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El castillo de Nina

Publicado en 21 abril 2013 por

Imaginemos que estamos paseando por un bosque, una calle abarrotada o, en realidad, cualquier sitio; incluso un caminito de piedras podría servir. A medida que recorremos metros dejamos atrás a un montón de gente que, fiel al egocentrismo que rige nuestros días, se cree más importante de lo que es. Algunos, en realidad, llegarán a serlo mientras que otros no harán historia en nada. No obstante, eso no tiene nada de malo: si todo el mundo hiciera historia, de la manera que fuese, habría un importante exceso de información, así que es mejor dejar la cuestión como está. Nosotros no queremos perdernos, aunque el camino no sea más que una linea recta. Al final de aquél, divisamos un enorme castillo (si alguien ha escogido la calle abarrotada lo puede cambiar por un rascacielos gigante). Que cada cual escoja lo que quiera: yo voy a entrar en el castillo y lo haré solo.

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El castillo tiene varias divisiones: en la parte baja están los pequeños sótanos donde se aglomera la gente con talento que aspira a ocupar puestos más altos sin sacrificar su dignidad. No tienen muchas posibilidades, de hecho, pero si su intención perdura, su valor podría aumentar de forma proporcional. Si el castillo fuera el Titanic, esta gente formaría parte de la tercera clase que no puede subir a cubierta porque los oficiales han cerrado las rejas. Y, aunque no faltan rejas en este castillo, yo ya conozco de sobra éstos y otros sótanos, así que prefiero explorar.

Nina Simone in Pink Dress and Gold TurbanSubo y llego al hall, donde viven unas personas a las que el adjetivo “descuidadas” les vendría de perlas. Descuidan su higiene y también el bienestar de la gente que vive en la parte baja. Su zona es brillante y pretenciosa, llena de objetos metálicos que no se sabe muy bien para qué sirven. Estas personas serían las que cierran las rejas y amenazan a los más desesperados. Son ambas cosas, tanto prescindibles como reemplazables, y no se merecen ni la décima parte de la atención que reciben. Cuando abandonan el castillo no se vuelve a saber de ellos, de lo cual me alegro. Pero tampoco me voy a parar aquí…

Sigo subiendo, cada vez más rápido, puesto que ya tengo un destino en mente. Cada vez que llego a un piso nuevo observo que las habitaciones son más grandes y están más decoradas. Las personas que viven en ellas tienen que ser muy importantes para poder permitírselo. Algunos espacios están mejor decorados que otros; unos rozan el mal gusto y dañan la vista mientras que otros podrían formar parte de un museo clasista. Alguien, no sé muy bien quién, me dice que sus habitantes suelen estar poco tiempo pero que los que vienen detrás no cambian ni un solo cuadro. Por alguna razón, eso no me extraña. Algunos se merecen vivir ahí y otros no, pero sigue habiendo una barrera que los separa de la parte más alta, que es hacia donde me dirijo.

Llego, por fin, a la zona de las suites. Hay pocas y cada una tiene su personalidad: unas cuantas están ocupadas por gente que luce pelucas blancas rimbombantes y apellidos de difícil pronunciación mientras que en otras viven personas sin una clara asociación: puede que compartan habitación por sus pintas… otras, directamente, están vacías, probablemente esperando a que alguien las ocupe. Ésa es la intención de los que vagan por la zona intermedia pero, por desgracia para ellos, a las suites se suele acceder de forma directa y, la mayoría de las veces, sólo después de muerto. Por fin llego a mi destino. Es una suite apartada en cuyo interior se oye ruido. Abro la puerta con suavidad; no quiero molestar…

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El espacio es grande y la decoración no está muy cargada; los pocos objetos que hay son de mucha calidad. En el centro de la habitación hay un piano y, mientras lo acaricia con delicadeza, una mujer que lleva diez años viviendo aquí me mira y me hace una mueca, como queriendo decir “siéntate y no molestes, que estoy practicando mi arte”. Efectivamente, está cantando y su voz no se parece a nada que se haya podido oír antes o después. No necesita presentación: es Nina Simone. Tampoco nos interesa su vida; muchos han hablado y hablarán de ella y, de todas formas, el mayor esfuerzo habrá sido cortar y pegar o reescribir textos de otros sitios.

Nina no sólo canta; sino que también declama con armonía. Uno de mis mejores amigos dijo de ella una vez: “es que Nina Simone hace arpegios hasta cuando estornuda” y puede que esté en lo cierto, ya que incluso su nombre (por muy artístico que sea) tiene ritmo. Ahora parece que está aporreando el piano: seguro que las notas se pueden oír desde el caminito de piedras. Presto más atención y me doy cuenta de que no está aporreando nada: los dedos siguen rozando las teclas con la misma delicadeza que al principio pero el volumen es ensordecedor aunque no desagradable. Es casi milagroso.

Nina+Simone+ninasimone218Cuando termina la canción Nina mira hacia aquí y espera un minuto, callada. El ambiente es tenso y, cuando pasa ese minuto, me doy cuenta de que, en realidad, la canción aún no había terminado. Sólo entonces se permite una sonrisa tímida a la cual correspondo. La reciprocidad provoca una carcajada. Nina se carcajea. Se ríe tanto que al final acaba tosiendo como si fuera una mala de película y ya sólo puedo pensar: “mi amigo tenía razón: ¡estornuda en arpegios!”

