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Patti Smith no necesita despeinarse para cautivar

Publicado en 16 noviembre 2012 por

Es difícil conservar la objetividad cuando una ya ha confesado por activa y por pasiva su devoción hacia una persona, en mi caso, Patti Smith. No obstante, es posible que con la gira de presentación de Banga pueda hacer una excepción: ya lo hice en verano con su actuación en el Hop Farm Festival y creo que esta, aunque mejor, también me permitirá conservar cierta serenidad a la hora de describir y opinar. Al final del post encontraréis una galería con las fotografías que le sacamos anoche, aunque también podéis visitar la colección que hemos creado en nuestro Flickr con ellas.

Empecemos por lo malo que, en el caso de la abuela del punk, es más bien lo menos bueno: como absoluta fanática de Patti Smith, yo ya había visto un concierto de la presente gira de presentación de Banga, y había estudiado minuciosamente los setlists y el tipo de conciertos que la estadounidense había estado dando estos meses. Lo segundo confirmaba las sensaciones que había tenido con lo primero: puesto que Patti Smith domina el género del directo como una auténtica maestra, sería una falacia decir que está haciendo unos malos conciertos o una mala gira. No obstante, esta gira no está a la altura de las que hizo, por ejemplo, hace dos años, con actuaciones que sencillamente me ponen los pelos de punta al recordarlas (para el recuerdo siempre ese recital poético de 2010 en el teatro de la Universidad Lab0ral de Gijón; o su actuación en el ciclo que La Casa Encendida dedicó a uno de sus ídolos, Arthur Rimbaud, allá por 2007).

Y es que aunque ya dije que Banga me ha gustado bastante, da la santa casualidad de que no solo en directo interpreta las canciones menos brillantes del álbum (¿por qué demonios tiene que tocar Maria o This Is The Girl?) sino que, para más inri, las más alucinante (Amerigo, Seneca, Tarakovsky, Constantine’s Dream) no las ha interpretado ni una sola vez en lo que va de gira. Además, la selección de temas de la gira parece limitado a una veintena de canciones más o menos conocidas que, en la mayoría de los casos evitan tocar People Have The Power y que, estando bien, deja poco espacio para la improvisación. Son, además, todos conciertos de tipo acústico, aunque a veces los recintos inviten al eléctrico, lo que se ve en la gira es Patti con su banda, la mayor parte del tiempo solo con guitarras acústicas y muy poca caña en los altavoces.

Dicho esto, creo que podemos decir que yo, que soy muy pero que muy fan de Patti Smith, sabía a lo que iba. En ese contexto el concierto de anoche no me sorprendió, pero si que me dejó mejor sabor de boca de lo que esperaba. Ahora bien, el público medio que ha visto a Patti una o ninguna veces, podría quedar un poco desubicado al ir a un concierto que, al ser en La Riviera se esperaría virulentamente eléctrico (como aquél de hace dos años en los Veranos de la Villa), para encontrarse con mucho más light. De hecho anoche había bastante gente que hacia la mitad de la actuación se quejaban amargamente de lo calmado de ésta y no paraban de gritar Patti, go electric!.

Pero bueno, vamos a lo que vamos: la indiscutible genialidad que hace que, incluso en su gira menos espectacular, Patti Smith complete conciertos de una calidad altísima. Y es que da igual que toque las canciones más cutres del disco: la abuela del punk es una crack, el público madrileño la quiere muchísimo y a ella le encanta dejarse querer. Con esta combinación, algo bueno tiene que salir siempre. El concierto de anoche fue, eso si, un cambio más o menos de última hora para evitar que la Smith tocara el día de la huelga general. De hecho, durante todo el día de ayer por Twitter anduvo correteando una foto de la periodista Susana Hidalgo, que se la había encontrado junto a Lenny (su guitarrista de toda la vida) en la manifestación del día 14 en Madrid. Muy propio de la combativa Patti.

