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Kane. Miles Kane.

Publicado en 13 junio 2013 por

Gira de presentación de este disco en España:

  • 17-21/07/2013: Festival Internacional de Benicássim, Castellón. 70-163€, Entradas.

Cuatro veces he escuchado el primer disco de Miles Kane. Un par de ellas fueron antes de verle telonear a los Arctic Monkeys en el Palacio de los Deportes el año pasado, para ver si me interesaba. El resultado fue indiferencia. La siguiente fue justo después de dicho concierto, momento en el que volví a él buscando la pegada imparable que el británico había demostrado, para regocijo mio y de mis acompañantes, antes de que Alex Turner y sus secuaces subieran al escenario. No estaba por ninguna parte. La cuarta vez fue la semana pasada, después de escuchar Don’t Forget Who You Are completo por primera vez, en un intento de revisar si había en aquel primer trabajo algún rasgo de genialidad que se hubiera pasado por alto. El resultado fue el mismo que las anteriores. Por eso después de completar la primera escucha del segundo disco de este inglés yo estaba sin habla, ya no porque sea un disco más o menos bueno (a mi me lo parece y mucho) sino porque no me esperaba que lo fuera a disfrutar tanto. Ya había comprobado que Kane no era ningún niñato aprovechando la amistad con Alex Turner para grabar discos insulsos: lo había visto en acción haciendo sonar el Palacio de los Deportes madrileño mejor que muchas grandes estrellas internacionales, pero no imaginaba que pudiera publicar un disco de esta categoría.

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Cierto, puede que el mérito no sea solo suyo: Don’t Forget Who You Are contiene geniales canciones pero se nota que la grabación está cuidadísima hasta el último detalle. Todos los temas cuentan con una suerte de arreglos que, sin recargarlos, les aportan brillo y dinamismo con excelente gusto. No pongo en duda el mérito de Miles Kane, pero tengo la impresión de que dejarse aconsejar por el respetado ex-Big In Japan, Ian Broudie, también ha incidido muy positivamente en el sonido final de Don’t Forget Who You Are. El resto son todo influencias y talento: obviamente la ola de rock gamberro y algo descarnado que lideran los Arctic Monkeys y Franz Ferdinand en el Reino Unido, pinceladas de Oasis y algo de The Beatles para completar un cóctel de rock clásico de sonido limpio y grave, líneas de bajo algo bluseras y riffs de guitarra enfermizamente veloces. A eso es a lo que suena, más o menos, Don’t Forget Who You Are.

Pero si entramos en el detalle, la cosa mejora: el arranque de Taking Over suena completamente a Arctic Monkeys para desembocar en un estribillo de rock algo más clásico que adquiere su verdadera dimensión cuando empiezan a entrar los endiablados solos de guitarra, que se van volviendo más extensos y complejos hasta cubrir el final del tema en un arrebato de locura y captar toda la atención del oyente. Para cuando este primer corte estaba terminando yo ya estaba empezando a sospechar que este disco no iba a tener mucho que ver con la sosería que me parecía el anterior. El single arranca también con un corte blusero para entrar en un estribillo pegadizo que puede convertirse fácilmente en un frenético tema veraniego, que faltos estamos de rock para amenizar las tardes de calor.

Pero no todo va a ser rock clásico y bases de blues: en Inglaterra la sombra de Oasis es mucho más alargada de lo que vemos desde aquí, y la banda de los hermanos Gallagher podría haber firmado sin demasiada dificultad el primer tema lento del disco, Out Of Control, que aminora el ritmo pero que como nos recuerda a lo que nos recuerda, nos hace sonreír un poco. Además, después de tres cortes bastante vertiginosos es necesario uno de estas características. La tregua dura poco y en Bombshells la batería y el bajo hacen que movamos los pies de manera incontrolable hasta llegar a un explosivo estribillo que hace pensar en en pulido y divertido directo que Kane puede exhibir durante este verano si hace uso de este tipo de temas que empiezan machacones y acaban ascendiendo para que la audiencia pierda la cabeza. A estas alturas del disco las canciones son cortas y frenéticas, y Tonight no da respiro antes de la llegada de la genial What Condition Am I In?, tan divertida como pegadiza.

Liverpool Music Week at MojoTras un nuevo descanso encaramos el final del disco con You’re Gonna Get It, rock grave de sabor americano que da la sensación de estar en una de esas interminables carreteras del desierto de Arizona con un camión lleno de altavoces que atronan la nada a base de punteos despiadados y golpes de bajo que marcan el camino. El final del tema es sencillamente demencial, vertiginoso, violento y directo, como debe acabar una buena canción de rock. La  edición estándar del disco acaba con Darkness In Our Hearts que es todavía mejor que todo lo anterior, puesto que aglutina de forma magistral todas las influencias que ha estado empleando en los 10 cortes anteriores y las hace definitivamente propias: tras dos minutos en los que parece que estamos en un tema algo cincuentero pero altamente electrificado, las guitarras empiezan a entrar punteando, poco a poco, la batería prepara y el final es una auténtica locura en la que todos los instrumentos se desmadran magnífica y aturdidoramente. Un final perfecto, aunque la edición deluxe cuenta con tres temas más que tampoco son desdeñables.

Por lo tanto estamos ante un discazo. No sé si uno de los del año, no sé si una garantía de que la carrera de este hombre seguirá por la misma senda o de qué. Pero Don’t Forget Who You Are es una delicia para el rockero europeo criado a base de britpop, además de la promesa de un directo imparable y atractivo. Envidio sinceramente a quien vaya a disfrutar de Miles Kane el mes que viene en el FIB, porque apostaría a que va a ser una de las mejores intervenciones del Benicassim de este año.

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Igloo y los vacíos atronadores

Publicado en 11 junio 2013 por

63533_description_IGLOO_ALTAGira de presentación de este disco en España:

  • 14/06/2013: A Coruña, Sala Mardigras. 8€, Entradas.
  • 21/06/2013: Pontevedra, Sala Karma.
  • 22/06/2013: Vigo, La Fábrica de Chocolate. 8€, Entradas.
  • 27/06/2013: Madrid, Costello Club. 9€, Entradas.
  • 04/04/2013: Razo, Festival Pop Up!
  • 05/07/2013: Vilagarcía de Arousa, Sala Samá Samá
  • 20/07/2013: Sarria, Sala El Bosque
  • 15-16-17/08/2013: Aranda de Duero, Festival Sonorama. Abonos 60€, Entradas.

Confieso que esperaba la llegada de este disco, El Conjunto Vacío, que es el cuarto de Igloo, tal vez no con ansiedad, pero sí con una disimulada curiosidad. La trayectoria de Igloo se me hace tremendamente atractiva, culminando en un tercer disco que, sin ser ni magistral ni descubrir nada nuevo, es emocionante, eléctrico y rezuma pasión por el propio trabajo por los cuatro costados. El pop altamente electrificado de estos gallegos, en el que la distorsión y el papel protagonista de la batería han venido siendo una constante cuyo potencial se ha ido mimando y puliendo disco tras disco es una combinación que no es ningún descubrimiento a nivel internacional, pero en una España en la que o haces noise-rock de proporciones y velocidad demencialmente enloquecidas (véase sus paisanos Triángulo de Amor Bizarro), haces pop indie interpretado por chavales con camiseta de rayas (los omnipresentes Doble Pletina son los primeros que se me vienen a la cabeza), o sencillamente haces rock, más o menos comercial; pues realmente me parece que la propuesta de gente como Havalina, Nadadora o Igloo es de las que mejor encuentran un equilibrio entre los géneros predominantes en éste nuestro país.

