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Los interminables equilibrios de Primal Scream

Publicado en 22 mayo 2013 por

Gira de presentación de este disco en España:

  • 19/08/13: Festival Internacional de Benicassim. 70-163€, Entradas.

Tengo que admitirlo: esperaba mucho. Hace ya meses, cuando escuché por primera vez 2013 empecé a desarrollar unas ganas terribles de agarrar el More Light por banda. Su tan excesivo como frenético minutaje me atraparon, con sus oleadas de psicodelia para hipnotizarme de manera casi infantil. Ello, sumado al fascinante videoclip que acompañaba al tema, lleno de sugerentes ideas, imágenes perturbadoras y una atmósfera de sueño e irrealidad que casaban a la perfección con el demente ritmo de la canción, puso el listón muy alto. Para cuando Bobby Gillespie se desgañita con lo de “Equalise, normalise, santatise we’re all alive” una servidora ya tiene puestas las bragas en la cabeza. Para redondear la jugada el segundo adelanto del álbum fue It’s Allright, It’s OK, pura autorreferencia a su faceta de rock de corte más clásico y americano que tantas alegrías les y nos ha dado, siendo Country Girl o Movin’ On Up dos de los exponentes más brillantes de esta habilidad suya para lo canónico. Me esperaba uno de los discos de año.

Supongo que por eso cuando por fin pude escucharlo por primera vez y mi euforia tras el 2013 inicial tuvo que chocar con el sórdido misticismo de River Of Pain, corte cuya atmósfera nos sitúa en una película de los años 70 en la que la psicodelia ha cristalizado en tedio pastoso. Ojo, no digo que la canción sea ni tediosa ni pastosa: lo que digo es que nos traslada a una época y lugar no solo muy diferentes de la nuestra sino que también muy alejados de los que han construido con maestría en el tema anterior. Pero el caso es que 2013 ya ha consumido 9 minutos y este segundo tema supera los 7: los trece cortes de More Light levantan más de una hora y son pocos los que duran menos de 4 minutos. De modo que con More Light me está pasando una cosa muy curiosa: el disco entero me da una pereza infinita, pero a casi todos los temas, si los escucho de uno en uno, les saco mucha miga y bastantes cosas buenas. Piezas que individualmente funcionan muy bien pero que en el conjunto no acaban de cuajar. Puede que sea que, sencillamente, Primal Scream siempre haya sido una banda más de canciones que de discos, salvando obras maestras como el Scremadelica (1991) o el XTRMNTR (2000).

En fin, que como decía, para cuando llegamos a Culturecide a mi ya me parece que debemos ir por la mitad del disco y no, ni de coña, quedan 11. Pero es que de nuevo, si nos olvidamos de lo que viene antes y de lo que va después, se trata de un tema poderoso, con una letra más que certera y adecuada dada la realidad social en la que vivimos en Europa, que viene acompañada de una inagotable ristra de declaraciones incendiarias por parte de Bobby a cualquiera que le pregunta algo. En Hit Void lo mismo, aunque el ritmo se nos atolondra y se nos vuelve frenético para acabar en un solo de saxo completamente desenfrenado que, tal vez, empiece a parecer un arreglo demasiado barroco en un disco que, como he dicho, ya se va haciendo largo. Y claro, este equilibrio entre lo bueno y lo excesivo es demasiado precario: en Tenement Kid el tempo se frena demasidado, no suena a nada nuevo ni especialmente brillante, y se rompe el hechizo.

primal_scream

El caso es que al rato (uno nunca tiene del todo claro cómo pasa el tiempo cuando está oyendo este disco), una trompeta y un estribillo que suena casi a sintonía de concurso de la tele vuelve a cazar el hilo de nuestra atención, y más a base de cierto toque para lo pegadizo y lo facilón que para lo verdaderamente sorprendente. Invisible City va enganchando otra vez, aunque de nuevo peca de una longitud excesiva, dejando en esta ocasión tiempo para un solo de bajo que es más adorno que otra cosa. En los siguientes minutos la influencia del gospel, la psicodelia, las pinceladas de jazz y la complejidad de algunas de las letras van haciendo más y más densa la maraña que es More Light: Goodbye Johnny o Elimination Blues son temas poderosos, complejos, ante todo, muy trabajados, muy pulidos. Se nota la ingente cantidad de trabajo que los Primal han volcado en todos los temas del disco, pero ellos no se dan cuenta de lo difícil que es abordar una obra tan mastodóntica por parte del común de los mortales, que no ha estado involucrado en su creación.

Así que uno se encuentra navegando un poco a la deriva entre la genialidad o el narcisismo de los de Glasgow para encontrarse estruendos de brillantez, como la demente ascensión de Turn Each Other Inside Out o la excesiva, recargada pero fascinante y adictiva cadencia con la que se arrastra Relativity en sus primeros minutos, aunque acabe convirtiéndose en un tostón interminable. Los últimos compases del disco, eso sí, brillan sin duda: Walking With The Beast devuelve a una senda de rock de sabor americano y acústico, con un tempo sosegado y emocionante para que It’s Alright, It’s OK retome el testigo de los Primal más añejos, recordándonos que debajo de todas esas bases sintéticas, esos arreglos psicodélicos y esos solos interminables, sigue quedando algo de la gente que compuso el Screamadelica.

En resumen: no, More Light no entra a la primera. Puede que tampoco a la segunda ni a la octava. Es más, es posible que el disco no funcione para una gran parte de la población mundial, entre la que me incluyo. Pero tiene tantas cosas buenas, interesantes, curradas y bien pulidas dentro que hay que escucharlo, hay que dedicarle tiempo para disfrutar todos esos detalles en los que Primal Scream se han esmerado, da la impresión, de que hasta la obsesión. Es un disco duro y puede que no pase a la Historia, pero tampoco es intrascendente, ni mucho menos. Viene a demostrar que los Primal no solo siguen en estado de gracia en directo, sino que han armado una obra compleja a la que cierto, le sobran cosas (minutos es la primera que se me viene a la mente), pero que aporta muchas más. Un gran acierto el del Benicàssim de este año, que los lleva como flamantes cabezas de cartel: no decepcionarán. Eso seguro.

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Lo han vuelto a hacer

Publicado en 21 mayo 2013 por y

Gira de presentación de este disco en España:

  • 20/11/13: Madrid, Palacio Vistalegre. 38€, Entradas.

Este es el post que queríamos escribir desde antes de poner en marcha bSides: el de la reseña del sexto disco de The National. Y, como no puede ser menos, se impone escribirlo a cuatro manos, como es tradición cuando una de nuestras bandas de cabecera lanza algo nuevo. Y, señoras y señores: la ocasión lo merece.

Lebonloup

Cuando comencé a escuchar los adelantos del ansiado nuevo disco de The National imaginé un título para el post correspondiente que rezase “lo han vuelto a hacer”. Aquellos primeros temas tenían tan buena pinta que empecé a prepararme para otro disco al nivel de High Violet o cuando menos al de The Boxer, aquel fantástico LP con el que me enganché a esta banda. Ahora que todo ha sido digerido, tengo mis dudas. No sé si está a la misma altura o es mejor. Conversando con thelostdreamer conveníamos en que The National es una banda que entra despacito, a dosis, igual que sus discos, hasta que te infecta del todo. Digamos que son como uno de esos ciclistas de fondo, no explosivos, que no hacen nada de cara a la galería, pero que siempre están ahí, imponiendo una marcheta que nunca falla. Trouble Will Find ha entrado a una velocidad mayor de lo que creía, de modo que ante el miedo a que sea la ansiedad que tenía por escucharlo, lo tomaremos con cautela, pero lo que tengo muy claro es que es otro disco de una factura impecable y una belleza arrebatadora.

