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The Patti Smith Group y su Easter han envejecido estupendamente

Publicado en 04 marzo 2013 por

Si alguien lee otros artículos sobre Patti Smith aquí en bSides puede llegar a pensar que no somos muy objetivos. No le faltaría razón: no somos objetivos porque la adoramos pero no llegamos al acoso (aunque, por motivos que no vienen al caso, ella puede opinar otra cosa). Suele ocurrir que un artista nos deja fríos hasta que, de repente, una canción suya provoca una descarga eléctrica en nuestro cuerpo y cambia totalmente nuestra forma de ver su música: eso fue lo que me ocurrió con Patti y su Free money. Ni Gloria, ni Because the Night ni la pastelada de People Have the Power. Free money es Dios y no hay más que hablar. Como soy una persona muy perseverante (al menos en los aspectos que me interesan), no paré hasta lobotomizar a The Lost Dreamer. Sólo puedo decir: ¡de nada!

Patti Smith Group

Hoy se cumplen treinta y cinco años (¡ya está más cerca de los cuarenta que de los treinta!) desde la publicación de Easter, el tercer disco de Patti Smith y el segundo con su banda, The Patti Smith Group. Es, con toda probabilidad, el álbum con un sonido más limpio y accesible de todos los que componen su primera época y también es el trabajo que la catapultó al panorama internacional. Sí, Gloria y el Horses en general molan, pero la canción de Patti que más suena en las radios de todo el mundo es (muy a mi pesar) Because the Night. No hablamos de un hit a lo Kylie Minogue ni nada por el estilo: llegó al número 13 en el Billboard Hot 100 y eso bastó.

No fue un parto fácil, ni mucho menos. Patti sufrió una caída en enero de 1977 y se rompió varias vértebras cervicales, viéndose obligada a reposar durante un largo periodo de tiempo. Durante esa etapa aprovechó para meditar sobre el futuro: estaba cansada de hacer giras interminables y ansiaba un poco de sosiego (amén de que acababa de conocer a Fred Sonic Smith, con el que se acabaría casando). Bajo los efectos de las drogas calmantes que le suministraba su enfermera empezó a escribir Babel, un libro de poemas que contendría una patticollarinselección de sus mejores éxitos en la poesía así como nuevas composiciones orientadas hacia la prosa poética. Entre este material podemos encontrar Babelogue y High on Rebellion, que constituirían la parte de spoken word de lo que llegaría a ser Easter y que acompañarían a Rock n Roll Nigger y 25th Floor, las canciones más rockeras del disco. La aplicación de su vertiente poética a la música no es una casualidad, sino una característica. Otro rasgo clave de cualquier trabajo de Patti (o de The Patti Smith Group) es la inclusión de canciones consideradas ya arcaicas en ese momento: la ya mencionada Rock n Roll Nigger se compuso en 1975, antes de la publicación de Horses mientras que otros temas como Space Monkey o We Three ya formaban parte del repertorio del grupo allá por 1974

PS-et-FS1A lo largo de todo el trabajo hay continuas alusiones a las imágenes religiosas. Ghost Dance es un canto chamánico que rinde homenaje a los rituales de los nativos americanos, mientras que la canción que da título al álbum no es ningún tipo de metáfora. Privilege (Set Me Free) es una versión de la canción de la banda sonora de la película del mismo nombre y contiene trozos del Salmo 23. ‘Till Victory tiene un significado ambiguo entre la religión y el camino hacia la victoria. Incluso Easter como álbum hace alusión a las fiestas de Pascua, en conmemoración a la época en la que Patti pudo volver a actuar tras su accidente. El segundo tema más mencionado es el del amor, aunque no en su faceta más romántica. We Three trata sobre un trío amoroso (posiblemente el que mantuvo con Allen Lanier y Tom Verlaine) mientras que 25th Floor y Godspeed (la cara B de Because the Night que luego sería añadida a las posteriores remasterizaciones de Easter) proporcionan detalles de los primeros encuentros de Patti y Fred Sonic Smith. Otros temas ya utilizados anteriormente por el grupo vuelven a tener hueco aquí: la actitud rebelde sobre el escenario caracterizan las pistas de spoken word mientras que uno de los clásicos por excelencia, los ovnis, se ven retratados en Space Monkey y su apoteósico final en el que Patti recita, totalmente en serio, que no podrá volver a lavar los platos una vez que la nave espacial complete su abducción.