Ya le he pegado unas cuantas escuchas a El Conjunto Vacío y creo que empiezo a tener cierta idea de lo que quiero decir sobre él. Para empezar, creo que no me emociona tanto como su anterior trabajo, Infinito 3, que cuenta con algunas canciones, como Nanomédicos o Ausencia Parcial, cuyas progresiones casi poperas pero sepultadas bajo toneladas de ruido conectan a la perfección con mis aficiones. Pero, aunque a mi me guste más el anterior, creo, sin demasiado miedo a equivocarme, que El Conjunto Vacío es mejor disco: más homogéneo, compacto, muy serio y complejo pero que, a su vez, se pasa en un suspiro. Son muchos adjetivos para un solo álbum y si se juntan a la vez es síntoma de que estamos ante un muy buen disco. A esto hay que añadirle la buena factura e imagen que transmite el LP: un sonido contundente, muy sólido pero que permite distinguir con claridad todos los instrumentos en cada tema, a pesar de las elevadas cotas de distorsión (un buen trabajo el de dos de los miembros de la banda en la producción); un artwork muy cuidado, no solamente en la portada (una imagen ya reproducida en varios ámbitos, pero bastante poderosa), sino en la manera de presentar el CD en sí, que invita al comprador a “montar” la caja, que está diseñada para conferir una sensación de transparencia (a continuación un vídeo de instrucciones sobre cómo montarlo); y unas letras cuyas temáticas juegan, en muchos casos, con conocidas referencias cinematográficas y musicales muy queridas en la cultura popular y que hacen al oyente sonreír cuando lee los títulos.

igloo_han_soloComo se ve, son muchos los aspectos de El Conjunto Vacío que merece la pena comentar. Pero, obviamente, lo más importante han de ser siempre las canciones que lo conforman que, como se puede sospechar por lo ya dicho, no son para menos. El arranque es toda una declaración de principios: La Máquina de Fabricar Relámpagos da más protagonismo a un punteo distorsionado e incluso a la línea de bajo por encima de la voz, para alcanzar un clímax que es eso, una fábrica de relámpagos (cierta sensación de que este tema en directo puede ser tremendo) y que es extraordinario preludio del ruidoso tono en el que se va a desarrollar el disco. El potente single, Han Solo, ha captado la atención de los locutores de Radio3, que lo han emitido repetidamente en las últimas semanas, y con cierta razón: esta canción es un agradable soplo de aire fresco, aunque es de las menos ruidosas y complejas del álbum, en un panorama nacional de sonidos lastimeros y repetitivos. Han Solo transmite pasión e intensidad, aunque sus arreglos y guitarreos no sean los más espectaculares de El Conjunto Vacío.

Todos los Días Amanece aminora un poco el ritmo pero me parece un tema bello y sin demasiadas complicaciones; mientras que con Sinatra el disco vuelve a coger velocidad y se convierte en una de esas canciones que enganchan y sorprenden a partes iguales. Aquí el ruido, la línea de bajo y  los detalles bien perfilados a base de punteos distorsionados se unen para producir una ascensión rápida y atractiva. En este momento El Conjunto Vacío ya ha impuesto una marcha veloz e imparable y el siguiente corte, Halloween vs Samaín es, ni más ni menos, un temazo: más compleja que las anteriores, oscura y llena de tensiones a las que les cuesta encontrar salida. Todo quita un poco de hierro al asunto, arrojando luz sobre el transcurso del disco, con una batería casi protagonista y un estribillo ascendente y emocionante. Probablemente sea mi tema favorito del disco porque aúna hábilmente la facilidad de la escucha con la vocación ruidosa de la banda. El siguiente momento destacable es EX que, cuando ya nos estamos acercando al final del disco, se convierte en un auténtico estallido de emociones electrificadas. Tengo la sospecha de que este tema en los conciertos puede ser genial, con su explosivo ascenso hacia un estribillo pegadizo, para las noches de festival que Igloo nos darán este verano.

Quedamos pues contentos, porque ha salido un gran disco donde nos esperábamos algo cuanto menos interesante. Igloo prometen que en 2014 habrá una continuación de este trabajo, de manera que la última palabra sobre El Conjunto Vacío aún parece estar por decir. Mientras tanto, nos quedamos con la extensa agenda de conciertos que los gallegos tienen programada para este verano. Seguro que en alguna parte nos cruzaremos con ellos.

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El invierno de Ólafur Arnalds

Publicado en 07 junio 2013 por

Gira de presentación de este disco en España:cartel_olafur

  • 13/06/2013: Madrid, Teatro Reina Victoria. 18€, Entradas.
  • 14/06/2013: Barcelona, Festival Sónar. 40-175€, Entradas.

Es un genero musical complicado, lo admito, el de la electrónica a medio camino entre los paisajes bucólicos, las atmósferas tensas y los silencios luminosos. Mucha gente se agota ante las interminables sucesiones de pausas reflexivas, susurros y detalles que dibujan artistas como Bon Iver, Jonsi o quien nos ocupa hoy, el islandés Ólafur Arnalds. ¿Por qué se suele dar la casualidad de que quien compone estas melodías finas y silenciosas, llenas de delicados pliegues y cuidadosos ornamentos y que parecen pensadas para el descanso del alma, proceden de lugares fríos, blancos y helados? Aunque, también hay que decirlo, Ólafur Arnalds primero fue instrumental antes de añadir la etiqueta de la electrónica a sus producciones.

Y es que a pesar su juventud este compositor y multiinstrumentista ha publicado 4 LPs y otros tantos EPs desde que se lanzara al ruedo en 2007, y su prolífica imaginación le ha permitido navegar desde las aguas de la música instrumental, principalmente piezas para violín y piano, como alumno aventajado de Ludovico Einaudi y Michael Nyman con pinceladas aquí y allá de alguna de las bandas sonoras de Joe Hisaishi; hasta los océanos del post-rock de sus paisanos Sigur Rós o del rock indie y electrónico del gélido Bon Iver. Cierto es, eso sí, que su acercamiento a la electrónica ambiental está siendo algo más complejo, más reflexivo, calmado y silencioso que el de los dos mencionados astros, que tal vez quedan como excesivamente comerciales cuando los comparamos con la ascética y delicada forma de componer de Arnalds.

