Es difícil conservar la objetividad cuando una ya ha confesado por activa y por pasiva su devoción hacia una persona, en mi caso, Patti Smith. No obstante, es posible que con la gira de presentación de Banga pueda hacer una excepción: ya lo hice en verano con su actuación en el Hop Farm Festival y creo que esta, aunque mejor, también me permitirá conservar cierta serenidad a la hora de describir y opinar. Al final del post encontraréis una galería con las fotografías que le sacamos anoche, aunque también podéis visitar la colección que hemos creado en nuestro Flickr con ellas.
Empecemos por lo malo que, en el caso de la abuela del punk, es más bien lo menos bueno: como absoluta fanática de Patti Smith, yo ya había visto un concierto de la presente gira de presentación de Banga, y había estudiado minuciosamente los setlists y el tipo de conciertos que la estadounidense había estado dando estos meses. Lo segundo confirmaba las sensaciones que había tenido con lo primero: puesto que Patti Smith domina el género del directo como una auténtica maestra, sería una falacia decir que está haciendo unos malos conciertos o una mala gira. No obstante, esta gira no está a la altura de las que hizo, por ejemplo, hace dos años, con actuaciones que sencillamente me ponen los pelos de punta al recordarlas (para el recuerdo siempre ese recital poético de 2010 en el teatro de la Universidad Lab0ral de Gijón; o su actuación en el ciclo que La Casa Encendida dedicó a uno de sus ídolos, Arthur Rimbaud, allá por 2007).
Y es que aunque ya dije que Banga me ha gustado bastante, da la santa casualidad de que no solo en directo interpreta las canciones menos brillantes del álbum (¿por qué demonios tiene que tocar Maria o This Is The Girl?) sino que, para más inri, las más alucinante (Amerigo, Seneca, Tarakovsky, Constantine’s Dream) no las ha interpretado ni una sola vez en lo que va de gira. Además, la selección de temas de la gira parece limitado a una veintena de canciones más o menos conocidas que, en la mayoría de los casos evitan tocar People Have The Power y que, estando bien, deja poco espacio para la improvisación. Son, además, todos conciertos de tipo acústico, aunque a veces los recintos inviten al eléctrico, lo que se ve en la gira es Patti con su banda, la mayor parte del tiempo solo con guitarras acústicas y muy poca caña en los altavoces.
Dicho esto, creo que podemos decir que yo, que soy muy pero que muy fan de Patti Smith, sabía a lo que iba. En ese contexto el concierto de anoche no me sorprendió, pero si que me dejó mejor sabor de boca de lo que esperaba. Ahora bien, el público medio que ha visto a Patti una o ninguna veces, podría quedar un poco desubicado al ir a un concierto que, al ser en La Riviera se esperaría virulentamente eléctrico (como aquél de hace dos años en los Veranos de la Villa), para encontrarse con mucho más light. De hecho anoche había bastante gente que hacia la mitad de la actuación se quejaban amargamente de lo calmado de ésta y no paraban de gritar Patti, go electric!.
Pero bueno, vamos a lo que vamos: la indiscutible genialidad que hace que, incluso en su gira menos espectacular, Patti Smith complete conciertos de una calidad altísima. Y es que da igual que toque las canciones más cutres del disco: la abuela del punk es una crack, el público madrileño la quiere muchísimo y a ella le encanta dejarse querer. Con esta combinación, algo bueno tiene que salir siempre. El concierto de anoche fue, eso si, un cambio más o menos de última hora para evitar que la Smith tocara el día de la huelga general. De hecho, durante todo el día de ayer por Twitter anduvo correteando una foto de la periodista Susana Hidalgo, que se la había encontrado junto a Lenny (su guitarrista de toda la vida) en la manifestación del día 14 en Madrid. Muy propio de la combativa Patti.
El concierto comenzó con April Fool, la canción con la que se ha presentado Banga, muy suavecita y con el punto de que, de algún modo, gran parte del público se la sabía, al menos a cachos, y al menos la tarareaba (prueba de que aquello estaba lleno de fans puros). La cosa continuó con Distant Fingers, una canción preciosa que Patti está volviendo a tocar en esta gira y que tal vez fuera uno de los mejores momentos del concierto, y Dancing Barefoot, una vieja conocida de los que ya somos habituales de sus giras, pero que nunca está de más repasar (aunque un poco más de cañita no le habría sobrado). De las canciones del nuevo disco, la que más me gustó fue Banga, buen tema de punk, simple a más no poder, gritón y gamberro que acabó con Lenny ladrando y aullando seguido, incialmente, por el resto la banda y, finalmente, por todo el público.
Las habituales arengas de Patti no se hicieron esperar y pronto se arrancó con una de sus improvisaciones de texto que versó, como no podía ser de otra manera, sobre las sensaciones que había experimentado la noche anterior en la manifestación, la belleza de ver a cientos de miles de personas tan solo unidas para demostrar que no son solamente individuos y cómo algo tan simple no llega a suceder en su propio país. La unión con My Blakean Year fue perfecta y llevó al primer momento realmente intenso de la noche, con el público respondiendo casi sin reservas.
Sin duda lo mejor de la actuación fue Beneath The Southern Cross en la que, especialmente la banda, lo dieron absolutamente todo, a un público que, ahora así, alucinaba con un acústico tan eléctrico, con la desesperada emoción de su letra y con la entrega de todos los que se encontraban en el escenario. Fue el único momento en el que puedo decir que Patti se dejaba la piel en el concierto. Tampoco tuvo desperdicio Pissing In A River, aunque pecó de excesiva languidez, haciéndose excesivamente larga sobre todo al principio.
Por supuesto, Gloria antes de los bises, con un público que no paraba de corear ya no solo el estribillo, sino gran parte de la canción; y unos bises escasos con una versión de una canción de Neil Young que a mi me sobró un poco (la habría cambiado mil veces por Free Money o Rock and Roll Nigger, las grandes ausentes de la noche) y la sorpresa de incluir People Have The Power, que no está apareciendo mucho en lo que va de gira pero que creo que fue un acierto porque, sin ser el mejor tema de Patti, es una canción que al público le gusta mucho y la gente no hacía más que pedírsela.
En el aspecto técnico, en contra de lo que muchos temían, La Riviera sonó perfectamente (normal, no se le pedía nada del otro mundo); aunque no estaba ni mucho menos llena (temo que el precio de las entradas no ayudó demasiado). No voy a cerrar la crónica sin contar algo que sí que me decepcionó un poco: a pesar de que en otras ocasiones Patti Smith no ha tenido ningún problema en acercarse para firmar a los fans que, respetuosamente, la esperaran a la salida de los conciertos, la decena escasa de personas que la esperamos anoche a la salida de La Riviera nos llevamos un chasco al comprobar que Patti pasaba de nosotros. No sé a qué se debería, pero me dio bastante rabia.
Que a nadie se le olvide que la gira española de Patti Smith no acaba hoy, quedan tres fechas. Las dejo aquí para los despistados. Lo bueno de Patti es que, incluso un concierto de su peor gira, sigue siendo un auténtico conciertazo para cualquier persona a la que le guste la música.






































