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Los mejores conciertos de 2012

Publicado en 22 diciembre 2012 por , y

¿Qué puede ser más duro que elegir cinco discos de un año para unos locos de la música? Pues quedarse con cinco conciertos, solamente cinco, cuando todo lo que de nuestro sueldo no va al alquiler y la comida suele destinarse a la música en directo. Es complicadísimo elegir, pero en parte ahí está el mérito: no queremos hacer listas tan largas que se conviertan en simples enumeraciones de todo lo que hemos visto y oído a lo largo del año. Los que elijamos serán los más brillantes de muchos, muchos momentos geniales de 2012. Empezamos.

conciertos_2012

The Lost Dreamer

Lo confieso, no voy a poder evitar hacer trampa. Llevo semanas echando cuentas y por mucho que lo intente me salen 7, no 5. Y son imprescindibles. El problema es que hay una explicación: estuve unos meses viviendo en el Reino Unido y pude cazar el inicio de la temporada festivalera británica. Y claro, se pueden ustedes imaginar. Ya solo con uno de los festivales en que me metí, lleno la lista. Además, tampoco me parece del todo justo llenar la lista de conciertos que no se han producido en España. Así que a ver cómo salvamos los muebles en un año en el que he visto a Placebo tres veces, por fin he cazado a Bruce Springsteen (aunque no en su mítico concierto de Madrid), me he metido en cuatro festivales en Inglaterra y otros tantos en España, me he ahogado bajo la lluvia madrileña viendo a Primal Scream, he aborrecido a Bob Dylan, he bailado viendo a Lauryn Hill, fotografiado a Suede y coreado el Walk Away de Franz Ferdinand en medio de un parque londinense.

1. Isle Of Wight Festival, Inglaterra (te lo contamos aquí, aquí y aquí): Aquí va mi trampa. Pero es que no me cabe duda: mi evento musical del año fue el Festival de la Isla de Wight, al sur de Inglaterra y que es uno de los más grandes del país. Un infierno de lluvia y barro en el que viví dos de los mejores conciertos de mi vida: el de Tom Petty and the Heartbreakers y el de Pearl Jam, dos formaciones que si bien me eran concidas, no me esperaba ni de lejos tan grandes ni emocionantes. El primero por su insultante virtuosismo, su serena alegría, su capacidad para medir los tiempos de su actuación… su, en fin, alma y maneras de gigante, clase indiscutible en el directo y complicidad con toda su banda. Los segundos… ¿qué decir de Pearl Jam? Si estuve horas de pie bajo la lluvia esperando a que Eddie Vedder saltara al escenario rodeada de unos fans irlandeses e italianos de la banda estadounidense y que, nada más empezar, me di cuenta de que aquel iba a ser uno de los conciertos de mi vida. Que no paró de llover en las dos horas de concierto, que el dolor de piernas y el cansancio eran insoportables y, aún así, daba igual, porque la detallista emoción dibujada por la banda hizo que se me saltaran las lágrimas en varios momentos de la actuación. Pero el festival no fue solo eso: el portentoso directo de Elbow, que descubrí como uno de los más brillantes de Inglaterra, o ver a una formación de leyenda como Madness darlo todo fueron una experiencia memorable que planteo repetir. A pesar del barro.

2. Arctic Monkeys, Palacio de los Deportes, Madrid (te lo contamos aquí): Por una vez estoy de acuerdo con la redacción de Habla Tu Música: para mi el concierto del año en Madrid ocurrió nada más empezar el año. El huracán que desplegaron los Arctic Monkeys en el Palacio de los Deportes me volvió loca, me hizo bailar y cantar y todavía me hace feliz cada vez que pongo cualquiera de los discos de los Monos y recuerdo el abrumador directo con el que nos invadieron. Imbatibles, divertidos, imparables y, sobre todo, con un virtuosismo y una calidad de sonido que quitaron el hipo.

god_is_an_astronaut_Niels_Kinsella_arena_20123. God Is An Astronaut, Sala Arena, Madrid (te lo contamos aquí): En este caso tampoco hay dudas, puesto que la formación de rock instrumental irlandesa aterrizó en Madrid con unas dosis de belleza y potencia a partes iguales que superaron todas mis expectativas. God Is An Astronaut se comportaron como verdaderos dioses sobre el escenario, con una compenetración perfecta y una calidez y conexión con un público al que se le caía la baba que ya es de por si difícil de ver en bandas de rock convencionales. Una locura, una belleza que me puso los pelos como escarpias desde la primera nota hasta la última. Viva el post-rock.

bon_iver_4. Bon Iver, Palacio Vistalegre, Madrid (te lo contamos aquí): Tenía muchísimas esperanzas depositadas en el directo de Justin Vernon y su banda… y no me decepcionaron. A pesar de que el recinto auguraba lo peor, todo fue sobre la seda: el único “pero” de la actuación fue la impresión de cierta falta de espontaneidad pero me parece francamente anecdótico. Me pareció muy hermosa la reinvención para el directo en grandes recintos del estilo musical de Bon Iver, reconvertido en un rock que, sin dejar las texturas íntimas, suena mucho más sólido y contundente. El dios etéreo del frío estadounidense se hizo real ante nosotros, y mereció muchísimo la pena esperarle.

regina_spektor_price015.- Regina Spektor, Teatro Circo Price, Madrid (te lo contamos aquí): Una mujer a la que seguía hace años y a la que nunca había tenido ocasión de ver. En una palabra: conciertazo. Los pelos de punta desde que empezó a entonar Ain’t No Cover a capella hasta que dio la última nota en su piano: Regina Spektor es un portento de dulzura, experiencia sobre las tablas, de voz y de carisma. Lo tiene todo, porque encima en vivo es todavía mucho más guapa de lo que parece ya de por si. Su concierto fue una delicia a pesar de que su último disco no haya sido el mejor de su carrera, y quedará grabado en mi memoria durante muchos años.

Lebonloup

Un festival y un buen puñado de conciertos. Un bagaje del que elegir que no ha estado mal, aunque comparado con los periplos de los compañeros es casi una broma. Me he perdido unos cuantos, pero de los que hay estos son los mejores, escogidos de entre una mixtura de calidad, repertorio, sonido y por supuesto, ánimo propio.

anathema_spanish_tour121. Anathema, Joy Eslava, Madrid (te lo contamos aquí): Enormes ganas de verles tras ocho años, enormes ganas de paladear su nuevo disco en directo, autosugestión total, y pese a que me tocó un rincón infame del local, el concierto cubrió de sobra mis expectativas. Dos horas de recital desgranando un repertorio sensacional, algo volcado en los últimos tiempos, ofrecido con entrega de los músicos y complicidad del público. El único pero, el perderme la actuación acústica que ofrecieron posteriormente. Una de esas citas que no se olvidan y que te dejan marcando los días para volverlo a vivir.

2. The Cure, BBKLive, Bilbao (te lo contamos aquí): Son mi banda tótem y con eso lo digo todo, y sin embargo mi poca parcialidad inicial queda justificada de algún modo ante el espectáculo reconocido por no militantes que supone ver a esta leyenda viva en directo. La entrega de Robert Smith, al que desde hace años se le ve feliz como nunca encima de un escenario, certificando sus palabras acerca de que es el único motivo que le mantiene en la música, las tres horas de concierto, y el detallazo del ya conocido mini-acústico que se marcó tras el gran retraso por problemas técnicos, son garantía de conciertazo, si encima son tus favoritos, pues poco queda que añadir, salvo que con un repertorio ligeramente distinto hubiesen estado en mi Top 1.

3. Chameleons Vox, Sala Arena, Madrid (te lo contamos aquí): Otro nombre, media formación original. Los más puristas reniegan que este combo sea representativo de los Chameleons. Cierto que faltan genios a las guitarras, pero lo que queda con Mark Burgess al frente, y los reclutas nuevos, dieron la talla en repertorio, en ejecución y en una entrega propia de unos chavales que hace tiempo que no son. Muy emocionante, una especie de túnel del tiempo para todos aquellos que nunca pudimos ver a los originales, aquellos que se ganaron un culto minoritario y férreo en los ochenta.

Garbage @ BBK 20124. Garbage, BBKLive, Bilbao (te lo contamos aquí): Estaba allí por curiosidad. Era uno de los grandes nombres del cartel y nada que me sugiriese más en otro escenario. Les tengo estima pero me costaría seleccionar más de cinco temas suyos que llevarme al fin del mundo (y mira que necesitaría un arcón). De modo que quizá por no esperar demasiado me vi sorprendido, no ya por la virtuosidad de los músicos, que ya figura en su caché, la que me dejó impactado fue la Manson, estupendo chorro de voz, sensacional actitud y complicidad con la audiencia, y encima sin perder un tono entre tanto movimiento. Un gran concierto.

The Diesel Dogs5. The Diesel Dogs, Sala El Sol, Madrid (te lo contamos aquí): Un concierto pequeñito, de esos en los que te juntas con los amigos y amigos de amigos y llenas la sala, y como pasa muchas veces gran sorpresa y muchas preguntas al salir. Estos “veteranos” se marcaron un recital rockero con ruido, sudor y escupitajos, como debe ser. Luego en frío es cuando viene el cabreo al ver que las grandes plazas las llenan una y otra vez los mismos acomodados del panorama nacional y que poquitos son los que se atreven a dar protagonismo a nombres menos caídos en gracia, y ya da igual que estés dando tus primeros pasos, los hay que ya tienen pelos en la entrepierna. Al final, lo alternativo también se acomoda y torna conservador, como todo. ¡Viva el rock!

Sentencia

No nos podemos quejar, 2012 nos ha traído muchos y muy buenos conciertos, pero entre ellos ha habido algunos realmente memorables. En este caso la elección es sencilla, pues cinco de las actuaciones que hemos presenciado han estado claramente un nivel por encima del resto tanto en calidad como en intensidad. Las recordamos ahora, pero estamos seguros de que volveremos a hacerlo en numerosas ocasiones en el futuro.

1.- Metallica, Sonisphere Getafe (te lo contamos aquí): La anunciadísima gira de celebración del vigésimo aniversario del mítico Black Album tardó algo más de la cuenta en pasar por nuestro país, pero sin duda la espera mereció la pena. Cuando James Hetfield, Lars Ulrich, Kirk Hammett y Robert Trujillo se suben a un escenario, todo lo demás pasa a un segundo plano, y suelen deleitarnos con actuaciones intensas, precisas y efectivas a partes iguales. Pero es que en esta ocasión había algo más. Conscientes de lo que estaban celebrando, los cuatro miembros del grupo comparecieron en Madrid el pasado mes de Mayo más unidos que de costumbre, con un Hetfield rejuvenecido que disfrutaba y hacía disfrutar como nunca y una colección de canciones que ya forma parte de la historia de la música. Los que estuvimos allí fuimos plenamente conscientes de estar viviendo algo histórico y Metallica estuvo como siempre a la altura de las circunstancias.

