Vale que la Iguana tiene ya 65 añazos, y que aunque sigue estando como un búfalo, no puede pasarse la vida medio desnudo encima de un escenario como un punky salvaje de 20. De hecho, cuando no está con los Stooges introduciéndose en su rol de toda la vida, opta por otra cosa, como ya demostró en Preliminaires (2009), prefiriendo relajarse y tomarse la vida de otro modo. Y parece ser que la cosa francesa le ha llegado, y tres años después de aquel disco tan sorprendentemente jazzistico, se nos descuelga ahora con un abrazo a la chanson.
Après es oficialmente su primer disco íntegro de versiones de otros, y con predominancia de lo francés; Joe Dassin, Serge Gainsbourg, Edith Piaf, Georges Brassens y Henri Salvador pasan por su filtro, pero también se acuerda del mundo anglosajón para acoplarlo a los parámetros de aquellos. Nilsson, Yoko Ono, Cole Porter, los Beatles y Sinatra son sus víctimas. Y digo bien, porque lo que con este planteamiento podría resultar algo muy sugerente si pensamos en la capacidad de Iggy Pop, queda en una caricatura escuchando el resultado. A priori, imaginarnos a Iggy en plan galán de la chanson, o crooner elegante, es atrayente, pero la decepción resulta grande.
Nada más ver las canciones elegidas uno se da cuenta que se ha ido, por lo general, a lo fácil, recogiendo temas muy evidentes y predecibles, pero le damos confianza. El disco se abre con Et si tu n’existais pas, aquella maravillosa canción de Dassin que pese a resultar envolvente gracias a ese chorro de voz, aquí casi susurrante, que sale de la garganta del indomable de Michigan, tiene un poso de inconsistencia bastante evidente. Por desgracia, cuando llegamos al final del álbum, la que se vuelve a poner de nuevo es esta, lo cual deja muy claro como ha sido el resto: un sopor, llegando incluso a irritar en fases como con el Michelle de los Beatles.
No es plato de buen gusto tener que decir esto teniendo la estima que tengo a Iggy Pop, pero el experimento no le ha salido nada bien. Probablemente él haya puesto todas sus ganas -o quizá no-, pero el ambiente que envuelve a las canciones es desangelado, sin inspiración, y más bien parece un trámite por algún motivo obligado. La mera presencia de la Iguana, recurso otras veces útil, no es esta vez suficiente, y no hay ningún momento de brillantez que haga que esta revisión de todos estos clásicos tenga algún sentido. No aporta absolutamente nada. Haciendo grandes esfuerzos podría sumar al primer tema, como destacadas, las versiones de La vie en rose y de Syracuse, y para de contar.
Poco más hay que decir. Al gran Iggy Pop no le ha sentado nada bien la bohéme, aunque como sabemos que es capaz de hacerlo mucho mejor, le damos ánimos. La próxima vez será.






