El concierto comenzó con April Fool, la canción con la que se ha presentado Banga, muy suavecita y con el punto de que, de algún modo, gran parte del público se la sabía, al menos a cachos, y al menos la tarareaba (prueba de que aquello estaba lleno de fans puros). La cosa continuó con Distant Fingers, una canción preciosa que Patti está volviendo a tocar en esta gira y que tal vez fuera uno de los mejores momentos del concierto, y Dancing Barefoot, una vieja conocida de los que ya somos habituales de sus giras, pero que nunca está de más repasar (aunque un poco más de cañita no le habría sobrado). De las canciones del nuevo disco, la que más me gustó fue Banga, buen tema de punk, simple a más no poder, gritón y gamberro que acabó con Lenny ladrando y aullando seguido, incialmente, por el resto la banda y, finalmente, por todo el público.

Las habituales arengas de Patti no se hicieron esperar y pronto se arrancó con una de sus improvisaciones de texto que versó, como no podía ser de otra manera, sobre las sensaciones que había experimentado la noche anterior en la manifestación, la belleza de ver a cientos de miles de personas tan solo unidas para demostrar que no son solamente individuos y cómo algo tan simple no llega a suceder en su propio país. La unión con My Blakean Year fue perfecta y llevó al primer momento realmente intenso de la noche, con el público respondiendo casi sin reservas.

Sin duda lo mejor de la actuación fue Beneath The Southern Cross en la que, especialmente la banda, lo dieron absolutamente todo, a un público que, ahora así, alucinaba con un acústico tan eléctrico, con la desesperada emoción de su letra y con la entrega de todos los que se encontraban en el escenario. Fue el único momento en el que puedo decir que Patti se dejaba la piel en el concierto. Tampoco tuvo desperdicio Pissing In A River, aunque pecó de excesiva languidez, haciéndose excesivamente larga sobre todo al principio.

Por supuesto, Gloria antes de los bises, con un público que no paraba de corear ya no solo el estribillo, sino gran parte de la canción; y unos bises escasos con una versión de una canción de Neil Young que a mi me sobró un poco (la habría cambiado mil veces por Free Money o Rock and Roll Nigger, las grandes ausentes de la noche) y la sorpresa de incluir People Have The Power, que no está apareciendo mucho en lo que va de gira pero que creo que fue un acierto porque, sin ser el mejor tema de Patti, es una canción que al público le gusta mucho y la gente no hacía más que pedírsela.

En el aspecto técnico, en contra de lo que muchos temían, La Riviera sonó perfectamente (normal, no se le pedía nada del otro mundo); aunque no estaba ni mucho menos llena (temo que el precio de las entradas no ayudó demasiado). No voy a cerrar la crónica sin contar algo que sí que me decepcionó un poco: a pesar de que en otras ocasiones Patti Smith no ha tenido ningún problema en acercarse para firmar a los fans que, respetuosamente, la esperaran a la salida de los conciertos, la decena escasa de personas que la esperamos anoche a la salida de La Riviera nos llevamos un chasco al comprobar que Patti pasaba de nosotros. No sé a qué se debería, pero me dio bastante rabia.

Que a nadie se le olvide que la gira española de Patti Smith no acaba hoy, quedan tres fechas. Las dejo aquí para los despistados. Lo bueno de Patti es que, incluso un concierto de su peor gira, sigue siendo un auténtico conciertazo para cualquier persona a la que le guste la música.

  • 16/11/2012: Cartagena. Auditorio El Batel. Festival de Jazz. 20-30€ Entradas.
  • 17 /11/2012: Valencia. Polideportivo Cabanyal. Festival Urbano VLC 2012. 28-63€ (según el tipo de abono) Entradas.
  • 19/11/2012: Barcelona. Palau de la Música. Festival Mil.lenni. 18-64€ Entradas.