Sebastian_Bach52.- Sebastian Bach, Sala Caracol (te lo contamos aquí): En un año en el que recibimos la visita de los Cuatro Jinetes resulta harto complicado que cualquier otra actuación les supere, pero en este 2012 la aparición inesperada de un viejo héroe olvidado ha estado todo lo cerca que se puede estar de lograrlo. Sebastian Bach, antiguo vocalista de Skid Row, convirtió lo que en principio iba a ser un concierto más de presentación de otro intrascendente disco en solitario de una vieja gloria en una desenfrenada y legendaria orgía de ROCK con mayúsculas. Algo fuera de lo común sucedió aquella noche de Junio en la que Bach contagió su locura a un puñado de nostálgicos que de repente se vieron poseidos de nuevo por el espíritu de la auténtica “youth gone wild”. Nosotros estuvimos allí y nos sentimos tremendamente afortunados por ello.

Angela, ondeando la bandera de las Khaos Legions 3.- Arch Enemy, La Riviera (te lo contamos aquí): También tardaron algo más de la cuenta los suecos Arch Enemy en traer el desfile de sus Legiones del Caos hasta Madrid, pero cuando por fin llegaron el pasado mes de Octubre lo hicieron pisando con fuerza descomunal. Con la máquina perfectamente rodada y engrasada, la banda de Michael Amott lució en todo su esplendor, liderada por una apabullante Angela Gossow que lo dio todo sobre el escenario y supo sacar lo mejor de un público plenamente entregado a la causa. La exhibición de guitarras que se marcaron Amott, Cordle y D’Angelo y la ejecución magistral de “The Day You Died”, entre otras, serán recordadas por mucho tiempo.

El maestro Molly, impartiendo lecciones 4.- Hamlet, Joy Eslava (te lo contamos aquí): Otros que cada vez que sacan disco o se suben a las tablas opositan directamente a los primeros puestos de los mejores del año son los madrileños Hamlet. El concierto que impartieron el pasado mes de Marzo en la Joy, aparte de en DVD, quedó para siempre grabado en la memoria de cuantos tuvimos la oportunidad de asistir gracias a la enconada entrega de estos maestros de la escena nacional. Con un sonido extremadamente cuidado y pulido presentaron temas de su potentísimo último álbum, “Amnesia”, a la vez que repasaron algunos de sus clásicos imperecederos, sin olvidar incluir sorpresas. Molly volvió a dejar huella en nuestras retinas con sus movimientos incansables y la banda destiló lo mejor de sí en una noche que no hizo sino afianzar nuestro sentimiento de privilegio y orgullo por tenerlos como vecinos. Contamos ya los días para la próxima cita, anunciada para Abril de 2013.

5.- Judas Priest, Palacio Vistalegre (te lo contamos aquí): Quienes tuvimos la desgracia de perdernos la gira de despedida de Judas Priest el pasado año recibimos con júbilo la noticia de que 2012 nos brindaría una nueva oportunidad de decir adiós a estos auténticos dioses del heavy metal. Lo que no esperábamos era que los talluditos genios británicos nos elevaran a semejante nivel de intensidad cuando se suponía que estaban a punto de retirarse. Rob Halford demostró que el tiempo no ha mermado su proverbial capacidad de alcanzar los agudos más inverosímiles, y la banda sacó todo el partido a un completísimo repertorio que repasó los mejores momentos de su carrera. Después de que mostraran un nivel tan superior al de la mayoría de grupos actuales, solo nos queda confiar en que se replanteen su jubilación.

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The Vaccines brillan pero no tapan el desaguisado del Primavera Club

Publicado en 08 diciembre 2012 por

Eran muchos los malos augurios que se congregaban sobre la organización de la sucursal madrileña del Primavera Club, ya incluso antes del infame anuncio que se produjo esta semana de la reducción de aforo de una de las tres naves de Matadero en las que se iba a desarrollar. Pero lo cierto es que el Primavera Club de este año en general y la edición madrileña en particular, ya venían oliendo mal desde antes de esta última gracieta del Ayuntamiento de Madrid. Para empezar, la abultada diferencia de cartel entre la edición de Madrid y la de Barcelona que, en ningún caso, se ha traducido en una rebaja en el precio de la entrada para los asistentes a la edición con menos artistas en el cartel; era algo que ya me venía escamando desde que se anunció el festival.

No obstante, aún así, decidí hacerme con una entrada para la jornada de ayer. Mis principales intereses eran The Vaccines y Cat Power, aunque también me atraía la idea de ver a Mark Lanegan, Swans,  TOY o, incluso, Antonia Font. Por lo demás el resto del cartel, lejos de darme bastante igual, me parecía sencillamente malo. Para empezar, acceder al recinto no fue cosa sencilla: en lugar de poner un buen control de seguridad a la entrada de Matadero en el que comprobaran pormenorizadamente los datos de tu DNI (hay una paranoia grande y más o menos normal con el acceso de menores a los conciertos estos días en Madrid), así como otras rutinas de seguridad, lo que había era un puesto de seguratas a la entrada de cada una de las tres naves que te registraban y te obligaban a mostrarles el DNI cada vez que accedías a una de ellas. Las colas que se montaban fueron extensas, obviamente. Así que veamos qué tal me fue con las cosas que me apetecía ver.

TOY

Edición: Cometí el error de mirar mal el lugar de la actuación de TOY, que no fue en la Nave de Terneras, sino en la Nave 16, bastante más amplia, como se ha indicado (lamentablemente sin demasiada educación) en los comentarios. No obstante la hora, 18:30 de un día laborable, sí que era correcta y, para mi al menos, primer y principal motivo para no poder asistir.

Sin duda para quien organiza un festival, poner a uno de los grupos interesantes a primera hora, como a eso de las 6 o las 7 de la tarde, para luego tener a los asistentes consumiendo bebida y aburriéndose como ostras con una batería de bandas prescindibles antes de poner algo decente a las 9, les debe parecer la mar de lógico. A los que vamos a festivales no: es más, nos toca las pelotas. A mi con eso cada vez me engañan menos y esta vez, con el aliciente de que TOY actuarían en la Nave de Terneras, esa que había reducido mágicamente su aforo de 800 a 100 personas (esto no es culpa de la organización del festival) hizo que ni se me pasara por la cabeza presentarme a las 18:30 por Matadero. Me perdí a esta banda porque la organización hizo más bien poco para que se les pudiera ver.

Mark Lanegan Band

Interesante personaje, Lanegan. Bellísima su voz y perfectamente deprimentes sus temas. Iba bastante sobre aviso del tipo de directo que practican él y su banda: sobre el papel, esos desgarrados y eléctricos bluses, esa voz densa como la niebla y esa banda afinada hasta el último detalle, son maravillosos. Un directo sin mácula salvo la inevitable mala acústica de la Nave 16 de Matadero, que nunca ha sonado del todo bien. No obstante, lo que sobre el papel pinta perfecto, a la hora de la verdad tiene luces y sombras: sí, es cierto que la voz de Lanegan es preciosa, y sí, es cierto que su banda es muy buena. Pero no hay química, no hay sentimientos: lo que te transmite su directo es una frialdad heladora que sólo consiguió que la nave se fuera vaciando lenta pero constantemente. Los aplausos que arrancaban eran tímidos salvo cuando trataban de elevar la electricidad de los temas, y la falta de conexión entre los miembros de la banda, Lanegan, y el público, fue haciendo que el concierto se hiciera cada vez más largo. Bueno para un rato, pero largo.

Cat Power

¿Cat Power? ¿Qué? ¿Cómo? ¿Dónde? Aquí no hay ninguna Cat Power, y eso que Chan Marshall avisó hace ya un mes de la cancelación de su gira europea. Hombre, obviamente si la mujer está enferma no voy a querer que me la traigan a tocar a mi casa pero… ¿y la sustitución? ¿Y la rebaja en el precio de la entrada correspondiente a la cancelación sin recambio de una de las cabezas del cartel? Esta es una actitud completamente deplorable en la que nada ha tenido que ver el Ayuntamiento de Madrid, solamente el desprecio de los organizadores del Primavera Club hacia todos los que habíamos comprado la entrada. Su única solución fue añadir la posibilidad de devolverlas tras la cancelación (solo faltaría).

Swans

A falta de un par de temas para finalizar lo de Lanegan, salimos de la Nave 16 para acceder a la Nave de Música  recinto, que, puntualicemos, no se había visto afectado en absoluto por los cambios de aforo de última hora. Según salimos de la Nave 16 nos encontramos con una monstruosa cola para acceder a la de Música. Tras 10 minutos esperando en ella, un guardia de seguridad nos hizo saber que el aforo de la nave estaba completo y que no íbamos a conseguir entrar: nos quedamos sin ver a Swans no sabemos bien por qué, en tanto en cuanto el aforo de esa nave era sabido con antelación. De modo que podíamos elegir entre quedarnos en la calle pasando frío o volver a meternos en la Nave 16 a ver a Ariel Pink’s Haunted Graffiti. Elegimos lo segundo y no se si salimos perdiendo, porque fue un concierto completamente carente de calidad, con una calidad de sonido más allá de lo lamentable y una falta completa de interés por parte del público. A las 10 de la noche, poner a una banda tan abrumadoramente mala en el escenario principal es sencillamente un insulto a quienes han pagado su entrada.

The Vaccines

Con esto ya solo quedaba una actuación para la noche: la de los londinenses The Vaccines, que solamente dando el concierto de su vida podrían ser capaces de arreglar el desaguisado y, al menos en mi caso, quitarme el cabreo que llevaba encima. Los de Londres saltaron al escenario con puntualidad británica, a medianoche, poniendo al público patas arriba con su No Hope y encadenándolo con Wreckin’ Bar, para delirio de la audiencia, que tenía los brazos en alto y no paraba de saltar y moverse espasmódicamente, presa del frenético ritmo de estos cuatro locos ingleses. Así que vamos a ver: The Vaccines ni son el grupo de la década ni dieron anoche el concierto de su vida. Pero lo que hicieron estuvo bastante bien, teniendo en cuenta que la mayoría de lo que habíamos podido ver había sido entre malo y soso.

No inventaron la pólvora, intercalaron hábilmente las canciones de su segundo disco con las de primero sabiendo que por muy buen disco que sea Come Of Age (2012), que lo es, sus temas en directo palidecen ante la mayoría de los de What Did You Expect From The Vaccines? (2011). Bastaba ver cómo se ponía el público en cuanto sonaban las primeras notas de If You Wanna, Wetsuit o All In White para comprobar que el poderío de este grupo se encuentra todavía en aquel primer y frenético trabajo. No obstante, el concierto estuvo muy bien: la voz de Justin Young estuvo muy medida, sin altibajos ni fatiga (normal, si el concierto no llegó ni a una hora de duración), la acústica de la nave se arregló milagrosamente y no cabe queja, la actitud rockera y gamberrota que tan bien dominan, bien traída pero sin exagerar… en general, una buena actuación.

De este modo, a fuerza de punk edulcorado, de buenos ademanes rockeros y de saber hacer, la noche se arregló mínimamente. Saltamos, cantamos y disfrutamos con The Vaccines, incluso con sus nuevos temas. La escasa duración de su actuación tampoco supuso gran problema: prefiero un concierto corto que funcione bien antes que uno largo en el que la voz del cantante se venga abajo o se metan canciones intrascendentes para rellenar. La actuación estuvo en la cumbre de intensidad durante casi toda su duración y cuando acabaron, los que estábamos más cerca estábamos agotados. Sin duda, buena señal. La única buena en una noche patética y desastrosa. Honestamente, visto lo visto, no me queda casi nada que lamentar ante el anuncio de que el Primavera Club no volverá a celebrarse en España: para esto, prefiero mil veces poder pagar una entrada solo por The Vaccines y poder verlos a una hora decente sin tener que aguantar toda la serie de despropósitos que tuvimos que soportar ayer.