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A pesar de la evolución de su producción, en los primeros minutos del disco se aprecia que la sombra de Ludovico Einaudi es alargada, aunque no hace falta mucho, basta con llegar al segundo corte para encontrarse con el primer momento de belleza única y característica de este For Now I Am Winter. Y es que en Brim empiezan a entrar las bases de percusión y las pinceladas electrónicas para dar consistencia a la enfervorecida bandada de violines que la forman y la convierten en un pasaje emocionante. Acto seguido las emociones se calman, aparece una frágil y aflautada voz que, aunque no sobra, no emociona tanto como el silencio sobre los violines. La papilla electrónica, eso si, se va haciendo más densa, las bases rítmicas cada vez sin más sonoras aunque en A Slutter vuelven a retirarse en aras de la voz y el piano, que en este corte tejen un manto de cálidas sensaciones y melancolía persistente.

El nuevo remanso de paz al piano de Worlds Of Amber nos lleva a un pasaje en el que la complejidad de las bases y la introducción de algo de viento mental para complementar a unas cuerdas que recuerdan a los momentos más brillantes de las bandas sonoras de Hisiashi; mientras que la voz pierde su fragilidad y suena casi como la de un cantante de pop, seguro y ágil, sin arrastrar los sentimientos entre la melodía y aportando un golpe de ritmo que el disco venía necesitando desde hacía ya algunos minutos. Pero vuelve la reflexión instrumental y las melodías dulces que solamente necesitan de un piano para armarse, como el bellísimo paisaje que abre Only The Winds que nos mece a medida que va incorporando cuerdas, percusión y línea de bajo pero sin perder la desnuda delicadeza de su discurso. En mi opinión, es uno de los momentos más enternecedores del disco, más que nada por su aparente sencillez, que evoca paisajes y sensaciones con una claridad meridiana. La concesión al gran público que supone Old Skin, que es prácticamente un tema de pop que podría firmar Bon Iver sin demasiada dificultad es bella, pero no tan indiscutiblemente fascinante como los pasajes anteriores del disco. No obstante, como single de presentación del disco parece un compromiso razonable.

For Now I Am Winter es, en resumen, un trabajo hipnótico y de belleza arrebatadora que a puesto a la crítica a los pies de este joven islandés, hasta el punto de convertirlo en uno de los reclamos más jugosos del Sónar que se celebra la semana que viene. En este trabajo Arnalds parece haber conseguido superar algunos de los encorsetamientos impuestos por el género de la música instrumental, consiguiendo melodías más dinámicas en un disco que, aunque es largo, es variado y ameno.

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Holy Esque: la nueva joya de la cantera escocesa

Publicado en 06 junio 2013 por

Como por aquí vamos un poco a nuestro aire y no rendimos cuentas más que a nosotros mismos, podemos permitirnos el lujo de admitir abiertamente que la banda que traemos hoy nos ha pasado del todo desapercibida hasta ahora. Como no nos dedicamos a leer el NME y hacer un copia-pega para estar a la última a toda leche, no nos preocupa demasiado. La honestidad para con quienes nos leen es lo primero. Ahora bien, lo que si que nos toca las narices es el haber sido tan burros de no haber visto las señales a tiempo. Con lo raveoneteros que somos por aquí, no supimos prestarle un poco de atención a esos tipos que aparecían en los carteles como teloneros de los daneses en su gira británica y estadounidense del pasado invierno. Pero como rectificar es de sabios, y por otras circunstancias, Holy Esque han caído ahora en nuestras manos (gracias Elena Aristoy, GrocDog Producciones), enmendamos la plana y rendimos honores a esa mandíbula a la altura del suelo que se nos ha quedado.

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El logo de la banda

El logo de la banda

Para situarnos. A groso modo  hay que empezar por colocarlos en la onda abierta la década pasada por gente como Interpol o Editors. Ya sabéis. Post-punk revival, indie-dark, nuevos siniestros…, se han visto unas cuantas etiquetas. Sonidos crudos, afilados, sucios a veces, otras fríos, pero veloces e intensos. Bajando más al particular, podemos estrechar el cerco añadiendo al saco de comparaciones el recuerdo que a sus paisanos Glasvegas trae el tono épico de sus canciones. Con estas generalidades no estamos ante algo demasiado nuevo, puesto que los últimos años empiezan a dar síntomas de saturación de bandas de este estilo. Sin embargo hay algo que sí que marca la diferencia y hacen de Holy Esque algo nuevo y merecidamente brillante de entre la media. Esa voz

Lo que sale de la garganta de Pat Hynes es difícil de describir. Imaginad unas cuerdas vocales arrolladas por un tractor, o ajadas por años de trasiego de alcohol de 90º. Lo mejor será escucharlo. Aunque en un principio descoloque, es lo normal cuando no se está acostumbrado a escuchar cosas así, al final acaba atrapando. El modo en que reverbera y se encaja a las líneas de guitarra es simplemente asombroso. Hace que algo que podría estar en un montón genérico se eleve por encima. No es en absoluto un desmerecimiento al resto. La aparente simpleza de base sobre la que se construyen las canciones está recubierta por cemento armado a base de dos guitarras (carecen de bajista), batería y teclado, que van creciendo y enmarañándose hasta alcanzar esas cotas épicas que mencionábamos y formando un cuadro general final casi estremecedor. Incluso cuando el ruido se reduce casi a la nada (Loneliest Loneliness -ahí queda eso-), o cuando hay secciones rítmicas que rompen esquemas aportando ejes que parecen sacados de una celebración rural noreuropea (Rose).

holyesque_live1Holy Esque se han labrado una reputación a la velocidad del rayo, se les ha quedado pequeña la escena de Glasgow, y me temo que pronto pasará lo mismo con Gran Bretaña entera. Hace alrededor de un año autopublicaron su debutHoly Esque EP, el cual fue suficiente para hacerlos aparecer en los medios más prestigiosos, que no ahorraron loas, y ganarse el ir de la mano de los Raveonettes en su gira. Desde entonces nos han salpicado con un par de singles: Tear, en agosto pasado, y St., hace apenas mes y medio. Igual de brillantes e igual de desgarradores que las cuatro canciones con que se presentaron. Glastonbury acaba de confirmarlos para su lujoso cartel. Esta gente va para arriba.

Y así entonamos el nunca es tarde si la dicha es buena, celebrando que esa inagotable y especial cantera escocesa sigue viva, esta vez en la mejor tradición de ruido, electricidad, espinas y tormentos que desde los hermanos Reid (The Jesus & Mary Chain) no ha cesado de proporcionar paradójicas alegrías musicales. Apuntad el nombre: Holy Esque.

