Sigo relatando mi periplo por el Low Cost, ahora con la segunda jornada. Si bien el viernes los éxitos musicales fueron numerosos y colectivos, el sábado hubo una banda protagonista indiscutible y responsable de la masiva afluencia de personas al festival alicantino.
Annie B. Sweet
Aunque confieso que me gusta bastante el rollo cantautoras tímidas y sensibles, esta chica nunca me ha acabado de convencer. Su elección para inaugurar el escenario principal en la jornada en la que más caña y afluencia se esperaba no me parece ni buena ni mala: tampoco la vio mucha gente porque a las 8 de la tarde éramos pocos los que deambulábamos por el recinto del festival. No obstante, he de confesar que la vi hace unos meses presentando las primeras canciones de Oh Monsters (2012) y me pareció mucho más insegura y carente de interés que ahora. Al menos en esta ocasión llevaba una banda bastante bien armada, su voz sonaba bastante más sólida pero ello no enmascaraba el hecho de que sus temas siempre se me hacen más repetitivos que pegadizos. Comprendo que la chica es un peso pesado del panorama español, pero tal vez el escenario era un pelín grande para ella.
Second
Estos murcianos, con cierta mala fama por haber conseguido hacerse un gran hueco entre el público adolescente pero intentando que se les siga llamando indies (no entiendo dónde está el problema, si Supersubmarina y Vetusta Morla han hecho exactamente lo mismo), me gustan bastante, especialmente gracias a su Demasiado Soñadores (2011) y a las buenas maneras que exhiben en sus actuaciones en público. No puedo negar que cierta chulería sí que tienen, que lo de tocar y cantar con gafas de sol de las que te cubren media cara es un poquito paleto, pero lo cierto es que lo compensan con ganas, garra y una voz profunda y envolvente que sorprende de lo bien modulada que aguanta durante toda la actuación. El escenario Lower se fue llenando de gente (muchas chicas) que coreaba los temas animadamente. El concierto no fue nada del otro mundo, pero la verdad es que a quien le gusten un poquito los temas de los discos ya le daban todo lo que esperaba y más: el rock mucho menos disimulado que en estudio, un cantante saltarín con libertad para moverse por el escenario y agitar a la masa y numerosos bailes entre los miembros del grupo.
Fanfarlo
No pegaba mucho esta formación británica, tan parecida a Arcade Fire, en el cartel de la jornada más multitudinaria. A mi me gustan, pero por mucho que su promotora se empeñe en arrastrarlos por media geografía española, yo no los veo tan populares aquí como para que eso esté justificado (encima a unos precios que no tienen ni pies ni cabeza). Al contrario, me parecen un grupo genial para una sala pequeña, pero no para el escenario principal de un festival así. En fin, que bueno, se defendieron bien, que pero que su último disco es muy íntimo y, para colmo, los temas más divertidos del anterior como Comets los interpretaron empapados de este nuevo estilo, más etéreo y muy poco rockero. Para colmo la gente apenas conocía las canciones, lo que hizo que la mayoría del público aprovechara para cenar mientras se sentaba en el césped o en las gradas mientras prestaba una atención moderada al concierto. No se puede decir que lo hicieran mal, aunque algo de garbo sí que les faltó (hay más formas de animar a la gente además de pedir disculpas por los miles de turistas británicos que invaden el levante español).
Fuel Fandango
Cuando un promotor de conciertos quiere garantizar que la gente se lo pase pirata durante 60 minutos y tiene que elegir para ello a un grupo español que no cree controversias ni insulte a nadie, yo creo que la cosa está muy clara: se contrata a Fuel Fandango. Porque son divertidos, guapos, originales y encima tocan y cantan muy muy bien. El directo de Fuel Fandango no tiene pegas: quién no los haya visto antes o no los conozca, flipa, baila, canta y se divierte como un enano. Quién, como yo, aunque los haya visto varias veces, no se aburre. A pesar de que pierde gran parte del factor sorpresa porque, entre otras cosas, siempre dan el mismo concierto, los pies se te mueven, cantas con Nina y te diviertes con el jubiloso espectáculo de fusión de electrónica, dance y flamenco que tantos éxitos les está dando. Lástima la mala manía de hacer solapar conciertos, puesto que me obligó a perderme la mitad de esta actuación para poder ir al escenario principal, que ya estaba completamente abarrotado.
