Gira de presentación de este disco en España:
- 19/08/13: Festival Internacional de Benicassim. 70-163€, Entradas.
Tengo que admitirlo: esperaba mucho. Hace ya meses, cuando escuché por primera vez 2013 empecé a desarrollar unas ganas terribles de agarrar el More Light por banda. Su tan excesivo como frenético minutaje me atraparon, con sus oleadas de psicodelia para hipnotizarme de manera casi infantil. Ello, sumado al fascinante videoclip que acompañaba al tema, lleno de sugerentes ideas, imágenes perturbadoras y una atmósfera de sueño e irrealidad que casaban a la perfección con el demente ritmo de la canción, puso el listón muy alto. Para cuando Bobby Gillespie se desgañita con lo de “Equalise, normalise, santatise we’re all alive” una servidora ya tiene puestas las bragas en la cabeza. Para redondear la jugada el segundo adelanto del álbum fue It’s Allright, It’s OK, pura autorreferencia a su faceta de rock de corte más clásico y americano que tantas alegrías les y nos ha dado, siendo Country Girl o Movin’ On Up dos de los exponentes más brillantes de esta habilidad suya para lo canónico. Me esperaba uno de los discos de año.
Supongo que por eso cuando por fin pude escucharlo por primera vez y mi euforia tras el 2013 inicial tuvo que chocar con el sórdido misticismo de River Of Pain, corte cuya atmósfera nos sitúa en una película de los años 70 en la que la psicodelia ha cristalizado en tedio pastoso. Ojo, no digo que la canción sea ni tediosa ni pastosa: lo que digo es que nos traslada a una época y lugar no solo muy diferentes de la nuestra sino que también muy alejados de los que han construido con maestría en el tema anterior. Pero el caso es que 2013 ya ha consumido 9 minutos y este segundo tema supera los 7: los trece cortes de More Light levantan más de una hora y son pocos los que duran menos de 4 minutos. De modo que con More Light me está pasando una cosa muy curiosa: el disco entero me da una pereza infinita, pero a casi todos los temas, si los escucho de uno en uno, les saco mucha miga y bastantes cosas buenas. Piezas que individualmente funcionan muy bien pero que en el conjunto no acaban de cuajar. Puede que sea que, sencillamente, Primal Scream siempre haya sido una banda más de canciones que de discos, salvando obras maestras como el Scremadelica (1991) o el XTRMNTR (2000).
En fin, que como decía, para cuando llegamos a Culturecide a mi ya me parece que debemos ir por la mitad del disco y no, ni de coña, quedan 11. Pero es que de nuevo, si nos olvidamos de lo que viene antes y de lo que va después, se trata de un tema poderoso, con una letra más que certera y adecuada dada la realidad social en la que vivimos en Europa, que viene acompañada de una inagotable ristra de declaraciones incendiarias por parte de Bobby a cualquiera que le pregunta algo. En Hit Void lo mismo, aunque el ritmo se nos atolondra y se nos vuelve frenético para acabar en un solo de saxo completamente desenfrenado que, tal vez, empiece a parecer un arreglo demasiado barroco en un disco que, como he dicho, ya se va haciendo largo. Y claro, este equilibrio entre lo bueno y lo excesivo es demasiado precario: en Tenement Kid el tempo se frena demasidado, no suena a nada nuevo ni especialmente brillante, y se rompe el hechizo.
El caso es que al rato (uno nunca tiene del todo claro cómo pasa el tiempo cuando está oyendo este disco), una trompeta y un estribillo que suena casi a sintonía de concurso de la tele vuelve a cazar el hilo de nuestra atención, y más a base de cierto toque para lo pegadizo y lo facilón que para lo verdaderamente sorprendente. Invisible City va enganchando otra vez, aunque de nuevo peca de una longitud excesiva, dejando en esta ocasión tiempo para un solo de bajo que es más adorno que otra cosa. En los siguientes minutos la influencia del gospel, la psicodelia, las pinceladas de jazz y la complejidad de algunas de las letras van haciendo más y más densa la maraña que es More Light: Goodbye Johnny o Elimination Blues son temas poderosos, complejos, ante todo, muy trabajados, muy pulidos. Se nota la ingente cantidad de trabajo que los Primal han volcado en todos los temas del disco, pero ellos no se dan cuenta de lo difícil que es abordar una obra tan mastodóntica por parte del común de los mortales, que no ha estado involucrado en su creación.
Así que uno se encuentra navegando un poco a la deriva entre la genialidad o el narcisismo de los de Glasgow para encontrarse estruendos de brillantez, como la demente ascensión de Turn Each Other Inside Out o la excesiva, recargada pero fascinante y adictiva cadencia con la que se arrastra Relativity en sus primeros minutos, aunque acabe convirtiéndose en un tostón interminable. Los últimos compases del disco, eso sí, brillan sin duda: Walking With The Beast devuelve a una senda de rock de sabor americano y acústico, con un tempo sosegado y emocionante para que It’s Alright, It’s OK retome el testigo de los Primal más añejos, recordándonos que debajo de todas esas bases sintéticas, esos arreglos psicodélicos y esos solos interminables, sigue quedando algo de la gente que compuso el Screamadelica.
En resumen: no, More Light no entra a la primera. Puede que tampoco a la segunda ni a la octava. Es más, es posible que el disco no funcione para una gran parte de la población mundial, entre la que me incluyo. Pero tiene tantas cosas buenas, interesantes, curradas y bien pulidas dentro que hay que escucharlo, hay que dedicarle tiempo para disfrutar todos esos detalles en los que Primal Scream se han esmerado, da la impresión, de que hasta la obsesión. Es un disco duro y puede que no pase a la Historia, pero tampoco es intrascendente, ni mucho menos. Viene a demostrar que los Primal no solo siguen en estado de gracia en directo, sino que han armado una obra compleja a la que cierto, le sobran cosas (minutos es la primera que se me viene a la mente), pero que aporta muchas más. Un gran acierto el del Benicàssim de este año, que los lleva como flamantes cabezas de cartel: no decepcionarán. Eso seguro.















