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Rock y blues para presentar a Slick

Publicado en 04 junio 2013 por

Rock de guitarras graves y serias y estructuras de blues. Para bien o para mal, es una combinación que casi nunca falla y a la que se le pueden añadir tantas variaciones, arreglos y detalles que, haciendo lo de siempre, le puede salir a uno algo interesante. Tal vez, eso sí, el género de los altos muros de sonido levantados a guitarrazos, las bases de bajo claras y fácilmente audibles, los riffs endiablados y los pequeños golpes psicodelia que nos retrasan algunas décadas por un instante no es que más en boga está en nuestro país, donde el indie de cantantes con voz aflautada y letras tortuosas se repite allá donde mires. El rock de corte, si no clásico, sí setentero y blusero con detalles de funk y ska parece quedar reducido a un segundo plano, a bandas que están bien, como los ya mencionados en este blog The Cornelius o los Leftover Lights, pero que no consiguen la relevancia que los mencionados indies lastimeros consiguen a través de los medios generalistas.

sl02Slick es uno de esos grupos que se puso en contacto con nosotros hace algunas semanas invitándonos a escuchar Strong Enough, un EP de 6 canciones producido por miembros de The Right Ons y Mucho. Se trata de un trío (guitarra, bajo y batería) zaragozano que ha ganado varios galardones en los últimos dos años.  Strong Enough es un EP bien medido, con la ventaja de que al contar con solamente 6 temas puede permitirse ser trepidante durante toda su duración, mantener un tono homogéneo pero vibrante que sirve de extraordinaria tarjeta de presentación para este trío zaragozano. El tema que da nombre al disco que además lo abre es también el single, una canción de corte clásico, que no da descanso al oyente con una guitarra y un bajo limpísimos que dibujan una melodía trepidante que acaba llevando a un estribillo pegadizo. La pegada es indudable, la fuerza y el optimismo, también: a Strong Enough solamente le falta algo de atención por parte de alguna gran radio para colarse sin dificultad en nuestras cabecitas.

El disco continúa con la agradable y bien medida voz de Álvaro Aragüés contoneándose al ritmo del claro blues que es What Are You Waiting For?, que rápidamente se enriquece con un estupendo solo de guitarra hecho de rock setentero macizo a mitad de la canción. Destaco la voz de Álvaro no porque sea extraordinaria, sino porque en los tiempos que corren encontrar un grupo en el que el cantante no le de a uno ganas de arañar una pizarra no es del todo sencillo. La ascensión de esta segunda canción es lenta y sostenida, pero cuenta con un final bastante emocionante. Engancha con Ah Ah (Don’t Let Me Talk), tal vez el tema que introduce cierto sabor funk del disco, en el que el omnipresente Jamiroquai parece asomar su sombrero, al menos en las estrofas. Este tono se mantiene más o menos hasta que arranca el estribillo del siguiente corte, Start Again, en la que volvemos a encontrarnos con un buen solo de guitarra, que le da brillo y vuelve a captar la atención del oyente. En general, el trabajo de las cuerdas en Strong Enough es una delicia para cualquiera a quien le gusten las guitarras, más aún para quien conoce los rudimentos de dicho instrumento. La sombra de Jamiroquai vuelve a aparecer entre la alocada guitarra When The Others Had Gone, aunque también causa muy buena impresión la trepidante línea de bajo que aparece en varios pasajes de esta canción.

El cierre del EP con Shut Up suena poderoso y vuelve a la senda del rock algo más árido, prescindiendo de las bases marcadas y más fáciles de bailar, dejando sitio para una batería arrasadora que solamente se calma para un último solo de guitarra soberbio pero que deja con ganas de unos segundos  más. En resumen, una escucha agradable y un grupo a tener en cuenta por cualquiera al que le gusten el rock y las guitarras. Strong Enough es un disco bien hecho, con un sonido sólido y pulido y que esperamos poder catar dentro de no mucho en algún directo.

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An Ideal For Living: 35 años del debut de Joy Division

Publicado en 03 junio 2013 por

3 de junio de 1978. Una tal Enigma Records cometía la osadía de publicar An Ideal For Living, un ep de cuatro canciones que unos tal Joy Division se habían autoproducido. Había trampa, el sello Enigma era en realidad el que el propio grupo había creado ad hoc. Hasta la portada se la diseñaron ellos mismos. Hoy se cumplen los 35 años de aquel hecho. Nadie discute la importancia de la efeméride por lo que esta banda fue y ha sido a lo largo del tiempo. Aprovechando que en bSides nos gusta de tanto en cuanto repasar la historia, y que tenemos entre manos a uno de los grupos de cabecera del que suscribe, hemos de rendir homenaje a este ep alrededor del cual, además de su significado propio, giran otras cosas que lo convierten en un objeto de culto.

1977, buscando hueco entre el punk mancuniano

1977, buscando hueco entre el punk mancuniano

14 de diciembre de 1977. Pennine Studios de Oldham. La banda hasta entonces conocida como Warsaw grababa An Ideal For Living. Bajo ese nombre (anteriormente Stiff Kittens) se habían ganado una cierta reputación en el mundillo underground, independiente y alternativo del área de Manchester a lo largo de aquel año, llegando incluso a telonear a los Buzzcocks y recogiendo líneas de elogio en medios como el NME. Pero como grabar un disco no es solamente eso, los trabajos que lo rodean, amplificados por la dificultad del hazlo tú mismo que ponían en práctica, prolongaron su salida a la calle. WarsawNo Love LostLeaders Of MenFailures se quedaron encerradas en las pistas del estudio esperando ver la luz en forma de vinilo. Mientras tanto no perdieron el tiempo. Lo primero de todo, cambiarse el nombre. Unos punks de Londres se hacían llamar Warsaw Pakt, y había que evitar confusiones.

house_dolls_frontKa-Teztnik 135633 es el pseudónimo bajo el cual escribió algunas de sus obras Yehiel De Nur, un judío superviviente al Holocausto que desarrolló su vida posterior como escritor e historiador. En House Of Dolls (1955), uno de sus más populares escritos, se toma como base de la historia las unidades de esclavas sexuales existentes en los campos de concentración nazis. Freudenabteilung. Joy Division. Y bajo ese doloroso y sangrantemente irónico nombre, prosiguieron su historia Bernard Sumner, Stephen Morris, Peter Hook e Ian Curtis, escribiendo nuevo material y soñando con su oportunidad.

19/04/77 Wilson escribe a Gretton sobre el impacto causado por J.D.

19/04/78 Wilson escribe a Gretton sobre el impacto causado por J.D.

14 de abril de 1978. Rafters Club de Manchester, festival Stiff/Chiswick Challenge. El día que todo empezó a cambiar. Joy Division no ganan el concurso, pero dejan boquiabiertos al dj local Rob Gretton y al famoso periodista, presentador de TV, aspirante a mecenas y a moderno eterno Tony Wilson. Gretton se convirtió casi de inmediato en el manager de la banda, y Wilson, después de vivir esa misma noche la famosa anécdota del rapapolvo de Curtis por no tener pelotas para sacarlos en su programa So It Goes, una especie de plataforma para nuevos grupos y ventana al mundo de la contracultura musical del momento, al menos en el ámbito local, donde Wilson promocionaba su fascinación por la nueva ola británica, acabaría poco después convirtiendo a Joy Division en la banda estrella de su incipiente Factory Records.