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Me cuesta encontrar ese giro anunciado. Trouble Will Find Me podría ser el tercer capítulo de una trilogía que lo enlazase con los dos trabajos anteriores. Carece, en bloque, de los momentos álgidos de High Violet, tan presentes en casi todo él, pero su sección rítmica y los engarces de la melodías son muy ligables. Por supuesto, cuando la tensión crece (DemonsSea Of LoveGraceless), las conexiones son mucho más evidentes. Hay arreglos que permiten encontrar novedades puntuales, y la parte final tiende hacia un devaneo con el slowcore, pero hay algunos pequeños detalles en los que reside la fuerza de The National, que son los que funcionan y los hacen especiales, y que no encuentro motivo para cambiar. Ellos parecen tenerlo claro, y no lo han hecho.

Por un lado la percusión, repetitiva y machacona, y el acompañamiento que le hacen otros instrumentos. Sigue siendo muy básica pero a la vez una clara marca de la casa. De otro, el punto clave, el señor Berninger. Su voz aquí se nos diluye a veces hasta en falsetes, sigue siendo tan personal y emocionante como siempre, y continúa encajando como un guante en las melodías, las cuales en ocasiones están por encima de los estribillos, transmitiendo el tono necesario para esas letras tan cuidadas y trascendentes en su acierto intencional. Son para mi los elementos que convierten un disco de The National en pura belleza sonora, y si a eso lo reducimos la respuesta es que sí, lo han vuelto a hacer. La vida no ha cambiado tanto en Trouble Will Find Me.

The Lost Dreamer

La expectación era demasiada, me temo. Cuando por fin se filtró, miraba la barrita de descarga como en los tiempos del Napster y contaba los segundos para poder escucharlo: y al final, ahí estaba. Trece canciones, 55 minutos. Un disco largo que, en un primer momento, devoré como quien sale del gimnasio tras dos días sin comer. Las ansias, me podían las ansias. Y ni The National ni Trouble Will Find Me son para escucharlos con ansias. Porque si vas con ansias te encuentras con un muro pastoso, de repente estás empapado en nosequé gelatina de sonidos que se mueve a un ritmo mucho más lento al que va tu cabeza. No, para escucharlo hay que cambiar el chip. Y ojo, que esto ya me sucedió la primera vez que escuché High Violet (2010). Y miren, yo no sé cuál es mejor: esto es cómo cuando te preguntaban si querías más a papá o a mamá.

Lo que está claro es que a quien le guste High Violet, este disco le entusiarmará porque es un más de lo mismo, si nos ponemos duros, la confirmación de que los tiempos de los desgarrados y atronadores hitazos del Alligator o las dolorosas sacudidas del Sad Songs For Dirty Lovers se alejan para no volver. Son los The National de la intimidad del hogar, de la herida sorda, del llanto silencioso los que han venido para quedarse. Y no lo digo porque me queje: es solamente la constatación de un hecho.

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Hasta aquí mi dureza. Porque tampoco soy capaz de ser dura con The National. O no al menos durante más de 5 minutos seguidos, y menos ahora que van a venir a Madrid por primera vez a tocar en directo. Salvando tal vez el de Bowie, Trouble Will Find Me es y me parece el disco del año, sin más vueltas. Ese arranque, viento-madera, leve guitarra rasgueo de acústica, y ese Berninger que repite sin parar “You should know me better than that” hasta que el estribillo estalla con sólida delicadeza que pone los pelos de punta: I should live in salt, dice Berninger. Y a mi ya me tiene rendida. No han pasado ni dos minutos y ya soy suya. Qué le voy a hacer: soy una chica fácil.

El resto es ley de vida: el mejor catálogo de graves del que dispone Berninger se expone en Demons mientras notamos cómo el disco va cogiendo ritmo. Y seguimos acelerando, dentro siempre de unos límites muy precisos, aunque en Don’t Swallow The Cap es la batería quien la que lidera la canción y un frenazo en seco: la primera vez que me encontré con Fireproof ahí puesta, en el cuarto corte del disco me resultó un engorro: yo corría demasiado rápido ese día, como ya he dicho. Ahora ya se ha convertido en uno de esos temas de The National, que me mecen, me arrullan como a una niña con su conmovedor arpegio y su letra. Y después, Sea Of Love: la canción sobre la que me da la impresión de que pivota el proyecto, la que cuando escuchamos por primera vez en su no menos genial videoclip todos dijimos sin dar cuartel a la duda “Es esta”.

Tras esto entramos en un nuevo parón de carácter algo más reflexivo que se resuelve con la que para mi se está convirtiendo en una de mis canciones favoritas de The National: Graceless, en la que vuelven a demostrar su habilidad para la pegada, para hacer que lo difícil parezca un juego de niños. Y el resto se desarrolla en un tono que ya conocemos: muchos momentos que recuerdan a The Boxer claramente, y las emociones, que se van tomando a sorbos muy pequeñitos y con un nuevo momento de brillo desmedido en I Need My Girl.

The National habían prometido un gran cambio para este nuevo disco. Yo soy muy fan de los cambios. Pero no hay cambio: todo sigue igual. Es la calidez de la casa de nuestros padres, de nuestra cama de toda la vida, de las zapatillas que no tiramos nunca por muy rotas que estén porque son las que mejor se ajustan a nosotros. Por una vez agradezco que no haya habido cambio porque me encanta lo que hacen. Tienen tiempo de sobra para reinventarse, estoy segura, pero este “cinco minutitos más” que es Trouble Will Find Me en esta etapa de la carrera de The National es dulce y es maravilloso. A pesar del reguero de sangre que queda, como siempre, cuando acabamos de escuchar el disco y miramos hacia atrás. Da igual: ya estamos acostumbrados.

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Pequeñas dosis de belleza en el Fotomatón

Publicado en 19 mayo 2013 por

En una noche en la que parece que lo único que pasaba en este mundo era el festival de Eurovision, unas pocas decenas de personas nos reunimos en el Fotomatón de Madrid para presenciar una actuación íntima y sencilla, pero no por ello poco relevante o menos conmovedora. Los protagonistas eran Casa Celia, el nuevo y delicioso proyecto del batería de Manos de Topo; y el belga afincado en Barcelona Lieven Scheerlinck, que se hace llamar A Singer Of Songs. Ambas intervenciones fueron de enorme calidad, de modo que daba todavía más pena ver la sala medio vacía.

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Para empezar, Casa Celia, que estuvieron sobre el el escenario una media hora y presentaron con teclado y guitarra un catálogo de canciones dulces, muy íntimas y enternecedoras. Todo lo contrario, la verdad, al trabajo que desarrolla el 50% del grupo, Rafa de los Arcos, a las baquetas de Manos de Topo. Según Rafa, el de anoche fue el tercer concierto de la carrera del grupo. Probablemente por lo poco que me atrae el popular y psicodélico grupo barcelonés quedé gratamente sorprendida por la tierna sinceridad de las letras que Casa Celia interpretó anoche. Además, lo reducido de la audiencia facilitó que los integrantes del grupo se soltaran un poco y acabó siendo una actuación la mar de divertida, con explicaciones realmente curiosas sobre los temas que trata cada canción y risas cómplices entre la audiencia.