Rápidamente cambia su semblante y se torna sombrío: otra canción comienza. La escucho y es entonces cuando me doy cuenta de que Nina es eso: clara y oscura; austera y vanidosa; una mezcla de voz y piano que basta para crear una sinfonía. Y ante eso sólo se puede hacer una cosa: sentir y disfrutar de la certeza de que Nina siempre estará entre los más grandes, exactamente donde le corresponde.


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Andy Warhol: ¿genio o manipulador?

Publicado en 22 febrero 2013 por

El 22 de febrero de 1987 Andy Warhol falleció en un hospital neoyorkino debido a complicaciones post-operatorias (se acababa de someter a una intervención de vesícula). La sorprendente muerte conmocionó a una gran parte del famoseo internacional pero quizás él era el único que lo veía venir ya que, debido a su aversión a los médicos y a los hospitales, había intentado retrasar las pruebas pre-operatorias en la medida de lo posible. Si ya por aquel entonces era un artista reconocido, su muerte lo catapultó al pedestal de la mitología.

1983 Miguel Bose -Made in Spain-

No hace falta detenerse mucho en su biografía: muchos detalles son popularmente conocidos y, si alguien quisiera profundizar un poco más, sólo tendría que darse un garbeo por su wikipedia. Las latas de sopa Campbell o los retratos de Marilyn, Elizabeth Taylor y muchos más han traspasado fronteras y se han convertido en elementos icónicos de la cultura contemporánea. Sobre su legado hablaremos más tarde.

artworkimages4240453843Una de las especialidades de Warhol era meter las narices en todos los asuntos de su entorno. Gracias a su influencia adquirieron fama grupos musicales como The Velvet Underground, artistas de culto como Joe Dallesandro o personalidades que no se sabía muy bien para qué servían como Edie Sedgwick. Este último punto es muy interesante: dejando al margen su producción artística, Warhol convirtió su Factory en algo más que en una fábrica de arte: también fue una fábrica de personalidades. Con su séquito a cuestas, se presentaba en los antros de más glamour del Nueva York de los sesenta y se sentaban en una mesa a ser contemplados. ¿Nos suena de algo? ¡Andy era todo un visionario!

Y de visiones va el asunto: una de sus citas más celebres es aquélla que dice “en el futuro todo el mundo será famoso al menos durante quince minutos”. Una opinión un poco ambiciosa, ciertamente. No le falta parte de razón, sin embargo. Su cultura pop ha hecho que las formas contemporáneas de arte mainstream estén bañadas por su espíritu. ¿Es su película “Sleep”, en la que el poeta John Giorno duerme durante seis horas, una obra de arte revolucionaria o una gran tomadura de pelo? Las opiniones están divididas. Hay muchos ejemplos actuales: un pared con un agujero de repente se convierte en una carísima pieza de arte; a Madonna le parece una gran idea rodar una película que ni siquiera ella sabe de qué va o la propia Lady Gaga, demostrando un gran esfuerzo imaginativo así como un gran sentido de la originalidad acorde a sus vestidos que antes llevaron personas como Paco Clavel, decide titular “ArtPop” a su nuevo disco. Y sí, es verdad, hoy en día casi todo el mundo es famoso durante quince minutos. Sólo hace falta ver los programas del corazón.

00t/12/huty/14427/16La sombra de Warhol se ha extendido y ha abarcado mucho, pero eso no implica que haya sido un gran cambio, al menos a nivel global. Detrás de sí han quedado muchos cadáveres, incluídos los de Nico, Edie Sedgwick y el suyo propio. Una de sus grandes invenciones fue el concepto de “la flagrante mentira”, que consistía en contar una trola casi increíble en lugar de una excusa a lo “el perro se comió mis deberes” ya que su principio básico era que todo el mundo detectaría la falsedad de la excusa pero casi nadie pondría en duda la veracidad del primer ejemplo. ¿Es entonces Andy una flagrante mentira? ¿Lo es su legado artístico y todo lo que ha impregnado?

Muchos famosetes reconocidos que habían compartido tiempo con Andy renegaron de su persona en algún momento de sus vidas. Patti Smith, por mucho que años después le rindiera homenajes, relató lo siguiente en los años setenta:

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Cada vez que quiero decir algo sobre Warhol… me sale que no me fío de él. Me he encontrado -socialmente, claro- con él muchas veces y siempre es muy amable. Pero no sé qué pensar de él. Deja que diga una cosa buena de Andy Warhol: le regaló a Stevie Wonder una cámara de fotos, lo que es genial y demuestra lo buen estafador que es. Tiene la capacidad de llegar al corazón de las cosas. Algo así representa la forma de pensar y sentir de Andy  (Patti Smith, biografía no autorizada de Victor Bockris)

Otros lo retratan como la persona más aburrida del mundo. Sus diarios son una buena muestra de ello: durante casi novecientas páginas Andy relata los detalles más sórdidos de las personas que componían su entorno con una pluma viperina pero apenas proporciona información propia, algo extraño en un diario. Puede que simplemente no tuviera nada que decir

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Alicia

Publicado en 02 noviembre 2012 por

La frecuencia con que el nombre Alice aparece en títulos de canciones cantadas en inglés no es ninguna casualidad. No voy a descubrir América si señalo la extraordinaria importancia que en la cultura anglosajona tiene el mito de Alicia, el personaje creado por Lewis Carroll durante la segunda mitad del siglo XIX. Sus dos entregas, Alice Adventure’s In Wonderland (1865) y Through The Looking-Glass And What Alice Found There (1872), han dejado una profundísima huella en todo el que ha sido niño bajo el influjo de los países de habla inglesa (no de forma exclusiva, claro), y dado que todo este tipo de cosas que se instalan en los conscientes y subconscientes de los artistas, suelen acabar saliendo, hoy vamos a repasar unas cuantas canciones que de un modo u otro se acuerdan de esa chiquilla llamada Alicia, para bien o para mal.