Because the Night es la canción que permitió que el disco se vendiera, así que se merece un párrafo para ella solita. Es uno de los temas que tratan sobre la relación de Patti y Fred (concretamente sobre una llamada telefónica que tardaba en producirse) y, como todo el mundo sabe, es una pista de colaboración con Bruce Springsteen. Llamarlo colaboración es, quizás, un poco excesivo ya que se trata más bien de un descarte de Bruce, que estaba grabando Darkness on the Edge of Town en el estudio de al lado compartiendo a Jimmy Iovine como productor. Éste le dio la cinta a Patti, que escribió la letra mientras esperaba la llamada de Fred. Y ya está: así se componen los éxitos. Su repercusión no implica que fuese la mejor canción del disco, ni mucho menos. De hecho, tras escucharlo de principio a fin, queda la sensación de que no pega mucho con el resto de cortes.

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No podemos terminar esta celebración sin hablar de las polémicas surgidas tras la publicación de Easter. La más light fue la portada: Lynn Goldsmith retrató a Patti en pose sugerente, sexy y juguetona con la axila sin afeitar. El público se le echó encima y le llamó de todo empezando por guarra. Resulta curioso el sistema que siguió Patti para elegir la foto entre todas las de la sesión: se tumbó en su cama y se masturbó mirando a la imagen y sólo estuvo segura cuando consiguió llegar al orgasmo. Su teoría: si ella podía hacerlo, la gente que lo intentara, también.

5455789052_31256999da_bNo tan light fue la letra de Rock n Roll Nigger, canción que hemos dejado para el final. En la línea de High on Rebellion y Babelogue, la temática general trata sobre la rebelión, la actitud sobre el escenario y la vida al margen de la sociedad (palabras textuales del estribillo). Obviamente la palabra “nigger” (que significa “negro” en tono despectivo) no iba a pasar sin más ante los ojos del público y las acusaciones de racista le llegaron desde todos los lados. Para buscar la explicación real habría que buscar en el contexto: la primera vez que Patti utilizó dicho término en una composición fue en la pieza de prosa poética titulada Nigger Book, que se puede encontrar en el ya citado Babel así como en diversas actuaciones en directo. En su dimensión utiliza “nigger” como símbolo de persona al margen de la sociedad que desempeña su labor sin contar con su influencia y que, buscando una referencia religiosa un poco forzada, al final sería la elegida. Patti justifica su posición diciendo que ella se crió en un barrio donde los negros utilizaban términos igual de despectivos para hablar con ella pero como si fuera algo natural, neutralizando así la carga negativa. Pero eso es material para otro debate. Rock n Roll Nigger sigue siendo el tema con el que termina la mayoría de sus conciertos, demostrando que sigue tan joven de espíritu como siempre pero con treinta y cinco años de arrugas encima. 

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Isle Of Wight Festival (y III): no solo de Springsteen vive el festivalero

Publicado en 03 julio 2012 por

Un festival inglés no lo es tanto sin sus atracciones. El IOW2012 tenía hasta una noria gigante.

Si en mi anterior entrega dije que el sábado era la jornada menos interesante del IOW Festival 2012, al domingo le sucedía todo lo contrario. Las bandas que quería ver se agolpaban en el horario, con consecuencias especialmente dramáticas a medida que avanzaba la tarde: tuve que elegir entre The Vaccines o Suzanne Vega, o entre Ash y The Darkness o Bruce Springsteen. En realidad me pareció bastante insultante el mero hecho de que hubiera alguna otra banda tocando durante el concierto del Boss, y más aún grandes reclamos del cartel del festival como estas dos últimas que he mencionado, con el aliciente de que Ash fue uno de los grupos que más me gustaban en mi adolescencia y me moría de ganas de verlos. Empecemos.