Para cuando A Singer Of Songs se subió al escenario la sala ya estaba un poquito más llena. Eran las 11 de la noche, supongo que el país se encontraba en un éxtasis eurovisionario, y Lieven desplegó la cálida manta de sus canciones sobre los que nos encontrábamos en el Fotomatón. A pesar de que los discos de Lieven son todos muy íntimos, con atmósferas delicadas y pasajes de introspección reflexivas, el set que ofreció a noche fue de todo menos aburrido o triste. Lo cierto es que Lieven se define como un chico muy tímido, pero no le costó hacernos reír a todos desde el primer instante del concierto con sus acertadas intervenciones.

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Sobre la música, pues lo que cabe esperar de un cantautor bien formado y con tablas ya sobre el escenario: aunque se presentaba su último trabajo de estudio, There Is A Home For You, el setlist contuvo desde temas de su primer disco hasta alguna canción que, según Lieven, había sido compuesta hacía una semana. Muchos temas, eso sí, vitales y optimistas, llevando esta filosofía hasta los extremos de versionar La Vida Es Un Carnaval de Celia Cruz con extraordinario acierto, mezclando a la perfección el colorista tema con la vocación de cantautor de espacios íntimos que había estado desplegando hasta entonces.

Fueron finalmente 60 minutos de complicidad con el público, bromas, colaboraciones con Ana de Coffe & Wine, que subió a cantar un par de veces; pero sobre todo de canciones muy bellas, de paisajes cálidos y relajantes y de una extraña sensación de paz y bienestar surgida claramente de la guitarra y la voz de Lieven; con algún giro inesperado pero en absoluto estridente ni fuera de lugar como una canción interpretada por completo con un megáfono que, hay que decir, sonó genial, sin acoplarse ni estropear el momento. Un artista sin duda a destacar en este país en el que lo que están de moda son los golpes de emociones efectistas pero vacías a lo Love Of Lesbian o de las percusiones rimbombantes para cubrir letras sinsentido de Vetusta Morla. Un cambio de registro más que necesario para unos oídos que están cansados de escuchar siempre lo mismo. Esperamos volver a verle pronto por nuestra ciudad. Puedes pasarte por nuestro Flickr para ver algunas imágenes de la noche.

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La canción y el hogar

Publicado en 17 mayo 2013 por

Gira de presentación de este disco en España:

  • 17/05/13: Madrid, home show cuyo emplazamiento está por decidir.
  • 18/05/13: Madrid, Fotomatón, 6€.

Canciones que hacen hogares. De esas para escuchar cubiertos con una manta mientras miramos una chimenea, una ventana o una lavadora dando vueltas con una copa de algo bien fuerte en la mano. De esas que acabamos escuchando cuando no queremos oír nada. Música que no alegra el alma, pero que al menos da un poco de calor al corazón. Como el alcohol, que ni alimenta ni lo arregla, pero al menos alivia el frío. Ah, pero hay una ventaja: no hay resaca, o al menos no hay dolor de cabeza ni lengua pastosa. Aunque, acaso, el calor producto de quemar recuerdos, oníricos paisajes de la juventud y de la infancia, escenas campestres en las que la felicidad tenía los colores de un álbum de cromos, corre riesgo de acabar convirtiéndose en un poso más de amargura.

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Más o menos eso es lo que uno puede esperarse del There Is A Home For You del cantautor belga Lieven Scheerlinck, que se hace llamar A Singer Of Songs y reside en Barcelona: un compendio de lamentos susurrados, hijos del idilio entre una guitarra eléctrica que distorsiona, araña, se clava y duele; y una acústica que dibuja arpegios de folk, que se arrastra por las melodías como muchos hacemos por la vida, doliendo a cada paso. A veces, una dulce voz femenina para poner un contrapunto. En estos momentos tiende a acordarse uno del británico Damien Rice, aunque es obvio que Lieven, o bien carece del sentido de la épica efectista del londinense, o bien sencillamente no está interesado en los lamentos desgarrados y feroces, sino que prefiere quedarse en la orilla, calando poco a poco con una cadencia que hace que uno se vaya relajando con la escucha.

Hay sorpresas, tampoco creemos que todo va a ser sosegado reposo: ya desde el segundo tema, Silent Soldiers, Scheerlinck deja claro que sabe arrancarle angustiosas tensiones a los quejidos de su eléctrica para volver a dejar asomar a esta faceta cuando llega a Kindess Kills, que brilla por su hábil manejo de los tiempos. Tal vez el equilibrio más acertado entre la delicadeza y la rabia la alcanza en Ruins Of You, que vuelve a la senda de de la manta y hacerse una bola en alguna esquina de la casa mientras el alcohol empieza a hacernos efecto. There Is A Home For You se va haciendo cada vez más tenue a medida que Into The Storm avanza y para cuando termina no tenemos claro cuánto tiempo hace que estamos mirando la pared en silencio. Una cosa está clara: estamos más serenos, tranquilos y reconfortados que al principio. Y eso sienta bien.

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Un pajarito que vino de Suecia

Publicado en 14 mayo 2013 por

¿Te interesan el pop melódico, los paisajes que dibuja Bon Iver, los gorgoritos de Jonsi o la extraordinaria habilidad de los nórdicos para generar melodías alegremente bailables? Entonces puede que te compense emplear 15 minutos de tu vida en darle una oportunidad a Youth Blood Pt.1, el primer EP de un artista de Estocolmo que se hace llamar Mountain Bird. Y el caso es que puede que no estemos ante la culminación de la cultura occidental, pero las cuatro canciones de este EP son tan agradables, efectivas y dan tantas ganas de volverlas a escuchar, que hemos decidido hacer esta pequeña reseña para dar a conocer a este artista en nuestro país. De verdad que creemos que sus canciones lo merecen.

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El tal Mountain Bird (que en realidad se llama Adam Öhmam) salió hace unos meses de una lista de indie sueco que escucho ocasionalmente en Spotify en busca de, precisamente, este tipo de cosas. En aquel momento en Spotify solo había un par de canciones suyas, Caged y Violent Night que, lo confieso, me dejaron bastante hipnotizada. Rebusqué un poquillo y me encontré con que el chaval ya tenía toda una colección de temas de pop instrumental, principalmente interpretados al piano pero con una buena cantidad de agradables y divertidos arreglos, en su Soundcloud; y a través de su Facebook me enteré de que estaba empezando a grabar el EP que nos ocupa hoy. Este Youth Blood parece la primera parte de un proyecto con algo más de envergadura y contiene los dos temas que ya había escuchado antes y otros dos, Silent Town y Youth Blood, que recuerdan muchísimo a magnífico Go (2010) que publicó Jonsi en los años en los que Sigur Rós estuvo de parón.