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Patti Smith cumple y Bob Dylan aburre en la segunda jornada del Hop Farm Festival

Publicado en 02 julio 2012 por

Por fin llegó, se acaba mi estancia en el Reino Unido. Y, con ello, mis crónicas de festivales y conciertos imposibles. Pero he intentado por todos los medios hacer que mi última noche trabajando al servicio de Su Majestad fuera memorable: Patti Smith y Bob Dylan entre muchos otros se daban cita en el Hop Farm Festival, un evento sin patrocinadores, austero pero bonito, verdadero heredero de los festivales y del flower power de los 60 y los 70, que se celebra en la comarca de Kent, al sureste de Londres.

Aunque el festival abarcaba 3 días y en su cartel se agolpaba gente como Suede, British Sea Power (mi corazoncito duele por no haber podido cazar a esta banda en mi periplo británico) o Peter Gabriel, me tuve que conformar con asistir solamente a la segunda jornada del evento, o sea, el sábado 30 de junio. Y, por suerte, se convirtió en el único festival de los 4 que me he metido entre pecho espalda este mes en el que no ha llovido y que, por lo tanto, no se ha convertido en un infierno de paja y barro. De hecho, el tiempo fue delicioso.

The Jezabels: My australian crash

Después de una pequeña odisea para llegar al festival (un poquito de señalización más clara en la carretera no habría estado de más, porque Hop Farm en realidad es una forma de decir ‘granja en medio del campo’), accedimos al recinto justo a tiempo para ver a mi última obsesión australiana, The Jezabels, de los que hablé hace un par de semanas, que  actuaban en The Big Tent, o sea, en el segundo escenario.

Llegar tres minutos antes y comprobar que la banda estaba realizando las pruebas de sonido fue un mal augurio: la carpa estaba bastante vacía y sonó bastante a rayos (nada comparado con las cuidadísimas condiciones de sonido que había disfrutado una semana antes en Isle Of Wight Festival), y aunque la banda hizo todo lo posible por ajustar el sonido (casi demasiado), éste no llegó a ser convincente (ojo, el de la carpa, no el de ellos). Me explico: The Jezabels son bastante jovencitos y, aunque ya están disfrutando de las mieles del éxito en su Australia natal, les queda mucho camino por recorrer. Y da la impresión de que son muy conscientes de ello: durante los 55 minutos que tocaron, se afanaron en hacer que todos los temas sonaran lo más perfectos posibles. Que si súbeme un poco el segundo micro de la batería, que si ahora quiero más teclado, que si ahora un poquito menos de voz… se les veía realmente concentrados, muy afanados en que su presentación en Europa sonara bien.

Y dentro de las limitaciones de la carpa, lo lograron bastante. Se les nota que aún les faltan muchas tablas, y una timidez de cara a la interacción con el público que esperemos que poco a poco vayan superando. Su cantante tiene una voz fascinante, bien explotada y que, aunque flaqueó un poquito en un par de temas hacia al final del concierto, promete muchísimo. Solo le falta soltarse en el directo: moverse para algo más que pedir cambios a los técnicos de sonido, animarse y, en resumen, dar la impresión de que realmente disfruta de lo que hace. Es lo único que necesitan para que el público acabe de enloquecer con sus temazos: dejar de ser tan perfeccionistas y soltarse.

No obstante, ver canciones como Endless Summer o Catch Me en directo, sabiendo que en España me va a ser muy difícil pillarles, mereció mucho la pena.

Patti Smith: silencio, se reza

Patti Smith durante su actuación, tomada de www.metro.co.uk

Ya sabemos todos que mis convicciones religiosas tienen mucho que ver con una señora de 65 años que se llama Patti Smith. Pues ahí estaba, a media tarde, en el escenario principal. Y pasó algo extraño: aunque había bastante público, era obvio que éramos pocos los que estábamos allí por la abuela del punk, sino que la densidad de fans de Dylan y Damien Rice que estaban cogiendo sitio para las actuaciones posteriores era elevada. Y se notó. Tras ver a Patti Smith varias veces actuar en España, al verla en Inglaterra, he comprendido por qué le gusta tanto nuestro país. Generalmente he encontrado al público inglés como una masa entusiasta y entregada en los conciertos, de modo que este fue un poco excepción. A pesar de que Patti Smith confeccionó un setlist (aquí convertido en lista de Spotify) a base de puros grandes éxitos, la gente apenas conocía las canciones y, lo que es peor, a duras penas se emocionaba con ellas.