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Actitud, pose y mucha niebla en el mini festival de la Semana Gótica

Publicado en 03 diciembre 2012 por

La sala Ritmo y Compás acogió el pasado sábado, una vez más, el mini festival de la IV edición de la Semana Gótica de Madrid. Francamente, uno que lleva moviéndose en estos entornos durante largos años, sabe de sobra que hay mucha más gente potencialmente cliente de este tipo de cosas que la que finalmente acude. Es además muy cierto que desde hace tiempo la “movida” anda de capa caída. En algún momento habrá que pensar un poco en qué se ha hecho desde el ocio para mantener no ya vivo, sino al menos no disgregado, el movimiento. El caso es que en una época en que todo está aletargado y la gente responde poco, que haya un grupo de locos que continúa queriendo dar caña y metiéndose en semejantes tinglados, es de loar de punta a cabo. El cartel de este año volvió a ser muy atractivo, y al final, casi a tirones, la Ritmo y Compás logró una asistencia relativamente aceptable, aunque como digo, ni de lejos todo lo que debiera haber sido. Esto fue lo que vimos.

Joy/Disaster

Nico Rohr en acción

Estos jóvenes franceses venían, como vinieron todos los toreros de la noche, con disco editado durante este 2012. Sickness es un disparo de energía post-punk de tintes oscuros que en su lírica comprometida es más punk que post. Lo confieso, eran los que mayor curiosidad me despertaban. Y en efecto su directo fue una descarga de energía, pese a todo…, y es que el sonido dejó mucho que desear, al menos desde las primeras filas, donde a veces se dejaba de oír el bajo, otras la guitarra rítmica de Simon, o directamente se acoplaba o sonaban sus punteos muy por encima de lo demás. Pero las ganas de estos chavales hicieron que todo quedase en anécdota, en especial por la apabullante actitud de Nico Rohr, su cantante, poseído toda la noche por el espíritu de sí mismo y que llevaba en el cuerpo más marcha que la sala entera. La presentación de Sickness fue extensa, no dejando pasar temazos como Shinning Monday, Twins Of Misery o Sweetie Monkey, pero también recuperando canciones para ellos emblemáticas como Lobotomy. Sonaron más sucios, más garajeros y más punk que lo habitual en estudio, y dejaron un poso que hace entender por qué no paran de girar por toda Europa y que estén cosechando seguidores en lugares tan dispares como Lituania y Argentina, entre otros.

The Beauty Of Gemina

Michael Sele perseguido por la niebla

Creo que en mi vida he tenido entre manos a una banda suiza. Me arde la curiosidad por saber cómo encaja este tipo de grupo entre las aparentes rectas mentes de los ciudadanos del país que se esconde tras los muros alpinos. Bueno, ya se encargó su líder, Michael Sele, de contarnos que malamente. Mi relación con este grupo es de amor/odio. Me resultan fascinantes cuando se agarran al gothic rock, lo adornan de sonidos clásicos darkwave, le pegan cuatro vueltas y tres hervores y paren temazos como Voices of Winter, que abre Iscariot Blues, su último disco. Por contra, cuando retornan a sus inicios mucho más electrónicos y a ratos industriales, me llegan a aburrir e incluso a exasperar, salvo en momentos realmente inteligentes como Dark Rain. Anteanoche, como era de esperar, tiraron de todos sus palos. Los primeros segundos de Voices of Winter me hicieron temer lo peor, de nuevo el sonido fallaba, pero poco a poco se fue arreglando y este pedazo de canción acabó sonando bien. El segundo tema estuvo maravilloso, perdónenme por el lapso pero no recuerdo si fue Rumours o alguna de esas otras canciones guitarreras suyas que tanto me gustan, pero al no ver teclados a la vista pensé que tendríamos un recital en esa línea. Error. Al tercer tema un cacharro pregrabado controlado con pedales comenzó a soltar electrónica. Pero mi pesar no fue el de todos, lógicamente, hubo gente pasándoselo muy bien, que es lo que importa, y el resultado fue muy apañado. Nos aproximábamos a la gran cita de la noche para casi todos con buen sabor de boca.

Merciful Nuns

El señor Artaud en pleno discurso

Ya saben, los “legítimos sucesores de Garden Of Delight”, desde Alemania y con nuevo disco, otro más en su prolífico ritmo, bajo el brazo: Goetia IV. Tal y como esperábamos aquello fue un dechado de pose en medio de un mar de niebla artificial, una puesta en escena sencilla, con cantante, guitarra y bajo, pero muy efectista y muy acorde a lo que son Merciful Nuns, una banda de rock gótico puro, de ese que bebe directamente de los pechos de Andrew Eldritch, y que potencia su grandilocuencia y misticismo. Lo que no todo el mundo entendió es que buena parte de sus kilométricos temas se ejecutasen ocultos tras una pantalla que proyectaba imágenes y frases de la canción de turno, de hecho a más de uno el concierto se le hizo largo e incluso aburrido, y se vio gente empezando a desfilar, bien hacia la calle o hacia la barra del bar -de buena tinta sé que había una razón, y algún día me enteraré-. Pero ahí seguía Artaud Seth, recio e impávido como un mesías apocalíptico, como un gurú de la oscuridad humana, desgranando canciones una tras de otra, emergiendo con su foco de entre la niebla, dando, a fin de cuentas, su espectáculo. Me gustaría saber si, al igual que Edritch un día reconoció el lado cómico de sus Sisters Of Mercy, esta gente se toman a sí mismos tan en serio como parece. El concierto fue bueno, ejecutaron de forma muy pulcra la gran mayoría de su nuevo disco, pero en detrimento de ciertos temas que muchos esperaban, lo cual hizo del evento algo bastante denso que no contentó a todos. En mi caso lo que me dolió fue la ausencia de Someday, pero no se puede tener todo…

Y así fue como vivimos esta edición del SGM Fest 2012, ojalá para el próximo año podamos contar con la presencia de ciertos elementos del panorama patrio que comienzan a despuntar y ojalá con mayor respuesta, hay que seguir apostando por estas cosas, y por tanto infinitas gracias y aplausos a Billyphobia, Marjorie Eljach, la gente de Rara Avis y el resto de la troupe de la Semana Gótica de Madrid.

Fotos por @Nebelang, puedes ver un set estupendo y extenso de la noche en su flickr.

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Primal Scream: conciertazo bajo la lluvia

Publicado en 29 septiembre 2012 por

Voy a contarles un secreto. Porque a juzgar por los pocos cientos de personas que estábamos ayer en el Matadero, lo del Youfest debe ser un secreto. Este fin de semana hay un festival de música en el centro de Madrid. Lo que pasa es que es un festival que mezcla a Primal Scream con Rick-never-gonna-give-you-up-Astley y la Tigresa de Oriente. El cartel del Youfest es un monumento al dadaísmo más carente de sentido y lógica. Ah, pero tocaban Primal Scream. Conseguí entrada para la parte del Matadero (otra parte del festival se desarrolla en La Riviera) sola y exclusivamente para ver a la banda de Glasgow. Les voy a ser sincera: el resto de los grupos me importaban poco o nada y, además, ayer en Madrid caía la mundial.

Llegué 10 minutos antes del inicio oficial del concierto de los escoceses y me encontré con un panorama desolador en Matadero: cuatro gatos bailando con El Guincho y el escenario en el que tocarían los Primal absolutamente desierto mientras el chaparrón llevaba sin parar de arreciar desde las 4 de la tarde. Ahí que me planté, esperamos unos minutitos y aparecieron los de Glasgow. A ojo de buen cubero no creo que el público fueran mucho más de mil personas, aunque las primeras filas eran verdaderamente entusiastas. Y no, no paraba de llover. Es más, iba a peor.

Este verano tuve dos ocasiones para ver a Primal Scream, una en el Isle Of Wight Festival y otra en el Hop Farm Festival. En el primero me los perdí porque tocaban el ‘jueves de calentamiento’ del evento. En el segundo coincidían en hora con Bob Dylan y solo pude ver su última canción. Ese último, portentoso y acojonante estallido de rock que les cacé me dio muchas ganas de verlos anoche. Así que, tal vez, me convertí en una entusiasta más de las primeras filas. Se supone que la gira de conciertos que están efectuando los Primal es una celebración del 20 aniversario de uno de sus discos más populares: Screamaledica (1991) pero, obviamente, más que 20, son 21 años los que ha cumplido el mítico álbum de rock que acabó por colocarles en un respetable lugar en la historia de éste.

Al inicio la cosa pintaba mala: la primera canción, 2012, sonó, literalmente, a rayos. Micros que se acoplaban, auténtico sonido de lata para las guitarras y a Bobby Gillespie parecía no hacerle ni repajolera gracia que no hubiera ni un tercio de las personas que cabían en el aforo. Un comienzo desafortunado. Pero de sabios es rectificar: en un movimiento arriesgado, quemaron en menos de 5 minutos el que es uno de los temas más locos, bailables, conocidos y, en resumen, uno de los más fuertes de su repertorio; se arrancaron con Swastika Eyes. Y ahí no importó la lluvia, las guitarras y el teclado empezaron a sonar un poquito mejor, Bobby se fue dando cuenta del mérito que tenía estar entre ese público con la que estaba cayendo fuera del escenario y todos acabamos patas arriba gritando You Got Swastika Eyes. La versión, además, se fue prolongando minutos y minutos, aumentando en intensidad y volumen. Todo esto, además, combinado con un más que agresivo parpadeante juego de luces que aturdía al espectador, haciendo que la canción fuera todavía más vívida. La verdad es que el trabajo de iluminación fue muy bueno y ayudaba muchísimo a endurecer el ambiente cuando llegaban los temas más electrónicos y bailables. El público, encantado.

No estoy del todo segura del tema que vino después de éste, pero creo que fue Movin’ On Up, en una versión, eso sí, mucho más movida que la de rock clásico de líneas puras, solos de guitarra afilados y coros preciosistas en aparece en el Screamadelica: no le podemos negar a Primal Scream que controlaron con una precisión envidiable el ritmo del concierto. Después de un arranque dubitativo, en 10 minutos se habían metido a un empapado y exigente público (ya que estás ahí, encima como que el concierto no merezca la pena) en el bolsillo. Bastaron tres temas de estos poderosos para enganchar, ya sí, con el setlist de conmemoración del Scremadelica: Loaded, Slip Inside This House… no se puede decir que sean temas tranquilos, porque en directo se vieron despojados de su sonido limpito y nos tuvieron bailando a buen ritmo, sin agotarnos pero sin dar tregua. Como digo, unos tiempos perfectamente medidos y muy muy efectivos. Cuando miré el reloj por primera vez habíamos superado los 45 minutos de concierto. Yo creía que llevábamos 15 como mucho. Sí, lo estaba pasando bien.