Öhmam menciona también a Explosions In The Sky y a The National entre sus influencias, y la verdad es que tampoco hay que ser un hacha para detectarlos, especialmente en el último tema del EP, que es el que le da nombre. Está claro que el chico ha escuchado mucho post-rock, aunque ninguno de los temas sea ni instrumental ni rockero, los oníricos paisajes que se dibujan en este género son más que identificables. Pero lo que no menciona es que los vitalistas y coloridos disparos de paisanos suyos más cercanos  a la pista de baile como The Sound Of Arrows también se encuentra claramente presente. Pero, afortunadamente, Mountain Bird no es solamente influencias o mimetización: si bien en la primera mitad de Silent Town uno tiende a temer que no vaya a salir de los gorgoritos a lo Jonsi, pero las tensiones del tema evolucionan muy positivamente en una ascensión que recuerda a Bon Iver pero como si Justin Vernon hubiera follado la noche anterior y se hubiera levantado de buen humor.

Exactamente en el mismo tono en el que acaba Silent Town se queda Caged, aunque acercándose cada vez más a los sonidos electrónicos arrancando desde un solitario y popero piano. El mejor tema del disco me parece Violent Night, que es el que me conocí en primer lugar, con un arranque épico que me da a mi que quiere emular ligeramente los últimos pelotazos de M83, pero con una sorprendente ascensión en la primera estrofa que la convierte en un tema épico y emocionante, con las atmósferas y los tiempos pulcramente medidos. Youth Blood cierra el EP echando el freno, calmando los tiempos y tal vez al principio parece quedar un poquito más desdibujada que las anteriores, aunque esta sensación se disipa de nuevo con un inesperado y efectista cambio de registro que vuelve a llevarnos a una dimensión más épica y emocional.

En fin, que por ahora es poco lo que sabemos de Mountain Bird, pero que esperamos saber más a medida que pasen los meses. Si vas a pasar en las próximas semanas por Suecia, tal vez te lo encuentres tocando por allí. Por ahora, solamente nos queda desarle suerte, que va a ser la única forma de verle en directo fuera de su país. Seguiremos al tanto de sus andaduras porque a nadie le hace mal una pequeña dosis de electropop onírico y soñador de vez en cuando.

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Entrevistamos a The Bright

Publicado en 10 mayo 2013 por y

Desde que tenemos este blog en marcha no hemos ocultado nuestra predilección por la banda leonesa The Bright, que publicaron su segundo trabajo, Estados, el mes pasado con gran éxito de crítica y público. Mañana es el gran día: mañana Estados se presenta en la Sala El Sol de Madrid, el segundo concierto de la gira de presentación del disco tras el que ofrecieron la semana pasada en su ciudad natal. Obviamente, nosotros estaremos allí para verlos pero antes nos han dejado hacerles unas preguntitas sobre este nuevo disco y algunos otros aspectos de su música. Sin más dilación, os dejamos con ellas.

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Pregunta: ¿En qué parte de la historia se conectan Arizona y la Plaza de Guzmán? ¿Qué caminos habéis seguido para llegar a un sonido tan característico y poco común en nuestro país? ¿Estas influencias musicales os vienen de casa o habéis entrado en contacto con ellas en algún otro momento y/o lugar?

Respuesta: La música que hacemos es el reflejo de un desarrollo que dura muchos años. Cuando te enfrentas a la labor de componer creemos que es importante meterte con estilos que has mamado durante mucho tiempo, es como habar en un lenguaje que dominas de verdad, siempre te podrás expresar mejor. Aunque nuestro abanico es más amplio de lo que pueda parecer a primera vista, por lo que no se pueden descartar sorpresas en un futuro.

P: Aunque no es una relación directa ni demostrable más que por tendencias y casos concretos, suelo fijarme en las procedencias de los grupos y la música que hacen. La pausa de vuestro anterior disco me cuadraba mejor con alguien acostumbrado a los rigores del clima leonés, pero Estados es mucho más cálido, como suelo decir, suena a arena del desierto. ¿A qué se ha debido esta inclinación? ¿hay algo de cierto en esta metáfora climática?

R: Pues es posible que sí, aunque a decir verdad no ha sido una metáfora intencionada. Quizás la grabación del disco ha sido esta vez un intento de escapar del frío, pero también de huir de los clichés. Hay sonidos más cálidos y desérticos, es cierto, sobre todo creemos que los pasajes de guitarra slide aportan mucho al respecto. Pero lo importante es lo que la escucha de los temas pueda inspirar o sugerir al oyente, la capacidad de evocar siempre es positiva.

56006_description_brightP: Aunque en los últimos tiempos se nota cierta querencia entre el público nacional por el estilo de música que hacéis, sigue siendo una onda mucho más preciada en el extranjero. ¿No creéis que haber cambiado al castellano puede ser un hándicap? Me viene a la cabeza el éxito internacional que una vez tuvieron gente como Migala.

R: Aquí tenemos que ser muy sinceros: si basas la elección de tu estilo, de tu idioma o de cualquier aspecto de tu música en las posibilidades de éxito que pueda llegar a tener, lo más seguro es que acabes engendrando una enorme mierda. El primer disco surgió en inglés porque lo sentimos así en ese momento, y éste es en castellano por la misma razón. Y a partir de ahí, quien quiera escucharlo será bienvenido, pero siempre tendremos la convicción de que la verdadera forma de llegar al público, del país que sea, es creer realmente en lo que haces.

P: Por otro lado, está claro que con Estados estáis catando las mieles del éxito, tanto entre la crítica como con el público. El cambio al castellano sin duda debe haber contribuido en alguna medida a esto pero ¿qué otros factores creéis que están haciendo que Estados funcione tan bien? ¿Habéis cambiado en algo el proceso creativo con respecto a Sountrack For A Winter’s Tale?

R: Hay muchas diferencias, aunque la fundamental es que este disco se ha hecho con mucha más calma, sobre todo el proceso compositivo, ya que hemos tenido mucho tiempo antes de meternos en el estudio y quizás eso se ha notado. También tocamos con más seguridad, hemos dado más conciertos en los últimos meses que en 10 años en León, y todo eso se acaba transmitiendo a la hora de pegarle fuerte a la guitarra.

P: Últimamente se os ve muy activos en las redes sociales: habéis abierto un blog contando las experiencias que vais viviendo con el nuevo disco, subís muchas fotos a Instagram… ¿Os gusta toda esta historia? ¿Os aporta algo? A mi personalmente me gusta mucho ver las fotos de los lugares por dónde pasáis habitualmente porque siento que conecto mejor con los paisajes que dibujáis en el disco. ¿Son ese tipo de cosas las que pretendéis?

R: Siempre nos ha gustado aprovechar al máximo lo que nos ofrecen las redes sociales.Sobre todo estamos muy enganchados a Instagram, aunque intentamos estar activos en todas. Y el blog no deja de ser nuestro diarío de viaje, nos parece muy bonito estar en contacto con el público, y creemos que la visión en conjunto de todo ello puede hacer que se entienda mejor nuestra sensibilidad.

the_bright_siroco02P: Para saciar curiosidades personales: un par de discos nacionales y extranjeros que últimamente se estén quemando en vuestros reproductores.

R: Nacionales: There’s A Man With A Gun Over There de Niño y Pistola, y Guadalupe Plata el último de Guadalupe Plata.

Internacionales: The Next Day de David Bowie y Push The Sky Away de Nick Cave & The Bad Seeds.

P: Vuestra carrera lleva un ritmo imparable desde hace muy poco tiempo. ¿Cuál es la mayor alegría que os ha generado tanta actividad? ¿y disgusto?