Así que Patti llegó, vio el panorama y cumplió. De todas las veces que la he visto (van 5 con esta, y subiendo), fue el concierto más flojito de mi ídolo. Pero, aún así, un concierto flojito de la Smith es un concierto bastante bueno en líneas generales. La cosa empezó con Dancing BarefootApril Fool, el single de su nuevo disco Banga (2012), y un poco como si nada. Necesitó diez minutitos para arrancarse con uno de sus temas más brillantes, Free Money, para que el concierto empezara a coger fuerza. Patti siempre se lía un poco al llegar a la parte recitada de la canción (debe ser por esto que no la canta a menudo en directo), pero con la ayuda del siempre fiel Lenny la ejecutaron sin grandes dificultades.

Con el público algo más caliente inició una reflexión sobre los desastres naturales que asolan nuestro planeta, y cómo debemos comprender y perdonar a la Madre Naturaleza para coexistir pacíficamente con ella que la llevó a interpretar Fuji San, el que para mi es uno de los temas más cañeros de su nuevo disco pero que en directo me pareció todavía algo falto de rodaje y de brillo. Puede que tenga que tocarla más veces para que acabe sonando tan personal como sus demás canciones.

La Smith siempre sabe reírse de si misma, y quienes la hemos visto unas cuantas veces en directo sabemos que a veces se le olvidan estrofas de las canciones. Esto le sucedió con la última de Banga, llevando a una situación bastante graciosa. La acabo de joder con la última estrofa de la canción, dijo, lo cual tiene gracia, porque solo tiene un acorde. Está claro que las canciones de un solo acorde son demasiado para mi, en mi próximo disco voy a intentar componer canciones que no lleven acordes. De modo que tras unas risas, recitó (no sin antes titubear un poco tratando de recordarlo) la estrofa perdida para enlazarla, perfecta y elegantemente, con Pissing in a River, el tema más intenso de la actuación. Patti enloqueció bastante con éste: le dio para moverse mucho por el escenario, animar al público y llevar su voz hasta el límite.

Because the Night fue de las pocas canciones que el público fue capaz de corear, pero el cierre lo realizó como es debido: con ese Jesus died for somebody’s sins, but not mine que da inicio a Gloria tras recitar, que no cantar, los primeros versos de People Have the Power, probablemente por falta de tiempo para incluirla completa. De este modo cerró un concierto correcto, con un setlist muy adecuado para un festival pero de una duración un poquito escasa.

Damien Rice y su guitarra

La siguiente actuación en el escenario principal era la del cantautor británico Damien Rice, que se presentó ante sus numerosos fans solo con una guitarra llena de pegotes de cinta aislante y una camisa de cuadros completamente destrozada. Temí que al final de la actuación fuera a pasarnos la gorra para que pudiera comprarse ropa decente. Pero, bromas aparte, el tío dio un conciertazo como una casa. Es decir, en un escenario gigante que un tío defienda solamente con su voz y su guitarra un repertorio de temas deprimentes y emocionantes tiene su mérito.

La principal baza de Damien Rice es su delicada voz, un chorro imparable que te golpea por su intensidad y hermoso tono a partes iguales. Lo demás, sus canciones sobre camas vacías, corazones rotos y amores tocados de muerte de las que uno nunca debe abusar si no quiere encontrarse pensando seriamente en el suicidio, pero que tienen una poderosa capacidad para tocar las fibras más sensibles de cualquiera.