Pero, a pesar de que Screamadelica es un gran álbum, hay otro de Primal que está completa y absolutamente cuajadito de éxitos: XTRMNTR (2000), mucho más electrónico del que ya habían interpretado Swastika Eyes y del que aún faltaría Shoot Speed / Kill Light para marcar el inicio de la recta final del concierto a golpe de baile frenético. Fue en esta fase cuando también sonó el que, a mi me pareció, el mejor tema que tocaron de Screamadellica: Come Together, que en disco tiene poco de rock y algo de caribeña, se convirtió en algo muy diferente con sus sintetizadores, voces lejanas, un poquitín de épica y sitio para que guitarristas y bajistas se lucieran. Y es que algo que me gustó del directo de Primal Scream fue que no dependía excesivamente de ninguno de sus músicos: no se veía a las cuerdas corriendo al reubufo de la batería, o una dependencia excesiva del virtuosismo de los guitarras. La complementariedad entre todos ellos me pareció parte del secreto de su éxito y calidad.

Finalmente, tras hora y media en la que la intensidad de la lluvia no hizo más que subir y subir y subir, Primal Scream subieron el último peldaño de volumen e intensidad, le dieron calor a los amplis y se metieron con Rocks a darlo todo, en un festival de puro ruido, desenfreno y, en definitiva, rock. Creo que a pesar de que fuéramos pocos, a la banda le llegaron el calor y las ganas de los que allí estábamos empapados hasta los huesos solo por ellos. Y supieron hacer que compensara.

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DCode Fest 2012 (ii): The Killers dan el concierto perfecto

Publicado en 16 septiembre 2012 por

Contra todo pronóstico, y de nuevo sin demasiada fe, acabé también en la segunda jornada del DCode. El cartel, en mi opinión, era mucho más flojito que el del viernes, con los grupos distribuidos de una forma todavía más infame y con el único objetivo de dejar que The Killers se lucieran. El apabullante éxito de convocatoria, eso sí, estuvo fuera de toda duda: las interminables colas de los baños (en serio, ¿cobrando el abono a 100 pavos no habría sido posible poner unos poquitos urinarios más? yo pregunto, ¿eh?) lo atestiguan.

Capsula

De nuevo empecé mi periplo poco antes de las 7, aún sabiendo que me estaba perdiendo a los postrockeros Syberia. No se puede estar en todo. El caso es que los argentinos Capsula estaban en mi lista de grandes incógnitas y de imprescindibles del DCode: su directo es prestigioso, pero no han conseguido todavía la extraordinaria relevancia que tienen grupos no demasiado diferentes a ellos, como podrían ser Triángulo de Amor Bizarro o Columpio Asesino. El caso es que éramos pocos en el escenario Heineken, pero lo pasamos como enanos. Y es curioso, porque entre el poco público que había, las primeras filas estaban copadas por viejos rockeros, señores gordos de barrigota bailarina, melenas y barbas que no paraban de gritar ‘¡Viva el rock, cabrones!‘ y de bailar enfervorecidos ante los imparables Capsula. ¿Curioso? Esperen un momento…

Capsula desarrollaron un rock de ese que lo mueves un poco y sale polvo: añejo, sucio, distorsionado pero, sobre todo, potentísimo. Garaje, grunge, noise rock… supongo que serían las palabras más adecuadas para describir lo que hace este ruidoso trío. El guitarra, Martín, sencillamente no paraba: que si guitarra arriba, que si guitarra abajo. En menos de 10 minutos ya estaba encaramado a las barreras de seguridad dejando que el público aporreara su guitarra. Unas cuantas canciones después volvió a bajar, con el divertido detalle de que para volver a escalar al escenario con el micro mientras cantaba acabó montando un espectáculo curioso, subiendo a base de rodar y con el micrófono entre los dientes.

Pero payasadas aparte, Capsula realmente hicieron honor al público que se les concentraba delante: sonaron magníficos y fueron cogiendo seguridad a medida que pasaban los minutos (se notaba claramente como el serio rostro de Coni fue convirtiéndose en una amplia sonrisa a medida que el público se animaba más y más). Acabaron pasándose 5 minutos del tiempo que tenían concedido, con una organizadora del festival corriendo por los laterales del escenario tirándose de los pelos y gritándoles que no podían tocar más. Un final apoteósico, con todo tipo de distorsiones (solo les faltó reventar una guitarra contra un amplificador, madre mía, el ruido que metieron) perfectamente a la altura del soberbio rock que habían practicado. Por cierto, Capsula volverán a estar en Madrid el 26 de octubre: una cita imprescindible para cualquiera dispuesto a disfrutar del buen rock.

Django Django / Lüger

Ya me quejé ayer y hoy vuelvo a hacerlo: el DCode no es Glastonbury. Ni siquiera es el FIB, y con solamente dos escenarios hacer solapar las actuaciones es sencillamente una cabronada para quién, como yo, tiene ganas de ver música (los que van a emborracharse a la puerta, que parece ser que son los personajes por los que se preocupa la organización, no se van a quejar por esto, eso sí). De modo que vuelvo a expresar mi absoluto descontento por el hecho de tener que perderme medio concierto de Django Django si quiero acabar de ver el de Capsula y/o cazar unos minutos a Lüger. Sencillamente no está justificado.

El caso es que llegué al escenario principal para ver a uno de los grupos más esperados del festival y me sorprendió comprobar que ya estaba bastante lleno: la reciente nominación al Mercury Prize le había sentado genial a estos escoceses pero yo, tengo que aceptarlo, me aburrí como una ostra con ellos. También tengo que aceptar que su primer y único disco no me parece ni de lejos para tanto como se está diciendo últimamente: es gracioso, pero no me dan ganas irracionales de ponérmelo todas las semanas. Y en el escenario los vi más sosos que otra cosa: todo sonaba exactamente igual que en el estudio y el público, aunque parecía que había oído algunas canciones de refilón, tampoco estaba especialmente entusiasmado. Tengo que aceptar que en este estilo me llamó mucho más la atención el divertido y colorista directo de Kakkmadafakka, que hacen una música parecida pero la venden mucho mejor que estos. A lo mejor lo único que les faltan son tablas.

No fui la única que se aburrió con el psicodélico y tribal pop de los Django Django y se pasó de nuevo al escenario pequeño, donde los Lüger calentaban motores y arrancaban muy lentamente su discurso casi postrockero. De nuevo por solapamientos, no pude ver el concierto entero, pero la primera mitad, que fue lo que disfruté, me pareció extraordinariamente cañera, tal vez algo fría en algunas partes que tal vez necesitaban un poquito más de pasión y desenfreno que la tensa concentración que exhibían todos los miembros de la banda. Unos minutos de rock duro, mucho más descarnado y serio que el que habían ofrecido los Capsula un ratito antes. Afortunadamente, el escenario estaba preparado para tales excesos y la jugada sonó de vicio.

Supersubmarina

Hacía tiempo (más de un año, porque en el Low Cost también solapaban las cosas…) que no veía un concierto de Supersubmarina entero. En el Low Cost no me habían parecido sobresalientes pero tengo que aceptar que hubo un par de momentos en el que me pareció que brillaban un poquitín. Pero nada que la basurilla de su último disco no pueda disimular, vaya… Ayer arrancaron a mi gusto muy sosos: en vez de empezar con Eléctrico o algo así (¿qué tendrá de malo?, digo yo…) se arrancaron con alguno de los sosísimos temas de su Santacruz, encadenado con una versión de Ana que no acababa de sonar bien. En realidad el concierto no me sonó del todo bien: estaba un poco escorada hacia la izquierda, pero no creo que sea excusa para que los instrumentos sonaran tan poco sincronizados los unos con los otros.

Las primeras canciones del concierto me parecieron deslucidas: ni siquiera el público (que ya era numerosísimo) se animaba en exceso a corear las canciones. Me llamó mucho la atención, eso sí, encontrarme con unos aires muy a lo Two Door Cinema Club con la versión en directo de En Mis Venas, que si bien es cierto es un tema que no me llama nada en estudio, sobre el escenario me pareció que tenía más chicha (ahora, copiarle el riff de guitarra punto por punto a los Two Door está muy feo). La actuación remontó enormemente cuando encadenaron dos versiones potentísimas de Diciembre Está Al Llegar y Hermética (con diferencia, para mi, lo mejor de Santacruz). Ahora bien, se dejaron cosas como LN Granada o Eléctrico en el tintero a costa de cantar Canción de Guerra o Cientocero, y eso sí que me parece imperdonable. Al final, ni fu ni fa, francamente. Grupo de festival, pero no para pagarles una entrada.

The Kooks

Con este grupo siempre he tenido muy mala suerte: por unas cosas u otras llevo tiempo persiguiéndolos y nunca consigo cazarlos. Hasta ayer, que se subieron al escenario principal aprovechando la jauría humana que ya se estaba concentrando para ver a The Killers. Los británicos arrasaron felizmente, y a mi me puso muy contenta que sonaran tan bien. Y es que interpretaron sus divertidos pero tal vez demasiado acústicos temas de la mejor forma posible: explotando todas las posibilidades del escenario principal y confirmando que, aunque en estudio no lo parezcan tanto, en directo son un puro grupo de rock; dignísimo heredero de la tradición del brit-pop de los 90.

Lo curioso es que lo que más gustó al público fue la versión de Pumped Up Kicks que se marcaron y que, obviamente, no es de ellos sino de los Foster The People. No hicieron nada extraordinario con el tema, aunque al final si que le añadieron un poquito de guitarreo para sustituir alguno de los efectos algo psicodélicos que tiene la canción original. Me gustaron especialmente Seaside y, contra todo pronóstico, Junk Of The Heart (Happy) que son dos temas que, creo yo, demostraron claramente cómo un grupo puede sonar a limpio y brillante acústico cuando quiere; y extraer su lado más rockero para mover a las masas si lo necesita.

The Killers

Yo al final me compré el abono de este festival, y no la entrada solo para el viernes, porque quería ver a The Killers. Verlos una vez, quiero decir, ver qué hacen en directo y que no volviera a picarme el gusanillo de gastarme 50 euros la próxima vez que vengan a Madrid. Pues bien, me temo que no va a ser posible: con lo que tienen, con lo que son, anoche en Madrid dieron el concierto perfecto. Lo dieron todo, se dejaron la vida sobre el escenario y el público no paró de apoyarles ni un solo minuto. Para rematar, eligieron el que para mi, fue el setlist perfecto, incluyendo todas y cada una de las canciones que a mi me resultaban imprescindibles de la banda (seguro que ahora mismo hay otro bloggero por ahí escribiendo precisamente que eligieron las peores canciones posibles).

Empezaron como un torbellino, con el nuevo single, Runaways sonando con toda la potencia disponible y el público que, sorprendentemente, ya se la sabía entera. Y sin un minuto de descanso, van ya y sacan la artillería: Somebody Told Me, que es con diferencia mi canción favorita de esta gente, fue un no parar de gritos, manos en alto, palmas y estribillos coreados. La extraordinaria y bellísima voz de Brandon Flowers había necesitado canción y media para ganarme. Encima, el tío estaba absolutamente desatado, sin parar de moverse de un lado al otro del escenario, arengando sin perder una sola nota.

Smile Like You Mean It, For Reasons Unknown… la sucesión de hits era imparable. En cierto momento Brandon Flowers chapurreó en castellano que habían salido a darlo todo. Y no bromeaban: la épica de sus canciones no quedó desmerecida ni un solo instante, el sonido fue perfecto, la escenografía, impresionante sin parecer demasiado recargada. Y el rock, las guitarras, los solos, la potente percusión que impedía dejar de saltar un solo instante… no todo era única y exclusivamente la personalísima voz de Flowers: The Killers desarrollaron, durante hora y media, el mejor concierto que podían dar, ni más ni menos. Hubo tiempo hasta para versiones, con Joy Division y Alphaville, siendo el Forever Young de estos últimos lo que más enterneció al público.