Placebo
¿Qué más podemos decir de Placebo que no se haya dicho ya? Las 18000 personas que abarrotaban el escenario principal lo tenían muy claro: no importa que se pasen casi dos años sin girar, que saquen discos de pascuas en viernes, que apenas toquen temas de sus discos antiguos, que hagan como si el Sleeping With Ghosts nunca hubiera sucedido… nada importa. España adora a Placebo, y el amor es mutuo. Tengo que aceptar que me sorprendió que, interpretando casi exclusivamente canciones de Meds (2006) y Battle For The Sun (2009), con solo alguna concesión tipo Every Me Every You o Teenage Angst (solo faltaría que no tocaran estas), el público coreara todas, absolutamente todas sin fisuras salvo la (apabullante, increíble, preciosa, sentida) versión del Running Up That Hill de Kate Bush que hace ya tiempo que les acompaña y que en nuestro país no es demasiado conocida.
Es difícil encontrar algo que destacar cuando se da un concierto tan redondo. ¿Con qué te quedas? ¿Con la perfecta y madura voz de Brian Molko? ¿Con la indescriptible fuerza del post adolescente Steve Forrest, que atrona sin parar con su batería y que hace bueno ese momento de caos en el que, tras el Meds, la banda casi se disuelve y acabó saliendo del paso sustituyendo a su percusionista? ¿Con la hábil reinvención de su directo, subiendo al escenario a mucha más gente, entre ellos a una violinista y teclista que no son más que un síntoma de madurez tras las niñerías y extravagancias (muy adecuadas en su momento, ¿eh?) del pasado? En el caso del concierto que ofrecieron en Benidorm, tal vez, no haya duda: aunque me emocionó especialmente el ya mencionado cover de Running Up That Hill, la gente enloqueció ante el anuncio de que esa noche estrenaban en exclusiva B3, el primer single de su nuevo álbum (en el vídeo sobre estas líneas), que verá la luz en unos meses y que constituyó un bonito gesto hacia el público. Por lo demás, hordas de españoles cantando The Bitter End o Infra-red sin que yo me hubiera dado cuenta de que esas canciones hubieran calado tan hondo en nuestro país.
En resumen: no tengo palabras para describir lo buenos que son. No me aburro de verlos, aunque no me sorprendan, no me decepcionan. Atronan y lo hubieran hecho aún más si al escenario no le hubiera faltado potencia, pero son un no parar de calidad y madurez. Cuando además el público los adora, es que no se puede pedir más. Sin lugar a dudas, y aunque suene soso decir que la cabeza de cartel dio el mejor concierto del festival, dieron el mejor concierto del festival. Ya ahora, a esperar el nuevo disco.
El Columpio Asesino
Esta vez si que hubo un gesto amable por parte de la organización, haciendo que Columpio no solapara con Placebo, sino que empezaron nada más acabar los de Brian Molko. Gracias a esto pude disfrutar de un buen concierto de mano de esta banda navarra, aficionada al ruido intenso y el rock sin concesiones. Arrancaron con algunos temas antiguos para calentar poco a poco al personal, que esperaba como agua de mayo su Dime Que Nunca Lo Has Pensado, Diamantes y, sobre todo, Perlas y Toro, que sonaron ya con el escenario Lower casi lleno, y el público hábilmente introducido en la dinámica fría pero cañera por parte de la banda. Y es que a pesar de que no fueron excesivamente majos con la audiencia, ejecutaron a la perfección hasta alcanzar el clímax de ese Te voy a hacer bailar toda la noche, nos vamos a Berlín, no quiero reproches que se coreó, saltó y bailó sin fisuras. Sencillamente hicieron lo que se esperaba de ellos y lo hicieron muy bien. Un comodín perfecto para cualquier festival de habla hispana que siempre atraerá a la parte más rockera del público y la hará vibrar pero sin grandes sorpresas.
Citizens!
No, no fui a ver a La Casa Azul porque no podía con mi alma, básicamente, pero por lo que me dijeron y lo que oí de lejos, la gente bailó sin parar y se divirtió muchísimo. En cambio me quedé en el escenario Lower para ver a una de esas bandas emergentes británicas que han nacido al calor de The Vaccines (comentaron que esa noche hacía justo un año que dieron su primer concierto juntos, para que nos hagamos una idea de lo reciente de la formación) y que se presentaba como una de las grandes promesas del festival. No vamos a negar que tienen dos canciones muy potentes y pegadizas, Reptile y True Romance, que utilizaron hábilmente para intentar atrapar y encender al público, pero poco más. Su Here We Are (2012) es monótono y no aporta nada nuevo al género y, en directo, no hicieron casi más: el cantante no paraba de acercarse al público, pero de cantar, poca chicha. Además, si los temas son sosos y repetitivos, pues poco se puede hacer por levantarlos. Yo empecé cerca del escenario pero pronto perdí el interés y me fui alejando para acabar viéndolos de lejos. Les falta crecer mucho si quieren hacer algo original.














