Su concierto fue lo suficientemente intenso como para que un chavalín que se encontraba a mi lado no pudiera contener las lágrimas cuando Damien se sentó al piano para interpretar 9 Crimes que, exageraciones aparte, es una canción preciosa y a la que le imprimió una tristeza tan dolorosa que se ponían un poquito los pelos de punta.

A pesar de que hace tiempo que no publica material nuevo, se arrancó con una nueva canción hacia el final del concierto que fue de las que mejor sonaron en su repertorio, aunque personalmente eché de menos que tocara Rootless Tree. En resumen, es increíble lo que un solo tío puede hacer durante una hora imprimiendo la intensidad adecuada a cada momento con su guitarra y su voz. Aunque actuó en el escenario principal, éste no se le quedó grande, aunque si tengo ocasión intentaré volver a verle en una sala más pequeñita donde las emociones serán, si cabe, más intensas.

Así pintaba el escenario principal del Hop Farm Festival el sábado por la tarde

Un viejo cascarrabias y su banda de blues versionan a Bob Dylan

http://www.youtube.com/watch?v=-MJVNdSICCg

Llegamos al momento en el que todo el mundo me va a fusilar. Porque sí, señores, Bob Dylan tocó durante hora y media en el escenario principal y a mi no me gustó nada lo que vi. Que Dios me perdone, pero me parece Bob Dylan lleva muchos demasiados años viviendo de haber sido Bob Dylan (esta frase se la he robado al compañero Sentencia).

Para empezar, algo que parece una obviedad, pero no lo es: este hombre está mayor. Y está mayor en la liga de que apenas toca ningún instrumento durante los conciertos y se pasa, la mayor parte de ésos sentado. Su edad supongo que tampoco ayuda a su voz. Vaya, nunca fue un portento a la hora de cantar, pero es que ahora no tiene ni la decencia de calentar la voz antes de salir al escenario: durante las cuatro primeras canciones se limitó a recitar con una voz absolutamente cascada y como si tuviera un gargajo gigante en la garganta. A medida que fue calentando el gargajo desapareció, pero cantar cantar, lo que se dice cantar, no llegó a cantar nunca. Más bien recitó con un ritmo un poco espasmódico tratando de habituarse (a veces) al blues de su banda.

Casi tan legendario como el propio Dylan es el desprecio que practica hacia el público: el tío sencillamente pasa de todo con algo que casi supera la bordería para poder llamarse sencillamente mala educación. Como si en su cabeza pensara que le estamos ofendiendo o algo así. De este modo transcurrió un extenso setlist de versiones de versiones de canciones que una vez pertenecieron a Bob Dylan, pero que quedaban absolutamente irreconocibles. Mal tampoco sonaban, se agradece darle una vuelta a los temas ya conocidos, pero lo cierto es que durante la hora y media de concierto todo sonó absolutamente igual, y eso sí que aburre. Además, el blues está bien, pero tampoco me dio la impresión de que la banda ofreciera nada que no pueda encontrar en el Café Central de Madrid cualquier jueves por la noche.

Al final me quedé con la sensación de haber visto a una leyenda, sí, pero también de que me habían estafado bastante. Estoy deseando ver a las modernas del FIB diciendo que Dylan es lo más: no las hagáis caso. Puede que haya que verlo una vez en la vida, pero bien bien, dudo mucho que lo paséis.

Cinco minutos con Primal Scream

Una de las cosas que más me fastidió del concierto de Dylan era que se desarrollaba a la vez que el de Primal Scream en The Big Tent. Aposté por la leyenda, pero ésta acabó tan pronto que me dio tiempo a correr a la carpa y cazar la última canción de estos rockeros. Y ahí fue cuando los carraspeos de Dylan me dolieron más: la última canción que tocaron Primal Scream ante una audiencia absolutamente enloquecida fue para agarrarse los machos: rock puro, de líneas cortantes y bien dibujadas, con mucho mucho ruido, pero perfectamente gestionado porque, entre otras cosas, llena de gente la carpa sonaba mucho mejor. Trataré de volver a cazar a Primal Scream en cuanto tenga la ocasión, pero a mi con Dylan no me vuelven a engañar.