El final, tal vez, sonó un poquito extraño: la tanda Mr. Brightside y All These Things That I’ve Done justo antes de los bises, con el público ya completamente entregado y patas arriba, hicieron que el verdadero cierre con Jenny Whas A Friend Of Mine (me sorprendió muchísimo que la tocaran, pero todavía me gustó más porque este tema me parece espectacular) y When You Where Young que, siendo buenas, no me parecían tan épicas para el cierre como las anteriores.

En cualquier caso, lo de The Killers fue una absoluta locura. Se limitaron a tocar un par de canciones nuevas y el resto del tiempo tiraron de himnos. Tal vez haya quien pueda tacharlos de cobardes y facilones por eso: a mi me parece que cuando un grupo tiene tantos himnos tan claros como este, el crimen sería no usarlos.

Y con esto acaba, un año más, el DCode de Madrid. Esperemos que el año que viene haya más, mejor, más barato y con más baños por metro cuadrado. De nuevo, os dejamos con el set completo en de Flickr que hemos confeccionado con nuestras fotos de las dos jornadas de festival.

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DCode Fest 2012 (i): aún más que Sigur Rós

Publicado en 15 septiembre 2012 por

Ayer, por fin, con muchas dudas (especialmente sobre el tipo de abono que adquirir), acabé acercándome al DCode Fest de mi ciudad con un abono para ambos días (excesivamente caro, las cosas cuando son caras, hay que decirlas). Creo que fueron dos los motivos que me movieron finalmente a hacerlo así: por un lado, las ganas de ver a los cabezas de cartel, especialmente a Sigur Rós, banda que tiene un cálido lugar en mi corazoncito y; el segundo, lo bien que me lo pasé en este festival el pasado verano pues, a pesar de sus defectos (algunos se han repetido), da gusto tener un evento musical de estas características a una hora de casa.

Dorian

Llegué pronto al festival algo antes de las 7 (una hora respetable para un festival veraniego), para encontrarme con el primer error de la organización: Dorian. Ahí estaban, los catalanes, encaramados a un escenario sobre el cual todavía caía un sol de justicia y bromeando un poco sobre lo poco acostumbrados que están a tocar con tanta luz en la cara. A Dorian no se le hace eso. A uno le pueden gustar mucho o poco (yo soy de las de mucho), pero es una de las mejores bandas de indie nacional y relegarlos a primera hora de la tarde es sencillamente un insulto. No quiero decir con esto que la única forma de pasarlo bien en un concierto de Dorian sea a las tres de la mañana muy borracho en un festival (oh Dios mío, esto me recuerda el memorable concierto que dieron para cerrar el segundo día del Sonorama 2011, en el que los pocos que quedábamos en pie acabamos bailando como bestias): pero la música tiene sus tiempos, y el de Dorian no es la media tarde.

Dicho esto, temo que el extraño horario a ellos tampoco les sentó bien: saltaron a escenario un poquito desorientados y la voz de Marc tardó un par de temas en calentarse no soltar gallos y la cosa no acabó de sonar realmente bien hasta después de Verte Amanecer, que quedó algo deslucida. El de ayer era uno de los últimos conciertos de Dorian con La Ciudad Subterránea (2009), el disco que tantas alegrías les ha dado. El ambiente solo acabó de caldearse cuando interrumpieron su concierto para desplegar una pancarta en la que podía leerse ‘LA CULTURA NO ES UN LUJO. NO A LA SUBIDA DEL IVA’ y leer el manifiesto correspondiente. Este parón pareció dar fuerzas a la banda y a los asistentes, que retomaron la segunda mitad del concierto con muchísima más fuerza, acercándose al público cada vez más y regalándonos dos interpretaciones de La Tormenta de Arena y Cualquier Otra Parte emocionantes. El concierto acabó con Marc subido a las vallas y arengando al público que, a pesar del sol y del calor, respondió como si no fuera tan pronto.

Kings Of Convenience

Primera grata sorpresa de la noche: los discos de este dulce dúo noruego me gustan, pero no despertaban sentimientos especialmente intensos en mi. No obstante, era consciente de la buena reputación que arrastra su directo y no lo dudé a la hora de acercarme a verlos. Gran acierto. Orlend y Eirik arrancaron con una apuesta muy arriesgada: saltar al escenario principal de un gran festival de rock que realmente empezaba a estar bastante lleno ellos solos sin más compañía que una guitarra acústica y otra española (una bellísima Alhambra, que alabaron como la mejor guitarra española que han encontrado nunca).

La apuesta les salió redonda: tuve la impresión que el silencio y la admiración que generaron fue incluso más hondo que el que se produjo más tarde con Sigur Rós, tal vez porque estos chicos eran mucho menos conocidos. El caso es que en dos canciones, salvo cuatro energúmenos fans de Justice que no paraban de hacer comentarios despectivos, se habían metido al público en el bolsillo: solo faltaba que se nos cayera la baba ante las dulces letras sazonadas con bosa nova que impedía que te quedaras del todo quieto. You and Me cayó en la primera batería de canciones y consiguió que hasta el público cantara el estribillo. Los oníricos paisajes de estos dos chicos se prolongaron durante toda la puesta de sol, haciendo hasta que el público se frotara las manos para imitar el sonido de la lluvia mientras ellos, con las guitarras, evocaban el de las gotas cayendo. Ellos también parecían encantados con la respuesta del público y llegaron a comentar, medio en serio medio en broma, que si algo bueno tenía la crisis económica era que su ciudad, Bergen, se había llenado de españoles que buscaban trabajo, lo cual la hacía más divertida.

Sobrepasado el ecuador de la hora de concierto que tenían concedida, otros tres músicos (guitarra y bajo eléctricos y batería) saltaron al escenario para dar a la actuación un cierre mucho más movido. Lo verdaderamente sorprendente es la naturalidad con la que, a pesar de haber desarrollado una actuación casi hasta silenciosa unos minutos antes, se desmarcaron con un arrebato de guitarreo, que hizo que hasta Orlend (me encantó su camiseta, no puedo pasar sin decirlo, quiero una igual) se desmarcara con unos frenéticos bailes. Creo que nadie abandonó el concierto de Kings of Convenience sin una sonrisa en la cara.

The Shoes

De un error a otro. Hay cosas en esta vida que no entiendo, y que en un festival no demasiado grande como el DCode tengan que solapar los conciertos es una de ellas. Sencillamente, no hay ni motivo ni justificación: en este mismo festival, el año pasado (y con un cartel mucho más relevante, todo hay que decirlo) no solapó ni una sola banda. Es más, entre varios conciertos hubo hasta 10 minutitos de cortesía para ir al baño o a comprar una cerveza. No entiendo por qué si quería ver a dEUS, solo pude disfrutar de tres canciones de The Shoes. No lo entiendo.

De modo que poco puedo hablar de The Shoes: les vi 3 o 4 canciones, pero tengo que aceptar que les bastó media para ponerme a bailar como una posesa. La calidad de sus ritmos superó con creces la versión de estudio y era bastante impresionante ver la coordinación y concentración milimétrica con la que sus dos percusionistas no paraban (literalmente) de golpear todo lo que se les ponía por delante. Me dio verdadera rabia no ver más.

dEUS

Con esta banda belga me pasó algo parecido a lo de los Kings of Convenience, aunque más acusado: no sé por qué, no soy capaz de encontrar nada de rock que me despierte en la mayoría de sus discos. Pero lo que hicieron anoche, al menos para mi, no tiene nada que ver con su versión de estudio. Y es que la buena fama de su directo les precedía e hicieron honor a ella: arrancaron su actuación con una batería de canciones sencillamente salvajes, rock puro que, a pesar de algún que otro problema técnico (encima persistente), sonó a auténtica gloria en el escenario principal.

Esta potentísima primera parte del concierto dio paso a una más calmada en la que dEUS hicieron gala de su extraordinaria habilidad para mudar estilos, aunque es cierto que anoche nunca se despojaron de la asfixiante distorsión y las voces rasgadas, incluso en los momentos más calmados. Eso sí, la calma no duró demasiado y para las últimas dos canciones el ritmo salvaje, el rock enmarañado, ruidoso y mugriento de los belgas volvió a rugir, aunque no estoy del todo segura de hasta qué punto el público respondió a él, puesto que gran parte de la parroquia ya presente estaba esperando a Sigur Ros, que no se parecían demasiado a esto.

Sigur Rós

Para hablar del plato fuerte de la noche (y, para mi, del festival), tengo que dejar dos cosas claras: la primera, que me gustan muchísimo Sigur Rós. La segunda: no vuelvo a ver a Sigur Ros en un festival. Me explico: el concierto de anoche de los islandeses fue una pasada, eso nadie lo pone en duda. Y su extraordinaria capacidad de convocatoria, tampoco. Pero entre las primeras filas del público había muchísimas personas a las que Sigur Rós no les importaba absolutamente nada y que estaban esperando a ver a Justice (que se parecen lo que un huevo a una castaña, todo sea dicho). Muchas de estas personas llevaban mucho tiempo bebiendo y mostraron muy poco respeto por el concierto o por las personas que estábamos intentando disfrutarlo. A pesar de estar muy cerca del escenario, tuve la mala suerte de estar rodeada de este tipo de personas y, no voy a dar detalles (por cierto, un cero a la inoperante seguridad de la organización, que, cuanto intenté informar de que había un señor extraordinariamente borracho molestándome a mi y a otras chicas se limitaron a encoger los hombros y a decirme que ‘Esto es un concierto, señorita’), pero este tipo de gentuza me arruinaron el concierto.

En fin, después de esto, aún así, algo pude disfrutar. Porque, en efecto, Sigur Rós son muy grandes. No sé si fueron las deplorables condiciones en que los vi, pero tal vez me esperaba un poquito más (hace un par de años vi a Jónsi y me impresionó más que esto), aunque también puede ser que me habían puesto su directo tan por las nubes que se habían excedido. En cualquier caso, impresionante cómo sacaron a más de 10 personas (cuerdas e instrumentos de viento incluidos) y la cosa sonara tan redonda. Un fallo, eso sí, especialmente para quienes no estaban muy cerca del escenario, fue que, en vez de proyectar lo que se desarrollaba en éste, las pantallas emitieron casi durante todo el rato vídeos de imágenes oníricas que acompañaban perfectamente a la música, pero que hacían imposible seguir bien el concierto de lejos.

La ambientación de la actuación empezó de forma extraordinaria: nada más empezar la sensación de estar en un barco, en el Valtari fantasma del que Sigur Rós hablan en su último disco, era perfecta: los trajes, los sonidos lejanos, incluso la actitud de la banda… todo parecía un barco a la deriva mecido por las olas. La sensación se mantuvo más o menos hasta que Hoppipolla despertó un poco al público de su ensueño: la batería de canciones más conocidas de Sigur Rós había empezado ya una canción antes con Saeglopur, pero probablemente es Hoppipolla el tema que más conocemos de ellos en nuestro país (que fuera el tema elegido por TVE para anunciarse durante un tiempo debió ayudar).

