Hace pocos días recibimos la inesperada noticia de que Cranes se ponían en ruta y que venían a España, de la mano de ESP Concerts, a celebrar dos conciertos publicitados como muy especiales. Lo sorprendente del asunto es que no sacan disco desde 2008 y llevan sin apenas girar desde 2009 salvo un puñado de conciertos. Que las nuevas actuaciones programadas (por ahora) sean solamente tres, y que dos de ellas sean en nuestro país bajo el anuncio de ejecutar en más de dos horas un repaso a su carrera, hacen del evento algo especial. Es oportuno que aprovechemos para repasar la trayectoria de esta banda, ciertamente minoritaria, pero a la que se ha dedicado un culto muy fiel.
Los comienzos (1986-1992)
Nunca son fáciles. Pasaron cinco años desde que Alison y Jim Shaw formasen la banda en Portsmouth hasta la publicación de su primer L.P., Wings Of Joy (1991). Él se encargaba de las guitarras, su hermana del bajo, la guitarra acústica y, por supuesto, la voz, inconfundible seña de identidad de Cranes. En ese mano a mano grabaron su primer trabajo, Fuse (1986), una autofinanciación distribuida en forma de cassette, y posteriormente el mini LP Self-Non-Self (1989). Aquellos primeros pasos alumbraron a un grupo ejecutor de piezas musicales más experimentales que pop, con un sonido aún muy crudo, que navegaba entre percusiones marcadas y marañas de cuerda para envolver la voz de Alison, ahora dulce y suave, ahora un desgarro gatuno, ahora cantado al oído, ahora encerrado en una caverna, pero que dejaban un poso inquieto. Esa voz de niña, dependiendo del tono de la canción concreta, bien podía parecer un cuento infantil o una historia de terror. El caso es que gracias a Self-Non-Self lograron llamar la atención del prestigioso John Peel y grabar una de sus famosas sesiones para la BBC.
Fue el espaldarazo necesario para firmar con un pequeño sello, Dedicated, y ampliar la banda. Mark Francombe y Matt Cope se unían a Cranes para afianzar las guitarras, aunque Mark también se ocupase de bajos y teclados. 1990 pasó entre el lanzamiento de dos EP’s, Inescapable y Espero, los cuales tuvieron muy buena recepción, ganándose especiales del Melody Maker. Finalmente, en 1991 lograron lanzar Wings Of Joy. Para esas alturas el sonido de Cranes se había dulcificado un tanto, aunque no demasiado. Wings Of Joy continuaba poniendo sobre la mesa una propuesta musical no apta para todos los públicos. De un arranque aún en parámetros minimalistas, el disco poco a poco va haciéndose más y más denso, más oscuro, más inaccesible, con Starblood como pico de la radicalización progresiva del mismo. Sin embargo, ya encarando la recta final, aparece Tomorrow’s Tears, una delicada composición en la que la melodía ha abandonado la maraña shoegaze y las pesadillas siniestras cambiándolas por un dream-pop algodonoso. El primer gran emblema del lado más accesible de Cranes y que fue segundo single, después de Adoration.
John Peel no fue el único ser vivo de prestigio y con influencia que se había fijado en Cranes. El legendario productor Martin Hannett ya andaba haciendo de las suyas, pero fue Robert Smith quien resultó clave para catapultar a las “grúas”. El número 52 alcanzado por Wings Of Joy no estaba nada mal, pero que el líder de The Cure se llevase a la banda como teloneros del Wish Tour de 1992 era una oportunidad única para pasear a los de Portsmouth por el mundo. Así fue como yo les conocí, cuando sin haber cumplido los veinte estuve aquel día de noviembre en el Palacio de los Deportes de Madrid.
Popularidad y punto y aparte (1993-1997)
Desconozco hasta que punto el codearse durante meses con The Cure influyó más o menos en el nuevo disco de Cranes. Era obvio que entre la mezcla de cosas aún por pulir que habían mostrado hasta ahora, las inclinaciones hacia el pop oscuro, los tintes góticos y el siniestrismo sonoro estaban muy presentes. Los temas que adelantaban en la gira hacían presagiar algo muy interesante, y así fue. En la primavera de 1993 firmaban Forever, su mejor trabajo, y su disco más claramente emparentado hacia los sonidos del padrino Robert y su banda. Las once canciones que lo forman son toda una lección para el género, desde la contagiosa y rítmica repetitividad de Everywhere y Jewel, a la enigmática Adrift, pasando por las deliciosamente nostálgicas Cloudless y la maravillosa Far Away o las eléctricas Clear y Sun and Sky. Los trabajos de cuerda, percusión y teclados tejen con hilo fino un disco fabuloso en el que Alison se explaya cantando más melosa que nunca. Unicamente en su parte final pierde un poco de pulso, pero no es óbice para que Forever suponga el gran pico de Cranes, alcanzando el número 40 en los charts y el 29 con el single Jewel (remix de Robert Smith incluído). Su popularidad, igualmente, subió como la espuma.