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Patti Smith añade otro capítulo a su Biblia

Publicado en 11 junio 2012 por

Gira de presentación de este disco en España:

  • 13/11/2012: Bilbao. Museo Guggenheim. Ciclo Women’s Nights. 35€ ¡ENTRADAS AGOTADAS!
  • 15/11/2012: Madrid. Sala La Riviera. Festival de Jazz. 45€ Entradas. ¡OJO! Este concierto originalmente iba a tener lugar el 14 de noviembre en el Teatro Circo Price. Más información sobre el cambio de fecha aquí.
  • 16/11/2012: Cartagena. Auditorio El Batel. Festival de Jazz. 20-30€ Entradas.
  • 17 /11/2012: Valencia. Polideportivo Cabanyal. Festival Urbano VLC 2012. 28-63€ (según el tipo de abono) Entradas.
  • 19/11/2012: Barcelona. Palau de la Música. Festival Mil.lenni. 18-64€ Entradas.

Nunca he ocultado mi admiración hacia la cantante, compositora y poetisa estadounidense Patti Smith: es una de las personas vivas que más admiro sobre la faz de la tierra, tanto humana como artísticamente. Pero a pesar de ésta admiración, no acostumbro a escuchar sus discos: quien haya visto a ese torbellino de 65 años sobre el escenario entenderá por qué. Patti Smith es pura energía, pura fuerza creadora, y la mejor forma de sentirse invadido por su furor es verla de cerca, casi poder tocar ese ímpetu que la domina cuando se sube a las tablas. Cualquiera de las versiones de estudio de sus canciones, por muy buenas que sean (que lo son), palidecen ante su directo.

Pero a veces me pueden las ganas y me pongo Horses (1975), no puedo negarlo. Y, por supuesto, no he podido evitar ponerme Banga. Una vez. Y otra. Y otra. Que no es Horses. Que no es su mejor disco (ninguno lo va a ser ya). Pero te quema la piel cuando lo escuchas: tiene fuerza, tiene la fuerza de la mujer que tanto admiro, está lleno de calidad y vida. Mucha más que la que tienen muchos discos desarrollados por grupos de jovencitos este mismo año. Patti Smith lo ha vuelto a hacer: ha superado los éxitos de su juventud y ha lanzado un disco maduro, emocionante y vibrante con solamente unas pequeñas manchas. Repasemos.

El comienzo, Amerigo, parece ser la introducción a una pequeña opereta rock. Desde un primer momento apreciamos que la voz de Patti Smith (que nunca ha sido una gran cantante) está muy cuidada, limada y medida. Se nota que hay un gran trabajo detrás de todo Banga para que su voz se rompa con menos frecuencia que en sus anteriores trabajos. Amerigo emociona levemente, no te deja muy claro de qué va el trabajo, pero empieza con un mensaje cálido y optimista. Este efecto queda levemente empañado por April Fool, el single que se lanzó hace un par de meses y que a mi personalmente me deja bastante fría: Patti Smith para las masas, melodía facilona y hasta pegadiza por si a alguna radio se le ocurre pinchar una canción de Banga, para que no tengan que elegir ninguna de las otras piradas de pinza de la Smith. Una de las tres canciones prescindibles del disco.

Y con el tercer tema, Fuji-San (dedicada a los ciudadanos de Japón afectados por el terremoto y tsunami que asoló parte del país el pasado año), la cosa se va animando: el cuidado trabajo de producción de Banga empieza a ser evidente en los primeros acordes de este tema, con una intensidad eléctrica que es, en el fondo, lo que pasa cuando dejas a un viejo dios escuchar a gente como los White Stripes o a My Bloody Valentine. Un temazo potente, que no inventa nada pero que te recorre los brazos y te hace apretar los puños mientras sonríes: ahí está la fuerza de Patti Smith y, aunque sea a través de una pálida grabación, se te cuela en los poros de la piel.