De los temas nuevos me impresionó especialmente Varúð, con su perfecta tensión contenida hasta convertirse en una arista cada vez más y más afilada. La voz de Jónsi se mantuvo muy operística y fuerte, como un poderoso hilo de acero que todo lo aguanta, aunque mostró algún signo de flaqueo hacia el final del concierto, no siendo capaz de llegar a todos los agudos de Hafsól, pero tampoco es que se arruinara la canción ni nada parecido. Tal vez fueron un poquitín fríos en exceso, pero uno ya sabe a lo que va cuando quiere ver a Sigur Rós: suben, se concentran y envuelven al público en un trabajadísimo manto de sonidos y sensaciones que muy pocas bandas serían capaces de emular.

Un conciertazo el de Sigur Rós. Pero no son grupo para festivales.

Triángulo de Amor Bizarro

Tras la tempestad emocional de los islandeses, tempestad rockera a la española, con una de las bandas imprescindibles en todos los festivales de nuestro país. Tengo que aceptar que los vi bien, mucho más acertados y menos borrachos que en el BBK, muy sólidos y seguros, con un sonido desbordante pero muy bien medido para las dimensiones del escenario Heineken (el segundo). Nos deleitaron, además de sus canciones protestonas y ruidosas, con un nuevo tema que me recordó muchísimo a los Fresones Rebeldes pasados por una trituradora de guitarreo distorsionado hasta la irrealidad pero que me pareció muy divertida.

Justice

Ya he mencionado algunas gratas sorpresas que me llevé anoche. Jusctice son el contrapunto: esperaba muchísimo de esta pareja parisina, esperaba alzar los brazos y ponerme a bailar como una posesa sin parar. Y bueno, sí cierto, bailé. Pero me aburrí soberanamente: Justice son dos DJs que no hacen otra cosa que pinchar y, en un par de momentos puntuales, tocar un teclado. Les acompaña una apabullante (y preciosa) escenografía que convierte su mesa de mezclas en un auténtico altar. Pero poco más tienen: se me ocurren muchos DJs que son sólo DJs mucho más variados. El primero que se me viene a la cabeza es Magnetic Man. Con Justice durante hora y media todo me sonó absolutamente igual. Para 15 minutos bailando, genial, pero no logré encontrar nada que me enganchara y me pusiera del revés como si lograron el año pasado los Crystal Castles.

Y es que tal vez en el género de la electrónica aprecio que quien se sube en un escenario tan grande haga algo más que pinchar: lleve una guitarrita, un bajo, se pueda acercar un poco al público… no sé, he visto DJs mejores. Y cierres de festivales mejores también. Y temo que no era la única: a mi alrededor, entre el gentío, había mucha gente ansiosa por el comienzo del concierto que, tras pasar el ecuador de éste, mostraron signos de auténtico aburrimiento. La gente desertó rápido y dónde inicialmente no cabía un alfiler, pronto había espacio de sobra para bailar. Me dio pena, porque esperaba mucho más que un par de himnos repetidos hasta la saciedad por parte de estos dos.

Esto es todo por hoy. Esta noche más (aunque dudo que mejor) con The Killers y The Kooks entre otros. Mientras, podéis pasar por nuestra galería de Flickr, en la que ya tenemos varias imágenes del festival.

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Lo que hay que ver en el DCode Festival 2012

Publicado en 24 agosto 2012 por y

Se acaba agosto y con él, los grandes festivales. ¿Todos? ¡No! ¡Queda uno! El DCode de Madrid queda como último baluarte de los grandes carteles internacionales veraniegos para los amantes de coleccionar pulseritas de colores a lo largo del verano. Y, como el año pasado, aunque en fechas diferentes, el DCode aterriza en el campus de la Complutense de Madrid con un cartel ecléctico a más no poder en el que, más allá de las mastodónticas cabezas, es sencillo perderse debido a la mezcla de estilos. ¿Quieres saber quién es quién en el DCode? Te lo explicamos rápido:

Para bailar

No hay festival que se precie sin sus grupos de baile para que a última hora de la noche, antes de la carpa de DJs, cuando la gente ya se ha venido arriba, la euforia estalle en un desenfreno absoluto. El año pasado este papel lo desempeñaron los Crystal Castles, que cerraron el DCode con una actuación para el recuerdo. Nuestra apuesta para acabar bailando como bestias en Cantarranas este año es Justice, un dúo francés que es… eso, electrónica francesa de esa que en disco solo sirve para que te den ganas de disfrutarla en directo. Puede que no lleguen a la altura de los maestros del género Rinôçérôse pero, en cambio, sus constantes referencias tanto musicales como visuales a las facetas más duras del rock, ejecutadas desde la más trepidante electrónica prometen muchísimo.

La experiencia también nos dice que los nacionales Dorian son ideales para poner a la gente en pie y bailar patas arriba mientras se canten varios de esos temas que ya se han convertido en himnos del indie patrio, como Verte Amanecer o Solar. A buen seguro nadie los verá sentado desde el césped, aunque eso si, con un puntito de nostalgia mucho mayor.

Para cantar

A la hora de corear himnos del rock más reciente el DCode va a tener unos protagonistas absolutos: The Killers, que vuelven con gira, single, disco y de todo. No estamos muy seguros de lo que le depara el futuro a la banda de Brandon Flowers, pero una cosa es clara: el concierto de The Killers va a estar tan lleno de hits, himnos y temazos que no nos va a dar tiempo a acordarnos demasiado de si su discrografía tiene o no altibajos cuando nos pongamos a cantar eso de I’ve got soul but I’m not a soldier.

The Kooks

Pero The Killers no son los únicos que van a hacer cantar a las más jovencitas: no nos perderíamos el concierto de The Kooks (porque entre otras cosas nos lo tuvimos que perder en el BBK debido a incompatibilidad de horarios) por la oportunidad de ver a una de las pocas bandas de la oleada del post-brit pop de la década pasada que ha sobrevivido bastante bien al paso de los años y los discos. Puede que no hayan acabado de perder el carácter de banda para jovencitas, pero su sonido es divertido y agradable, con bastantes canciones conocidas que podremos corear, eso sí, alejados de las fans. Además, gozan de buena fama en directo y de una parroquia de seguidores en España considerable.

Noise rock

Para quien piense que The Kooks se quedan algo blanditos, para quien quiera guitarras locas y ruidosas, voces lejanas y apagadas por la tormenta eléctrica, baterías atronadoras y sonidos potentes, hay una recomendación del cartel del DCode que no pueden perderse: los bilbaínos de adopción Capsula van a hacer que se les caiga la baba con un directo a todas luces frenético y cuidado. Cápsula es una de las bandas que tenemos marcadas en rojo en el itinerario del DCode por sus dos excelentes trabajos de estudio, pero también por la buena reputación que han cosechado en directo desde su salto a la fama en 2009.

Y claro, obviamente, en este apartado tampoco podemos olvidarnos de Triángulo de Amor Bizarro, la banda que ha elevado el ruido, la suciedad y los sonidos un poco más underground a los altares del indie español. ¡Pero es que están en todos los festivales a los que vamos!

Post rock

Una cosa que nos gusta del DCode es que guarda algún guiño al post-rock. El año pasado con los inmensos Toundra (lástima la hora a la que los pusieron) y este año, ¿cómo no?, con los maestros islandeses Sigur Rós, por los que ya hemos manifestado nuestra profunda admiración en este blog y que son sin duda, para nosotros, el mayor atractivo del festival, muy por encima de The Killers. Las delicadas atmósferas decoradas con estallidos rockeros que nos traerán Jonsi y sus chicos bien valdrán la entrada al recinto el próximo mes de septiembre. Esperemos que los años de respiro que se han tomado hayan sentado bien a la banda. Por ahora, aunque a nosotros nos gustó mucho Valtari, no toda la crítica lo ha alabado, calificándolo de demasiado blandito y sólo para incondicionales. Veremos: su directo tiene buena fama y cuesta que se dejen ver.

Aunque los islandeses no son los únicos que harán rock sin palabras en el DCode: hay aún hueco para un pequeño grupito llamado Syberia que, si bien solo cuenta con dos canciones en su Bandcamp, transmiten muy buena impresión. Sólo con ese poquito material en la mano da la sensación de ser un grupo de post-rock clásico y potente, con las fórmulas clásicas del género bien aprendidas y potenciadas. Nos pasaremos a echar un ojo a estos chicos.

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Nuestra ruta si hubiésemos ido al Sonorama 2012

Publicado en 08 agosto 2012 por y

Nunca lo ocultamos: en este blog somos muy fans del Sonorama de Aranda de Duero. Cuando nuestras vacaciones nos lo permiten, no faltamos a la cita del lechazo, el vino y los buenos conciertos. El Sonorama se nos hace, año tras año, una de las mejores fiestas a las que podemos asistir a lo largo y ancho de este país. Nuestro principal problema este año han sido, sí, las vacaciones, pero no querríamos dejar escrito este post sin mencionar la gran decepción que nos hemos llevado a medida que se ha ido desvelando el cartel del festival. Y es que lo sentimos mucho, con todo el dolor de nuestro corazón, y como fans del Sonorama, pensamos que este año no está a la altura de los dos anteriores. Probablemente si las cabezas de cartel no hubieran sido los repetitivos Love of Lesbian y Vetusta Morla, habríamos hecho malabares con nuestros días libres y habríamos encontrado la forma de ir, aunque fuera solamente los días del fin de semana. Pero no, así como otras veces hemos alabado lo manejable, agradable y divertido que es el festival castellano, este año hemos tenido que rebuscar de mala manera para encontrar cosas que nos interesarían si tuviéramos oportunidad de ir.

No obstante, sabemos que sin duda los asistentes van a disfrutar, independientemente de la música, de la calidez de un pueblo que sí que sabe celebrar fiestas y de un festival de tamaño medio pero muy bien hecho. Con toda seguridad, este que viene hubiese sido nuestro itinerario, aunque como algunos artistas con nombres de mayor relumbrón ya los hemos mencionado muchs veces, vamos a destacar algunos de los más pequeños.

Jueves 9

Siempre es el día más complicado y lo saben. Quizá por ello suelen elegir mucha banda local, muchas cosas menos ortodoxas con el estilo general del festival, y como cabeza de cartel una vieja gloria nacional. Este año le ha tocado el turno a Los Enemigos, que mostrarán su rock de toda la vida en el Escenario Ribera a la 1 de la mañana. Por lo demás, y siempre desde nuestro prisma, me lo tomaría con mucha calma y, salvo echar un vistazo a Los Noviembre (22.15 Carpa Bifrutas Pascual), no me movería demasiado de un sitio cómodo y con la barra cerca.

Viernes 10

Si no has cometido el típico error de empezar a tope y eres capaz de levantarte a una hora decente, hay que ir a la Plaza de la Sal porque el famoso autobús tiene un programa interesante. En primer lugar un bromazo: Tuco y Los Definitivos, a eso de las 12.30. No voy a decir más que se presentan como pornorock en vivo y que seguro que a alguno que lleve las legañas aún puestas se las quitan de golpe. A continuación aparecerán los canarios Apple Fly con su pop clásico, y después The New Cossacks para imprimir ruido y electricidad. Entre todos harán la avanzadilla para The Bright, que ya no son ningunos desconocidos y que no sabemos muy bien qué hacen en este escenario, aunque la oportunidad de ver todo esto entre idas y venidas a los bares de alrededor en busca de un vinito y luego llenar el estómago crean un marco especial.

