesperado pero en absoluto estridente ni fuera de lugar como una canción interpretada por completo con un megáfono que, hay que decir, sonó genial, sin acoplarse ni estropear el momento. Un artista sin duda a destacar en este país en el que lo que están de moda son los golpes de emociones efectistas pero vacías a lo Love Of Lesbian o de las percusiones rimbombantes para cubrir letras sinsentido de Vetusta Morla. Un cambio de registro más que necesario para unos oídos que están cansados de escuchar siempre lo mismo. Esperamos volver a verle pronto por nuestra ciudad. Puedes pasarte por nuestro Flickr para ver algunas imágenes de la noche.
17/05/13: Madrid, home show cuyo emplazamiento está por decidir.
18/05/13: Madrid, Fotomatón, 6€.
Canciones que hacen hogares. De esas para escuchar cubiertos con una manta mientras miramos una chimenea, una ventana o una lavadora dando vueltas con una copa de algo bien fuerte en la mano. De esas que acabamos escuchando cuando no queremos oír nada. Música que no alegra el alma, pero que al menos da un poco de calor al corazón. Como el alcohol, que ni alimenta ni lo arregla, pero al menos alivia el frío. Ah, pero hay una ventaja: no hay resaca, o al menos no hay dolor de cabeza ni lengua pastosa. Aunque, acaso, el calor producto de quemar recuerdos, oníricos paisajes de la juventud y de la infancia, escenas campestres en las que la felicidad tenía los colores de un álbum de cromos, corre riesgo de acabar convirtiéndose en un poso más de amargura.
Más o menos eso es lo que uno puede esperarse del There Is A Home For You del cantautor belga Lieven Scheerlinck, que se hace llamar A Singer Of Songs y reside en Barcelona: un compendio de lamentos susurrados, hijos del idilio entre una guitarra eléctrica que distorsiona, araña, se clava y duele; y una acústica que dibuja arpegios de folk, que se arrastra por las melodías como muchos hacemos por la vida, doliendo a cada paso. A veces, una dulce voz femenina para poner un contrapunto. En estos momentos tiende a acordarse uno del británico Damien Rice, aunque es obvio que Lieven, o bien carece del sentido de la épica efectista del londinense, o bien sencillamente no está interesado en los lamentos desgarrados y feroces, sino que prefiere quedarse en la orilla, calando poco a poco con una cadencia que hace que uno se vaya relajando con la escucha.
Hay sorpresas, tampoco creemos que todo va a ser sosegado reposo: ya desde el segundo tema, Silent Soldiers, Scheerlinck deja claro que sabe arrancarle angustiosas tensiones a los quejidos de su eléctrica para volver a dejar asomar a esta faceta cuando llega a Kindess Kills, que brilla por su hábil manejo de los tiempos. Tal vez el equilibrio más acertado entre la delicadeza y la rabia la alcanza en Ruins Of You, que vuelve a la senda de de la manta y hacerse una bola en alguna esquina de la casa mientras el alcohol empieza a hacernos efecto. There Is A Home For You se va haciendo cada vez más tenue a medida que Into The Storm avanza y para cuando termina no tenemos claro cuánto tiempo hace que estamos mirando la pared en silencio. Una cosa está clara: estamos más serenos, tranquilos y reconfortados que al principio. Y eso sienta bien.
Tengo que confesar que tenía mis reservas acerca de este concierto. Como ya comenté, si bien la primera parte del último trabajo del astro portugués, David Fonseca, me pareció de lo mejor de su carrera en solitario; la segunda me había dejado un poco fría. De este modo, no sabía muy bien a qué atenerme con respecto a la vista del luso a nuestro país. Y la verdad es que me equivoqué en lo de las reservas: hacía ya muchos años que vi por última vez a Fonseca que, por aquél entonces, era un buen músico, con un directo y unos discos correctos. Absolutamente nada que ver con el pedazo de showman y artista que se subió anoche al escenario de la Joy. Porque lo que David Fonseca dio anoche en Madrid fue un conciertazo como la copa de un pino.
En primer lugar, mencionar que tuvimos telonera: la madrileña Lucía Scensetti, que con teclado y guitarra ofreció un set de media hora tranquilo y sin sobresaltos. Sin ser un tipo de artista exactamente igual que el teloneado, la elección me pareció acertada: melodías muy dulces y relajadas (tal vez en demasía) mientras el público iba llegando a la sala. Destacar, sin duda, la bellísima voz de esta cantautora que compensaba con creces la lentitud de su set.
Y sin hacerse esperar el p0rtugués se lanzó al escenario como un auténtico huracán para interpretar Under The Willow, el tema que abre Seasons y rápidamente quedó una cosa clara: que lo que nos hubiera parecido tal o cual tema en su versión de estudio poco iba a importar esa noche. Con la ayuda de una banda más que destacable, David Fonseca fue deshojando la margarita de Seasons con una vitalidad y una energía extraordinarias desde el primer acorde. De este modo, temas que en Seasons: Falling se me habían quedado muy cojos, como At Your Door o I’ll See You In My Dreams adquirían una dimensión emocional completamente inesperada, desprendiéndose un poco de la cadencia excesivamente melancólica y adecuándose perfectamente al carácter de un concierto de rock.