1. Living Next Door To Alice (Smokie, 1976)

Arrancamos esta peculiar andadura con Smokie, la banda inglesa de soft-glam que a finales de 1976 reinterpretó este tema de los australianos New World. Como a veces pasa, la revisión fue uno de los mayores éxitos del revisionista en cuestión. Oportuno como él solo aconteció durante los años álgidos del grupo, y se encaramó al puesto 5 de los charts británicos. Sin embargo, no tiene nada que ver con la Alicia de Carroll, trata de una vecinita por la que se profesa amor y que un buen día se va sin que aquel que la observa haya sido capaz de decirle ni pío. En cualquier caso, es una de esas canciones “de toda la vida” que han paseado el nombre por medio mundo, con mucho almíbar, eso sí.

2. Alice (The Sisters of Mercy, 1982)

Seis años avanzamos para deternernos obligatoriamente en este temazo de la banda de Andrew Eldritch. Regrabado, remezclado y relanzado varias veces, la grabación original y su primera aparición como single es del año 82. El grupo icónico de los primeros años del rock gótico se despachó con este tema de abrasadora lírica y contundente sonido cuyo riff the guitarra y linea de bajo son ya unos indelebles clásicos del siniestrismo mundial. Alicia necesitada de píldoras y tranquilizantes

3. Alice’s House (The Psychedelic Furs, 1984)

 1984 alumbró a unos Psychedelic Furs que se sobreponían con nuevo disco de la marcha de uno de sus miembros originales. La banda de los hermanos Butler tuvo con Mirror Moves su disco más comercial conocido hasta el momento, el cual contenía varias joyas, alguna bastante exitosa. El corte 7 era Alice’s House, donde a su manera, y con una narración llena de metáforas, misterios y dolores velados, el rastro de la historia de Carroll se adivina. Ojo al clip, que es una joya sacada de La Edad de Oro…¿alguien se acuerda?

4. Don’t Come Around Here No More (Tom Petty & The Heartbreakers, 1985)

De una experiencia con Stevie Nicks en una fiesta tras una ruptura sentimental, de la que no podemos asegurar que el consumo de sustancias no hiciera su trabajo, la mitad de Eurythmics, Dave Stewart, sacó tema para hacer esta canción. De la conversación con la ex-Fleetwood Mac surgió el tema. Del panorama que encontró Stewart al despertar, el escenario. Y tal cual se convirtió en canción y video-clip para su amigo Tom Petty y su banda de rompecorazones. De mayor evidencia visual que esto, poco encontraremos. Fue un gran éxito en los Estados Unidos.

5. Hall Of Mirrors (Siouxsie & The Banshees, 1987)

Dicen las malas lenguas que cuando Siouxsie & The Banshees tuvieron que recurrir a un disco de versiones es que la cosa iba encarando el declive. No voy a quitarle razón a esto, pero es indudable que Through The Looking-Glass aún da para que esta gran banda británica de muestras de su categoría e importancia. Lo que les trae aquí hoy es Alicia, y como el título del disco deja claro, alguna referencia tenía que haber. Una de las joyas que en forma de versión esconde este trabajo es la magnífica adaptación de este tema original de Kraftwerk del 77. Una chica, los espejos, lo que eres, lo que quieres ser…, todo claro, vamos.

6. Here Comes Alice (The Jesus & Mary Chain, 1989)

Así se abría Automatic, el tercer álbum de los de Glasgow. Y qué queréis que os diga. Siguiendo la tradicional onda de letras crípticas de los hermanos Reid no está muy claro que la canción hable de drogas, de prácticas sexuales, de consumismo o vaya usted a saber. De modo que como tampoco podemos descartar que tenga de algún modo algo que ver con la obra de Carroll, y que aunque así no fuera, el nombre de Alice aparece, aquí la traemos, porque además es un tema estupendo, qué demonios.

7. Alicia (Expulsada Al País De Las Maravillas) (Bunbury, 1997)

Saltamos unos años para detenernos en esta preciosa canción del amigo Enrique Bunbury de sus primeros años en solitario. Y es que no podía faltar la representación patria en un asunto que, por muy anglosajón que sea, ha traspasado todas las fronteras. Fantástico tema.

8. Sunshine (Aerosmith, 2001)

El primer trabajo de la banda de Steve Tyler en el nuevo siglo, Just Push Play, contenía esta canción, cuya portada de la versión single y el significado en argot del título podían sugerir cosas diferentes. Sin embargo para algunos la letra y el clip son contundentes al extremo de hacerles descartar la equivalencia entre sunshine y el LSD, y francamente, yo esto de mencionar pasajes de la obra que así, fuera de contexto, resultan delirantes, me sirven para no tener tan claro que el viaje que se pegan los Aerosmith siguiendo a Alicia venga motivado por inocentes influjos.