Si tenéis que pasar por el cámping, mientras esperáis al tardón de turno, quizá no sea mala idea echar un vistazo a los vallisoletanos Señorita Nocte (18.00) o a los ruidosos y bastante interesantes El Lado Oscuro de la Broca (19.00), finalistas del último Proyecto Demo, pero este último caso ya conlleva un problema, porque en el recinto principal ya tendremos cosas en marcha a la misma hora como los gallegos Igloo con su potente electropop en el escenario principal.

Cuarenta minutos después, en el escenario secundario, al que han llamado Castilla y León es Vida, tenemos a los muy queridos y ya veteranos Maga, celebrando su reciente hiperactividad. Sin solución de continuidad nuevo cambio de escenario, –al novato hay que señalarle que en el Sonorama tienen la decencia de alternar las actuaciones de los dos escenarios mayores, con lo que se puede ver todo-, allí estarán los portugueses The Gift, que ya dejaron en el BBK un gran sabor de boca a parte de este blog con un muy buen concierto. Su presente vivaz y colorista, el vozarrón de Sonia Tavàres, y el buen rollo que andan transmitiendo seguro que se pasan por Aranda. A partir de aquí poco hay que decir sobre nombres como Corizonas (22.00) o Love of Lesbian (23.50), por lo que me centraría en cosas que aún no he visto: Kakkmaddafakka (1.10) para quien no los haya catado en el Low Cost o el Arenal (y para quien los haya visto también, que son muy salaos, los chicos) y el brutal disparo para bailar patas arriba de The Zombie Kids (a las muy adecuadas 3.10) serían las elecciones. Como se puede ver, en este último caso hay fiestaca tremenda.

El único lugar del festival que cae en el solapamiento con el resto de actuaciones es la carpa, sitio en el que se muestran pequeñas bandas muy poco conocidas. Si alguien no tiene nada que hacer en otro sitio, yo recomendaría asomarse a ver a My Dear Flotsam (20.00), Ruidoblanco (23.00), especialmente a Neuman (23.55), o The Birkins (1.45).

Sábado 11

Si tuviese narices para levantarme me acercaría a las bodegas para ver lo que de sí en directo la ironía tristona de Luis Brea (12.00), ya que estamos en pie a gastar suelaca matutina con los murcianos Analogic (13.00). ¡Por favor!, que estas son horas de resaca, no se puede hacer esto. Esto además genera un problema con los amantes del rock cowboy, porque en la Plaza estarán los Redneck Surfers (13.15) desplegando sus aún no conocidas habilidades. Y a continuación Los Nastys (14.00) con su su brit-rock gamberro. Demasiada energía para una mañana de sábado.

Ya en el cámping merecería la pena intentar ver algo de Bicycle Thief (18.00), pero rapidito porque hay que llegar al recinto, donde a las 19.00 tenemos la actuación de Polock y su fina propuesta pop, perfecta para esa hora tan temprana de la tarde, en la que uno no sabe si arrastrarse hasta la barra o morir de resaca. Hasta las 22.10 me quedaría sin mucho plan hasta la aparición del gran nombre internacional de este año, los Dandy Warhols. Fijo que hasta los más jovencitos habrán oído alguna vez esto:

Y a continuación la descarga de talentos nacionales: Fuel Fandango (23.20), Vetusta Morla (0.10), El Columpio Asesino (0.10) y Sidonie (2.10). Mientras tanto, la carpa sigue su plan paralelo, y allí estarán The Gordotones (20.00), Tiki Phantoms (0.10) y los sorprendentes Ornamento y Delito (2.00)

Domingo 12

El último esfuerzo, y además merecerá la pena levantarse. Han colocado a Smile, una de las revelaciones del año pasado, a las 13.00 en las bodegas. Una hora antes la intensidad de Marcus Doo & The Secret Family puede sorprender a más de uno, y después, ya a las 14.00, estarán Havalina, una de las eternas promesas nacionales para cerrar un notable elenco urbano, eso sí coincidiendo en la Plaza con Musselman.

Sin embargo los escenarios grandes nos dejan hoy un panorama flojuno. Francamente, lo único que no tendría intención de perderme, es la ocasión de ver a los Primitives (21.00), reunidos de nuevo en 2009 después de 18 años de separación. Indies jovenzuelos del mundo, descubrid este hit del año 88:

Y poco más. Si el cuerpo resiste, en la carpa aún se podría arrastrar la osamenta a ver qué tal el rock de Jenny James (22.15), a los que un día prometieron Mañana (23.45), o PLV Havoc (0.30).

Así que ya veis. Menos mal que nos parecía un cartel flojo, y es que somos lo peor, pese a que sean notables las carencias de grandes nombres, somos capaces de encontrar cosas interesantes por doquier. La conclusión es solamente una: VIVA LA MÚSICA, VIVAN LOS FESTIVALES. Esperamos poder estar en la próxima edición de nuestro querido Sonorama.

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Low Cost Festival, domingo: no sólo Kasabian dieron la sorpresa

Publicado en 03 agosto 2012 por

Llegamos al tercer y último día de festival. El que siempre se afronta con menos horas de sueño y más cansancio en el cuerpo. Sorprendentemente, aunque parecía el día con el cartel más flojo, hubo algunas sorpresas agradables.

The New Raemon

De nuevo una banda de carácter tranquilo para ir calentando el escenario principal, aunque esta mucho más adecuada que Annie B. Sweet. Los catalanes ofrecieron un concierto con set eléctrico y set acústico muy acorde con sus aires melancólicos y deprimentes. Afortunadamente Ramón es un experto en quitarle hierro a las canciones que, de otro modo, harían a la audiencia intentar cortarse las venas. Al final les quedó un concierto agradable, sin sobresaltos, con canciones, eso sí, terriblemente melancólicas, pero dejando un agradable sabor de boca por el buen rollo que desprendía toda la banda.

La Habitación Roja

Los apretados horarios del BBK me obligaron a perdérmelos a principios de mes, aunque les tenía muchas ganas desde que escuché Fue Eléctrico (2012). Tuve la buena suerte de presenciar un concierto muy sentido por parte del grupo en Benidorm: arrancaron frenéticos, dando patadas y puñetazos al aire, sin parar de moverse por el escenario y con una energía muy acorde con el espíritu rockero de su último trabajo. No voy a negar que su ejecución no fue perfecta y que se apreciaron algunos fallos, básicamente problemillas de coordinación, entre algunos músicos de la banda. Pero al final no es de eso de lo que se acuerda uno, sino del subidón de rock añejo con el que se descolgaron estos valencianos, que impusieron un ritmo de locos al concierto. La cosa acabó con Jorge Martí arrojando su guitarra contra el suelo cuando acabó de interpretar su exitoso Ayer y tras ofrecer una batería de temas nuevos extraordinariamente interpretados y ante los que el público respondió fabulosamente, confirmando una vez más el éxito de su último disco.

Kasabian

Un papel complicado le tocó jugar a Kasabian el domingo por la noche. Para empezar, no eran una cabeza de cartel a la altura de Suede y Placebo, y eso lo sabíamos todos. Para continuar, aunque tienen una buena base de fans y en Inglaterra muchos de sus temas son puros himnos, en España sus canciones no son tan abrumadoramente conocidas: les tocaba agitar, remover y encender a un público que, si bien tenía muchas ganas de fiesta, no tenía, en muchos casos, mucha idea de la mayoría de canciones de Kasabian. Y, para terminar, el cambio de estilo que ha supuesto Velociraptor! (2011) en su carrera despista a la gente. Porque yo acepto que me gusta, de hecho es mi favorito de Kasabian pero, aceptémoslo: es que no suena a Kasabian. De modo que la gente se podía presentar todavía aún más despistada.

Con todo esto, no voy a decir que Kasabian dieran el mejor concierto del festival (ni de lejos), pero se defendieron del panorama con las armas que tenían y yo creo que cubrieron el expediente más que decentemente. Curiosamente las canciones de Velociraptor!, a excepción de Re-Wired, me sonaron muy flojitas: por ejemplo, Days Are Forgotten, que me encanta, me sonó muy deslucida, tal vez porque la tocaron al principio, sin rodar lo suficiente el concierto. A la actuación le costó arrancar y tengo que aceptar que en sus primeros compases me pareció hasta un poquito aburrida, pero hacia la mitad, cuando agarraron temas como Club Foot o Goodbye Kiss, volvieron a engancharme.

Los bises fueron bastante apoteósicos, con el público muy rendido a la banda y dejándose poner de rodillas para saltar al arrancar el estribillo de Fire, como si de fans británicos nos tratáramos. Por lo que pude escuchar, la impresión general fue de sorpresa y satisfacción, pero creo que tuvo que ver con que mucha gente no conocía más de dos canciones de la banda.

Vetusta Morla

Tal vez me equivoque al afirmar que el plato fuerte del domingo eran Kasabian cuando saltaba a la vista que había mucha gente ese día en el festival única y exclusivamente para ver a los ídolos de Tres Cantos, a los Vetusta Morla a los que todo el mundo quiere. Para cuando arrancó su concierto los fans estaban absolutamente histéricos (en serio, no exagero, había mucha gente en las primeras filas llorando a lágrima viva con Copenhage), de modo que los chicos tenían medio partido ganado. Para mi, que los he visto un par de veces sin que su directo me parezca para tanto como dicen, me pareció que arrancaron haciendo lo de siempre: una percusión fuerte y un cantante bailarín que se mueve por el fondo del escenario pero que mantiene las distancias por la audiencia.

Tras un par de canciones el cantante, Pucho, se descolgó diciendo algo así como que había muchas crisis pero que las del corazón (golpecitos en el pecho) siempre serían las más importantes. A mi semejante gilipollez me dejó de piedra, sobre todo porque temo que viene de alguien que no está viviendo una crisis del tipo toda su familia en el paro, con lo que me pareció que a lo mejor Pucho había meado un poquito fuera del tiesto.

Putilatex

Como estas palabras me indignaron bastante y los vetustos no estaban ofreciendo nada que no fuera la monótona sensiblería que ya les había visto en otras ocasiones, me bajé al escenario Lower a escuchar, aunque fuera de lejos, a Putilatex, grupo polémico dónde los haya y que podría calificarse como perteneciente a una extraña re-movida madrileña que anduvo campando por la capital hace algunos años. Tampoco les presté el 100% de mi atención porque no me acerqué demasiado (literalmente, atronaban) pero puedo decir que aunque su calidad o estilo musical no sean para nada lo que a mi me gusta, tenían su gracia. Eso de insultar y decir palabrotas sin ton ni son a partir de cierta hora de la madrugada es realmente divertido, así que me pareció que en su género lo bordaron. Si de paso se les escapó algún insultillo hacia los vetustos y su fans, no voy a ser yo quien se queje. Total, tampoco iban a estar allí para molestarse.