El grueso del repertorio se completó con canciones del exitoso Dreams In Colour, aunque aparecieron también algunos temas de Between Waves, como Stop 4 A Minute, que me sorprendió gratamente, puesto que siempre me había parecido una mala imitación del My Sharona de The Knack y se convirtió de golpe en un frenético tema de rock que acabó poniendo patas arriba al público, que a esas alturas del concierto ya se encontraba en situación de rendición total ante el portugués. Y es que David Fonseca demostró sobre el escenario que se ha convertido en un auténtico virtuoso del directo, con una entrañable y bien medida faceta para la broma y el payaseo que genera una química genial con los espectadores y, ante todo, demostrando que no solamente lo está dando todo en la actuación, sino que la está disfrutando como el que más. Así conseguía sin problema que el público le cantara los coros de muchas de las canciones pero que respetara su voz en cuanto ascendía sobre la de la multitud: fue una atmósfera verdaderamente bonita la que tejió.
Cabe destacar la intervención de Alberto de Miss Caffeina en uno de los temas del setlist, aunque su vocecita aguda y juvenil palidecía en cuanto Fonseca soltaba su cálido y profundo chorro de voz. Francamente, no sé bien qué hacía ese chico ahí, pero bueno, se defendió. En cualquier caso, el que tenía al público en el bolsillo era Fonseca, que acabó tocando frenéticamente su guitarra entre el público. Uno de los momentos más destacables para mi llegaron en el último de los temas antes de los bises, I Would Have Gone And Loved You Anyway, que ya me parecía uno de los más delicados de todo el Seasons, y que alcanzó una contundencia que lo hizo todavía más grande.
Los bises arrancaron con una versión: la del Hurt, de Nine Inch Nails (aunque inmortalizado por Johnny Cash), que empezó con Fonseca al piano en lo que parecía un cover más del conocidísimo tema compuestro por Trent Reznor. Craso erro pensar eso: a mitad del tema la banda subió al escenario y metieron toda la caña posible al desgarrador tema. Con una canción tan buena no es tan difícil hacer una versión que guste a todo el mundo, pero he de aceptar que le quedó divina. El concierto acabó con una dedicatoria a los seres queridos perdidos, la bella I’ll See You In My Dreams, con Fonseca recitando poesía mientras su banda seguía emitiendo raudales de electricidad. Nos quedamos, eso sí, sin los coloridos globos que eran habituales en la gira portuguesa de este disco y, ya a nivel muy personal, sin una sola cancioncita de Silence 4 (el grupo en el cual David Fonseca alcanzó la fama en su país que, si no conoces, deberías escuchar ahora mismo) cosa que, aunque es normal (hace ya 10 años que se disolvieron), me dolió un pelín porque sigue pareciéndome que es, sin discusión, lo mejor que ha hecho David Fonseca.
En cualquier caso, finalizo esta reseña tal y como la comencé: expresando mi grata sorpresa ante el gran concierto que presenciamos anoche, ante las dotes para el directo de este portugués que en su país llena estadios y vende discos a raudales y al que no me acabo de explicar por qué no prestamos un poco más de atención en España. Muchas veces nos haría bien dejar de mirarnos el ombligo musicalmente hablando y echar una ojeada a lo que hacen nuestros vecinos: nos podríamos sorprender.
Para quien quiera rememorar el concierto, os dejamos una galería en nuestro Flickr con las fotos que sacamos del evento, así como el setlist que interpretó David Fonseca en la Joy de Madrid, también convertida en lista de Spotify.
David Fonseca es uno de los músicos más aclamados de Portugal, y el mes que viene estará en España presentando su último disco, Seasons (2012), que se publicó el año pasado en dos partes, Rising y Falling, y que ya comentamos por aquí en su momento. Lo hará en el Music Hall de Barcelona el 18 de abril y en la Joy Eslava de Madrid el 19. El luso promete unos conciertos emocionantes y divertidos, pero antes se ha pasado a responder a algunas preguntas por nuestro blog, de modo que si quieres saber más sobre estos álbumes o sobre su creador antes de disfrutarlos, te recomendamos que sigas leyendo.
Pregunta: Este año se cumplen 10 años desde que tocas en solitario y de los 6 discos que has sacado desde entonces (contando los dos de Seasons por separado) varios han sido número uno de ventas en tu país. ¿Cómo han sido estos años? ¿Qué momentos recuerdas con más cariño?
Respuesta: Ha sido un recorrido largo, pero también muy veloz, el tiempo pasa muy rápido y me cuesta digerirlo como me gustaría. Tal vez siempre he prestado más atención al futuro y el presente que al pasado, nunca llego a pensar mucho en lo que he pasado. Pero creo que hacer aquel primer álbum en solitario hace diez años sentó la base de lo que vendría después.
P: Desde que pusiste en marcha tu carrera en solitario has ido mostrándote cada vez más como un hombre orquesta. ¿De dónde viene esto? ¿Ha sido una evolución nacida de trabajar como solista o ya jugabas con varios instrumentos a la vez antes? ¿Cuántos instrumentos tocas?
R: Todo surge de la curiosidad. Me encanta tocar instumentos y tengo la sensación de que muchas canciones están ocultas dentro de los sonidos, de modo que tengo que explorarlos para descubrirlas. No dejo de comprar diferentes instrumentos y probarlos, tan solo para ver a dónde me llevan. No sé con seguridad cuántos instrumentos toco, pero sí te puedo decir una cosa: no soy un experto en ninguno de ellos. Solamente toco lo que quiero escuchar, en realidad.
