Apnea era uno de los discos que más esperaba de 2012. Sigo a O. Children desde que mi amigo el Coleta me los identificó como los autores de un
tema que, fin de semana sí y otro también, sonaba en ciertos sitios de la noche madrileña. Me contó una curiosa historia de como eran una banda llamada Bono Must Die, y de como, con semejante nombre, no tardaron en tener que cambiárselo por problemas que son evidentes. Orphans fue la breve denominación que adquirieron hasta la actual, inspirada en la canción de Nick Cave. Una vez puesto en situación descubrí su homónimo primer larga duración (2010), el cual me pareció que debía ser erigido como uno de los mejores debuts que habían pasado por mis manos en los últimos años.
O. Children practicaban un rock complejo, gobernado por el increíble vozarrón de Tobi O’Kandi, un pedazo de señor negro de una altura inconmensurable, que de haber nacido unos lustros atrás hubiese podido poner voz a Darth Vader. Junto a las guitarras de Gauthier Ajarrista, las líneas de bajo de Harry James y los espectaculares ritmos de percusión que añade Andi Sleath, el grupo confeccionó un l.p. contundente, una catedral de sonido oscuro y electricidad que reclamó la atención de medios y seguidores avezados, tanto de la escena gótica como de la música alternativa en general, el post-punk y especialmente de aquellos inclinados hacia eso que llaman dark-pop. A diferencia de otras bandas de este revival en boga en los últimos años, el poder soportar con dignidad que te comparen irremediablemente y de forma inmediata a Joy Division, a los Sisters of Mercy, y en acrobacia te enlacen a Interpol, Editors y The Horrors, es complicado, por mucho que ellos se desmarquen citando a Phil Spector o a Deer Hunter. Se necesita algo más para superar la prueba, y O. Children lo hacen. Basta escuchar un par de veces su primer disco para darse cuenta que su red sonora atrapa y que las cuerdas vocales de O’Kandi te van devorando irremisiblemente. Lo que yo devoré fue el disco, y aún tengo que ponerme Heels, Malo o Dead disco dancer a menudo. Si no están quemadas es por algo.
Por fin me regalan su segundo disco, un trabajo que cuenta con una historia rocambolesca. Resulta que O’Kandi, de origen nigeriano, llevaba en el
Reino Unido con la visa caducada desde 1997. ¡Más de una década!. Para su sorpresa, un buen día fue arrestado por la policía y amenazado con la repatriación. Hasta que el bueno de Tobías logró aclarar el follón burocrático-administrativo, el estrés generado por la presión de las autoridades le derivó en diversas deficiencias en su salud, entre ellas el insomnio y la APNEA. Como ya se puede adivinar, la elección del título vaticina que el disco gira de forma mucho más acusada que el anterior en las experiencias personales de O’Kandi, y esto también se nota en la música.
Apnea, pese a sonar mucho menos fuerte y enmarañado que O. Children, ha sido más difícil de encajar. Se abre esplendorosamente. Holy Wood es una obertura absolutamente digna a lo que se esperaba de ellos. Oscura y pausada pero implacable, enlaza a la perfección con The realest, una acelerada pieza que de nuevo nos hace pedir más y que firmarían como hit muchas bandas del panorama brit. Red like fire descoloca en sus inicios. Demasiada calma, poco ruido, anormal delicadeza, sonidos nuevos en el grupo. Sin embargo la cosa pronto cambia y la apisonadora sonora va entrando poquito a poco para calmar el ansia. Acaba siendo un tema claramente O. Children. Oceanside ya es otra cosa. Atemperada, suave como las orillas del mar en calma, melódica. Aquí si que hay sorpresa. Hasta O’Kandi afloja su chorro de voz para bajar lo que puede el tono. A la quinta escucha convence, pero al principio, metidos en situación con todo lo anterior en la retina, supone una pequeña decepción.
Aún sin sobreponernos, llega PT Cruiser, tema que adelantaron hace mes y pico y que ya entonces no me resultó satisfactorio. Sí, posee un riff de rock crudo clásico en ellos, pero no acaba de llegarme. Me extrañó que se eligiera como tema destacado y no cambio de idea. No es mala canción, pero no es lo más brillante que he oído hasta ahora. I Know (You love me) es otra sorpresa contradictoria porque, de nuevo, no me cuadra en O. Children, pese a todo, el estribillo remonta magnificamente, recupera el tono emotivo y épico que tan bien explotan y con un par de escuchas más resulta un gran tema. Incluso ese final en el que la canción introduce un teclado puramente de los primeros New Order, emociona. Parece que los nuevos O. Children ya empiezan a encajar en el cerebro. Yours for you termina por convencerme que la banda ha escogido un camino sonoro más pop, aunque sin perderse a sí mismos de vista, añadiendo un nuevo guiño al pasado con ritmos de electro-punk muy ochenteros.
La recta final del disco se aborda con la minimalista H8 City, en la que la electrónica toma la delantera para traer a la memoria retazos de aquel tecno primigenio que jugaba con el futurismo, y que se decora con guitarras hilvanadas por hilo fino de eclosión final en jugueteos post-rock. Sin permitir que nos distraigamos nos vuelven a cambiar de tercio con Swim, canción que propone áridos paisajes de rock clásico y con poso americano, lo mismo que Solid eyes, aunque en ambas terminan por imponerse conclusiones mucho más a lo Editors, cosa que resulta del todo evidente en el tema final, Chimera, canción que deja el listón demasiado alto para que Apnea acabe ahí -de hecho es el primer single, no recuerdo caso igual- .
No es un disco fácil. O. Children no son aún conocidos por el gran público (¿afortunadamente?), aunque empiezan a recabar adeptos en muchos caladeros y muy buenas críticas. Supongo que aquellos que se viesen atraídos sin más por cualquiera de los tres primeros discos de Interpol, el primero o segundo de Editors o el giro reciente de The Horrors, tienen que terminar por cansarse de este estilo tarde o temprano. Los que necesitamos chutes de darkwave para sobrevivir celebramos estas cosas, y por eso confiamos tanto en bandas que nos alucinaron con su debut. Es normal por tanto, que variaciones como las que ofrece Apnea desorienten en un principio, pero tras varios intentos he de reconocer que ya ando enganchado, tienen un estilo muy propio y tardan poco en atrapar. Algo me dice que este disco va a mejorar con el tiempo. Queda por ver si la senda que señalan estos muchachos conduce hacia algo mejor o hacia el estancamiento. Son muy jóvenes y han demostrado mucho, de modo que por ahora, todo es esperanza.





