Pero de nuevo bajoncete: This Is The Girl el tema que, según la propia Patti Smith, surgió en el estudio mientras se grababa el álbum y que quedó como sentido homenaje a Amy Winehouse es sencillamente una mierda. Para empezar, se nota que realmente surgió: no está tocado por la preciosista labor de producción y se convierte en una tediosa sucesión de acordes que están entre el blues y la nada. Tema tedioso que sobra y no pega con nada en el álbum.

Pero a partir de aquí Banga sube a otro nivel: aunque Maria vuelve al ritmo lento, lo hace con algo que ya sí que suena a Patti Smith y no al tedio del tema dedicado a la Winehouse. Banga, que da el nombre al disco, dedicado al fiel perro de Poncio Pilato (sí, a Patti Smith se le va, pero la queremos de igual modo) es frenético y divertido. Muy bien montado y que rompe perfectamente con el sopor producido por This Is The Girl. El resto se mantiene en el mismo tono Tarakovsky (The Second Stop Is Jupiter) profundiza en las habilidades de la Smith para la improvisación poética: es un tema para cerrar los ojos y disfrutar de la letra, llena de detalles y de una belleza muy poco habitual en el panorama del rock. Especialmente genial ese tenue final de viento madera que permite que el leit motiv de la canción quede aleteando todavía unos segundos:

The boy, the beast and the butterfly.

La intensidad sigue subiendo con Seneca, una pequeña joya de emoción contenida, letra dramática y reflexiva actitud acerca de la complejidad de nuestro mundo, uno de los temas favoritos de la cantautora americana. En mi opinión todas estas emociones acaban por explotar en Constantine’s Dream, el clásico tema largo que suele aparecer en todos los discos de Patti Smith. Y en este caso, es una locura: una pista de (me atrevería a decir que) post-rock puro y duro grabado por una banda italiana sobre la cual Patti Smith improvisa un texto sobre San Francisco de Asís, Pietro della Francesca, Cristóbal Colón y el emperador Constantino (en una entrevista reciente mencionó que estudia mucha historia para tener algo que decir en este tipo de improvisaciones). Parece que la versión que podemos escuchar en el disco es la segunda toma que Patti hizo sobre el tema. El resultado es, en mi opinión, escalofriante: hay que escuchar la pista varias veces para poder captar la letra, pero merece la pena. La pasión que desprende, la admiración ante la religión, la absoluta devoción por el arte que ésta inspira… aquí es cuando la fuerza de Patti Smith se hace más patente, cuando casi puedes cerrar los ojos y sentirte en uno de sus conciertos, oyéndola improvisar sobre cómo ella, Lenny y sus amigos grabaron Horses solo para hacer dinero y poder ir a ver el Guernica a Madrid cuando les viniera en gana. A esta canción sólo le falta un cierre tan apoteósico como todos sus minutos anteriores. Es complicado digerirla con un final tan tranquilo.

Oh Art! cried the angel.

Una de las imágenes que más me gustan de Patti Smith

Leo que la gran parte de la prensa internacional le da entre un 7 y un 8 a Banga. Me da lo mismo. Si no le doy un 10 es porque las tres canciones sosas que tiene son realmente muy malas. Yo admiro mucho a Patti Smith y me alegro mucho de que esté de vuelta, aunque no vaya a sacar un nuevo Horses, sus discos siempre serán mejores que los de la mayoría. Y lo que es mejor, nuevo disco significa nueva gira. Por ahora ya ha dado una fecha en Bilbao. Con lo que le gusta España, estoy segura de que tendremos múltiples oportunidades para ver la poesía hecha rock y el rock hecho carne en breve.

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