P: Las dos partes de Seasons se publicaron con 6 meses de diferencia. ¿Cómo fueron los procesos de composición y grabación? ¿Creaste las canciones de forma simultánea y luego las fuiste separando según una u otra atmósfera o primero vinieron unas y luego otras?
R:Seasons es un disco que describe un año entero de mi vida, comenzando desde el primer día de la Primavera. El primer disco, Rising, se escribió durante una gira y resultó ser más energético, explorando sonidos electrónicos, guitarras eléctricas y un sonido más grande. Falling se escribió durante Otoño e Invierno y lo compuse exclusivamente en mi casa, resultando ser mucho más nostálgico y melancólico. Veo uno como la respuesta al otro, equilibrándose entre ellos a lo largo del proceso.
P: España tiene una intensa temporada festivalera en verano y el año pasado otra de las grandes bandas portuguesas, The Gift, vinieron con bastante éxito a dos de los festivales más grandes de nuestro país: el BBK Live y el Sonorama. ¿Te planteas la posibilidad de traer tu directo a alguno de nuestros festivales?
R: Así lo espero, la verdad, estamos intentando concretar cuándo y cómo podemos hacerlo, ¡estad al tanto!
P: Veo que en tus setlists del último año hay covers de Nine Inch Nails, Ryan Adams, Pixies y… ¡Beyoncé! ¿Podemos esperar ver alguna cosa así en tus conciertos en España del mes que viene? ¿Es la primera vez que versionas un éxito como Single Ladies o se trata de una idea antigua? ¿Cómo reacciona el público cuando la cantas?
R: Mis conciertos están llenos de sorpresas como esa, algunas están preparadas y otras sencillamente suceden en el calor del momento. Es tan divertido hacer versiones de las canciones más geniales de otros músicos que no lo puedo evitar. Y al público le encanta, tal vez porque se dan cuenta de cuán enamorado estoy de la Música.
P: Tengo que aceptar que hace ya algunos años que te vi en concierto por última vez (creo que era la gira del Dreams In Colour) y por aquella época todavía tocabas algunas canciones de Silence 4. Parece que ya las has apartado casi completo de tu repertorio. ¿Queda ya muy lejos Silence 4 para ti? ¿Existe alguna posibilidad de retomar aquél proyecto?
R: De vez en cuando toco canciones que escribí durante mi época en Silence 4, principalmente porque me encantan esas canciones y a la gente le gusta escucharlas. Pero no creo que haya posibilidades de volver con Silence 4, ha pasado demasiado tiempo y ahora sencillamente no tiene sentido. Pero bueno, ¿quién sabe en el futuro?
P: Por último, ¿qué ofreces al público barcelonés y madrileño el mes que viene? Bajo tu punto de vista, ¿cuál será el principal reclamo de tus conciertos en nuestro país? ¿A qué tipo de público esperas atraer?
R: Me encanta tocar en España, siempre he sido bien recibido aquí. Espero que podamos tener una fiesta genial en estos conciertos y que la gente pueda conectar con mi Música al nivel más profundo, lo cual es siempre el mayor reto. No sé qué tipo de público congregaremos, pero espero que sea entusiasta, sin duda. Espero veros allí.
Pues eso es todo, en pocas semanas, más y mejor. Dentro de poco nos volveremos a ver las caras con David Fonseca y será donde importa: sobre los nuestros escenarios:
Admito que no soy yo muy de cantautores hispanoparlantes. En realidad, me sacan de Nacho Vegas y rara es la ocasión en la que aguanto entero un disco de voz ronca y profunda y guitarrita. Y la verdad es que de Nacho Vegas tampoco escucho todos los discos. En este contexto, antes de escuchar Colecciono Sabotajes en la radio, yo nunca había oído hablar de Julio de la Rosa. En consecuencia, después de escuchar Pequeños Trastornos Sin Importancia con bastante interés y regocijo, he explorado el resto de su discografía, sin que me haya resultado ni la mitad de atractiva que el trabajo que hoy nos ocupa. De modo que vamos a ello.
Pequeños Transtornos Sin Importancia me ha parecido un buen disco, especialmente porque consigue innovar un poco en el panorama de los cantautores nacionales, que se puede hacer un poco repetitivo para quien no lo venera. La introducción de una faceta mucho más eléctrica, las numerosas colaboraciones y, en especial, la introducción de voces femeninas tan bien elegidas como los momentos en los que aparecen; lejos de restar protagonismo a las letras, les aporta brillo, las engrandece y, al menos en mi caso, consigue que les preste muchísima más atención que cuando se presentan casi desnudas o adornadas con algún ritmo latino. En este trabajo Julio de la Rosa consigue pasarse de manera muy satisfactoria a un género bastante más rockero sin perder la intimidad, sinceridad y crudeza de sus letras. Y es por eso que el disco se me hace muy interesante.
Como decía, el tema que me enganchó al disco fue el que lo abre, Colecciono Sabotajes, canción con hermosas tensiones, inclinaciones de rock suave y delicado que, sin necesidad de una gran pegada, desarrolla emociones sinceras en el oyente. De nuevo el ramalazo rockero se manifiesta, más intensamente todavía, con el divertido tema Kiss Kiss Kiss Me, que en este caso sí que cuenta con la baza de un estribillo pegadizo para asentar las buenas sensaciones que va produciendo el disco en sus primeros minutos. No obstante, no todo es rockero y divertido: Pequeños Trastornos Sin Importancia cuenta con algunos pasajes más reflexivos, más propios tal vez de la faceta acústica, como La Fiera Dentro, que cuenta con un arranque lento y dubitativo, aunque enriquecida eso sí con una pequeña dosis de electricidad que acaba dando paso a una segunda etapa del tema que se convierte en uno de los momentos más optimistas y luminosos del disco, rico en arreglos y con la estelar colaboración de Enrique Bunbury haciendo unos coros que dejan muy buena impresión.