9. Goodbye, Alice In Wonderland (Jewel, 2006)

Por muy personal que fuese el disco homónimo al tema en cuestión, Jewel tuvo con él un batacazo comercial pese a su buen arranque en ventas. Ni su retorno a las raíces folk, ni el anuncio de contar en él la historia de su vida fueron reclamo suficiente. En cualquier caso este bonito tema, el segundo del disco, sirve para que la rubia de Utah exprese su sentir ante las decepciones y los fracasos…sin que ello impida a alguien seguir soñando, claro.

10. Alice (Avril Lavigne, 2010)

La canadiense fue la elegida para el tema central del segundo disco de la banda sonora de la película de Tim Burton, ese en el que aparecían las canciones de los créditos, dado que la banda sonora como tal lleva la firma de, como es habitual en Burton, Danny Elfman. Yo hubiese preferido traer los temas de Franz FerdinandRobert Smith, pero la centralidad del tema obliga, de modo que cerramos este post especial con el último gran tema que se ha dedicado al mito de Alicia.

Tom Waits, los Beatles, Stevie Nicks, Pete Doherty…, son innumerables los artistas que se han dejado caer por el tema. Si echas alguno en falta, ya sabes, añádelo en comentarios y seremos muy felices.

Aquí la lista en Spotify: Alicia y para los que preferís YouTube

 

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Quince canciones en torno a la luna

Publicado en 05 octubre 2012 por y

Me voy a ahorrar la introducción típica de decir lo evocadora, misteriosa, ñoña, amorosa, terrible, arrebatadora, poética y un largo etcétera de cosas que se usan para describir la influencia de la luna en todo tipo de arte a lo largo de los tiempos. Nada más señalar que acabamos de pasar una luna llena y que en este mes de octubre el hemisferio norte tendrá una segunda, presagio de buena suerte y que los anglosajones conocen como blue moon. Así que al grano, esta es la selección que he preparado para homenajear al satélite. Tenía que ser yo quien lo hiciera, el lobo feroz, más alguna ayudita de The Lost Dreamer.

1. Blue Moon (The Marcels, 1961)

Escrita en 1934 por Richard Rogers y Lorenz Hart pasa por ser una de las más famosas y versionadas de la historia por gente de mucho nombre.  Una de mis favoritas es la que hizo esta banda de estilo doo-wop en los gloriosos años sesenta. Chispeante y alegre como ninguna. Su aparición en An American Werewolf in London (John Landis, 1981) la rescató para nuevas generaciones. Volveremos a esta película.

2. Moonriver (Audrey Hepburn, 1961)

No podía faltar. Johnny MercerHenry Mancini la compusieron para Breakfast At Tiffany’s (Blake Edwards, 1961). El éxito le proporcionó el Oscar y más premios, además de mil y una versiones y adaptaciones, de Paul AnkaSinatra y de R.E.M.PJ Harvey pasando por una larga lista. Sin embargo, lo que queda imborrable en el recuerdo es el minuto y pico de Audrey Hepburn en la ventana.

3. Blue Moon (Bobby Vinton, 1963)

Repetimos tema. Disculpen pero era necesario. La interpretación de Bobby Vinton ha pasado a la historia, y se ha visto decorando montones de películas, en especial el arranque de la de John Landis. El perfil de baladita sesentera de este caso desarrolla magníficamente la historia que cuenta y se ajusta de maravilla al significado de la expresión en inglés que hemos dicho antes.

4. Fly Me To The Moon (Frank Sinatra, 1964)

Y en esto llegó el gran Sinatra para adaptar un tema compuesto en 1954. Originalmente se tituló In Other Words, pero el poder evidente de su primera estrofa forzó a un cambio empujado por la sabiduría popular. La primera vez que el tío Frank grabó este tema lo hizo acompañado del grandioso Count Basie, pero aquí se acompaña de una orquesta para homenajear a aquellos señores que hollaban la luna. Era 1969.

5. Bad Moon Rising (Creedence Clearwater Revival, 1969)

Primera vez que nos topamos con alguien que se fijó en el influjo oscuro del satélite. La Creedence se marcó esta excelente canción apocalíptica pero en tono de cachondeo sonoro, que yo considero el gran antecedente del It’s The End Of The World… de R.E.M., y que por supuesto aparece en An American Werewolf… para acentuar la clave de humor negro que recorre aquella estupenda película que, como ya habréis comprobado, tiene una banda sonora suprema. ADVERTENCIA: Si no la habéis visto (ya os valdría), no veáis el primer clip, la destripa, id directos al segundo que es una actuación de la banda en el famoso programa de Johnny Cash.

6. Moondance (Van Morrison, 1970)

Otra joya integrada en esa banda sonora que ya os estaréis adjudicando. El señor Van Morrison cuajó uno de sus mayores logros con este tema, que ha interpretado más de mil veces y cuyo especial tono entre el jazz y el swing resulta tan evocador que no es de extrañar que se haya utilizado para acompañar muchas imágenes, ya sean películas o no, y en especial de la noche neoyorquina.

http://www.youtube.com/watch?v=6lFxGBB4UGU

 7. Eclipse (Pink Floyd, 1973)

Pink Floyd cerraron su mayúsculo The Dark Side Of The Moon con este breve tema, donde el mensaje de Roger Waters es, cuando menos, intrigante. Por favor, buscad la letra. Su minuto y pico de duración apareció en los Juegos de Londres para rescatarla de la memoria.

