Un amigo me preguntaba por qué habiendo visto a Delafé y las Flores Azules el pasado mes de noviembre y, estando claro que nos los vamos a cruzar en alguno de los festivales a los que vamos a ir este verano, me empeñé en ir el pasado sábado a la carrera a verlos actuar al Auditorio de la Universidad Carlos III de Leganés; cuando media hora antes del comienzo del concierto yo me encontraba todavía saliendo del Grand Chapiteau que Cirque Du Soleil tienen montado en la Casa de Campo. ¿Mi respuesta? Porque son especiales.
Son especiales porque no hay ningún grupo que, escribiendo en castellano, cree unas letras tan redondas y con las que me identifique tanto. Cada una de las palabras que recitan en su rap poppero indie o como lo quieran llamar entra en resonancia conmigo. Son especiales porque se dejan la piel en el escenario, porque una noche de noviembre fui a verlos sin saber muy bien lo que me iba a encontrar y acabé bailando y cantando entusiasmada en la Joy. Son especiales porque si les gritas algo desde la primera fila te responden y te sacan a cantar un estribillo con ellos. Son especiales porque llevan a las Trompetas de la Muerte y Oscar Delafé D’aniello no deja de bailar ni por un momento.
Los catalanes se dedicaron durante más de dos horas a poner en pie a un auditorio en el que los asientos estaban pensados para tomar apuntes. Todos cantamos y bailamos contagiados por el suave ritmo optimista de la banda y, aunque no podíamos acercarnos mucho a ellos debido a las características del recinto, se encargaron de que la distancia entre el grupo y el público se redujera a un suspiro. El Indio, La Juani o Mar el Poder del Mar sonaron fabulosas coreadas por un público que se las sabía todas. De las del último disco, ¿qué podemos decir? Me parece que la única forma de mejorar Vs. Las Trompetas de la Muerte es oír todas y cada una de sus canciones en directo. Incluso cuando acabó el concierto y pusieron por los altavoces La Compra, que era la única que no habían tocado, para ponerse a bailar como niños frente al escenario, tirándose confeti, seguíamos extasiados, con ganas de más.
En resumen, dos horas de concierto trepidante, de esos en los que no paras de cantar y bailar en ningún momento. Y, todavía, ganas de más, ganas de volver a verlos y de que sigan componiendo canciones geniales. Del panorama nacional son, sin duda, mis favoritos.






