Acto seguido llega el que para mi es el mejor momento del LP: Borrón y Cuenta Nueva, un melancólico tema con una instrumentación muy sencilla en la que el protagonismo lo gana la letra y la agradable diálogo entre la voz de Julio de la Rosa y Ainara LeGardon y unos ocasionales pero acertadísimos coros. Una canción sencillamente bonita y emocionante que no necesita abusar de recursos ni arreglos para transmitir emociones sinceras y fáciles de identificar para quién la escucha. Después, en un tono algo más optimista en lo musical, pero con letras bastante envenenadas, tenemos algunos temas entre los que se encuentra el single, Maldiciones Comunes, en el que Julio de la Rosa se muestra como un buen letrista, pero que no es en mi opinión el tema con más gancho del disco. Los últimos temas del disco se desarrollan básicamente en este mismo tono, de emociones bien medidas, tempos lentos pero enriquecidos con una profusión de coros que les aportan fuerza y dinamismo. Especialmente destacable es Glorieta de Trampas, que asciende lenta y firmemente hasta eclosionar en un final duro pero lleno de sentimientos.
Finalmente, el sosegado cierre, necesario después del maremágnum de violentas emociones que ha ido exhibiendo Julio de la Rosa a medida que avanzaban sus Pequeños Trastornos Sin Importancia. Un disco, en resumen, muy recomendable y accesible; incluso para alguien que como yo no disfruta demasiado del mundo de los cantautores.
Se nos debe notar bastante, que en bSides somos todos madrileños practicantes. Y cómo hemos visto que el asunto este de las listas gusta y trae cola, pues qué menos que pensar en las canciones que nuestro hogar ha inspirado a los músicos. Hemos de decir que no ha sido tarea fácil: Madrid tiene un par de poetas indiscutibles: Antonio Vega y, sobre todo, Joaquín Sabina, que es el compositor del himno más oficioso de la ciudad. Y cuando uno se pone a buscar aparecen algunos temas de Mecano, pero pronto empieza a emerger ponzoña del tipo Shakira o Maldita Nerea. No son esas canciones las que busca esta lista: obviamente, hay que poner algunas canciones imprescindibles cuando hablamos de Madrid, no se pueden obviar, pero también hemos intentado descubrir canciones que no conocíamos al confeccionarla. Esperamos descubriros a vosotros alguna que os guste.
15.- The Clientele, “Retiro Park”
El Parque del Retiro es una buena fuente de inspiración, y así le sucedió a The Clientele, una banda británica de pop-rock indie conocida desde hace años en el circuito londinense. Compusieron este tema tras una visita a nuestra capital, aunque no es demasiado conocido y ni siquiera hemos sido capaces de encontrarlo en Youtube, solo en la lista en Spotify.
14.- Uncle Tupelo, “New Madrid”
Esta canción no la conocía y me ha encantado: se trata de Uncle Tupelo, una banda de rock con toques folkies asentada en Illinois entre el final de los 80 y el principio de los 90. La canción es una agradabilísima composición country sobre la errónea predicción de un terremoto apocalíptico en la ciudad. Hace años que esta banda no está en activo.
13.- Avishai Cohen, “Madrid”
Es un prestigioso contrabajista israelí. Compone jazz sin perder de vista sus raíces culturales, haciendo honor, mediante detalles, a la tradición musical del pueblo de Israel. Madrid es un tema muy conocido de su discografía y en él, además trata de incorporar elementos que recuerdan lejanamente a algunas composiciones de Manuel de Falla, confiriéndole un sabor más andaluz que madrileño.
12.- Deluxe, “El Cielo de Madrid”
Empezamos a tocar la popular ola indie que sacude la capital en estos tiempos. Deluxe (Xoel López para los amigos) compuso este tema con corte de cantautor que es incapaz de quedarse en los aspectos más poéticos de la capital, cayendo en la inevitable observación de los mendigos y demás miserias madrileñas.
11.- The Britannicas, “The Girl From Malasaña”
Volvemos a un grupo absolutamente desconocido con miembros de Suecia, Australia y los Estados Unidos. Una banda de indie-rock con un solo disco y, en él, una canción dedicada a alguna chica de uno de los barrios más emblemáticos de la marcha madrileña.
10.- Burning, “Chueca”
El rock urbano no pudo ser indiferente a nuestra ciudad y, aunque esta canción fue compuesta muchos años antes de que la plaza de Chueca fuera el epicentro de la movida gay, no solo de Madrid, sino de buena parte de Europa (hasta hace 20 años esta zona de Madrid estaba seriamente deprimida y nada tenía que ver con lo que es hoy), es un himno a la vida de barrio en el corazón de la capital.
9.- Ragdog, “La Puerta del Sol”
Podría decirse que Ragdog es una banda más de la oleada de pop-rock casi indie pero también adolescente que nos invade estos días. El caso es que a yo no los veo tan relacionados con Malditas Nereas, aunque sí que hacen canciones muy sencillas de escuchar. En su primer álbum incluyeron este tema sobre el centro más centro de nuestra ciudad.