8. Moonlight Shadow (Mike Oldfield, 1983)

Quizá sea el tema más popular de Mike Oldfield, donde se apoyó en la voz de la escocesa Maggie Reilly. No es el que tono blandito que utiliza,  casi para niños, haga honor a lo agrio de su historia -se dice que puede estar dedicada a la muerte de John Lennon- pero desde luego devolvió a Oldfield a un pedestal que no tenía desde Tubular Bells (1973).

9. Lobo Hombre En París (La Unión, 1984)

Esta es muy especial para mí. Por muchos recuerdos de infancia y muchas cosas que no voy a explicar. Son los comienzos de La Unión, de cuando hacían esto, y Sildavia y otras cosas que hacían prometer mucho más de lo que luego fueron. En cualquier caso un gran tema inolvidable.

10. The Killing Moon (Echo & The Bunnymen, 1984)

Ian McCulloch se acostumbró a presentar en directo esta canción como la más bella del mundo. Francamente, puede que tenga algo de razón. Es una de las grandes joyas de la música pop de los últimos veinticinco años. No hay mucho más que decir. Los Bunnymen estaban en muy buena forma por aquel entonces.

11. The Whole Of The Moon (The Waterboys, 1985)

Otro temazo bárbaro, agrio, intenso, épico y un ejemplo fundamental del tipo de pop con mayúsculas que se hacía en estos años. Con ustedes, la banda de Mike Scott en uno de sus momentos álgidos.

12. Brother Wolf, Sister Moon (The Cult, 1985)

Para completar esta parada en los mágicos medios de los ochenta empezamos a endurecernos un poco con The Cult. Esta preciosa balada en la que se aprecia el avance hacia el heavy de la banda, sirve para que Ian Astbury, al igual que su mito Jim Morrison, de rienda suelta a sus obsesiones por el mundo de los indios americanos -la referencia es más que evidente- y el poder curativo para el alma que en el hombre produce el contacto con la naturaleza salvaje. Esto me lo he inventado yo, porque así es como me gusta entender esta cancionaza.

13. Moonchild (Fields Of The Nephilim, 1988)

Y ya que nos ponemos duros lo hacemos de verdad con la banda de Carl McCoy. En medio del amanecer del rock gótico, los que fueron precursores de muchos otros estilos derivados, soltaron este tema emblemático en su mundillo. Turbio, oscuro, rabioso e inconfundible, con el gran Tony Pettitt creando escuela con su bajo.

http://www.youtube.com/watch?v=yFT4P5REvLg

14. Lovesong (The Cure, 1989)

No, no es un error. Es sencillo. Cuando Robert Smith le ha dicho un buen montón de veces a su Mary lo mucho que la quiere, en medio de un puente instrumental, se suelta con cinco palabras mágicas: fly me to the moon, resumiendo toda la canción en un instante, porque lo canta con tanto dolor -amar duele, sí, y hasta da miedo- que parece que un viaje a la luna en brazos de su amada es lo único que puede aliviarle. Los pelos como escarpias.

15. Goodnight Moon (Shivaree, 1999)

La conoceréis por su inclusión en unos de los capítulos de Kill Bill, y es que a Tarantino le ponen mucho estos sonidos. Una bellísima canción retro que sin embargo no quiere luna, le da miedo a su protagonista, que en realidad le canta al sol, y es que a veces, la luna también nos vuelve un poco locos.

Y con esto y un bizcocho terminamos este bonito post con la heroicidad de no haber mencionado para nada a Mecano… bueno, ya no. Si queréis escuchar todas las canciones de esta lista del tirón, os damos dos posibilidades: la lista de reproducción de Youtube con los vídeos del post; o la lista de reproducción de Spotify.

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Ian Curtis en el cine

Publicado en 18 mayo 2012 por

Existance, well what does it matter? I exist on the best terms I can. The past is now part of my future. The present is well out of hand.

Heart and Soul

¿Dónde está la línea que separa el natural instinto de supervivencia del ser humano de la autodestrucción? ¿En qué momento y bajo qué circunstancias se activa la tecla que sitúa la existencia propia bajo la consideración de inútil y dolorosa? ¿Es la observación de la vida de uno mismo como un sufrimiento intolerable y sin solución el paso final? Ian Curtis cruzó todas estas líneas y alcanzó estas conclusiones un 18 de mayo de 1980, con 23 años y llamando a las puertas de la fama. 32 años después está casi todo dicho sobre su figura, su banda -Joy Division-, y el camino que se recorrió sin él bajo el nombre de New Order. Para rememorar al chaval que con sus canciones y su muerte influyó a buena parte de la música alternativa de las últimas tres décadas, nos vamos a fijar en las dos películas que han retratado su figura.

En el año 2002 veía la luz 24 Hour Party People, película dirigida por Michael Wintterbottom y escrita por Frank Cottrell Boyce. Loada por la crítica, no es exactamente una película sobre Curtis o Joy Division, de hecho la presencia de ambos queda liquidada en aproximadamente 40 minutos. El film cuenta la historia del colectivo Factory a cuyo alrededor se desarrolló buena parte de la movida de Manchester, desde aquellos deprimentes y británicos finales de los setenta hasta 1992, fecha en que las autoridades cierran el mítico club The Haçienda. El hilo conductor es Tony Wilson, el showman local impulsor fundamental de buena parte de todo esto. Cae por su propio peso que 24 Hour Party People merece una entrada aparte porque habla de muchas cosas que incidieron en la historia de la música durante los ochenta, pero Joy Divison estaban en los orígenes y fueron pieza fundamental para que Factory sobrepasase las fronteras del noroeste de Inglaterra.