Tony Wilson a finales de los 70

Tony Wilson a finales de los 70

3 de junio de 1978. Por fin logran poner en circulación An Ideal For Living. La buena acogida de la critica pronto hizo que ciertos agitadores del amarillismo prestasen atención a esa llamativa portada en la cual se ve a un tamborilero de las juventudes hitlerianas. Eso, más el nombre del grupo, la tipografía utilizada, e interesadas lecturas de la letras de temas como Leaders Of Men, compusieron un conjunto excesivamente germánico que empezó a generar preguntas, cuando no directas acusaciones de germanofilia en unos tiempos en los que los padecimientos de la II Guerra Mundial aún no estaban olvidados en tierras británicas. Era como meter la soga directamente en casa del ahorcado. Ciertamente, la personalidad de Curtis, extrema en muchas cosas a causa de su carácter depresivo y angustiado, también incluía una atracción desmedida por esa época histórica. Bernard Sunmer -por entonces aún apellidado Albrecht, y autor de la polémica portada- y Peter Hook, reconocieron tiempo después un poco definido interés por aquellos tiempos y su iconografía, mientras que Stephen Morris siempre ha sido el más claro al respecto, estaban obsesionados por trabajar en torno a aquel periodo lleno de dolor y sangre que conocieron sus mayores, y como consecuencia, perpetuar la memoria. Sea como fuere, la polémica corrió como la pólvora y hasta algún grupo de neonazis despistados se presentaron en algún concierto. Fue entonces cuando Tony Wilson, ya embarcado de lleno en crear Factory Records, soltó su perorata en torno al situacionismo y la estrechez de miras y entendederas de quienes lanzaban gratuitas acusaciones políticas contra Joy Division.

20 de septiembre de 1978. El paso que faltaba llegó. Joy Division aparecen en la mayor plataforma del momento, la televisión. Es el programa Granada Reports, también bajo control de Wilson, y allí aparecen ante el mundo, al menos el de Manchester, para poner una nueva piedra del edificio. Los efectos de tanto oir -y ahora también ver-, a aquella nueva banda por aquí y por allá comienza a generar sus resultados. An Ideal For Living resulta tan solicitado que para el segundo concierto que se organiza en la flamante sala The Factory (sí, otra vez con Wilson y asociados al frente), imprimen 1.200 nuevas copias, aunque ahora con una portada menos agresiva. Prensa y sello quieren hablar con Joy Division, unos cuantos quieren firmar con ellos, pero es tarde, una serie de lazos se han establecido durante aquellos meses con Wilson, Gretton, Hannett, Saville y compañía, y una vez que el cuarteto se libera de un insatisfactorio acuerdo con la RCA, quien se lleva el gato al agua es Factory Records. Estaba escrito. En sangre. En enero del 79 Ian Curtis aparecía en la portada del NME y John Peel los llevaba a sus famosas sesiones de la BBC. En abril comenzaría la grabación de Unknown Pleasures

Notas: Shadowplay fue el primer tema interpretado en TV. Las imágenes que acompañan al video de No Love Lost son una edición de escenas de Control, la película de Anton Corbjin hechas por un fan.

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Las rosas y espinas de The Eden House

Publicado en 31 mayo 2013 por

Han perfeccionado la fórmula. Han pulido la estatua. Si el molde que ya teníamos de ellos era sobradamente bueno, The Eden House han vuelto con el edificio más robusto y firmemente asentado. Sin apenas fisuras. Half Life es el nombre de su segundo LP, un disco que refuerza la tesis del gran momento que está viviendo el rock gótico, si bien la extensa riqueza de su sonido hace que esa acepción deba ser tomada con flexibilidad. No veo motivo para encasillarlo ni para  recomendarlo de forma exclusiva a quienes beben con asiduidad de esas fuentes.

Simon Hinkler

Simon Hinkler

El núcleo duro del proyecto, esto es, los consabidos Tony Pettitt, Stephen Carey, Simon Rippin y Andy Jackson se rodea de nuevo de nombres ilustres. Repiten Monica Richards (Faith & The Muse), el prestigioso violinista Bob Loveday, y el legendario guitarrista de The Mission Simon Hinkler, pero se suman las voces de la maravillosa Lee Douglas (Anathema), Laura Bennet (Pussycat Dolls), Jordan Reyne, Queenie Moy, Megan Noel-Pettit y Phoenix J, además de la presencia de otro nombre rutilante, el del guitarrista y productor Phil Manzanera -sí, aquel al que se debe buena parte del sonido con el que los Héroes del Silencio rompieron el molde-. Con este plantel de lujo se presenta Half Life.

Un disco de sensaciones encontradas. Un álbum que aunque se sumerge en aguas turbias de complejo entramado instrumental, además de manejar historias de sabor amargo, e incluso a veces interpretables como andanadas contra los tiempos que vivimos -el single Bad Men (On Their Way To Do Bad Things) es el ejemplo más palpable-, nos es narrado por el coro de sirenas que protagonizan las mujeres que ponen voz a las canciones. Consiguen que los caminos a veces tortuosos, a veces obsesivos, otras nostálgicos que ejecutan los instrumentistas, acaben teniendo un manto de calidez que paradójicamente, ofrecen un recodo confortable y un grado de belleza. Son las rosas que nacen al final del tallo espinoso.

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Monica Richards

Tal y como hicieron en Smoke & Mirrors (2009), abren con un single potente, aunque esta vez menos diferenciado del resto del disco. Bad Men no es un tema frontal al estilo To Believe In Something Neversea. Es mucho más denso y menos comercial. Es un bloque granítico, de secciones rítmicas y líneas de guitarra repetitivas, que en perfecto ejemplo de lo que decíamos más arriba, encaja como un guante entre los susurros de la Richards y esos inconfundibles riffs de cuando a los Mission les dio por flirtear con sonidos orientales. Todo el paquete concluye en un final cercano a lo épico, aportando una estupenda obertura a Half Life. Hechas las presentaciones, abierto el campo de batalla, asentada la advertencia -beware little girl, the world is full of bad men-, podemos adentrarnos en esas aguas turbias.

Lee Douglas

Lee Douglas

Nos quedan por delante ocho temas densos e intensos, varios de los cuales se elevan por encima de los seis minutos de duración. El protagonismo vocal irá rotando: Indifference (Bennett & Reyne), Wasted On Me (Bennett), Hunger (Moy), The Empty Space (Bennett), Butterflies (Reyne), The Tempest (Bennett, Reyne, Pettitt), City Of Goodbyes (Douglas) y First Light (Phoenix J), pero la fórmula es la misma, todas estas mujeres controlarán y pondrán freno a los fuegos que las guitarras pretenden prender con la llamada de los ritmos de guerra del profundo bajo de Pettitt y los tamborileos de Rippin. Entre medias debemos prestar atención. Hay sutilezas por doquier. Tormentas de guitarra (Wasted On Me), ecos de blues sorprendentemente ligados a paisajes que hubiesen firmado Cocteau Twins (Hunger Butterflies), “baladas” en las que emergen punteos al estilo clásico (The Empty Space), apisonadoras rítmicas (The Tempest), juegos con rock progresivo (City Of Goodbyes -bárbaro tema, bárbara Lee Douglas-), e incluso repetimos con el guiño al trip-hop y la escuela Massive Attack (First Light). Todo ello metido dentro de los juegos sonoros ya habituales a base de tintineos gélidos de guitarras frágiles como juguetes de cristal, potentes graves, y oportunas apariciones de los violines del Sr. Loveday.