8.- Esclarecidos, “En El Medio Del Retiro”
Otra canción que no hemos sido capaces de encontrar en Youtube es esta de Esclarecidos, una banda madrileña del final de los 80 y los 90. Hacían pop del que salió justo de las últimas coletazos de La Movida, aunque muy dulce, agradable, fácil de escuchar y bastante bien compuesto. Esta canción (yo no la conocía) ha envejecido extraordinariamente bien y, además, tiene una letra bastante bonita.
7.- Loquillo, “Cuando Vivías en la Castellana”
Empezamos a entrar en una zona de canciones y artistas indiscutiblemente ligados a la capital y, aunque José María Sáenz Beltrán nació en Barcelona (o sea, el Johnny Cash patrio, Loquillo), Madrid no le deja indiferente. Aquí tenemos un tema de rock clásico, maduro y lento ambientado en una de las zonas más nobles de la ciudad.
6.- Luigi Boccherini, “La Musica Notturna Delle Strade Di Madrid”
¿No pega? Es mi lista y me la follo como quiero. Luigi Boccherini fue un compositor del barroco musical nacido en Lucca (Italia) pero que pasó buena parte de su vida como músico y compositor de la corte de finales del S. XVIII. Son muchas las composiciones que se le encargaron sobre, por y para la Villa y Corte pero esta es, sin duda, la más conocida y una de las más bellas.
5.- Antonio Vega, “Pasa El Otoño”
Ya hemos dicho que Antonio Vega es uno de los poetas por excelencia de la capital, y esta su canción más claramente dedicada a la melancolía otoñal de sus calles. Su dulce deje de cantautor no se deja embaucar por el aburrimiento acústico y busca también el solo de guitarra y algo de electricidad para dar cuerpo al tema.
4.- Victor Manuel y Ana Belén, “La Puerta de Alcalá”
¿Algo que decir? Lo dudo. Puede que sea machacona y que no haya envejecido muy bien, pero igual que La Puerta de Alcalá, esta canción sigue ahí.
3.- Mecano, “Un Año Más”
En este blog no hablamos mucho de Mecano porque no nos molan demasiado, pero es imposible hacer una lista de canciones sobre la capital de España sin mencionar al mítico trío de pop. Además, Un Año Más no está tan mal. Por supuesto, reproduce todos los lugares comunes de la nochevieja, ya no solo madrileña sino de la española, por ser la madrileña la retransmitida por televisión a todo el país. Es una de las canciones de la banda que más se repiten año tras año y de las que mejor han envejecido.
2.- Radio Futura, “Enamorado De La Moda Juvenil”
Radio Futura emanan Barcelona en casi todos sus temas, pero hay uno (lamentablemente no el mejor, sino más bien uno de esos que ganan cuando vas muy borrracho) que no tiene más remedio que suceder en Madrid. De La Movida, el más conocido, etílico y popular homenaje a nuestra Puerta del Sol.
1.- Joaquín Sabina, “Yo Me Bajo En Atocha” y “Pongamos Que Hablo de Madrid”
Aunque nació en Baeza, Sabina es el poeta de Madrid. No hay más vuelta de hoja, te puede gustar mucho o poco, caer bien, mal o fatal. Pero Madrid es Sabina y Sabina es Madrid. Y hay dos canciones que a cualquier madrileño, más aún si está un poquito lejos de casa, le ponen los pelitos de punta.
Con su otoño Velázquez, con su Torre Picasso,
su santo y su torero, su Atleti, su Borbón,
sus gordas de Botero, sus hoteles de paso,
su taleguito de hash, sus abuelitos al sol.
Con su hoguera de nieve, su verbena y su duelo,
su dieciocho de julio, mi catorce de abril.
A mitad de camino entre el infierno y el cielo
yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid.
Personalmente no puedo negar que me gusta más la primera, pero que es más mítica la segunda. Ambas, sin ser yo muy de cantautores, me ponen los ojitos húmedos.
Y ahora es cuando toda preguntar: a parte de Shakira, Rosana y otras cosas así como muy populares que no pienso nombrar, ¿nos hemos dejado algo? Los comentarios están para hacer esta lista más rica, bonita y grande. Esperamos vuestra ayuda. Como siempre, os dejamos a vuestra disposición nuestras listas de Spotify y Youtube con las canciones.
Seasons: Rising (2012) se publicó el 21 de marzo del presente año. Como la primavera. Y, también como la primavera, era un divertido y colorista canto a la casi felicidad. A esa felicidad realista que tiene luces y sombras pero que, ante todo, está hecha de colores vivos. Hablé de él en su momento y dije que tal vez fuera el mejor disco del ex Silence 4, David Fonseca. Ahora, con el otoño, llega la segunda e inevitable parte de aquél trabajo: Seasons: Falling. Fin de fiesta, como diría aquél. Si en la portada del primero, Fonseca aparecía montado en un carrusel, en plena vorágine de alegría infantil, ahora nos lo encontramos, todavía rodeado de colores, pero ahora los de unos globos que parecen ser sus únicos compañeros en un camino cuyo final no podemos ver. Si Rising hablaba de alegría, aunque a veces tenuemente matizada por las sombras de la realidad; Falling es lo opuesto: el rayo de luz en un día a día que, sin llegar a ser triste, le hace a uno meditar.
