Querido Jorge Martí, sí, ahora, después de tantos años, os dan premios. Bien merecidos. Recuerdo vuestros primeros tiempos, cuando aparecíais en pleno escenario grande del FIB compartiendo tablas con la galaxia del momento. Recuerdo como algunos decían que aquello era porque erais la “cuota local”, los chicos de la provincia vecina. Para algunos, dentro del panorama musical nacional, hacíais unas canciones un poco blandas, aunque nadie discutía que vuestra base musical era de nivel. Era la época en que no hacía falta regocijarse por encontrar en el urinario a alguien que hablase tu idioma, y en que el festival podía atreverse a meter estrellas emergentes de las nuestras en letras grandes. No se me olvida como vibraba la gente, tanto en el 98 como en 2001, aunque otros cuantos siguiesen pensando que aún seguíais siendo una banda “para chicas”.
Sin embargo sorprenderse de que los premios lleguen ahora no es del todo justo. Siempre tuvisteis, en general, buenas acogidas, tanto en prensa como en público, y creasteis sin demasiados problemas una buena legión de fieles seguidores. Otros, en cambio, íbamos y veníamos, éramos esos que nunca podían dejar de prestar atención a lo que hacíais, pero que no terminábamos de engancharnos nunca. Ahora es nuestro momento, porque al menos para mí, ese tiempo que ha pasado ha hecho con vosotros lo que hace con el buen vino. Echando la vista atrás puedo mirar a La Habitación Roja como un ejemplo de tesón y buen hacer que, lejos de dar bandazos, se ha mantenido firme en sus principios pero enriqueciéndose a cada paso. Vuestros discos desde Nuevos Tiempos (2005) no han hecho más que hacer que crezcáis como banda, ampliando la riqueza de vuestra música, canalizando vuestras influencias hacia un producto muy personal e identificable que eclosiona en Fue Eléctrico (2012), uno de los grandes discos del año pasado y mi favorito de vuestro repertorio. Ya ves, después de tanto tiempo.
Por eso, querido Jorge Martí, La Habitación Roja dispone ahora de un repertorio tan rico y tan amplio que os permite dar conciertos tan estupendos como el de anoche en La Riviera. Por eso ahora un concierto vuestro tiene el plus que antes le faltaba, aún reconociendo que siempre tuvisteis una maravillosa mano para entrar en comunión con vuestros fans y crear esas atmósferas especiales que estando abajo te contagian, y que supongo estando arriba te embriagan. Pero ahora es cuando todo el cuadro ha mejorado infinitamente. Vuestro final de fiesta de esa extensísima gira de Fue Eléctrico tocó a su fin en una noche tan emotiva. Lo sabéis, se os veía tan felices…
Ahora es cuando podéis sacaros de la manga un recital que arranque de forma tan contundente como es encadenar sin pausa El Resplador y Siberia, rompiendo el hielo a lo bestia y a lo grande, como hacen los buenos. Ahora es cuando vuestros viejos grandes éxitos encajan por los medios y en los finales de forma tan estupenda, como hicisteis con Un Día Perfecto o Crónico, por ejemplo. Ahora es cuando todo queda en su sitio, y tanto vuestro lado más acústico, como el más eléctrico, o las áreas de indie-pop más noventero, desnudo y crudo, maridan a la perfección con vuestro lado más ambicioso, poderoso, complejo y épico, con esos himnos que sabéis que ahora tenéis y que utilizáis del modo en que anoche utilizasteis Cielo Protector y Ayer. Pero también tenéis muy claro que hay joyas como Norge que deben entrar en la ecuación, y lo hacen sin desentonar entre tanto calor e intensidad. Una pieza fría como esa, que suena a The Cure, a Décima Víctima, a Golpes Bajos y a New Order, pero a la vez sonando a vosotros mismos, es el mejor ejemplo de lo bien que habéis reconvertido lo que bebéis como aficionados en lo que hacéis como músicos. Hay que ser muy buenos para hacer Norge.
Y aunque no sea algo nuevo, porque siempre pasó así, ahora, después de tantos años, es cuando mejor se aprecia, se siente y se comparte la entrega que os ofrece el público, y así es como anoche se mezclaban un par de generaciones que poco a poco iban elevando su tono de emoción ante lo que ibais tocando, y cantaban con vosotros, y bailaban frente a vosotros, y os coreaban, y convertían Indestructibles en uno de los momentos mágicos de la noche, de esos que yo pagaría por vivir donde estabas tú, ahí arriba, pegado al micrófono y con una sonrisa de oreja a oreja.
Querido Jorge Martí, anoche La Habitación Roja puso punto final a la gira del disco que os convierte en una banda maravillosa, que pone la pieza que faltaba para haceros grandes, la que completa casi veinte años de evolución en los que habéis sido capaces de mantener vuestra sensibilidad lírica sin ser cursis, de dar una lección sobre como utilizar la palabra sencilla, sin rocámboles y parafernalias vagas, para expresar tanta emoción sin ñoñería, en los que habéis rendido homenaje a los grandes de vuestra generación y que sacaron el indie de este país adelante, en los que os habéis ido puliendo despacito, muy poco a poco, hasta dejar bien brillante la joya que en 1998 muchos creían que podíais ser pero no terminaban de aceptarlo. Sí, ahora es el momento, aunque fallaseis prediciendo lo del Mundial, se os perdona. Gracias por lo de anoche, querido Jorge Martí.
Setlist: El Resplandor, Siberia, Annapurna, Nunca Ganaremos El Mundial, Un Día Perfecto, Febrero, Posidonia, Cuando Te Hablen De Mí, Cajas Tristes, La Segunda Oportunidad, Scandinavia, Van A Por Nosotros, Indestructibles, La Edad De Oro, El Eje Del Mal, Hoy.
Bises: Norge, El Cielo Protector, Crónico, 23.0, La Razón Universal, Nuevos Tiempos, Mi Habitación, Ayer.

























































































































