Pianista rusa de ojos hipnóticamente azules incapaz de hacer dos canciones iguales o de escribir típicas canciones de amor. ¿No conoces a Regina Spektor? What We Saw From The Cheap Seats es una excusa perfecta para remediar eso. Eso sí, absténgase amantes del pop comercial: aunque las melodías de Regina Spektor suelen ser alegres y pegadizas, su discurso musical es ecléctico y muy poco habitual. Despojémonos, pues, de los prejuicios de las cantautoras pop, folk e indie de guitarra acústica, mirada perdida y progresiones facilonas: Regina Spektor está varios pasos por delante de ese estilo.
El carácter extrañamente vitalista de Regina Spektor aparece ya en los primeros compases del disco: Hoy somos más jóvenes de lo que vamos a ser jamás, entona en Small Town Moon con un ademán mucho más rockero que en Far (2009). Y fiel a su estilo, ninguna canción se parece a las demás. De hecho muchas veces los estribillos y las estrofas parecen totalmente inconexos, como sucede en (ese pequeño homenaje a Nina Simone que parece ser) Oh Marcello, aunque cuando escuchas el tema entero todo adquiera mucho más sentido. Solo que no estamos ante una artista más: Regina Spektor hace las cosas diferentes y eso hace que no sea una Norah Jones de ojos azules más.
No sé ni cómo di con Begin To Hope (2006), pero hace muchos años que ese disco me tiene enamorada. Es hacer trampa porque, manteniendo su personalidad, es el disco menos raro de Regina Spektor. De Far me fascina el optimismo y el precioso y brillante acabado de todas sus letras. ¿Y de What We Saw From The Cheap Seats? Sin duda este nuevo disco sigue más en la estela de Far que de Begin To Hope: le encuentro más toques de jazz que concesiones a la baladita fácil (puede que la única sea How, una bonita canción que bien podría aparecer también en el último de Norah Jones y que, aún siendo un tema agradable, puede que sea de los que menos personalidad tienen en el disco). Lo que siempre está ahí son las letras: tan caras, directas y sencillas que a veces hacen hasta daño de lo que pueden llegar a empatizar con el oyente. No obstante no son suficientes para superar algunas canciones que, hacia la mitad del álbum, lo hacen excesivamente largo y, tal vez por eso, un poquito menos brillante que sus últimos trabajos. También es que aquéllos eran inusualmente buenos.
Me sorprendió lo bien que se eligió el single, All The Rowboats, puesto que representa perfectamente el estilo de Regina Spektor. En el coqueteo electrónico que utiliza en Ballad Of A Politician me recuerda, especialmente en su voz y los coros, la británica Imogen Heap, pero de las 12 canciones del disco me quedo con The Party: delicada, tristona y alegre a la vez, con esa vocecita que pone Regina a veces de no haber roto un plato en su vida. Para todos los sitios hay un autobús, nos canta para dejarnos un sabor agridulce y unas ganas locas de verla en los Veranos de la Villa 2012 el próximo mes de julio, en Madrid.





