Obviamente, para escribir esta reseña, he releído lo que ya escribí entonces y me he encontrado con algo razonablemente natural: Seasons: Falling es continuación de la obra que es Seasons: Rising. Y como tal, casi todo lo que se me ocurre decir sobre el nuevo es lo mismo que dije en primavera. Si, de nuevo creo que Fonseca está madurando. Pero Seasons: Falling no es, ni de lejos, tan interesante como Rising. Como buen otoño, el nuevo de Fonseca es mucho más sosegado y apagado. Las canciones no están mal, pero me temo que abusa demasiado de este recurso porque, a diferencia de sus primeros discos en solitario, no aparece ningún tema que parezca destacar especialmente en el registro de la balada melancólica.
Pero es cierto que a medida que avanza el disco sí que empiezan a destacar temas en el registro rockero indie más de moda: la primera canción que realmente me llama la atención es Queen Of The Golden Sounds, y la sigue It Means I Love You, que son temas bastante parecidos (pero únicos, en lo que a género se refiere, en el disco), con algo del sabor indie del disco anterior: alegría, guitarras, ritmo fácil, ascendente y pegadizo y, sobre todo, un aparente potencial para el directo la mar de interesante. Antes de eso Monday, Tuesday, Wednsday, Thursday tiene un aire que me recuerda bastante al último disco de Fanfarlo, con la adecuada y recurrente idea de incluir una voz femenina (la profunda voz de David Fonseca siempre se crece con alguna dulce vocecita cerca, gana mucho). The hecho, la extraña voz femenina que aparece en I Shall Pass es lo único que la salva del tedio absoluto, de la canción lenta que ya hemos escuchado veinte veces.
All That I Wanted y No More Tears Running son la enésima incursión de Fonseca en el género de la balada pero, como ya pasó en la primera parte de este trabajo, está desentrenado: nada de lo que haga roza siquiera la dolorosa perfección de sus My Sunshine And My Rain o I See The World Through You (aunque, todo hay que decirlo, los discos que las incluían eran mucho más desiguales y menos interesantes que los de ahora). Ahora bien, la segunda es íntima, con una guitarra muy leve y acertada y una producción para la voz que da el cambio justo y necesario para un disco que, a lo mejor hacia en ese momento, se va haciendo un poquito monótono.
El problema es que desde aquí Seasons: Falling se queda en una especie de letargo que no es ni balada, ni seriamente deprimente y tampoco especialmente malo: solo que tampoco quedan canciones que destaquen salvo momentitos de brillo, como el estribillo de At Your Door, al que no le falta belleza, pero que parece casi que se arrastra de lo lento que se ha quedado el ritmo del disco a esas alturas. Intentar despertar de este letargo con la percusión del arranque de Heartbroken tampoco me acaba de funcionar, demasiado estridente para lo que ha venido antes y la canción tampoco cambia el tempo que se ha establecido. Ahora bien, la última, I’ll See You In My Dreams, sí que me parece muy acertada: capta a la perfección la lentitud de las cosas en otoño, de la luz amarilla que se va volviendo rojiza antes de oscurecerse. No busca tanto la balada romántica, sino las sensaciones, que asumo que es de lo que va esta pareja de discos.
Así que, ciertamente, Seasons: Falling es un buen contraste puesto junto a Rising, sí. Y me parece muy admirable la idea de Fonseca, bonita y con bastante cuerpo a la hora de escuchar los dos discos juntos. El problema es que si Rising funcionaba por si solo, yo creo que la lenta llovizna de melancolía de Falling no se entiende sin las otras canciones coloristas al lado. Falling por si solo me parece un disco un poquito aburrido. Como parte de una obra mayor, me parece que tiene más sentido. Aunque tampoco creo que Fonseca haya sido capaz de captar la esencia del otoño con tanto acierto como captó la de la primavera hace unos meses. Tampoco era fácil, lo que se había propuesto el portugués y es por eso que no puedo, cuanto menos, que alabarle el gusto.
No me voy a alargar, lo prometo. Y no quiero que se me llene esto de trolls. Ni siquiera quiero que mi familia, a la que acompañé anoche al primer concierto que la gira Dos Pájaros Contraatacan se dejaba en el Palacio de los Deportes de Madrid, piense que no aprecio el concierto que vimos anoche. Pero es que Serrat y Sabina me superaron. Para mal. Y me fastidia, ¿eh? Obviamente ni soy ni tengo edad para ser una gran aficionada a los discos de ninguno de estos dos, de los que conozco (y disfruto mucho) de sus grandes éxitos. Pretéritos. El mundo de los cantautores patrios nunca me ha llamado tampoco: me parece soso, aburrido y, por lo general, monocromático. Imitador de estos dos.
Pero el caso es que hace años Serrat y Sabina montaron una gira llamada Dos Pájaros de un Tiro que los llevó por toda España y gran parte de América. Aquello fue un éxito redondo y con razón: se trataba de un concierto (obviamente perfectamente milimetrado) de más de dos horas que tiraba de emociones, karaoke continuo y saber hacer. Tuve oportunidad de verlo, también en familia, y creo que de verdad merecía mucho la pena ver a Serrat y Sabina cantando juntos Mediterráneo o 19 Días y 500 Noches. Era una gira en la que los dos tenían el mismo protagonismo y en la que no se andaban por las ramas con el repertorio: a golpe de himnos del tardofanquismo el uno y de la dilatada trayectoria de canalla de los 80 el otro, movían a la audiencia entre la felicidad y el llanto. No exagero.
