Eels apabullan y My Chemical Romance divierten en el primer día del DCode 2011

Publicado en 25 junio 2011 por

Madrid, primer fin de semana de junio verano, ola de calor africano y el regreso de los festivales de gran formato a la capital del reino. La expectación era elevada y las ganas, muchas. A caballo entre un festival para adolescentes y algunas concesiones a los rockeros con más edad, arrancaba el DCode bajo un sol de justicia y una cantidad de menores frente a los escenarios bastante alucinante. Yo, fiel a mis costumbres, me presenté pronto por el recinto. De este modo, aunque cometí el error de perderme el rock progresivo de Tounda (poner eso a las 16:20 de la tarde con la que estaba cayendo simplemente no tiene nombre), pude llegar para ver a Nothink. A pesar del sol de justicia que caía, estos españoles se desenvolvieron bien, sin entusiasmar pero cumpliendo su cometido de ir poniendo a la gente a tono para lo que venía después.

The New Raemon

The New Raemon bajo un sol abrasador

Acto seguido tomaba el escenario uno de los primeros grupos que me interesaba ver de verdad: The New Raemon. Estos carismáticos catalanes que con sus irónicas letras y una particular voz completan una discografía que realmente merece la pena escuchar, ofrecieron una buena actuación. El calor era tan insoportable que la organización no tuvo más remedio que refrescar al público a manguerazos, pero los miembros de la banda permanecieron estoicos bajo el sol, con sus chaquetas y sus camisetas oscuras. Incidencias climatológicas aparte, The New Raemon me parecieron muy sorprendentes. Imprimiendo mucha emoción a sus canciones, con una banda carismática que se divirtió hablando con el público y que, sin necesidad de hacer demasiado ruido, dio un concierto redondo y muy bien armado. Supieron sobreponerse a los problemas de afinación de una de sus guitarras e improvisaron el final del setlist en función del material que tenían. Muy buenas sensaciones con ellos.

Acto seguido la necesidad de buscar una sombra y de descansar me llevó a seguir algunos de los siguientes conciertos refugiada bajo algún árbol. De este modo oí a los Autumn Comets tomar el escenario principal en sustitución de los All Time Low (parece ser que andaban perdidos en un atasco en algún lugar de Burgos) y a los Foster the People. Estos últimos, aunque de lejos, me pareció que tocaron bien y me dio la impresión de que divirtieron mucho al personal. Me arrepentí de no acercarme más. Llegados a este punto empezaban a sucederse los platos fuertes: el primero, Sum 41, un grupo de adolescentes que tiene mucho que ver con Green Day, The Offspring y Blink 182. Estuvieron graciosos, pero la verdad es que todas las canciones me parecieron iguales y me aburrieron un poquito. No obstante, aprecio que este tipo de grupos tenga el detalle de subir a algunos de sus fans al escenario para bailar con ellos. Si tuviera 10 años menos me haría mucha ilusión…

Eels

Pero el caso es que a mi me interesaba mucho más el siguiente plato de la carta: Eels. A este inusual grupo ya tuve oportunidad de verlo en La Riviera el pasado mes de septiembre y aquella experiencia fue uno de los principales motivos para animarme a pasar por el DCode. Eels son un grupo mítico, con muchos éxitos de estudio que transmiten unas emociones extrañas. Pero su auténtica genialidad se demuestra en el escenario. Ahí fue donde ayer dieron un concierto redondo, sin más fallo que una voz un poquitín fría en la primera canción. En lugar de presentar su última trilogía, (Hombre Lobo / End Times / Tomorrow Morning) las Anguilas ofrecieron un concierto de grandes éxitos, en los que Novocaine for the soul, Fresh Blood o Saturday morning sonaron tan bien que no me importó que (por segunda vez) se olvidaran de mi adorada Last Stop: This Town. Todos y cada uno de los músicos que forman Eels son de una calidad extraordinaria, capaces de imprimir un carácter a sus temas que parece inimaginable en sus versiones de estudio. Hacen gala de un cuidado sentido del humor y de una forma contenida de transmitir sentimientos a través de sus canciones. Simplemente me quedé fascinada de ver lo bien que sonaron (mejor incluso que cuando los vi hace unos meses) y se convirtieron, para mi, en lo más grande de la primera jornada de festival.

My Chemical Romance

Acto seguido llegó la cabeza de cartel del DCode: My Chemical Romance. Un grupo a caballo entre lo emo y la reivindicación, los adolescentes o los maduritos, lo alternativo o lo comercial. Se le pueden buscar los tres pies al gato, pero MCR es un grupo para divertirse, para corear sus himnos y para pegar botes como posesos. Yo no esperaba de ellos más que un concierto divertido, mínimamente bien tocado y en el que repasaran sus éxitos más emblemáticos. Y fue lo que me dieron, así que lo disfruté como una enana, cantando sin parar al ritmo de ese carismático y pelirrojo Gerard Way que no paraba de moverse por el escenario y de arengar a las masas. Helena, Bulletproof heart, Wellcome to the black parade y (sobre todo) Famous last words sonaron inmensas, un estallido de electricidad que a nadie dejó indiferente. Yo con My Chemical Romance fui a divertirme y lo que esperaba, me lo dieron. Con creces. Otro acierto.

Band of Horses

La noche seguía con otro de los grupos que más ganas tenía de ver: Band of Horses, que se me escaparon en febrero por demorarme demasiado a la hora de comprar las entradas. Les tenía ganas y me decepcionaron muchísimo. La impresión que se me quedó es que el escenario les venía grande en todo momento. Las falta de emoción que le ponían a los temas y la compenetración entre voz e instrumentos intentaron suplirla a base de meter mucho ruido, algo que no le pega nada a sus canciones. Me temo que además el carácter melancólico de muchos de sus temas pegaba poco con los grupos que habían tocado antes que ellos. Band of Horses es un grupo de renombre internacional, pero a lo mejor habría sido más adecuado darles uno de los escenarios pequeños. Me llevé una buena decepción y me alegré de que acabaran, porque me estaba aburriendo soberanamente.

A Lori Meyers y The Zombie Kids no me quedé a verlos: demasiadas horas al sol y la perspectiva de tener más dentro de unas horas me empujaron a mi cama para coger fuerzas. Esta noche, más y mejor. Con The Sounds, claro. Y con buena compañía. Como tiene que ser.

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