Loved sería su tercer álbum en 1994, abierto con el single Shining Road incidía en los caminos más comerciales abiertos por Forever, aunque excluyendo la brillantez de dicho single, la inspiración va perdiendo algo de fuelle. Loved sin embargo suena mucho más eléctrico y gana en contundencia, acercándose más a un hipotético sonido Banshee, en especial en la percusión y lo erizado de las guitarras. Pese a que amaga con hacerse largo, sostiene el tipo hasta el final con temas como Beautiful Friend, Come This Far y Paris and Rome, manteniendo a la banda en sus mejores momentos de popularidad gracias, en parte, al arrastre de la ola anterior.
1996 traería un EP cuyo nombre lo dice todo: La Tragédie d’Oreste et Electre, realizado por entero en francés, y como consecuencia de su temática, venía con la teatralidad bajo el brazo, haciendo de él un trabajo en el que, en cierto sentido, se retornaba a la experimentalidad de los comienzos, pero también a nuevos registros por los que explorar la banda sonora y la narración musicada. En aquel momento, los Cranes ya eran quinteto con la incorporación de una nueva guitarra, la de Paul Smith, desplazando a otros miembros a otros instrumentos en la creciente incorporación de sonidos.
Poco después, en 1997 se llegaba a lo que parecía el punto final. Se editaba Population Four, un disco con notables variaciones de registro. Aunque la electricidad se mantiene a ratos, la clave no es la misma, se nota cierto esfuerzo por acercarse a los sonidos que imperaban en el rock noventero, cuando no es así aparecen caras acústicas de la banda no demasiado utilizadas hasta ahora. Aún hoy sigue sorprendiendo encontrar aproximaciones a, por ejemplo, un cierto sonido R.E.M., e incluso ramalazos de rock alternativo americano a lo Sonic Youth. Me van a perdonar, pero incluso aprecio cosas comparables con lo que por entonces hacían gente como Mercury Rev o Garbage. Pero los guiños son los guiños y hay cosas que marcan, los Cure más poperos vuelven a aparecer entre las líneas de Can’t Get Free, único single extraído. Lo sorprendente del disco por su eclecticismo alcanza incluso al hecho de que por primera vez aparece un tema no cantado por Alison Shaw (Stalk por su hermano Jim). Pero aquel año Dedicated cerraba sus puertas y dejaba a los Cranes sin sello y con la desbandada de Francombe y Cope. El último gesto, editar EP Collection, Vol 1 & 2, un recopilatorio de todas las caras B que acompañaban a los singles, que por su cantidad convertían a estos en la práctica en EP’s.
Renacer (2000-2008)
Por fin, en el año 2000, los hermanos Shaw deciden tomar el toro por los cuernos y formar su propio sello para seguir adelante, lo llamarían Dadaphonic, e incorporando a Ben Baxter al bajo y John Callender a la batería, se pusieron manos a la obra para lanzar Future Songs en 2001. Su tema homónimo (y Sunrise), que abre el disco, devolvía a los Cranes a los mejores momentos de Forever, aparcando el rock y retornando al pop oscuro y delicado. Una belleza de tema en el que además vuelven a acordarse del tito Robert usando guitarras nostálgicas cuyo referente primordial es Disintegration (1989). Pero el retorno conllevaba novedades. Ya antes se había notado, pero ahora es más que patente, que a la voz de Alison se le da mayor presencia al elevar en la producción su claridad. Sin embargo son las atmósferas electrónicas lo que marcan la gran nueva aportación. El sonido Cranes se vuelve mucho más envolvente y se aproxima al trip-hop y al ambient. Y no les queda nada mal, como muestra Flute Song. El disco acaba siendo en conjunto un delicado grupo de canciones que pasearon por el mundo volviendo a girar con The Cure. En 2002, año en que ambos rindieron paso por el Festival de Benicássim pude verlos por segunda vez, en un inolvidable concierto en una tórrida tarde en una de las asfixiantes carpas del recinto.
La siguiente parada sería en 2004, pero por medio editaron el EP de remixes Submarine (2002), y el directo Live in Italy (2003). El nuevo disco llevaría el nombre de Particles and Waves, encerrando diez temas que acentúan y profundizan los caminos de Future Songs, volviéndose más intimista, rescatando de nuevo a Jim Shaw como cantante y meciendo la música de Cranes en un algodón sonoro muy distinto al que ejecutaban antaño, salvo porque se aprecian arrebatos experimentales, solo que esta vez están protagonizados especialmente por máquinas. Cranes (2008), su último trabajo hasta la fecha, se hunde todavía aún más en estos parámetros, dando un perfil etéreo que escasamente rememora otros tiempos (Worlds). Una madurez reposada en bellos paisajes electrónicos.
De modo que nos encontramos ante una oportunidad única para disfrutar de esta banda, influyente y admirada en sectores minoritarios, pero de gran alcance, como por ejemplo demuestran sus apariciones en series, películas y documentales de éxito poniendo música a la imágenes, y que no se ha prodigado en exceso en nuestro país. Los conciertos de Barcelona el día 23 y Madrid el 24 a buen seguro van a generar mucha expectación. Es merecida. Con ustedes, Cranes, sin “The”, por favor.
