Buen rock de la mano de Spector, Band Of Skulls y The Virginmarys

A primera hora de la tarde del domingo el festival cogía tintes muy pero que muy rockeros. Mi primera parada fue el concierto de los londinenses Spector, de los que ya hablé hace tres semanas con motivo del Field Day Festival de Londres. Tengo que aceptar que el concierto que ofrecieron en esta ocasión fue prácticamente idéntico al que vi entonces, pero también es verdad que me gustaron tanto que me apetecía repetir; más aún sabiendo que en cuanto vuelva a España las posibilidades de pillarlos en directo se reducirán exponencialmente.

Los londinenses Spector durante su actuación

Así que bien, la inemsa carpa The Big Top bastante llena para ser las cinco de la tarde y los chicos practicando el rock británico de manual, como manda de unos buenos herederos de Franz Ferdinand o The Vaccines, bien sonorizados, con con pegada y gancho entre el público y canciones que ya se empiezan a corear sin dificultad a pesar de que su primer álbum aún no ha sido publicado. Digo lo que dije hace unas semanas: ojo a estos chicos cuando saquen disco porque apuntan maneras, y si siguen así, pueden llegar muy arriba.

Después llegó la hora de sentarse un poco sobre el césped barro que había frente al escenario principal, con una mantita adecuada para ello, obviamente y ver, con una cervecita en la mano y muy de lejos, a Band Of Skulls animar la soleada tarde inglesa. Tal vez un grupo demasiado oscuro y cañero para una hora tan temprana, pero como no tenían asignado demasiado tiempo se defendieron muy bien y encajaron en el esquema festivalero. Este grupo, ruidoso y algo punkarra pero con tintes muy oscuros, estará en unas semanas en el Bilbao BBK Live!: son recomendables. The Devil Takes Care Of His Own y otros temas similares suenan muy pero que muy oscuros, pero les quedan muy bien. Aquí en el Reino Unido se están haciendo bastante conocidos y la gente estaba muy emocionada con ellos, y eso suele ser un buen síntoma. Si pueden pillarlos en el BBK, no duden: están bastante bien.

Y para acabar con esta primera tanda rockera de la tarde volví a ir hasta The Big Top para disfrutar un rato de The Virginmarys, una banda de corte mucho más duro que las anteriores, con muchísima distorsión y percusión que no consiguió congregar ni a la mitad de la gente de la que había metido Spector en esa misma carpa un rato antes. No me malinterpreten, lo hacían bien, en su estilo estaban muy correctos, pero tanta distorsión hacía que todas las canciones sonaran iguales y el concierto se acababa haciendo muy repetitivo. Tal vez un poco más de variedad y de carisma por parte de alguno de sus miembros habría lo habría hecho más divertido.

Suzanne Vega y Beth Hart: dos cantautoras muy especiales

Aquí vino el primer momento complicado del día: The Vaccines se subían al escenario principal mientras dos cantautoras que me apetecía ver actuaban en el otro extremo del recinto. Con muchas dudas después de su decepcionante paso por el Field Day Festival, asomé la nariz a ver qué hacían los chicos. Unos minutos me bastaron para decidir que lo que iba a ver iba a ser muy parecido a lo que ya me había hecho dudar profundamente de ellos unas semanas antes y que, sobre todo, el escenario principal se les quedaba muy grande. Así que me agarré las botas y atravesé el barrizal de recinto en el que todo se había convertido para un rato más tranquilo de mano de un par de cantautoras de calidad.