Le Corps Mince de Françoise

Justo cuando creía que la noche no iba a dar más de si, se me ocurrió volver al escenario Lower en el que se encontraba el trío finlandés Le Corps Mince de Françoise, una formación de electropop a la que no le había prestado demasiada atención, a pesar de mi afición por el género. Fue un acierto pasarse porque había errado al no escuchar con detenimiento su Love & Nature (2010) y el concierto merecía atención. En primer lugar, porque las hermanas Emma y Mia Kemppanien forman un dúo divertido y equilibrado, la una con aire extrovertido y bailarín (se movía tanto que solo tengo una foto suya en la que no salga borrosa); y la otra con un aire distante y concentrado que también le daba su puntito de interés. Finalmente, lo que presentaron fue bastante más electro que pop, con el público bailando absolutamente desatado en las primeras filas al ritmo de las arengas de la banda que, a pesar de parecer nerviosa y concentrada, se contagió bastante de la emoción (un poco etílica) que campaba frente al escenario. Al final, a pesar de que el público ni siquiera conocía éxitos como Gandhi, respondió a la perfección y los chicos ejecutaron sin fallos ni problemas. Un gran acierto, especialmente para una hora tan tardía.

Kakkmaddafakka

Un nombre muy raro para la última y grata sorpresa del festival. A estos noruegos les tocó la responsabilidad de cerrar el escenario principal con su desquiciado espectáculo de banderas, gorgoritos, saltos, coristas bailarines, arengas y demás triquiñuelas para mantener a un público que en gran parte los desconocía despierto al filo de las 4 de la madrugada. La jugada les salió bien y aunque musicalmente me pareció que salvo los divertidos gorgoritos no ofrecían mucho más que lo que ya hay en su versión de estudio, que me parece muy repetitiva, la fiesta que montan en el escenario camufla lo monótono de su música. Son divertidos y cuando la gente está tan cerca del coma etílico, la animan, mueven y divierten con una habilidad pasmosa. Cierto es que a esas horas uno no busca el concierto de su vida (eso se lo dejamos a The Sounds), de modo que para lo que tenían que hacer, lo cubrieron con nota.

Acabamos el festival alternando a los DJs de Buffetlibre, que pincharon auténtico musicote para los más osados que quisieran cerrar el Low Cost, y la zona VIP Pool, una divertida pirada de pancho en la que la gente podía tirarse a una piscina con ropa a las 6 de la mañana. En general, divertida la iniciativa, pero me gustaba más la música que se pinchaba para el pueblo llano. Una gran experiencia este festival, al que solo le falta no hacer solapar los malditos conciertos para ser realmente bueno. Espero volver si siguen presentando carteles de esta categoría pero, eso sí, que el próximo año le pongan aire acondicionado.

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Low Cost Festival, sábado: todo es Placebo

Publicado en 02 agosto 2012 por

Sigo relatando mi periplo por el Low Cost, ahora con la segunda jornada. Si bien el viernes los éxitos musicales fueron numerosos y colectivos, el sábado hubo una banda protagonista indiscutible y responsable de la masiva afluencia de personas al festival alicantino.

Annie B. Sweet

Aunque confieso que me gusta bastante el rollo cantautoras tímidas y sensibles, esta chica nunca me ha acabado de convencer. Su elección para inaugurar el escenario principal en la jornada en la que más caña y afluencia se esperaba no me parece ni buena ni mala: tampoco la vio mucha gente porque a las 8 de la tarde éramos pocos los que deambulábamos por el recinto del festival. No obstante, he de confesar que la vi hace unos meses presentando las primeras canciones de Oh Monsters (2012) y me pareció mucho más insegura y carente de interés que ahora. Al menos en esta ocasión llevaba una banda bastante bien armada, su voz sonaba bastante más sólida pero ello no enmascaraba el hecho de que sus temas siempre se me hacen más repetitivos que pegadizos. Comprendo que la chica es un peso pesado del panorama español, pero tal vez el escenario era un pelín grande para ella.

Second

Estos murcianos, con cierta mala fama por haber conseguido hacerse un gran hueco entre el público adolescente pero intentando que se les siga llamando indies (no entiendo dónde está el problema, si Supersubmarina y Vetusta Morla han hecho exactamente lo mismo), me gustan bastante, especialmente gracias a su Demasiado Soñadores (2011) y a las buenas maneras que exhiben en sus actuaciones en público. No puedo negar que cierta chulería sí que tienen, que lo de tocar y cantar con gafas de sol de las que te cubren media cara es un poquito paleto, pero lo cierto es que lo compensan con ganas, garra y una voz profunda y envolvente que sorprende de lo bien modulada que aguanta durante toda la actuación. El escenario Lower se fue llenando de gente (muchas chicas) que coreaba los temas animadamente. El concierto no fue nada del otro mundo, pero la verdad es que a quien le gusten un poquito los temas de los discos ya le daban todo lo que esperaba y más: el rock mucho menos disimulado que en estudio, un cantante saltarín con libertad para moverse por el escenario y agitar a la masa y numerosos bailes entre los miembros del grupo.

Fanfarlo

No pegaba mucho esta formación británica, tan parecida a Arcade Fire, en el cartel de la jornada más multitudinaria. A mi me gustan, pero por mucho que su promotora se empeñe en arrastrarlos por media geografía española, yo no los veo tan populares aquí como para que eso esté justificado (encima a unos precios que no tienen ni pies ni cabeza). Al contrario, me parecen un grupo genial para una sala pequeña, pero no para el escenario principal de un festival así. En fin, que bueno, se defendieron bien, que pero que su último disco es muy íntimo y, para colmo, los temas más divertidos del anterior como Comets los interpretaron empapados de este nuevo estilo, más etéreo y muy poco rockero. Para colmo la gente apenas conocía las canciones, lo que hizo que la mayoría del público aprovechara para cenar mientras se sentaba en el césped o en las gradas mientras prestaba una atención moderada al concierto. No se puede decir que lo hicieran mal, aunque algo de garbo sí que les faltó (hay más formas de animar a la gente además de pedir disculpas por los miles de turistas británicos que invaden el levante español).

Fuel Fandango

Cuando un promotor de conciertos quiere garantizar que la gente se lo pase pirata durante 60 minutos y tiene que elegir para ello a un grupo español que no cree controversias ni insulte a nadie, yo creo que la cosa está muy clara: se contrata a Fuel Fandango. Porque son divertidos, guapos, originales y encima tocan y cantan muy muy bien. El directo de Fuel Fandango no tiene pegas: quién no los haya visto antes o no los conozca, flipa, baila, canta y se divierte como un enano. Quién, como yo, aunque los haya visto varias veces, no se aburre. A pesar de que pierde gran parte del factor sorpresa porque, entre otras cosas, siempre dan el mismo concierto, los pies se te mueven, cantas con Nina y te diviertes con el jubiloso espectáculo de fusión de electrónica, dance y flamenco que tantos éxitos les está dando. Lástima la mala manía de hacer solapar conciertos, puesto que me obligó a perderme la mitad de esta actuación para poder ir al escenario principal, que ya estaba completamente abarrotado.

Placebo

¿Qué más podemos decir de Placebo que no se haya dicho ya? Las 18000 personas que abarrotaban el escenario principal lo tenían muy claro: no importa que se pasen casi dos años sin girar, que saquen discos de pascuas en viernes, que apenas toquen temas de sus discos antiguos, que hagan como si el Sleeping With Ghosts nunca hubiera sucedido… nada importa. España adora a Placebo, y el amor es mutuo. Tengo que aceptar que me sorprendió que, interpretando casi exclusivamente canciones de Meds (2006) y Battle For The Sun (2009), con solo alguna concesión tipo Every Me Every You o Teenage Angst (solo faltaría que no tocaran estas), el público coreara todas, absolutamente todas sin fisuras salvo la (apabullante, increíble, preciosa, sentida) versión del Running Up That Hill de Kate Bush que hace ya tiempo que les acompaña y que en nuestro país no es demasiado conocida.

Es difícil encontrar algo que destacar cuando se da un concierto tan redondo. ¿Con qué te quedas? ¿Con la perfecta y madura voz de Brian Molko? ¿Con la indescriptible fuerza del post adolescente Steve Forrest, que atrona sin parar con su batería y que hace bueno ese momento de caos en el que, tras el Meds, la banda casi se disuelve y acabó saliendo del paso sustituyendo a su percusionista? ¿Con la hábil reinvención de su directo, subiendo al escenario a mucha más gente, entre ellos a una violinista y teclista que no son más que un síntoma de madurez tras las niñerías y extravagancias (muy adecuadas en su momento, ¿eh?) del pasado? En el caso del concierto que ofrecieron en Benidorm, tal vez, no haya duda: aunque me emocionó especialmente el ya mencionado cover de Running Up That Hill, la gente enloqueció ante el anuncio de que esa noche estrenaban en exclusiva B3, el primer single de su nuevo álbum (en el vídeo sobre estas líneas), que verá la luz en unos meses y que constituyó un bonito gesto hacia el público. Por lo demás, hordas de españoles cantando The Bitter End o Infra-red sin que yo me hubiera dado cuenta de que esas canciones hubieran calado tan hondo en nuestro país.

En resumen: no tengo palabras para describir lo buenos que son. No me aburro de verlos, aunque no me sorprendan, no me decepcionan. Atronan y lo hubieran hecho aún más si al escenario no le hubiera faltado potencia, pero son un no parar de calidad y madurez. Cuando además el público los adora, es que no se puede pedir más. Sin lugar a dudas, y aunque suene soso decir que la cabeza de cartel dio el mejor concierto del festival, dieron el mejor concierto del festival. Ya ahora, a esperar el nuevo disco.

El Columpio Asesino

Esta vez si que hubo un gesto amable por parte de la organización, haciendo que Columpio no solapara con Placebo, sino que empezaron nada más acabar los de Brian Molko. Gracias a esto pude disfrutar de un buen concierto de mano de esta banda navarra, aficionada al ruido intenso y el rock sin concesiones. Arrancaron con algunos temas antiguos para calentar poco a poco al personal, que esperaba como agua de mayo su Dime Que Nunca Lo Has Pensado, Diamantes y, sobre todo, Perlas y Toro, que sonaron ya con el escenario Lower casi lleno, y el público hábilmente introducido en la dinámica fría pero cañera por parte de la banda. Y es que a pesar de que no fueron excesivamente majos con la audiencia, ejecutaron a la perfección hasta alcanzar el clímax de ese Te voy a hacer bailar toda la noche, nos vamos a Berlín, no quiero reproches que se coreó, saltó y bailó sin fisuras. Sencillamente hicieron lo que se esperaba de ellos y lo hicieron muy bien. Un comodín perfecto para cualquier festival de habla hispana que siempre atraerá a la parte más rockera del público y la hará vibrar pero sin grandes sorpresas.

Citizens!

No, no fui a ver a La Casa Azul porque no podía con mi alma, básicamente, pero por lo que me dijeron y lo que oí de lejos, la gente bailó sin parar y se divirtió muchísimo. En cambio me quedé en el escenario Lower para ver a una de esas bandas emergentes británicas que han nacido al calor de The Vaccines (comentaron que esa noche hacía justo un año que dieron su primer concierto juntos, para que nos hagamos una idea de lo reciente de la formación) y que se presentaba como una de las grandes promesas del festival. No vamos a negar que tienen dos canciones muy potentes y pegadizas, Reptile y True Romance, que utilizaron hábilmente para intentar atrapar y encender al público, pero poco más. Su Here We Are (2012) es monótono y no aporta nada nuevo al género y, en directo, no hicieron casi más: el cantante no paraba de acercarse al público, pero de cantar, poca chicha. Además, si los temas son sosos y repetitivos, pues poco se puede hacer por levantarlos. Yo empecé cerca del escenario pero pronto perdí el interés y me fui alejando para acabar viéndolos de lejos. Les falta crecer mucho si quieren hacer algo original.

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