Los otrora reyes del glam, recientemente reinventados, realizan un viaje a los orígenes en este elegante trabajo cargado de blues y rock n’ roll .
Hubo un tiempo en que Europe reinaba en el viejo continente a la cabeza de la entonces revolucionaria moda del glam metal. Pelos cardados, androginia, teclados y baladas pegadizas se encontraban entre las principales señas de identidad de un grupo de jóvenes suecos que hacía mejor que la mayoría lo que todo el mundo parecía querer hacer. El éxito de “The Final Countdown” llevó a la banda a los niveles más altos de popularidad y a la conquista absoluta del mercado internacional, sumergiéndolos en una corriente de favoritismo que no cesaría hasta el advenimiento del nuevo orden impuesto por el grunge en la siguiente década. Pero también hubo un tiempo anterior a ese en que aquel grupo de jóvenes era o pretendía ser mucho más, y precisamente ese éxito acabó con la dirección que inicialmente se habían planteado tomar.
Hace ya ocho años que John Norum, entonces víctima inevitable de la obsesión por la tecla en detrimento de la cuerda, regresó a una formación que había decidido reunirse tras un largo receso para retomar las cosas donde tan prematuramente las habían dejado. Su vuelta, después de una nada despreciable carrera con Dokken y en solitario, resultaba sintomática de que algo había cambiado en los planteamientos del resto de aquellos músicos ya no tan jóvenes y ya no tan necesitados de éxito. “Start from the dark” fue el significativo nombre del retorno, todo un verdadero debut para una banda nueva en intención pero vieja en experiencia que confirmaba posteriormente su nuevo estatus hard-rockero con el exquisito “Secret Society” y el exuberante “Last Look At Eden”. El siguiente paso estaba irremediablemente abocado a cerrar un círculo que había permanecido abierto demasiado tiempo, y eso es precisamente lo que Europe ha conseguido con “Bag Of Bones”.
Autoanunciado como “el álbum más importante desde The Final Countdown”, no cabe duda de que como tal deben de considerarlo ellos mismos, al menos en cuanto que se han quitado treinta y cinco años de encima para volver al punto en que su carrera era todavía un sueño de blues y rock n’ roll. Las esencias de ambos géneros impregnan el disco desde el principio, tanto en “Riches To Rags”, cuya letra resulta esclarecedora, como en “Not Supposed To Sing The Blues”, acertadamente elegida como primer adelanto promocional. “Firebox” rinde tributo a la etapa reciente del grupo, a la que muy probablemente deben la posibilidad de hacer este álbum y de la que aún quedan marcados rasgos en la contundencia que se desata en muchos momentos y cuya principal muestra es la magistral “Demon Head”.
Hechas las pertinentes concesiones y entonado el “Requiem” por un pasado que se antoja ya muy lejano, el tono bluesero se apodera especialmente de la segunda mitad del disco, desde el añejo sabor de “My Woman My Friend” hasta la no menos auténtica “Mercy You Mercy Me”, pasando por la cruda “Drink And A Smile” y la dinámica “Doghouse”. La guitarra de Norum cobra un innegable protagonismo a lo largo de todo el álbum, seguramente recordando a la que en su día cautivó al joven Joakim Larsson y gestó su transmutación en Joey Tempest. Tantos años después, la voz del cantante en su vertiente más madura suena sencillamente espectacular y encaja a la perfección en el nuevo estilo del grupo, cuya máxima expresión se destila en la genial y emotiva “Bag Of Bones”, que se erige sobre el conjunto para aglomerar sus distintos logros.
Lejos de haberse convertido en un saco de huesos, los miembros de Europe parecen estar viviendo una segunda juventud que les ha devuelto al camino que no habían hecho más que enfilar antes de que les apartaran del mismo los caprichos del éxito y la fama. Reunidos, reinventados, diferentes, quizás mejores, nos brindan este elegante espectáculo que cierra la reveladora “Bring It All Home”. Bienvenidos sean a casa estos hijos pródigos que regresan a las raíces atávicas del rock cuando nadie suponía que fueran a hacerlo. Todo un homenaje al género y a sus propias vidas.






