R: La mayor alegría es la suma de todos los pequeños momentos, sobre todo los que compartimos con la banda. Y el mayor disgusto esperemos que esté por llegar. La verdad es sí que hemos pasado por un momento muy duro, justo cuando empezábamos con The Bright, pero es lo suficientemente desagradable para que no queramos hablar de ello.

Bueno, pues lo dicho: mañana en El Sol de Madrid. Os dejamos con la reciente intervención de los leoneses en Los Conciertos de Radio 3 para ir abriendo boca.

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Los cañonazos de silencio de Savages

Publicado en 09 mayo 2013 por

Dicen que el mundo era silencioso. Dicen que ahora hay mucho ruido. Dicen que eso es una distracción constante. Que no podemos ser conscientes de lo que realmente somos. Dicen que hay que descomponerlo todo para volverlo a rearmar. Dicen que hay que guardar silencio para encontrarnos a nosotros mismos. Piden que nos callemos. Piden que se apaguen los teléfonos en un concierto. Y a cambio nos ofrecen un disco de debut en forma de cañonazo. Una orgía de ruido y electricidad. Estas cuatro chicas son Savages, la nueva gran estrella de la escena londinense, y acaban de lanzar su primer largo: Silence Yourself.

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Y digo dicen, porque con todo el descaro del mundo, no solamente publican manifiestos y declaraciones de principios en su web y medios sociales de difusión -no todos originales suyos-, sino que incluso incluyen su perorata en la portada del disco. No se les puede negar que así de entrada, arrestos, atrevimiento, coraje y descaro no les falta. Se le puede llamar grandilocuencia y hasta soberbia, pero qué demonios, en estos tiempos hacen falta estas cosas y gente que venga a sacudirnos, aunque sea a bofetones sonoros. También lo dicen: pretenden con su música explotar nuevas vías de comunicación, darle una vuelta de tuerca más a la forma de experimentar la música, atizar conciencias y poner a la gente en la senda de hacer las paces entre el yo físico y el emocional (sic), una relación enterrada tiempo atrás por el vértigo de la vida moderna, y así poder avanzar hacia una vida plena. Ni más ni menos.

Y de forma paradójica su propuesta choca frontalmente con esa llamada al silencio. Silence Yourself es una vorágine de ruido. Pero además la supuesta exploración de nuevas vías de expresión musical no tienen demasiado de nuevo. Savages ejecutan algo encuadrable en la mejor esencia del post-punk más rabioso, furioso, agresivo y con olor a cerveza rancia. Y además lo adornan con ruidos cavernosos extraídos de las guitarras, proximidades a la distorsión, enjambres de murciélagos y bichos nocturnos, al mejor estilo de un pre-gothic rock bauhasiano o de flirteos con el death rock. No es suficiente. Jehnny Beth puede presumir de ser la voz que mejor ha captado (e imitado, porqué no decirlo), el estilo de cantar de uno de los grandes iconos del rock británico de las últimas décadas, de la que fuera un día reina del punk londinense y posteriormente diva de la escena oscura: Siouxsie Sioux. Y como las líneas de influencia están ahí, pese al paso del tiempo, habrá quien se acuerde de una primeriza PJ Harvey e incluso de los Yeah Yeah Yeahs. Nada importa. Se pueden buscar incongruencias y discutir sobre ellas. Porque cumpla o no con los principios enunciados, Silence Yourself es toda una experiencia que es imposible que a mi me lleve a la indiferencia.

Es un disco brutal que genera atmósferas como pocas veces se han visto en los últimos tiempos. Es capaz de ir del desasosiego a la sensualidad, de la oscuridad más recóndita a la emoción a flor de piel, de la asfixia vital a la furia desatada, de lo conceptual a lo más tangible, del ritmo psicótico a la lucidez más clara. Es un viaje a través de estilos dilatados en el tiempo solapados hoy. Cabe todo lo que hemos dicho, igual que entran minimalismos (Dead Nature), experimentos cercanos al cabaret gótico (Marshal Dear), o teatralismos que en su dramaturgia sonora casi alcanzan el paroxismo (Waiting For A Sign). Savages se han puesto mucho más duras que lo que su single del año pasado (Flying To Berlin) aventuraba. No admiten concesiones y lanzan puñaladas con cada estrofa y con cada acorde. Canciones breves (no siempre), títulos escuetos, mensajes telegrafiados, estribillos cortos repetidos hasta el infinito, para que se nos graben a fuego en la cabeza. Un puñado de temas inapelables desde cualquiera de los muchos ángulos que atesoran.

La absoluta falta de banalidad y la agresividad que escupen los altavoces con Silence Yourself sonando, parecen haber impactado a la prensa británica. Desde el principio unas cuantas plumas se han fijado en ellas, y esperaban el disco con fervor. Leí a un joven redactor que viéndolas en directo, uno podía figurarse el impacto que tuvo que suponer a los jóvenes de aquella época ver a los Banshees por primera vez. Estoy muy de acuerdo, y no he tenido el gusto. Me ha bastado con Silence Yourself. Así que aquí están: Jehnny Beth, Gemma Thompson, Aysse Hassan y Fay Milton. Dispuestas a prender fuego al escenario. Mascando espinas. Arrojándote a la cara la rebeldía y la presuntuosidad que DEBE tener la juventud en tiempos de planicie y adormecimiento. Son Savages.

PD: Los afortunados que asistan al Primavera Sound podrán verlas el día 23 del presente.

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El poder de la maquinaria británica

Publicado en 07 mayo 2013 por

Ahí va uno de esos posts que escribo a sabiendas de que no los va a leer absolutamente nadie. Y es que, mala suerte, British Sea Power no son muy conocidos en nuestras tierras, y dudo que vaya a conseguir convencer a casi nadie de que darles un par de oportunidades es un gran acierto para cualquiera que se crea conocedor y/o aficionado al rock. Da lo mismo que mencionemos Howard Bilerman, batería de Arcade Fire en su primer disco, y que ha producido a los British Sea Power en algunas ocasiones: el admirador de Arcade Fire está ya demasiado ebombado con las florituras y las payasadas la tribu de los Brady canadiense como para apreciar las descarnadas líneas de rock que estos seis ingleses emiten desde Brighton. Siempre me queda el consuelo de saber que son, al menos, profetas en su tierra y que en el Reino Unido se les respeta y admira en cuanto hablas de ellos a alguien que tiene una mínima idea de rock.

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Así que después de desfogarme un poco, vamos con el disco. Machineries Of Joy se publicó el mes pasado (sí, requiere varias escuchas decir algo decente de él) y es el sexto LP en la carrera de British Sea Power. Es demasiado arriesgado decir que es el mejor trabajo de su carrera, puesto que sus dos primeros álbumes, por eléctricos, sucios y descarnados son impresionantes; el popular Do You Like Rock Music? (2008) es un disco demasiado redondo como para aspirar a que publiquen algo comparable; y la deliciosa aproximación al género del post-rock que realizaron con Man Of Aran (2009) fue demasiado puntual y extraña como para establecer comparaciones facilonas. Eso sí, Machineries Of Joy es bastante mejor que su anterior LP, Valhalla Dancehall (2011), disco que yo esperaba con avidez y que me decepcionó enormemente por su alejamiento de las puras líneas de rock que habían venido dibujando en los últimos años en aras de unas melodías tal vez más accesibles para el público, pero tremendamente sosas.