Tenía la esperanza de encontrarme algo parecido anoche, a pesar de que La Orquesta del Titanic (2012), el disco que han sacado juntos y que se supone que es el que presentan en la gira, es una castaña insoportable, indigno de cualquiera de estos dos gigantes de la historia de la música del siglo XX en España (Sentencia me lo describía hace unos días, muy acertadamente, como música de ascensor). Pero no. El arranque prometía, sí, con Y Sin Embargo cantada a dúo (solo faltaría), con mucha emoción por parte de los intérpretes y del público. Pero pronto se descubre que esta segunda gira conjunta es un pálido reflejo de la primera: para empezar, son muy numerosas (demasiadas) las canciones que cantan uno u otro en solitario, convirtiéndose en un concierto de Sabina en el que el madrileño se va a descansar algunos ratos y mientras sale Serrat a cantar algo. Entre medias, unos diálogos entre los dos genios absolutamente guionizados, mal repetidos y bastante tediosos. Encima, sazonados con algunos chistes machistas y bromas soeces que a mi me hacen nula gracia.
Anoche, las únicas subidas de calidad fueron gracias a las intervenciones en solitario de Joaquín Sabina
Todo esto importaría un poco menos si la calidad musical del concierto estuviera a la altura. Pero es que tampoco. Al menos en el concierto que yo vi anoche, Serrat cantó casi a media voz en todo momento, dejándose apoyar constantemente por las dos coristas que llevan (¿en serio es necesario que el realizador haga tantos primeros planos de los pechos de éstas? ¿y si enfocan el paquete del bajista?). Además, dos de sus canciones más hermosas y conocidas, Mediterráneo y Tu Nombre Me Sabe A Yereba, se interpretan con una base de ritmos caribeños que les quita cualquier atisbo de emoción. En serio, un desastre, no encuentro sentido ni motivo para eso.
Eso sí, las partes de Sabina un poco mejores: el genio del bombín madrileño ha recuperado un poco la voz y las canciones que le tocaba interpretar sonaban mucho más sólidas y seguras que las de su compadre. Y no es que Sabina jugara en casa: es que sencillamente cantó mucho más y mejor que Serrat. Punto, no puedo decir otra cosa. Pero tampoco es suficiente. El problema es que el toma y daca se prolonga durante horas. ¿Cuántas? Pues, al menos anoche, dos y tres cuartos. ¿Todo para qué? ¿Para intentar que el espectador no se vaya con la sensación de que, aunque se hayan dejado Lucía, Penélope, Ruido, Calle Melancolía, Pacto Entre Caballeros o Paraules D’Amor? Pues no lo consiguen. A mi me generaron tedio y sueño: horas interminables rellenadas con canciones que no son las que me apetece oír. Y encima eso, unas cuantas de las del nuevo disco. Honestamente, no creo que la gente compre la entrada de Dos Pájaros Contraatacan para escuchar precisamente esas canciones.
Pero tampoco voy a negar que sufro desfase generacional: muchas personas en el concierto parecían satisfechas. Ahora bien, tampoco vi a nadie que pareciera ni de lejos lo emocionado que estaba absolutamente todo el mundo cuando los vi juntos hace años. A mi del concierto me sobró una hora, dos bises (ojo, hacen tres, aunque no lo parezca, después de Ocupen Su Localidad aún vuelven a tocar otros dos temas) y los chistes de mal gusto. Lo demás, pues bueno, es lo que son: mi familia disfrutó pero no se extasió. En cualquier caso, quien no los haya visto nunca, no debe perder la oportunidad porque momentos emocionantes no le faltan tampoco al concierto. Supongo que hay cierta edad a la que es imposible no disfrutarlo. Hoy repiten en Madrid y siguen para bingo. Quien vaya, que lo haga con tiempo: los accesos al Palacio son deplorables.
¿Vives en Madrid? ¿Te gusta Twitter? ¿Te gusta la música? (Esta última pregunta tal vez sea un poco estúpida, si no te gustara no estarías en este blog… ¿no?) Pues estás de enhorabuena: la semana que viene podrás disfrutar de un evento que combina Twitter, música, un pub irlandés gigante y gente maja. Y como en bSides nos gusta pasarlo bien y compartir los eventos en los que creemos que la gente se puede divertir, pues os lo contamos. Pero, para empezar, ¿qué es la ReTwittMad? Es una quedada de twitteros madrileños que se celebra en el Irish Rover (un pub irlandés gigante y muy cómodo que está cerca de la parada de metro de Santiago Bernabéu) que se celebra el primer miércoles de cada mes. Puede ir cualquiera, no hay que tener ni muchos ni pocos followers, solo ganas de tomar una cerveza, conversar y desvirtualizar.
Pero… ¿qué pinta esto en un blog de música? Pues se da la casualidad de que a veces la ReTwittMad es temática y este mes han tenido la buena idea de hacerla musical. Por ello han pedido a sus seguidores y asistentes que les digan a qué bandas les gustaría ver en el Irish Rover el próximo miércoles mientras se toman unas cervecitas. Y los ganadores han sido cinco grupitos pequeños, de esos que están empezando y que tienes que bucear por su myspace para escucharlos. Y oigan, que van a tocar de gratis, no se crean que para entrar a la ReTwittMad se cobra entrada y lo mejor es que no suenan nada mal. Así que veamos qué nos ofrecen con esta lista de reproducción de Youtube que hemos montado con lo vídeos que resultaron ganadores del certámen.