La primera que vi era otro de esos personajes a los que nunca te esperas pillar: Suzanne Vega que, antes de que preguntéis, sí que tocó algo más aparte de My Name Is Luka. Un show sencillo y austero: ella con un sombrero de copa cantando y ocasionalmente cogiendo la acústica y un guitarrista con una eléctrica, aunque en un par de ocasiones me pareció oír claramente un bajo que no sé de dónde venía. Como digo, austera y correcta, una balsa de tranquilidad entre todo el rock del día que tal vez era más necesaria de lo que parecía. Aparte de la coreada Luka, muy muy muy hermosa sonó The Queen And The Soldier: pausada y triste, emocionante y tan bien cantada que hizo que mereciera la pena el paseo al otro lado del recinto. La actuación de Suzanne Vega fue más que ese gran éxito, que no sonó mal pero que se notó que cantaba ya algo aburrida de él: la mezcla de letras tristes y muy femeninas con cosas un poco más bailables salió muy bien. No me mataría por volver a verla, pero creo que hice bien en pasarme por su escenario.

Beth Hart y parte de su banda en uno de los escenarios pequeños

La que sí que me interesaba de verdad era Beth Hart, una mujer con una voz impresionante a la que escuché por primera vez hace muchos años pero que no se deja caer demasiado por estos lares. Su mezcla de rock y blues a partes iguales en su versión de estudio se quedó en la versión más rockera para esta actuación, aunque la notable banda que la acompañaba mientras ella se sentaba al piano y dejaba a los cuatro gatos que nos habíamos congregado frente a su escenario en cuanto abrió la boca, hizo un magnífico trabajo para mejorar, que no tapar, las excepcionales cualidades de la Hart. La primera parte del concierto estuvo centrada en sus trabajos más recientes, My California (2010) y su disco de versiones con Joe Bonamassa, que fue la única concesión al blues que se permitió. De lo que pude llegar a ver, especialmente destacable L.A. Song, con piano pero también algún detalle rockero muy sentida y emocionante. Una voz increíble. Pero lamentablemente mis acompañantes se morían de ganas por volver al escenario principal y no pude ver los 10 últimos minutos de la actuación, de modo que me perdí probablemente dos de mis temas favoritos. De todos modos, sin lugar a dudas, si vuelvo a tener oportunidad de verla, no lo dudaré: esa voz exige tantas escuchas como sean posibles.

El Boss

Poco se puede decir que no se haya dicho antes sobre Bruce Springsteen y su directo. Más aún tras la exhibición que había dado en Madrid una semana antes, así que seré breve. Por supuesto aprecio a Springsteen y ponerme un disco suyo siempre es agradable. Ahora, no soy ni de lejos una fan: solamente le aprecio y le admiro. Y como me gusta mucho la música sabía que antes o después tenía que verlo en directo. Todo lo que se dice sobre su legendaria vitalidad, su inagotable energía sobre el escenario y sus interminables conciertos es cierto. Para bien y para mal. Me explico.

Este hombre se sube al escenario como una apisonadora. Todo suena a delicia, no hay nada, absolutamente nada mal. Técnica y vocalmente lo que ofrece es un portento. No para de moverse, de acercarse al público (se habían habilitado unas plataformas para que se acercara a las primeras filas fácil y rápidamente), de dar la mano, repartir besos, ponerse sombreros, saltar, gritar, sonreír y, por supuesto, cantar y tocar la guitarra. Es un no parar y le deja a una sin palabras que a su edad no pierda el resuello con tantas vueltas. Y claro, así cualquiera se divierte, da palmas y canta las canciones que se sabe. Es un espectáculo que hay que ver, eso está fuera de toda duda.

Ahora bien, le encontré pegas, puede que producto directo de la cercanía espacial y temporal del concierto de Tom Petty and The Heartbreakers: dónde Petty administraba las fuerzas, racionaba las emociones dándole lo justo y necesario a cada tema, conversando con el público pero sin hacer de este feedback un objetivo, sino un divertimento puntual; Springsteen aplicaba exactamente la misma densidad energética a todas y cada una de las canciones, sin importar si fueran nuevas o viejas, hits o temas menos conocidos, lentas o rápidas, daba igual: todo se interpretaba con artillería, caballería y arengas de combate, como si fuera el último tema de su vida.