Sean Harris como Ian Curtis

Wintterbottom utiliza su conocida técnica del falso documental para contar una historia real con humor y a la vez con respeto, introduciéndose a veces en la parodia y la exageración, y reconociéndolo honestamente. Por tanto no es un film que haya que tomar al pie de la letra. La imagen de Ian Curtis, sin embargo, sí que está modelada en un halo de tristeza dentro de tanto cachondeo, y los hechos concretos en los que se detiene la historia conservan un nivel de fidelidad algo mayor, aunque siempre dentro de las “exigencias del guión”. Al margen de algunos detalles, se puede comprobar como ciertas situaciones coinciden aquí y en la próxima película de la que hablaremos. Sean Harris fue el actor encargado de dar vida a Ian Curtis. Fisonómicamente no me parece una elección demasiado acertada. Harris aparenta una edad mayor y unos rasgos ciertamente agresivos en comparación al angelical rostro del personaje real. En cualquier caso, pasa la prueba con nota, no solamente porque es capaz de emular bastante bien sobre el escenario las complejas actuaciones de Curtis, también consigue que sus silencios con mirada perdida sean tan intensos que permitan adivinar el tormento interior de un personaje para cuya historia individual no hay mucho tiempo.

This is a crisis I knew had to come, destroying the balance I’d kept. Doubting, unsettling and turning around, wondering what will come next.

Passover

Cinco años después se estrenaba Control, una película, esta vez sí, totalmente centrada en Ian Curtis. Tomando como base Touching from a distance, el libro en el que Deborah Woodruff rememoró en 1995 su vida como novia y esposa del malogrado cantante, Matt Greenhalgh elaboró el guión. La dirección correría a cargo, nada más y nada menos, que del holandés Anton Corbijn, el prestigioso artista que ha dado testimonio con sus fotografías, video-clips y películas de una parte importante de la música de las últimas tres décadas. En un guiño del destino, el lazo de Corbijn con Joy Divison hacía más personal el proyecto; cuando aquel intentaba abrirse camino fueron estos una de las primeras bandas a las que fotografió, incluso varias de aquellas instantáneas aparecen aquí y allá durante la película.

El actor escogido para el reto fue Sam Riley, un joven que nacía el mismo año de la muerte de Curtis, con un parecido físico, o mejor dicho facial, bastante más aceptable que el de Harris, y que encima sabía cantar. Faltaba por ver si sería capaz de dar la talla, cosa de la que no quedaría duda, tanto en las dramatizaciones normales del personaje, como encima del escenario. Y es que todo el peso recae sobre él. El esfuerzo del film es titánico para intentar situar de forma entendible las circunstancias personales de alguien que decide suicidarse, por eso la cámara sigue al personaje de forma constante y apenas hay ocasiones en que no esté en pantalla. A través de Sam Riley conoceremos mejor a la persona, aquella que ya traía un bagaje condicionante antes de ser epiléptico y considerar su vida sentimental un fracaso. En efecto, Curtis ya era alguien de mente compleja, obsesionado por el existencialismo, el significado de la vida y su efímero devenir, las aristas cortantes de la felicidad y su reverso trágico. Literatura y música fueron desde muy joven sus aficiones e influencias decisivas para el modo en que queria encauzar su vida, una vida que en noroeste de la Inglaterra de los setenta no dejaba muchas vías de escape más allá de la borrachera de fin de semana para volver al modesto empleo el lunes. De este modo, escribiendo poemas -luego letras de canciones-, y poniéndolas voz en Joy Division, aquel muchacho comenzó su ansiado camino para escapar de la anodina rutina y ser alguien reconocido haciendo lo que le gustaba. Pero diversos golpes de la vida fueron ahondando en su depresivo carácter a la vez que se acercaba más y más al logro de sus sueños.

Primero sobrevino la epilepsia, enfermedad que, tanto en efectos directos como en exigencias médicas, pretendía condicionar su vida acorralándola en unos límites que Ian no aceptaba. En segundo lugar el fracaso sentimental. Su relación extramarital con la belga Annik Honoré acabó provocando la demanda de divorcio de Debbie -interpretada por la estupenda Samantha Morton-, con quien estaba casado desde los 19 años y con la que ya tenía una hija, Natalie -la cual hace un cameo en la película-. Sintiéndose incapaz de manejar una situación en la que, pese a tener la felicidad con la “moderna” Annik al alcance de la mano, le situaba ante una ruptura total con la “fiel y devota” Debbie, lejos de huir hacia adelante, le provocó una encrucijada sentimental en la que se veía así mismo como el fracaso total. En algún momento, Ian Curtis decidió que no podía más ni soportando la infelicidad, ni viviendo con el fantasma del empeoramiento de su salud de forma inminente. Quedaban horas para que Joy Division comenzasen su primera gira por Estados Unidos, un mes para la edición del segundo l.p., Closer, y poco más para el reconocimiento musical generalizado. Si Unknown Pleasures ya dejaba muy clara la personalidad del escritor de las letras de las canciones, Closer sería, abiertamente, una nota de suicidio.

So this is permanence. Love’s shattered pride. What once was innocence, turned on its side. Grey cloud hangs over me, marks every move. Deep in the memory of what once was love.