No obstante, son 10 años los que British Sea Power llevan publicando material de estudio y la evolución de su sonido es patente. Y, de hecho, con Machineries Of Joy no se desvían demasiado de la senda que ya habían marcado con Valhalla Dancehall, esto es, la de abandonar los duros paisajes sonoros que dibujaban, la electricidad descarnada hija de las escuchas repetidas de los discos de Godspeed You! Black Emperor. Los British Sea Power de sus dos primeros discos eran fervorosos, violentos, ruidosos… como jóvenes caballos salvajes que en Do You Like Rock Music? llegaron a unificar de manera más exitosa sus briosas ansias de ruido con las exigencias de un público que, al crecer, va buscando un sonido algo más maduro y pulido. Tal vez a sabiendas de que aquella genialidad no es repetible, han continuado por la senda que comenzaron a andar. Lo que pasa es que en esta ocasión, a diferencia de su LP de hace dos años, lo han hecho muy bien.

Fieles a su estilo sensorial, dibujantes de paisajes grises e industriales, los primeros instantes de Machineries Of Joy nos hacen sentir frente a un tren que más que moverse, se arrastra por los trastes de una guitarra. Este recurso de tratar de reproducir el ritmo de grandes máquinas con sus instrumentos no es del todo nuevo en la discografía de British Sea Power. El tema que abre el disco y que le da nombre a éste, Machineries Of Joy, presenta una ascensión lenta, alejada de los efectismos pero que retomando algunos de los elementos más luminosos que aparecían en Valhalla Dancehall y combinándolos con frases y recursos que se han venido repitiendo en sus discos anteriores (semicorcheas distorsionadas en una guitarra, el violín que dibuja metódicamente el mismo trazo una y otra vez) consigue que un tema que parece empezar arrastrándose coja ritmo y deje un curioso sabor optimista y expectante.

Pero lo mejor viene después: el segundo tema, K Hole, empieza frenético, como en la alocada juventud de los BSP. Cierto, se calma durante los compases de la estrofa, pero los vigorosos golpes de guitarra que van entrando y haciendo el tema cada vez más grande son sencillamente fabulosos. No obstante, no estamos ante los duros guitarreos de sus primeros tiempos: este es un producto acabado, pulido, limpio, en el que cada guitarra entra con desmesurado ímpetu, pero con precisión milimétrica. Tras uno pequeño interludio lírico que no acaba de convencerme, un nuevo tema de estribillo pegadizo (dentro de los límites de lo pegadiza que puede ser esta gente), Loving Animals, tal vez con uno de los momentos en los que este grupo bebe más descaradamente de Joy Division, aunque sin nunca llegar a los grados de oscuridad que alcanzaran aquellos. En el quinto corte, What You Need The Most, una melodía se arrastra de nuevo muy lentamente recordando lejanamente a los paisajes de neón que dibujaban Arcade Fire antes de convertirse un fenómeno para las masas epilépticas. Este momento, algo más pausado es necesario para digerir lo que viene: en mi opinión el sexto tema, Monsters Of Sunderland, es el momento más brillante del disco, repitiendo la fórmula que tan efectiva ha sido en K Hole pero con una carga todavía más poderosa de percusión y complicados arreglos de cuerdas que dan unas ganas tremendas de disfrutarla en directo.

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Un sonido más amable, pero ascendente y emocionante, tiene Spring Has Sprung, que toma hábilmente la euforia producida por el tema anterior y la vierte en un tema de rock normalito pero agradable. Prácticamente en el mismo tono vienen Radio Goddard, aunque con ciertos arreglos de viento que recuerdan, tal vez demasiado a Arcade Fire; y A Light Above Ascending, que no son malos temas, pero quedan tal vez demasiado sosos si se comparan con los que pueblan la primera mitad del disco. El cierre del álbum es bucólico, con cierto regusto a los sonidos más tradicionales de Inglaterra que ya aparecía en el Man Of Aran y que entre brumas vuelve a tirar del influjo de Joy Division y, por momentos, de The Cure, para construir un tema inquietante pero muy bello. En resumen, pues, un buen trabajo del que destaca por encima de todo la primera mitad; y la sospecha de que en directo Machineries Of Joy tiene que ser una gozada. Quedan muchos carteles de festivales nacionales por completar para este verano y esta redactora se deleita soñando con ver a este sexteto de Brighton en alguno de ellos. Por pedir que no quede. Otra forma de verlos en España no va a haber.

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The Strokes: ¿valientes o desnortados?

Publicado en 02 mayo 2013 por

Nos hemos tomado nuestro tiempo, era necesario. El quinto disco de The Strokes merecía la atención que la expectación que le precede exige, aunque solamente sea porque el nombre de esta banda sigue siendo un eje fundamental del rock alternativo del siglo XXI. Pues bien, después de alrededor de un mes dándole vueltas, Comedown Machine nos sigue generando muchas dudas, respecto a sí mismo, y respecto a la banda.

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Que andaban en otro rollo es algo que venimos teniendo claro desde hace tiempo. Su última aparición antes de los cinco años de silencio, First Impressions Of Earth (2006), ya daba síntomas de agotamiento de la fórmula que les catapultó y que les hizo impactar y ser lo que son. El retorno, Angles (2011), certificó que, salvo excepciones, The Strokes elegían la huida hacia delante en lugar de insistir en renovar sus principios originarios. Este proceso de cambio de estilo, o de variación más o menos contundente, ha regalado a lo largo de la historia grandes hitos, ha hecho más grandes de lo que eran a ciertas bandas, o cuando menos ha demostrado la versatilidad de las mismas, dejando el pabellón igual de alto. Pero también ha habido muchas para las que ha supuesto una losa o el principio del fin. No me atrevería a decir que en el caso de los neoyorquinos estamos claramente ante esta segunda hipótesis, pero lo que tengo claro es que para situarnos en la primera sus dos últimos trabajos debieran haber sido muy distintos.

Lo dicho. Están a otra cosa. Angles demostró que Casablancas, Hammond Jr. y compañía cambiaban de época inspiradora y se pasaban -con más o menos intensidad- del punk-garage-rock setentero, a un extraño pastiche en torno a bailables ritmos ochenteros de raíz negra, coletazos disco, ramalazos funky, falsetes, teclados y punteos de guitarra relativamente brillantes, que en aquellas canciones que llenaban las radio-fórmulas y que hoy casi todo el mundo ha olvidado, ejecutaban respetables músicos de estudio o estrellas invitadas. En Comedown Machine confirman la tendencia, sin que esto tenga necesariamente connotaciones peyorativas. Si Angles fue un disco que olvidé a la velocidad de la luz -salvemos ese canto del cisne que fue Under Cover Of Darkness-, Comedown Machine, al menos en el lapso de tiempo actual, me merece mayor atención y mejores conclusiones, aunque sumidas en un mar de dudas e irregularidad.