Half Life es uno de esos discos que dejas sonar una y otra vez, perdiéndote en ensoñaciones propias y a veces ajenas. Un disco que arropa y a la vez inquieta, un trabajo pulcro, emotivo y elegante en el que la experiencia de quienes manejan los hilos vuelven a sentar cátedra, y que además tiene mucho recorrido. Estoy seguro que dentro de unos meses aún estaré encontrando recovecos que descubrir en cada canción, y sin embargo, y no sé muy bien porqué, me queda la sensación de que lo mejor de The Eden House está por venir.

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La conversación pendiente con Texas

Publicado en 28 mayo 2013 por y

Con el regreso de Texas nos ha pasado una cosa muy curiosa en el blog: el que de nosotros no los sigue, lo ha encontrado interesante y, la que es una fan del grupo desde los 14 años, no encuentra por dónde cogerlo. Son dos opiniones algo encontradas y sorprendentes pero… ¿qué piensas tu del regreso de Texas?

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Lebonloup

Mi relación con Texas se resume en esto: decepción continua. Me explico. Estos escoceses pueden presumir de haber hecho uno de los discos de debut más grandes que conozco. Sin practicar un estilo que me fascinase ni, siendo más puristas, haber roto ningún molde con Southside (1988), aquella sencilla maravilla country-rock y aquella voz que emergía de la Spiteri, se metieron en mi panteón particular desde la tierna adolescencia. Desde entonces, y pese a que sus dos siguientes trabajos no son desdeñables -pero no equiparables-, no han hecho más que ir cuesta abajo. No me voy a atrever a meterme en que si mejor o peor, pero me agarro fervientemente al aburrimiento soberano que me produce la música que desde White On Blonde (1997) han practicado

texas01Sí, estos años pasados han venido salpicados de unos cuantos temazos incluidos en esos discos. Sí, gracias a ellos lograron catapultarse en ventas, publicidad, números uno y porrones de seguidores, pero también les llevó a tocar fondo cuando una fórmula demasiado poco sólida quedó agotada. Repito, es una pura cuestión de gustos. Aunque no será la primera vez que discos mediocres son empujados a los altares gracias a 2 ó 3 singles estupendos, algo habrán hecho bien en esa etapa para cosechar tanto éxito, lo reconozco. Pero la mezcla de soul, R&B, tardo-motown, y para remate la aparición del rap bajo la firma Texas me han alejado por completo de ellos. Y ahora llega The Conversation, donde giran el rumbo, y mucho, y afortunadamente. Y aunque no es ni mucho menos un discazo, mi particular punto de vista hace que tenga que celebrar su venida.

Simplemente porque volvemos a coger la guitarra renovando su protagonismo. Porque nos volvemos a poner los tejanos -The ConversationHid The Light-, aunque a veces los adornemos de ribeteados Dolly Parton -I Need Time-. Y porque sin dejar de mirar a los sesenta -If This Isn’t RealMaybe I- e incluso los cincuenta -I Will Always- y las influencias de la música negra -BigWorld-, las elecciones son más acertadas. Además hay una considerable multitud de guiños al pop-rock ochentero de banda con chica al frente, haciendo que los fantasmillas de Crissie Hynde  o Debbie Harry -Detroit CityTalk About Love, Dry Your EyesBe True o Hearts Are Made To Stray- sobrevuelen buena parte del álbum.

Es decir, cosas que soy capaz de digerir mucho mejor, y aunque es cierto que el auténtico pulso del disco reside en sus arranques, y que poco a poco se va diluyendo, al contrario que sus predecesores, he sido capaz de escucharlo unas cuantas veces y tengo la sensación de que con algo más de tiempo va a seguir mejorando. Así que aquí estamos, celebrando que un disco normalito me haga disfrutar del retorno de Texas.

The Lost Dreamer

Mi relación con Texas se remonta a cuando yo tenía 14 años y ellos se encontraban en el momento álgido de su carrera, el del lanzamiento razonablemente existoso de The Hush (1999) tras el rotundo pelotazo que había supuesto White On Blonde (1997). Entre unas cosas y otras, la mitad de mi vida se ha pasado escuchando cuando no (per)siguiendo a la Spiteri y sus secuaces, así que se me puede considerar una fan, hasta el extremo de que, a pesar de que su fórmula quedó manifiestamente caduca con el fin del siglo pasado, mantuve el interés por sus creaciones cuando durante la pasada década los de Sharleen Spiteri sacaron dos discos muy por debajo de la calidad a la que nos tenían acostumbrados. A pesar de los vergonzantes coqueteos con el rap (el diálogo con los Wu Tang Clan solo funcionó bien una vez, y no todos los raperos son tan buenos como ellos), de la alarmante caída de calidad, del abandono definitivo del pop con guitarreo para tirar una otra vez de sintetizadores regargados;  continué comprándolos, defendiéndolos y encontrando canciones y detalles que todavía me traían buenos recuerdos del grupo que marcó mi adolescencia. Es decir, siendo consciente de que aquellos trabajos (Careful What You Wish For y Red Book) eran una sombra de lo que Texas habían sido en los 90, los acepté lo mejor que pude.

En 2005 Texas sacaron su último disco y tras una gira bastante poco exitosa, se retiraron cada uno para poner en marcha sus proyectos personales. En mi opinión, fue un buen movimiento: Sharleen Spiteri publicó un disco en solitario en 2008 titulado Melody que, aunque en estos lares tuvo escasa repercusión, la subía hábilmente al carro del revival setentero que en aquel momento Amy Winehouse y Duffy estaban poniendo de moda en las Islas Británicas. Sí, no lo vamos a negar, la Spiteri se subió al carro con todas las letras, pero lo hizo bien. O al menos hasta que un par de años después publicó un segundo disco de versiones de temas del cine clásico al que si lo califico como “prescindible” le estoy haciendo un favor. El otro tercio de Texas, Ally, tuvo serios problemas de salud durante estos años, aunque se recuperó, felizmente, y ahora tiene una banda de folk deliciosa llamada Red Sky July en la que él toca la guitarra y su esposa y su cuñada ponen las voces. Su primer y único disco es una pura delicia para cualquiera al que le guste el country. No me acaba de quedar claro hasta qué punto se ha involucrado en este regreso.

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El caso es que con el background folkie que ha desarrollado Ally, el cambio de discográfica (se han pasado al sello independiente Pias) y el sabor arenoso y diferente, pero con una pegada madura y tranquila que escuchamos en los primeros adelantos (The Conversation me parece una canción francamente buena, bien armada y con una forma curiosa de pegarse en la cabeza y meterte el su marcado ritmo en los pies), me esperaba que en The Conversation Texas se subieran al carro del folkie que recorre las Islas Británicas de punta a punta. Es decir, que subirse a un carro puede no ser el colmo de la originalidad, pero dado que el estilo me gusta y que el grupo es, en realidad, uno de los de mi vida, pues pensé que la fórmula me podría valer. Así que cuando escuché The Conversation por primera vez esperándome algo relacionado con la enésima vuelta a la moda de los Mumford and Sons pero con la cálida voz de la Spiteri para envolverme cual mantita, me llevé un chasco considerable, por no decir que a la tercera canción ya me estaba tirando de los pelos.