Twenty-four Hours

Habría muchísimo más que comentar sobre Control. Sus premios, las situaciones que relata, los personajes que aparecen a lo largo del metraje, los momentos clave en el emerger de Joy Division, y por supuesto, ciertos puntos a comparar con 24 Hour Party People. Tan solo añadiremos que, como cabría esperar en Corbijn, está realizada en blanco y negro -es un maestro acreditado en su manejo-, decisión que sin duda le da a la película una atmósfera absolutamente acorde y adecuada con lo que cuenta, y que pone al espectador exactamente donde se le quiere situar para digerir una historia como esta. New Order compuso las piezas incidentales de la banda sonora -que al igual que en la película de Wintterbottom, es muy recomendable-, y Peter Hook fue especialmente gráfico en describirse satisfecho con la película. Debo recomendarla fervientemente aunque, eso sí, eligiendo el momento apropiado para verla.

¿Quién es tan cobarde como para no ser capaz de enfrentarse a los tormentos? ¿quién es tan valiente como para ponerles fin cuando la vida no es más que un montón de dolor y pena? ¿quién puede juzgar esto? Sólo uno mismo es capaz de calibrar el peso de lo que se lleva sobre los hombros. Suya es la decisión.

Mother, I tried. Please, believe me. I’m doing the best that I can. I’m ashamed of the things I’ve been put through. I’m ashamed of the person I am.

Isolation

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Placebo proyectan ‘Coming Up For Air’ en Sundance y confirman disco para final de año

Publicado en 01 mayo 2012 por

El prestigioso festival de cine de Sundance abrió la semana pasada sucursal europea con Sundance London Film and Music Festival. Como su nombre indica, trataron de atraer público a sus proyecciones a base de conciertos y, en el caso de los británicos Placebo, aprovecharon también para estrenar Coming Up For Air, un documental de 60 minutos sobre el año y medio que la banda pasó de gira por (casi) todo el mundo entre 2009 y 2010 para presentar el que es hasta la fecha su último trabajo, Battle For The Sun (2009).

Coming Up For Air ya se incluía en We Come In Pieces, un DVD que se publicó el pasado año recopilando diverso material de la gira de Battle For The Sun, pero nunca había sido proyectado en una sala de cine, de modo que es un buen momento para revisarlo. Se trata de un retrato algo pretencioso de las sensaciones que fue experimentando el grupo a lo largo de sus viajes por el mundo para presentar el disco. Si uno ve la lista de actuaciones que tuvieron lugar en esa gira podrá darse cuenta de que es bastante impresionante, de modo que el documental puede permitirse el lujo de llenarse de imágenes poéticas de sus protagonistas contemplando paisajes desérticos, disfrutando de la nieve o tomando el sol en alguna playa.

La gran parte del metraje está locutado por Brian Molko, que va haciendo un retrato de los demás integrantes de ésta entre imágenes de backstage y otras de conciertos. Curiosamente nadie comentaba mucho sobre el propio Molko durante las locuciones. Hay que aceptar que la sala en la que se proyectó el documental tenía tanto una calidad de vídeo como de sonido magníficas que hacían que el disfrute de los ratos de música fuera extremo.

Sobre lo que se ve, pues lo típico: desde los grandes momentos de diversión y felicidad hasta los de bajón de algunos miembros de la banda, pasando por Stefan teniendo que salir ante el público a mitad de un concierto a dar la cara por Brian y decir que éste no puede continuar un concierto (en la sesión de preguntas el propio Molko explicó que se había tratado de un ataque de ansiedad). No hay ninguna referencia al proceso creativo del grupo, solo al interpretativo: más tarde dieron a entender que no suelen componer cuando están de gira porque no encuentran interesante escribir canciones sobre lo aburridos que están en el autobús. Se trata un documental que se deja ver si eres fan de la banda y, sobre todo, si viste algún concierto de la gira, porque te traerá buenos recuerdos.

Al término de la proyección el público tuvo la oportunidad de hacer varias preguntas al director del documental y al grupo. La pregunta más perseguida era clara: ¿Para cuándo habrá nuevo disco de Placebo? Brian Molko confirmó que en la actualidad están escribiendo nuevo material y que esperan tener un disco en el mercado antes de final de año.

Había muchos estadounidenses entre el público, y muchos de ellos expresaron su malestar porque Placebo no de conciertos en su país. A la pregunta de por qué sucedía esto los integrantes de la banda no parecían bromear cuando respondieron que no darán un solo concierto en los Estados Unidos hasta que el matrimonio homosexual sea legalizado en todo el país, de modo que quien quiera verles allí deberá convertirse en activista de los derechos homosexuales. Tristemente, esto no despertó gran apoyo entre el público, y fuimos pocos los que nos atrevimos a aplaudir ante esta respuesta.

Otra pregunta interesante de las lanzadas fue qué grupos nuevos andaba escuchando Brian Molko. Este tipo de preguntas son como cuando entrabas en una tienda de música con miles de ideas para comprar en la cabeza, respondió. ¿Os acordáis de cómo era aquello de entrar en una tienda de música? Tan pronto como sobrepasabas el umbral de la puerta se te olvidaba todo lo que tenías pensado comprar. Pues ahora mismo me está pasando lo mismo. Escucho muchas cosas, pero ahora me gusta bastante una banda británica que se llaman The Naked And Famous.

