No acabo de comprender qué le ha dado exactamente a los medios de comunicación con esta banda. Tienen algunas buenas canciones, no lo vamos a negar, pero sus dos discos tienen una cosa en común: tres temas pegadizos y una gran dosis de composiciones monótonas y aburridamente tristes. No obstante, arrasan. Tanto como para llenar cinco veces en un mes La Riviera de Madrid, haciendo que gente como yo, que ya los había visto, les de una tibia segunda oportunidad.
Ya lo conté en verano: su directo me decía lo mismo que sus discos. O sea, tirando a poco. Y es que esas actitudes pretenciosas, dando a entender que la vida es una mierda pero que ya están ellos para aguantarlo por nosotros, me tocan un poquito la moral. Cierto, los vi más sólidos que en el Día de la Música, pero es que tampoco era tan difícil.
Un arranque comedido, con Los Días Raros, que dio paso a algunos de sus grandes hits puso los primeros cimientos de la actuación. Hasta Copenhague todo fue bien: intenso, potente y lo suficientemente entretenido como para no pensar en el partido de fútbol que me estaba perdiendo. Pero los de Tres Cantos no tienen tantas canciones como para mantener ese nivel y a partir de entonces la cosa empezó a decaer. Con Baldosas Amarillas (¿puede haber una canción que sea a la vez tan aburrida y pretenciosa?) yo ya me debatía entre el bostezo y mirar constantemente el móvil a ver si marcaba el Barça.
Valiente y Maldita Dulzura hicieron un poco de salvavidas en este mar de deprimido aburrimiento, pero no fue hasta los bises que Lo que te hace grande, Sálvese quien pueda y La cuadratura del círculo me volvieron a despertar el interés por la actuación. No obstante, estamos en las mismas que cuando los vi en julio: mucha percusión, mucho ‘ay Dios mío, que buenos somos’, pero de música… escasitos.
Para mi ha sido una lástima, porque a pesar de que ya me habían decepcionado, iba a verlos con cierta ilusión, habiendo leído que su directo había mejorado (cosa que es cierta, pero no lo suficiente). Así que aquí sigo, con mis bostezos y mi estupefacción ante el rotundo éxito de esta gente en detrimento de otros grupos españoles que se merecen tanto o más una acogida así. Bueno, con eso y con los tres goles que le metió mi Barça al Madrid.





