De igual modo también he de reconocer que con las sucesivas escuchas, el mal sabor de boca se ha ido disipando y el disco ya no me parece tan rematadamente prescindible como la primera vez que lo puse: se me va acomodando y hasta gustando. El problema es que un álbum que se supone que es de “música ligera” no puede requerir de ocho escuchas para que una fan convencida empiece a tragar con él. Y el problema no es que hayan cambiado y se hayan puesto a hacer post-rock experimental: mi problema es que, básicamente, salvo momentos puntuales, The Conversation aburre a las ovejas. A ver, que es cierto que las influencias son ricas, se aprecian y se agradecen, más aún cuando se han despegado de los raperillos y los sintetizadores machacones (excelente noticia esta), pero es que un disco no funciona solamente a base de eso: ¿de qué sirve que los 50 asomen la nariz en I Will Always o Be True (no es novedoso, es más, suenan a descartes del disco en solitario de la Spiteri) o que el aire del desierto parezca soplarte un poco en la cara en Dry Your Eyes si todo ello sucede sin producirte la más mínima emoción? De poco sirve tener una colección de canciones que una a una son más o menos aceptables o, al menos, tiernas, cuando si las pones una detrás de otra suenan indistinguibles. No hay garra, no hay brío, no hay fuerza.

El único momento en el que The Conversation me emociona sinceramente es en el cuarto corte, Detroit City, (¿por qué no fue primer single?), que es puro pop con un regustillo tenue de rock trepidante del que Texas siempre han sabido manejar hábilmente la receta, rebosa pegada y fuerza. No me esperaba que todo el disco fuera así, pero es que es un momento puntual que no se repite salvo si acaso en Talk About Love , que es un tema marca de la casa, tanto que me hace preguntar si no será un descarte del Red Book porque tiene un juego de guitarras idéntico al que usaron recurrentemente por aquel entonces. Después de ese tema nos adentramos en una especie de charco fangoso de temas que, de verdad, es que pasan por mi cabeza sin que sea capaz de prestarles la menor atención. A veces oigo cosas que me suenan al disco en solitario de la Spiteri pero la mayor parte del tiempo escucho cosas tan sosas que desearía que no fuera Texas lo que oigo. Y esa es la impresión que me queda: sopor, aburrimiento y algo de tristeza porque francamente no me esperaba algo de más calidad, pero sí que esperaba algo que me hiciera un poco más feliz.

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Leftover Lights: heterodoxos recuerdos de rock noventero

Publicado en 24 mayo 2013 por

Hoy traemos una nueva banda a descubrir, un quinteto con base en Madrid que tiene disco de debut calentito y en plena presentación. Se llaman Leftover Lights y a caballo entre la capital y Hungría se han trabajado este breve pero intenso Turning The Lights On. Si te gustan las guitarras rockeras no dudes en darles su oportunidad.

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Porque aunque los veintitantos minutos que dura el disco arrancan con una bella intro ribeteada de post-rock amable, pronto nos sumergirán en caminos más contundentes. Las notas iniciales de So Long huelen desde el principio a chupa vaquera y tejanos raídos, y cuando aparece la potente voz de Carlos Bricio quedan pocas dudas del gran poso americano que llevan Leftover Lights encima. Traen de inmediato recuerdos a aquellos años noventa del grunge y el rock alternativo americano. La forma de cantar de Bricio ayuda a que el mayor referente que te viene a la cabeza sea Pearl Jam, pero para que la cosa no quede encasillada demasiado pronto, el trabajo que esconde cada canción ofrece matices fundamentales para alejar de la ortodoxia la conclusión. Así por ejemplo, Blindfold combinará la crudeza de una guitarra con el tintineo delicado y ochentero de la otra junto a riffs de un marcado acento indie.

Pero tanto en los medios tiempos como en los momentos de energía desatada -The Run- el protagonismo vocal mantiene su marcheta, brincando entre la maraña que teje todo el cuadro instrumental. Para estas alturas ya tenemos claro que es un eje vertebrador claro del proyecto de Leftover Lights. Y si el exceso de potencia al micrófono puede empezar a hacer que alguien se sature o se pregunte cómo sonaría en un tono más bajo, Alice nos va a dar la oportunidad, aunque por poco tiempo, Bricio únicamente bajará el volumen en fases, demostrando que también puede dominar esos terrenos antes de volver a poner los pulmones a tope en uno de los mejores temas del disco, donde se palpa la emoción contenida y engarzada en el que creo es el trabajo más completo de Turning The Lights On. Sección rítmica en plan apisonadora y cuerdas versátiles dibujarán una de esas canciones que te hacen viajar arriba y abajo, parando y arrancando, manejando la tensión a su gusto.

Blurry Dreams, encarando la recta final, ofrecerá de nuevo una parte vocal que expone sus habilidades de forma similar, pero que viene acompañada de un envoltorio mucho más pop, si bien conserva esencias de áspera emoción en el tratamiento crudo y hasta sucio del sonido, como si de una producción de Ross Robinson se tratase. Para terminar, otra andanada contundente que navega entre tejidos indies y ese rock del otro lado del charco al que nos hemos referido. Over, en otro episodio de atmósfera densa, pondrá el punto final con ansias de épica y piel de gallina a base de repetir in crescendo estribillos y bloques sonoros.

Creo que Turning The Lights On se acaba demasiado pronto y demasiado rápido, lo cual es buen síntoma. Un par de temas más relajados no hubiesen venido nada mal para medir los tiempos, contener las sensaciones y demostrar -porque se atisba- que hay capacidad para manejar otras vertientes. En cualquier caso el debut de Carlos Prieto, Félix Gallego, Gonzalo González, Lucas Sánchez y el mencionado Carlos Bricio, no podía ser más prometedor para quienes ansiamos nuevas caras. El debut de Leftover Lights ya está disponible y podéis aprovechar a cazarlos en vivo en los bolos de presentación que están haciendo por Madrid. Os dejamos con sus próximas fechas:

  • 01/06/13 Sala Montacargas (Concierto Especial Festival Bruclin)
  • 08/06/13 La Boca Del Lobo (Presentación oficial de Turning The Lights On) 6€
  • 23/06/13 Sala Wurlitzer 6€

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Algo huele a genio (polémico) en Dinamarca

Publicado en 23 mayo 2013 por

elias_ronnenfelt_promo2Siendo yo muy crío mi padre entró un día en mi habitación y se quedó patidifuso al ver que había pequeños papelitos pintados y convertidos en banderas nazis. Sin más, y con cara de póker, soltó un “quita ahora mismo eso de ahí”, y se marchó. Lo que él no sabía es que aquello no era más que el atrezzo con el que estaba montándome un cuartel general alemán al que los soldaditos de plástico aliados atacarían y destruirían posteriormente. Imaginería infantil frente al susto adulto. Elias Bender Ronnenfelt es un tipo que siendo adolescente descubrió el punk, el hardcore industrial, el rock marcial y ciertas cosas de neofolk. Esto iba a marcar su posterior carrera como músico, pero a la vez hacerle adoptar una serie de inclinaciones que iban a ser prueba acusatoria contra él. Os presentamos al líder de dos bandas que están revolucionando el panorama danés y que ya han trascendido al mundo anglosajón, concentrando mucha atención, aunque no siempre por motivos estrictamente musicales. Ambas tienen discos fresquitos de reciente aparición, son Iceage y Var.