En general fue una sesión de preguntas divertida, en la que el grupo no se cortó un pelo en decir que si hacían ese tipo de documentales era porque su discográfica le obligaba y que no les hacía ni pizca de gracia encontrarse con gente grabando en momentos complicados de la gira. Pero lo genial vino después, con el concierto que ofrecieron en el IndigO2 de Londres.

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Walk The Line: una forma más de conocer a Johnny Cash

Publicado en 22 marzo 2012 por

Johnny Cash y su esposa, June Carter

Joaquin Phoenix y Reese Witherspoon caracterizados como Cash y Carter, reproduciendo una fe las imágenes más míticas de éstos.

Como tantas personas de mi generación, fue la reinvención del Hurt de Nine Inch Nails que llevó a cabo Johnny Cash lo que me llevó a entrar en contacto con dicho personaje. Hay a quien no le gusta un pelo esto de que las nuevas generaciones hayamos conocido a Cash a través de las versiones que hizo de ciertos temas de Depeche Mode o U2, pero a mi siempre me ha parecido una muestra más de la versatilidad e inteligencia de la que siempre hizo gala este genio estadounidense. Una labor parecida cumplió la película que nos ocupa hoy, Walk The Line (2005), traducida en España como En La Cuerda Floja, inspirada en la autobiografía que escribió el propio Cash.

La he traído al blog porque me parece interesante para acercarse a la vida del mítico cantante y guitarrista country y porque ayuda a disfrutar, más si cabe, de las composiciones de sus primeros años de éxito. Quien ya conozca la música de Cash encontrará interesante esta recreacción de su existencia y, quien todavía no esté empapado de su country, no tardará en hacerlo tras ver el film.

Si hay una parte especialmente bella son los 40 primeros minutos de metraje, que abarcan la infancia y primera juventud de Cash. Es en estos momentos donde se configura al personaje, marcado por la pobreza de su familia, un padre correoso como el esparto, la omnipresente y silenciosa presencia de su madre y sus himnos religiosos, que fueron la primera música con la que el pequeño John tuvo contacto. Aquí es donde tiene lugar el suceso en torno al cual orbita toda la historia: la muerte de su adorado hermano mayor. Estos minutos se enmarcan entre cuidados planos de la plomiza y algodonosa Arkansas en la que nació Cash. La escena de los dos hermanos correteando entre los campos de su padre para ir a pescar es especialmente tierna y el resto del film se encuentra lleno de referencias a cosas que suceden en esta etapa.

Cash y Carter actuando juntos

Una elipsis nos muestra a Cash ya veinteañero, partiendo a Alemania como parte de su servicio militar en la Fuerza Aérea. Esta parte abarca unos 10 minutos en la película pero es crucial: el joven John compra su primera guitarra para luchar contra su soledad. Los planos en los que compone Cry Cry Cry son íntimos y hacen al espectador sentirse parte de la canción. Es también entonces cuando, a pesar de no haber pisado una prisión en su vida, Cash empieza a sentirse fascinado por el mundo carcelario. Aunque hay algunas escenas más relacionadas con la creación de temas en los minutos siguientes, cuando Cash empieza a juntar a su banda (unos mecánicos que apenas saben tocar), o el momento en el que decide vestir de negro, pero ninguna es tan intensa como la anterior.

Desde que Cash graba su primer disco, el resto de la película es sencillamente una historia de amor. Eso no es ni bueno ni malo, solamente digo que a partir de ese momento la faceta creativa y el músico quedan en un plano muy alejado con respecto al del hombre que se enamora perdidamente de June Carter, el ídolo de su infancia, cuyas canciones escuchaba con su hermano; y del niño vencido por el éxito que, ante su vacía vida fuera de los escenarios, cae sin remedio en las drogas. Las escenas bucólicas sobre la creación artística dan paso a una interminable lista de mimetizaciones de conciertos y actuaciones del Cash, su banda y June Carter. Esta parte, aunque está lograda y uno se siente casi como si estuviera viendo al propio Cash, se puede volver algo repetitiva.

Una de las numerosas escenas de Walk The Line en las que se reproducen los conciertos de Johnny Cash y June Carter

Uno se siente realmente parte de la historia porque quienes te la están vendiendo rezuman amor y respeto por los personajes. La espiral de drogas en la que se sume Cash y la complicada historia de amor emocionan verdaderamente, a pesar de que sepamos que Johnny murió de viejo tan solo 4 meses después de que su amada June falleciera.

El colofón de la historia viene cuando, en un intento de enmendar el mal que ha infringido a sus seres queridos, Cash decide tocar en una de esas cárceles a las que tanto recurre en su música. La escena en la que el cantante se va reconstruyendo a sí mismo a medida que lee las cartas de admiración que le envían varios presidiarios me puso los pelos de punta. La historia ya la sabemos: el concierto en la Cárcel de San Quintín pasó a la Historia y convirtió a Cash en una leyenda. Este es el segundo punto sobre el cual se asienta la historia y está emocionantemente reproducido.

En resumen, una hermosa película que puede entenderse como sentido homenaje al matrimonio Cash, que falleció un año antes de que ésta se estrenara. Muy recomendable para fans del country a los que no les importe que Phoenix se empeñara en cantar las canciones él mismo (en realidad tiene bastante mérito) y para cualquiera que no conozca la música de Johnny Cash. Recomiendo encarecidamente verla en versión original para apreciar correctamente el esfuerzo vocale de Joaquin Phoenix: cada vez que dice lo de Hi, I’m Johnny Cash se ponen un poquito los pelos de punta.

 

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