Por lo pronto me llama poderosamente la atención que de todas las cosas que se hicieron en aquella década, hayan ido a escoger, en mi opinión, una de las líneas más prescindibles. Aún así estos tipos tienen la suficiente categoría como para saber convertirlas en algo paladeable -a veces-, y al menos logran que temas como Tap OutWelcome To Japan, resulten la mar de resultonas, frescas e incluso muy decentes, por mucho que sus elementos puedan de partida tirar de espaldas a más de uno. Si nos sacamos a Stevie Wonder de la cabeza -sobre todo en la primera- hay hasta un puntito sexy bastante enriquecedor en los ritmos que le sacan a ambas. A mi me hacen mover la patita sin cesar. Pero esto no pasa en otras canciones, donde creo que fracasan estrepitosamente. One Way Trigger se queda en normalita hasta que unos falsetes excesivos la arruinan, 50-50 aburre, Slow Animals solamente cobra pulso cuando se ponen a hacer de The Strokes y no de unos Tears For Fears sin estrella, los fantasmas de algunos “héroes” de los ochenta vuelven a aparecer en Partners In Crime, indecisa y sin profundidad, empeorando en un Happy Ending cuyo estribillo parece más propio de una maqueta casera de Patsy Kensit. Finalmente, las derivas a vieja melodía de los años 20-30 con influjos blueseros de Call It Fate Call It Karma, se quedan en la anécdota que pone el punto final.

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Pero The Strokes tampoco quieren enterrar del todo el pasado, y dejan gotas de aquel neo-garage, o como queramos llamarlo, que tan bien moldearon años en sus comienzos. All The Time80′s Chances (con pinzas) son sus intentos más o menos claros por reverdecer laureles, siendo la primera la que mejor funciona de todas ellas, pero obviamente, sin que puedan alcanzar las cotas de sus viejos grandes éxitos. Quizá sea el precio de llamarte The Strokes, que tu pasado fue muy grande y muy rápido, y a la hora de sostener el listón esto tiene que acabar pesando.

En cualquier caso siempre fueron unos virtuosos, y es imposible decir que no dejen huella en ninguno de sus trabajos. Ni Angles ni Comedown Machine merecen que los tires a la basura a la ligera. Tanto cuando vuelven sobre sí mismos, como cuando pretender innovar, siguen siendo capaces de ponernos las orejas tiesas en algún momento, motivo por el cual debemos pensar que cualquier día de estos, ya sea con esta o aquella fórmula, pueden volver a hacer uno de esos discos redondos con los que lo pusieron todo patas arriba. La duda que me queda es si The Strokes están en un momento de despiste total, y de ahí tanta deriva, o simplemente hacen lo que se les antoja. Desde luego, y pese a que bajan en los charts y en ventas, los niveles de éxito que en este sentido mantienen les siguen dando crédito para esto último, y si es lo que quieren, pues tan contentos. Personalmente creo que me repondré pronto del susto, Comedown Machine tiene fases en que hasta me divierte, pero en el fondo seguiré esperando que su próximo disco vuelva a ser un pelotazo. Qué le vamos a hacer.

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Lo que no me perdería si fuera al Primavera Sound 2013

Publicado en 30 abril 2013 por

Sigue acercándose el buen tiempo y los festivales están cada vez más cerca. Ya revisamos hace unas semanas a las bandas más prometedoras del SOS4.8 y algunas personas preguntaron por Twitter si haríamos un post similar con el Primavera Sound. Es complicado estudiarse un cartel de unas dimensiones tan enormes como las del Primavera Sound y además hay que tener en cuenta que este post ha sido preparado por una sola persona. Como el cartel es enorme, explico someramente cómo lo he hecho: he utilizado la lista oficial del Primavera Sound en Spotify para ir escuchando, uno a uno, todos los grupos incluidos en ella. Si al cabo de dos canciones la cosa me llamaba la atención, profundizaba. Si no, pasaba al siguiente. Así han salido casi tres decenas de bandas que me parecen más o menos interesantes de cara al Primavera (aquí hay una lista de Spotify con todos los grupos que voy a recomendar en este post), pero siempre hay que tener en cuenta que hay un sesgo personal muy importante: a mi me gusta mucho el indie, la música instrumental y el post-rock y mis recomendaciones tiran especialmente hacia esos lados. El Primavera tiene, por ejemplo, una sección nada desdeñable de rock bastante duro que a mi se me escapa por completo y de la que no recomiendo nada. De nuevo, es un post muy (demasiado, tal vez) sesgado. En cualquier caso, vamos con las generalidades para empezar:

  • Nombre: Primavera Soundprimavera_sound_2013_cartel
  • Web oficial: www.primaverasound.es
  • Ubicación: Barcelona, Parc del Fòrum
  • Precio: Abonos agotados, nueva remesa a la venta el 7 de mayo. Abono normal 250€ y abono VIP a 375€. Entradas de día a 80€ aún disponibles.
  • Camping: No.
  • Lista de Spotify.
  • Cabezas de cartel: Blur, My Bloody Valantine, Phoenix, The Postal Service, The Jesus and Mary Chain, Nick Cave and the Bad Seeds.
  • Crónicas de años anteriores: Ninguna.

Cabezas de cartel

Empezamos por la parte fácil. La verdad es que el Primavera es un festival van mastodóntico que no hay ni un solo cabeza que no merezca la pena. Eso sí, algunos te pueden interesar un poco más que los otros, pero todos son monolitos de primera categoría. Por desgracia en el Primavera los escenarios secundarios no paran cuando los cabezas tocan en el principal, y eso fuerza a uno a elegir. Como digo, todos lo cabezas son de absoluta primera línea, pero si tal vez tuviera que elegir algo que no me perdería por nada del mundo sería a Blur, puesto que nunca los he visto y su directo es poco menos que legendario, y especialmente porque tocan un palo, el britpop de los 90, que es del que bebe gran parte de mi acerbo musical; y por otro lado el de The Postal Service, aunque este me produce sentimientos encontrados. Me produce mucha alegría la idea de ver a The Postal Service en directo, pero me produce una cantidad casi equivalente de rabia pensar que es para interpretar, una vez más, el Give Up de 2003, que no sea porque haya material nuevo sino que se trate de un mero revival de un material que ya es de sobra conocido. De nuevo, si tuviera que elegir algo de entre los cabezas, sería esto, pero todos, sin excepción, son imprescindibles.

Electrónica

En este género mi corazón tiene un grupo absolutamente favorito que recomendar a cualquiera que vaya a ir al Primavera Sound: que nadie se pierda a los británicos Hot Chip. Y lo sé porque los vi hace un año desde el más absoluto escepticismo (sus discos me parecen buenos en general pero me cuesta escucharlos enteros del tirón, es decir, que me aburren) y su directo me dejó boquiabierta. Y dejar a alguien a quien ni le van ni le vienen tus discos, literalmente, sin habla, no es moco de pavo. En serio, son divertidos, son bailongos, son buenos músicos y los temas que en estudio se me hacían largo en directo me parecían irreprochables. Un acierto garantizado.

Por supuesto, hay otro par de nombres imprescindibles por las modas de nuestros días: los Crystal Castles, que siguen paseando pletóricos su tercer y aclamado álbum con su hipnótico barullo de luces y sonidos; y Swan, que maravillaron a todo el que pudo verlos en el Primavera Club con su estruendosa tormenta. Fuera de la moda, pero interesantísimos (ya los marqué como uno de los grupos más interesantes del SOS4.8) son los The Suicide Of Western Culture, de modo que no me queda más remedio que considerarlos una buena apuesta por exactamente lo mismos motivos que expuse hace un par de semanas: son rock electrónico con influencias de grandes bandas de post-rock, sonido muy contundente y la promesa de un directo apabullante.