Además de otros proyectos, Iceage ha sido el grupo con el que Ronnenfelt se ha dado a conocer. Su disco debut, New Brigade (2011), supuso un hito en lo que a las revisitaciones del punk se refiere. No es un mero revival ni es otra banda más flirteando con el postpunk. Es punk esencial y básico como hacía tiempo no encontrábamos. Agresivo, desesperado, violento, duro, y además de calidad, mucha calidad. Junto a Johan Wieth (que luce un tatuaje de Death In June), Dan Nielsen y Jakob Pless conformó un cuarteto sorprendente que mereció ser fichado por la aguda Matador para un segundo trabajo, You’re Nothing, lanzado el pasado febrero, donde las vías expresivas de estos daneses ampliaban su rango estilístico conjugando elementos noise, hardcore y marciales, con un trabajo más emocional e intimista, pero igualmente vigoroso, poderoso, enérgico y rabioso que avanzaba hacia rincones oscuros, opacos y opresivos. Ver a Ronnenfelt con ese flequillo a lo Ian Curtis profundizando en temáticas que anuncian a alguien encerrado en algún tipo de trauma del que lucha por salir, trae a la cabeza muchas cosas. La crítica ha aclamado ambos trabajos, sacándolos del entorno underground para hacer que Iceage aparezcan en todo tipo de publicaciones. Hasta The Guardian les dedica un extenso reportaje, pero no por su música.

Y es que alguien comenzó a fijarse en el mencionado tatuaje -Death In June causaron fuerte polémica en los ochenta por el uso de imaginería nazi-, en lo ambiguo de títulos o letras como White Rune, en algún videoclip, en ciertos personajes sospechosos que aparecían en sus conciertos, en el look que algunos de los chicos de Iceage mostraban en fotos promocionales, y en el gusto por bandas polémicas de black-metal como Absurd o los extremadamente problemáticos Burzum. Y ataron cabos. Iceage son neonazis, supremacistas blancos y xenófobos. Pero como bien argumenta en su reportaje The Guardian -no es un medio especialmente proclive a dar cobijo a ultradetechistas-, no son pruebas irrefutables y existen elementos que las contradicen. Leedla si queréis, no vamos a entrar en ello, pero si es peligroso empezar a flirtear con ese tipo de cosas, aunque puedan deberse a pecados de juventud e inmadurez, igualmente pantanoso es meterse en estos potajes, especialmente cuando tratamos con artistas, que ya sabemos que en numerosas ocasiones son gente algo especial. Como de pelar son también algunos periodistas que parecen cogérsela con papel de fumar y que a lo largo de los años han organizado unas polémicas extraordinarias, muchas veces sin la más mínima base o haciendo gala de una carencia absoluta de entendederas necesarias cuando uno encara propuestas artísticas.

Iceage al completo

Iceage al completo

Sid Vicious y Siouxsie Sioux aparecieron con esvásticas en sus camisetas en el apogeo de la irreverencia punk, a Joy Division les rebuscaron hasta en los pliegues en busca de las razones de tanta aparente germanofilia, a The Cure les metieron en una absurda causa judicial, años después, por una canción -Killing An Arab-, que recogía un pasaje de una obra de un enemigo profesional del Islam como Albert Camus, sobre Morrissey corrieron ríos de tinta alimentando una burda polémica racista, y Rammstein tuvieron serios problemas por atreverse a enfrentar la historia alemana en su estilo, dejando con el culo al aire a demasiado hipócrita que en una supuesta actitud de condena al pasado lo que realmente hace es mirar hacia otro lado, sentando las bases del olvido, algo a mi entender mucho más censurable. Son unos pocos ejemplos de grandes cagadas. Otras no, son claras y contundentes, pero parafraseando a Tony Wilson, la diferencia entre significante y significado, su expresión a través del arte, el modo en que lo miramos, no está al alcance de todo el mundo. Ciertamente, Ronnenfelt y los suyos no han hecho demasiado por negar la mayor. Se muestran ostensiblemente incómodos y disconformes con los sambenitos que les cuelgan, pero mostrando una actitud cerrada y poco comunicativa con la prensa que no les ayuda demasiado.Desde luego, haciendo la música que hacen no deberíamos esperar estar ante unos chicos modelo, pero la sombra de un exceso de pose provocativa, bien aderezada por su insultante juventud, comienza a extender sus alas.

var_kissLa nueva aventura de Ronnenfelt da que pensar en favor de este argumento. Var (bien escrito con la “a” con circulito encima y pronunciado ver), cuyo significado en danés es primavera, es su nuevo proyecto (antes se llamaron War), que en apenas un vistazo es suficiente para que encontremos cosas muy chocantes con un nazismo puro -que no excluyentes-, a la par que intencionalmente provocativas. La más evidente es la exhibición homosexual que hacen. Kristian Emdal, Lukas Hojland y Loke Rahbek son los compañeros de viaje, alguno con una amistad más que intensa que les permite fotografiarse besándose sin prejuicios. El disco de debut, No One Dances Quite Like My Brothers, listo desde hace unos días, más algunos temas adelantados desde 2012, son un giro radical. Es coldwave electrónica tan gélida que a alguno le ha hecho decir que desde el Faith de The Cure no veía cosa semejante en cuestiones de expresar melancolía. En cualquier caso los aires marciales e industriales no desaparecen, permanecen a lo largo y ancho de este angustioso disco, no exento de belleza, que en estilo rinde homenaje a los grandes clásicos de la coldwave francesa y belga -algunos de los cuales tampoco se libraron de flirteos fascistoides-, y que muestra a los miembros de Var recuperar botas militares y cueros negros que, a falta de las crestas y los maquillajes, recuerdan un tanto a la moda berlinesa que resucitó el techno-pop de los 80. En otro alarde de reto artístico, la portada es un espejo, para que cada uno se vea a sí mismo antes de escuchar el disco. No es que los caminos que recorre Var se adentren en mi vertiente favorita de la coldwave, pero que su calidad musical está ahí, es innegable.

De modo que con poco más de 20 años tenemos un personaje al que seguir. Elias Bender Ronnenfelt ha sido capaz de generar todas estas cosas en poco tiempo. Si finalmente se descubre que lo que realmente se escondía era un presuntuoso e ignorante jovenzuelo, un genio provocador, un indignante y despreciable ser humano, o una mezcla de parte o todas estas cosas, será algo que iremos descubriendo. No nos tiremos al vacío sin red. Por el momento nos quedamos con su música, que por ahora promete cotas muy altas.

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