Son estilos, sencillamente, pero creo que a mi me gusta más el de Petty, porque lo de Bruce acabó haciéndoseme algo cansado y repetitivo, y tras unos primeros 20 minutos muy explosivos con No Surrender y We Take Care Of Our Own, el concierto se sumió en una especie de inercia en el que los temas pasaban sin que me interesara demasiado en distinguirlos. Llegado cierto momento hasta los paseos del Boss por las primeras filas y lo de dejar a los niños cantar también se me hizo repetitivo. Ni siquiera ese Because The Night, que tantas veces he escuchado a Patti Smith (sí, me gusta más la versión de ella), me hizo especial gracia.

Hubo que esperar a la traca final con Born In The U.S.A, Born To Run y Glory Days del tirón para desentumecerme. Eso sí, el concierto acabó con fuegos artificiales sobre la Isla de Wight y el Boss versionando a gritos el Twist and Shout the los Beatles, como ya había hecho unos días antes en Madrid. Grandioso final, hermosos fuegos artificiales y, el concierto, todo lo que esperaba de él. Ni más ni menos. Ojo, me gustó. Pero no fue el mejor de mi vida.

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Pasó un ciclón

Publicado en 24 junio 2012 por

Bruce Springsteen y su E-Street Band arrasan con la depresión regalando el concierto más largo de su carrera al Santiago Bernabéu.

A nadie se le escapa que Bruce Springsteen es un artista de claro corte político y marcado compromiso social, no solo en lo que se refiere a su obra, sino también en sus apariciones en público. Su éxito se ha cimentado en gran parte en el alto nivel de cercanía e identificación que adquiere con su público allá donde va, procurando estar siempre al día de la realidad que se vive en cada lugar que visita. Tampoco es un secreto que la relación del Boss con España es especial, lo que justifica que nuestro país haya contado con más conciertos que ningún otro en la gira de presentación de “Wrecking Ball“, únicamente por detrás de la tierra natal del artista. A buen seguro, ambas razones hicieron que Springsteen y su E-Street Band salieran el pasado domingo al escenario del Santiago Bernabéu dispuestos a cerrar su paso por nuestro país con una actuación para el recuerdo.

El Boss supo hacer vibrar a un Bernabéu a rebosar

Los treinta y cinco minutos de retraso con que los músicos comparecieron sobre las tablas, en parte justificados por el lento y tardío acceso del público al recinto, fueron toda la tregua que Bruce y sus chicos concederían esa noche al tedio y el desánimo. El arranque sin piedad de “Badlands” fue seguido por “No surrender” en lo que a todas luces era una clara declaración de intenciones. El horrendo sonido inicial mejoró bastante para la presentación de los primeros temas del nuevo álbum, si bien en ningún momento llegaría a sobrepasar un nivel que pudiera calificarse más allá de decente. Los problemas de acústica propios de un estadio tan alto y cerrado sobre sí mismo, construido para multiplicar los sonidos procedentes del graderío en ecos infinitos, fueron el principal hándicap de la primer mitad de la actuación. No obstante, la indudable calidad y descomunal entrega de los músicos que pisaban el escenario compensaron sobradamente cualquier problema, y lograron por ejemplo, aunque un poco antes de lo esperado, que “Wrecking Ball” cumpliera las expectativas de convertirse en un nuevo himno en directo. “Come on rise up, come on rise up!“: para “My city of ruins“, coreada al unísono por la audiencia, Springsteen ya tenía a todo el mundo en el bolsillo, y por si alguien se había quedado fuera terminó de echar la cremallera con “Spirit in the night“.