Para empezar, New Aristocrats compartirán su pop alegre y, sobre todo, glamuroso. A buen seguro ofrecerán la actuación más bailable y movida de la velada. En un registro completamente diferente, el de los cantautores, vamos a disfrutar de Lonch, con ritmos ligeramente latinos y algo bluseros; e Itziar Baiza, de voz tierna y melosa y temas emocionantes y melancólicos para añadir un punto romántico al evento. En un género mucho más blusero, con cierto gusto por las cadencias con las que se mezcla el rock a medida que avanzas hacia el sur de los Estados Unidos, se encuadra Monquimod, que ofrecerá una actuación de esas que se llenan de punteos imposibles y una extraña pero alegre sensación de melancolía. Por último, y como incorporación de última hora, la joven raperaBea Covisa para completar el abanico de estilos y géneros con su femenina mezcla de poesía y conciencia social que se acopla rápidamente al ritmo de nuestros pies y cabezas.
De modo que esto es, un evento gratuito en el que se va a poder disfrutar de buena compañía, un pub amplio y cómodo y música gratis y de buena calidad. Yo no sé vosotros, pero a mi me parece un planazo de miércoles por la noche. Ya sabéis: a partir de las 20 en el Irish Rover.
Yo no sabía muy bien a qué atenerme anoche. Ya comenté hace cosa de un mes que me gusta mucho Regina Spektor pero que, siendo bueno, no me parece que su último disco sea tan sobresaliente como los anteriores. Pero un concierto de la Spektor, ya no solo en Madrid, sino en el Price, que es un sitio que se oye especialmente bien, no daba ni un minuto de reflexión: iba a ir y punto. A pesar de mis dudas, de lo ecléctico de la música de la Spektor y de creer, en mi infinita ignorancia, que muchos de sus gorgoritos, acrobacias vocales y saltos de estilo en la misma estrofa no eran más que arreglos de producción que en directo se solucionarían de cualquier otra manera. Una demostración más de que yo soy imbécil. Regina Spektor no se deja en el tintero ni uno solo de los detalles que hacen que sus discos suenen tan extraña y locamente especiales. Es más, los mejora con creces.
La velada empezó algo sosita, con el cantautor conocido como Only Son, pertrechado con una guitarra acústica y un iPod que hacía la gran parte del trabajo instrumental. Pero bueno, el chico fue gracioso, intentando que el público le enseñara palabritas en español y cosas así, pero un pelín repetitivo y no demasiado emocionante.
Y luego apareció ella. Empezó sola, a capella, con la única ayuda de unos golpecitos que daba con el dedo sobre el micrófono para interpretar los ritmos de sus orígenes con Ain’t No Cover: se hizo el silencio y se ganó al Price. Intensa pero natural a la vez, pequeña y delicada, pero iluminando y llenando ella sola el escenario. Le bastó eso, un solo lamento amoroso a capella para dejar bien claro de qué iban a ir los algo más de cien minutos de actuación con los que nos deleitó.
Ya al piano y acompañada de cello, teclados y una potentísima batería, empezó tocando algunas de sus canciones más conocidas, sacadas de Far y Begin To Hope, que animaron mucho al personal, especialmente On The Radio, una de esas canciones con las que uno no puede evitar sonreír. El Circo Price ayuda, pero lo cierto es que todo sonaba muy bien: aunque la carga de percusión era muy superior a la que yo me habría esperado, estaba perfectamente imbricada con el piano, que no paraba de sonar y, sobre todo, con la excepcional voz de Regina Spektor. Y es que, como dije antes, es una voz que no se deja nada: no hay tregua, cada detalle de los discos aparece, corregido y aumentado, hecho más emocionante, de modo que, visto de cerca, tiene uno por fin una idea de lo bien que es capaz de cantar esta mujer.
Las canciones fluyeron como un río, de forma natural, haciendo que el tiempo pasara sin darnos cuenta (para cuando se me ocurrió mirar el reloj por primera vez, la Spektor ya llevaba más de una hora sobre el escenario); tal vez con el único defecto de que el pesto de los temas de What We Saw From The Cheap Seats (2012) en detrimento de canciones (que a mi me parecen) imprescindibles como Dance Anathem Of The 80′s, que se quedaron en el tintero. Pero ello quedó compensado con creces por la magnética presencia de esa chica delgadita y terríblemente tímida (¿de qué te avergüenzas, hija mía? ¿de ser tan buena?) que se lamentaba por solo decir muchas gracias y tortilla de atún en nuestro idioma. Daba la impresión de que le daba vergüenza establecer alguna conversación con el público, pero tampoco podía ocultar la satisfacción de ver que se nos había metido en el bolsillo casi sin reservas.
Especialmente destacable por su delicadeza y belleza, How, y por su íntima letra, The Party, las dos joyitas del último disco. Los bises se hicieron esperar, y me cuesta recordar unos tan aplaudidos en una sala de estas características. Al regreso, todo fueron coros para acompañar a la Spektor en los temas más conocidos de (por fin) sus dos primeros discos: Us y Fidelity. El concierto acabó de forma demasiado pausada para mi, con Samson, y esperando unos minutitos más de inspiración. Pero bueno, hora y tres cuartos es algo de lo que no nos podemos quejar en absoluto. Un concierto que colmó mis expectativas con creces y que recubrió con un brillante barniz la figura de Regina Spektor en mi mente. Para el recuerdo queda el armonioso setlist que tocó en el Price, convertido en lista de Spotify, y nuestra galería en Flickr.