La asociación del icónico guitarrista y el magistral cantante fructifica en un disco que ofrece exactamente lo que se esperaba de ellos.
Desde la separación de Guns N’ Roses allá por mediados de los 90, el carismático guitarrista de la que probablemente fuera la banda de rock más grande de aquella década nunca dejó de buscar su sitio, primero con las dos versiones de sus Slash’s Snakepit y más tarde con Velvet Revolver, para los que siempre contó en mayor o menor medida con algunos de sus viejos compañeros, sin mencionar sus escarceos con el blues en Slash’s Blues Ball. Sin embargo, quizás por exceso de humildad y a pesar de dejar siempre su virtuosismo fuera de toda duda, en ninguno de aquellos proyectos terminó de adquirir la plenitud de la dimensión que había demostrado previamente, y muchas veces se le veía más cerca de acabar convirtiéndose simplemente en Saul Hudson, el guitarrista, que de dar la verdadera talla de la estrella que se le suponía en cuanto a trascendencia dentro del conjunto se refiere. Tras la nueva decepción sufrida con la disolución de Velvet Revolver cuando ya estaba anunciado su nuevo disco, parece que algo se removió en la cabeza siempre oculta bajo el sombrero de copa y en 2010 lanzaba “Slash”, álbum de significativo título en cuanto a intención, pero en el que seguía quedando parcialmente eclipsado por el elenco de estrellas colaboradoras, entre las que se encontraban nombres de la talla de Iggy Pop, Chris Cornell, Dave Grohl, Lemmy Kilmister, o el mismísimo Ozzy Osbourne.
Ya en aquel trabajo el único nombre que aparecía dos veces en los créditos de colaboraciones era el de Myles Kennedy, por entonces cantante de la prometedora banda Alter Bridge, y que descollaba particularmente entre las voces de aquel disco, en gran medida a causa de la perfecta forma en que encajaba su estilo con el de la guitarra protagonista. La química entre ambos era tan evidente que Slash no dudó en llevarse a Kennedy de gira como único vocalista para dar vida en directo no sólo a las variopintas composiciones de aquel ábum, sino también a algunos de los himnos de su etapa con Guns N’ Roses, en los que Myles consiguió que apenas se echara de menos la figura de Axl Rose.
La evolución evidente de su satisfactoria relación les ha llevado a publicar juntos este “Apocalyptic Love”, en el que ofrecen exactamente lo que se esperaba de su unión, que no es otra cosa que un disco de rock duro clásico de la más alta calidad. Slash retoma el terreno que le es propio y en el que se encuentra más cómodo, lo que quizás incluya sentirse arropado detrás de un cantante de la talla técnica y capacidad melódica de Kennedy, para brindar de nuevo lo mejor de sí. Es cierto que no hay riesgos y ambos transitan siempre sobre camino asfaltado, pero el resultado es lo que llevábamos tanto tiempo esperando escuchar y tan pocas veces habíamos encontrado antes. Tampoco hay himnos imperecederos, pero a cambio el conjunto resulta tremendamente sólido y homogéneo.
No obstante, a pesar de que el inicio satisface pero no sorprende con “Apocalyptic Love”, “One Last Thrill” o el sencillo “You’re a lie”, poco a poco nos vamos encontrando algunas pequeñas sorpresas que elevan la categoría del álbum, como empieza a suceder ya en “Standing In The Sun” y acaba confirmándose en “Hard & Fast” o el cierre de “Shots Fired”, ambas rozando la línea del más puro apetito por la destrucción, si bien en una vertiente más amable y menos salvaje. Aparte de alguna notoria reminiscencia a The Mayfield Four que da fe de que la responsabilidad de la composición ha quedado equitativamente repartida, caso de “Not For Me” o “Far And Away”, es especialmente destacable la original “Anastasia”, y es que hacía mucho tiempo que no veíamos a Slash gustándose con un solo de casi un par de minutos al final de una canción.
En resumen, parece que Slash por fin ha encontrado su media naranja musical, después de sus breves o insatisfactorios escarceos con Eric Dover, Rod Jackson y Scott Weiland, sucesivamente. Algo bueno debe de tener este Myles que ha conseguido resucitar en Saul al Slash que llevaba dentro.


