Bruce, con su amiguete Southside Johnny

Llegaba el momento de aderezar la actuación con algo más, y Bruce se ponía en plan showman invitando al escenario a su viejo amigo  Southside Johnny, que en su momento tan fielmente le siguió contribuyendo al establecimiento de lo que daría en llamarse “sonido Nueva Jersey“, con Steve Van-Zandt como vínculo en la composición entre sus respectivas bandas. Juntos teatralizaron “Talk to me“, uno de los temas más conocidos del artista, para acabar fundidos en un sentido abrazo. Inmediatamente a coninuación, la primera interpretación en la historia de “Spanish eyes” constituiría uno de los numeroros guiños de Springsteen a su legión de seguidores en nuestro país, a quienes estaba dispuesto a hacer más de un regalo. Las canciones del inolvidable e imperecedero “The Rising” siguen suponiendo uno de los puntos fuertes del directo de la banda, y así “Waiting on a sunny day” brilló con luz propia, además de contar con la ya acostumbrada colaboración en el estribillo de un tímido niño al que Springsteen subió al escenario. El Boss, pendiente de todo y de todos, incluidos aquellos que no estaban, tuvo un recuerdo especial para Nacho, un joven seguidor recientemente fallecido, a quien dedicó nada más y nada menos que “The River“. La inmensa “Because the night” iniciaba el prolongado final del cuerpo principal del concierto, completado por “My love will not let you down”, la sempiterna “The rising” y la optimista “We are alive”, antes del clímax de “Thunder road“.

El Boss, todo energía y positividad

Sin apenas tiempo para el descanso, la más calmada “Rocky ground” dio inicio a unos bises que acabarían convirtiéndose en un concierto en sí mismos. Y menudo concierto sería. La sucesión de “Born in the U.S.A.“, “Born to run” y “Hungry heart” hizo olvidar por completo cualquier problema de sonido anterior, y para entonces ya sólo importada la fiesta que se vivía sobre el escenario, en el césped, en la grada y en el interior de cada uno. Springsteen hacía realidad el sueño de todos de compartir su contagioso optimismo sobre el escenario personalizando su invitación en una espectadora a la que concedió su petición de poder bailar “Dancing in the dark” junto a Nils Lofgren. Cuando ya se superaban con creces todas las expectativas de duración del concierto, Steve Van Zandt tenía que reanimar al cantante, que simulaba estar completamente derrotado, antes de que la banda se arrancase con “Tenth avenue freeze-out“, que serviría de colofón a la vez que sentido homenaje al desaparecido Clarence Clemons, cuya imagen llenaría las pantallas en una sucesión de escenas que rememoraban su trayectoria al lado de Springsteen. El relevo de su eterno saxo ha recaido en esta primera gira en su ausencia en manos de su sobrino en el enésimo gesto de humanidad por parte del Boss, que palmeaba la espalda del chaval, visiblemente emocionado por las muestras de afecto del público.

Springsteen se despedía dejando un recuerdo imborrable

Pero Springsteen no estaba dispuesto a dejar que su paso por nuestro país acabara con el más mínimo resquicio de concesión a la melancolía, de modo que cuando la banda ya se abrazaba para despedirse frente al público volvía a coger la guitarra para invitar a bailar una vez más a una audiencia que no daba crédito de lo que estaba presenciando. “Twist and shout” desencadenaba de nuevo la locura y alargaba la actuación hasta las tres horas y cincuenta minutos, en lo que constituía el récord absoluto de la carrera del Boss. Todos abandonamos el estadio ya sin posibilidad de tomar el metro y condenados a pelearnos por conseguir un taxi, pero con la sensación de que habíamos vivido algo único e irrepetible. Aunque, tratándose de Springsteen, nunca se sabe…

Como bien dice el jefe, los tiempos duros vienen, los tiempos duros se van. Pero el recuerdo de noches como esta queda para siempre. Nos despedimos con el repertorio completo de un concierto para la historia.