Hasta aquí las cosas que ya conocía y que me parecían interesantes en este género. Del estudio del cartel ha surgido algún otro grupo más: el primero, Fuck Buttons, electrónica un poquito más allá del chill out, de cortes épicos y atractivos. En una línea similar y para un momento algo menos explosivo también ha captado mi atención Jupiter Lion: suenan adecuados para un momento algo menos histérico que los grupos que he mencionado al principio, pero me da la impresión de que pueden producir una atmósfera diferente y bastante compleja.

Ambiental, instrumental, experimental y post-rock

Parece un epígrafe demasiado amplio, pero es que lo he escrito pensando en unos absolutos imprescindibles de esta edición del Primavera: Dead Can Dance, que se encuentran en estado de gracia tras su esperado regreso y que por su larga y variada trayectoria se han convertido en un concierto imprescindible para cualquiera a quien le guste la música, sin adjetivos que adornen a esa palabra. Dicho esto, entra en juego un grupo nacional que se antoja imprescindible para todo aquél al que le gusten el género instrumental y el post-rock: Toundra, que no reciben más que alabanzas tanto por su tercer disco como por su dilatada gira, que está pisando prácticamente todos los rincones de España. Contundencia sin concesiones pero con una carga emocional brillante. De nuevo, imprescindibles.

Pero, dejando los grandes nombres aparte, he encontrado algunas cosas de música instrumental realmete interesantes en el cartel de este Primavera. El primero es el pianista Nils Frahm, que dibuja melodías delicadas pero bellísimas sin necesidad de más instrumentos. Tiene cierto regusto a compositores orientales como Joe Hisaishi o Yiruma. Lo recomendo puesto que en un festival tan diverso no todo tienen por qué ser saltos, brincos y alaridos: un momento para la reflexión y la calma nunca está de más. Tirando también hacia el género del post-rock he encontrado a Do Make Say Think, aunque desde una perspectiva mucho menos dura que la que ofrecen los mencionados Toundra. Confieso que no conocía a este grupo a pesar de mi afición al género y me han parecido extraordinarios por su rock sin palabras pero sin necesidad saltar hacia los guitarreos frenéticos y distorsionados que a veces invaden el género: un post-rock de líneas muy limpias y melódicas que merece la pena explorar.

Rock

No cabe duda que los auténticos reyes en este género serán My Bloody Valantine y Nick Cave and the Bad Seeds, pero la inmensidad del cartel del Primavera Sound ofrece un sinfín de propuestas en el género. Una de las primeras que me resultan atractivas es Bob Mould, miembro de los desaparecidos Hüsker Dü y que ya cuenta con una dilatada carrera en solitario a sus espaldas. Rock sucio, algo garagero pero con la oportunidad de escuchar a un guitarrista y compositor bien capacitado. Además, a pesar de que este señor ha cosechado cierto renombre en los países anglosajones, no es muy conocido en nuestro país y por lo tanto las ocasiones de verle no son muy numerosas. Siguiendo un poco en la línea de las viejas glorias americanas del género entrarían gente como Dinosaur Jr. y The Breeders, ambas bandas surgidas al calor del grunge de los 80 estadounidenses y con un buen puñado de temas reconocibles por la mayoría de los aficionados a la música que, sin duda, a mi me suenan la mar de prometedores. Dos bandas que también haría por ver.

Pasando a grupos un poco menos canosos, encuentro muy atractiva la propuesta de Guards, con un poquito de noise rock pero sin ramalazos oscuros, con una vocación divertida y sin demasiadas estridencias. No conocía a este grupo y han captado mi atención desde el primer momento, de manera que no dudaría en darles una oportunidad, que para eso están los festivales. Un sonido no demasiado diferente es el de los británicos Peace, que cuentan solamente con un disco en el mercado pero que me ha parecido muy destacable. Un sonido enmarcado en el rock que han puesto de moda The Vaccines en las islas británicas aunque con un aire algo más juvenil. Me recuerdan un poco a TOY o Spector. Interesantes. Y si esto que he mencionado te llama la atención, pues tampoco has de perderte a la banda de rock de Jersey, Titus Andronicus, con su punk gritón pero simpático; los también estadounidenses y algo clasicotes, The Babies, con un sonido por momentos surfero y californiano; los algo más acelerados Aliment que, directamente, te gustarán si te gustan The Vaccines; o Bored Spies que, aunque solo cuentan con dos temas, suenan contundentes y cuanto menos curiosos.

Indie folk

El rock, los bombos, el guitarreo y la distorsión están muy bien, pero el Primavera también cuenta con un buen número de artistas más tranquilos que se encuentran entre el indie, el folk y el pop y que practican unas líneas más tranquilas y relajadas en sus composiciones. De los grandes nombres parece que encajarían en esta descripción James Blake y Band of Horses, pero no comparto la fascinación que siente gran parte del mundo por el primero, y a los segundos los vi hace un par de años en una intervención algo decepcionante en un festival. No es que no los recomiende: ambos están muy de moda. Pero para mi no serían una prioridad. En cambio me resulta mucho más cautivador el cantautor estadounidense Adam Green o las tranquilas líneas que dibujan los algo más electropoperos Hal Flavin. Aunque, sin lugar a dudas, de todos estos sonidos el que más me atrae es el de la cantautora británica Daughter, de la que ya he hablado un par de veces en este blog y que, puesto que no tiene pinta de venir a visitar España, no me perdería la oportunidad de verla en directo. Aunque solo sea por ver si toca la versión del nuevo Get Lucky de Daft Punk que difundió ayer por las redes sociales.

Pero puede que el descubrimiento más agradable en este género a lo largo del estudio del cartel ha sido el de Kurt Vile, que me recuerda muchísimo por un lado a los geniales Girls y, por otro, tiene un perfecto sabor al rock americano de Springsteen, aunque filtrado con un halo de cantautor tranquilote que no queda del todo fuera de lugar. A este no me lo perdería porque me ha encantado. En una línea similar también de belleza e indie tranquilo creo conveniente recomendar a los alegres The Sea and the Cake; a los portugueses Paus, con sus composiciones delicadas y etéreas y a la psicodelia australiana de Tame Impala, que está muy de moda y un festival como este parece brindar una gran oportunidad para comprobar si llega agua el ruidoso río de sus admiradores. Para terminar, un poco de country-pop en femenino de la mano de la cautivadora voz de Neko Case: siento debilidad por las pelirrojas, las chicas americanas que cantan country melancólico y por las voces bonitas. Neko Case posee todas estas cosas y me por ello entraría en mi lista de imprescindibles.

Conclusiones

El cartel del Primavera cuenta con unos 150 grupos. Es decir, es monstruoso. Es casi imposible no encontrar cosas interesantes en él y, muy probablemente, las mías no tengan nada que ver con las tuyas. Pero bueno, lo he hecho lo mejor que he podido. Para cerrar, dejo aquí al final una lista de Spotify con la selección de grupos que me han parecido interesantes, por si alguien pudiera encontrarle utilidad. Por lo demás, ya solo queda desear a todos los asistentes al que sin duda es ya uno de los más importantes de Europa, un feliz festival.

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