‘Death Dreams’: PS I Love You confirman que no son flor de un día

Publicado en 09 mayo 2012 por

ps_i_love_you_death_dreams
NOTA
9,0

PS I Love You

Death Dreams

Productor:

Año: 2012

PS I Love You es un dúo canadiense de rock grunge y ruidoso que publicó su primer disco, Meet Me At The Muster Station (2010) (escucha obligatoria en Spotify) hace un par de años. Hasta aquí todo normal. Lo que empieza a ser sorprendente es cómo una pareja (parecen el gordo y el flaco, el punto y la i…) sólo con una guitarra y una batería (bueno vale, en los discos hay arreglos con bajo también, pero en directo son solo ellos dos) pudieron lanzar un debut tan cojonudo y que, lamentablemente, pasara tan desapercibido. Porque Paul SaulnierBenjamin Nelson estuvieron en el pasado Día de la Música (aquél al que fue medio Madrid porque costaba solo 24€) y protagonizaron una de las mejores pero menos comentadas intervenciones del festival.

Tal vez el problema de estos dos es que hacen un rock rocoso, desprovisto de las partes blanditas que tanto gustan al colectivo indie. Son demasiado duros para ser indies, pero demasiado elaborados para ser considerados puro ruido. Meet Me At The Muster Station no era un disco apto para todos los públicos: te tiene que gustar mucho la caballería guitarrera, el asedio frenético de la batería contra una voz casi insinuada. A veces me recuerdan un poquito a mis adorados The Raveonettes, pero más descarnados.

Ayer se publicó (después de varios álbumes de demos, colaboraciones y cosas raras publicadas por ahí) Death Dreams, su segundo trabajo. Y a mi solo se me ocurre una palabra para describirlo: tremendo. Tremendo porque, para empezar, es muy pero que muy difícil sacar un segundo disco, tras un primero que, aunque sin ser muy conocido, fue bastante aceptado por la crítica (un 8.1 en Pitchfork no es moco de pavo). Pero estos dos le ha echado un buen par de pares de huevos al asunto y han cogido el toro por los cuernos. Dos años después han aparecido con un álbum que empieza como continuación clara del primero (los tres primeros temas continúan con la senda de ruido descarnado con algún ritmo amable entre medias de aquél), pero que evoluciona durante 11 canciones hacia un estado de madurez que lo hacen perfectamente distinguible de Meet Me At The Muster Station.

Paul Saulnie y Benjamin Nelson. Son para abrazarlos

Se puede decir que en Death Dreams distinguimos dos partes, delimitadas claramente por los interludios instrumentales titulados Death Dreams I y II. La primera parte es frenética, alocada y juvenil, a veces incluso más dura que el disco anterior, pero nunca llega a cansar o a sonar extraña: las melodías están hábilmente entrelazadas, de modo que la algo más melódica y emocional Don’t Go queda perfectamente compensada con el disparo que es Toronto. Aunque a veces parece que haya más violencia en el ruido que hacen, también se nota que está todo más pulido que en sus trabajos anteriores, que las canciones empiezan a tener un punto (pequeño) de madurez, pero sin sonar para nada a domadas o rebajadas. Simplemente sus compositores van cambiando.

Casi sin respiración llegamos al segundo interludio instrumental, más amable y fácil de escuchar que el primero y que es una declaración de intenciones sobre el tipo de canciones que vienen después. Tal vez al oyente más purista esta segunda tanda de canciones le guste menos, porque parece que tiene la intención de acercarse un poquito al público indie. Y ojo, ninguna de las canciones que vienen en esta parte pierde la esencia del grupo o suena realmente a alguna otra formación indie. Pero sí que es cierto que las melodías son mucho más claras, los estribillos, más fáciles de memorizar e incluso la voz del gigante Saulnier suena un poquito menos rota. Los ritmos frenéticos dan paso a canciones un poquito más largas y elaboradas.

Es en mi opinión en esta segunda parte del disco en la que se encuentran los mejores temas de éste. Concretamente, los tres últimos son para enmarcarlos: el vitalista solo de guitarra de Red Quarter, que hace sonreír y querer saltar sin ni siquiera proponérselo; la sencillota pero efectiva Saskatoon, cuya melodía se te queda en la cabeza sin desplegar para ello ningún alarde de medios; y la insinuación acústica que supone First Contact, que evoluciona hasta ser un nuevo colofón de solos de guitarra que define la esencia de PS I Love You, pero presenta la cara más amable de la pareja.

En resumen, Death Dreams entra directo para mi en la lista de lo mejor que nos ha dado este 2012. No puedo esperar para volver a encontrarme con el apabullante directo de estos dos locos del ruido y para disfrutar de su (gracias a Dios) prolífico genio.

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