1. Badlands

2. No surrender

3. We take care of our own

4. Wrecking ball

5. Death to my hometown

6. My city of ruins

7. Spirit in the night

8. Be true

9. Jack of all trades

10. Youngstown

11. Murder incorporated

12. She’s the one

13. Talk to me

14. Spanish eyes

15. Working on the highway

16. Shackled and drown

17. Waitin’ on a sunny day

18. Apollo Medley

19. The river

20. Because the night

21. My love will not let you down

22. The rising

23. We are alive

24. Thunder road

*******************************

25. Rocky ground

26. Born in the U.S.A.

27. Born to run

28. Hungry heart

29. Seven nights to rock

30. Dancing in the dark

31. Tenth avenue freeze-out

32. Twist and shout

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Hablemos bien del jefe

Publicado en 12 marzo 2012 por

Repasamos lo último del Boss, que tendremos oportunidad de disfrutar en varios puntos de España el próximo mes de junio.

Aceptémoslo, hablar bien del jefe no suele estar bien visto. Bien al contrario, todo el mundo anda permanentemente en busca de algún fallo o defecto que poder echarle en cara para desahogar así parcialmente la sensación de sometimiento a su posición. Incluso cuando el jefe es muy majo, como es el caso, resulta inevitable que se formen corrillos para compartir este o aquel cotilleo, esta o aquella anécdota, cualquier gesto que nos permita experimentar la sensación de superioridad de juzgar, aunque sea positivamente, al que normalmente nos juzga.

Hoy estamos aquí para hablar bien del jefe, sí. Pero es que este jefe es de los que se gana el respeto de todos a base de currar más que nadie, y además, de vez en cuando trae pasteles a la oficina. En esta ocasión nos brinda “Wrecking Ball”, un vigoroso y sólido trabajo en el que reúne pinceladas de las mejores épocas de su extensa carrera. Todo suena a algo que ya hemos escuchado antes, pero cuando se lleva tanto tiempo en el negocio resulta complicado no repetir fórmula y es habitual que la novedad pase a ser volver al pasado. Por supuesto, detectamos reminiscencias de la últimamente tan manida época “Darkness on the edge of town”, pero también encontramos retazos de “Devils & Dust” (caso de “Jack of all trades”) e incluso “Rocky Ground” nos recuerda en cierto modo a la famosa “Streets of Philadelphia”. Sin embargo, el tono más marcado es el folk de “We shall overcome: The Seeger Sessions”, excelente noticia si tenemos en cuenta que aquel álbum de versiones es lo mejor que nos ha dejado Springsteen desde “The Rising”. Algunos de los mejores cortes del disco siguen precisamente esa estela: “Easy Money”, “Shackled and drawn” y “Death of my hometown”.

No obstante, el terreno en que el hijo predilecto de Nueva Jersey se siente más fuerte es aquel en el que, como decíamos, echa la vista atrás en busca de un himno asimilable a “Born to run”, y esa búsqueda nunca estuvo más cerca de dar fruto que en el caso del tema que da título al disco. “Wrecking ball”, aparte de pasar inmediatamente a la historia como una de las últimas apariciones del eterno saxo de Clarence Clemons junto a “Land of all dreams”, es una de esas canciones que revitalizan un repertorio y a buen seguro será un punto álgido de los conciertos de la presente gira, que os recomendamos no os perdáis. A pesar de tenerlo todo hecho en la vida, Springsteen sigue dejándose la piel en cada actuación, y transmite una energía que muy pocos consiguen igualar. Pero eso ya lo contaremos cuando corresponda.

Sin duda, estamos hablando de uno de esos artistas de los que uno se puede sentir afortunado de ser contemporáneo. Sabe que ser el jefe no es nada fácil, pero lo lleva de maravilla y, a base de trabajo y compromiso, hace que lo que resulte realmente difícil sea decir algo malo de él. Que siga así por mucho tiempo.

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